28.4.19

Rivera extraviado

A Ciudadanos le han salido bien las elecciones, porque casi ha doblado sus resultados de 2016 (de 32 a 57 escaños). Sin embargo, hay una cierta insatisfacción con respecto a las expectativas que había justo antes de la moción de censura, en que Ciudadanos –y no hace ni un año de ello– iba el primero en las encuestas. Un éxito incompleto, pues. Y atribulado por problemas de pareja. Le ha fallado el PP, cuyos horrorosos resultados impiden el pacto de gobierno al que Ciudadanos aspiraba. En cambio, los buenos resultados del PSOE le invitan a emparejarse con el que no quería... Aunque de esta presión le salva de momento las pocas ganas que también tiene el PSOE.

Han empezado pisándose en la noche electoral, porque Pedro Sánchez se ha puesto a hablar en la sede del PSOE casi en el mismo momento en que lo ha hecho Albert Rivera en la sede de Ciudadanos. En la tele escucho a Sánchez mientras veo también a Rivera sin voz. Las imágenes no transmiten tanta alegría como la que se ve en Ferraz. Aquí los militantes le gritan a Sánchez, cuando este ha dicho que iba a hablar con todos: "¡Con Rivera no, con Rivera no!". Luego se ponen victimistas con lo del "cordón sanitario".

Escucho al fin a Rivera, ligeramente enlatado. Aparece empequeñecido bajo el cartelón electoral, que lo representa a él solo. Abajo, en carne y hueso, está con muchos, demasiados tal vez. Destacan Inés Arrimadas y Begoña Villacís. Pero solo habla Rivera. Poco sólido, poco grave, algo volátil. Desdichadamente es el Rivera del segundo debate de televisión: acelerado, verborreico. Empieza atacando al PSOE ("nosotros no vamos a rodear el Congreso") y a esgrimir la ideología liberal. Da por hecho que el gobierno va a ser del PSOE con Podemos y los independentistas. Una grave irresponsabilidad, en mi opinión, cuando las cuentas del pacto PSOE-Cs sumarían la mayoría absoluta. Va a tener que ser el Ibex 35 el que les dé un empujón a Rivera y Sánchez, para que se quieran.

Pero Rivera está en otra cosa: en hacer oposición y en prometer que en un futuro gobernará España. Algo de lo que está lejísimos aún, por mera cuestión numérica. Absurdamente esto no le refrena y suelta unas proclamas triunfalistas que lo acercan a lo que viene siendo el político al uso de toda la vida. Los militantes, que aplauden y agitan banderas, lo aclaman: "¡Presidente, presidente!". Este Ciudadanos ya no es para los que pensábamos que debía ser un partido bisagra que promoviese un bipartidismo bueno. Ahora se concibe como un partido de poder, con el pequeño inconveniente de que le queda muchísimo para el poder, si es que llega algún día. Por el momento, su estrategia sí ha sido buena para atraer votos. Aunque, por lo que yo sé, hay votantes de Ciudadanos que aún lo votan más por la inercia de su antiguo centrismo que por su nueva inclinación a la derecha.

Mi conclusión, pese al resultado estupendo, es que Rivera sigue extraviado. Perdió su sitio tras la moción de censura, y por ahí sigue.