4.8.08

Assilah

Días de estricta felicidad, con azotes de soledad cruda. Ensimismamiento y receptividad. Este es el camino. Ayer terminé de preparar la casa y en este instante empiezo a trabajar (meteré este texto en el pendrive para colgarlo desde el ciber). Estoy en el lugar perfecto. He desembocado aquí por azar, naturalmente. Parece el destino, y puede que lo sea: pero los seres humanos sólo podemos conocer el destino a posteriori; entre tanto, es más higiénico llamarlo azar. O azar objetivo, en todo caso. (El fatum nietzscheano es eso: la lectura de lo que nos ha ocurrido hacia el pasado, no hacia el futuro.) El origen inmediato de que yo me encuentre en Asilah está en una mañana del último abril. Me había despertado muy temprano y, contra mi costumbre, había decidido ir al centro de yoga de Weil por la mañana. Llegué con quince minutos de antelación y me senté a hacer tiempo en un banco de la plaza. Entonces vi pasar a Carlos Font, con el que hacía tiempo que no coincidía. Iba hablando por el móvil, hacia su despacho. Él no me había visto y pensé no decirle nada, por no distraerle y porque la sesión de yoga estaba a punto de empezar. Pero al final le hice un gesto. Se paró, terminó su llamada y me propuso tomar un café rápido. Nos metimos en el Central. Me preguntó que qué andaba haciendo. Le dije que estaba ya hastiado de Málaga y de mi falta de disciplina, de mi impresentable inercia ineficaz, que había pensado presentarme a las oposiciones de Filosofía, pero sin ganas, y que lo que yo necesitaba era un apartamento tranquilo, en alguna población costera, para encerrarme a escribir uno o dos años. “Vete a Asilah”, me dijo, “yo tengo un apartamento vacío allí”. A mí no me sonaba el nombre de nada, aunque después he ido sabiendo que es un destino turístico de moda (sobre todo entre españoles). Le pedí que me lo escribiera en una servilleta: “Assilah”, puso, con dos eses (que es como lo transcriben los árabes; con una ese es en francés). Conservo la servilleta, como si fuese el plano de una fuga. Y aquí estoy.