19.7.26

Un trámite hasta la final del Mundial

[Montanoscopia]  
 
1. Las horas de este domingo son un trámite hasta que empiece la final del Mundial. Incluso estaremos pendientes los que no somos aficionados al fútbol. Salvo algún héroe que se meta a las nueve a ver La Odisea de Nolan en un cine vacío.  
 
2. Nada parece tan grande como un Mundial. El primero que ganó Brasil, en 1958, retrasó un año el éxito de la bossa nova. La canción Chega de saudade, en la interpretación de João Gilberto, se lanzó justo cuando Brasil celebraba la copa y nadie le hizo caso. Solo en su segundo intento, en 1959, triunfó. En realidad, la música y el fútbol fueron juntos en la internacionalización de Brasil. De su último Mundial hace ya 24 años. Lo viví en el mejor sitio posible de España: la Casa do Brasil, el colegio mayor de Madrid donde yo estudiaba portugués en 2002. Al término, se formó una comitiva carnavalesca en la que fuimos bailoteando hasta llegar a la calle Jacometrezo, donde estaba el bar brasileño Oba-Oba. Los brasileños soñaban este 2026 con ser hexa. Pero vamos a ser los españoles los que seamos bi. Todos tenemos amigos argentinos, y ciertamente nos da pena la pésima noche que van a pasar.  
 
3. Por otra parte, el Argentina-España se puede interpretar como un traspaso de poderes corruptos. Nuestro Sánchez ha innovado en el peronismo: es un Perón sin carisma, al que no quiere el pueblo. En esto el pueblo español se diferencia de los hispanistas y corresponsales extranjeros, que adoran a Sánchez. Es adorado en el extranjero en general. Lo que indica que las valoraciones son siempre por el envoltorio y solo por el envoltorio. Y que el Trump perfecto, así Sánchez, ha de presentarse como antitrumpista. El "fascismo" que viene es este y no otro. Creo que ya lo dijo Pasolini.  
 
4. Quién nos iba a decir que el guardia civil de la retórica franquista era el sanchista. Aunque en verdad no debería extrañarnos a los que vemos el sanchismo como lo que es.  
 
5. Lo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el tétrico TJUE, es otro motivo para la desafección europeísta. ¡Ahora alienta golpes de Estado regionales! O corrobora su impunidad. De nuevo los buenos chicos que siempre creímos en la Constitución española y en la utopía realizada de Europa nos vamos con el rabo entre las piernas. Tiempo de derrotas impepinables. Lo más patético es que en esta ocasión el TJUE repite la mentira (¡la "reconciliación"!) de esa maldita ley delincuencial. Si parte de una mentira, ¿qué verdad puede haber en el despliegue?  
 
6. La humorada de aquel Pujols que decía lo de que "allá adonde vayan los catalanes, todos sus gastos les serán pagados" se ha cumplido finalmente. Los españoles no catalanes lo notamos en el bolsillo.  
 
7. Se despidió Alsina del primer tramo de Más de Uno, que ocupará Latorre, quien se despidió de La Brújula. El discurso de hace unas semanas de Alsina sobre su autorrelegación concuerda con los versos de Ricardo Reis que yo tengo como emblema: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". 
 
8. Mi traducción favorita de la Odisea de Homero es la que hizo en hexámetros Fernando Gutiérrez. Estaba editada en Clásicos Planeta y ahora la ha rescatado Penguin Clásicos. El mismo traductor hizo también la Ilíada, y las dos se ofrecen en un pack. La traducción más reciente de la Odisea es la de Juan Manuel Macías, en La Oficina. Ha sido muy celebrada, pero aún no la ha leído. La de Gutiérrez era un placer con ritmo, y plenamente narrativo. 
 
* * * 

17.7.26

Crepúsculo con Goytisolos

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:30

Ya que estamos hoy un poco crepusculares, me ocuparé del tema crepuscular por antonomasia: la extinción de una saga. Esta vez ha sido la de los Goytisolo, con la desaparición del último, Luis Goytisolo, que era el menor pero ha alcanzado a ser el mayor, puesto que ha muerto con 91 años, cuando sus hermanos Juan y José Agustín murieron, respectivamente, con 86 y con 70. Toda la vida la literatura española estuvo llena de Goytisolos y ya no queda ninguno. Siempre me llamó la atención esa repetición del apellido en tres hombres que se dedicaban a lo mismo: escribir. Los escritores aspiran a la singularidad, pero cada Goytisolo debía resignarse a la idea de que había otros dos Goytisolos. Seguro que hubieran preferido estar goytisolos que mal acompañados (este chiste es un homenaje a Vigalondo). Pero lo compensaron con egos descomunales; al menos los novelistas, Juan y Luis, que José Agustín, el poeta, parecía más frágil. José Agustín fue mi primer Goytisolo, porque era un invitado frecuente del Loco de la Colina. Era un formidable poeta radiofónico. Por aquel tiempo publicó su libro de poemas A veces gran amor, que llevaba esta cita deliciosa del Arcipreste de Hita: "Yo, como soy humano y, por tal, pecador, / sentí por las mujeres, a veces, gran amor". Juan Goytisolo fue el más famoso, y también el más arisco. Nos reíamos de él por esto, pero ahora lo echo de menos, porque ya no hay nadie arisco. A Luis Goytisolo le preguntaron una vez por el mejor novelista de su generación y respondió que Luis Goytisolo. Puse esto en Twitter también para reírme... pero dos buenos lectores (Schultz y Torné) me aseguran que tenía razón. Confieso que de Luis Goytisolo no he leído nada, pero habrá que leer su monumental Antagonía. Inauguramos un mundo raro, ya sin Goytisolos.

Bueno, y sin Rafa Latorre en La Brújula; aunque con Rafa Latorre en Más de uno. Gracias por todo y mucha suerte.

16.7.26

El navajero de Ockham

En los tiempos en que el bachillerato era aún digno de ese nombre (mi generación lo pilló un poco), a los estudiantes se les dotaba de una fabulosa arma pendenciera: la navaja de Ockham. Con ella se convertían en navajeros y podían meterse en peleas discursivas con posibilidades de ganar, o al menos hacerles daño a los rivales. Estos solían ser pesados curas, que con los años derivarían en pesados curas ideológicos. Son los que imperan hoy, aunque enfrente tienen a estudiantes desarmados.
 
El monje nominalista franciscano del siglo XIV Guillermo de Ockham, a cuyo trasunto en El nombre de la rosa, Guillermo de Baskerville (también con cualidades sherlockholmesianas), interpretó Sean Connery, estableció como principio de conocimiento que la explicación más simple tiene mayores probabilidades de ser la verdadera. Por ello "no hay que multiplicar los entes sin necesidad". Esta multiplicación innecesaria es la que debe rebanar la navaja, como metafóricamente se le llama a su principio.
 
En este verano calurosísimo me aburro, pese a las euforias mundialistas, y he decidido sacar la vieja navaja estudiantil para, cual navajero de Ockham, y a diferencia de los pánfilos toros de los Sanfermines, pegar algunos tajos en la actualidad.
 
Podemos empezar precisamente por el asunto de las selecciones nacionales. La bobada de Rajoy (que en la selección de Francia no había franceses) ha dado pie a que políticos y tertulianos se pongan campanudos. Yo creo en la ciudadanía universal, formal, sin contenido, pero eso no me impide soltar mis chistecillos también. Así, tras la derrota de Francia en la semifinal escribí: "Ahora sí que se les ha quedado cara de franceses". Lo patético de España es que bastantes comentaristas indignados serían incapaces de afirmar que todos los jugadores de la selección española son españoles. No por jugadores como Yamal o Williams, sino por los catalanes y los vascos. Ahí están los artificiosos nacionalistas para hacer el mohín. Lo que pretenden es multiplicar las selecciones sin necesidad.
 
Otra cuestión deliciosa es la súbita apología del enchufismo a la que estamos asistiendo tras la condena del hermano del presidente Sánchez (mi por otra parte admirado Azagra, al que le gustan la música y no trabajar tanto como a mí). Gracias a la navaja de Ockham desbrozamos una verdad simplicísima: la defensa de lo público que hace nuestra izquierda es porque en lo público encuentra su mina para las colocaciones a dedo.
 
En cuanto al impostado énfasis del Gobierno contra el juicio (en el que no ha habido afectación gubernamental y del que, por otra parte, el entrañable Azagra no ha salido tan mal parado), Caño ha dado con el motivo simple y certero: se trata de ir "preparando el camino –y educando a su tropa– para deslegitimar sentencias futuras que sí afectarán directamente al PSOE y a Sánchez".
 
El presidente es el que está en el fondo de todos los desbroces. Si utilizáramos la navaja de Ockham para afeitar, debajo de la barba estaría Sánchez, con su sonrisa de Pepe Sonrisas. Precisamente el amigo profesor de Filosofía que me informa de que en el instituto ya no se estudia a Ockham fue el que me dijo hace unos meses, a propósito de los escándalos del sanchismo: "Desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática".
 
En fin, que si, en esto de la corrupción y las maniobras propagandísticas encubridoras, el PSOE y el Gobierno andan como un pato, nadan como un pato y hacen cuá cuá (¡y Cué Cué!) como un pato, a lo mejor el que manda en el PSOE y en el Gobierno es el capo. ¡Lo dice Ockham!
 
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12.7.26

Estamos vivos de milagro

[Montanoscopia]  
 
1. Con sus pactos inicuos con Vox y sus torpes majaderías retrógradas (prioridad nacional, pucherazo, bajas laborales, aborto, ¡ducha posorgásmica!), el PP ha decidido que el combate contra el sanchismo no sea institucionalista, sino partidista. Un asunto exclusivo de la derecha. Los progresistas antisanchistas (es decir, los verdaderos progresistas frente al reaccionario y corrupto sanchismo) quedamos, pues, descabalgados. Hundidos en el pozo inútil (aunque oxigenado) de la abstención. En las próximas elecciones generales veremos los toros desde la barrera. Aunque sin librarnos de ellos, porque los toros del poder son de los que saltan y se ponen a pisotear y cornear a los espectadores. Desde este punto de vista, la política vendría a ser un encierro de San Fermín con los toros sueltos por los tendidos repletos de ciudadanos.  
 
2. Viene clamando Espada en su podcast por que lo prioritario en las próximas elecciones sea el repudio al nefasto Sánchez, más allá de las posturas ideológicas concretas. Lo suscribo. Salvo en que no entiendo por qué la concesión la tienen que hacer los votantes y no los partidos. Ante esta emergencia nacional, ¿por qué la derecha no afloja, para que podamos votarla los de izquierdas? Por el contrario, fuerza las cosas, se extrema, nos chantajea. Pues, en lo que a mí respecta, va a ser que no. ¡Espero le salgan las cuentas sin mí!  
 
3. Por otra parte, es falsa la turra de que esta derecha no es democrática y ha dejado de ser "la de la Transición", como dice el aristócrata comunista Nicolás Sartorius (quien, al decirlo, ha dejado de ser el de la Transición). O ese miedo al "fascismo" de la torturadora de niños Rosa León (¡a mí me torturó de niño con sus canciones!), que es un miedo estrictamente antidemocrático a la alternancia en el poder. Hay una ola alucinante de antipluralistas que se perciben a sí mismos como lo contrario exactamente de lo que son. En fin de cuentas, son ventajistas y conocen muy bien de dónde les vienen los privilegios.  
 
4. Me estuve refugiando varios años de los problemas de España en los de Argentina, comparados con los cuales los nuestros parecían llevaderos. Lo hacía por el programa de televisión Periodismo para todos, de Jorge Lanata, que se empezó a emitir en 2012. El festival de corrupción política, económica e institucional del kirchnerismo me dejaba cada semana pasmado. Allí vi cómo desde el gobierno se llamaba "golpista" a la oposición (y al propio Lanata que investigaba y denunciaba), y se hablaba de "lawfare" para desacreditar a los jueces que juzgaban a los corruptos. Hoy todo esto es habitual en España: Sánchez lo ha traído. Como las repulsivas exhibiciones peronistas con sus consejos para el sol y los eclipses, o el anuncio de ¡una colección de ropa gubernamental! Ya no hay ningún sitio bananero en el que refugiarse de los problemas de España.  
 
5. La elusión de responsabilidades de Sánchez ante la ya larguísima huelga de médicos, remitiéndoles a Mónica García, indica que el presidente practica la cuca "cogobernanza" también con sus ministros.  
 
6. España en las semifinales del Mundial, que jugará el martes contra Francia. Quienes no sabemos nada de fútbol sí nos asomamos a estos duelos a muerte como si fueran peleas de boxeo, con una pelota dando botes por ahí. Los comentaristas, mientras tanto, hablan de cosas que no logramos ver, salvo cuando cantan gol. No deja de ser lo nuestro la observación de un misterio, el misterio del fútbol. Lo mejor es que después leemos las crónicas y nos gustan.  
 
7. Terremotos, incendios. Olvidamos con demasiada frecuencia que estamos vivos de milagro. 
 
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9.7.26

Paradoja del antifascismo español

El antifascismo español lleva años postulando un fascismo que nunca llega. Esto podría considerarse un fracaso personal del antifascismo español, dada la ansiedad con que lo aguarda. Al modo de los bárbaros de Cavafis, para el antifascismo español el fascismo, al fin y al cabo, es una solución.
 
Una solución, antes que nada, para camuflar, excusar e incluso justificar las pulsiones inequívocamente fascistas del antifascismo español. Lo último ha sido esa llamada de Arnaldo Otegi a levantar "un muro antifascista". Un muro, ya lo dijimos, que, si tiene a Otegi como aparejador, solo podrá ser construido con piedras fascistas. Nada ha habido más fascista en España, desde el final de la dictadura de Franco, que el nacionalismo vasco. Bueno, solo el nacionalismo catalán. En general, los nacionalismos: como lo fue el franquista.
 
La farsa del antifascismo español se ve en cosas como que (¡recuérdalo tú y recuérdalo a otros!) ya llamaba fascista a Albert Rivera, al que le puso el apodo de Falangito. Cuando surgió y cuajó Vox, que, a diferencia de Ciudadanos, sí era y es de ultraderecha (es decir, un partido espejo de los partidos nacionalistas vascos y catalanes; para Vox, España es su autonomía), el antifascismo español experimentó una euforia delatora. En efecto, si Ciudadanos ya era fascista, ¿a qué venía aquel énfasis con Vox? ¿A qué aquella "alerta antifascista" de repente?
 
Recuerdo un intercambio que tuve entonces con un antifascista español que se escandalizaba, decía, de que lo que hasta entonces habían sido conversaciones de bar hubiesen llegado al Parlamento. Yo le respondí que hasta que no había logrado sacarlas del bar no había parado el antifascismo español. Como si le fuese la vida en ello, como ciertamente le iba: mucho tiempo estuvo el antifascismo español sin fascismo enfrente. Durante lustros, el único "¡Viva España!" que se oía era el de las parodias (cargantes) del Gran Wyoming.
 
Vox, ya digo, es de ultraderecha. Y mi repulsión por este partido (una repulsión estomacal) me ha llevado a denostarlo y combatirlo (en la medida de mis menguadas e ineficaces posibilidades) desde que asomó. No han dejado de lloverme improperios por parte de los apretaos del voxismo; improperios que luzco como orgullosas condecoraciones, igual que Oscar Wilde los escupitajos que le lanzaban. Pero, desde el corazón mismo de mi repugnancia, no pierdo de vista dos cosas: una, que Vox no es el peor partido español, porque los hay peores; y dos, que por muy ultraderechista que sea, su ultraderechismo se verá limitado por el Estado de derecho, siempre que este se mantenga activo.
 
A propósito de esto último, lo que da miedo es que el antifascismo español, por medio del presidente Sánchez, le ha allanado el camino al fascismo español, al corroer el Estado de derecho y mostrar lo que se puede hacer con la infiltración partidista en las instituciones. Ha sido, una vez más, una sucia operación interesada.
 
En lugar de mantener activo y firme el Estado de derecho para que contuviera y limitase al fascismo español, lo que ha hecho el antifascismo español ha sido convertirlo en un trapo, en un castillo de cartón mojado con el que se pueda hacer lo que se quiera, despóticamente. Así (esta es la paradoja), el antifascismo español se presenta, muy cucamente, como el único bastión contra el fascismo español. Ya que no podrá serlo el Estado de derecho que ha estropeado.
 
Por otra parte, no sé qué cosas fascistas le quedarán por hacer al fascismo español cuando llegue al poder, en el caso de que algún día llegue. ¡Si todas las cosas fascistas ya las ha hecho el antifascismo español!
 
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5.7.26

La observación perezosa del esfuerzo ajeno

[Montanoscopia]  
 
1. El que los pactos del PP con Vox estén más que legitimados por el PSOE, por los pactos del PSOE con quienes son peores que Vox, no los hace menos repulsivos.  
 
2. En el estólido ping-pong nacional, las fechorías de cada partido son la coartada para las fechorías del otro, y viceversa. Cuando digo "partido" incluyo, además de a la militancia y a la dirigencia, al periodismo afín, y a los intelectuales, académicos y demás ralea que recalan partidistamente en los periódicos. Es asfixiante. Desde mi repulsión prácticamente universal a estas alturas, no sé cómo pueden los hunos enardecerse contra los hotros, cuando han defendido exactamente lo mismo que atacan ahora, y viceversa.  
 3. Este sistema semafórico de la indignación (¡rojo, no te indignes; verde, indígnate! ¡y ante las mismas cosas!) me saca de quicio. Al final uno es empujado a un energumenismo que no deja de formar parte del lamentable panorama también. La política española es una quemasangre. Estamos condenados aquellos a los que nos queman la sangre todos, sin que hallemos refugio. No deja de haber diversión en el espectaculito antropológico, en la gran pantomima. Pero a qué precio. Con qué amargura. 
 
4. Ya hablé en su día del sistema español de calefacciones parciales. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, le advertía Machado al españolito que viene al mundo. Pero la otra España se lo calentará y tan contentos. El problema lo tenemos aquellos a quienes nos hielan el corazón las dos (¡y hasta la tercera, que se sabe poner muy pesadita!).  
 
5. Juanma Moreno ha mentido como un Sánchez cualquiera. El votante del PP en las pasadas elecciones andaluzas que no era de derechas pero quería frenar (este sí, efectivamente) a Vox era un tonto fatal. Y lo sabía. Sabía que si se quedaba corto el voto al PP, este gobernaría junto a Vox también con su voto. Le aguardan ahora cuatro años con la cara de tonto. Y por la eminente razón de que es un tonto.  
 
6. Su decisión para las próximas generales está por lo demás clara: a Feijóo lo va a votar Perico el de los Palotes. Si la derecha es incapaz de consentir ser votada por la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista, que se las apañe solita la derecha.  
 
7. Por otra parte, no me parece un mal negocio electoral. Los de la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista somos cuatro gatos. Con nosotros no se va a ninguna parte. Pero tampoco pensamos ir nosotros a ninguna parte con la derecha. Nos queda esta dignidad: una dignidad plenamente consciente del desastre antidemocrático de Sánchez. Contra el que no podemos hacer nada, salvo hablar y escribir.  
 
8. El asunto es que los españoles se han metido en el agujero más estúpido en el que se podían meter. Ese agujero, del que ya estaban casi fuera, se llama Historia de España. Tal vez, en concreto, Historia Decimonónica de España. Un hatajo de políticos mediocres e irresponsables ha metido de nuevo ahí a los españoles, con el atolondramiento cómplice de estos. Al fin y al cabo, la Historia de España es así porque los españoles son asá.  
 
9. Llama Arnaldo Otegi a la construcción de "un muro antifascista". Un muro que, promovido por él, solo podrá ser construido con piedras fascistas.  
 
10. Pero ha empezado el Tour y este sí será una buena escapatoria para las calurosas sobremesas de julio, con las ruedas rodando en Francia igual que los ventiladores en las casas. Una de las delicias del mayor acontecimiento ciclístico es la observación perezosa del esfuerzo ajeno. 
 
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3.7.26

Saramago no, Lobo Antunes sí

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:22
 
Buenas noches. Se aproxima el final de estas opiniones ultramontanas y veo que me he dejado fuera a mi escritor más detestado de todos los tiempos: José Saramago, que era un piernas y lo que escribió lo hizo dos piernas, sin que por ello lograse caminar. Suelo decir que tiene una novela buena: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero es buena justamente porque no es suya, sino de Antonio Tabucchi; por más que la escribiera Saramago. Su indigencia literaria, por la que le dieron el premio Nobel de Literatura, es más palpable si se la compara con la excelencia de su gran oponente portugués: António Lobo Antunes, una de cuyas mayores virtudes es que abominaba de su compatriota Saramago. Como los españoles son perezosos, se quedaron de Portugal, además de con Pessoa, con Saramago; cuando tendrían que haberse quedado con Lobo Antunes. Aquí se le lee poco, pese a que sus obras están admirablemente traducidas en Siruela por Mario Merlino y esta editorial publicó en 2001 Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco. Ahora los lectores tienen otra oportunidad de engancharse a este gran autor con un espléndido libro introductorio que acaba de llegar a las librerías: António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, de Rafael Maldonado (editorial Confluencias). Maldonado logra presentar con pasión y seducción al difícil Lobo Antunes, hablándonos de su interesantísima vida (fue aristócrata, psiquiatra, médico en la guerra colonial de Angola, jugador en el casino de Estoril, complicado amante de muchas mujeres y mil cosas más) y también de su obra, de la que se nos va dando claves mediante la recreación de un paseo crepuscular por Lisboa, ciudad a la que también se homenajea. Si estragaron su gusto leyendo a Saramago, recompónganlo con el Lobo Antunes de Rafael Maldonado. 
 
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PD.– La obra de Lobo Antunes está actualmente editada en Penguin Random House.

2.7.26

A favor del verano

Con mis ventiladores en estéreo estoy como en el ojo del huracán. Me acarician vientos frescos, mientras la ciudad hierve o se calcina. La diferencia con el aire acondicionado es que este proporciona un frío abstracto. Los ventiladores son sensuales: te llevan el frescor a la piel. Y proporcionan un zumbido sedoso que anula el mundo. Suena el piano de Keith Jarrett interpretando a Carl Philipp Emanuel Bach (sonatas Württemberg) y la música tiene que acoplarse al rumor, encauzándolo en su melodía y su ritmo.
 
Carl Philipp Emanuel Bach es para mí el símbolo de la siesta feliz. Felicidad por disolución. ¿Cuántos años tendría, diecisiete, dieciocho? Me había echado tras la comida. En Radio 2 (hoy Radio Clásica) había un ciclo de CPE Bach a esa hora. No era verano, sino otoño. Me adormilé con la música, perdí la noción del tiempo. Una luz filtrada por la cortina me daba en la cara. Su jugueteo me provocaba un embeleso que se entretenía. Era la fusión de las notas con el sol, y la insinuación de una región aérea a la que yo había sido transportado. Aunque no a un pasado, como el tema de Vinteuil de En busca del tiempo perdido, sino hacia un futuro. Desperté por fin, habiendo experimentado la verdad metafísica de que la sustancia de las cosas es alegre.
 
Esto se desata en verano. Tuve la misma percepción el sábado, en mi primer día de playa. Me había dado el baño inaugural, bautismal siempre: la flotación en el líquido amniótico del Mediterráneo, ese azul que es reflejo del cielo, la reacomodación gravitatoria de los órganos y la circulación de la sangre como un delfín por las arterias, el aligeramiento de las preocupaciones. Después me puse la gorra, las gafas de sol y eché a caminar por la orilla. No sé cuánto estuve, debí de hacer kilómetros. Era como penetrar en una masa palpitante que no se terminaba nunca, hecha de cuerpos, risas, chapoteos, charlas, colores, carreras, saltos, también pasividad en las toallas, abrazos, besos, lectura, con el sol arriba y las olas al lado, su vaivén físico y sonoro. Un estruendo sostenido que era el de la alegría.
 
Me acordé de los versos sin puntuación de Apollinaire: "He aquí que viene el verano la estación violenta / Y mi juventud ha muerto como la primavera / Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente". En otra playa Octavio Paz (quien, por cierto, tituló un libro La estación vilenta) se puso fino con nostalgias apolíneas: "Hay turistas también en esta playa, / hay la muerte en bikini y alhajada, // nalgas, vientres, cecinas, lomos, bofes, / la cornucopia de fofos horrores". Pero mi impresión fue gozosamente dionisíaca, con horrores y con bellezas (¡tetas, espaldas, piernas, hombros, bocas, ombligos, culos!), todo revuelto y todo vivo.
 
El componente lúgubre, bajo el sol, tampoco faltaba. Por detrás de mi paseo vitalista, a cada paso, se producía la lección de Ricardo Reis: "Si aquí de un manso mar mi honda huella / tres olas la borran, / ¿qué me hará el mar que en la atra playa / es eco de Saturno?". Atra es un latinismo que significa "negra, oscura, sombría". Lo de Javier Marías también: Negra espalda del tiempo. Pero el paseo era de frente. Sin ignorarlo, avanzar.
 
Otro verano por delante, con la sintonía del Samba de verão (¡o El nadador!). A favor, naturalmente, de la vida crepitante y tropical. Su estética calurosa. Su tiempo que se ensancha. Sus noches de terraza cuando hay brisa. Y la brisa perpetua en la cama que suscita el ventilador. Que tampoco falta en el escritorio, donde refresca ahora mi prosa.
 
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28.6.26

Abominable semana sanchista (¡y Schopenhauer!)

[Montanoscopia]  
 
1. Había, hasta hace no tanto, como una humildad de época. Tal vez fuese la famosa posmodernidad, irónica, descreída de las grandes palabras y los grandes relatos, dolorosamente consciente en el fondo de las matanzas que habían provocado estos. Entonces, la frase "en el lado correcto de la historia" solo se utilizaba como arma arrojadiza: para endosársela a algún pomposo y reírnos de él; era ante todo una defensa, o una conjura de a lo que ese pomposo remitía. Una vez se la solté a una novia inteligente ("¡estás en el lado correcto de la historia!") y me dejó de hablar. Se entendía como burla, como acusación: aun en la pelea, los dos entendíamos lo mismo. Hoy ha cambiado. Son los propios pomposos los que se la aplican, con una ufanía insufrible, no menor que su estolidez: "Estoy en el lado correcto de la historia". O sea, que ya se vienen enfilando las nuevas matanzas.  
 
2. Abominable semana sanchista, entre la corrupción a chorros del PSOE (de la que forma parte la corrupción retórica), la despectiva mediocridad autocrática de Sánchez y el espectaculito de sus consentidores, que va de la adhesión sonrojante al silencio temeroso. Para que haya un franquismo hace falta que haya franquistas.  
 
3. Los ciudadanos que visitan el Congreso suelen decir que ven el hemiciclo más pequeño de como aparece en televisión. Dudo que en adelante pueda verse más pequeño de como ha aparecido estos días en televisión.  
 
4. Una oscurantista Rocío Palacios del PSOE de Almuñécar (¡de Almuñécar!) jalea en un tuit el vídeo de la proetarra Mertxe Aizpurua en el Congreso: "Pedazo de intervención que deja al PP en el lugar que le corresponde". Afortunadamente, Ampudia y Mercutio le hacen un sándwich ilustrado con sendas respuestas exactísimas. Ampudia: "Hace nada se mataban entre ellos, ahora hacen negocios. Como las familias de la mafia". Mercutio: "En una investidura de Frankenstein alguien tiene que ser el ano".  
 
5. El equilibrado Tsevan Rabtan también está que trina: "El PSOE ya solo merece su desaparición". En efecto, cada elección futura en la que los españoles no pasokicen al PSOE, no solo será una indignidad política, intelectual y estética de los españoles, sino un error que pagarán más temprano que tarde.  
 
6. Y en este contexto de degradación, el PP no es la contraparte seria, institucionalista, senatorial, sino que lanza vídeos histéricos (¡de pijos pichacortas!) como el de Nuevas Generaciones tras la retirada del pasaporte a la mujer del presidente por el juez Peinado.  
 
7. En su estupendo último podcast, Arcadi Espada, además de leer un espectacular párrafo de Bret Stephens sobre Estados Unidos y Trump (de aplicación calcada a España y Sánchez), dice que Schopenhauer es el autor con el que anda ahora. Cita una de sus grandes sentencias: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer [en el sentido de elegir] lo que quiere". Relacionada íntimamente con ella, cito yo otra, mi favorita (precisa y fulgurante; y refutadora de aplazadores como yo): "Solo la ejecución sella el propósito". 
 
 8. El mejor artículo sobre el terremoto de Venezuela lo escribió Savater en 1985, cuando el terremoto de México de aquel año. Se titulaba Finisterre, el nombre del hotel mexicano en que se había alojado en su anterior viaje. Al marcharse, se le olvidó devolver la llave de su habitación. Ahora la llave no era de ninguna puerta: el hotel se había derrumbado en el terremoto. Entre otras reflexiones (y emociones) recordaba, a propósito de la llave, el poema de Borges sobre Las cosas: "Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido". 
 
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25.6.26

La máscara profunda de Mar de Marchis

Uno de los efectos divertidos de La bola, de Daniel Verdú, es que muchos se han puesto a escribir sobre Jot Down para resaltar la irrelevancia de Jot Down. La avalancha ha terminado produciendo un salto cualitativo y la revista se ha convertido por fin en el New Yorker español.

Como mis simpatías están con Jot Down, para la que escribí y que publicó mi primer libro, empecé La bola (Alfaguara) con prevención. Pero me ocurrió esa cosa maravillosa de que, pese a mí, me conquistara. Su escritura es estupenda, cuenta muy bien una historia y te deja con un montón de incitaciones para la vida. Supongo que no les ha agradado a la familia ni al fundador y actual editor Ángel L. Fernández porque ellos tienen demasiado presente la realidad y ven ante todo las carencias (y puede que tergiversaciones) del libro; y que la perspectiva del autor sea la del poder prisaico actual, con contaminaciones de Enric González. Pero el libro es bueno en sí, funciona y, en lo que a mí respecta, no es incompatible con la experiencia que tuve; al contrario, la realza.

Ha crecido mi cariño por Mar de Marchis y se ha agigantado su figura. Recuerdo la primera vez que me llamó. Yo venía de malas experiencias en otras publicaciones digitales y lo primero que le solté fue que no pensaba participar en otra. "Pero a ti te gusta escribir", me dijo. "Mi problema", le respondí, "es que me gusta escribir tanto como no escribir". Me fue ganando en la conversación, aprecié que su cabeza fuese distinta a la de los mastuerzos anteriores y al final llegamos a un compromiso: como yo iba a seguir con mi blog en cualquier caso, le ofrecí la primicia de las entradas que me salieran más largas. Por el momento no tenían dinero, pero me prometió que al cabo de un año empezarían a pagar. Una de las sorpresas de mi vida fue que al cabo de un año empezaron a pagar.

Colaboré siempre desde fuera y nunca supe de las interioridades de su funcionamiento, cuyo arranque ha contado ahora Javier Bilbao. Como lector, antes de que Mar me llamase, conocía Jot Down porque había publicado largas entrevistas con algunos de mis ídolos: Fernando Savater, Félix de Azúa, Arcadi Espada... (entrevistas precisamente firmadas por Bilbao). Del blog de Espada, por cierto, hubo una afluencia de colaboradores (Tsevan Rabtan, Manuel Jabois, Juanjo Jambrina, yo mismo) por la recomendación de Pechelingue, el único que estaba tanto en La Página Definitiva (germen de la revista) como en el Nickjournal. (Estos días me ha dicho Bigote Prusiano que él también me recomendó.)

El asunto es que para mí fue un gustazo verme de pronto en la publicación de moda, que logró serlo porque estaba haciendo las cosas bien. En un encuentro sobre revistas culturales que hubo en La Térmica de Málaga, Ángel L. Fernández sembró el pánico entre los posturitas de las demás al hablar, con un pragmatismo deslumbrante, de cómo Jot Down estaba consiguiendo la "monetización". Con cuatro frases, ejemplo de otra manera de pensar, desterró a los otros a un pasado inútil del que ya no se recuperaron el resto de la mesa redonda (ni creo que de sus vidas). El "socio sevillano" del que se habla en La bola, pues, fue la otra pata imprescindible del proyecto, que caminó porque estaban los dos, Ángel y Mar.

Con ella era con la que trataba de mis artículos. Las pocas veces que me sugirió cambios eran buenos cambios: sabía editar. Cuando empezaron a publicar libros en Jot Down Books, se empeñó en publicarme uno. Como yo no se lo escribía, me dijo que le preparara uno que estuviera escrito. Así salió Inspiración para leer, hecho con textos que ya tenía. Mientras trabajábamos en la edición, de la que se ocupó Rubén Díaz Caviedes, hablé con frecuencia con ella. Llegó a leer el manuscrito (sobre el que me hizo otro par de sugerencias buenas) y el prólogo en que le daba las gracias. Luego entró en coma. Habíamos hablado dos días antes. Me contó que le había sostenido la mirada al Inocencio X de Velázquez en el palacio Doria-Pamphili. Durante los meses que siguieron pensé que solo él podía devolverla a este mundo. No lo logró.

Exceptuando ciertos toques moralistas, muy de su casa (ese moralismo de El País y la SER), Verdú indaga con acierto en el juego de máscaras que internet potencia, desatando los laberintos latentes del yo y lo real. Fueron formidables los años salvajes del invento, aunque solo algunos operaron más allá de la pantalla (quitando los encuentros personales que se terminaban produciendo, para los que internet no era más que un preparativo). El personaje de La bola me recuerda al de otro libro que triunfó como novela hace unos años y que yo sabía que se basaba en hechos reales (aunque su tratamiento literario resultaba extraordinario: por eso triunfó). Eran seres nietzscheanos, que se atrevían a ejercer el poder que tenían al alcance. Esto los dotaba de densidad trágica, algo abismal.

Precisamente Mar me llamó una tarde para que le explicara un aforismo de Nietzsche que yo había citado en un artículo: "Todo lo que es profundo ama la máscara". La lectura de La bola me ha emocionado porque he comprendido que era exactamente así en su caso. Aunque ella fingía que no se enteraba, para que hablásemos más. Si se lee sin moralismo, en favor de la vida, de la tragedia y la comedia de la vida, la Mar de Marchis de La bola era una verdadera artista, una princesa que exploraba, que intentaba no solo no desplomarse, sino también construir.

Después de su muerte todavía escribí un par de artículos para Jot Down, los más tristes de mi vida. Pero sin ella ya no tenía sentido. Quizá mi homenaje tendría que haber sido seguir, pero mi homenaje fue dejarlo. Y tomarme un negroni con mi amiga Dolores, una de las pocas personas que la conoció. 

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21.6.26

El culo de la paloma

[Montanoscopia]  
 
1. Escribí el artículo "Muerte por amor" a propósito de la de Marjane Satrapi. No había leído aún Pollo con ciruelas, su segunda mejor novela gráfica tras Persépolis. Me la recomendó una lectora, porque al protagonista le pasa lo mismo que le ha pasado a Satrapi, o que ella hizo que le pasara; es decir, ella tenía ya interiorizada esa conducta. Tal vez fue simplemente un diagnóstico que se confirmó como autodiagnóstico. El protagonista es un músico de tar (especie de laúd de origen persa) al que le rompen su instrumento. Busca otro, pero ninguno suena igual: no lo puede sustituir. Así funciona el amor único. Tras varios intentos vanos, abandona: "Dado que ningún tar podía devolverle el placer de tocar, decidió dejarse morir".  
 
2. Está bien el libro La bola, de Daniel Verdú (Alfaguara). Si nada se interpone, le dedicaré mi columna del jueves (al libro, a Jot Down y a Mar de Marchis). Pero quiero traer aquí un mojoncillo desgajado. En el contexto del 15-M, escribe el autor: "Y de repente, por la derecha, crecía un nuevo partido amamantado en el rencor contra el nacionalismo catalán y fundamentado en la nada con burbujas de sifón de su líder". El rencor contra el nacionalismo catalán. Otra muestra de la aberración de la patética izquierda española que ve progresismo en lo más reaccionario. Félix Ovejero la llamó muy justamente "la izquierda reaccionaria".  
 
3. Ovejero ha seguido profundizando en esto último en La invención del agravio. Nacionalismo y crisis de la democracia española (Alianza). Lo presentó en Málaga la semana pasada con Manuel Toscano y Guillermo Díaz. Estaba también Inés Arrimadas, a la que le dije que, cuando salió con el pelo revuelto tras su victoria en Cataluña, cité la imagen de un poema de Jaime Gil de Biedma: "despeinada / por un viento solo tuyo". Luego en la cena le solté a Ovejero eso que le reprocha Arcadi Espada de que siempre escribe democracia entre comillas. Respuesta de Ovejero: "A lo mejor es porque yo sé de democracia".  
 
4. Mi amigo Arias dedicó su última columna en The Objective a cuestionar a los votantes acríticos de los partidos, aunque de paso cuestionó a los únicos votantes críticos que ha habido en toda la historia electoral española: los de Ciudadanos, cuyo voto crítico de 2019 tuvo la desdichada consecuencia de acabar con el partido. En el lado opuesto están los fieles votantes del PSOE, que lo siguen votando haga lo que haga el PSOE. Ese tercio fijo de electores constituye ya un auténtico lastre predemocrático en España. Se podría cambiar "predemocrático" por "acrítico", precisamente. De fondo está la cuestión de los suelos de los partidos: el grupo de votantes que nunca dejará de votarlos y que les da a los partidos consistencia. Ciudadanos carecía de suelo porque sus votantes venían de ser críticos con otros partidos; y terminaron siéndolo, mortalmente, también con Ciudadanos.  
 
5. Después de su concierto en Madrid, en el que cantó una vez más la para mí insufrible "Cucurrucucú paloma", Caetano Veloso reveló una cosa divertidísima sobre la canción. Dijo que a un brasileño le cuesta mucho trabajo cantarla sin partirse de risa. Es que en portugués cu es culo. La transcripción española vendría a ser: Culoculorruculoculo paloma. Me imagino que en las retransmisiones brasileñas y portuguesas del Mundial también se troncharán cada vez que tengan que hablar de nuestro Cucurella.  
 
6. Hoy 21 de junio empieza el verano y, como siempre, me pego un atracón sonoro de "Samba de verão" (o "Summer samba" o "So nice"). Para quienes quieran sumarse, he hecho una lista de reproducción con versiones. 
 
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19.6.26

Mi Generación del 27

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:17
 
Buenas noches. El centenario de la Generación del 27 se conmemorará el próximo año. Falta mucho, pero el que golpea primero golpea dos veces. Así que voy a soltar unas cuantas opiniones ultramontanas sobre esa generación. Para empezar, es un grupo sobrevalorado en cuanto a la cantidad y calidad de sus componentes. Yo solo contabilizo a dos poetas. O como mucho, por traer esa expresión de Clarín que Trapiello suele recordar, a dos poetas y medio. Los dos poetas son Lorca y Cernuda. El medio sería Guillén. Los demás no son más que señoritos del verso. Tienen poemas pintones, claro, pero podrían ser cruasanes. De mis paisanos Prados y Altolaguirre mejor no hablar: siempre se les ha mantenido en un justo segundo plano. El burgués Salinas solo se animó un poco cuando se echó una amante y puso en marcha aquello que Gil de Biedma definió como "la poética del lío". De su título La voz a ti debida decía Juan Ramón: "¡Me la debe a mí!". Aleixandre fue un abuelete desde los veinte años, y para no meterse en problemas hablaba en femenino de sus amores homoeróticos; a diferencia del valiente Cernuda. De Gerardo Diego, eso: como decía Borges, ¿en qué quedamos, en Gerardo o en Diego? En cuanto a Alberti, yo tengo la teoría de que él debió haber sido el fusilado en vez de Lorca. Al fin y al cabo, Lorca estaba en plena progresión fulgurante en 1936, mientras que Alberti ya no era más que, como él mismo reconoció diez años después, el "coplero del partido". A la altura de Lorca y Cernuda solo está otro poeta algo más joven, ya de la siguiente generación: Miguel Hernández. Así que yo celebraré el centenario del 27 leyendo a Lorca y Cernuda, y medio leyendo a Guillén. ¡Punto!

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PD.– Me olvidé en la radio de Dámaso Alonso. Pero también tengo para él: fue el animal más feo del mundo (y murió el mismo día que Ava Gardner, el más bello).