18.6.26

Zapatero, bluf moral

Confieso que me ha sorprendido la cara de Zapatero en su reaparición para declarar ante el juez un mes después de que se descubriera su tomate. Era una cara normal. Me imaginaba una devastación facial a lo Topuria, como si la vergüenza y la conciencia de que todo se ha acabado se la hubiera puesto como una remolacha. Aunque la remolacha irá por dentro.
 
A los de la izquierda nietzscheana no nos ha sorprendido que el predicador resultara un maleante. Las maniobras del exhibicionismo bondadosista, con efectos inquisidores, ya nos las conocíamos por La genealogía de la moral, del maestro; ese agudo psicólogo por que Nietzsche se tenía. Al fin y al cabo, los crímenes de cursilería en que Zapatero siempre ha incurrido eran signos de falta de piedad. Solían presentarse chantajísticamente: si no te plegabas a su sentimentalidad, eras un desalmado. Fue uno de sus mecanismos de poder.
 
Todo suele estar a la vista, como la manoseada carta de Poe. A la vista, o a poca distancia si se escarba o se busca la conexión. Aquel dibujo que Zapatero hacía de sí mismo como "supervisor de nubes" remitía al Yo, inspector de alcantarillas del falangista (y vanguardista tostonazo) Giménez Caballero. Las únicas nubes que ha supervisado ZP han sido las reflejadas en sus joyas. Sus delitos peores, por lo demás, no son penales en sentido estricto, pero sí de una gravedad obscena: la resurrección del guerracivilismo en España, el aliento al nacionalismo, la complicidad (ahora sabemos que interesada) con dictaduras.
 
Un problema para el enjuiciamiento global de Zapatero es su aparente división en dos. Estuvo el Zapatero de su primera legislatura como presidente y el Zapatero de la segunda. Se dice que el primero fue el bueno y el segundo el malo; siendo para mí el primero el más reprobable (exceptuando sus reconocidos aciertos de la ley del matrimonio homosexual y la antitabaco). Eso ha impedido el repudio completo entre los suyos, y en esa sombra ha prosperado. Con él me acuerdo de la lección del instituto en que el profesor de filosofía nos explicaba por qué se decía "primer Wittgenstein" y "segundo Wittgenstein". Hay pensadores tan grandes, explicaba, que dan para dos filosofías diferentes.
 
Yo a Zapatero lo veo bastante unificado, aunque la gente no suele verlo así. He encontrado ahora el vídeo en que el PSOE pide perdón por Zapatero. Es de noviembre de 2012. El nombre de Zapatero en realidad no aparece, porque el vídeo se titula Militantes del PSOE piden perdón. Lo hacen, eso sí, por cosas que ejecutó Zapatero, el segundo Zapatero. El vídeo es cutrísimo y los militantes en cuestión unos mataos. ¿Habrá prosperado alguno? Parece el pleistoceno de la comunicación. Tampoco debemos olvidar que es de ahí de donde sacó Sánchez al PSOE.
 
Me acuerdo también de los de la ceja, aquellos que daban la turra con el poema de Benedetti: "Defender la alegría como una trinchera". A los que se oponían los acusaban de cenizos.
 
El primer Zapatero fue el angelito que destruyó el país, económica y moralmente. El sanchismo no es más que la prolongación descarnada, desinhibida, con todas sus posibilidades optimizadas a tope, del zapaterismo.
 
Habría que contemplar su caída nietzscheanamente, es decir, sin resentimiento. Con interés de entomólogo. Tratando de revertir todo el pus hacia la vida, hacia la alegría de vivir (esta vez sí) contra estos sórdidos moralistas delincuenciales. También la vida triunfó en ZP, por otro lado: operando con su salvaje materialidad (bueno, en la medida en que sea material el dinero, esa abstracción) por debajo de toda la pútrida mermelada pestilente con que nos atufaba. 
 
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14.6.26

Las guerras civiles que deja atrás el Papa

[Montanoscopia]  
 
1. Se va el Papa dejando atrás un reguero de guerras civiles en España. No nuevas, sino reactivadas. Y no por el Papa en particular, sino por los ufanos españoles con la excusa del Papa, como con la excusa de cualquier cosa que les echen. A los españoles les va la marcha guerracivilista, eso es todo. Y permítanme que hable en tercera persona, porque yo soy demasiado fino para ser español. A lo que diga mi carnet no le hagan caso. De los sermones del Papa se han servido las izquierdas y las derechas para tomar el trozo de la redonda pizza papal que les convenía y apedrear con él a los de enfrente. El efecto ha sido el de un mensaje fragmentado, como el espejo del que habla Eliot en La tierra baldía: "un montón de imágenes rotas donde golpea el sol" (traducción de Irles). Esta ha sido la guerra civil ideológica o partidista. También ha estado la guerra civil geográfica, con los apedreamientos entre Madrid y Barcelona, es decir, entre la cosa populachera y la cosa burguesa. Mi tesis es que resultan equiparables, porque la Sagrada Familia viene a ser un Himno a la Alegría cantado por Bustamante de piedra; pero qué más da. Y por último la guerra civil entre católicos y ateos, en la que los católicos les han lanzado a los ateos la pizza papal completa; teniendo los ateos para lanzar apenas sus lecturitas y su envalentonamiento ante la nada. Yo estaría aquí, pero también da lo mismo. Solo han sido felices de verdad –felices y ecuménicos– mis amigos Peláez y Bustos, que han vivido como niños su semana Disneylandia, traduciéndola en fabulosas crónicas papales.  
 
2. Otros amigos como Garrocho, Mejía, Arias y Ovejero se han esforzado en filosofar, el primero con el Papa y los otros contra el Papa, pero productivamente todos. Aparte están los del ateísmo parroquial, esos autoproclamados ateos (habitualmente apacentados en El País o la Ser) que, a pesar de lo rumbosos que se ven a sí mismos, no son más que unos obedientes beatos de comunión diaria en la religión sanchista, bajo la vigilancia de una Inquisición de muerte a la que no osan incomodar. Lo humano, lo único excusable, es que su prioridad son los negocios.  
 
3. Conforme más se evidencia la podredumbre corrupta y criminal del sanchismo, más me pasman los misceláneos de los miércoles, el jomacho de los sábados y las cheerleaders de los domingos: ratas que no saltan, paralizadas como conejos ante los faros del camión. Solo tienen un problema técnico, aunque lo van sorteando con pericia: el de la búsqueda del tema del que hablar para no hablar de lo que tendrían que hablar. Al cabo, son misceláneos todos y nada humano les es ajeno, salvo (como puntualizaba Toscano) las fechorías de Sánchez. 
 
 4. Feijóo, por su parte, trata de difundir un mensaje regeneracionista que no cuela. ¡Que lo dice desde el PP, macho! ¡El partido al que tumbaron por corrupción! Será menos malo que gobierne el PP, incluso en tétrica alianza con Vox, solo porque detendrá la entropía del sanchismo, que nos lleva a un agujero negro. Pero ni hay proyecto, ni hay ilusión ni hay nada. Y entre los votantes, únicamente hastío hacia (contra) esta generación de políticos mediocres; que, eso sí, vaya si les representan. ¡Hipócrita elector, su semejante, su hermano!  
 
5. Premio Princesa de Asturias de las Letras a Julian Barnes. Un autor agradable y menor al que los autores españoles adoran porque han aprendido de él cómo ser menores. Algo que logran con facilidad. No así lo de ser agradables. 
 
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11.6.26

Muerte por amor

"¿Pero cuál es la causa médica?", preguntaban los botarates ante el comunicado de la familia de la autora de Persépolis: "Marjane Satrapi murió de tristeza un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida". Tristeza, amor: palabras que exceden a los cientificistas. Claro que habría elementos cardiovasculares y otro tipo de objetivaciones médicas, como explican ahora los puntillosos artículos sobre la posibilidad de una "muerte por amor"; pero lo que había ante todo era el amor, o la tristeza tras su pérdida. Especies raras en los periódicos.
 
Me he puesto la película, tan buena como el cómic, y allí la autora narra su deriva en Viena tras una primera decepción amorosa. En el punto más bajo dice: "Había vivido una revolución que me había quitado a una parte de mi familia. Había sobrevivido a una guerra. Y por poco me mata una banal historia de amor". Ahora la ha matado a los 56 años una historia de amor no banal. En 2020 le preguntó Marc Bassets para El País si pensaba volver a Irán y respondió: "No es buena idea. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión. Si me encerrasen, moriría a las dos semanas". El amor y la libertad. Y, si no, la muerte.
 
No deja de resultar emocionante desde el punto de vista del surrealismo, el último coletazo profundo del romanticismo. Octavio Paz lo sintetizaba bien en su artículo sobre el movimiento recogido en Las peras del olmo: "En Arcano 17, André Breton habla de una estrella que hace palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su luz la forman tres elementos: la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para formar una estrella única". Satrapi, que ya había luchado auténticamente por la libertad (lucha que entre nosotros es casi cosmética, pero que en ella fue real, brutal, contra la teocracia iraní) y había ejercido con brillantez la poesía (mediante su manera de vivir y su obra), certifica con su muerte lo que para ella era el amor: todo.
 
Algo que, por otra parte, prueba su naturaleza de enfermedad mortal. Una enfermedad paradójica: puesto que es también la que otorga una vida que merezca llamarse vida. Como le escribía Cernuda a su amado: "Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido". Satrapi ha muerto radicalmente porque vivió radicalmente. Una variante quizá más cruel es la supervivencia en una vida sin vida. Savater, que siempre estuvo alegre, ha dicho que tras la muerte de su amada descubrió que se puede vivir con tristeza.
 
El milagro del amor es que, como escribió Borges, "nos deja ver a los otros como los ve la divinidad". Es también un culto de idolatría ("a lo que es temporal llamar eterno" –Lope de Vega), que lleva la penitencia en su pecado. Concentrar la potencia de la vida y el sentido del mundo en otra persona expone completamente al amante y lo deja inerme. Se cabalga un relámpago que puede durar un día o un siglo, y después nada.
 
Hay otra modalidad nefasta, casi más dolorosa que la de la pérdida por muerte: la del amor no correspondido. El dolor por la muerte es profundo, inconsolable, devastador; pero limpio: es un dolor puro, sin adherencias. El del amor no correspondido mantiene la felicidad y el alivio de fondo de que la persona amada está bien, pero lo enturbia su rechazo y la conciencia de que la vida preferida sería posible aún pero va por otro camino inalcanzable, mientras se agota el tiempo.
 
El amor, en fin de cuentas, es una trampa: quien lo prueba está condenado. Con suerte, su condena la pasará en la "dulce cárcel" de que hablaban los trovadores y habló el petrarquismo. Pero siempre con la amenaza de la separación, que se termina consumando. Y en el caso del amor no correspondido, ya lo he apuntado, la cárcel amarga de la vida doliente. Como en el clásico de Ary Barroso "Na Baixa do Sapateiro", que cuenta un flechazo fatal en esa calle de Bahía: "Oh, amor, ai / amor bobagem / que a gente não explica, ai, ai / prova um bocadinho, ô / fica envenenado, ô / e pro resto da vida é um tal de sofrer / ôlará, ôleré". Ese veneno, al cabo, es una causa médica.
 
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8.6.26

Caetano 50

Caetano Veloso en 50 canciones: lista de reproducción en YouTube.

7.6.26

Un perdedor neto del sanchismo

[Montanoscopia] 

1. Yo no quiero que haya elecciones anticipadas. No quiero perderme el retrato de Dorian Gray en lo mejor. 

2. Estas ansias absurdas del PP por pactar con el PNV y con Junts, aunque sea una moción de censura "instrumental", nos recuerda que en el PP no se han enterado de nada. Como cuando pacta (esto fatalmente consumado) con Vox. En los tres casos por lo mismo: por consentir a la reacción, cuando se pretende de centro (de "centro-derecha"). El PP es el único partido institucionalista que queda (el institucionalismo es ya la fase más modesta, casi irrisoria, del constitucionalismo) y no da la talla. Aunque puede que termine ganando justo por esto: el pueblo español tampoco da la talla. 

3. Un amigo posibilista reprueba reflexiones (o posturas) mías como la anterior. "¿Pero entonces qué hacer?". Es verdad que la política es "el arte de lo posible". Lo percibo con crudeza en nuestra situación. Pero algunos estamos en otra cosa, reconozco que irreal. Lo posible no lo es todo. Me resisto a rendirme al arte de la política. 

4. El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa. La lástima es que él se irá, pero seguirá ya toda la vida ese porcentaje inasumible de españoles a los que les he perdido el respeto. 

5. Un perdedor neto del sanchismo es Antonio Muñoz Molina. Porque es tal vez el único que llegó con prestigio previo. 

6. Hay un elemento que permite calibrar si un escritor tiene o no fibra moral (y, como consecuencia de ello, tensión y valor en su mundo, en su estética): si se arriesga a la segmentación de su mercado. Al que no se arriesga lo podemos calificar, además de comercial, de pancista. 

7. Camino por la Feria del Libro de Madrid erguido, rápido, con aprensión. Llevo meses metiéndome con escritores y temo que alguno me dispare desde su caseta. Al contrario que el tiro al pato en las casetas, esta vez el pato va por fuera y soy yo. Pero encuentro amigos: Carlos Hortelano, Francisco Lapuerta, Jorge Mínguez (firmando Miro pasar el río), Daniel Gascón (firmando Los nuevos Bartleby), Pablo de Lora en ropa deportiva (le digo que quiere competir con la camiseta de Uclés) y el editor Alfonso Crespo, al que le he prometido mi Bernhard para Athenaica (lo tendrá). 

8. Caetano Veloso es la figura más importante de las que pasan estos días por Madrid. Su concierto en el Movistar Arena me sorprendió: me esperaba algo crepuscular, vitalista pero en estilo tardío (que era lo que yo necesitaba), pero decidió no ser un "soft Brazilian singer". Metió tralla con canciones reivindicativas ("Podres poderes", "Anjos tronchos", "Um índio", "Fora da ordem") y una banda ruidosa, con sonido confuso cuando se ponía a tope. Fue una exhibición enérgica, con Caetano no queriendo dejar entrar al viejo que Clint Eastwood ya ha dejado entrar. Había muchísimos brasileños, pero al final no pidieron el bis con el grito unánime de hace años: "Você parou! Parou por quê?". He comprendido que era un grito generacional. Pero a veces la banda se refrenaba y se producían ráfagas del Caetano (que por lo demás cantó extraordinariamente) que yo quería. No faltaron varias de mis canciones favoritas de siempre: "Sozinho", ·Não enche", "Queixa", "Desde que o samba é samba", "Odara". Ni por el tono ni por la actitud fue un concierto de despedida. ¿Volverá? Por si acaso, miré cómo se metía entre bambalinas, pequeño ya, desdibujándose con la niebla de los focos y perdiéndose como si fuese la última vez. Lo que nos ha regalado es muy grande. 

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4.6.26

Caetano antes

Caetano Veloso canta en Madrid este jueves 4 de junio. Decidí no ir a verlo y así lo proclamé. Del concierto anterior salí algo decaído. Pero al cabo de diez días (¡otra de mis fluctuaciones!) me dio un ataque agudo de caetanovelosidad y saqué una entrada. Escribo antes de asistir.

Será la décima vez que lo vea en España, la primera fue en Málaga y en Madrid el resto. Lo vi una más en el carnaval de Bahía. Caetano iba en el trío eléctrico de Gilberto Gil, con este y con Ney Matogrosso. Bailábamos detrás del camión con bafles que los llevaba, con nuestra lata de cerveza, sudados de tanta noche por el trayecto Barra-Ondina, cuando Caetano empezó a cantar "Chuva, suor e cerveja" y justo entonces se puso a llover. Qué momento de plenitud: era una felicidad de la que formaba parte cierta guasa meteorológica.

El trío eléctrico se creó en los cincuenta, pero al cabo de un tiempo pasó de moda. Fue Caetano el que lo rescató con la canción "Atrás do trio elétrico" en 1969. Sucedió que mientras los bahianos celebraban el reavivado invento en aquel carnaval, Caetano estaba preso junto a Gilberto Gil. Tras unos meses en la cárcel y otros cuantos confinados en Salvador, la dictadura militar los mandaría al exilio. Yo me aficioné a la música brasileña veinte años después, con los casetes de la colección Personalidade preparada por Roberto Menescal. El de Caetano Veloso empezaba, muy apropiadamente, con "Beleza pura".

Eso lo desató todo, y desde ahí más casetes, discos, conciertos, el programa de radio de Carlos Galilea (y en menor medida el de Rodolfo Poveda), las partituras con letras traídas de Río de Janeiro y los libros, entre los cuales destaca Verdad tropical, de Caetano Veloso, uno de mis tres favoritos, junto con Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro, que traduje para Turner, y Noites tropicais, de Nelson Motta. Y los viajes a Brasil. El último no lo hice porque lo impidió la pandemia. Y por supuesto, desde hace dos décadas, la totalidad de internet, con su música, sus vídeos, sus entrevistas, su información absoluta.

Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Lo mejor es que, incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de tristeza de calidad. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora general, cotidiana. Llevo dos tercios de mi edad escuchándola a diario. Me gusta recordar el aforismo de Nietzsche: "Sin música la vida sería un error". Y adaptármelo: "Sin música brasileña mi vida sería un error".

Es difícil que este no sea el último concierto de Caetano Veloso en España. Pronto cumplirá 84 y se reconoce cansado. Después de comprar mi entrada, y aún en pleno ataque de caetanovelosidad, hice la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda su obra. Se puede escuchar en Spotify (con 200 canciones) y en YouTube (ya perfecta, con 212). Es tal el nivel, la delicia, la emoción, la modernidad, la delicadeza, la (en efecto) belleza pura que creo que esta lista es lo mejor que he hecho en mi vida. Llevo un mes poniéndomela en todos los paseos de esta primavera que se va volviendo verano, con el mar en casi todas las ocasiones, o al menos la brisa y el sol, el calor cuasitropical también, o las luces nocturnas, y he experimentado una resurrección vitalista.

La vida no siempre ha estado en la vida, pero siempre ha estado en las canciones de Caetano Veloso. 

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