10.9.08

Caza sutil

Del mismo modo que Jünger salía a cazar insectos, yo salgo a cazar caracteres árabes. Es lo único que me he propuesto con este idioma: aprender su alfabeto. Cada día, antes de salir, memorizo algunos signos y luego voy buscándolos en los carteles. Es un ejercicio entretenido, que adiestra la mirada. Otra de mis cazas sutiles tiene que ver con las moritas. Me he dado cuenta de que me gustan mucho las que llevan hiyab, el pañuelo que sólo cubre la cabeza y el cuello. No son mayoría: calculo a ojo que un treinta por ciento (las que se tapan la cara no llegarán al cinco; todas las demás van descubiertas). El hiyab les da una belleza limpia, adusta. Realzan la sensualidad por sustracción. Con él rozan el aspecto monjil o virginal, pero lo eluden: parecen ante todo damas medievales (¡dantescas beatrices, petrarquescas lauras!). Me deleito mirándolas. Y también imaginándome a mis ex novias así: con sus rostros enmarcados en un pañuelo y paseando por estas calles; algunas con túnica, como divas en batín.

Volviendo al árabe. Resulta deliciosa la sinvergonzonería del método Assimil. Mi manual se titula, como los de los demás idiomas, El árabe sin esfuerzo. Pero en el prólogo ya te espetan la estafa: “Sin duda tendrás que trabajar y esforzarte. Sería pueril pensar y pretender que el árabe —como no importa qué otra lengua extranjera— puede aprenderse sin esfuerzo”. Con un par, Assimil: eres el Dioni de los métodos de idiomas.