6.12.08

La carcoma

Me preguntaba el otro día un lector que de dónde había sacado yo el recurso (¡el tic!) de la admiración entre paréntesis. De Thomas Bernhard. Exactamente de Corrección de Thomas Bernhard. Sólo que Thomas Bernhard lo usa de manera dosificada, y por lo tanto con mucho efecto, mientras que yo lo repito y abuso de él de un modo ya decadente y guasón, desinflado. Aquí aparece por primera vez el recurso en Corrección:

todo en la buhardilla de los Höller favorecía mi pensamiento, en la buhardilla de los Höller podía permitirme siempre todas las posibilidades de mis facultades intelectuales y, de repente, en la buhardilla de los Höller estaba sustraído siempre a la opresión del mundo exterior sobre mi cabeza y sobre mi pensamiento y, por tanto, sobre mi constitución entera, lo más increíble no era ya de repente increíble en la buhardilla de los Höller, lo más imposible (¡pensar!) no era ya imposible.

Pero el lugar en el que yo me enamoré de él fue en el pasaje de la carcoma, que copio entero porque es una de las cumbres (¡humorísticas!) de Bernhard:

Durante la noche él oía siempre en Altensam la carcoma, la voracidad de la carcoma no lo dejaba dormir durante la noche, por todas partes y durante la noche, como es natural, a causa de la agudeza de su oído y de la hipersensibilidad de su cabeza, con mayor claridad, oía a la carcoma que trabajaba, en las tablas del suelo y bajo las tablas del suelo, en los armarios y las cómodas, en todos los armarios de cajones sobre todo, así Roithamer, en las puertas y en los marcos de las ventanas, incluso en los relojes y en las sillas y sillones, podía distinguir siempre exactamente dónde y en qué objeto, qué mueble, trabajaba la carcoma, realmente la carcoma se había abierto ya camino hasta su propia cama, mientras permanecía despierto en la cama toda la noche, así Roithamer, seguía, tenía que seguir el trabajo de la carcoma, con la mayor atención, respiraba el dulce olor del serrín fresco y le resultaba opresivo tener que comprobar que, en el curso de los años, miles, posiblemente decenas de miles y cientos de miles de gusanos de la carcoma se habían introducido en Altensam para, como tenía que pensar siempre durante la noche, corroer Altensam, roer y corroer Altensam hasta que, en un solo instante, que posiblemente no se haría esperar ya tanto, se derrumbase sobre sí mismo. No había un solo objeto en Altensam, así Roithamer, en que no estuviera la carcoma, y si se trataba de un objeto nuevo, que se hubiera adquirido, también en ese nuevo objeto estaba en poquísimo tiempo la carcoma, así Roithamer. Si cojo una prenda interior del armario, así Roithamer, tengo que sacudir esa prenda interior, porque hay en ella serrín a montones, de la noche a la mañana serrín a montones en mis prendas interiores, así Roithamer, si cojo un pañuelo del cajón tengo que soplar en él, hasta la vajilla utilizada diariamente tiene que ser soplada y fregada, así Roithamer, porque está llena de serrín, y realmente todos están siempre en Altensam llenos de serrín, sus rostros llenos de serrín, sus cabezas y sus cuerpos llenos de serrín, así Roithamer. Constantemente, todos tenían miedo siempre de hundirse a través de las tablas del suelo, porque las tablas del suelo cedían ya de una forma inquietante, porque Altensam, por el trabajo de la carcoma (¡y de los hongos, como es natural!) cambiaba constantemente, tenían constantemente miedo, porque en realidad lo más sorprendente y lo más alarmante en Altensam era el trabajo de la carcoma, así Roithamer. Primero se hizo todo para combatir la carcoma, pero finalmente tuvimos que comprobar que no se puede hacer nada para combatir la carcoma, y dejamos de hacer nada para combatir la carcoma. Durante toda nuestra vida estuvimos en Altensam frente a millones de gusanos de la carcoma, sin poder defendernos de esos millones de gusanos de la carcoma. Impotentes contra la carcoma, así mi madre, así Roithamer, hemos combatido durante toda la vida contra la carcoma, pero finalmente hemos renunciado a la lucha, así mi madre, así Roithamer. Cada generación creía, así Roithamer, acabar con la carcoma de Altensam, que era ella, temía cada una, aquella sobre la que se derrumbaría de pronto Altensam, por estar totalmente agujereado por la carcoma, así Roithamer. Una vez mi padre hizo subir de Linz a Altensam un, así llamado, especialista en lucha antiparasitaria, pero esa estancia de semanas del especialista en lucha antiparasitaria de Linz fue totalmente absurda, así Roithamer. Y así, todos en Altensam, a causa de la carcoma y de su trabajo de siglos, que había minado ya casi todo Altensam, se habían acostumbrado a unos andares curiosamente cautos, unos andares exactamente adaptados a los suelos y los techos de madera, y que tenían también en cuenta los muebles, unos andares curiosamente cautos que, sencillamente, tenían en cuenta a Altensam, y cuando nosotros, así Roithamer, hablábamos juntos de algo, lo que ocurría como mucho una vez al año, hablábamos de la carcoma. Y aunque en Altensam hay un gran silencio y se crea no oír nada en absoluto, se oye, sin embargo, la carcoma de Altensam, así Roithamer. Los armarios, las mesas, están torcidos, las cómodas, los sillones, así Roithamer, y los suelos están hundidos, los postigos no encajan ya en los marcos de las ventanas, así Roithamer, la lucha contra la carcoma ha sido definitivamente abandonada (9 de marzo), así Roithamer.