1.2.26

La libertad os hará verdaderos

[Montanoscopia]  
 
1. De cuántas cosas está haciendo cómplices Trump a nuestros trumpistas, que siguen bovinamente a esa mezcla de Nerón, Ubú y el Yeti, con algo de Manolo Gómez Bur. Ahora estamos viendo, a cuenta de los crímenes a manos de los camisas pardas de (precisamente) Bovino, que les gusta un asesinato policial más que a un tonto un palote. Son los proetarras de enfrente.  
 
2. Nuestros sanchistas también se las traen. Siguen a Sánchez en lo que este dicte, aunque resulte contradictorio tanto sucesiva como simultáneamente. Ahora simultáneamente le brinda a Podemos la regularización de medio millón de inmigrantes y a Junts el control de la inmigración en Cataluña. Si Zapatero se inventó la geometría variable, Sánchez se ha inventado la moralidad variable.  
 
3. Estoy en desacuerdo con quienes critican a Sánchez por no haber asistido al funeral en Huelva por las víctimas del accidente de Adamuz. En un rapto de dignidad y de generosidad, el presidente ofreció lo mejor que tiene, lo único bueno que le queda: su ausencia.  
 
4. A propósito de las elecciones autonómicas de Aragón del próximo domingo, dijo el socialista Urquizu donde Alsina que, aunque los aragoneses son mayoritariamente de izquierdas, votarán mayoritariamente al PP. Dio razonables explicaciones posibles, pero le faltó la principal: que el PSOE ya no es de izquierdas.  
 
5. El candidato aragonés del PP, Azcón, dice que nunca habrá trasvase del Ebro. La desdichada España invertebrada de Ortega seguirá siempre así, por los dos grandes partidos: el PP invertebrante (por los ríos) y el PSOE invertebrante (por los trenes y todo lo demás).  
 
6. Una señora le pregunta en Lugo a Cayetana Álvarez de Toledo que cómo se puede confiar en las reformas prometidas por el PP si no las acometió ni con la mayoría absoluta de Aznar ni con la mayoría absoluta de Rajoy. Respuesta (única) de Álvarez de Toledo: "Créame". Es para mondarse.  
 
7. Como le dije en el turno de preguntas al catedrático Ruiz Robledo tras la espléndida charla mantenida con Arias Maldonado en La Malagueta, yo he sido siempre un buen chico constitucionalista que se ha desafectado al ver que el texto íntegro de la Constitución no dice lo que dice, sino lo que diga el Consejo de Brujos (encabezado por el brujo mayor Pumpido, añado aquí). Así que se acabó. Obviamente, como responde Robledo, hay que acatarlo, porque no vamos a estar para aventuras anticonstitucionales, que serían siempre peores. Pero se acabó.  
 
8. También el aplauso nauseabundo al exfiscal general del Estado en el Ateneo por parte de muchos de sus colegas contribuye a la degradación y a la desmoralización. Por esto vuelvo al anarquismo de mi adolescencia. No como actitud activa sino como actitud pasiva (defensiva): que comienza por la consideración de todos los poderosos como enemigos.  
 
9. El malagueño Joaquín Campos, que ahora se ha hecho famoso por los sucesos que cubre desde el Sudeste Asiático, lleva ya, junto con varias novelas y libros de poemas, tres tomos de su diario, que van de 2017 a 2024: Ajuste de cuentas, Pedagogía y Hemisferio Grof, publicados en Sr. Scott. Son adictivos por su carácter impúdico, libre, transgresor, salvaje. Es un diario rápido, nervioso, que no se calla nada: ni de sexo, ni de relaciones afectivas, ni de escabrosidades, ni de la lucha por el dinero, ni del tinglado político ni literario con nombres y apellidos. En el segundo de los tomos pone como cita la frase evangélica: "La verdad os hará libres". Recuerdo que Dragó, del que Campos fue amigo, le dio una vuelta extraordinaria: "La libertad os hará verdaderos". Campos la practica a tope. 
 
* * * 

29.1.26

El entierro de Tierno

  
La semana pasada tenía pensado escribir sobre Enrique Tierno Galván, en el cuarenta aniversario de su muerte, pero necesité ocuparme de la catástrofe ferroviaria. Lo escribo ahora.
 
Tengo algunos recuerdos de aquel 19 de enero de 1986. Veo que era domingo. Cristóbal, Jurdao y yo habíamos salido a dar nuestro primer paseo juntos tras las vacaciones de Navidad. Solíamos tirarnos horas charlando y caminando, incluidas la ida y la vuelta al colegio mayor. Fue justo aquel anochecer (qué curioso que tenga situado el momento) cuando cumplimos el canónico ritual bohemio de mear en la puerta de la Academia; tal vez porque habíamos leído La novela de un literato, en la que todos los fracasados eran malagueños. Otra imagen situada: mientras cruzábamos un semáforo, el transeúnte verde mutó en el hombre ámbar intermitente y Jurdao se puso a imitarlo dando saltitos con los pies juntos y las manos pegadas al cuerpo. Creo que hicimos como él. Ya en la Ciudad Universitaria, antes de recogernos, entramos a tomar una cerveza en el Isabel de España, entre las chicas, y allí, en la tele del bar, nos enteramos de que se había muerto el alcalde.
 
Nos habíamos ido a Madrid en parte por él. Todavía en 1983 la ciudad en la que hubiese querido vivir era Barcelona, pero desde 1984 ya fue Madrid. Tierno Galván pertenecía al paquete atractivo, con la Movida. Cristóbal imitaba sus celebrados bandos de retórica arcaizante. Se dijo que cuando llegó el papa Juan Pablo II, poco después de la primera victoria socialista en 1982, Tierno le habló en latín. Su foto junto a la teta al aire de Susana Estrada señalaba el cambio de los tiempos. Y encima había traducido el Tractatus de Wittgenstein.
 
Solo me recuerdo sintiendo una simpatía acrítica por él: de antemano, como una premisa. Sin él la ciudad perdía encanto, nos parecía. Algo se quedaba hueco, con una ligera sensación de estafa, como si Madrid valiese menos de repente. Aunque, en verdad, de la Movida solo restaban las crestas de colores de los punkis en la Gran Vía y Malasaña, los conciertos gratis del Paseo de Camoens, el fluorescente de La Vía Láctea y las postales en los quioscos con las leyendas "Madrid me mata" y "De Madrid al cielo".
 
El martes 21 fuimos a ver el cortejo. Venía con nosotros Checa, el único compañero con vocación periodística. En los noventa nos dijeron que trabajaba en el Teletexto y no supimos más de él. Nos colocamos en el parterre que hay frente al Banco de España, con la Cibeles a nuestra izquierda. Aguantamos entre la multitud hasta que pasó el coche fúnebre. Entre los que caminaban detrás destacaba el presidente Felipe González: más alto, más cetrino. Lo miré con desprecio porque me parecía un traidor. Hoy me costaría explicar a qué, quizá a la pulcritud política. Solo lo vi de nuevo en un mitin.
 
En un lateral que no alcanzábamos a ver, creo que al comienzo del Paseo del Prado, hablaron algunos, entre ellos su sucesor en la alcaldía, Juan Barranco. Y luego emprendimos la marcha hacia la Almudena, recorriendo la larguísima calle Alcalá hasta el cementerio, adonde no he vuelto nunca. Había una sensación de acontecimiento histórico, que es lo que queríamos sentir.
 
Muchos años después supe que todo había sido una farsa. Tierno Galván era un maniobrero que se había fabricado el personaje de "viejo profesor" por cálculo. El PSOE no podía con él. Alfonso Guerra, el mejor motejador de España junto con Federico Jiménez Losantos, le puso un mote invencible: "víbora con cataratas". Y encima su traducción del Tractatus era defectuosa.
 
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25.1.26

Lo mejor de España ya lo hemos vivido

[Montanoscopia] 

1. Lo mejor de España ya lo hemos vivido. No pasa nada. No todo es España. 

2. La relanzada lucha de Moncloa contra la desiformación y los bulos me recuerda, aparte de al hombre que fue Jueves de Chesterton (jefe de la policía y de los anarquistas a la vez), el artículo tronchante que escribió Pessoa cuando el Gobierno de Portugal, para combatir a la masonería, promulgó una ley que prohibía las sociedades secretas. Pessoa repasaba el texto y concluía que el Gobierno se ajustaba a la definición de sociedad secreta y por tanto había que prohibirlo. 

3. La indignidad sustancial de The Puentete: fungiendo de técnico de pronto, pero también escamoteando por ver si se salvaba. Su ruina es tanto política como moral: tampoco servía para reconfortar tras el accidente. Su mera presencia era chusca, ofensiva. Él no estaba para eso, sino para chulear, para soltar mamporros verbales al servicio del "puto amo". Si eres todos los días un hampón, no puedes ser otra cosa cuando llega el día decisivo. Pero aun así (o justo por ello) se envalentona. No parece haberse dado cuenta de la fosa en la que está el ministrete. 

4. Impresiona el cuajo con el que Sánchez habla todavía de la "verdad". O es un tahúr o su narcisismo está ciertamente blindado. Cabe otra opción, no incompatible con las anteriores (es posible que se estén dando las tres al mismo tiempo): simplemente les lanza cables a sus partidarios. A estos les basta un hilillo emanado del líder al que agarrarse. El espectáculo de esta semana ha sido obsceno: los sanchistas se han echado los cuarenta y cinco muertos a la espalda sin pestañear; empezando por la sincronizada, que es ya la guardia mora de Sánchez. 

5. Trump, gran jibarizador de "América" (hasta el Anschluss de Groenlandia la empequeñecería aún más), ha propiciado en España dos grupos aparentemente antagónicos pero igual de patéticos. Uno: el de los trumpistas españoles, esos insufribles apretaos que escupen su energumenismo con una suficiencia que no se corresponde con sus mermadas capacidades. Otro: el de los sanchistas antitrumpistas, que le critican a Trump todo lo que le apoyan a Sánchez. En el ámbito del columnismo se están luciendo particularmente; sobre todo el sermoneador de los sábados y las cheerleaders de los domingos, junto con el misceláneo más campanudo de los miércoles. Siempre que hay problemas con Sánchez, callan sonoramente y se ocupan de Trump. Su comodín delator. 

6. El documental por el que Filmin ha sido atacada por los nacionalistas catalanes, Ícaro: la semana en llamas, es muy bueno. Cuenta lo que se propone contar y lo cuenta bien. Angustia la violencia de los independentistas, irracional, fascistoide, pero enorgullece la dignidad de la policía constitucional: su serenidad, su articulación intelectual y humana. En El País, el triste Delclós habla de "elogio desvergonzado" a la policía. El antifranquismo anquilosado de estos putrefactos les ha conducido a figurar contra la democracia y junto a los genuinos franquistas de hoy. 

7. Jamás vi a nadie comprar un libro en Tipos Infames, pero era guay estar allí. Yo nunca entré por mí mismo, porque me intimidaban los hipsters del escaparate, sentados con su portátil y su vinito como si nadie los mirara. Sí fui en compañía a algunas presentaciones. Estuve en las de Arias, Del Molino, Jabois, Loriga y hasta en una mía, que me hizo Latorre. En esa librería hablé por última vez con Gistau. Y le di la mano, empujado por las circunstancias, a Víctor Manuel. Al final se me quedan un montón de recuerdos en ella, ahora que va a cerrar. 

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23.1.26

¡Gloria a Els Joglars!

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:02
 
Buenas noches. Una gran experiencia cultural y festiva en nuestra cada vez más estirada y desastrada España es asistir a una representación de Els Joglars. Ha vuelto a suceder en Málaga, adonde vinieron a presentar su producción El retablo de las maravillas, adaptación del entremés de Cervantes. Lo hicieron en el Teatro Cervantes precisamente, que homenajeó a Els Joglars por sus sesenta y cinco años. Fundada en 1961 por Albert Boadella, es hoy la compañía teatral privada más longeva de Europa. En mi memoria están Teledeum, Ubú president, Daaalí o la de Pla; y más recientemente las de Rusiñol, Aristófanes o el exrey Juan Carlos. Todos estos personajes interpretados por el inmenso Ramon Fontserè, que les da comicidad, alma y un poquito de tragedia. El efecto en la butaca es siempre de descompresión, de liberación. El aire vuelve a correr; regresa la antigua libertad, su inconfundible cosquilleo. La taladradora humorística en su día se ocupó del franquismo y el militarismo, después de la Iglesia, posteriormente del nacionalismo catalán: variantes todas del mismo ceporrismo engolado y opresor. En El retablo de las maravillas la diana va mudando: la fatuidad del mundo artístico, lo woke como nueva Iglesia (con la vieja Iglesia contra lo woke) y la pompa vacía de los gourmets, que en esta obra degustan "aire crudo". En el entremés de Cervantes, el público fingía ver maravillas en la nada del retablo, ya que se había advertido que el que no las viera era hijo ilegítimo o tenía sangre judía. Hoy hay miedo de ser acusado de muchas otras cosas, como muestra la actualización de Els Joglars. Con el teatro a tope, se produjo la catarsis de las risas. Vivimos apresados por un montón de plastas. Últimamente el teatro también brinda tales plastas. Els Joglars no. ¡Gloria a Els Joglars!

22.1.26

Compañeros de viaje

Hay que dar un paso atrás, salir del politiqueo en el que yo también me he metido, porque es un fango infecto, y volver a lo importante: la muerte y la vida.
 
El domingo viajé en un tren como el accidentado, pero un poco antes y en la dirección opuesta. Mi Iryo llegó a Málaga desde Madrid a las 17:49 y el accidentado (¿otro, el mismo?) salió de Málaga hacia Madrid a las 18:40. El viaje de ida lo hice el jueves. Ni en la ida ni en la vuelta noté vibraciones ni nada anormal.
 
En el andén de Atocha el jueves al mediodía, una señora vino corriendo a devolverme el cargador del móvil, que se me había olvidado en el asiento. Gestos como ese no pudieron suceder en Atocha el domingo por la noche. El azar me había sentado junto a Arias, a cuya presentación de Letras Libres iba a asistir al final de esa tarde. De camino pasamos por una librería y hojeamos novelas del mexicano Ibargüengoitia, que murió en el "avionazo" de 1983, junto a otros escritores.
 
Se trata ahora de eso: de los hilos que pudieron haberse interrumpido. Y de intentar recordar a mis compañeros de viaje, los que hubieran venido conmigo en el accidente si se llega a adelantar. Se trata de entrever la sacudida del caos en el orden del tren.
 
El grado de mi misantropía es acusado últimamente, como vengo proclamando por aquí. Mantengo amabilidad y cortesía con el prójimo, pero para que me deje en paz. Tampoco quiero imponerle mi misantropía a nadie. En el tren no empujo, no protesto, dejo pasar educadamente; si bien, lo de ayudar a las mujeres con sus maletas, salvo que me lo pidan, se acabó: no quiero correr el riesgo de que me acusen de machismo. Y me permito poner cara de desagrado, o emitir algún gruñido, si el que tengo al lado desenvuelve un bocadillo pringoso.
 
Los niños son un considerable engorro, aunque por delante van los tratantes de ganado a grito pelado con el móvil. Cuando viajaba en el Ave me pedía el Vagón Silencio, en el que seguía habiendo tratantes de ganado a grito pelado con el móvil, pero ya no niños: el secreto de ese vagón es que no admite a menores de catorce años. Desde que opto por el Iryo, los niños han vuelto. Y en el viaje a Málaga tenía uno cerca; mejor dicho, una niña.
 
Pero era tan graciosa. Me incomodó al principio, por mi inercia misantrópica, pero me conquistó. El padre y la madre eran ejemplares, por cómo hablaban con ella. No debía de llegar a los cuatro años. Estaba fascinada con el viaje en tren, y con decir "mi sitio" cada vez que cambiaba para sentarse en otro. Era revoltosilla. Pero luego se apaciguó y pasó mucho tiempo dormida en los brazos de su padre. Solo se despertó para hablar por teléfono con la abuela, que la esperaba en Málaga.
 
El viaje fue bueno, después de todo. Entraba el solecito por las ventanas. Yo también me adormilé. Nos bajamos en Málaga, llegué a mi casa. A las nueve de la noche, preocupado por mí, Toscano me dio la noticia del accidente, y enseguida me preguntaron más amigos y amigas. Mis sensaciones recientes alborotadas de pronto.
 
Durante la noche y la mañana, el número de muertos y heridos, las imágenes de los trenes destrozados, los primeros esbozos de historias. Y la niña de seis años caminando sola por la vía tras haber perdido a sus padres, su hermano y un primo, de la que ha hablado Peláez. Pudo haber sido la mía, con dos o tres años más, pudieron haber sido sus padres, pude haber sido yo, pudo haber sido cualquiera.
 
Pero la niña de mi tren está a salvo, con sus padres. Estos sin duda más conmocionados aún que yo. Fui un par de veces al servicio por el pasillo en que iba viendo las caras de los demás pasajeros: la musulmana, la monja, la pareja oriental, el chico en chándal, el señor que roncaba. Luego me rocé con ellos al salir y emprendimos la carrera siempre rara del andén. Algunos familiares esperaban fuera, alcancé a ver una cara iluminada por el reencuentro. Aún era de día. Después se haría de noche.
 
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18.1.26

El enemigo siempre fue el literalista

[Montanoscopia] 

1. Premios Zenda: penosísima la sumisión de la Literatura al Establishment. Hay que tener estómago para compartir espacio con el ministro The Puentete, ariete degradante del degradante sanchismo. Con lo de "la Literatura" he dicho un sofisma para redondear la frase. No existe una Literatura platónica, como entidad independiente y pura. No hay más literatura que la que hacen los literatos, esos que menean el culito ante el Poder a ver si este tiene a bien enchufársela, con la ilusión de que se derramen unos eurillos en el proceso. Reconozco que no deja de ser igualmente sofístico este cuadro. Pero detrás de todo ello hay algo sólido: si me aficioné a leer, y luego a escribir, fue para escapar de los sitios (físicos y mentales) en que pudiera haber un ministrete. 

2. Maravillosa performance de María Corina Machado entregándole la medalla de su Nobel de la Paz a Donald Trump. Gesto que la fortalece a ella y lo debilita a él, aunque él tenga la fuerza. En términos morales, el Nobel ya sin medalla se aquilata en Machado, mientras que la medalla se vuelve chatarra en manos de Trump. Son muy graciosos los poderosos y los ricos, con frecuencia ansiosos de valores que su poder y riqueza refutan. 

3. Ya definí lo de Juan Manuel de Prada como "medievalismo podemita". Ahora escribe a favor de la masacre de mujeres iraníes (como mal menor: le encuentra asidero bíblico) porque los ayatolás le han dedicado una estación de metro a la Virgen María "con relieves y murales en las paredes de una rara delicadeza". 

4. Mi interés vital por Julio Iglesias duró lo que mi lectura de la biografía que le consagró Ignacio Peyró en Libros del Asteroide. Fue para mí un personaje levantado con su prosa. Luego ha seguido la vida y de ello ni la editorial ni el autor son responsables. De ahí que fuera torpe y absurdo el comunicado sobre futuras ediciones corregidas después de las acusaciones contra el cantante. El libro debe quedarse como está, como una cápsula deliciosa de ligereza. Son los lectores quienes, si acaso, pueden añadirle desde fuera esta reflexión borgiana: "Todo poema, con el tiempo, es una elegía". 

5. ¿Cómo ha podido el cine español perpetrar una película como Rondallas? El director ha contado que fue un encargo del productor. ¡Un productor encargando una película sobre grupos regionales! Con trasfondo humano, eso sí. En realidad, Rondallas es la culminación del cine español: los grupos regionales son las tunas bendecidas por el nacionalismo, que es el incuestionado dogma religioso de nuestro Estado laico. O sea, los grupos regionales son la tuna incuestionada. Otro más de los flecos franquistas vigentes, con su semilla sembrada de "coros y danzas" hoy blindada por el nacionalismo. Si se le añade el mencionado trasfondo humano, ya tenemos el cine español en pleno. 

6. Pedí en un tuit no ser jamás uno de esos risibles zoquetes que se habían puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. En ese instante yo me había puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. Twitter me lo he tomado siempre para estos juegos, con frecuencia irónicos; y, por supuesto, contra acusicas y campanudos. En Twitter me ejercito en el carnaval, simplemente. Y para desatar, yo que soy un mar de dudas (corrosivas de mí mismo no se pueden imaginar hasta qué extremos), "opiniones contundentes" a lo Nabokov, ya que me gusta y hace gracia esa retórica. El enemigo siempre fue el literalista. De quien es hoy el imperio. Un día de estos te estrangulará con tus propias ironías. 

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15.1.26

El manifiesto de yo solito

¿Qué vamos a hacer con el PSOE? Hasta los críticos andan como vaca sin cencerro. El manifiesto presentado por Jordi Sevilla es fallido: fallido en todo... salvo en una cosa, no poco importante, que diré en el último párrafo. Digo ahora a propósito que Jordi Sevilla siempre me ha parecido un nombre disruptivo. Algo así como Dídac Trebujena, Oriol Écija o Valentí Matalascañas. Empiezo mal, con una mención ad hominem (o, como diría Carmen Calvo, ad nominem). ¡Pero así funciono!

Los militantes del PSOE (más los votantes que le quedan, con El País y la Ser) se resisten a darse cuenta de una cosa: de que su partido es ya un partido plenamente antisocialdemócrata; de hecho, la gran amenaza para la socialdemocracia en este país. Si no su matarife: un matarife con la labor cumplida. Así que manifiestos como el de Jordi Sevilla llegan tarde: son tristemente póstumos. Un estertor entrañable e inútil. Los socialdemócratas de verdad, no militantes y por ello aún socialdemócratas, solo aguardamos el hundimiento del PSOE: ese partido que ya únicamente podría ser mejorado mediante su pasokización.

Jordi Sevilla ha tenido que recordárselo a esa peña: Socialdemocracia 21 es la bandera de uno del PSOE contra el PSOE de Pedro Sánchez, que es todo el PSOE. Uno de los errores del manifiesto, además de pedirle socialdemocracia al PSOE como el que le pide peras al olmo, es decir que tras ese impulso hay "una mayoría ciudadana". No, Jordi, no. De mayoría, nanai de la China. Sois habas contadas. Con un solo dedo además, el tuyo. Dedo sobre el que pende, como cuchillo de Damocles, la amenaza yakuza de Sánchez. Te podría conceder algunos dedos más: sin que alcancen para rebasar una mano y todos yakuzables.

Lo que ha hecho el PSOE estos años es sordidísimo. Yo, que (¡como socialdemócrata antisanchista!) no votaré al PP justamente por sus pactos con Vox y me refugiaré en el voto en blanco, me siento autorizado para proclamar que el PSOE ha hecho sus pactos (y en parte sus Gobernos) con los únicos que son aún peores que Vox: populistas y nacionalistas (independentistas todos ya, sin excluir golpistas y proetarras). Los repulsivos pactos del PP están y estarán más que legitimados: ¡se los ha legitimado el PSOE con sus aún más repulsivos pactos!

Hay una canción brasileña tristísima y bellísima: O bloco de eu sozinho [El bloque de yo solito], en que un individuo (que existió) integra en solitario una agrupación de carnaval. Así que el manifiesto de Jordi Sevilla ha sido el Manifiesto de yo solito. Desde que empecé a leer la prensa de adolescente, me aficioné a los manifiestos y a curiosear entre los "abajofirmantes". Este ha sido el primero que me he encontrado sin abajofirmantes, o con apenas un abajofirmante. Del Yo acuso inagural de Zola hemos venido a dar en este en que Jordi Sevilla podría haber prescindido de su disruptivo nombre para firmar como Zolo.

Y así llegamos a lo único para lo que ha valido el manifiesto, una utilidad no constructiva sino destructiva, de pura denuncia. No tanto por lo que dice como por lo que ha pasado con él. La ausencia de adhesiones lo dice todo del partido que es hoy el PSOE: un partido entre unánime y de terror, con una disidencia escasa y asustada. También, si bien se mira, el PSOE es el bloque de otro yo solito: Sánchez, acariciado por miles de dedos en miles de manos dispuestas a aplaudir. El PSOE se dice socialdemócrata, pero es tan manifiestamente antisocialdemócrata que nadie se atreve a firmar un manifiesto por la socialdemocracia. 

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11.1.26

Gazpacho no, horchata sí

[Montanoscopia]  
 
1. El lenguaje es maravilloso. Ahora nos hemos enamorado de la palabra "extracción". La extracción de Maduro. Como la extracción del petróleo. (O su sustracción.) Quién no quiere, para acabar con el tirano, que baje un Deus ex machina y se lo lleve, como ha ocurrido en Venezuela. Lo hubiéramos querido en España con Franco. Solo que Trump es un Deus que no está en sus cabales. Se parece más bien al "genio maligno" de Descartes, dispuesto a volvernos locos.  
 
2. El asesinato policial de la mujer de Mineápolis, propiciado por el trumpismo y aplaudido o excusado por el trumpismo, prueba que Trump es el Maduro de Estados Unidos. Es un presidente bananero del otrora país de la libertad. Está empequeñeciendo "América" hasta la irrisión. 
 
3. El inconfundible aroma de la libertad es el que se da en Irán estos días con las mujeres alegres quemando sus velos y quemando, como desafiantes actrices bellísimas, las fotos de los clérigos feísimos: se los fuman fastuosamente. ¡Las persas! Mujeres alegres y trágicas: también mueren, junto con los hombres rebeldes, a manos de las fuerzas represivas de los ayatolas. ¿Y con quién está nuestra izquierda mamarracha? ¡Con los clérigos asesinos! Igual que estaba con el asesino Maduro.  
 
4. Es la misma izquierda que ve en Rufián a su próximo líder: el Rufián de la destrucción de la igualdad en España, por medio de la "ordinalidad" fiscal que ha firmado su conmilitón Junqueras con Sánchez. Sánchez: el sujeto que ha convertido al PSOE en un partido antisocialdemócrata. Y el PSOE encantado.  
 
5. Mi lectura definitiva de 2025 ha sido la biografía Jorge Luis Borges. Un destino literario, de Lucas Adur (Cátedra). Y no lo ha sido además Pessoa. Una biografía, de Richard Zenith (Acantilado), traducida por nuestro Vidal-Folch en su ya míticas jornadas (¡maratonianas!) en chándal, porque aún no la he leído. Espero hacerlo este 2026. El Borges de Adur es riguroso académicamente (el autor es profesor en la Universidad de Buenos Aires) y además es una lectura estupenda, por la escritura, por la disposición de los materiales y por las reflexiones sobre la vida y la literatura de Borges. Lo mejor es tal vez asistir a cómo Borges se construye a sí mismo: él, su figura, es otra de sus obras. En cuanto a la política, es admirable la integridad de Borges: se pronunció y expuso siempre, arriesgándose, sobre todo contra el pringoso peronismo. Pero, ay, esta fidelidad antiperonista le jugó una mala pasada: no supo distinguir la vileza de la dictadura que lo derrocó, inercia que le llevó asimismo a aprobar al infecto Pinochet. Luego, cuando fue consciente de los crímenes y las torturas, se espantó y rectificó, pero ya era tarde. Aunque en el fondo del fondo se podría decir de Borges lo que Borges dijo de Verlaine: era "inocente como los pájaros".  
6. A veces no me creo que durante media hora yo fuera estricto contemporáneo de Borges. El Loco de la Colina lo entrevistó en directo en septiembre de 1984 y yo estaba, envuelto en la noche, con el transistor encendido, como todas las noches. En la entrevista Borges cita la definición de la noche que dio Chesterton: "una nube mayor que el mundo". Cuando Quintero le pregunta por algo que no le guste de España, dice Borges: "probé con escasa fortuna el gazpacho". Pero a continuación afirma que le gusta la horchata: "gazpacho no, horchata sí". Borges estaba en Sevilla. Al día siguiente apareció su foto con Torrente Ballester y la Giralda, en El País. Se me ha ocurrido buscar el audio de la entrevista y aquí está
 
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9.1.26

Fases del 'revival' católico (y el incomprendido Dios)

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:11

Buenas noches. Con la aceleración de nuestro tiempo, el revival católico al que asistimos ha atravesado a velocidad supersónica todos los periodos de la Historia del Arte. Por remontarnos al trazo originario, el de la Grecia antigua, primero estuvo la fase arcaica, después la clásica y finalmente la helenística o alejandrina, es decir, la de la disgregación autorreferencial y la decadencia. Aplicado al mencionado revival católico, podríamos asociar al periodo arcaico la restauración del Ecce homo de Borja, al periodo clásico la película Los domingos y el disco Lux de Rosalía, y al periodo helenístico la canción que nos propinó La Oreja de Van Gogh en Nochevieja, con ese "Yo creo en Dios" que parecía una estricta operación mercantil. Cómo no recordar el chiste de Billy Wilder contra un músico pésimo: "Tiene el oído de Van Gogh para la música" (en inglés ear es tanto oído como oreja). Pero hay algo que me ha impresionado del periodo arcaico, que suele ser el más recio, el más profundo. Estas Navidades murió Cecilia Giménez, la "restauradora" del Ecce homo de la que tanto nos reímos, y Ricardo hizo en El Mundo una viñeta genial, de gran calado teológico. Cuando ella llega al Cielo, San Pedro le dice: "Querida Cecilia, te presento a Jesucristo". ¡Y este tiene la cara de su Ecce homo! Recordé los versos de Borges en su poema Cristo en la cruz: "El rostro no es el rostro de las láminas. / Es áspero y judío". Y conjeturé borgianamente que ella lo hubiese visto de verdad y, contradiciendo a la tradición, y al propio fresco que restauraba, lo plasmó exactamente así. Como los profetas bíblicos, o la profetisa Casandra, se expuso al oprobio de sus contemporáneos, a sus burlas, a su falta de fe. Pero el suyo era el incomprendido Dios.

8.1.26

El pasivista

He aquí otra vez el tiempo de los asesinos. Y de los canallas. El repliegue es impepinable. Me hacen gracia los autodenominados activistas, ufanos granitos (¡gallitos!) en el vendaval de la historia. Serán aplastados igualmente en el mejor de los casos; en el peor, se contarán entre los aplastadores. Yo soy o aspiro a ser, por el contrario, un pasivista. Que la historia la hagan otros; contra mí, evidentemente: ¡soy de los que se resignan a padecerla! André Breton pintó la situación con un verso memorable: "La historia cae fuera, como la nieve". Ese es nuestro desprecio. Supongo que hasta que la policía dé la patada en nuestra puerta.

Mi único hacer (es un hacer, después de todo) es la escritura. Aquí hay que concentrarlo todo, la dinamita incluso. Nietzsche escribió, en un aforismo en el que está Cioran entero: "Procurarse las ventajas de un difunto – nadie se preocupa ya de nosotros, ni en favor ni en contra. Imaginarse separado de la humanidad, desaprender los deseos de todo género: ¡y aplicar a la contemplación todo el exceso de fuerza! ¡Ser el espectador invisible!". El espectador que escribe, eso sí. De nuevo mi archicitado Ricardo Reis, el pessoano estoico-epicúreo: "Sabio el que se contenta con el espectáculo del mundo". Saramago pretendió cuestionarlo en El año de la muerte de Ricardo Reis, pero le salió (por eso era un buen novelista) el retrato de un aristócrata del espíritu. Que dio en la cárcel también, naturalmente.

Cuando leí 1914, el libro en que Margaret MacMillan analizaba los hilos que desembocarían en la Primera Guerra Mundial, me espantó la calaña de los gobernantes mundiales del momento. Entonces me formulé: "¡Parecen nuestros presidentes autonómicos!". Hoy me bastaría decir: "¡Parecen nuestros políticos nacionales!". Con semejante casting lo raro era que la guerra no hubiese estallado antes. Luego vino la Segunda Guerra Mundial, y fue estrictamente su catástrofe, como una onda expansiva, la que civilizó más o menos el mundo. Ahí hemos vivido y seguimos viviendo, con la onda expansiva ya notablemente debilitada. No se va a llegar ni al siglo de la última gran guerra para que se haya desaprendido su lección.

Los enternecedores activistas están ahora haciendo malabarismos verbales con la realpolitik. Se lo regalan todo a los poderosos, desgraciados como son también (los activistas). Su irrelevancia la ponen al servicio (¡con qué ardor en Twitter y en las sobremesas!) de los patanes que mandan. Tratan de desentrañarles razones a los miserables, de convertir en Churchill a Trump. O a Sánchez mismamente. Los reyes y presidentes van más en pelotas que nunca, pero nunca hubo tantos cubriendo sus cuerpos con tejidos de ficción. Algunos, más finos, nos obligan a decidir: hay que optar por males menores o pasar la mano sobre realidades que nos asquean. Pero algunos somos del "no es no" real; es decir, somos capaces de habitar en la frontera misma del conflicto, donde se ve lo malo de aquí y de allá (no a Maduro, pero con derecho internacional; no a Sánchez, pero tampoco a Feijóo con Vox) y no hay descanso en sofá mental posible.

La acción, terrible cosa. Recuerdo que con veinte años anoté en mi ejemplar de Macbeth (estaba influidísimo por El aciago demiurgo): "Toda acción es demoniaca". El que actúa es siempre un aprendiz de brujo. No se sabe lo que puede salir de ahí. A mí, con solo escribir, también me puede pasar de todo. Pero la página es mi único campo de acción, mi único campo de batalla. En lo demás soy (no niego que con orgullo y arrogancia; una arrogancia cansada, sin ilusión) el pasivista.

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4.1.26

El delfín de año nuevo

[Montanoscopia] 

1. El 1 de enero un delfín gigante quedó varado en una playa malagueña, la de Puerto Marina. En vez de atacar al "monstruo", como quizá habrían hecho antiguamente, los vecinos lo ayudaron a volver al mar. Emplearon tres horas en ello. Buen augurio para el nuevo año. He recordado que Antonio Machado contaba en el Juan de Mairena algo que les ocurrió a sus padres: se encontraron cuando acudieron, con la muchedumbre, a asomarse al Guadalquivir para ver unos delfines que habían remontado el río hasta la Torre del Oro. "Fue una tarde de sol", concluye Mairena/Machado, "que yo he creído o he soñado recordar alguna vez". 

2. Mi año comenzó con la preparación de mi agenda y mi cuaderno, a la música de un disco: Secrets, de Herbie Hancock, en el que mi favorito es un tema de estupendo rollo, "Gentle thoughts". Hace mucho que paso de los valses vieneses y los saltos de esquí, ese reverso supuestamente prestigioso de las sórdidas campanadas, a las que sin embargo sí asisto por no montar el numerito familiar: trago con las uvas. En algún momento de la mañana inaugural abrí la prensa aterrorizado por las primeras bofetadas efectivas de 2026. Y ahí estaban las "decenas de muertos" en el incendio de la fiesta de Nochevieja en Suiza. El fuego lo desataron, parece, botellas de champán con bengalas. 

3. Los totalitarios de Izquierda Unida, con el bienintencionado Maíllo a la cabeza, celebran el 67 aniversario de la dictadura cubana. A la que no llaman así: asumirlo les impediría dar lecciones, como hacen en España todo el santo día, de democracia. Y el día 3, la caída del dictador Maduro en Venezuela por el ataque de Trump. Noticia buena y noticia mala al mismo tiempo. Por lo primero y por lo segundo, respectivamente. Así somos los complicaditos procedimentalistas. Pero, claro, con nosotros nunca se hará nada: ¡lo asumimos con deportividad! Aunque me alegro por la alegría de los amigos venezolanos en el exilio. 

4. Fenomenal respuesta, exquisitamente razonada, de Manuel Toscano en Letras Libres a los apretaos del voxismo que abogan por un catolicismo incompatible con el liberalismo. Toscano no se ocupa de la religión ("doctores tiene la Iglesia"), sino de perfilar el liberalismo, deshaciendo malentendidos. Me ha impresionado esta caracterización exacta del constitucionalismo liberal: "la separación de poderes, la independencia judicial, el Estado de derecho, el parlamentarismo, las libertades individuales, los derechos de las minorías y el pluralismo". Me ha impresionado porque, de esos siete puntos, cinco los incumple, los adultera o los tensiona Sánchez. Ese Sánchez del que no se bajan las cheerleaders del sanchismo, que llevan semanas ocupándose solo de política internacional: ¡Trump! Con la de puntos que el patán estadounidense comparte con su idolatrado... 

5. Sabía que Venecia. Un asedio en espiral de Ignacio Jáuregui (Athenaica) iba a ser bueno, pero resulta que es aún mejor. Imponente libro, escrito con la precisión, la ductilidad y la belleza de un poseedor de oído absoluto para la prosa. Pensaba dejármelo para cuando fuese a Venecia, en la que nunca he estado, pero lo empecé y de pronto estuve en Venecia y no la quise dejar: Jáuregui la recrea y nos la pone delante en sus páginas (que incluyen fotos). Ayudan las palabras italianas de lugares y otros elementos, tan estimulantes, pero sobre todo su narración apasionada. Es la obra de una vida y se nota, y lo transmite. No sé cuándo iré a Venecia de una vez, pero ya sé que lo primero que pondré en mi equipaje será Venecia. Un asedio en espiral, para leerlo de nuevo allí. 

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