1.8.08

31 de julio

El día antes de partir, leí en el prólogo de la edición de Cátedra de las Poesías completas de Francisco de Aldana que fue éste, y no don Sebastián, quien desembarcó en Arcila el 31 de julio de 1578, "con quinientos soldados castellanos". El rey ya se había "internado en África" con su ejército y Aldana fue a buscarlo porque le llevaba una carta del Duque de Alba. Una vez que lo alcanzó, siguió con él:
Durante la marcha hacia Alcazarquivir, Aldana advirtió con franqueza a don Sebastián "que mudase de parecer, porque se iba a perder: mas no fue posible ni ninguno vino en su parecer", pero el 4 de agosto, a vista del enemigo, fue "de opinión que se combatiese aunque hasta entonces lo había contradicho, pareciéndole que hasta aquel punto hubo lugar de retirarse y que ya no le había".
Ayer 31 de julio, ya solo en Asilah, fui a tomarme un café y a fumarme un purito en la terraza en que he estado estos días con mi hermana y mi cuñado. Antes de salir del apartamento, abrí la maleta de los libros y cogí el más delgado, para llevarlo en el bolsillo trasero del pantalón: resultó ser el Cahier de Talamanca de Cioran. Una vez en la cafetería, vi que comienza justo un 31 de julio (el del año de mi nacimiento, 1966). Por la mañana me había fijado en esta frase de Mohamed VI, que entresacaba el diario marroquí L'opinion de su discurso por la Fête du Trône: "Ne pas céder aux sirènes nihilistes qui répandent le désespoir et sèment le doute". Me he encontrado ya dos naipes en Asilah, los dos de oros: el martes el cuatro y hoy el caballo (en cuatro trozos). Todas las tardes la gente se asoma a la muralla a ver la puesta de sol en el Atlántico. Yo también, esperando el rayo verde.