19.2.26

Dificultades semánticas con la política española

En estas columnas me suelo dedicar al entretenimiento porque en realidad estoy fuera de la, así llamada, conversación pública española. Y esto debido a sus desplazamientos semánticos. O a sus adulteraciones semánticas. Las palabras se utilizan como meros recursos de poder, en su sentido más bajo: de poder partidista. Volvemos a los sofistas y a Nietzsche, un Nietzsche rudimentario. Esto permite una cierta diversión boxeística, pero sin mayor recorrido. Se agota y yo me he agotado ya.

Se supone que los componentes semánticos esenciales de nuestro sistema los fija la Constitución, pero también esto ha caducado a estas alturas. La de 1978 llevaba en su título IX, "Del Tribunal Constitucional", una instancia falsificadora. Por ello hemos aprendido tristemente que el texto constitucional no dice lo que dice, sino lo que dice que dice el Consejo de Brujos, encabezado hoy por el brujo mayor Pumpido, que dirá que la Constitución dice lo que diga Sánchez. Obviamente, esto siempre estuvo así: solo había que atreverse a hacerlo. En lo sucesivo, bastará con que se atrevan también los nuevos Pumpido y Sánchez, del mismo partido o de otros partidos. La Constitución que hemos defendido durante largos años, y que esta ha semana ha celebrado su récord de años, albergaba un bicho.

Lo mismo sucede, en cuanto a mis dificultades semánticas con la política española, con la matraca incansable de "izquierda" y "derecha", que desde hace un tiempo nos asalta cotidianamente todavía más que el (¡insufrible!) fútbol.

La derecha, cierta derecha, insiste en llamar "centro derecha" a la ultraderechista Vox, por ejemplo. O "liberal" a lo que es episcopal. En cuanto a la izquierda, le llama "izquierda" a lo más reaccionario que tenemos, que es ella misma. Nuestra izquierda es la reacción pura y se llama izquierda. Ha desalojado el componente semántico de la palabra. Lo que no le impide usarla inflacionariamente. Y para atacar; es decir, para llamarles a sus críticos lo que ellos son.

El asunto Rufián es la piedra angular de este despiporre. Que un reaccionario como es todo nacionalista, rozando el fascismo por definición, se presente no solo como de izquierda, sino como la solución para toda la izquierda, sin que estalle el país en carcajadas prueba el éxito tergiversador de estos cuatreros semánticos. Culmine o no su aventura, es su simple propuesta el síntoma. El síntoma de esa enfermedad que hace que la izquierda se vea, no solo compatible, sino idealmente fusionada con el nacionalismo. ¡Y con el nacionalismo de los ricos además, en España!

Al final, en la política española hay adscripción partidista y punto. Si un partido como el PSOE es supuestamente de izquierda, él define lo que es o no la izquierda. La izquierda es entonces, tautológicamente, lo que diga y haga el PSOE. Impera el "patriotismo de partido", o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga. Muchos se dicen de izquierda y lo único efectivo que están diciendo es: soy del PSOE (o de cualquier otro partido autodenominado de izquierda).

La cúspide del dislocamiento semántico (dislocamiento que nos vuelve locos) es la manía actual de hablar de la verdad y los bulos. ¡Hasta firman manifiestos! Por lo general, hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar (y prestigiar) sus fechorías. Una vez más, no se atiende a los significados reales, sino que se tiende a imponer otros falsos.

Por todo esto oigo la, así llamada, conversación pública española como quien oye llover. Llover sapos. O besugos, en este diálogo de besugos.

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15.2.26

Un concentrado pétreo de lo peor

[Montanoscopia] 

1. En el nuevo episodio de Yira Yira, podcast que nunca me pierdo, Arcadi Espada le pregunta a Yaiza Santos por la última comparecencia de Pedro Sánchez. Ella le dice que no la vio, que no puede con él. Espada le reprocha que sea una sentimental. Pero no es una cuestión sentimental: es una cuestión estomacal. Si no eres cronista parlamentario ni periodista que deba estar informado al segundo de las evoluciones del presidente, atenderlo es una manera fulminante de estropearte el día. Ya casi lo es con que te pille una ráfaga, como inevitablemente termina sucediendo. La desgracia democrática que esto implica no hay ni que explicarla. Pero el hombre se ha convertido en un concentrado pétreo de lo peor: mediocridad intelectual (y actoral), falsedad, fullería, ventajismo, matonismo, ineficacia para cualquier cosa que no sea retener su poder (su poder vacío), cortoplacismo, sectarismo, narcisismo, ¡hasta victimismo! Asistir a ello me pone malo. Si algo hemos aprendido en el sanchismo es que hay que quitarle a la política lo que se quiere comer, y quiere ensuciar, de nuestra vida. Por eso todo minuto hurtado a Sánchez será un buen minuto; o al menos un minuto mejor que si se lo concediéramos. (El de esta entrada, en consecuencia, ha sido un mal minuto.) 

2. El aluvión moralista contra Rosa Belmonte por su frase "la mitad tonta, la mitad tetas" se explica en este contexto de inmoralidad desatada. Esa misma mañana la proetarra Aizpurua osó pronunciar la palabra "víctimas" en el Congreso ("al PP no le importan las víctimas", en referencia a las de Adamuz), con el aplauso de la pseudoizquierda, incluida la gubernamental. Si te tragas estas obscenidades, te tienes que indignar por un chiste. La desvergüenza tiene sus leyes, relacionadas, además de con la parcialidad y la degradación de las proporciones, con la sobreactuación. El chiste encima era una cita; o sea, que se trataba de una frase tamizada, indirecta, ¡con bibliografía! El problema de la aludida Sarah Santaolalla no es la calidad de su "intelecto", palabra que ella misma ha utilizado, ni su supuesto implante de tetas. El problema es su implante ideológico, mejor dicho, partidista; y su ínfimo nivel. 

3. Lo que el PSOE no le perdona a Felipe González es que con él sí funcionasen los trenes. 

4. Lo del premio de Ayuso a Trump, además de ridículo, es deprimente. Una de las pulsiones más incomprensibles de la derecha española es cómo se empeña en ajustarse a los trajes que le confecciona la izquierda. Empeño que los transforma en profecías, puesto que lo que empieza como insidia termina como descripción. 

5. "El fascismo no se ha ido", dice el aporreador de guitarras Raimon. ¡Pero cómo se iba a ir, si los cantautores lo habéis conservado en salmuera! En realidad sí que se fue, por breve lapso: durante la Movida, en la que bailamos sobre su tumba; su tumba efectiva. Pero la Movida murió, regresaron los cantautores y trajeron de la manito a Franco, cuya vida es la razón de ser de los cantautores. La explicación es muy sencilla: si el antifascismo que siguen proclamando no es contra Franco, entonces solo puede ser... ¡contra nuestra democracia! Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: el antifascismo de hoy es contra la democracia. 

6. He visto la serie de 1980, dirigida por Fassbinder, Berlin Alexanderplatz. La adaptación de la novela de Alfred Döblin es portentosa: tan cinematográfica como literaria; nunca había tenido con una película tal sensación de estar leyendo, con la complejidad de la lectura y el dominio de la palabra. La serie, oscura, descarnada, tremenda, retrata el abigarrado Berlín de 1928, con todas sus tensiones, incluida la del naciente nazismo, a flor de piel. El actor Günter Lamprecht sostiene la historia con su Franz Biberkopf, al que se lo debe todo (lo supiera o no) James Gandolfini. Lo acompañan magníficamente los demás, en especial Hannah Schygulla, Barbara Sukowa y Gottfried John. 7. Pero no hay que ver series. La propia idea de serie activa el demonio aritmético: uno empieza a verlas y ya no puede hacer otra cosa que ponerse capítulo tras capítulo, y vivir exclusivamente para ello, porque hasta que no acabe el último no se quedará tranquilo. 

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12.2.26

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente

Desde que dejé de ser columnista de domingo (con conciencia de lunes), gano todas las elecciones. Escribir en domingo era una rutina grata, resultaba más descansado; salvo los días de votación, en que se alteraba todo: había que estar pendiente de las noticias, con agonía, aguantar hasta ultimísima hora y por fin trabajar muy entrada la noche, a veces sin conocer el resultado preciso. 

Esto en lo que a mi vida personal se refiere, que ha mejorado en los domingos electorales, ahora de churros, paseítos, algún polvete, películas y lectura, hasta la tertulia de Alsina con mi vinito, mis patatitas y Varela desmenuzando los datos sobre los que no tendré que improvisar conclusiones. Este domingo aragonés también estuvo, anticlimáticamente, el acomodaticio Del Molino, pero esa es otra historia. En cuanto a mi vida política, que es la del país entero, va de desastre en desastre. Hablo desde mi punto de vista, como es natural, que es el del votante fino, hoy fatalmente abstencionista. 

En esto último, Felipe González ha declarado que confluye conmigo: votará en blanco en las próximas generales. En realidad, son dos cosas distintas votar en blanco y abstenerse, es decir, no votar. Una tercera posibilidad, más expresiva, es el voto nulo: pintar un cipote en la papeleta o algo así. Aún no sé por cuál de las tres decantarme. Coinciden en la vocación de pureza (reconozco que huerfanita, como nos acusan los sartrianos de las "manos sucias"); pero desde la pureza habría que afilar el daño. No me escondo: cuando llegue el momento, le preguntaré a la IA qué perjudicaría más a Sánchez, si el blanco, la abstención o el nulo, y ahí me tiraré. (A ciegas va ganando lo del cipote.)

Para el votante fino votar a Vox está descartado, así como votar al PP que va a pactar con Vox. La posibilidad de votar a Izquierda Española, que me tentó cuando surgió, se ha disipado debido a su putinismo (o a su no explícito antiputinismo) y a alguna que otra majadería tan izquierdista como española. Algunos electores (según mis cuentas, solo tres o cuatro) tenemos la peculiaridad de ser a un tiempo antisanchistas y antivoxistas, lo que nos ata las manos electorales (salvo para dibujar cipotes en las papeletas).

En el fondo, nuestro antisanchismo y nuestro antivoxismo es lo mismo. Vemos con irrefutable clarividencia que el voto voxista es un voto sanchista. Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán. Vox es simultáneamente la piedra angular (argumental al menos) y la guinda del asqueroso pastel del sanchismo.

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente. Por eso el panorama nacional es tétrico; desde luego, no pasa el corte del votante fino. En las elecciones del pasado domingo, Vox duplicó sus escaños. La explicación no deja de ser simple: es lo simple. También es lo simple votar al otro partido que subió, la Chunta Aragonesista, de cuyos miembros y votantes esto es lo más suave que se podría decir: ¡hay que ser muy aragonés para ser aragonesista!

Podemos y Alvise fueron eliminados, lo que es la única noticia excelente (una única noticia, porque van en el mismo lote pútrido). Izquierda Unida-Sumar sigue. Aragón Existe pierde, pero mantiene a Guitarte (¡ya le vale a Aragón, coexistir con Guitarte!). El PP, que anda como vaca sin cencerro, baja, aunque ganando. Pero lo más triste de todo es que el PSOE (¡el PSOE de Alegría!) mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la pasokización del PSOE.

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8.2.26

Hoy nos quedaremos sin Alegría

[Montanoscopia] 

1. Con un poco de suerte hoy nos quedaremos sin Alegría. En el fondo es una pena, porque era una cara agradable. Pero todo agrado posible e imposible se convierte en desagrado (incluso en desagrado máximo) si está relacionado con el tétrico sanchismo. Y Alegría ha formado parte del sanchismo hasta las heces; ha estado muy en el rollo dirty de Sánchez. Que sea borrada del mapa Alegría nos producirá mucha alegría. 

2. Hasta en los instantes de mayor descontento con la política, esta tiene algo muy bueno cuando es democrática (por eso la democracia es insuperable): procede a la eliminación periódica de jetas. Este bien tiene como contrapartida un mal: la llegada de jetas nuevas. Pero nadie es perfecto. Al menos se les cambia el agua a las aceitunas. 

3. La verdadera pena de Telediario la sufrimos los ciudadanos comunes y es tener que afrontar cotidianamente las jetas triunfantes de la política. Esas jetas, con frecuencia estólidas, que nos encontraremos hasta en la sopa todos los años y todas las horas de su vida política activa. Pero un día se borrarán. Y con un poco de suerte las olvidaremos por completo. Todas aquellas jetas ya borradas de la UCD, y luego las del PSOE de González y el de Zapatero, y las del PP de Aznar y el de Rajoy. Y las jetas de todos los partidos menores, autonómicos y nacionales. Convivencia (¡o conllevancia!) cotidiana con jetas insufribles. Pero un día caen, o porque las quita el jefe o porque las quitan los votantes, que otro día quitarán también al jefe. Si no existiera la democracia, habría que inventarla: al menos como máquina de laminar jetas. (Aunque ni siquiera sin democracia hay que perder el optimismo, porque en este caso siempre llega venturosamente "el hecho biológico"; o, como decía Rubén Darío, "Ella".) 

4. Me mondo con los profesores, los periodistas y los ucleses de la literatura escandalizados con los alumnos que cantan en clase el Cara al sol. No se dan cuenta de que no lo cantan por Franco, sino por ellos. No se ven a sí mismos ni tienen idea de lo que representan: el Poder y la Iglesia realmente existentes. Son los predicadores e inquisidores de nuestra época; un coñazo para los chavales. Hoy no hay, técnicamente, más Franco que ellos. 

5. Tras el desastre de los trenes y las carreteras y las pertinaces lluvias del momento, dijo uno que pronto vendrán los ascensores y otro que los pantanos, que se resquebrajan. Al leer este último pronóstico tuve una fantasía macabra: tal vez Franco fue un terrorista que dejó el país sembrado de pantanos con obsolescencia programada, para atentar décadas después contra la democracia que le sucedería. ¡Franco como catastrofista activo, en plan etarra supremo! O tal vez todo se debe, como Losantos asegura, a la maldición de Tutanfranko. 

6. Llevo ya un par de semanas con una felicidad interior, con una dulzura adentro como hacía tiempo que no tenía. Es que vi una película que me metió en una burbuja de reconciliación con la vida, y ahí sigo más o menos (aunque tarde o temprano explotará). La película es la japonesa de hace diez años Nuestra hermana pequeña, del director Hirokazu Kore-eda, con música (fundamental) de la compositora Yoko Kanno. La nota de Filmin la emparenta con Mujercitas y algo de eso tiene. Y acaba en la playa como Los 400 golpes de François Truffaut. Pero aquí los golpes de la vida (que no se omiten) están amortiguados por el amor entre las hermanas, que es delicado y bellísimo, de una ligereza envidiable. Como la película. 

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6.2.26

La boina avanzada de Fernando Esteso

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:57

Buenas noches. Quienes sigan estas opiniones ultramontanas se habrán dado cuenta de que yo soy muy bellotero pop. De ahí que la muerte de Fernando Esteso haya sido también la de mi retratista. He de confesar que a mí Esteso nunca me hizo gracia ni como cómico ni como actor. Y que me perdone Rosa Belmonte, que le regañó a David Jiménez Torres donde Alsina por no haber visto Los bingueros: en su afán por separarse del cine fino, Belmonte es capaz de fundar un Cahiers du Cinéma solo para ensalzar las películas de Esteso y Pajares. En lo que sí me gustó a mí Esteso, y mucho, fue en la música: ¡el Esteso compositor y cantante es el mío! Aparte de la sofisticadísima Bellotero pop, que es el puente prealmodovariano entre el casticismo y la Movida (resultaba, en fin de cuentas, más pop que bellotero), están indiscutibles hits como: El zurriagazo, una crítica (pese a su disfraz jocoso, bueno, tal vez demasiado jocoso) de la violencia machista; Los niños con los niños y las niñas con las niñas, que abraza la separación de los sexos, tan en boga hoy ("yo no me casaré con ninguna mujer, ¡chínchate!"); o La Ramona, que, como ha escrito nuestro Narváez, es un canto a los cuerpos "no normativos", con su recurrente "Ramona, te quiero". Como se ve, Esteso era mucho más avanzado de lo que parece. Sobre todo, era muy avanzada su boina. En comparación, la boina de Uclés (¡tenía que salir Uclés!) es retrógrada. Uclés se planta la boina, sobre lecho de pelos, con impostura neorruralista, corroborada por el complemento del cordel en lugar del cinturón. Esteso, en cambio, usaba la boina corrosivamente: su atuendo ruralista era una parodia del ruralismo. Por eso Uclés nos hace retroceder, mientras que Esteso nos hizo avanzar.

5.2.26

Defensa de Uclés

Hay tantos asuntos en torno a Uclés que para abordarlos se necesitaría una novela-río de las de Uclés. Haré lo que pueda en mi columna de 600 palabras (de las que ya he gastado 36: ¡gran cifra para Uclés!; bueno, ahora son 44).

Lo primero es justamente la cantidad de asuntos en juego: David Uclés tiene él solo a todo el país en danza, es como el chino de los cien platillos. Creo que esto no se vivía en España desde Chiquito de la Calzada. En sí mismo es un mérito.

También lo es el haber vendido tantísimas ediciones de La península de las casas vacías, con lo difícil que es vender libros aquí. Un dato que, a su vez, asesta un golpe mortífero al prestigio del público lector español, que ya andaba tocado por su irredenta afición a las novelas de Arturo Pérez-Reverte.

Al margen de las masas lectoras (cuyo disfrute con lo que han pagado es por lo demás incuestionable, en esto son soberanas), entre los entendidos tanto uclesistas como antiuclesistas hay unanimidad en un aspecto al menos: lo de Uclés no es la literatura. La crítica a la novela ganadora del Nadal que ha perpetrado para Babelia Jordi Gracia es una escabechina. Tal vez Uclés se haya dado cuenta ahora de lo corteses que son sus denostadores "fachas", que le brindan esta condición para que no se los tome en serio. Pero con Gracia, que es el mismísimo Sánchez encarnado en crítico, ¿qué va a hacer?

El desplante de Sevilla resulta apoteósico. La no celebración del congreso ha sido el gran triunfo del congreso, puesto que corrobora su tesis del desastre guerracivilista: todos perdimos la guerra y lo que nos queda. En ello estoy de acuerdo con Reverte, cuya visión es más antropológica e histórica que ideológica. También ética. Muchas veces escribió Borges que, en un sentido profundo, metafísico casi, es peor ser el verdugo que la víctima.

En cuanto al chaval Uclés, su guerracivilismo ha aflorado, más que en su renuncia a coincidir con dos sujetos (algo que yo habría hecho, aunque no solo con esos dos, sino también con todos los demás, incluido Uclés: mi misantropía está en máximos), en su brindis por la cancelación del evento. Aquí se ha visto que es un matador de cuidado (para conocer su mecanismo les remito a La genealogía de la moral de Nietzsche).

Pero, dejando de lado la baja ideología y su farfolla verbal, tan barata: ¡qué mérito, de nuevo, el de Uclés el haber tumbado al valentón Reverte! ¡Ha ensartado a Alatriste, ni más ni menos! ¡Le ha hecho morder la lona! Para huevines, contraintuitivamente, los del chavalín. No se lo podía esperar nadie.

A partir de este hontanar de simpatía que ha manado en mí (¡yo he sido el primer sorprendido, y le rindo homenaje léxico!), he pensado en lo que Uclés tiene de maldito y de dandy. Maldito en el sentido del Lorca, poeta maldito de Umbral: no en la convención sino en el efecto; en Uclés anticipadamente, porque se huele el juguete roto a la legua. Dandy tal como lo caracterizaba Villena en su Corsarios de guante amarillo: alguien que se viste y se comporta no para atraer sino para repeler.

Uclés es además un quijote pastoril: está como salido de La Galatea, y de tal guisa marcha por nuestro mundo adverso, tropezando y hostigado pero singularizándose de una manera asombrosa. De repente, nuestros liberales (¡tan adocenadamente predicadores del individualismo!) se escandalizan ante la presencia de algo que no habían visto jamás: ¡un individuo!

Y con esto concluyo, llegado a la palabra 600.

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1.2.26

La libertad os hará verdaderos

[Montanoscopia]  
 
1. De cuántas cosas está haciendo cómplices Trump a nuestros trumpistas, que siguen bovinamente a esa mezcla de Nerón, Ubú y el Yeti, con algo de Manolo Gómez Bur. Ahora estamos viendo, a cuenta de los crímenes a manos de los camisas pardas de (precisamente) Bovino, que les gusta un asesinato policial más que a un tonto un palote. Son los proetarras de enfrente.  
 
2. Nuestros sanchistas también se las traen. Siguen a Sánchez en lo que este dicte, aunque resulte contradictorio tanto sucesiva como simultáneamente. Ahora simultáneamente le brinda a Podemos la regularización de medio millón de inmigrantes y a Junts el control de la inmigración en Cataluña. Si Zapatero se inventó la geometría variable, Sánchez se ha inventado la moralidad variable.  
 
3. Estoy en desacuerdo con quienes critican a Sánchez por no haber asistido al funeral en Huelva por las víctimas del accidente de Adamuz. En un rapto de dignidad y de generosidad, el presidente ofreció lo mejor que tiene, lo único bueno que le queda: su ausencia.  
 
4. A propósito de las elecciones autonómicas de Aragón del próximo domingo, dijo el socialista Urquizu donde Alsina que, aunque los aragoneses son mayoritariamente de izquierdas, votarán mayoritariamente al PP. Dio razonables explicaciones posibles, pero le faltó la principal: que el PSOE ya no es de izquierdas.  
 
5. El candidato aragonés del PP, Azcón, dice que nunca habrá trasvase del Ebro. La desdichada España invertebrada de Ortega seguirá siempre así, por los dos grandes partidos: el PP invertebrante (por los ríos) y el PSOE invertebrante (por los trenes y todo lo demás).  
 
6. Una señora le pregunta en Lugo a Cayetana Álvarez de Toledo que cómo se puede confiar en las reformas prometidas por el PP si no las acometió ni con la mayoría absoluta de Aznar ni con la mayoría absoluta de Rajoy. Respuesta (única) de Álvarez de Toledo: "Créame". Es para mondarse.  
 
7. Como le dije en el turno de preguntas al catedrático Ruiz Robledo tras la espléndida charla mantenida con Arias Maldonado en La Malagueta, yo he sido siempre un buen chico constitucionalista que se ha desafectado al ver que el texto íntegro de la Constitución no dice lo que dice, sino lo que diga el Consejo de Brujos (encabezado por el brujo mayor Pumpido, añado aquí). Así que se acabó. Obviamente, como responde Robledo, hay que acatarlo, porque no vamos a estar para aventuras anticonstitucionales, que serían siempre peores. Pero se acabó.  
 
8. También el aplauso nauseabundo al exfiscal general del Estado en el Ateneo por parte de muchos de sus colegas contribuye a la degradación y a la desmoralización. Por esto vuelvo al anarquismo de mi adolescencia. No como actitud activa sino como actitud pasiva (defensiva): que comienza por la consideración de todos los poderosos como enemigos.  
 
9. El malagueño Joaquín Campos, que ahora se ha hecho famoso por los sucesos que cubre desde el Sudeste Asiático, lleva ya, junto con varias novelas y libros de poemas, tres tomos de su diario, que van de 2017 a 2024: Ajuste de cuentas, Pedagogía y Hemisferio Grof, publicados en Sr. Scott. Son adictivos por su carácter impúdico, libre, transgresor, salvaje. Es un diario rápido, nervioso, que no se calla nada: ni de sexo, ni de relaciones afectivas, ni de escabrosidades, ni de la lucha por el dinero, ni del tinglado político ni literario con nombres y apellidos. En el segundo de los tomos pone como cita la frase evangélica: "La verdad os hará libres". Recuerdo que Dragó, del que Campos fue amigo, le dio una vuelta extraordinaria: "La libertad os hará verdaderos". Campos la practica a tope. 
 
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29.1.26

El entierro de Tierno

  
La semana pasada tenía pensado escribir sobre Enrique Tierno Galván, en el cuarenta aniversario de su muerte, pero necesité ocuparme de la catástrofe ferroviaria. Lo escribo ahora.
 
Tengo algunos recuerdos de aquel 19 de enero de 1986. Veo que era domingo. Cristóbal, Jurdao y yo habíamos salido a dar nuestro primer paseo juntos tras las vacaciones de Navidad. Solíamos tirarnos horas charlando y caminando, incluidas la ida y la vuelta al colegio mayor. Fue justo aquel anochecer (qué curioso que tenga situado el momento) cuando cumplimos el canónico ritual bohemio de mear en la puerta de la Academia; tal vez porque habíamos leído La novela de un literato, en la que todos los fracasados eran malagueños. Otra imagen situada: mientras cruzábamos un semáforo, el transeúnte verde mutó en el hombre ámbar intermitente y Jurdao se puso a imitarlo dando saltitos con los pies juntos y las manos pegadas al cuerpo. Creo que hicimos como él. Ya en la Ciudad Universitaria, antes de recogernos, entramos a tomar una cerveza en el Isabel de España, entre las chicas, y allí, en la tele del bar, nos enteramos de que se había muerto el alcalde.
 
Nos habíamos ido a Madrid en parte por él. Todavía en 1983 la ciudad en la que hubiese querido vivir era Barcelona, pero desde 1984 ya fue Madrid. Tierno Galván pertenecía al paquete atractivo, con la Movida. Cristóbal imitaba sus celebrados bandos de retórica arcaizante. Se dijo que cuando llegó el papa Juan Pablo II, poco después de la primera victoria socialista en 1982, Tierno le habló en latín. Su foto junto a la teta al aire de Susana Estrada señalaba el cambio de los tiempos. Y encima había traducido el Tractatus de Wittgenstein.
 
Solo me recuerdo sintiendo una simpatía acrítica por él: de antemano, como una premisa. Sin él la ciudad perdía encanto, nos parecía. Algo se quedaba hueco, con una ligera sensación de estafa, como si Madrid valiese menos de repente. Aunque, en verdad, de la Movida solo restaban las crestas de colores de los punkis en la Gran Vía y Malasaña, los conciertos gratis del Paseo de Camoens, el fluorescente de La Vía Láctea y las postales en los quioscos con las leyendas "Madrid me mata" y "De Madrid al cielo".
 
El martes 21 fuimos a ver el cortejo. Venía con nosotros Checa, el único compañero con vocación periodística. En los noventa nos dijeron que trabajaba en el Teletexto y no supimos más de él. Nos colocamos en el parterre que hay frente al Banco de España, con la Cibeles a nuestra izquierda. Aguantamos entre la multitud hasta que pasó el coche fúnebre. Entre los que caminaban detrás destacaba el presidente Felipe González: más alto, más cetrino. Lo miré con desprecio porque me parecía un traidor. Hoy me costaría explicar a qué, quizá a la pulcritud política. Solo lo vi de nuevo en un mitin.
 
En un lateral que no alcanzábamos a ver, creo que al comienzo del Paseo del Prado, hablaron algunos, entre ellos su sucesor en la alcaldía, Juan Barranco. Y luego emprendimos la marcha hacia la Almudena, recorriendo la larguísima calle Alcalá hasta el cementerio, adonde no he vuelto nunca. Había una sensación de acontecimiento histórico, que es lo que queríamos sentir.
 
Muchos años después supe que todo había sido una farsa. Tierno Galván era un maniobrero que se había fabricado el personaje de "viejo profesor" por cálculo. El PSOE no podía con él. Alfonso Guerra, el mejor motejador de España junto con Federico Jiménez Losantos, le puso un mote invencible: "víbora con cataratas". Y encima su traducción del Tractatus era defectuosa.
 
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25.1.26

Lo mejor de España ya lo hemos vivido

[Montanoscopia] 

1. Lo mejor de España ya lo hemos vivido. No pasa nada. No todo es España. 

2. La relanzada lucha de Moncloa contra la desiformación y los bulos me recuerda, aparte de al hombre que fue Jueves de Chesterton (jefe de la policía y de los anarquistas a la vez), el artículo tronchante que escribió Pessoa cuando el Gobierno de Portugal, para combatir a la masonería, promulgó una ley que prohibía las sociedades secretas. Pessoa repasaba el texto y concluía que el Gobierno se ajustaba a la definición de sociedad secreta y por tanto había que prohibirlo. 

3. La indignidad sustancial de The Puentete: fungiendo de técnico de pronto, pero también escamoteando por ver si se salvaba. Su ruina es tanto política como moral: tampoco servía para reconfortar tras el accidente. Su mera presencia era chusca, ofensiva. Él no estaba para eso, sino para chulear, para soltar mamporros verbales al servicio del "puto amo". Si eres todos los días un hampón, no puedes ser otra cosa cuando llega el día decisivo. Pero aun así (o justo por ello) se envalentona. No parece haberse dado cuenta de la fosa en la que está el ministrete. 

4. Impresiona el cuajo con el que Sánchez habla todavía de la "verdad". O es un tahúr o su narcisismo está ciertamente blindado. Cabe otra opción, no incompatible con las anteriores (es posible que se estén dando las tres al mismo tiempo): simplemente les lanza cables a sus partidarios. A estos les basta un hilillo emanado del líder al que agarrarse. El espectáculo de esta semana ha sido obsceno: los sanchistas se han echado los cuarenta y cinco muertos a la espalda sin pestañear; empezando por la sincronizada, que es ya la guardia mora de Sánchez. 

5. Trump, gran jibarizador de "América" (hasta el Anschluss de Groenlandia la empequeñecería aún más), ha propiciado en España dos grupos aparentemente antagónicos pero igual de patéticos. Uno: el de los trumpistas españoles, esos insufribles apretaos que escupen su energumenismo con una suficiencia que no se corresponde con sus mermadas capacidades. Otro: el de los sanchistas antitrumpistas, que le critican a Trump todo lo que le apoyan a Sánchez. En el ámbito del columnismo se están luciendo particularmente; sobre todo el sermoneador de los sábados y las cheerleaders de los domingos, junto con el misceláneo más campanudo de los miércoles. Siempre que hay problemas con Sánchez, callan sonoramente y se ocupan de Trump. Su comodín delator. 

6. El documental por el que Filmin ha sido atacada por los nacionalistas catalanes, Ícaro: la semana en llamas, es muy bueno. Cuenta lo que se propone contar y lo cuenta bien. Angustia la violencia de los independentistas, irracional, fascistoide, pero enorgullece la dignidad de la policía constitucional: su serenidad, su articulación intelectual y humana. En El País, el triste Delclós habla de "elogio desvergonzado" a la policía. El antifranquismo anquilosado de estos putrefactos les ha conducido a figurar contra la democracia y junto a los genuinos franquistas de hoy. 

7. Jamás vi a nadie comprar un libro en Tipos Infames, pero era guay estar allí. Yo nunca entré por mí mismo, porque me intimidaban los hipsters del escaparate, sentados con su portátil y su vinito como si nadie los mirara. Sí fui en compañía a algunas presentaciones. Estuve en las de Arias, Del Molino, Jabois, Loriga y hasta en una mía, que me hizo Latorre. En esa librería hablé por última vez con Gistau. Y le di la mano, empujado por las circunstancias, a Víctor Manuel. Al final se me quedan un montón de recuerdos en ella, ahora que va a cerrar. 

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23.1.26

¡Gloria a Els Joglars!

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:02
 
Buenas noches. Una gran experiencia cultural y festiva en nuestra cada vez más estirada y desastrada España es asistir a una representación de Els Joglars. Ha vuelto a suceder en Málaga, adonde vinieron a presentar su producción El retablo de las maravillas, adaptación del entremés de Cervantes. Lo hicieron en el Teatro Cervantes precisamente, que homenajeó a Els Joglars por sus sesenta y cinco años. Fundada en 1961 por Albert Boadella, es hoy la compañía teatral privada más longeva de Europa. En mi memoria están Teledeum, Ubú president, Daaalí o la de Pla; y más recientemente las de Rusiñol, Aristófanes o el exrey Juan Carlos. Todos estos personajes interpretados por el inmenso Ramon Fontserè, que les da comicidad, alma y un poquito de tragedia. El efecto en la butaca es siempre de descompresión, de liberación. El aire vuelve a correr; regresa la antigua libertad, su inconfundible cosquilleo. La taladradora humorística en su día se ocupó del franquismo y el militarismo, después de la Iglesia, posteriormente del nacionalismo catalán: variantes todas del mismo ceporrismo engolado y opresor. En El retablo de las maravillas la diana va mudando: la fatuidad del mundo artístico, lo woke como nueva Iglesia (con la vieja Iglesia contra lo woke) y la pompa vacía de los gourmets, que en esta obra degustan "aire crudo". En el entremés de Cervantes, el público fingía ver maravillas en la nada del retablo, ya que se había advertido que el que no las viera era hijo ilegítimo o tenía sangre judía. Hoy hay miedo de ser acusado de muchas otras cosas, como muestra la actualización de Els Joglars. Con el teatro a tope, se produjo la catarsis de las risas. Vivimos apresados por un montón de plastas. Últimamente el teatro también brinda tales plastas. Els Joglars no. ¡Gloria a Els Joglars!

22.1.26

Compañeros de viaje

Hay que dar un paso atrás, salir del politiqueo en el que yo también me he metido, porque es un fango infecto, y volver a lo importante: la muerte y la vida.
 
El domingo viajé en un tren como el accidentado, pero un poco antes y en la dirección opuesta. Mi Iryo llegó a Málaga desde Madrid a las 17:49 y el accidentado (¿otro, el mismo?) salió de Málaga hacia Madrid a las 18:40. El viaje de ida lo hice el jueves. Ni en la ida ni en la vuelta noté vibraciones ni nada anormal.
 
En el andén de Atocha el jueves al mediodía, una señora vino corriendo a devolverme el cargador del móvil, que se me había olvidado en el asiento. Gestos como ese no pudieron suceder en Atocha el domingo por la noche. El azar me había sentado junto a Arias, a cuya presentación de Letras Libres iba a asistir al final de esa tarde. De camino pasamos por una librería y hojeamos novelas del mexicano Ibargüengoitia, que murió en el "avionazo" de 1983, junto a otros escritores.
 
Se trata ahora de eso: de los hilos que pudieron haberse interrumpido. Y de intentar recordar a mis compañeros de viaje, los que hubieran venido conmigo en el accidente si se llega a adelantar. Se trata de entrever la sacudida del caos en el orden del tren.
 
El grado de mi misantropía es acusado últimamente, como vengo proclamando por aquí. Mantengo amabilidad y cortesía con el prójimo, pero para que me deje en paz. Tampoco quiero imponerle mi misantropía a nadie. En el tren no empujo, no protesto, dejo pasar educadamente; si bien, lo de ayudar a las mujeres con sus maletas, salvo que me lo pidan, se acabó: no quiero correr el riesgo de que me acusen de machismo. Y me permito poner cara de desagrado, o emitir algún gruñido, si el que tengo al lado desenvuelve un bocadillo pringoso.
 
Los niños son un considerable engorro, aunque por delante van los tratantes de ganado a grito pelado con el móvil. Cuando viajaba en el Ave me pedía el Vagón Silencio, en el que seguía habiendo tratantes de ganado a grito pelado con el móvil, pero ya no niños: el secreto de ese vagón es que no admite a menores de catorce años. Desde que opto por el Iryo, los niños han vuelto. Y en el viaje a Málaga tenía uno cerca; mejor dicho, una niña.
 
Pero era tan graciosa. Me incomodó al principio, por mi inercia misantrópica, pero me conquistó. El padre y la madre eran ejemplares, por cómo hablaban con ella. No debía de llegar a los cuatro años. Estaba fascinada con el viaje en tren, y con decir "mi sitio" cada vez que cambiaba para sentarse en otro. Era revoltosilla. Pero luego se apaciguó y pasó mucho tiempo dormida en los brazos de su padre. Solo se despertó para hablar por teléfono con la abuela, que la esperaba en Málaga.
 
El viaje fue bueno, después de todo. Entraba el solecito por las ventanas. Yo también me adormilé. Nos bajamos en Málaga, llegué a mi casa. A las nueve de la noche, preocupado por mí, Toscano me dio la noticia del accidente, y enseguida me preguntaron más amigos y amigas. Mis sensaciones recientes alborotadas de pronto.
 
Durante la noche y la mañana, el número de muertos y heridos, las imágenes de los trenes destrozados, los primeros esbozos de historias. Y la niña de seis años caminando sola por la vía tras haber perdido a sus padres, su hermano y un primo, de la que ha hablado Peláez. Pudo haber sido la mía, con dos o tres años más, pudieron haber sido sus padres, pude haber sido yo, pudo haber sido cualquiera.
 
Pero la niña de mi tren está a salvo, con sus padres. Estos sin duda más conmocionados aún que yo. Fui un par de veces al servicio por el pasillo en que iba viendo las caras de los demás pasajeros: la musulmana, la monja, la pareja oriental, el chico en chándal, el señor que roncaba. Luego me rocé con ellos al salir y emprendimos la carrera siempre rara del andén. Algunos familiares esperaban fuera, alcancé a ver una cara iluminada por el reencuentro. Aún era de día. Después se haría de noche.
 
* * *