25.8.15

Ángeles improbables

Ha sido de película, y por eso la prensa nos ha brindado una pausa. Ha ocurrido en la realidad, pero no lo parecía. Por azar, iban a morir asesinados muchos pasajeros (el número ya no lo sabremos nunca) del tren Ámsterdam-París. Pero esta vez el azar se topó con otro azar: en el vagón iban unos improbables ángeles de la guarda, disfrazados –como si los hubiese puesto un guionista– de marines de vacaciones.

No se suelen superponer las suertes extremas en la vida; pero en esta ocasión, a la malísima suerte de que en ese tren hubiera un terrorista, se superpuso la buenísima suerte de que hubiera también quienes lo parasen. El premio al final ha sido que no pasara nada: a los pasajeros les ha tocado, pese a que llevaban la bola negra, la lotería de la normalidad. Esa normalidad que está hecha por definición con lo probable y que esa tarde se pudo alcanzar solo pasando por una arriesgada pasarela de improbabilidad.

La euforia tras la noticia se debe a que ha proyectado, o reavivado en nosotros, el sueño de la invulnerabilidad. De él se alimentan los cuentos, los mitos, las novelas, los cómics, las películas o la misma idea del ángel de la guarda, precisamente porque somos vulnerables. Y se trata, justo, de un sueño: era improbable que se produjese, y es aún más improbable que se vuelva a producir. Aunque la celebración de esta excepción feliz sea protectora a su manera –en la medida en que fortalece la actitud–, no podemos dejar de ser conscientes de que en último extremo, por debajo de todas las capas, estamos desprotegidos.

"Si la vida fuera como el cine", añoraba Woody Allen en la escena de Annie Hall en que saca a McLuhan (así lo decía en la versión doblada). Pero a lo mejor lo que le da singularidad a la película de nuestra propia vida es que no sea como el cine. Eso le da encanto y tragedia... y hace que en nuestra película sean necesarias las películas.

Al final no tendremos ángeles salvadores. Después de visitar a un amigo en coma en el hospital, escribe Iñaki Uriarte en sus Diarios: "Esto empieza a ser de verdad escalofriante. Nadie debería lamentarse por llevar una vida gris y sin grandes emociones. Que espere un poco. A partir de cierta edad todos llegamos al Far West. Silban las balas".

[Publicado en Zoom News]