6.9.22

Fácil o imposible

La felicidad es fácil o imposible. Lo pienso mientras me tomo una caña mirando el mar el primer domingo de septiembre. Al fin hay mesas en el Yucas, el mejor chiringuito de la Costa del Sol, que durante todo agosto estuvo atestado. Yo he vivido al lado, pero ni intenté entrar. Llevo en el apartamento desde el 29 de julio y no me he movido de aquí. Un mes largo, larguísimo. Parecía que no iba a terminarse pero se ha terminado. El último día me tomo esta caña viendo los brillos del mar hacia el sol y sintiendo la brisa. El verano se ha apaciguado de repente. La felicidad es fácil.

En la urbanización ya ha desaparecido la vida de muchas terrazas. El joven croata con su novia del primero. La familia que organizaba cenas multitudinarias dos pisos más abajo del mío, a la derecha. Las dos lo tienen ya todo recogido y las persianas están echadas. Haber seguido aquí este inicio de septiembre tal vez ha sido un error. Tal vez tendría que haberme ido como ellos y no tener estas visiones del cierre. Pero me gusta también. Aunque duele un poco. En solo un mes sedimentaron costumbres, tics, gente repetida, un mundillo. Y ahora hay que abandonarlo.

La felicidad es fácil pero me viene una punzada de nostalgia. Mañana tampoco yo estaré aquí. Son mundos felices que se rompen, los del verano. Burbujas que estallan. Por la mañana he ido a la playa todavía. He estado terminando la biografía de Luis Cernuda de Jordi Amat, los años del exilio. Él buscaba cuerpos oscuros de México, masculinos. Yo me fijo en una joven con las tetas pequeñas, preciosas, que se mete cada veinte minutos en el agua. He estado viendo también este fin de semana las dos películas de Éric Rohmer que me faltaban del ciclo que me he montado en agosto: La rodilla de Claire y La mujer del aviador. Gramáticas del deseo, en francés. Al final he visto veinte películas de Rohmer y he leído veinte libros. (Y la carne es alegre.)

La nostalgia es solo hoy. Tengo comprobado que el día crítico es aquel que aún roza el paraíso. El momento en que se suelta es el del puñetazo: es su cercanía la que hiere, su cercanía irrecuperable. Cuando aún nos alcanzan sus rayos. Luego haré la maleta, pero ahora me tomo esta caña frente al mar con acariciante delicia. La felicidad es fácil. O imposible.

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