[Montanoscopia]
1. Mi jacobinismo radical (menos guillotinesco que navajero de Ockham) me hace celebrar la plena ciudadanía española de todos los que posean el documento de ciudadano español: algo sin contenido, puramente formal. No como esos autoproclamados antirracistas que se dedican a "contar negritos".
2. Predican la diversidad, ¡pero ay como uno les salga de derechas! ¡Esa diversidad no la admiten! Solo admiten la obediencia ideológica ciega, la adhesión inquebrantable. Son, en sentido neto, falangistas.
3. Abertzales con rasgos magrebíes: al fin el nacionalismo vasco, ese movimiento tan visceralmente franquista, tiene su propia guardia mora.
4. Abertzales apaleando a un chico de 16 años y persiguiendo a un niño de 12 por llevar la camiseta de la selección española tras el triunfo en el Mundial. Fue contándolos a esos que Sánchez dijo que eran "más" con los resultados de las generales de hace tres años.
5. Nuestros gubernamentalistas no se dan cuenta de que su habitual seguidismo a machamartillo del Gobierno, cuando es del PSOE, no es esta vez como las otras veces: por la particular calaña de este Gobierno. Se han metido en una ratonera tremebunda, me temo que irreversible para su prestigio y su credibilidad. Pero no se dan cuenta.
6. Nada menos creíble que Feijóo (¡que el PP!) prometiendo regeneración. Los adormilados de su propio partido cuando lo prometía son la prueba inmediata de ello. ¡Ilusión cero! Y si encima es un Feijóo determinado por Abascal (¡por Vox!), peor que peor. Pero Feijóo y el PP (e incluso Abascal y Vox) cuentan con la bomba atómica: no ser Sánchez ni el PSOE (ni los socios de Sánchez y del PSOE). Regeneración no será, pero quitarse de encima a toda esta patulea sabrá a gloria. Esta patulea, por lo demás, ha subido al máximo su apuesta del chantaje crispador: ya no es Franco la amenaza, ¡es Hitler!
7. Divertidísima la polémica con la columna de Arcadi Espada del martes pasado en El Mundo. Solo los arcadianos, los que tenemos oído absoluto para el arcadismo, sabemos que se trata de una columna fallida, no adornada por la gracia. Pero no, desde luego, por la razón estólida que le achacaron los mentecatos: esos increíbles seres que se agusanaban exhibiendo su inferioridad. Por otra parte, como comentamos Arias y yo, el hecho de que fuese una columna fallida incrementó su potencial performativo. O sea, que realmente, pese a todos, nosotros incluidos, funcionó.
8. Encontré en el Rastro de Fuengirola Amar en Madrid, de Francisco Umbral, libro que ha resultado perfecto como lectura de playa. Publicado en 1972, recoge artículos madrileños de los años anteriores. ¡Qué gran Umbral de pronto! En él está la potencia de lo que va a desplegar después, pero con una fuerza contenida, sin defectos ni revenimiento aún. Se habla del estilo tardío, que está bien. Pero debería hablarse además del estilo temprano: ese momento del autor en que estaba todo ahí, brotando, tensando, reventando de fecundidad.
9. La Odisea de Nolan es una historia majareta de aventuras. Como la Odisea de Homero. Me lo pasé pipa en el cine. Único consejo: no vayan a ver una adaptación, sino una película.
10. Hubo un momento de julio en que estaban a la vez el Mundial, Wimbledon, los Sanfermines y el Tour. De uno en uno se fueron despidiendo. El domingo pasado el penúltimo que quedaba, el Mundial; hoy el Tour. Mañana estaremos ya desnudos, con el verano a plomo y sin tener donde agarrarnos. Y todavía no es agosto. Solo nos quedarán los placeres crudos, que no dejan de ser ascéticos: leer, ver películas, bañarse en la playa, follar.
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En The Objective.

