31.3.19

Bomba de relojería

El futuro es la muerte. Como escribe Jünger: “A un hombre podrán fallarle todas las citas que tenga previstas a lo largo de su vida –menos una: la cita con la muerte”. Y Machado: “Al borde del sendero un día nos sentamos. / Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita / son las desesperantes posturas que tomamos / para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita”. Y Heidegger: “El hombre, desde que nace, ya está maduro para morir”. La muerte es el horizonte desde el primer momento. El horizonte, que es un allí por definición, nos puede invadir el aquí ahora mismo. Tarde o temprano, nos lo invadirá.

Es algo abrumador, si uno se para a pensarlo. Por eso habitualmente uno no se para a pensarlo. Sigue su marcha sin pensar: pero es una marcha hacia la muerte. Una marcha que consiste en envejecer. De joven se le resta importancia. Como en el poema de Gil de Biedma, en aquella edad “envejecer, morir, eran tan sólo / las dimensiones del teatro”. Hasta que con el tiempo –exactamente con el tiempo– “la verdad desagradable asoma” y se comprende que “envejecer, morir, / es el único argumento de la obra”.

Lo cual no deja de tener su parte de aventura. Como anota Iñaki Uriarte en su diario tras visitar a un amigo en el hospital: “Esto empieza a ser de verdad escalofriante. Nadie debería lamentarse por llevar una vida gris y sin grandes emociones. Que espere un poco. A partir de cierta edad todos llegamos al Far West. Silban las balas”. Solo que la última, naturalmente, da en el blanco. En la película, el héroe muere. Y el antihéroe. Mueren todos.

En las danzas de la muerte medievales no había nadie que no bailara. La gran igualación, el gran principio democrático, es la muerte. Ella acaba con los pobres, pero también con los ricos. Con los infelices y con los felices. Con los sometidos y con el tirano. Antes de la guillotina, ya les había cortado la cabeza a todos los reyes. Y a todos sus súbditos. Solo no moría Dios. Hasta que Nietzsche certificó también su muerte.

El nihilismo fue para Nietzsche una tarea, pero ante todo fue esa certificación: la de que la construcción de Dios, con su dimensión trasmundana, era un efecto de la desvalorización del mundo; y no solo un efecto, sino a la vez un instrumento para desvalorizarlo. Dado que el mundo es mortal, hay que refugiarse en una instancia inmortal: distinta del mundo y contra el mundo. El dolor y la muerte hacen que el mundo no valga. La solución del cristianismo, y la más pura del budismo, desembocan en la filosofía de Schopenhauer. La propuesta negativa de su maestro le sirvió a Nietzsche para desembarazarse de adherencias pseudoafirmativas: en esto consistió su nihilismo activo. Pero su propuesta fue la contraria: eminentemente afirmativa. Se trataba de afirmar –de reafirmar– el mundo pese al dolor y la muerte. La afirmación de Nietzsche es tan radical que afirma el mundo en su plenitud, con el dolor y la muerte incluidos.

Aceptar la vida supone aceptar una tensión. Como señaló Freud, pugnan Eros y Tánatos. El instinto de muerte está presente en el seno de la propia vida. Vendría a ser una impaciencia ante la muerte inexorable. Ya que toda vida se encamina a su fin, y esta certidumbre resulta eléctrica, el suicida sería el que provoca un cortocircuito. El que no soporta la tensión y se anticipa al aquietamiento de la muerte. Escribe Thomas Bernhard en Corrección: “La tranquilidad no es la vida, así Roithamer, la tranquilidad y la tranquilidad perfecta es la muerte, así Pascal, así Roithamer”. En esta novela la vida es un error que la muerte corrige. Esta es la postura nihilista. Como la de estos versos que un cementerio inspiró al schopenhaueriano Borges: “Equivocamos esa paz con la muerte / y creemos anhelar nuestro fin / y anhelamos el sueño y la indiferencia”.

Esa tranquilidad y esa indiferencia están emparentadas con una noción más o menos acomodaticia de la felicidad. La que Nietzsche rechazó con esta proclama sorprendente: “El hombre superior no quiere la felicidad: ¡quiere obras!”.

Eugenio Trías retoma ese hilo nietzscheano en Filosofía del futuro, libro en el que expone su “principio de variación”, mediante el cual propondrá cambiar el “ser para la muerte” de Heidegger por el “ser para la recreación”. No es este el sitio para explicarlo: queden aquí como expresiones oraculares. Solo apunto que Trías se propone filosofar una vez eliminada la “hipótesis teológica”, tras lo que quedaría una “filosofía pura” cuyo campo sería “el tiempo y el devenir, la creación y la recreación, la muerte, pensada en plural, como condición de recreación”. Y trae a propósito estas frases del Zaratustra: “¡Sí, muchas amargas muertes tiene que haber en nuestra vida, creadores! De ese modo sois defensores y justificadores de todo lo perecedero”.

Trías relaciona ese nietzscheano querer “obras” con la teoría del “eros productivo” de Platón, que da “una respuesta inmanente, en este mundo, al problema de la inmortalidad”. Escribe Platón en El banquete: “La naturaleza mortal busca en lo posible existir siempre y ser inmortal. Y solo puede conseguirlo con la procreación, porque siempre deja un nuevo ser en el lugar del viejo”. En palabras de Trías:
Cada ser singular, en virtud de ese impulso o anhelo a engendrar, sea físicamente, en hijos u obras, sea anímicamente, en hazañas, virtudes o saberes, sea cívicamente, a través de acciones bélicas o políticas, tiene la capacidad de autodesbordarse y de construir, desde sí, un ser otro, diferenciado de sí mismo, hijo, obra o hazaña cívica, saber comunicado a otros mediante pedagogía o mayéutica, de forma que su mismidad se torna extática, se tensa y proyecta hacia el futuro, diferenciándose en lo que deja como legado erótico y poiético, asegurando así el entrelazamiento generacional y cívico entre antecedentes, padres, ancestros y descendientes o herederos. La deuda que se contrae al nacer queda saldada en razón de la poíesis, generación, producción, o parte de un ser otro.
La clave está en ese tensarse y proyectarse hacia el futuro. Es decir, en no anular el futuro, como ocurre en la manifestación contemporánea más transparente del nihilismo: el famoso No future del punk. Así se comprende otra frase del Zaratustra de Nietzsche, que resulta enigmática si no se la percibe como un misil contra el nihilismo: “Si creyeseis más en la vida, os lanzaríais menos al instante”.

La represión del futuro es, en este sentido, signo de decadencia y esterilidad. La cuestión está en no reprimirlo a pesar de que sabemos que el futuro es la muerte y la vida, por tanto, una bomba de relojería. El reto es no quedarse hipnotizado por el tictac.

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Publicado en el trimestral de Jot Down nº 25, especial Futuro Imperfecto.

25.3.19

Las edades de Almodóvar

Pensando en Dolor y gloria, después de haberla visto el día de su estreno, se me ha ocurrido que Pedro Almodóvar podría hacer una buena película sobre Luis Cernuda. No comparten muchas cosas, pero sí lo esencial (aparte de la homosexualidad, que es importante): el empeño en un camino propio, ridiculizado con frecuencia a su alrededor, que han seguido con valentía y con creciente hondura. Almodóvar parece haber sido fiel a aquella frase que le daba impulso a Cernuda tras sus reveses: “Aquello que te censuren, cultívalo, porque eso eres tú”. Como Almodóvar ha hecho justo eso, sus detractores no han encontrado motivos para dejar de serlo; pero sus admiradores hemos ido apreciando cada vez más su valor.

Dolor y gloria es una joyita de madurez: de madurez ya muy adentrada, al borde de la senectud. Es preciosa la mirada desde esta edad a la edad joven, la del alocado Madrid de los ochenta, y más atrás aún a la de la infancia. El arco de las edades se completa con el futuro, que encarna la ancianidad de la madre y su muerte. Queda un homenaje a la vida muy emocionante, aunque expresado con sobriedad: es una película sobria, contenida; incluso –como ha dicho alguien– severa. Pero también dulce. La película destila una extraña dulzura, debida quizá a la mirada desnuda, filosófica. Hay dolor, pero sobre todo reconciliación.

El presente del director (interpretado a la perfección por Antonio Banderas, con el que en ocasiones me he metido) es el de la esterilidad, causada por la depresión, la soledad y las dolencias. Podría resumirse en este verso de Jaime Gil de Biedma: “De la vida me acuerdo, pero dónde está”. Pero en Dolor y gloria la vida reaparece: en el reestreno de su primera película y el reencuentro con el actor, en el amante que vuelve, en los recuerdos de la niñez, en el dibujo que le hizo el albañil al que enseñó a leer y con el que tuvo su “primer deseo”. Como si el pasado acudiera no para acusar sino para rescatar. Aunque también hay culpa: la evocación de la madre que le dice que no ha sido un buen hijo. Pero hasta en esto hay aceptación y el director retoma su vida, es decir, el cine.

Están los artistas que mueren o se acaban jóvenes, en su fulgor. Y están los que van afrontando las edades con su arte, dejándonos el trazado de una vida entera. Casi es un milagro que Almodóvar, que brilló tantísimo, no se lo gastase todo entonces. Así hoy puede ofrecernos una luz más serena (bellísimamente absolutoria) de aquella luz.

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El Español.

20.3.19

Sánchez Zunz

Sánchez da miedo. Es un personaje vacío y sin escrúpulos: un tecnócrata del poder. Paradójicamente, porque la realidad es paradójica, una de las soluciones aceptables de las próximas elecciones generales sería su victoria por mayoría absoluta. Algo muy poco probable, casi imposible: como las demás soluciones aceptables. Lo que se da por hecho es que Sánchez ganará pero solo podrá gobernar si suma con lo peor del congreso: los que ya le apoyaron en la moción de censura que echó a Rajoy.

Lo de Sánchez es espectacular. Se ha labrado una épica impresionante él solito, contra todos. Y ello sin talento, sin inteligencia, sin altura: solo con narcisismo y ambición. Ahora con las listas electorales ha eliminado a todos los que ha querido, que eran casi todos. Sin piedad. Es un samurái maquiavélico.

Casi está llamando a que lo aniquilen los suyos. El problema para los suyos es que ya lo aniquilaron. Y resurgió de su aniquilación. Sánchez es inatacable porque ya fue atacado, ya fue destruido. Da miedo porque lo peor que le podían hacer –matarlo– ya se lo hicieron y no sirvió de nada. Sánchez es inmortal. O mejor: un zombi. Da mucho miedo.

Su asesinato en el Comité Central –es decir, en la Ejecutiva del PSOE– en el otoño de 2016 tuvo una brutalidad inaudita. Era algo mitológico, ancestral, como de Apocalypse Now, o El corazón de las tinieblas. Sánchez es Kurtz (“el Horror, el Horror”) sacrificado y resucitado. El viernes pasado me acordé del soneto de Borges dedicado a César y ese era Sánchez aquel día: “Aquí, lo que dejaron los puñales. / Aquí esa pobre cosa, un hombre muerto / que se llamaba César. Le han abierto / cráteres en la carne los metales”. Lo asombroso es que aún no era César pero le dieron tratamiento de César.

Esto me lleva a otro texto de Borges, el cuento "Emma Zunz". Recordarán que la protagonista hace un montaje falso para llevar a cabo una venganza verdadera. Cumplida esta, concluye Borges: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”.

En la ejecución que tuvo lugar en Ferraz aquel día de 2016 todo era cierto menos las circunstancias, menos la fecha. La saña de sus compañeros y compañeras se explica porque no se estaban cargando al Sánchez de entonces, sino al Sánchez de hoy. Este Sánchez al que se cargaron demasiado pronto y ya no se pueden cargar.

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En The Objective.

19.3.19

Entrevista en El Catalán

Entrevista a José Antonio Montano: “Lo más parecido hoy al franquismo es el nacionalismo catalán”

Por Óscar Benítez, 18.3.19

Tras trabajar en el mundo editorial y televisivo, José Antonio Montano (1966) ejerce actualmente como columnista en cabeceras como El Español, Jot Down o The Objective. Cultivado e irreverente, el articulista malagueño desgrana en esta charla su visión sobre el conflicto catalán, del que lamenta tanto el “delirio” de los nacionalistas como el desunión de los constitucionalistas.

Ha afirmado que el problema catalán es una “enajenación colectiva”.

Es una expresión fuerte, pero no encuentro otra más económica. Y lo digo con incomodidad, con tristeza, con desolación incluso. El último episodio ha sido esa comparación que ha hecho Elsa Artadi con Ana Frank. Es un espectáculo muy feo, degradante también para los que lo contemplamos. Los nacionalistas catalanes nos han puesto (a los demás catalanes y al resto de los españoles) en una situación muy violenta: en la de tener toda la razón. Algo inaudito en este tiempo en el que la duda no es solo un imperativo, sino también una coquetería. Esta situación también puede volvernos locos (como empieza a verse en el voxismo), pero de momento somos la única esperanza de los independentistas: que haya alguien (¡nosotros los constitucionalistas!) que pueda ponerle freno a su delirio. Somos la última carta que les queda para su salud mental.

También se ha mostrado escéptico con respecto a la eficacia del “diálogo” con los secesionistas.

Yo no soy escéptico con el diálogo ni con su eficacia: al contrario, soy un firme partidario del diálogo y de su eficacia. El diálogo es la única solución. Pero siempre que sea diálogo. Y lo que proponen o exigen los secesionistas no lo es. Como ha dicho Savater, nuestra ley (nuestra ley democrática) es ya el fruto del diálogo (del diálogo parlamentario). No respetar la ley es, por lo tanto, no respetar el diálogo. Esto para empezar.

El nacionalismo suele quejarse de que la singularidad catalana no ha sido suficientemente reconocida. ¿Le parece cierto?

No sé lo que es “la singularidad catalana” ni demás abstracciones metafísicas. Las singularidades catalanas concretas –culturales, lingüísticas, folclóricas– están reconocidas de sobra, y además forman parte de lo que defendemos los constitucionalistas. Mi generación (la nacida en la década de 1960) se educó en ese reconocimiento, y la generación anterior (como ha escrito Muñoz Molina) aún más. El respeto a la lengua catalana, por ejemplo, formaba parte del conjunto de las libertades que defendíamos y celebrábamos. Por eso nuestra sensación de estafa es monumental.

Autores como Mikel Arteta han denunciado el avance de las políticas nacionalistas en comunidades como Valencia. ¿Es una situación preocupante?

No lo sé. Me imagino que los políticos han visto que ahí hay negocio y van a por ello. El localismo siempre cumple una función para aquellos que están en la lucha por el poder: limitan la competencia. Y las exigencias también.

Recientemente, TV3 emitió un controvertido reportaje en el que vinculaba machismo con constitucionalismo. A su juicio, ¿qué parte de responsabilidad le corresponde al canal autonómico de lo ocurrido en Cataluña?

Altísima. Como arma propagandística y manipuladora, TV3 ha dado con una fórmula letal: Goebbels más disseny. Es el fascismo friendly de los presumidos.

La Constitución catalana planeaba prohibir los partidos que reclamasen volver a formar parte de España. Sin embargo, cierta izquierda sigue sin advertir el carácter autoritario de parte del independentismo. ¿A qué lo atribuye?

A la obediencia a Franco. Esa pseudoizquierda le ha comprado a Franco la idea que este tenía de España. Traicionando, por cierto, a la izquierda de la República, que luchaba por “España” contra Franco (“la guerra de España”, como la llamaban en el extranjero, era esa la lucha; “si cae España”, decía César Vallejo). Las consecuencias de esta traición son aberrantes: esa pseudoizquierda no solo obedece a Franco en su idea de España, sino que simpatiza con lo más parecido al franquismo que tenemos, que es el nacionalismo catalán.

Frente a las propuestas de Ciudadanos y PP para que el castellano vuelva a ser vehicular en la educación catalana, la ministra de Educación, Isabel Celaá, ha asegurado que esta lengua ya es vehicular en las escuelas. ¿Qué opina de la postura del PSOE en el conflicto lingüístico?

Lamentable. Es una de las muchas cuestiones en que nuestros supuestos socialdemócratas se comportan de un modo absolutamente antisocialdemócrata: en contra de la igualdad, perjudicando a los más pobres.

Los comunes han presentado como cabeza de lista a las elecciones del 28 de abril Jaume Asens, un firme partidario de la secesión. ¿Le sorprende la decisión?

No. Ya sabemos lo que son los comunes. Este Asens es el que salió el otro día en un vídeo con Pablo Iglesias diciendo que Albert Rivera era como el nazi Adolf Eichmann. Son respulsivas (¡y empalagosas!) estas proyecciones en los otros de lo que uno es. Se trata de un tipo curioso de narcisismo: soy tan guay que lo asqueroso que soy no me puedo permitir contemplarlo en mí mismo, así que lo contemplo en el de enfrente; y no como si fuera mío, sino como si fuera del de enfrente.

Por su parte, Manuel Valls ha remitido una carta a Sánchez, Casado y Rivera en la que les pide un acuerdo constitucionalista que excluya a separatistas y populismos de izquierda y derecha. ¿Lo suscribe?

Por supuesto. Y el que eso no parezca posible es el resumen exacto de nuestra desastrosa situación.

¿Y cómo valora la candidatura de Valls?

Con simpatía de afrancesado.

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En El Catalán.

18.3.19

Bajo un cielo velazqueño

Qué bonitas las imágenes de la manifestación independentista en Madrid, bajo un cielo velazqueño. Había tanta belleza política como justicia poética: miles de personas prestándose a desmentirse a sí mismas, al clamar contra la falsa democracia, según ellos, del país en el que se manifestaban democráticamente. Era algo así como una automamada ideológica, como viene siendo el independentismo. Aunque con una particularidad admirable: el placer lo recibían otros; nosotros concretamente, los constitucionalistas. Por el espectaculito. Y por su refutación.

Era una tarde de Madrid estupenda, y cómo me acordé viendo la tele de mis tardes estupendas en Madrid. Aquellas tardes tenía que salir de casa o me daba algo. Fuesen cuales fuesen mis obligaciones, no se podía dejar escapar ese oro. Aunque llevase a la ruina. Yo vivía en Santa Cruz de Marcenado esquina Serrano Jover y tenía mi circuito: bajaba por Quintana hasta el paseo de Rosales, me asomaba al templo de Debod, seguía hasta los jardines de Sabatini, pasaba por el palacio Real y la Almudena hasta las Vistillas, y allí me metía por los callejones del Seminario hasta el parque de la Cornisa, subía por la calle del Rosario hasta la basílica de San Francisco el Grande, en la Latina entraba en el jardincito del Príncipe de Anglona, luego tiraba hacia la plaza Mayor, bajaba a Sol, subía por Preciados, me metía a mirar libros en la Fnac (no estaba La Central aún) y volvía a casa por Gran Vía y Princesa. Así echaba mis tardes primaverales, y las buenas de invierno también. Eso cuando iba solo. Con compañía estaba el placer de pasear charlando, por otros circuitos, y el de sentarse en algún café o en las gloriosas terrazas, con la vida de Madrid delante.

El sábado por la tarde se debía de estar de vicio. Pero esos miles de ciudadanos de Cataluña, que habrían sido bien recibidos, como todo el mundo, en las calles, parques y terrazas de Madrid, decidieron pasarla en un empeño desagradable, si bien se mira: el de convertir en extranjeros a más de la mitad de sus convecinos catalanes, que son quienes lo sufrirían de cerca, y al resto de sus conciudadanos españoles. Esas buenas gentes, con sus banderas, sus pancartas y sus efusiones rabiosas y sentimentales, desperdiciaban una tarde por un absurdo con consecuencia de maldad.

Pero Madrid los acogió tranquilamente, los dejó en paz, pese al insulto sustancial de sus prédicas, y encima les regaló una tarde maravillosa. Una tolerancia amparada por la ley, que para colmo se acopla con el espíritu abierto de la ciudad. De Madrid al cielo, aunque algunos opten por el suelo.

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En El Español.

14.3.19

En defensa de Arcadi Espada

"Las declaraciones de Arcadi Espada en un programa de televisión acerca de los progenitores que, a sabiendas de que el embrión presenta anomalías genéticas o es susceptible de un mayor riesgo de trastornos metabólicos o neurológicos, llevan el embarazo a término, han dado lugar a un acoso que excede con mucho de los estándares de crítica que incluso él, un hombre que vive y escribe río arriba, se ve obligado a soportar".

El resto del manifiesto, y sus abajofirmantes, aquí.

11.3.19

Anticapitalismo y jolín

El Día de la Mujer fue el día de todas las mujeres menos la mujer del presidente Sánchez. Para ella fue el Día de la Mujer De. Y allí estaba celebrándolo en cabeza de la manifestación con otras mujeres del PSOE a las que al fin y al cabo también había elegido Sánchez, todas cantando no tanto en favor de las mujeres como en contra del PP: vendiendo el feminismo por un plato de lentejas electorales. Como le gusta a Sánchez.

En vísperas de la jornada, Irene Montero (una mujer muy preparada pero que ocupa el puesto de portavoz de Podemos por ser la pareja del líder de Podemos) justificaba la hinchazón ideológica del manifiesto diciéndole a Ferreras que “este sistema económico es incompatible con la vida”. Lo repitió unas cuantas veces. Como también repitió unas cuantas veces, al hilo de sus efusiones, la expresión “jolín”. Fue maravilloso. Anticapitalismo y jolín: en esa fórmula se cifra todo Podemos.

El capitalismo es incompatible con la vida, y después de decirlo vuelves al chalet de Galapagar. A vivir sin vivir en ti, o muriendo porque no mueres (¡tan alta vida esperas!). El otro día unos amigos columnistas gamberreaban con la situación imposible de los Iglesias Montero. “La única manera que tienen de recuperar la credibilidad revolucionaria es salir y prenderle fuego a la garita de los guardias civiles que protegen el chalet”. Pablo Iglesias es ya un personaje de García Márquez: un general en su laberinto, en pleno otoño del patriarca.

El cartel de su regreso es el de Mambrú volviendo de la guerra de los biberones. Aunque los que vuelven tan apoteósicamente de sus chalets son las estrellas de la canción, que son a las que evocan el cartel. Pablo Iglesias como El Puma (¡pavo real!). En el permiso de paternidad de Iglesias ha habido todo menos normalidad: lo ha vendido con un énfasis embarazoso; para venderse a sí mismo. Mientras tanto, ha salido el vídeo en el que compara a Albert Rivera con el nazi Adolf Eichmann. Recordándonos toda la basura que ha venido arrojando Iglesias desde que llegó. Y no volverá para recogerla, sino para seguir arrojándola. Para nuestra desgracia, tiene que pagarse un chalet.

Otro chalet aproximadamente anticapitalista es el del expresidente Zapatero, quien lo ha comprado por 800.000 mil euros cuando antes de la crisis valía dos millones. Su negación de la crisis, que agravó la crisis, ha terminado siendo el gran negocio de su vida. ¡Jolín!

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En El Español.

10.3.19

Jot Down 26

Sale el trimestral de Jot Down nº 26, especial Mensajes, sobre periodismo y comunicación. Mi colaboración se titula "El columnista de batín". Empieza así:
El columnismo es una manera fácil de ganarse un dinerillo. Antes ese dinero era mucho (un dinerazo), ahora es muy poco. Salvo para unos cuantos, que siguen cobrando bien. Clase alta sigue habiendo. Y clase baja. Lo que ha desaparecido es la clase media. O se gana mucho (unos pocos), o se gana poco (la mayoría). Lo que ya no existe es ganarse la vida aceptablemente solo escribiendo columnas. El único consuelo de quienes cobran –de quienes cobramos– poco es que hay una clase aún inferior a la nuestra: la de quienes no cobran nada. Pero esto nos sirve menos como alivio que como amenaza. Y como recuerdo: bastantes venimos de ahí. Y ahí volvemos cada vez que cierra un medio para el que trabajamos, que suele largarse con una estela de deudas. El último medio a cuyo cierre asistí me dejó debiendo casi tres mil euros: medio año de columnas (dos a la semana, entonces).

Esta miseria, por otra parte, no deja de ser una forma de justicia poética, porque escribir columnas está chupado. Estos tiempos interesantes en que las columnas se escriben solas serían una edad de oro del columnismo si nos las pagasen bien; es decir, si no nos las pagaran como si se escribiesen solas.

6.3.19

Un veto ejemplar

El veto de Ciudadanos al PSOE ha resultado ejemplar, de algún modo inesperadamente. No para Ciudadanos, que ha cometido la segunda mayor torpeza de su historia (la primera fue aquella alianza turbia con Libertas), sino para el PSOE. El gran partido vetante ha sido vetado y no sale de su asombro. La reacción histérica ha sido inaudita. Llevaba meses despotricando contra Ciudadanos, llamándolo derecha extrema, asimilándolo con lo peor, y ahora se muestra dolido de que el despreciado lo desdeñe. El PSOE es un partido narciso, como su líder. Si este veto ha abierto una brecha en la burbuja autorreferencial, habrá sido útil la lección.

Sé más o menos lo que se siente, por una historia que les recordé la otra noche a Luis Sanz Irles y David Jiménez Torres en un restaurante de Madrid llamado (no por azar, lo veo ahora) Narciso.

Tengo conciencia de ser un tío al que la gente quiere ver, aunque yo no siempre tenga ganas de ver a la gente. En Málaga me cruzo a veces con un personaje de la vida cultural al que le tengo aprecio pero que me parece un poco pesado. Cuando lo veo aparecer por la calle y noto que él no me ha visto, me escapo por el primer callejón. Un día fue imposible: estaba al otro lado de un semáforo en una avenida amplia, sin escapatoria. Él no me había visto aún, y para evitar al menos esos incómodos minutos de espera frente a frente, me puse a mirar la pantalla de mi iphone. Mi idea era arrancar en cuanto el semáforo se pusiera en verde, fingir sorpresa ante él en medio del cruce, saludarlo y seguir mi camino. ¡Benditos semáforos que nos impiden pararnos! ¡Mi lugar predilecto para cruzarme con los conocidos! Aunque a veces, ay, también se cruce uno con la transeúnte de Baudelaire...

Cuando el semáforo se puso en verde, levanté la mirada para cruzar, iniciando mi gesto de sorpresa y saludo. Pero el pesado había desaparecido. Sin duda, al verme absorto en mi iphone, había aprovechado para huir. No me lo podía creer: ¡yo era un pesado para el pesado! El mundo fue un lugar distinto entonces: ya no era ese sitio en el que yo escapaba de la gente, sino también un sitio en el que la gente escapaba de mí.

A mí la lección sí que me fue útil: para cuando terminé de cruzar, me encontraba muy mejorado de mi narcisismo.

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En The Objective.

4.3.19

El mismo libro

Aún hay quienes no se han dado cuenta, sobre todo en el mundo literario, de que la gran obra literaria de nuestro tiempo son los diarios de Andrés Trapiello, Salón de pasos perdidos. La paradoja es que su grandeza necesita de esta cierta falta de reconocimiento; o mejor dicho: de consagración. Trapiello no es un autor consagrado –lo que a su edad tiene muchísimo mérito– y esto le permite escribir con libertad, con naturalidad. Sigue vivo cuando muchos están muertos o apelmazados. La clave quizá esté en esto que decía Thomas Bernhard (aunque Trapiello nunca ha hablado de Bernhard ni creo que sea de su gusto; pero en el mío están los dos): “Yo no pertenezco a los escritores. Siempre he sido, en el fondo, un hombre real”.

En Diligencias, que acaba de salir (en Pre-Textos, como siempre), el autor habla de una lectora que le dijo: “Yo he leído todos tus diarios. Sin saltarme una oropéndola”. Yo confieso que alguna me he saltado, pero me gusta que las oropéndolas estén ahí. Con este ya son veintidós tomos. Abruma la cantidad, pero otra paradoja es que hace ya tiempo que la cantidad pasó a formar parte de la calidad de la obra. En algún momento la cantidad empezó a sumar en vez de a restar, incluso para los que creíamos inicialmente lo contrario. Algo que ha sido posible por la calidad de cada una de las páginas. Es la escritura de Trapiello la que lo sostiene todo. Y lo que va naturalmente con la escritura: la mirada, la manera de vivir la vida, los sucesos cotidianos (con algún eco de los históricos y los de actualidad), los pensamientos, la sentimientos.

Entre las cosas de Trapiello están su familia, sus amigos (y sus enemigos), su hipocondría, Madrid, Las Viñas, el Rastro, los libros, los viajes, la ciudad, la naturaleza, los animales, los seres humanos, las obras, los paisajes, los objetos, las peripecias de la vida literaria (con frecuencia paródicas), el paso del tiempo y de las estaciones, las muertes cercanas, las afluencias del pasado, la continua indagación en el gran trauma de la guerra civil (suavizado por la distancia), todo ello con un tono cervantino de humor, jugueteo y piedad; es decir, seriedad con ligereza. Uno de los aforismos de este tomo (abundante en ellos) dice: “Hemos de conducirnos noblemente, en atención al muerto que todos llevamos dentro”. La conciencia de la muerte, que le da valor a la vida. En otro pasaje, tal vez el mejor, Trapiello se encuentra en la calle con una mujer que acompaña a su anciana madre del portal de su casa a la ambulancia, seguramente para no volver. Y escribe sobre la anciana: “No dijo nada, pero antes de que el enfermero la metiera en la ambulancia esparció su mirada alrededor. Lentamente y a la vez sin detenerse en nada; abarcó casas, tiendas, cielo, transeúntes, yo entre ellos. Sin dejar de sonreír, sin soltar la mano de su hija. Cuánto amor a la vida en un instante. Un largo adiós fue su mirada. La historia, una historia de amor, saliendo de aquel portal, empezaba a escribirse en una mañana soleada; el oscuro pasado y sus secretos, allí, delante de todos, presente para quien quisiera descubrirlo y dar testimonio de la vida. De la vida, que nunca se interrumpe”.

Las dimensiones del Salón de pasos perdidos intimidan a los curiosos que quieren asomarse pero no saben por dónde. Es frecuente la pregunta de por qué tomo empezar. La respuesta es sencillísima: por cualquiera. Por ejemplo, por este Diligencias que está ahora en todas las librerías. Los diarios de Trapiello pertenecen todos a un mismo libro, a un mismo libro bueno que va creciendo cada año.

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En El Español.