13.9.26

Bob Dylan no es un suave cantante brasileño

[Montanoscopia]  
 
1. Carlos Mármol, que debe de escribir en chándal como su maestro Ignacio Vidal-Folch (de otro modo no se explican los maratones de escritura que se mete, de alto nivel además), combina su devoción sevillana con su devoción dylaniana. Es el tercer gran dylaniano que conozco, junto con Manuel Arias Maldonado y Eduardo Jordá. Este acaba de publicar Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Asteroide), al que Mármol le ha dedicado uno de sus estupendos artículos en The Objective. Su perspectiva es la del entendido en Dylan. La mía es la del ignorante en Dylan, que incluso ha jugado al antidylanismo: ¿cuántas veces no me habré metido con la "armónica ortopédica" de Bob? La lectura de Número cero me ha rescatado para la causa. Por el momento he dejado de ser antidylaniano. Espero ir dando pasitos hasta convertirme, si no en dylaniano, al menos en oyente de Dylan: el libro de Jordá es un excelente primer escalón. En realidad, es más que "un Dylan para principiantes", como dice Mármol: es un libro, breve pero completo, sobre el misterio y el poder del arte (de la música, de la poesía), que se sirve del artista como médium para rebasarlo y expandirlo. Jordá cita a Arthur Rimbaud: "Yo es otro". Y a John Keats sobre el poeta camaleón: "El poeta no es nada en sí mismo: no tiene yo, es el todo y la nada, no tiene carácter, goza de la luz y la oscuridad".  
 
2. Mi trayectoria como oyente de música es muy fácil de resumir. Tras una prehistoria ominosa en que me gustaban algunos hits discotequeros más Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y hasta José Luis Perales, los ochenta me los pasé con la música clásica y la música de la Movida, española y extranjera. En 1989 me aficioné a la música brasileña y de esa burbuja no he salido desde entonces; únicamente incorporé, por influjo de mi amigo Miguel Gómez Losada, la música negra anglosajona, el funk, el jazz. Mi percepción de Bob Dylan ha sido a través de la música brasileña. Esas palabras de Dylan que cita Caetano Veloso al final de O estrangeiro: "Some may like a soft Brazilian singer, but I've given up all atempts at perfection" [Puede que a algunos les guste un suave cantante brasileño, pero yo he renunciado a todo intento de perfección]. O el chiste de Gilberto Gil en De Bob Dylan a Bob Marley, um samba provocação: "Quando Bob Dylan se tornou cristão / fez um disco de reggae por compensação / Abandonava o povo de Israel / e a ele retornava pela contramão" [Cuando Bob Dylan se volvió cristiano / hizo un disco de reggae en compensación / Abandonaba el pueblo de Israel / y a él retornaba a contramano]. Y versiones como la de Jokerman, de Veloso, o O homem que deu nome a todos animais, de Adriana Partimpim (heterónimo infantil de Calcanhotto). [Mi amigo Víctor Úbeda me indica otra: Negro amor, de Gal Costa.]
 
3. Hace veinte años estuve en el estreno en el Festival de Málaga de Las huellas de Dylan, de Fernando Merinero. Este pretendía hacer un documental sobre la gira de Bob Dylan por España de 2004, pero no le dejaron pasar con la cámara y decidió grabar en la entrada a los dylanianos que iban siguiendo a su ídolo. Añadía testimonios en estudio de distinguidos fans. Uno de ellos, Benjamín Prado, leía el poema que le dedicó. A la salida le dije a Merinero que me había gustado tanto el documental que hasta me había encantado el poema de Prado, cuya poesía no aprecio. Merinero: "Bah, no me hables. Quedaba demasiado largo y lo tuvimos que recortar en montaje". 
 
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10.9.26

El último baño de todos los años

He sido azote vacacional de Espada y Sánchez, pero al final yo la he tenido más larga. Me refiero a la vacación. La he metido pimpantemente en septiembre, hasta su segunda semana, en que me doy el último baño: el último baño de todos los años, con su poética singular. La sombrilla plantada, la sillita a su sombra y la sensación de que se termina hasta el verano que viene. Una fruición de crepúsculo. Pero también el airecillo inauguralista del curso nuevo. El curso: ese año encabalgado entre dos años que llevamos inscrito en el cuerpo desde infantes. Ahora es cuando empiezan de verdad las cosas.
 
La playa despejada, algo lenta, como para morir con elegancia de muerte natural; los turistas de septiembre parece que vienen de otra civilización (mejor dicho: de alguna civilización). En las noticias, Ceuta sin su verano y todo apunta a que sin su otoño; el escándalo impostado ante el ascenso de la ultraderecha alemana en quienes aquí vienen llamando "nazi" a cualquiera que les chiste; la lista de periodistas buenos y malos del ministro del Interior, ese Marlaska que es a Fouché lo que el bombero torero a Morante; el informe torcido de PISA, que nos muestra la continuidad entre el pueblo y sus dirigentes, con el pegamento de la ignorancia. Pero tengo ante mí el Mediterráneo, que todo lo relativiza. Me he puesto además Wave, disco de Antonio Carlos Jobim.
 
Y tengo mis libros, para cobijarme entre las ruinas de la inteligencia española. Me he traído el póstumo de Javier Marías, Aquí me paro, amorosa recolección de textos desperdigados (algunos por el extranjero) que está ya en el pódium de sus mejores libros de artículos, junto a Pasiones pasadas y Vidas escritas. ¡Delicia absoluta! El Marías ocasional, o en todo caso mensual, era superior al semanal. El aniversario de su muerte (otro 11-S) me pillará con él vivo entre las manos. Después volveré al Zen (budismo/taoísmo): El camino del Tao, de Alan Watts; El libro de la perfecta vacuidad, de Lie Zi; y Fundamentos de la vía media. El camino budista del vacío, de Nāgārjuna (en la edición de Juan Arnau).
 
Hablando de muertes, esta temporada se ha producido la mía radiofónica. Soy un muerto radiofónico y pienso extraer de esta condición todas sus ventajas. La primerísima, la ganancia en tiempo: puesto que no tendré que estar al tanto de ningún programa, me quitaré de la radio en general y de las tertulias en particular. Espero que se produzca en mí un efecto balneario (muy conveniente para un muerto). La actualidad la obtendré solo de los periódicos. Quitarle el volumen, aniquilar el sonido que emiten las jetas (las de los políticos y las de sus comentaristas) mejorará impepinablemente (¡mucho se tiene que torcer la cosa para que no sea así!) mi calidad de vida (algo también indispensable para un muerto).
 
Y al fin el último baño. Hace nada (la vacación ha sido larga, pero ha durado un parpadeo) escribí del renacimiento en la ingravidez la primera vez que flotamos en el mar cada verano. Pero llega la última, que simboliza la vuelta a la gravedad. El agua está perfecta, refrescante y tranquila, con olas precisas que marcan el ritmo ineludible sin atosigar, como el balanceo maternal de la cuna. El sol lo tamiza una ligerísima neblina que marca una línea de luz en el horizonte, al inicio del cielo. Me demoro lo que puedo pero llega el momento de salir. Uno siempre es un tritón cuando lo hace. Un tritón torpe, triste, pero agradecido. Atrás queda el verano y por delante la batalla.
 
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6.9.26

Crujirlos a collejas

[Montanoscopia]  
 
1. Cuando vi a Sánchez relajado en el masaje radiofónico de Susurritos Bretos en la SER, a los diputados dejando arena y restillos de crema solar en sus escaños (¡todos y todas, en especial el oprimido Rufián, con bronceados julioiglesiescos!) y a Muñoz Molina contándonos su eclipse atrasado ya metidos en septiempre (¡jomacho!), comprendí que quienes hemos estado gloriosamente de vacaciones hemos sido los españoles. De vacaciones de ellos. (Aunque por desgracia –¡nadie es perfecto!– no de nosotros.) 
 
2. Arcadi Espada resiste (me imagino que hasta hoy domingo, escribo antes) como último sujeto vacacional español. Le ha echado un pulso agosteño a Sánchez y lo ha machacado. Como fan de Espada (me diría discípulo, si esto no menoscabara al maestro) llevo mucho sosteniendo que sus vacaciones son el primer escándalo de la prensa nacional. Se dice que leer el periódico acompaña nuestra vida cotidiana, pero no: la funda. Sin periódico no hay vida cotidiana. Y el periódico que tiene a Espada y deja de tener periódicamente a Espada destruye la vida cotidiana de sus lectores. (Un periódico sin periodicidad, o sea.)  
3. Ese periódico, por cierto, El Mundo, ha sufrido el timo de la estampita con su cambio de Trapiello (que se va a ABC/Vocento) por Pérez-Reverte. Ha sido cambiar a un prosista por otra cosa. Otra cosa que encima anda de capa caída desde el boinazo que le propinó el niño Uclés.  
 
4. En cuanto al niño Uclés, tan antidictatorial en apariencia y tan lloriqueante por el asesinato de Lorca, corrió a abrazarse a su paso por España con el esbirro de dictadores Silvio Rodríguez, cantor de Castro, asesino de poetas (o aniquilador moral de ellos, como hizo con Heberto Padilla). Como suele decirse, no es el qué, sino el quién. El niño Uclés no está contra las dictaduras, sino solo contra las dictaduras que no sean de su cuerda ideológica. Y no está contra el asesinato o la aniquilación moral de poetas, sino solo los de aquellos que le den puntos para su carnet por puntos partidista. Por lo demás, ¿qué se podía esperar de alguien que toca el acordeón? 
 
5. Vox y su colección de niñatos fascistas arruinaron las manifestaciones civilizadas en apoyo de Ceuta. Fueron minoritarios, pero abastecieron lo suficiente de imágenes a los cronistas del Nodo gubernamental. El Nodo siempre se ha abastecido de fascismo: en tiempos de Franco, a favor; en tiempos de Sánchez, en contra. En contra nominalmente, claro, que en la práctica el cuento viene a ser el mismo. La fortuna de Ceuta ha sido tener a Vivas, ese hombrecillo cívico que remite, como apuntó Arias Maldonado, a ciertos héroes de las películas de John Ford, por su frágil firmeza, que es la de la democracia. Los voxistas y los oficialistas hablan pomposamente de "España" (caricaturizándola en direcciones supuestamente opuestas). La España real es la de la vida real de los ceutíes que defiende Vivas, y que ha de estar protegida por la ley y el orden democráticos. ¡Viva Vivas! 
 
6. Los cronistas del Nodo sanchista, a propósito, se pasan el día proclamando su lucha contra la desinformación y los bulos. Puesto que se cuentan (¡y de qué modo!) entre los mayores desinformadores y emisores de bulos, lo que pretenden claramente es erigirse en una posición de privilegio para blindar sus propias desinformaciones, sus propios bulos.  
 
7. El ministro Arcadi España (¡no confundir con el vacacional Espada!) usa a Rawls y el intelectual orgánico Innerarity usa a Habermas, ambos en apoyo del Gobierno. ¡Gubernamentales con lecturitas! Ah, si Rawls y Habermas irrumpiesen, como McLuhan en Annie Hall, a crujirlos a collejas. 
 
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3.9.26

Así he hecho mi agosto

De todos mis agostos, este es el único en que he logrado lo que me había propuesto: ¡trabajar! Mi problema con los anteriores es que me proponía lo mismo, pero me los pasaba leyendo. Cuando digo trabajar quiero decir escribir. Es curioso, pero los dos polos de la literatura, escribir y leer, son en realidad opuestos: uno esforzado, otro relajado. Por eso se tiende al segundo. Ya lo advirtió Karl Kraus: "El escritor que se dedica a leer es como el camarero que se dedica a comer".
 
Para controlar la tendencia (divinamente) ociosa escogí solo tres libros que cronogramé para leerlos a sorbitos y que me durasen el mes entero, sin desmandarse. Solo en los últimos días, como me había portado bien, me permití dos lecturitas más, que resultaron deliciosas. Daré los cinco títulos dentro de dos párrafos.
 
Antes va el párrafo sobre la escritura. Colapsé en mi librito sobre Thomas Bernhard, que mis resignados lectores (¡divinamente ociosos!) conocen, por una razón elemental: en vez de actuar como (el productivo) Bernhard actué como un (improductivo) personaje de Bernhard. Hablé con mi editor de Athenaica para que lo dejáramos para la primavera del año que viene y descansé de mi proyecto con otro proyecto: la edición del segundo tomo de mi diario, Oficio pasajero 2, correspondiente a 2000-2002, que publicará Sr. Scott en noviembre. Este ha sido mi trabajo de agosto, un trabajo intenso de jardinero inglés (¡o japonés!): hacer que el bosquecillo sea un jardín sin dejar de parecer (¡y ser en el fondo!) bosquecillo. Un trabajo en buena medida de poda. Un trabajo intenso y satisfactorio, al que he dedicado muchísimas horas (todas con ventilador).
 
Las tres lecturas que me han acompañado cada jornada han sido: El camino del Zen, de Alan Watts; Trastorno, de Bernhard (otra relectura, y la más gozosa); y Jorge Luis Borges, de Fernando Savater (el mismo libro que se reeditó tiempo después como Borges: la ironía metafísica). Las dos lecturas extra: la novela Los antropólogos, de la autora de origen turco Ayşegül Savaş (recomendada por mi amiga Mandarina; antropología de la vida cotidiana extranjerizante), y Gente a cenar, nuevos artículos de la infalible Nora Ephron. El de Watts es extraordinario: erudito sobre el Zen y práctico; radical en lo relativo al "despertar directo", con levedad taoísta. El de Savater no se lo pierdan: resulta que es uno de sus mejores libros, ligero, hondo, chispeante, ¡una maravilla! Savater y Borges: combinación encantadora de dos escritores con encanto.
 
Mi estado anímico ha sido de aislamiento y misantropía, reconozco que con fruición feliz. En todo el mes solo he tenido tres cenas con amigos y dos días de playa con una amiga (¡una ex!). El resto, aplicado trabajo en casa durante todo el día y paseo con la fresca. Para fomentar el carácter meditativo de estos paseos (y para poder recurrir ahora a la hipálage) me compré una caja de meditativos puritos, que, de la brasa a la ceniza, se han ido deshaciendo en humo como agosto.
 
En cuanto a la rentrée, en la que ya hemos reentrado, me han coincidido dos noes: uno que yo he propinado y otro que me han propinado. Este último ha sido una enseñanza en la dirección correcta: la de la humidad. Siempre es una cura lo que te baja del pedestalito; también lo que te muestra tu irrelevancia, lección fatalmente metafísica. Con el otro he atajado el primer hilo que intentaba apresarme para arruinarme el otoño y no se sabe cuántas estaciones. Pero ambos noes, el no querido y el querido, tienen la misma consecuencia prometedora: ¡más tiempo para mí!
 
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30.8.26

Otra crisis resuelta por Sánchez

[Montanoscopia]  
 
1. El ministro The Puentete escribió el 1 de agosto a las 13:02h, apenas un día después del comienzo de la crisis migratoria y humanitaria de Ceuta, este tuit pelota: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Un mes después, la crisis resuelta por Sánchez es más crisis y está menos resuelta que nunca. Lo que no impide que siga ufanamente peloteando el ministrete.  
 
2. "Vergüenza, vergüenza, vergüenza", tuitea el campanudo Del Molino ante una foto de la quema de chabolas de inmigrantes en la playa del Trampolín. Es efectivamente vergonzoso. Son repugnantes estos episodios de revancha popular, estén o no organizados (sean o no realmente populares). Solo que da grima la selección de momentos de nuestro cabreado de guardia; selección que ha de cumplir dos funciones: una, permitirle un exhibicionismo moral puro, exento de problemas; y dos, cuidar que la cosa ni roce a Sánchez. En el artículo que escribió tres días antes sobre Ceuta, Sánchez ni aparecía. Sí una critiquilla al Gobierno, aunque contrarrestada con otra a la oposición. Este equilibrismo, por otra parte, propicia que su cabreo sea más furibundo cuando por fin se produce: ya que en ese único cabreo selecto carga todas las veces en que no se cabreó, cebándolo así de magatones. Un pillo de los cabreos el amigo, en resumidas cuentas.  
 
3. No se puede decir que el Gobierno no cuide a sus gubernamentales. No es un Gobierno previsor, pero sí provisor: justo para sus gubernamentales. Ha ido conduciendo el asunto de Ceuta de tal modo que hoy es una perita en dulce para los antifascistas. Estos, que han venido consintiéndolo todo desde el primer día, se encuentran ya con la situación podrida cuya culminación es la quema de chabolas. Solo tienen que cosechar lo sembrado: ha llegado el momento de alzarse –limpiamente, sin genealogía, sin contexto– contra el fascismo
 
4. Ha sido como un experimento politológico. Aunque nuestros politólogos no se prestan a emplear sus herramientas científicas para ocuparse de ello, no vaya a salir perjudicado el PSOE. Las siguen afilando para cuando llegue el PP. Ahí también vamos a asistir a la explosión de todos los megatones que se ha venido guardando nuestra Politología. El experimento: cómo la dejación del Estado propicia que la violencia la ejerzan otros. Uno se sube por las paredes; pero claro, uno no es politólogo. (Ni cabreado de guardia, porque uno se sube por las paredes siempre, no en momentos escogidos.) 
 
5. Cometo el error de poner la tele y está Joan Tardà, de ERC. Dice que la retórica marroquí es simplemente igual que la retórica española. No, querido: es simplemente igual que la retórica catalanista. En todo caso, que la española de Vox: que es la vuestra.  
 
6. Otra que tal baila, María Chivite, la presidenta navarra del PSOE, se presenta como "persona educada en valores humanos y cristianos" para reprobar la obstaculización de la ayuda humanitaria a los inmigrantes en Ceuta que cometieron algunos. Yo también la repruebo. Aunque, a diferencia de Chivite, no tuve que hacer malabarismos para que esos mismos "valores humanos y cristianos" se me eclipsaran para poder pactar con los herederos de ETA. 
 
7. Caída de Pogačar en la Vuelta a España y retirada. Solo ha podido con él un tropiezo tonto en el pelotón. Esta pausa ha de servir para valorar su concepción del ciclismo como un juego, por eso ataca y no se cansa de ganar. Es un ciclista nietzscheano, del Nietzsche alegre de la última transformación, la del niño. También, cuando ayuda a otros, se ejercita en aquello precioso del Zaratustra: "La virtud que hace regalos". 
 
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27.8.26

La legislatura del ministrete

Ahora que el ministro The Puentete se ha postulado como la Isabelita de Sánchez, que es el paso lógico para que culmine de un modo aún más grotesco el régimen de nuestro Perón vacacional, podemos contemplar la presente legislatura como una pescadilla que se muerde la cola; siendo la cola el ministrete.
 
Qué tándem el de Sánchez y Puente. Sánchez habló de un muro y Puente es su primer adoquín: el adoquín maestro, su piedra angular. Para la izquierda de los sesenta, debajo de los adoquines estaba la playa. Para la izquierda sanchista, debajo de la playa está el adoquín Puente, para cortar todos los puentes y edificar un muro antiplayero. Curiosamente, este muro es el trampolín de Sánchez para saltar a su playa particular, antiweberiana a tope, huidiza de la ética de la responsabilidad: me voy a la playa et pereat mundus (o si no el mundo, España por lo menos, empezando por Ceuta; bueno, con Cataluña y el País Vasco).
 
Este Gobierno, que se forjó gracias a la alianza del PSOE con los populistas de extrema izquierda, los herederos de ETA y los golpistas del catalanismo, indultos y amnistía mediante, necesitaba un cazurro como Puente, un Oscargután como lo ha llamado divertidísimamente Losantos (insultando, eso sí, a los nobles y simpáticos orangutanes), un monstruo de Frankenstein que encarnara unipersonalmente a la "coalición Frankenstein" (denominación de un socialista: Rubalcaba).
 
Desde la réplica a Feijóo en la sesión de investidura (recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Sánchez no le respondió al candidato del PP, que había ganado las elecciones, sino que le mandó con filibusterismo goebbelsiano al dóberman Puente; que cumplió obedientemente y fue nombrado ministro) hasta sus ataques al columnista Gascón, la legislatura del ministrete, que no es solo del ministrete, sino también de Sánchez y todo el PSOE, es el espectáculo político más repugnante que se ha vivido en España desde el franquismo; que enlaza directísimamente con todos los episodios políticos repugnantes que han sido frecuentes en la Historia de España.
 
Se ha hablado a veces del retrato de Dorian Gray en aplicación a Sánchez. En realidad, la podredumbre ya se ha desgajado del cuadro y es Puente. Van ahí los dos, un retrato de Dorian Gray simultáneo como aquellos trípticos expresionistas del pintor Francis Bacon, solo que aquí en díptico. Sánchez y Puente son como el Doctor Jekyll y Míster Hyde, pero sin bebedizo interpuesto que haga pasar de uno a otro, sino ambos a la vez. Puente vendría a ser la sombra de Sánchez. Una sombra psicoanalítica: funciona como almacén subconsciente de todas las pulsiones chungas que Sánchez trata de disimular.
 
Luis Antonio de Villena dedicó en su día un poema, Niñas feas, a un aristócrata inglés del XVIII que se hacía acompañar de una mujer espantosa para que su propia belleza resaltase: "Lo ejerció ya Lord Bolingbroke (un dandy) / paseándose del brazo de una naranjera horrenda. / [...] / ¿Significado. Para mí fue siempre incomprensible. / Pero se me ocurre ahora una clave al gesto. / Lo blanco brilla aún más junto a lo negro". El presidente que le paga a un nick de Twitter, Mr. Handsome, para que le diga lo guapo que es no podía dejar de juntarse con un feo para que se evidenciara el mismo mensaje.
 
Pero ese feo que lo acompaña exhibe, ya digo, lo que anida en su guapura. Ahí lo tiene puesto Sánchez, y ahí lo deja con sus deyecciones (útiles, por otro lado, como maniobras de distracción). Cuando The Puentete sea presidente, el sanchismo habrá alcanzado su plenitud: ya sin la máscara maquillada de Sánchez, sino con la jeta abrupta del ministrete.
 
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23.8.26

La confesión del hijo tonto

[Montanoscopia]  
 
1. El País debe cuidar como oro en paño a Daniel Gascón: solo por él (y pocos más) no termina de ser exactamente el BOE. Lo que no impide que el Gobierno y su tropa de Villacastines (aquí estarían desde Papell al hintelectual orgánico Innerarity, pasando naturalmente por Rosa Villacastín) lo lean como el BOE y se enfaden cuando encuentran en sus páginas alguna crítica, como el artículo de Gascón sobre The Puentete: artículo que se apresuró a ejemplificar con su oscargutanismo el ministrete. Entre los Villacastines está Máximo Pradera. Su caso es particularmente divertido. La inteligencia analítica de Gascón recuerda a la de Javier Pradera. La lacia arremetida contra Gascón del hijo funciona aquí (¡deliciosa manifestación de la psicoanalítica "novela familiar"!) como confesión de lo que le atormenta: ser el hijo tonto. Algo que siempre ha tratado de conjurar con el humor. Lamentablemente sin gracia. 
 
2. Al pobre Federico García Lorca, el único verdadero poeta de la Generación del 27 junto a Luis Cernuda (los demás no pasaban de señoritos del verso; solo Miguel Hernández fue otro poeta de verdad, pero pertenecía a la generación siguiente), lo asesinaron los franquistas y lo mantienen embalsamado como asesinado, y como asesinado ideológico fatalmente dócil, adulterando al poeta, dificultando su lectura, los antifranquistas de profesión. El empaquetado que hacen con Lorca es en último extremo religioso y dulcifica el mundo: un mundo de buenos y malos. Desgraciadamente los buenos de ese mundo dulzón saben ser también malos. El relato del antifranquismo profesional se desmorona cuando se recuerda a sus propios asesinados. Por no salirnos del 27: el poeta José María Hinojosa. La integridad de Cernuda (siempre admirable) se volvió a manifestar aquí. En su Historial de un libro (que para mí está en el canon de la prosa en español), escribe: "José María Hinojosa, otro poeta malagueño cuya muerte terrible no se ha mencionado entre nosotros". La frase es de 1960. En el empaquetado ideológico de ahora va, por supuesto, la homosexualidad de Lorca. Pero tampoco aquí los buenos eran tan buenos. Hay que recordar una vez más que a Cernuda, inequívoco republicano, la censura estalinista le tachó en 1937 la estrofa explícitamente homosexual (tan propia de la valentía de Cernuda) de su poema-homenaje a Lorca; la que empieza: "Aquí la primavera luce ahora. / Mira los radiantes mancebos / Que vivo tanto amaste". Estas consideraciones no aminoran la vileza y la abyección del asesinato de Lorca. Pero previene contra quienes hoy lo exhiben con maniqueísmo: porque se autoungen con una especie de bondad que a estas alturas de la Historia ya sabemos que tampoco ha rehusado el crimen.  
 
3. Emoción una de estas tardes de agosto, cuando salgo a pasear con la fresca. Llevo en los auriculares las canciones del primer disco de Loulu Gilberto. Cuando nació en 2004, de lo que su habló fue de que su padre, João Gilberto, la había tenido con 73 años (con la periodista Cláudia Faissol). Y de pronto aquel bebé es una joven delicada, maravillosa, afinadísima, que prolonga la dispensación de belleza al mundo de su padre. Tres muestras: João, Avarandado (con Tom Veloso) y Qui nem giló. Dice la primera (de Arnaldo Antunes y Cézar Mendes): "Cuando una sola persona / en silencio se perfecciona / la multitud escucha el corazón / y se torna civilización".  
 
4. Juan Tamariz: estaban sus trucos y estaba su magia. Los trucos eran aquellos que, mediante la habilidad y el artificio, exhibían como real algo en apariencia irreal; lo que Tamariz, consumado técnico, ejecutaba magistralmente. La magia era el encanto de Tamariz, su gracia traviesa: a la vista de todos, radicalmente real. 
 
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20.8.26

La asexualización de las atletisas

Ahora no se puede sexualizar a las mujeres, aunque ellas se sexualicen a sí mismas más que nunca. Gloriosamente, he de añadir. Con excepciones religiosas e ideológicas, también pujantes por otro lado. Entre las últimas está la excepción de la excepción: las petardas ideológicas, hipersexualizadas con sus escotazos pero al mismo tiempo inquisitoriales con quienes los exaltan. No quieren ser sexualizadas, sino que se atienda a su discurso ideológico. Es decir, a su verdadera pornografía.
 
En el Tour de Francia femenino, que ha sido un evento extraordinario (más emocionante que el masculino), no pude dejar de fijarme en esos culos en sus culottes, ni en las uñas rojas que asomaban al término de los guantes, ni en las melenas rebasando los cascos, ni en lo guapa que estaban sudadas, ni en sus sonrisas tras el esfuerzo, ni en esos torsos ciclísticos en general planos (tan delicados como potentes); tampoco (¡el elefante en la habitación!) en la proyección de los roces pedaleantes, pura delicia duchampiana (¡Duchamp, que creó esas obras sutilmente perversas que son las "cuñas de castidad"!). Cuando subían el Mont Ventoux se imponía el dictum de Goethe: "El eterno femenino nos atrae hacia lo alto".
 
Después se ha celebrado el Campeonato de Europa de Atletismo, en cuyas retransmisiones televisivas se ha aplicado por primera vez la norma titulada Elevando el nivel: Pautas para una cobertura mediática respetuosa en el atletismo femenino. El listado de cosas que deben evitar los cámaras y los realizadores parece dictado por la Conferencia Episcopal, y en realidad es como una búsqueda calenturienta y viciosa de la mosca sicalíptica. Creo que era el director de cine José Luis Borau el que decía que para él un plano es un asunto moral; aquí está claro que no se permiten planos inmorales: de acuerdo con una moralidad muy mojigata (o sea, radicalmente inmoral). Otra clave está en la mención del "respeto": ¡como si las atletisas en la plenitud de su ejercicio físico no fueran respetabilísimas!
 
He estado liado con otras cosas y, a diferencia del Tour femenino, no he seguido el Campeonato. Solo una vez pinché y estaba el lanzamiento de martillo. Me gustan las mujeres del lanzamiento de martillo, como las del lanzamiento de jabalina y cualquier cosa que lancen; y también me gustan las del salto de longitud, de altura y con pértiga; y las gacelas de la pista: ¡me gusta toda la gama, de las grandes a las pequeñas, de las rudas a las estilizadas! ¡Me gustan las mujeres en toda su prodigiosa variedad! Pero esta vez el lanzamiento de martillo quedaba soso. En realidad, se invisibilizaba a la mujer en favor de su deporte. El martillo volaba sin mujer que lo lanzase. No dejaba de ser una depravación, pero ligada a la muerte y no a la vida. De la mente sana en cuerpo sano se ha pasado a la mente enferma sin el cuerpo.
 
En relación con estas cortapisas está el declive del topless: ¡luz de mi vida, fuego de mis entrañas! Desde mis diez años en que empezaron a poblar las playas, las tetas son mi genuina magdalena de Proust, que además responden a la descripción de la Recherche: "esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino". ¡Cuánto bien me hicieron! ¡Y ningún mal (salvo el deseo)! ¡Competidoras del sol, divinas tetas! Sus dueñas las exhibían con una naturalidad envidiable. Eran la felicidad para todos. Un triunfo absoluto de la vida. Pero, como decía Jünger, todo lo que atañe a la alegría de vivir parece hoy amenazado de confiscación.
 
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16.8.26

Un bidón para quemarnos a lo bonzo

[Montanoscopia]
 
1. Mi eclipse fue minimalista. Como anuncié, no salí a la calle. Me quedé en casa trabajando en mis escritos, con el balcón abierto. La tele estaba puesta, pero era insufrible el aquelarre de mermelada a granel de los presentadores y le quité el volumen. Me bastaba con el disco del sol en un recuadro y el ñam-ñam de la luna, que cada vez le comía más porciones. Cuando estaba todo negro, advino a la estancia una oscuridad que no correspondía. Era esta noción abstracta, la de la oscuridad advenediza, la sustancia del eclipse. Luego regresó un poquito la luz y ya se precipitó la noche. Varios días después me emocioné con la narración radiofónica de Azpiroz: cuando ya no había ni sol ni luna, sino únicamente una voz. 
 
2. Como The Puentete sigue empeñado en decir The Ojete, habrá que repetir desde The Objective (aunque, como siempre, a título personal) que el único cometido de ese mote fue tratar de desprestigiar al medio que investigaba, denunciaba y, por tanto, combatía la corrupción; una corrupción hoy confirmada judicialmente. De manera que, cuando dice The Ojete, lo que está diciendo es "yo defiendo la corrupción y ataco a quien la ataca" el ministrete.  
 
3. Tan de pocas luces el ministrete, que ahora lo lanza el Gobierno como cabestro contra el Rey; en plan globo sonda, infatuado como todos los globos. Lo cual no es necesariamente mala noticia para la monarquía constitucional, baluarte ilustrado contra nuestros oscurantismos. Como el oscurantismo que encabeza (sin cabeza, purita España negra) el obtuso The Puentete.  
 
4. Anuncian los proetarras en el País Vasco: "No solo haremos frente al fascismo, sino que, con el compromiso de construir una alternativa, los jóvenes independentistas llenaremos las calles de Donostia el 13 de septiembre. No hay otra opción que ganar. Un solo pueblo y una sola lucha elegidos". No sé si será cosa de la IA, que me traduce del euskera original, pero es un párrafo netamente fascista el de estos antifascistas. La foto del desfile con la bandera vasca también. De nuevo: en España hay una democracia, que es la española. Lo demás es otra cosa. Casi por una cuestión de pura topología: la democracia no deja fuera otro sitio que no sea antidemocrático.  
 
5. ¡Lo que nos espera con el centenario del 27! La clase dirigente más iletrada de la Historia de España tratando de homenajear a poetas que no han leído. El pistoletazo de salida fue el del ignorante Urtasun, ministro de Cultura, cómo no, que decretó el olvido de los toreros generacionales, por muy amigos de Lorca que fueran. Ahora el Ayuntamiento de Sevilla ha puesto una baldosa en el suelo que es más bien un adoquín en la frente del gran Luis Cernuda. La baldosa pone el nombre completo del poeta: Luis Cernuda Bidón. ¡Con ese segundo apellido que Cernuda odiaba y escondía siempre! Creo que con el tiempo logró revertirlo en Bidou, que al parecer era su origen francés. Lo mejor que podemos hacer los lectores de poesía cara al 27 es agarrar ese bidón, llenarlo de gasolina y rociárnoslo a lo bonzo.  
 
6. Alegría por el Tour femenino, que subió el Mont Ventoux, mantuvo la emoción hasta a 20 kilómetros de la última meta, con el duelo entre la alemana Vollering (que ganó) y la polaca Niewiadoma, y dejó quinta a la española Blasi. Pero en el ciclismo, como en la vida, la alegría es frágil, porque, como la vida, es trágico. En la Volta a Portugal ha muerto atropellado el galés Finlay Tarling. Con 19 años, su primer y su último titular. 
 
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13.8.26

Los numeritos del cielo

Escribo antes de que se haya producido el eclipse, pero ya les digo que no habré ido a mirarlo. Quizá me asome a la ventana para ver cómo se oscurece el día, o a lo mejor me acerco al mar para lo mismo: su opacidad a destiempo, que distraerá la tarde. Pero no alzaré los ojos: ¡no le rendiré pleitesía a ese embaucador, el cielo, con sus numeritos!

Lo que no puede ser es que el ciudadano medio, habitualmente un cretino, de repente se transforme en Carl Sagan, ese Antonio Gala de la astronomía, para volver a ser el cretino de siempre en cuanto se le haya pasado el embeleso. ¡Hasta el presidente Sánchez se ha puesto en plan poeta! ¡Solo hay que no tener gusto! Un espectáculo bajo, el del cielo...
 
Desde luego, no me pondré esas gafas promocionadas por el Gobierno, cuya función eminente es achicharrarles los ojos a los españoles, para que se queden aún más ciegos de lo que están bajo el sanchismo. Tal vez, cuando le llegue a usted esta columna al día siguiente del eclipse, esté ciego también y no pueda leerla. Me lo tomaré con deportividad.
 
Hace poco, Juan Cruz (ese lince de la vista que en 2021 declaró sentir "vergüenza" por la "saña" con que se trataba a Ábalos) conmemoró en El País el trigésimo aniversario de Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, su novela más vendida y más patata. ¡Una alegoría majarona! En ella todo el mundo se va quedando ciego menos una mujer, sin duda trasunto del autor, que conserva las anteojeras ideológicas. El plan del Gobierno es que todos los españoles se hayan quedado ciegos menos Sánchez, que no se pondrá las gafas ni loco. Solo que yo tampoco me las pondré, como digo, y seré testigo ocular de la tostada. Habrá un duelo de miradas planetario.
 
También se están luciendo mis colegas, que han agotado las menciones a eclipses de la historia de la literatura universal, fardando como si no se las hubiese soplado la IA. No faltan las únicas dos que a mí me vinieron espontáneamente a la memoria: la de Tintín en el templo del sol y el cuentito El eclipse de Augusto Monterroso, que es una respuesta a la historieta de Hergé.
 
Como saben, Tintín engaña a los incas (¡nada menos!) fingiendo durante un eclipse que es él con su poder quien oscurece el sol. Monterroso (guatemalteco) no consiente que un fraile español les haga el mismo truco a los mayas. Tras el intento tintinesco del fraile, "chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado)". Los mayas (como los incas de verdad) no se chupaban el dedo y conocían "las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares".
 
Por otro lado, no dejan de resultar entrañables esos malabarismos del cielo por llamar la atención. ¡Como si no fuera suficiente la aparatosa tramoya diaria de la luna, los planetas, el sol y las demás estrellas! Es ese énfasis innecesario, esa voluta churrigueresca del eclipse, lo que me pone de los nervios. Es un infantil "¡mamá, mírame!" de libro.
 
Solo a la luna, siempre humillada cuando aparece colgada del día como una aspirina traslúcida, le reconozco un meritillo: que se haya mostrado gamberra (igual que en los cachondos y anticlimáticos poemas lunarios de Laforgue y de Lugones) solo dos jornadas después de que el sol esté más potente y gallito, del 10 de agosto en que le consagraron la parrilla del Escorial. Fue como apagarle el fuego a Homer Simpson en plena barbacoa.
 
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