En The Objective.
14.6.26
11.6.26
8.6.26
7.6.26
Un perdedor neto del sanchismo
[Montanoscopia]
1. Yo no quiero que haya elecciones anticipadas. No quiero perderme el retrato de Dorian Gray en lo mejor.
2. Estas ansias absurdas del PP por pactar con el PNV y con Junts, aunque sea una moción de censura "instrumental", nos recuerda que en el PP no se han enterado de nada. Como cuando pacta (esto fatalmente consumado) con Vox. En los tres casos por lo mismo: por consentir a la reacción, cuando se pretende de centro (de "centro-derecha"). El PP es el único partido institucionalista que queda (el institucionalismo es ya la fase más modesta, casi irrisoria, del constitucionalismo) y no da la talla. Aunque puede que termine ganando justo por esto: el pueblo español tampoco da la talla.
3. Un amigo posibilista reprueba reflexiones (o posturas) mías como la anterior. "¿Pero entonces qué hacer?". Es verdad que la política es "el arte de lo posible". Lo percibo con crudeza en nuestra situación. Pero algunos estamos en otra cosa, reconozco que irreal. Lo posible no lo es todo. Me resisto a rendirme al arte de la política.
4. El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa. La lástima es que él se irá, pero seguirá ya toda la vida ese porcentaje inasumible de españoles a los que les he perdido el respeto.
5. Un perdedor neto del sanchismo es Antonio Muñoz Molina. Porque es tal vez el único que llegó con prestigio previo.
6. Hay un elemento que permite calibrar si un escritor tiene o no fibra moral (y, como consecuencia de ello, tensión y valor en su mundo, en su estética): si se arriesga a la segmentación de su mercado. Al que no se arriesga lo podemos calificar, además de comercial, de pancista.
7. Camino por la Feria del Libro de Madrid erguido, rápido, con aprensión. Llevo meses metiéndome con escritores y temo que alguno me dispare desde su caseta. Al contrario que el tiro al pato en las casetas, esta vez el pato va por fuera y soy yo. Pero encuentro amigos: Carlos Hortelano, Francisco Lapuerta, Jorge Mínguez (firmando Miro pasar el río), Daniel Gascón (firmando Los nuevos Bartleby), Pablo de Lora en ropa deportiva (le digo que quiere competir con la camiseta de Uclés) y el editor Alfonso Crespo, al que le he prometido mi Bernhard para Athenaica (lo tendrá).
8. Caetano Veloso es la figura más importante de las que pasan estos días por Madrid. Su concierto en el Movistar Arena me sorprendió: me esperaba algo crepuscular, vitalista pero en estilo tardío (que era lo que yo necesitaba), pero decidió no ser un "soft Brazilian singer". Metió tralla con canciones reivindicativas ("Podres poderes", "Anjos tronchos", "Um índio", "Fora da ordem") y una banda ruidosa, con sonido confuso cuando se ponía a tope. Fue una exhibición enérgica, con Caetano no queriendo dejar entrar al viejo que Clint Eastwood ya ha dejado entrar. Había muchísimos brasileños, pero al final no pidieron el bis con el grito unánime de hace años: "Você parou! Parou por quê?". He comprendido que era un grito generacional. Pero a veces la banda se refrenaba y se producían ráfagas del Caetano (que por lo demás cantó extraordinariamente) que yo quería. No faltaron varias de mis canciones favoritas de siempre: "Sozinho", ·Não enche", "Queixa", "Desde que o samba é samba", "Odara". Ni por el tono ni por la actitud fue un concierto de despedida. ¿Volverá? Por si acaso, miré cómo se metía entre bambalinas, pequeño ya, desdibujándose con la niebla de los focos y perdiéndose como si fuese la última vez. Lo que nos ha regalado es muy grande.
* * *
En The Objective.
4.6.26
Caetano antes
Caetano Veloso canta en Madrid este jueves 4 de junio. Decidí no ir a verlo y así lo proclamé. Del concierto anterior salí algo decaído. Pero al cabo de diez días (¡otra de mis fluctuaciones!) me dio un ataque agudo de caetanovelosidad y saqué una entrada. Escribo antes de asistir.
Será la décima vez que lo vea en España, la primera fue en Málaga y en Madrid el resto. Lo vi una más en el carnaval de Bahía. Caetano iba en el trío eléctrico de Gilberto Gil, con este y con Ney Matogrosso. Bailábamos detrás del camión con bafles que los llevaba, con nuestra lata de cerveza, sudados de tanta noche por el trayecto Barra-Ondina, cuando Caetano empezó a cantar "Chuva, suor e cerveja" y justo entonces se puso a llover. Qué momento de plenitud: era una felicidad de la que formaba parte cierta guasa meteorológica.
El trío eléctrico se creó en los cincuenta, pero al cabo de un tiempo pasó de moda. Fue Caetano el que lo rescató con la canción "Atrás do trio elétrico" en 1969. Sucedió que mientras los bahianos celebraban el reavivado invento en aquel carnaval, Caetano estaba preso junto a Gilberto Gil. Tras unos meses en la cárcel y otros cuantos confinados en Salvador, la dictadura militar los mandaría al exilio. Yo me aficioné a la música brasileña veinte años después, con los casetes de la colección Personalidade preparada por Roberto Menescal. El de Caetano Veloso empezaba, muy apropiadamente, con "Beleza pura".
Eso lo desató todo, y desde ahí más casetes, discos, conciertos, el programa de radio de Carlos Galilea (y en menor medida el de Rodolfo Poveda), las partituras con letras traídas de Río de Janeiro y los libros, entre los cuales destaca Verdad tropical, de Caetano Veloso, uno de mis tres favoritos, junto con Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro, que traduje para Turner, y Noites tropicais, de Nelson Motta. Y los viajes a Brasil. El último no lo hice porque lo impidió la pandemia. Y por supuesto, desde hace dos décadas, la totalidad de internet, con su música, sus vídeos, sus entrevistas, su información absoluta.
Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Lo mejor es que, incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de tristeza de calidad. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora general, cotidiana. Llevo dos tercios de mi edad escuchándola a diario. Me gusta recordar el aforismo de Nietzsche: "Sin música la vida sería un error". Y adaptármelo: "Sin música brasileña mi vida sería un error".
Es difícil que este no sea el último concierto de Caetano Veloso en España. Pronto cumplirá 84 y se reconoce cansado. Después de comprar mi entrada, y aún en pleno ataque de caetanovelosidad, hice la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda su obra. Se puede escuchar en Spotify (con 200 canciones) y en YouTube (ya perfecta, con 212). Es tal el nivel, la delicia, la emoción, la modernidad, la delicadeza, la (en efecto) belleza pura que creo que esta lista es lo mejor que he hecho en mi vida. Llevo un mes poniéndomela en todos los paseos de esta primavera que se va volviendo verano, con el mar en casi todas las ocasiones, o al menos la brisa y el sol, el calor cuasitropical también, o las luces nocturnas, y he experimentado una resurrección vitalista.
La vida no siempre ha estado en la vida, pero siempre ha estado en las canciones de Caetano Veloso.
* * *
En The Objective.
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