29.10.11

Maigret en Lisboa

Estoy muy ocupado, pero en la mesilla tengo un libro de Maigret del que a veces bebo sorbos. Son sorbos limpiadores, desretorizantes. Se titula Maigret e o corpo sem cabeça y pertenece a una colección de novelas de Simenon en portugués, editadas en los años cincuenta por la Livraria Bertrand. Sus cubiertas llevan todas el mismo diseño, solo el color va cambiando; recuerdan a los títulos de crédito de Saul Bass para las películas de Preminger o Hitchcock. La repetición del formato es un anuncio de la repetición del placer, como ocurre en las buenas series televisivas. No nos cansamos de acompañar a Maigret, de mirar con sus ojos, compasivos por lúcidos. No nos cansamos de la pulcritud de las frases de Simenon, de su sutil montaje de secuencias: un corte limpio que deja los renglones sin grasa.

Y, en esta ocasión, el gusto añadido del portugués: la transformación que opera en el ambiente. Estamos en París, en sus barrios, en sus muelles; pero a la vez estamos en Lisboa. Se produce una maravillosa superposición de las dos ciudades. Maigret ha tenido siempre algo de pessoano y aquí esa cualidad gana. Hay una melancolía lisboeta en las historias, y el traductor nos ha concedido también la gracia de traducir rue por rua.