El aprendiz al sol
José Antonio Montano © (jamontano@gmail.com)
27.8.26
23.8.26
20.8.26
16.8.26
13.8.26
9.8.26
6.8.26
3.8.26
2.8.26
Cediendo a los cantos de sirena nihilistas
[Montanoscopia]
1. Algunos nos hemos acordado de Juan Goytisolo con lo de Ceuta. El reivindicador del conde don Julián se habría alegrado con el derramamiento de carne mora por territorio español. Hay quienes dicen que el nuevo don Julián es Sánchez. Yo diría que es más bien la inoperancia de Sánchez, su estolidez negligente (aunque no por ello menos rimbombante) en este y en casi todos los asuntos, incluidos los internacionales. Este último flanco lo cubre el ridículo Albares, ministro del que no se puede hacer una caricatura porque ya es una caricatura. Como dice Iñaki Ellakuría, "vamos a pagar muy caro las facturas de Sánchez".
2. En efecto, después de Sánchez vamos a ver de verdad su legado. A verlo y a sufrirlo. Con pleno merecimiento de los españoles: esos seres que festejaron a Fernando VII por sus caenas, permitieron que Franco se muriera en la cama como dictador y no le dieron una patada en el culo electoral a Sánchez hace tres veranos.
3. Mientras Mohamed VI lanzaba presumiblemente a sus súbditos sobre España sin importarle los que fuesen a morir ahogados (van 67), demasiados notables españoles (¡incluidos Felipe González y el juez Pedraz!) asistían a su Fiesta del Trono. Esta Fiesta me hace gracia porque me pilló hace años en Marruecos, en Asilah, y leí en la prensa marroquí en francés algunas lindezas que soltó el rey en su discurso. Por ejemplo esta (¡con alusión a la Odisea!): "No cedáis a los cantos de sirena nihilistas que propagan la desesperación y siembran la duda". Por fortuna yo llevaba un talismán en el bolsillo que, gozosamente, me propagaba la desesperación y me sembraba la duda: el Cahier de Talamanca de Cioran.
4. La Fiesta del Trono, por cierto, se celebra el 30 de julio, y el 31 de 1578 desembarcó en Asilah el capitán y poeta Francisco de Aldana con medio millar de soldados castellanos para unirse a la "jornada africana" del rey portugués don Sebastián. Junto a él desapareció pocos días después en la batalla de Alcazarquivir.
5. Volviendo a Juan Goytisolo y sus querencias moras, siempre recuerdo un chiste que venía en la novela de Fernando Savater El dialecto de la vida (1985). El narrador recorre Escocia en compañía de un fotógrafo joven e indocumentado. Cuando se encuentran con un castillo en ruinas, el fotógrafo aventura que lo destruyeron los moros. Réplica del narrador: "¿Los moros en Escocia? ¡Vaya noticia para Juan Goytisolo!".
6. De Goytisolo precisamente me acababa de leer una novela poco conocida que está bastante bien: La isla (1961). Me la había recomendado Arias porque está ambientada en Torremolinos y la hallé en junio en la librería de viejo madrileña Arrebato. Es una novela muy nouvelle vague, y de hecho se concibió inicialmente como guión de cine. La descripción que hace un personaje de aquel Torremolinos es maravillosa: "Se ha convertido en un lugar aparte, en una verdadera isla... Los maridos engañan a sus mujeres. Las mujeres engañan a sus maridos. El cura amenaza y nadie le hace caso. La virginidad ha desaparecido del mapa y todos los hombres son maricas. [...] Es un sitio ideal para las vacaciones. En Málaga le llaman Torre Mil Líos". Obviamente, no se pudo editar en España: los censores la consideraron "obscena y moralmente inaceptable". Se editó en México. Una novela de la misma época ambientada también en Torremolinos es Eldorado, de Fernando Sánchez Dragó. Esta permaneció inédita hasta 1984. La isla se publicó por primera vez en España en 1983.
7. Sobre el ático de Ayuso, ¿qué voy a decir? ¡Solo que con nuestros políticos no hay manera!
* * *
En The Objective.
1.8.26
Diez libros para el verano
El orden es el de mi lectura:
1. Ereignis, Carmen Palomo Pinel (Vandalia).
2. La hija, Sergio del Molino (Alfaguara).
3. De todo tiene, Andrés Trapiello (Ediciones del Arrabal).
4. La bola, Daniel Verdú (Alfaguara).
5. Qué estoy haciendo aquí, Benjamín Prado (Alfaguara).
6. António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, Rafael Maldonado (Confluencias).
7. Algunos cafés italianos, Patrick Mauriès, tr. Ernesto Hernández Busto (Elba).
8. La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, Christian Laborde, tr. Sanz Irles (Sr. Scott).
9. Madame Vargas Llosa, Gustavo Faverón (Fulgencio Pimentel).
10. Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025, eds. Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández (Cátedra).
* * *
En The Objective.
30.7.26
Grecian 2030, el estadista intermitente
Uno de los mejores motes que conozco se lo puso una amiga a un hombre importante de la prensa española que, cuantos más años pasaban, más negro tenía el pelo: Grecian 2000. "¿Has leído hoy lo de Grecian 2000?". Yo particularmente no creo que se lo tintara, pero el efecto del mote era en sí mismo arrasador: producía en la percepción una noción irreversible de artificialidad. El negro de su pelo ya siempre me pareció postizo. Un buen mote es un camino sin retorno.
En la comparecencia de fin de curso del presidente Sánchez, que tuvo lugar entre los incendios y sus vacaciones (no incompatibles estas con la perduración de los incendios), me acordé de Grecian 2000; no del personaje, sino del tinte. A nuestro Kennedy le ha salido un oportuno mechón blanco sobre la frente que funciona como aquellas primeras canas en las sienes de Felipe González, ya avanzado su mandato. Da peso de estadista, le va bien al disfraz.
Estoy tentado de ponerle también a Sánchez el mote de Grecian 2000; ¡o mejor, Grecian 2030! Es tan favorablemente preelectoral su mechón que en estos momentos lanzo el bulo de que no le ha salido solo: se lo tiñe de blanco. ¿No existe la moda del anal bleach? Si se puede blanquear el ano, ¿cómo no se va a poder blanquear una mechita de nada? Busco un anuncio del genuino Grecian 2000 y en realidad no se presenta como "tinte", sino como "loción anticanas". Pero bien se podría habilitar una línea alternativa del producto que fuese una "loción procanas". Para usarla poquito, solo para estadistas.
En Hollywood siempre hubo un actor para cada cosa, y el de las canas estratégicas era Stewart Granger. Eran seductoras sus irrupciones de blanco. En el caso de los estadistas, se supone que las preocupaciones por el aparato estatal y el bien común afloran en forma de canas. Las canas serían una manifestación ética del capitán de la nave.
Un estadista que ha encanecido en el poder es un estadista que se ha preocupado por ejercerlo adecuadamente, tras asomarse a su insondable abismo y ser consciente de su endiablada complejidad. Del exministro de Franco y posterior líder de la derecha Fraga Iribarne se decía que tenía el Estado en la cabeza; pero era una cabeza con escaso pelo y no le lucía. Lo suyo es tener en la cabeza pelo además del Estado; o más que el Estado, la preocupación por el Estado, que emergerá como canas resultonas. Los ciudadanos vemos así al estadista como un padre al que no paramos de darle problemas.
A Sánchez se le ve feliz con su mechón. Sea natural o artificial, su mensaje es refutar a quienes piensan que al presidente se la sopla el Estado. El mechoncito blanco indicaría la honda preocupación estatal del presidente; tal vez entremezclada, eso sí, con las preocupaciones por la situación penal de su familia, de medio PSOE y de bastante peña vinculada a su Gobierno.
Aprovechando que el mechón le da un toque extra de estadista, Sánchez se ha puesto a hablar de "pactos de Estado". Pactos que no piensa pactar con nadie, no se trata de eso: sino de esgrimirlos para acusar a quienes no "pacten".
Sánchez, en realidad, no es un estadista a tiempo completo, sino un estadista intermitente. Es a su vez un estadista contradictorio, porque habla del Estado mientras lo desmantela. Un poco como los hermanos Marx en aquel tren con cuya madera alimentaban el fuego de la locomotora. "¡Más madera!", y cada vez menos tren.
Es previsible que lo último que quede del Estado sea su mechón blanco de estadista.
* * *
En The Objective.
26.7.26
Solo nos quedarán los placeres crudos
[Montanoscopia]
1. Mi jacobinismo radical (menos guillotinesco que navajero de Ockham) me hace celebrar la plena ciudadanía española de todos los que posean el documento de ciudadano español: algo sin contenido, puramente formal. No como esos autoproclamados antirracistas que se dedican a "contar negritos".
2. Predican la diversidad, ¡pero ay como uno les salga de derechas! ¡Esa diversidad no la admiten! Solo admiten la obediencia ideológica ciega, la adhesión inquebrantable. Son, en sentido neto, falangistas.
3. Abertzales con rasgos magrebíes: al fin el nacionalismo vasco, ese movimiento tan visceralmente franquista, tiene su propia guardia mora.
4. Abertzales apaleando a un chico de 16 años y persiguiendo a un niño de 12 por llevar la camiseta de la selección española tras el triunfo en el Mundial. Fue contándolos a esos que Sánchez dijo que eran "más" con los resultados de las generales de hace tres años.
5. Nuestros gubernamentalistas no se dan cuenta de que su habitual seguidismo a machamartillo del Gobierno, cuando es del PSOE, no es esta vez como las otras veces: por la particular calaña de este Gobierno. Se han metido en una ratonera tremebunda, me temo que irreversible para su prestigio y su credibilidad. Pero no se dan cuenta.
6. Nada menos creíble que Feijóo (¡que el PP!) prometiendo regeneración. Los adormilados de su propio partido cuando lo prometía son la prueba inmediata de ello. ¡Ilusión cero! Y si encima es un Feijóo determinado por Abascal (¡por Vox!), peor que peor. Pero Feijóo y el PP (e incluso Abascal y Vox) cuentan con la bomba atómica: no ser Sánchez ni el PSOE (ni los socios de Sánchez y del PSOE). Regeneración no será, pero quitarse de encima a toda esta patulea sabrá a gloria. Esta patulea, por lo demás, ha subido al máximo su apuesta del chantaje crispador: ya no es Franco la amenaza, ¡es Hitler!
7. Divertidísima la polémica con la columna de Arcadi Espada del martes pasado en El Mundo. Solo los arcadianos, los que tenemos oído absoluto para el arcadismo, sabemos que se trata de una columna fallida, no adornada por la gracia. Pero no, desde luego, por la razón estólida que le achacaron los mentecatos: esos increíbles seres que se agusanaban exhibiendo su inferioridad. Por otra parte, como comentamos Arias y yo, el hecho de que fuese una columna fallida incrementó su potencial performativo. O sea, que realmente, pese a todos, nosotros incluidos, funcionó.
8. Encontré en el Rastro de Fuengirola Amar en Madrid, de Francisco Umbral, libro que ha resultado perfecto como lectura de playa. Publicado en 1972, recoge artículos madrileños de los años anteriores. ¡Qué gran Umbral de pronto! En él está la potencia de lo que va a desplegar después, pero con una fuerza contenida, sin defectos ni revenimiento aún. Se habla del estilo tardío, que está bien. Pero debería hablarse además del estilo temprano: ese momento del autor en que estaba todo ahí, brotando, tensando, reventando de fecundidad.
9. La Odisea de Nolan es una historia majareta de aventuras. Como la Odisea de Homero. Me lo pasé pipa en el cine. Único consejo: no vayan a ver una adaptación, sino una película.
10. Hubo un momento de julio en que estaban a la vez el Mundial, Wimbledon, los Sanfermines y el Tour. De uno en uno se fueron despidiendo. El domingo pasado el penúltimo que quedaba, el Mundial; hoy el Tour. Mañana estaremos ya desnudos, con el verano a plomo y sin tener donde agarrarnos. Y todavía no es agosto. Solo nos quedarán los placeres crudos, que no dejan de ser ascéticos: leer, ver películas, bañarse en la playa, follar.
* * *
En The Objective.
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