20.3.19

Sánchez Zunz

Sánchez da miedo. Es un personaje vacío y sin escrúpulos: un tecnócrata del poder. Paradójicamente, porque la realidad es paradójica, una de las soluciones aceptables de las próximas elecciones generales sería su victoria por mayoría absoluta. Algo muy poco probable, casi imposible: como las demás soluciones aceptables. Lo que se da por hecho es que Sánchez ganará pero solo podrá gobernar si suma con lo peor del congreso: los que ya le apoyaron en la moción de censura que echó a Rajoy.

Lo de Sánchez es espectacular. Se ha labrado una épica impresionante él solito, contra todos. Y ello sin talento, sin inteligencia, sin altura: solo con narcisismo y ambición. Ahora con las listas electorales ha eliminado a todos los que ha querido, que eran casi todos. Sin piedad. Es un samurái maquiavélico.

Casi está llamando a que lo aniquilen los suyos. El problema para los suyos es que ya lo aniquilaron. Y resurgió de su aniquilación. Sánchez es inatacable porque ya fue atacado, ya fue destruido. Da miedo porque lo peor que le podían hacer –matarlo– ya se lo hicieron y no sirvió de nada. Sánchez es inmortal. O mejor: un zombi. Da mucho miedo.

Su asesinato en el Comité Central –es decir, en la Ejecutiva del PSOE– en el otoño de 2016 tuvo una brutalidad inaudita. Era algo mitológico, ancestral, como de Apocalypse Now, o El corazón de las tinieblas. Sánchez es Kurtz (“el Horror, el Horror”) sacrificado y resucitado. El viernes pasado me acordé del soneto de Borges dedicado a César y ese era Sánchez aquel día: “Aquí, lo que dejaron los puñales. / Aquí esa pobre cosa, un hombre muerto / que se llamaba César. Le han abierto / cráteres en la carne los metales”. Lo asombroso es que aún no era César pero le dieron tratamiento de César.

Esto me lleva a otro texto de Borges, el cuento "Emma Zunz". Recordarán que la protagonista hace un montaje falso para llevar a cabo una venganza verdadera. Cumplida esta, concluye Borges: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”.

En la ejecución que tuvo lugar en Ferraz aquel día de 2016 todo era cierto menos las circunstancias, menos la fecha. La saña de sus compañeros y compañeras se explica porque no se estaban cargando al Sánchez de entonces, sino al Sánchez de hoy. Este Sánchez al que se cargaron demasiado pronto y ya no se pueden cargar.

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En The Objective.