30.11.21

Momento Odón

Todos (y no digamos todas) tenemos pecados. Así que nunca sobran los ejercicios de penitencia. Yo me impongo uno: transcribir lo que dijo Odón Elorza el otro día en el ya tristemente célebre vídeo parlamentario. Tristemente para algunos. Para otros es un vídeo alegremente célebre: un hito en la lucha antifascista. Lo captó en seguida su PSOE, que se puso en pie para aplaudir, para aplaudirse. El PSOE nunca terminará de saciar su hambre de antifranquismo, alimentada durante los largos años de la dictadura, en que guardó ayuno.

Aquí va lo de Odón (me tapo la nariz): "Ya está bien. Dejen de utilizar a las víctimas del terrorismo, que son de todos, para atacar al Gobierno de izquierdas. Dejen de utilizar a las víctimas del terrorismo para denigrar, atacar un presupuesto. No sean tan miserables. Dejen ya en paz el terrorismo de ETA. ETA desapareció. ETA no está aquí. Aquí no hay terroristas. Ya está bien. Aquí lo que hay, aquí lo que hay es franquistas. Y lo que hay es unas derechas de vocación golpista. Unas derechas de vocación golpista. Como en Brasil, o como con... sucedió con Trump." (No he puesto signos de exclamación, pero el discurso fue enfático en casi todas sus frases.)

Antes del "ya está bien", que supone una inflexión, ha hablado de su cercanía a compañeros que fueron asesinados por ETA, a algunos de los cuales asistió en sus últimos minutos. Es la parte emocionante, el desolador recordatorio de lo que se padeció en el País Vasco (en toda España). El problema es que automáticamente Odón empaqueta esa emotividad para un uso soez: arrojársela a la oposición. A la oposición, ojo: no a los partidarios y herederos de los asesinatos que acaba de evocar. A ellos los está defendiendo: son con los que ha pactado su partido, que aplaude en pie la obscena maniobra.

La emotividad va de la mano de la obscenidad: es su alimento. Odón habla compungido, con torsiones faciales a lo Greta Thunberg: esa especie de exhibicionismo de su dolor acusatorio. Pero la teatralización no le funciona (y su acusación naufraga) por un error de casting: eso no puede hacerlo alguien cuyo aspecto es una mezcla de Barbapapá y personaje de El milagro de P. Tinto, con el que encima flota el riesgo de que vaya a arrancarse a cantar "La bien pagá" de un momento a otro. Sé que está feo el ataque ad hominem, pero el feísmo me sale cuando me cabreo. Y al fin y al cabo él estaba poniéndoles pomada a los que se pirraban por el ataque ad baculum (o ad pistolam, o ad dinamitam). Incluso contra los amigos a los que lloró.

Hay una quiebra sintomática en su discurso: ese soltar la árida palabra "presupuesto" con una carga emocional que no se aviene con su campo semántico. La emoción le viene del embadurnamiento con su dolor ante los crímenes que acaba de recordar. Algo asqueroso, por su cruda instrumentalización partidista. Pero lo que delata a Odón –en la misma línea– es la acusación final, guinda de su pastel: los de la oposición son "franquistas", constituyen "unas derechas de vocación golpista". La gravedad de las acusaciones (son abiertamente insultos) es lo que le delata: hay que inventarse algo muy grave para justificar la gravedad de lo que ha hecho su PSOE, con el voto y la defensa histriónicamente desgañitada de Odón.

En esta dinámica abyecta y repulsiva estamos. En el momento Odón del otro día se concentra el fango de la peor política que está habiendo en España desde el franquismo, y bajo su capa además. 

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29.11.21

Almudena para antialmudenistas

La paradoja de la muerte es que resulta apaciguadora, pero la vida era la pelea: así que este impulso apaciguador hacia quien políticamente detestábamos corre el riesgo de estar del lado de allá. Yo, desde luego, porque hablo de Almudena Grandes, la preferiría pujante y sana, y dándome motivo para mis detestaciones. Con la vibración de la vida, en la concordia y en la discordia. Morirse es como hacer trampa, es como romper el juego. El que se queda ha perdido, porque tiene conciencia de lo absurdo que fue todo. Solo que ese absurdo era la vida.

Esta vida, por lo demás, es muy larga y está llena de minutos. Y uno no es un personaje rígido. Hay tiempo para todo, también para acercarse a los detestados, y mirarlos mejor, y pensar que tal vez no estén tan mal, y hasta arrepentirse de las detestaciones. También: hay miradas reconocedoras desde la detestación que no ignora al otro; y que, naturalmente, no desea que desaparezca, sino que siga ahí. Pero hay algo más. De pronto, en una tarde un poco oscura en Ibiza, compré Castillos de cartón y me resolvió un fin de semana. ¿Cuánto vale eso? Me acuerdo de unos versos de Jaime Gil de Biedma: "si alguna de esas noches / que las carga el diablo / uno piensa en la historia / de estos últimos años, // si piensa en esta vida / que nos hace pedazos / de madera podrida, / perdida en un naufragio...". Era algo parecido y su libro fue mi flotador.

Otra vez me descubrí esperando sus intervenciones semanales sobre lecturas, junto a Juan Cruz, en el programa de Gemma Nierga en la Ser: un placer culpable, fundado en la pasión común. Y me metí en una fiesta estupenda que dio en su casa gracias a la descripción de Andrés Trapiello en un tomo de su diario: con una distancia que no impedía que se colaran la vida y el calor, y el amor por la literatura.

Termino con su nombre, Almudena: desconocido para un malagueño de mi generación. No había Almudenas, aunque luego aparecieron y he tenido amigas Almudena. Pero mi primera Almudena fue Pepe Bódalo. Así se llamaba su personaje en Misericordia de Galdós ("el ciego Almudena"), que emitió Estudio 1. Almudena Grandes era galdosiana, algo que ha estado mal visto entre ciertas élites culturales españolas. Solo que los mejores (Cernuda, Buñuel) han sido en España galdosianos. En esto fue admirable, por su empuje contagioso. Y del modo más pleno: escribiendo sus novelas con lectores.

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27.11.21

Dietario: Poda de palmeras

Duro en la vida. Soy de los que interpretan las voces de la calle como avisos o consejos, o a veces como veredictos sobre mi persona. En una ocasión, al cruzar sin mirar, me gritó un conductor: "¡Que estás atontao!". Y efectivamente lo estaba. Llevaba meses atontao y aquel conductor me sacó de mi atontamiento... hasta la siguiente recaída. El otro día recibí un mensaje equívoco. Detrás de mí un hombre le dijo a otro: "Hay que ser más duro en la vida". Y pensé que sí, caray: ¡tengo que ser más duro en la vida! El problema es que el hombre lo dijo con una entonación blanda y una voz parecida a la del actor Manuel Alexandre, con trémolo incluido. Algo así como "duuuro en la vida". No sé a qué atenerme.

El hobby del jubilado. Se sentó a mi lado en el autobús de Torremolinos un señor que me reconoció. Se presentó y estuvimos hablando la media hora del trayecto. Acababa de jubilarse como profesor de instituto y estaba decidido a aprender inglés. Para él era muy importante, ahora que tenía tiempo por fin. Su interés parecía genuino. Le animé en el empeño. Luego hablamos de otras cosas; bueno, él era el que hablaba sobre todo. No me había dicho de qué había sido profesor y se lo pregunté cuando se disponía a bajar. De algún modo, me esperaba la respuesta: "Inglés".

Un pájaro. Paso unos días en el apartamento de Torrequebrada. A la hora de la siesta el sol inunda el sofá de la terraza, donde me tumbo apenas con el bañador en pleno noviembre. De pronto un aleteo nervioso: se ha colado un pájaro. Al intentar salir, se pega un porrazo con el cristal y cae al suelo. Me levanto y lo miro con lástima. Está conmocionado, no sé si muriéndose. Lo subo al alféizar para que se pueda ir si la conmoción es pasajera. Pero no lo parece: respira con dificultad, con el pico muy abierto. Debe de haberse roto algo, quizá tenga un derrame cerebral. Me da mucha pena. Se va apagando hasta que, al cabo de media hora, parece muerto. Lo toco e, inesperadamente, se pone en pie de un saltito, con la agilidad que parecía perdida, y se echa a volar. Pongo la foto en Instagram y mi amigo Francisco Lapuerta, que sabe de ornitología, me dice que era un ruiseñor.

Vuelta al Rastro. Rafael García Maldonado me ha aficionado al Rastro de Fuengirola. Vamos a buscar libros, y cuando voy yo solo también. A las diez ya está todo el pescado vendido, así que hay que ir más temprano. Hace un mes madrugué y comprendí lo que pasaba: una pareja de libreros de viejo de Málaga capital se pasan a primerísima hora y arramblan con lo valioso. Pero lo mejor es la escalada en los demás puestos. Escribí aquí la que me parecía la mejor frase de vendedor de la historia: "Mirando es más caro". Pues el otro día oí una mejor. El vendedor le soltó a un posible comprador indeciso: "¡Te presto dinero!". Más adelante gritaba una vendedora: "El kilo de manzana a un euro". Y otra a pocos pasos: "Dos kilos de manzana un euro ya". Ese ya delator. La mejor frase del día, sin embargo, fue: "¡Llévate un kilazo de nueces!". ¡Un kilazo de nueces, qué perfección fonética! En el Rastro las frases son como los cantos de los ríos: con la repetición se van puliendo, hasta quedar lisas.

Bajar la persiana. Manuel Arias Maldonado llama a un amigo común "el Houdini del infortunio", por el célebre mago y escapista. Nuestro amigo ha logrado escapar de desastres amorosos embarcándose exitosamente en nuevas historias, de manera que la melancolía le roza poco. La otra mañana, sin embargo, mientras nos tomábamos un café en el Granier del muelle, vi que preparaba su retirada. "Montano", me anunció, "llega un momento en la vida en que hay que bajar la persiana de los sentimientos". Lo dijo en un tono crepuscular pero sin tristeza, como saboreando por anticipado su escapada total.

Paco Torres. Francisco Javier Torres, mi amigo Paco Torres, acaba de publicar sus poesías completas en emocionante edición del Centro Cultural Generación del 27. Las ha titulado Notas para un libro futuro, y lo emocionante es que se trata de un libro presente, el que tengo en las manos, con todas sus huellas poéticas del pasado. Verlas juntas produce un efecto precioso: Paco Torres es de esos poetas delicados, no muy abundantes, cuya obra completa ocupa doscientas y pico páginas. Su elegancia en la vida, fundada en la generosidad, está aquí también. Cito el poema más breve del libro, de dos únicos versos esenciales: "Rinde este mar su sombra / ante la luz del litoral completo".

Poda de palmeras. En el paseo marítimo podan las palmeras. Rituales de otoño, pensando en el verano.

Presentación. Presentamos en Luces Inspiración para leer. Emoción al oír lo que dicen Manuel Toscano y Sanz Irles de mi libro (y de mí). En estos casos hay algo que vence al pudor de quien recibe pasivamente los elogios: el orgullo de tener estos amigos. 

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26.11.21

Vídeo de la presentación de 'Inspiración para leer'

¡Qué emoción ayer en la presentación de Inspiración para leer en Luces! Muchísimas gracias a la librería y a los asistentes, los presentes y los virtuales. Y sobre todo a Sanz Irles y Manuel Toscano, por todo lo que dijeron: ¡qué lujazo y qué orgullo! 

Aquí está el vídeo del acto:

 

23.11.21

Franco, piedra angular

Es asfixiante el clima de la política española, que no es exactamente el del país: las calles aún son respirables. El problema es la capacidad de la política para infiltrarse en las calles y estropearlas. Ahora se va infiltrando por Twitter, que se parece más a la política española que a las calles. El pasado 20 de noviembre Franco fue el protagonista un año más, en la política española y en Twitter. Es asfixiante.

Las calles son responsables por no haberles dado la patada a los políticos que han recuperado a Franco. Lo han resucitado, literalmente. El dictador Franco murió en la cama, pero los españoles lo remataron: pasando de él. En los años ochenta había desaparecido de la vida pública. No se había olvidado: se debatía sobre él, se estudiaba lo que había hecho, se sabía muy bien lo que había sido. Es falso que se callara. Pero no dominaba la vida. La vida se lo había cargado. España se lo había sacudido. Bailamos sobre su cadáver.

La democracia era la refutación de Franco. Había herederos de Franco, pero estaban sometidos a las leyes democráticas. Había inercias franquistas en la sociedad. Pero los españoles pudieron votar a partidos nostálgicos de Franco y no lo hicieron: tales partidos tuvieron al principio una representación irrisoria en el parlamento y muy pronto ninguna representación. El franquismo había sido superado. Por supuesto, la dictadura y la guerra civil permanecían en la memoria colectiva, pero era un trauma que remitía al pasado; con restos en el presente, pero sin proyección hacia el futuro.

El momento en que volvió Franco fue sintomático: como amenaza electoral. Enarbolado por el PSOE cuando se disponía a perder el poder en 1996, tras haberlo mantenido desde 1982. Me refiero al tristemente célebre –e irresponsable– vídeo del dóberman, en que se identificaba la llegada del PP al Gobierno con la vuelta del franquismo. Ahí se resquebrajó algo que Zapatero en 2004 terminó de romper. Se liquidaron los consensos de la Transición. Liquidación que Sánchez y sus socios han exacerbado.

Franco está presente todos los días porque es la piedra angular de su política. La palanca que permite excluir a la oposición y la coartada para todas las inoperancias y errores. El frentismo que impera en la política española es muy cómodo para Sánchez. La crítica no se explica por los fallos propios, sino por el franquismo ajeno. El crítico de Sánchez es franquista por definición. Por eso hay que mantener a Franco operativo. Le procura a Sánchez una impunidad parecida a la de Franco.

Más sórdido es el uso que hacen los golpistas catalanes y los proetarras vascos, que comparten argumentación principal con Unidas Podemos (es decir, con parte del Gobierno de Sánchez): para ellos no hubo democracia de verdad en España tras la muerte de Franco y la Constitución de 1978, sino una prolongación maquillada del franquismo. Esto les permite justificar los crímenes de ETA y la intentona golpista del independentismo catalán: una justificación delatora, porque ellos saben que sería menos presentable que se lo hubieran hecho a una democracia. Pero el caso es que se lo hicieron a una democracia.

La pregunta es si los españoles vamos a consentir esta estafa inoculada, esta regresión. Vienen tiempos duros y será suicida la fijación enferma con el pasado a la que nos arrojan estos políticos por puro interés propio. Mientras se mantenga semejante alucinación, los problemas reales se descuidarán y se agravarán. Lo pagaremos con una vida peor. Hay que volver a enterrar a Franco. Hay que quitárselo a estos maquiavelos de guardarropía y echarle el cerrojo de una vez.

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22.11.21

Antonio Escohotado, librepensador

Me llega la noticia de la muerte de Antonio Escohotado mientras leo la entrevista a Félix de Azúa en El Español. Es decir, mientras suelto risotadas con lo que Azúa le dice a Lorena G. Maldonado, estupenda interlocutora. Me acuerdo de las deliciosas gansadas de Thomas Bernhard en sus conversaciones con Krista Fleischmann. Hay una euforia de la libertad, de la libertad verbal, juguetona, antipomposa, efervescente, que destaca como hacía décadas que no, hoy que vuelven a imperar los sacristanes.

Escohotado era más serio, quizá más concienzudo, aunque no menos juguetón. Gustaba de las travesuras y practicaba el noble arte de epatar. Su racionalismo era completo, porque estaba animado por la ebriedad: en primer lugar por la más pujante, que es la del entusiasmo. Creí entender que su admiración por Hegel (y por Aristóteles) era fruto de su fascinada curiosidad por lo real, por la compleja dialéctica de lo real. En algún momento dijo algo interesante: que el materialista era Hegel, precisamente por ello, y que el idealista era Marx, un simplificador ideológico. Le interesaba, al cabo, aquello que decía Borges: "la diversidad de las criaturas / que forman este singular universo". Su cotidiana experiencia con las drogas no reducía, sino que acrecentaba esa riqueza.

Su Historia de las drogas es deslumbrante porque constituye un ejercicio puro de librepensamiento. Consulto este término en el diccionario de la Academia: "Doctrina que reclama para la razón individual independencia absoluta de todo criterio sobrenatural". Correcto, si incluímos en lo "sobrenatural" el entramado político-represivo, el sociológico y el de las simples inercias mentales que impiden una relación recta con la realidad. Asistir a cómo Escohotado se abría paso en esa jungla con su erudición, su razón y su coraje nos cambió la cabeza. Hizo la misma operación años después en su aún más monumenal Los enemigos del comercio, una pormenorizada crítica al comunismo a lo largo de la historia.

Pero el libro suyo que prefiero es Sesenta semanas en el trópico, tal vez porque su escritura (se trata de un diario) es la que más se acerca al Escohotado oral, que era definitivamente mi favorito. Cuántas noches de insomnio me he levantado para ponerme un vídeo suyo y volver reconfortado a la cama. Qué logro ahora que, con su muerte, la pena sea dulce. No hay sensación de frustración, sino de culminación, de cumplimiento. Ha honrado la vida y nos ha invitado a que la honremos. Estamos bien, aunque de repente nos falta alguien ejemplar.

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16.11.21

Desde fuera

"En martes, ni te cases ni te embarques", dice el refrán. Yo me embarco desde este martes en la escritura semanal para The Objective, que inicia nueva etapa. No hay nada como empezar negando un refrán en forma de advertencia. Me acuerdo del poemita de José María Álvarez:
Descanso sin bajarme del caballo 
El calor destroza cuanto se ve 
Ante mí la Frontera 
Una voz me dice no cruces nunca esa Frontera 
Fumo un cigarro 
Sacudo mi uniforme de 35 campañas 
Indiferente como un caballero 
Que lo ha perdido todo y no espera ganar nada 
Cruzo el río. 
Siempre espero, por lo demás, la prensa del martes: por el artículo de Félix de Azúa (en El País) y el de Arcadi Espada (en El Mundo), dos maestros (¡si hubiese buen discípulo!). Azúa escribirá también para The Objective los sábados, y esta cercanía me produce una emoción extra. Para el lector de periódicos los días están tintados por sus articulistas favoritos que publican ese día. Con la turbamulta de internet se ha descuadernado un poco la semana, pero ese estímulo se mantiene. Mi ambición sería aportar mi toquecito particular al martes.

Cuando me preguntan por mis colaboraciones en la prensa, digo la verdad: yo no soy periodista. Hice algunos cursos de Periodismo, pero abandoné la carrera y nunca he trabajado de periodista. No he dado una noticia jamás, salvo las concernientes a mí mismo (modestas noticias). Sí he sido y soy lector de periódicos. Cuando me preguntan, pues, me defino así: soy un lector de prensa que escribe en prensa.

Mi perspectiva es la del lector. No tengo acceso a fuentes ni trato con políticos (uno de los lujos de mi vida). Aunque voy con frecuencia a Madrid, vivo en Málaga, donde la página azul del mar ofrece todos los días una alternativa informativa confortable. Para la información no mediterránea dependo de los periodistas, naturalmente: como todos los lectores de periódicos. Sin ellos, sin su trabajo, la opinión no tendría sentido. Muchos columnistas son periodistas y saben lo que se cuece. No es mi caso: yo solo sé lo que saben los lectores. Mis observaciones, mis reflexiones, mis chistecillos tienen ese suelo (y ese techo).

Lo que quisiera es acompañar, generalmente con un cierto estupor. Estupor creciente en estos tiempos. Desde fuera se tiende a pensar que los de dentro son conscientes de lo que hacen. Hablo en este caso de los de dentro del poder. Cuando se nos permite mirar, sin embargo, vemos que tienen escasa idea. Los comités de expertos inexistentes con los que se justificaban decisiones durante el estado de alarma, o el cráneo privilegiado del exasesor del presidente, gran estratega de la política gubernamental y del reparto de los fondos europeos, son ejemplos de ahora. En efecto, no hay nadie al volante. O peor que nadie: hay monos con pistolas (y el volante suelto).

Pero la vida marcha, lo que también produce estupor. No nos despeñamos, a pesar de todo. Al menos, hasta que nos hayamos despeñado. Como decía Cioran: "Estamos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro". Podemos empujar un poquito hacia lo que nos parece la civilización, aunque sin excesivas esperanzas. Cuidar el Estado de derecho, señalar sus adulteraciones; abogar por un pragmatismo no demasiado contaminado ni de teología ni de ideología.

Y una aspiración que procuro mantener como articulista: atender a la actualidad, pero sin entregarse al despotismo que impone. Es urgente atenuar su rabia. Hay que mantener un pie fuera del río que se lo lleva todo. Sabiendo que ni ese pie se librará, porque nada permanece. 

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15.11.21

La semana de Ayuso

Asisto al espectáculo de Isabel Díaz Ayuso con la pureza que me da mi abstencionismo. Un abstencionismo de espíritu pero aún no de papeleta: me imagino que todavía votaré a Ciudadanos hasta su extinción, que está al caer. Aunque hay un elemento que quizá prolongue su agonía y puede que hasta propicie su resurrección: la incompetencia del PP de Pablo Casado y Teodoro García Egea, en riesgo de implosión por su campaña interna contra Ayuso.

Así es la política española: un despiporre. Y por eso yo soy abstencionista, lo que no se contradice con mi posible voto a Ciudadanos, partido fantasma. (Esto último a su vez explica que no se haya prestado al mercadeo de los miembros del Tribunal Constitucional, en el que también está ya Podemos: ventajas ético-estéticas de la condición de difunto, al menos en España.)

O sea, que para mí el espectáculo de Ayuso es eso: puro espectáculo, sin tentaciones electorales. Me tiene loquito pero no la votaría. Yo no voto al PP ni aunque sea un PP disidente, un PP contra el que se revuelve el PP o la cúpula del PP. Ni siquiera votaré al PP como única alternativa factible al nefasto PSOE. Yo ya estoy fuera, sencillamente. Me limito a sufrir la historia (y a disfrutar de sus milagrosas ventajas, no escasas pero todas de chiripa: el desarrollo y el bienestar en el que aún vivimos, por inercia).

Ayuso. Su semana. Una semana triunfal pero corta, como el siglo XX de Hobsbawm. Empezó el martes y culminó el sábado. El martes con su entrevista en El Hormiguero. El sábado con su sombra (¡luminosa!) sobre el encuentro Otras políticas de las cinco mujeres autodenominadas de izquierdas, con Yolanda Díaz como capitana. “Somos todas las que estamos, pero no están todas las que son”, dijo Mónica Oltra. “Y yo qué sé”, añadió, “Ayuso no nos apetecía tampoco que viniera”. Risas sororas en la concurrencia y triunfo de Ayuso. Representada, por cierto, en la camiseta de Oltra, que llevaba a Pippi Calzaslargas, cuyo espíritu está más en Ayuso que en cualquiera de las cinco.

En El Hormiguero Ayuso fue un encanto: empática, traviesilla, mala a lo Mae West con Sánchez (o sea, mejor). Puse un tuit que luego borré pero que rescató Cristian Campos: “Ayuso funciona. Eso es todo: funciona. Del mismo modo que Casado no funciona. ¿Pero estaría preparada para ser presidenta del Gobierno? ¡Ni de coña! Eso si, un poquito más que Sánchez desde luego. Y sin sus socios”. Otra clave es que es agradable verla y escucharla, mientras que con el resto de políticos y políticas resulta cada vez más desagradable. 

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10.11.21

Arcadi Espada: la antología perfecta

Notable libro La verdad, de Arcadi Espada (Península). Es al mismo tiempo una culminación y una excelente presentación; y no es la mejor presentación solo porque para este propósito son insustituibles sus Diarios. Pero quien no haya leído aún a Espada puede empezar por este libro, en el que pisará también su cumbre.

Los lectores antiguos y fieles –como es mi caso– tendrán en La verdad ni más ni menos que la antología perfecta del autor. Es significativo que este acierto venga propiciado por el punto de partida: una selección de artículos cuyo asunto es la verdad (la fáctica, que es la que concierne al periodismo). Hace años tuve que escribir un ensayito sobre el tema de la muerte en Edgar Allan Poe y me encontré con que ella era el centro de todas sus obras maestras. Como si la muerte fuese su musa. En este sentido, la musa de Espada (escritor tan racionalista como inspirado) es la verdad: con ella ha escrito sus mejores artículos, que son los que recoge La verdad. El arco va de Bauluz a Cercas, del fotógrafo tramposo al novelista que juega con los "relatos reales", y entre uno y otro están sus demás hits.

El simple convencimiento de que la verdad existe supone una provocación en nuestro enturbiado mundo intelectual. El autor lleva toda la vida en el empeño de desenmascarar ficciones fraudulentas, medias verdades (o sea, mentiras), construcciones falsas, trucos. El combate es su ambiente, como se constata en la lectura acumulativa de estos textos que fuimos leyendo a lo largo de los años. Cada uno está escrito con intensidad, por lo que su concentración resulta particularmente poderosa. Es casi un espectáculo de feria: van pasando los patitos y Espada les suelta un mandoble (enérgico pero con precisión de bisturí). El efecto es el de una lucha incansable, que no desfallece. Una lucha complicada, como da a entender esta cita recurrente de Montaigne: "Si como la verdad, la mentira solo tuviera una cara, lo tendríamos mejor, pues tomaríamos por cierto lo opuesto a lo que dijera el mentiroso: pero la otra cara de la verdad tiene cien mil formas y un campo indefinido".

La verdad, por su parte, como dice otra frase recurrente (puede que apócrifa) de Josep Carner, "es una aunque esté rota en mil pedazos". Así también La verdad, libro hecho con pedazos (artículos, pero también textos del blog, citas, prólogos, alguna entrevista) cuyo propósito es unitario: defender, mostrar la verdad, o apartar lo que la estorba.

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8.11.21

Jon Viar: fiel al traidor

Qué bueno es el documental Traidores, de Jon Viar. Han escrito ya sobre él importantes artículos Juan Claudio de Ramón, Daniel Gascón o, en este periódico, David Mejía. Aprovechando que se ha prorrogado su disponibilidad en la web de RTVE hasta el 20 de noviembre, me animo a escribir yo también. Nadie debería perdérselo.

Es una gran obra contra ETA y su caldo de cultivo nacionalista, esencialmente antidemocrático. Subrayo lo primero: es una gran obra. Viar consigue hacer una película personal sobre un asunto colectivo, poniéndose a sí mismo como receptor de ese asunto. La historia pasa, amenaza, trastorna, deriva en crímenes, oprime y envilece a una sociedad: y un niño se obsesiona con ella y la combina con otra obsesión, su pasión, el cine.

En el documental que hace de adulto, el que estamos viendo, inserta secuencias que rodó de adolescente sobre atentados, secuestros, extorsiones y voladuras de cochecitos de juguete con petardos. Sus terroristas son, además de terroristas, mafiosos: clarividencias del cine, de aplicación a ETA. El director Viar aparece en las entrevistas reales, preguntando, escuchando, y narra en off con una voz parecida a la del doblador de Woody Allen pero con un acentillo vasco. Hay también un toque Nanni Moretti. Esto, unido al aspecto de Viar, mezcla de Franco Battiato (¡Nappiato!) y John Turturro, fomenta la transmisión de su estupor indagatorio. Se muestra como un personaje neurótico, algo desvalido, que quiere saber: y su carácter nervioso, frágil pero tozudo, en último extremo inconquistable, resulta al cabo un signo de salud en un entorno enfermo.

Detrás está el padre, Iñaki Viar, que fue etarra de la primera hornada y después lúcido analista de la iniquidad del terrorismo y la perversión de la sociedad que lo fomenta o consiente, al igual que otros como Mikel Azurmendi, Teo Uriarte o Jon Juaristi. Su crítica no solo del terrorismo sino también del nacionalismo, su procedencia, les hicieron pasar por traidores: a ETA y al pueblo vasco. Iñaki Viar, que hoy es psicoanalista lacaniano, analiza la inercia de asumir acríticamente la palabra de los padres; aquel hilo de la mentira nacionalista del que escribió Juaristi. Por el contrario, el sujeto debe "poder aspirar a ser dominado por sus propias palabras, a construir él las palabras que dirijan su vida".

El hijo Viar ha construido sus propias palabras en una manera emocionante de ser fiel al traidor, su padre (al que a veces saca con máscara), que ha culminado en este documental. 

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5.11.21

Carlos Mármol sobre 'Inspiración para leer'

Carlos Mármol ha escrito sobre Inspiración para leer el artículo "José Antonio Montano, formas de leer" en Letra Global

 














 

1.11.21

Díaz es la Ayuso de Sánchez

Escribí hace unas semanas que Pablo Casado no va, mientras que Isabel Díaz Ayuso sí: como un tiro. Casado no funciona y Ayuso sí funciona. Eso es todo. Pues en la izquierda ocurre igual: Pedro Sánchez no funciona y Yolanda Díaz sí. Díaz es la Ayuso de Sánchez, que no puede descansar, como no puede descansar Casado. La precariedad de estos dos líderes resalta porque en sus respectivos sectores ideológicos hay dos mujeres que lo hacen mejor que ellos y son más que ellos. Tienen más consistencia (al menos teatral) que ellos.

Sánchez cuenta con una ventaja que no tiene Casado: Díaz no está en su partido. Aunque esta ventaja puede ser desventaja: los votantes de izquierda podrán manifestar su preferencia por Sánchez o Díaz, puesto que ambos concurrirán a las mismas elecciones. Los de derecha, en cambio, solo tendrán una opción, o Casado o Ayuso, ya que su disputa es interna y los votantes no tendrán que elegir entre ellos. Aunque aparte, naturalmente, está Vox. En estas equivalencias que estoy haciendo, Díaz con respecto a Sánchez vendría a ser, de hecho, una Ayuso que estuviera en Vox.

Con Sánchez ocurre algo alarmante para un presidente del Gobierno: carece de gravitas, y aún de auctoritas. En él no se ha producido esa especie de transmutación que experimentan quienes alcanzan el poder. Además de la investidura formal, el presidente suele beneficiarse de una investidura casi metafísica, o alquímica; un plus que lo inviste de gravedad, de autoridad. Con Sánchez no se ha producido. Supongo que se debe a su esencia vacía (a su carácter de maniquí hueco), a la desvalorización de su palabra, a su consecuente falta de credibilidad, a su soez sectarismo.

Estos defectos no los tiene Díaz, que sí se ha visto investida por ese extra de poder tras ser nombrada ministra y, más aún, vicepresidenta. Ella posee las virtudes (empezando por una cierta gravitas y una cierta auctoritas) de las que carece Sánchez. Tiene gracia, porque la alegre militancia de Ferraz que gritó "¡Con Iglesias sí!" no imaginó que el endeble Pablo Iglesias sería sustituido por la potente Yolanda Díaz: una amenaza real para el PSOE, puesto que ella sí que podría ser la lideresa de la izquierda, incluyendo al PSOE.

El PSOE ha caído en su propia trampa. Un socialdemócrata era, al cabo, aquel izquierdista que no era comunista y que no solo no tenía complejos ante los comunistas, sino que los criticaba y se oponía a ellos con buenas razones. Un socialdemócrata era, en suma, hablando de nuestro triste país, aquel izquierdista que no temía ser acusado de facha.

Desde el momento en que el PSOE se puso a acusar de facha a todos sus críticos, y asumió la retórica de los comunistas y pactó con ellos, se metió en un terreno en el que otros lo superarán: los comunistas. Para eso, Díaz funciona muchísimo mejor que Sánchez. 

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