23.9.14

La izquierda zen

A mí me hace mucha gracia la pareja Pablo Iglesias-Tania Sánchez, qué quieren que les diga. No por machismo, sino porque soy una maruja (bueno, creo que decir "maruja" ya es machista). Me hacen mucha gracia las parejitas en general, y las parejitas políticas en particular. Yo tenía una amiga de Convergència que, cuando me anunció que iba a casarse con otro de Convergència, tuvo que resignarse a mi chistecito: "Es que si los de Convergencia no convergéis, apaga y vámonos". También Podemos (Iglesias) e IU (Sánchez) deben converger por la fuerza del amor. Aunque me consta que en IU (quitando a Sánchez y a algún otro) odian a Podemos. Un odio mercantil dentro de la izquierda: "Estos se están llevando a nuestros clientes".

Volviendo a Iglesias-Sánchez (¡lo siento!), no sé exactamente quién le enseñó calma a quién. Yo conocí primero la calma de Iglesias, y luego he visto la calma de Sánchez, y las he identificado como dos calmas de la misma familia. En los otros dos líderes de Podemos, Monedero y Errejón, también se da, componiendo entre todos una gran comuna de la calma. Se me ocurren dos explicaciones: o la ideología selecciona personalidades calmadas, o se ponen la calma para ir a las tertulias como quien se pone corbata. (En Sánchez el símil nos daría una corbata andrógina, lo que ahora mismo no sé si es machista o feminista).

Lo cierto es que destacan. Están logrando transmitir que "la casta" es gritar, que la crisis la han traído unos epilépticos, y que ellos se mantienen fuera de un modo notablemente televisivo. Su exhibición zen está convenciendo a muchos de que ellos lo resolverán todo como unos samuráis. Lo paradójico está en que ese público que los admira, y que les hace tener tirón de audiencia, es el que se echa al fango de las tertulias; algo que ya venía haciendo desde antes de que la izquierda zen apareciera. Al cabo, esta entra en el juego con una novedad que es solo de apariencia, no sustancial. Los tertulianos de Podemos (más Tania Sánchez) aportan modales novedosos, pero tras esos modales se encuentra el pétreo tertuliano televisivo de la actualidad: con sus tópicos, su empecinamiento, su maniqueísmo, sus golpes de efecto y sus simplicaciones. La sabiduría está en otra parte.

[Publicado en Zoom News]

19.9.14

Jot Down 8



Ya me ha llegado el número 8 de Jot Down, en papel, que lleva en venta desde principios de septiembre. Se puede adquirir en algunas librerías (en Málaga, por ejemplo, está en Luces) y por la web.

18.9.14

Sacar los tanques

El nacionalismo es hoy en día un pancismo, más que nada, o un escapismo: un aparatoso montaje sobre un fondo de confort. Pero por dentro están sus turbiedades románticas, que reclaman tragedia: algo grande, sublime, una sacudida histórica que recordar. Algo con lo que luego se pueda erigir estatuas, pintar cuadros, escribir novelas, filmar superproducciones, hacer videojuegos, surtir las tiendas de disfraces... Las conmemoraciones de nuestros nacionalistas están llenas de trajes de época, y se intenta, en vano, que los del presente sean también "de época" en el futuro: que el trajecito de Artur Mas quede como algo más que como vestimenta de funcionario.

Pero las independencias que se consigan, la de Cataluña, la del País Vasco, serán mediocres y sin batalla. Muertos ha habido ya un montón, pero no en guerras sino en crímenes; y adjudicables en su inmensa mayoría a la causa que va de victimista, la que anhela movida. En cierta izquierda hay también una ansiedad de épica, una pretensión que sobrepasa con mucho la realidad. Recuerdo que cuando los Mossos d'Esquadra desalojaban la plaza de Cataluña de Barcelona, uno de los indignados gritaba (en catalán): "¡Nos están matando a todos!". La carga fue dura, brutal incluso, pero quedaba muy por debajo de la película que se había montado el manifestante. Un individuo que, por cierto, no tendría ya derecho a decir nada si le tocara un Tlatelolco: ha arruinado la frase para cualquier matanza de verdad.

Y aquí está el truco, me parece: se gastan frases exageradas a sabiendas de que no va a haber una circunstancia real que las requiera. En los países de la Europa democrática, aburridos hasta en sus crisis, hay mucho margen para la proyección, para la fantasía. Lo último viene siendo, por volver al nacionalismo, lo de "sacar los tanques". Es muy interesante, porque son los nacionalistas los que se los guisan y se los comen. No ha sido nadie del Gobierno, sino un nacionalista del PNV, Aitor Esteban, el último que lo ha dicho. Pero ya se oyen réplicas por ahí como si lo hubiera dicho el Gobierno. Se trata de un circuito cerrado de ventriloquismo en que los nacionalistas (con buena parte de la oposición, y de la prensa) increpan a su propio muñeco.

Pero no habrá tanques. Habrá, si la hay, una independencia funcionarial, y los monumentos tendrán que erigirse en honor de un expediente. La única épica será la del desgarrón administrativo. Y el tedio, genuina patria de Europa, no tardará en reconquistar los territorios independizados (en un contexto, si acaso, de mayor pobreza). En El bucle melancólico, Jon Juaristi se imaginaba a un hipotético País Vasco independiente como un parque temático que sería "una combinación del franquismo tardío con el Principado de Andorra". Y Albert Boadella, en una conferencia de hace dos años, descartaba sin más la hipótesis truculenta de "los tanques" y se limitaba a hablar de la lata y el coñazo (a partir del 1:17:57). Nuestra tragedia, esta sí de verdad, es que no tiene sentido sacar tanques ahora, ni serviría de nada. Pero sí tendríamos que haber sacado antes el Estado.

Por lo demás, la última vez que alguien sacó los tanques en España fue el golpista Miláns del Bosch. Para acabar con la misma Constitución con la que quieren acabar los nacionalistas. Estos, como no me canso de repetir (con regodeo mórbido), son lo más parecido que tenemos hoy a los franquistas: los equivalentes multitudinarios a los pocos del aguilucho. Y son ellos, los nacionalistas, los que pueden terminar dándole la razón al "atado y bien atado" en este país de todos los demonios.

[Publicado en Zoom News]

16.9.14

Xenofobia sofis

Tengo un amigo que es un buenazo pero al que le gusta exhibir un discurso malote. Entre sus numeritos está el de afirmar que él, para ser completamente feliz, necesita que haya algún perjudicado. "Mi sueño de felicidad –añade para ilustrarlo– es que me toque la lotería, y entonces ir a un puticlub lleno de clientes y gritar: '¡Champán y putas para todos!'. Y en medio del entusiasmo desatado por mi invitación, señalar a uno al azar y decirle: '¡Menos para ti!'". Sin ese perjudicado, según mi amigo, la felicidad no sería completa.

Me he acordado de la historia en esta última Diada (y pido excusas a las nobles putas por meterlas en una columna que habla de nacionalistas), al ver la generosidad con que el independentismo acoge en sus manifestaciones todo tipo de nacionalidades (¡champán y putas para todas!)... menos una: la española, que hace aquí de perjudicada que completa la felicidad.

En los últimos años hemos tenido a veces noticia de folletos o carteles de Cataluña que venían en numerosos idiomas, acompañando al catalán, excepto en castellano. Nunca he visto, en mis viajes a Barcelona, que este último tuviera ningún problema en la calle; el problema está en la presión que ejercen los nacionalistas para que esa convivencia espontánea desaparezca: empezando por su eliminación o su disminución de todo cuanto depende de ellos. Así tales folletos o carteles.

La xenofobia del nacionalismo catalán es, pues, una xenofobia un tanto sofisticada, puesto que no manifiesta odio hacia ningún extranjero... que no sea español. Es una xenofobia especializada, por decirlo así. Y para acentuar su rasgo, se abre lo que puede a todas las demás nacionalidades: se trata, en último extremo, de que quede bien clarito cuál es la despreciada. Esa y no otra. Y cuanto mayor el número de las otras, más cercada y delimitada esa.

Sobre esto quise ironizar cuando, al leer un tuit con una retahíla supuestamente cosmopolita, contesté: "Miren, miren: afrocatalanes, latinocatalanes, asiáticocatalanes... todos menos hispanocatalanes". Mi tuit es inequívoco. Sin embargo, un nacionalista se retrató al acusarlo de "xenofòbia". Le pareció xenófoba la simple enumeración: lo que delata la xenofobia real de estos falsos cosmopolitas cuyo único empeño al acoger todo tipo de nacionalidades es solo, como digo, subrayar el acoso a la que falta.

Por lo demás, es un cosmopolitismo falso también por otro motivo: solo acogen a los miembros de esas otras nacionalidades que les apoyan en su nacionalismo; cosa que hacen igualmente, por cierto, con los exóticos andaluces que bailan sus sevillanas por la independencia, o los que iban con la camiseta de la Roja metidos en la V. El pasaporte lo da comulgar con ellos.

Pero la xenofobia del nacionalismo catalán es todavía más refinada, por cuanto que ese único extranjero al que odia, el español, en realidad no es extranjero: es un compatriota al que el nacionalismo considera extranjero, odia como extranjero y pretende convertir de facto en extranjero, por medio de la secesión. Todo el aparato, pues, del falso cosmopolitismo catalanista no es más que un inmenso engranaje cuyo único propósito es convertir en extranjeros a unos individuos determinados. Utilizar el cosmopolitismo para fabricar extranjeros. No me digan que no es sofis.

[Publicado en Zoom News]

11.9.14

Doblan por ti

Quienes celebran el fallecimiento de Emilio Botín pasan por alto que, de todas las posesiones del banquero, esa, la de la muerte, la tendrán ellos también. Celebrar una muerte es siempre, tarde o temprano, celebrar la muerte propia. Porque la muerte es la misma. Es la auténtica instancia de la igualdad. El poeta Jorge Manrique sigue siendo el que mejor lo ha expresado en nuestro idioma: "allegados, son iguales / los que viven por sus manos / e los ricos". Sabidurías de la Edad Media que parecen dilapidadas en nuestros tiempos de Twitter.

Todo tuitero es una hiena en potencia. Yo mismo me lancé un poco cuando murió Peret (y me arrepiento). Lo que caracteriza a Twitter es el vacío: un inmenso vacío de pistolas cargadas sobre el que hay que disparar continuamente. Cuando ocurre algo, los disparos van ahí. Sea la declaración de un político, unas elecciones, una manifestación, lo último de Paquirrín, una guerra, un partido de fútbol, la subida de la prima de riesgo, los Goya, Eurovisión, Sálvame o una muerte. La sensación es la de que al fin ha pasado algo, y se va a por ello.

Pero de todo lo que pasa, lo que nos va a pasar a todos es la muerte. Hay un humor escatológico que intenta conjurarla, y entre las reacciones irrespetuosas esta sería la única respetable; porque procede, al cabo, del estupor, del miedo, de la alegría del superviviente o incluso de una suerte de respeto a la contra (de un intento de aligerar algo pesado, que impone). De un tiempo a esta parte, sin embargo, predominan las reacciones zafias dominadas por la ideología. La ideología que es, por su lado, una de las máscaras de la muerte: por lo que tiene de sacrificio de lo real, siempre singular, en aras de la abstracción uniformizadora.

Resulta alarmante de la extrema izquierda en ascenso que no solo no haya aprendido la lección del pasado criminal de lo que defiende, sino que incluso parezca simpatizar con él, o al menos excusarlo. Después de todo lo que se ha matado en nombre del comunismo, cualquier izquierda radical que no quiera terminar en el crimen debería extremar los controles. Empezando por los controles verbales (o tuiteros), que son el primer dique de contención.

Las deyecciones de ciertos personajes parecían escenificar un crimen que ni siquiera habían tenido el valor de cometer: de un modo extraño, se ponían de esbirros de la Naturaleza en su faceta de asesina. Con un histerismo de fondo por que también Botín se les hubiera muerto en la cama. No deja de tener su gracia que Podemos quiera quitar la cabra de la Legión al tiempo que se le escapan variaciones menores del "¡Viva la muerte!" de Millán Astray... Quitarse el franquismo de encima, no de la espuma sino de las profundidades, no es tarea fácil; y para nuestros antifranquistas militantes resulta definitivamente imposible. (Aunque también por ellos doblarán las campanas).

La semana pasada leí una novelita magnífica de Ernst Jünger sobre la Primera Guerra Mundial, cuyo centenario está causando tantas bajas: El teniente Sturm. Un personaje muere en una trinchera y dice el narrador: "Su última sensación fue la de hundirse en el torbellino de una antiquisima melodía". Así todos, y entre ellos (entre nosotros) Botín. Descanse en paz.

[Publicado en Zoom News]

9.9.14

La perspectiva del votante

Cómo se han estropeado las cosas en un mes y medio. Cuando el 22 de julio publiqué la columna "Mecagoendiez", en que criticaba a UPyD a propósito del manifiesto Libres e iguales, recibí varias respuestas a favor y una en contra. Entre las que estaban a favor, una se extralimitaba y, queriendo ser más montanista que Montano, me sugería que le pusiese una tilde a la i final del título. Pero esa, naturalmente, no era la cuestión (ni era mi intención).

Más dolorosa fue la respuesta en contra, de un amigo decepcionado que me hizo llegar las quejas de un militante de UPyD muy metido en el partido. Criticaba mi crítica de ese día, y lamentaba que cuando UPyD había hecho cosas buenas yo no lo hubiera dicho: que sacase solo lo malo. También me decía que había advertido en mí "un cierto ensañamiento" con el diputado Carlos Martínez Gorriarán. Pensé en su día publicar mi respuesta a ese mail, pero otros asuntos se fueron atravesando y lo dejé pasar. Creo que ahora es útil ponerla (aunque alargue esta columna), porque se ve cuál es mi perspectiva general sobre estos asuntos; y cuál era mi posición sobre este en concreto:

Hola, querido X, gracias por tu comentario!

No se me escapan esos matices o críticas, que a mí también se me instalan de algún modo después de mandar mis artículos de tono contundente.

Sobre el tema en sí solo puedo decir dos cosas. La primera, que yo escribo siempre por mi cuenta y sin consideraciones estratégicas, del estilo "con esto le hacemos el juego al enemigo" o incluso esa que dices de "caer en la trampa". Sé que con cada artículo se puede hacer un uso en una u otra dirección, pero intento que eso no me afecte a la hora de escribir. (Siempre se cuela una cierta autoconciencia de todo esto, claro está, pero intento que no me domine).

La segunda es que mi punto de vista con UPyD es el del votante, no el del partido. Sé que de puertas para adentro habrá miles de consideraciones sobre los distintos asuntos, y habrá una jerarquía sobre la importancia de las distintas cuestiones, y una estrategia, etc., etc. Pero yo solo lo valoro desde el punto de vista del votante. Yo, como votante de UPyD, y todos los amigos que tengo que también son votantes de UPyD, llevan tiempo sin entender algunas cosas de UPyD. La no alianza con Ciudadanos, por ejemplo. O conductas raras como esta del manifiesto ahora. Insisto: no dudo de que en el partido tengan razones para una cosa y otra. Pero esas razones no son las de los votantes.

En cuanto a Gorriarán, ahí acepto especialmente todas las matizaciones que hagan falta. En su día él me pidió que colaborara con la web de Basta Ya y le envié artículos en exclusiva para que los publicara. Luego, cuando se fundó UPyD, me pidió que entrara. Yo, conociéndome, le dije que no, que sería "compañero de viaje", pero por mi cuenta. No soy hombre de partido, ni me veo como tal.

Lo de ser "compañero de viaje" es lo que he venido haciendo por lo general con mis artículos. No por propósito mío, sino por confluencia. Aunque no haya citado las iniciativas concretas de UPyD (cosa que también me daba un poco de pudor), el resultado de mis artículos venía a ser que los partidos a los que votar eran UPyD y Ciudadanos.

También tengo el prurito, justamente por esto, de mirarlos con lupa especialmente. Mi mayor repugnancia en el mundo de nuestra política es el partidismo y el sectarismo. Por eso me obligo a ser especialmente duro con los partidos con los que, en principio, más simpatizo. Esta es mi lógica.

Volviendo a Gorriarán, hace tiempo que viene siendo muy brutote en Twitter. Sé que es cosa de su carácter. Y sé que, justamente por ser así, pudo aguantar los peligros, las amenazas y la presión de los terroristas/nacionalistas en el País Vasco. No deja de resultarme simpático, y en el fondo mi burrada era también un homenaje a sus burradas. Pero, en último extremo, tal como va, creo que le hace más beneficio la crítica que el aplauso. Como a UPyD en general. Esta es mi opinión.

Un abrazo,
J. A.
Pero la cosa se estropeó definitivamente pocas semanas después, con el artículo del eurodiputado Sosa Wagner en favor de un pacto con Ciudadanos y sus consecuencias (sobre lo que he escrito dos columnas más: "Lío en la segunda división (política)" y "Little Big Horn"). La crisis, que ha tenido lugar en la prensa y en Twitter, ha culminado en el consejo político extraordinario de UPyD del pasado sábado. El día anterior escribía Eduardo San Martín en Zoom News: "sospecho que, a juzgar por los preliminares, esa reunión tiene por objeto, no abrir un debate, sino abortarlo". Y me temo que así ha sido. Es cierto que al final de la jornada se aprobaron las condiciones para un posible pacto electoral con Ciudadanos, lo que entreabre de algún modo la puerta; pero parece más bien una maniobra para salir del paso, dadas las pocas posibilidades reales que existen para que se avance a partir de ahí.

Más significativo fue el desarrollo mismo del consejo, que pareció más bien (según me fue llegando desde dentro) un proceso inquisitorial contra Sosa Wagner. Este mismo se quejó ayer por la mañana en la caderna Ser: "Hicieron de mí una carnicería durante seis horas". Y en un contexto casi unánime de oficialistas, en el que algún crítico ya se daba por satisfecho solo por que se hubiesen oído varias voces discrepantes (de entre ciento cincuenta).

Todo fue, sin duda, reglamentario, y se desarrolló según la lógica del partido. Pero solo sirvió para que este se hiciese un apaño a sí mismo. Desde mi perspectiva de votante no entiendo nada. Y, desde luego, no me ha hecho modificar mi intención de no volver a votar a UPyD mientras su cúpula siga siendo la misma. Tanto Gorriarán en Twitter como la propia Rosa Díez en Onda Cero, ayer, hablan de conspiraciones y de "los rivales y enemigos de UPyD" (m. 9:40). Llamativos enemigos estos que los han estado votando hasta hace nada. A ver si, de un modo poco regeneracionista, están considerando "enemigos de UPyD" a los que de momento solo hemos empezado a ser "enemigos" de sus cargos.

[Publicado en Zoom News]

6.9.14

Eduardo Jordá sobre mi padre

Hoy Eduardo Jordá ha escrito un artículo precioso sobre mi padre, al que no conoció: "Miguel". Ha aparecido en los diarios del Grupo Joly, que en Málaga es el Málaga Hoy, que compraba mi padre, sobre todo los sábados. Lo he enlazado como posdata en la entrada del otro día del blog, donde está la foto que Jordá menciona. La presente entrada la pongo solo como aviso; más adelante la borraré y el artículo se quedará enlazado en la otra, que es su lugar. Gracias, Eduardo.

4.9.14

Las P-P del PP

Estos tiempos deshilachados de la poscrisis que todavía es crisis y de la semirrecuperación nos hacen añorar por momentos los del zapaterismo: con Zapatero nos pudríamos mejor. Durante sus gobiernos el país se hundía, pero conservábamos un tono mental en el fondo estimulante: había enfados nítidos y brotaban como agua de manantial las argumentaciones en contra. Sé que se trata de las trampas de la melancolía; del bucle melancólico del que hablaron Freud y Jon Juaristi. Pero ahora, cuando la economía no es tan mala, hay una grisura en la atmósfera que induce a la pereza. Las argumentaciones contra el gobierno tropiezan con las argumentaciones contra la oposición, y las aguas están entre estancadas y turbias.

Creo que hasta Rajoy estaba mejor con Zapatero. En la presidencia se le ve desubicado, y su aparición en el plasma creo que respondía ante todo a su anhelo de enmarcarse. Ni siquiera se le aprecia ese cosquilleo de la erótica del poder que sí exhiben Soraya o Montoro. Lo mínimo que se le puede pedir a un político es que se lo pase bien mandando. Y que sus comparecencias sean como el cigarrillo que se fuma después de. En las de Rajoy da la impresión de que no terminó de salir bien la cosa. El deshilachamiento de estos tiempos parece que surge de Moncloa para afuera. España es un gatillazo generalizado. Y ni siquiera nos vale la justificación esteticista de Gambardella, el protagonista de La gran belleza, después de haber tenido uno: "Es muy triste ser bueno. Te arriesgas a volverte hábil".

Pero a este PP confuso y divagatorio, con piernas como almohadones, se le han presentado dos patas sólidas, en las que apoyarse de verdad y a partir de las cuáles erguirse, y definirse. Ambas empiezan por P: Podemos y Pujol. Sobre este último, está por ver si Rajoy mantendrá la veda levantada por Montoro, que anteayer nos recreó maravillosamente Jorge Bustos; pero es raro que no lo haga, porque es de lo poquito de lo que dispone. Lo otro, como digo, es Podemos. El miedo a Podemos como único argumento poderoso para votar al PP. Podemos como comecocos de la izquierda, que se está convirtiendo en una especie de frente popular imperialista, que crece no por unión sino por deglución de los otros. Y enfrente el PP, más que Partido Popular, partido anti-frente popular.

Rajoy no ha dejado de zarandear (a veces, por medio del simple aburrimiento) a sus votantes prestados. El votante útil estaba ya decidido a no volver a votar su propia inutilización. Pero quizá termine haciéndolo. El PP, sin ofrecerle nada, se aprovechará del chantaje. Y los tiempos se seguirán deshilachando.

[Publicado en Zoom News]

2.9.14

El día del bádminton

El día del bádminton lo empezamos escribiendo badmington. Luego alguien puso badminton, hasta que surgió y se impuso la escritura correcta. Alguna insomne se había enterado ya del Mundial, pero casi todos lo supimos en la secuencia última: llegada a la final de Carolina Marín y triunfo. España, campeona mundial de bádminton.

Conseguí no ver ni una imagen, como no vi las de la decapitación del periodista James Foley. En este mundo sobresaturado de imágenes, uno encuentra un pequeño lujo en ahorrarse algunas: sean dolorosas como las de Foley o placenteras (en la medida en que el bádminton sea un placer) como las de Marín. El conocimiento viene a ser el mismo luego, solo que con la retina más aplacada. Hay figuraciones, pero sin los detalles abusivos de la realidad, tan hiperrealista siempre: sea en cuanto a cabezas cortadas como a extravagantes pelotitas que vuelan.

Ahora, el debate de por qué el bádminton obtiene tan poca atención de los medios. Marín se ha abierto paso, como una tuareg, por el desierto informativo, hasta llegar a la cumbre de una montaña meritoria pero que no nos constaba. Algunos disfrutarían en directo con su arribismo de domingo, y pasaron de no ser nada a ser campeones del mundo. Pero ¿qué hay que hacer ahora? ¿Ofrecer partidos de bádminton? Se sabe que el fútbol es un tranquimazín para la sociedad, pero como a esta se la someta a un régimen abusivo de partidos de bádminton, estallarían las calles.

Por la noche no tuve tanta suerte, y un amigo me puso en su smartphone (oxímoron por lo que viene) algo contra lo que no supe reaccionar a tiempo: un vídeo de Amador Mohedano (¿por qué tenemos que saber quién es Amador Mohedano?) haciendo caca. El periodismo rosa escorado ya definitivamente hacia lo marrón. La televisión como retrete, sin metáfora. Y los comentaristas cargando contra Mohedano cuando la cagada es de ellos.

Quizá me ponga el partido de bádminton, para limpiarme un poco. Pero no repetiré, se imponga el bádminton lo que se imponga. Más deportes, no.

[Publicado en Zoom News]

29.8.14

Miguel, el de Catalina

Ayer se publicó en el diario Sur la necrológica de mi padre que ha escrito mi hermana Lina. Justo hoy es el cumpleaños de mi otro hermano, Miguel Ángel, su tercer y último hijo. Mi padre nació en Almogía (Málaga) el 25 de junio de 1933 y murió en Málaga el 9 de agosto de 2014. Hace veinte días. La copio:
Querido papá. Definitivamente, se te apagó la voz. Ha sido un año muy duro para ti y para los que te queremos. A ti, que siempre has sido una persona alegre, con gran sentido del humor y con ganas de conversar con todo el mundo, hemos tenido que verte triste y sin poder expresarte. Eso ha sido muy doloroso.

Nos queda la satisfacción de haber visto cuánta gente ha lamentado tu pérdida y las palabras tan sentidas que te han dedicado. Tu familia, la familia de mamá, tus amigos, vecinos, paisanos, en fin, todos los que te conocían e, inevitablemente, te querían.

Siempre has presumido de tu pueblo, Almogía, y te has sentido orgulloso de tus orígenes. Has sido un hombre luchador, trabajador, servicial y, sobre todo, bueno. Solo te quedó una frustración, la de no haber podido realizar estudios superiores. Capacidad intelectual te sobraba, desde luego; solo te faltaron los medios económicos. Por eso te esforzaste tanto para que tus hijos pudiéramos alcanzar nuestro sueño.

Durante años te reproché que me pusieras de nombre Catalina. Con el tiempo entendí que me tenía que llamar como abuela, no podía ser de otra manera. Y tus hermanas. No creo exagerar si digo que te adoraban, y esa adoración se la transmitieron a sus hijos, tus sobrinos. Gracias a todos por quererte tanto. Cuando estuviste hospitalizado el año pasado, uno de ellos, al despedirse te dijo "¡No te pongas viejo, tito!" Y esa expresión, cargada de simbología, a tus ochenta años, me llegó al alma.

Hace unas semanas mamá y tú hicisteis cuarenta y nueve años de casados. Yo te pregunté si volverías a casarte con ella. Tú asentiste con la cabeza y sonreíste. Pensé que estarías recordando a aquella bellísima jovencita de largas trenzas de la que te enamoraste nada más verla. No te preocupes por ella, la cuidaremos, aunque será difícil superar su nivel de entrega y dedicación.

La última década de tu vida la has consagrado por entero a tus nietos. Tu cartera repleta de fotos suyas se quedó en la mesita de noche. Ahora nos peleamos por sentarnos un rato en tu sillón. El trono del abuelo, lo llamamos. Ya no podréis pasear juntos cogidos de la mano, pero te llevarán siempre en sus corazones.

¡Ay, papá, qué triste se me hace imaginar el resto de mi vida sin ti! He llorado mucho en estos meses pero, como dijo el poeta, tengo en mi tristeza una alegría… ¡Sé que aún me quedan lágrimas!

Allá donde estés, ¡no te pongas viejo, papá! Te queremos.


* * *
(6.9.14) "Miguel", por Eduardo Jordá. Gracias, Eduardo.

28.8.14

Polvo acumulado

En la política española pasan muchas cosas, y muchas otras dejan de pasar. Estas últimas son casi lo peor que pasa. Ha dejado de pasar, por ejemplo, que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, retirara su coche del parking del Consistorio, donde estuvo estacionado durante veintitrés años. Al fin lo ha hecho, tras la denuncia de Compromís, que ha ejercido de policía municipal con la munícipe mayor. Entre lo más feo de las ciudades están esos coches abandonados en la calzada, de conductores que se fueron a por tabaco y no volvieron. Son como mascotas olvidadas que no se pueden mover del sitio. En el interior del Ayuntamiento de Valencia había uno, y durante veintitrés años la alcaldesa ni siquiera mandó llamar a García-Page para que le pasara la aspiradora.

Yo soy muy sensible al polvo a estas alturas estivales. Desde hace años me paso los veranos enteros con el ventilador encendido y “suscitando fresca brisa”, como en un poema de Cernuda. Antes de conectarlo en junio, lo limpio. Y para finales de agosto ya hay polvo adherido a las aspas y las rejillas; un polvo paradójico, puesto que se aposenta donde nace el viento, que por lo general limpia el polvo. Cuando guardo el ventilador en septiembre, le echo una última ojeada a esa pelusa del verano que pasó. Cada mota se habría posado en un momento concreto, señalando el segundo de un reloj (de polvo) indescifrable.

Sobre el polvo acumulado hay un gag buenísimo en La vida privada de Sherlock Holmes, de Billy Wilder. Holmes le regaña a la señora Hudson, la casera, por haber limpiado el polvo de su escritorio: “El polvo es una parte esencial de mi sistema de clasificación. Su espesor me permite fijar la fecha de cualquier documento”. “Pero parte del polvo era así de espeso”, replica ella, indicando el tamaño con dos dedos. Holmes los observa, pensativo: “Eso pertenecía a marzo de 1883”. (A partir del 7:20)

El coche de Barberá era así un almanaque de estos veintitrés años de Valencia y de España. Desde 1991 hasta 2014 le llovió mucho polvo encima, y cada acontecimiento bueno y malo tendría en alguna mota su representación, como en los anillos de los troncos de las secuoyas. El verano pasado leí Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina. Y ahora entiendo que era polvo también.

[Publicado en Zoom News]

26.8.14

Little Big Horn

En estas últimas dos semanas se ha muerto mi padre y he roto con mi novia. No voy a hablar de esto, pero sí mencionarlo para contextualizar (ni siquiera excusar: solo contextualizar) mi estado de ánimo particularmente melancólico y faltón; mi abatimiento y mi agresividad extra de estos días, los días del suicidio de UPyD.

Es un tema minúsculo el de UPyD, que solo interesa a unos pocos. Pero yo estoy entre esos pocos. He votado a ese partido algunas veces. Otras, he votado a Ciudadanos. En las elecciones europeas del 25 de mayo dudé entre ambos. La presencia de Javier Nart (uno “de la tele”) en Ciudadanos hizo que me decidiera por UPyD. Del candidato Francisco Sosa Wagner me caía bien su pajarita y que hubiese identificado el problema español como un problema austrohúngaro. Pero no he tenido especial predilección por él hasta que la armó el otro día en su partido, y en su partido se la han armado.

En un sitio dicen que la “operación Sosa” la hemos montado entre Arcadi Espada y yo. Pero no hagan caso: el autor no tiene muchas luces. Lo enlazo solo para que mis fans se rían. Y como muestra del delirio al que se ha llegado con este asunto. Pero el problema no es el delirio de los columnistas, sino el de los dirigentes mismos de UPyD. ¿Cómo podía haber tanto loco ahí metido? Estoy de acuerdo en que el artículo de Sosa Wagner no es inocente, puesto que se publicó sin avisar y fuera de los cauces establecidos. Pero lo que ha saltado en el partido después convierte esa inoportunidad en una cuestión secundaria: si la cabeza del partido era eso, yo me alegro de saberlo ya. (Una alegría triste, puesto que es saber de impresentables).

El espectáculo ha sido como el de un Little Big Horn en el que los que están en medio rodeados y defendiéndose no fuese el Séptimo de Caballería comandado por Custer, sino unos que han decidido hacer el indio. Indios que se inventan que están acosados por indios. Que se sitúan en medio en una actitud defensiva, disparando a todas las críticas con argumentos falaces: y por eso hacen el indio. Para mí, la dirección actual de UPyD ha conseguido que su salida sea ahora lo prioritario; antes incluso que el pacto deseable con Ciudadanos, que fue por lo que empezó todo. Aunque conociendo ya la calaña de los personajes, dudo mucho que se suiciden ellos: antes suicidarán, como están haciendo, al partido.

En manos de Ciudadanos estaría ahora, si acaso, el empujoncito final. El único argumento real de los atrincherados en Little Big Horn en contra del pacto es la presencia de imputados en las listas electorales de Ciudadanos, y la menor calificación de este partido en cuanto a la transparencia. Ciudadanos debería corregirlo y acendrarse: para mejorar y también para quitarles ese argumento a los magenta. El suicidio de UPyD parece inevitable. Pero Ciudadanos podría contribuir a que ese suicidio resultase más absurdo todavía. Y sería con las botas quitadas, como es propio de los que hacen el indio.

[Publicado en Zoom News]