13.3.26

Un 'win-win' con Sergio del Molino

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:21
 
Buenas noches. Llevo tiempo metiéndome con Sergio del Molino y cuestionando ciertas actitudes suyas, que he llamado "acomodaticias". Por eso, cuando le conté a un amigo que me disponía a leer su nuevo libro, La hija, editado por Alfaguara, me dijo: "¡Lo tuyo es masoquismo!". Le contesté: "Es un win-win: si no me gusta, le lanzaré pullitas; si me gusta, exhibiré mi magnanimidad". ¡Así funciono! Al final resulta que he hecho las dos cosas: no programáticamente, sino porque así se han dado. Al principio no me convenció la lectura, hasta la abandoné. Pero algo me empujó a retomarla y me fue ganando entre los sarcasmitos que seguí soltando en Twitter por inercia. Al final me conquistó del todo y me ha parecido muy buena. Me ha pasado otras veces y he de reconocer que es glorioso cuando soy derrotado por un libro cuya excelencia se me impone. El disfrute lector es superior. La hija trata de Rosario Weiss, artista de la que muchos piensan (entre ellos el autor) que fue hija de Goya. La obra se divide en dos partes: la primera es una novela sobre la vida corta (murió con 28 años) de Rosario Weiss; la segunda es un ensayo sobre ella y su época, la primera mitad del tormentoso siglo XIX español, con reflexiones también sobre la obra de Goya y el arte en general. La novela me pareció que estaba bien, pero que podría estar mejor. Esta mejoría, sin embargo, se produce antes de cerrar el libro: el ensayo, que es extraordinario, impregna retrospectivamente la novela, apasionándola. El efecto es maravilloso. La hija deja un poso emocionante, de gran belleza. En lo que a mí respecta, me alegra la convicción que retorna en casos como este: lo importante es la literatura. El resto: ¡pelillos a la mar!

12.3.26

Bryce Echenique: gastar la vida en vivir

Alfredo Bryce Echenique fue mi escritor favorito desde la adolescencia hasta bien entrada la juventud. La vida exagerada de Martín Romaña es el libro que más he recomendado y regalado, aunque hace ya mucho de la última vez. También hace mucho que lo leí. ¡Más de cuarenta años! Pero me vienen tantas cosas: el sillón Voltaire (mi primer sillón literario, antes que el de orejas), la bizquerita de Inés ("luz de donde el sol la toma"), la hondonada en la cama, los muchachos del hotel sin baños, la novela sobre los sindicatos pesqueros, la manifestación de mayo del 68, el vía crucis rectal, Pigalle, Perugia, Ribeyro (que parecía su personaje, como Bioy de Borges), los escritores disfrazados de Hemingway, la crisis positiva, "detesto molestar"...

La manera de crear complicidad de esa novela era portentosa. Y daba tanta felicidad, te lo pasabas tan bien, que hay una genealogía agradecida de las recomendaciones. Nunca olvidaré al profesor del instituto que nos contagió a unos cuantos el entusiasmo, ni me olvidarán quienes la leyeron por el mío. Antes de mi pasión brasileñista, "lo peruano" era mi ideal vital. Formaban parte el taciturno Julio Ramón Ribeyro y esa máquina de funcionar que era Mario Vargas Llosa, pero el centro estaba en la mezcla de humor y melancolía de Bryce Echenique, que combinaba los éxtasis y los desastres. "Especie de Woody Allen peruano", lo calificaban en la solapa de Tantas veces Pedro, la novela que antecedió al Martín Romaña.

Fue muy expresivo que, para contestar al título que el impetuoso Varguitas le había puesto a su recopilación de artículos, Contra viento y marea, Bryce titulara la suya A trancas y barrancas. El sino del Perú lo ejemplificó con una gracia que nos hacía partirnos de risa una tarde de finales del verano de 1985 en el Ateneo de Málaga. Contó la única batalla que, en la guerra contra Ecuador, ganó Perú. La aviación peruana hizo una incursión en territorio ecuatoriano y bombardeó la primera casa que vio. En esa casa vivía un peruano. (La historia es perfecta, pero lo he mirado ahora y aquella guerra la ganó Perú: Bryce estaba haciendo un esbozo de su literatura.)

En la Semana de Autor que se le dedicó en Madrid en 1987 hubo una discusión muy divertida: Agustín García Calvo se enfadó con Bryce Echenique, por lo poco en serio que este se tomaba Mayo del 68 y, sobre todo, porque el personaje de los mocasines del Martín Romaña era una parodia de García Calvo, como entonces supieron los asistentes. Esta falta de seriedad revolucionaria propició que lo dejara su amor parisino. Del cual, por cierto, tuve noticia azarosa tiempo después, ya que conocí al hijo afrancesado que ella había tenido con el hombre por el que lo dejó: uno de los socialistas más poderosos (y prósperos) del equipo de Felipe González.

La literatura de Alfredo Bryce Echenique tiene un alto valor por su ligereza, por su fluidez, por su manera proustiana de enroscarse muy saltarinamente, provocando emociones y risas. Los estudiosos han destacado siempre su oralidad, que es un prodigio. Sus obras maestras son para mí Un mundo para Julius, el cuento (largo) "Baby Schiaffino" y el Martín Romaña. Me aseguran que también sus memorias, cuyo primer tomo se titula muy oportunamente Permiso para vivir: el que Bryce se tomó a lo grande, obteniendo algunos triunfos y millones de fracasos, que se convertían en nuevos triunfos cuando los narraba.

Su retiro peruano de los últimos años, inactivo, contemplativo, deshecho, fue ejemplar a su modo: se trataba de entregarle a la muerte un cuerpo gastado. Gastado en vivir. 

* * * 

8.3.26

Quedaba un fleco del año Franco

[Montanoscopia] 

1. "El cine español naufraga en océanos de autocomplacencia provocados por la cocaína", dijo hará unos veinte años el director Cuerda. Hoy podría haber dicho que los provoca la ideología. Aunque ya era así entonces.También. 

2. Hace solo siete años decirle a alguien que estaba en el lado correcto de la historia se consideraba una burla o un insulto. A mí me costó una novia decirlo. Aún había discernimiento. Hoy se paladea como un elogio, que es como se emite. Se acabó el tiempo de la duda, del titubeo sobre lo que se hace (cuando se presume de ello es mera duda cosmética). Hay que actuar rápido y bendecirlo al momento. O mejor, bendecirlo antes: las justificaciones son preventivas. No dependen del qué, sino del quién. Quienes están en el lado correcto de la historia pueden hacer lo que quieran. Y están en ese lado no por lo que hagan, sino por definición. Es una burda maniobra totalitaria del ego. Susan Sarandon no te dice más que lo que tú quieres que te diga. ¿Cómo no te lo ibas a creer? 

3. "Es ingenuo practicar un seguidismo servil", dice Sánchez. Se refiere a los que siguen servilmente a Trump, pero eso no les ha evitado el sobresalto a los que siguen servilmente a Sánchez. 

4. Mismamente Siouxsie, la ministra de Igualdad, que justo después le dijo a su papichulo: "Gracias por tu compromiso con la paz, con el no a la guerra, y con todos los valores y derechos humanos que nos hacen dignos". Y ayer, para rematar: "Eres el superhéroe de la democracia". 

5. El Año Franco no se conmemoró al final con los cien actos programados, sino con un único acto continuo: la suplantación del franquismo, con su caudillo y todo. Pero el perfeccionista Sánchez era consciente de que le quedaba un último fleco, que cubre ahora: ¡la autarquía! 

6. Terrorífica imagen del mamarracho Trump bendecido piramidalmente por pastores evangélicos. Vuelven las guerras de religión y Trump es otro ayatola que nos toca la pirola. 

7. Decir que el PP anda como vaca sin cencerro es decir demasiado del PP: el PP sencillamente no anda. 

8. Qué distintas despedidas han tenido (lo observó alguien en Twitter) Gregorio Morán y Fernando Ónega. Es la diferencia entre el outsider y el insider. En realidad, la despedida de cada uno ha sido la justa: la que estaba acorde con lo que era. Un libro sobre ambos se podría titular: La Transición y su sombra. De lo único que leí del primero, El cura y los mandarines, recuerdo el episodio de los abanicos. En cuanto a Ónega, toda la vida me formulé su apellido sin tilde: Onega. La transmisión para mí fue oral, lo que lo certifica como hombre de radio. Pero antes de que zarpe este viaje, se ha subido a la barca de Caronte el portugués Lobo Antunes, que tuvo el acierto de no ser Saramago. Lo que le dio calidad y honestidad, pero le quitó el Nobel. 

9. Que una mujer tan producida como Santaolalla sea el emblema del 8-M me parece un paso adelante. Mejor la artificialidad aquí que la siempre sospechosa naturalidad. Es cierto que podrían haber elegido a las mujeres iraníes que luchan contra el patriarcado, el deseo de algunas de las cuales sería justo poder presentarse como Santaolalla. Pero hay cosas (en la pseudoizquierda) que no pueden ser. 

10. Soy otro de los enganchados al monito Punch, que arrastra su intento de salvación en forma de peluche naranja. Todos arrastramos el nuestro. Podríamos decir lo que dijo Melville de Bartleby: "¡Ah, Punch! ¡Ah, humanidad!". 

* * * 

5.3.26

La última chapa de los Goya

Yo no estoy para la historia, la verdad. En los follones históricos (y los bélicos son los follones históricos por antonomasia) lo que me sale es el grito cionaresco: "¡Abominable Clío!". Clío era la musa griega de la historia. Y la historia es eso que les dejo a mis criados. O que les dejaría, si los tuviera. Como no los tengo, yo mismo debo manejarme con la historia desde mi sillón. Hasta que mi sillón estalle con alguna de las bombas que lanza la historia.

Lo llamativo es que no nos hemos movido ni un milímetro de las guerras médicas. Los griegos y los persas sí se han movido, sin embargo. Al mando de los otrora racionales griegos está hoy el alocado Trump, sin Leónidas alguno en lontananza. Al mando de los persas unos Jerjes muy raros, verdugos de Alá. Por otra parte, entre los griegos hay quienes piensan como los persas; y entre los persas quienes piensan como los griegos y quisieran vivir igual. No falta el Efialtes de turno, que esta vez ha caído en nuestro país. Como uno de sus ministerios da un millón, los bardos españoles han empezado a cantar el patriotismo del vendepatrias. Se ha adelantado el acomodaticio Del Molino, rápido como el rayo.

También el que da el millón, o sea, The Puentete, ha desplegado una bandera de España en su perfil de Twitter. No falla lo del patriotismo como último refugio de quienes ya saben. Ahora se muere por España el que ha destruido su sistema ferroviario, impidiendo que los españoles puedan transitar por ella. Es un retorno tácito a la España de los cantones la promovida por el ministrete.

Yo no soy neutral, pero soy escéptico y estoy cansado. Me posiciono con los iraníes (sobre todo con las iraníes) que han estado luchando contra los ayatolas y querrían quitárselos de encima: lo que a ellos (sobre todo a ellas) les parezca bien. No confío en las soluciones posibles que vengan de fuera, sobre todo si vienen del patán Trump empujado por el patán Netanyahu. También estoy con los israelíes que se defienden de los ayatolas y quieren eliminar su régimen, si eso fuera posible. Estoy con unos y estoy contra otros, pero sin operatividad. Por eso me limito a observar la historia desde mi sillón, lanzando únicamente cables emocionales y sé que inútiles.

En cuanto al patriota, según el acomodaticio Del Molino, Sánchez: qué hastío ya del sujeto. Ahora resucita el No a la guerra, o sea, se pone la última chapa de los Goya, la traca final en cuestión de chapas: volviendo a darnos la de 2003, precursora del resucitado guerracivilismo. Qué cortedad de miras más irrisoria la suya. Alguien ha tenido una iluminación en su entorno (tal vez él mismo) y se ha dado cuenta de aquello que atisbó Errejón con sus iniciales discursos falangistas: que el populismo sin nacionalismo no va a ninguna parte. El propio PSOE pudo haber sido aquel Podemos-Vox que reventase las urnas. Pero de la misma manera que la imposibilidad en España de aquella combinación nos libró de ella, para el PSOE es demasiado tarde ya. Salvo que los españoles sean más tontos aún de lo que han demostrado.

En algo tiene razón el acomodaticio Del Molino: la derecha española siempre fue la traidora efectiva de lo que proclamaba pomposamente. Lo que no ve (¡se lo tapan las anteojeras acomodaticias, y puede que ya el sueño del millón!) es que la izquierda española es hoy la que exactamente ocupa aquel lugar. Sin que la derecha española haya terminado de desocuparlo del todo. ¿Entienden mi derrotismo? 

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1.3.26

El millón literario del ministrete

[Montanoscopia] 
 
1. Qué gran idea la de la conferencia que dio Gascón en el Club Tocqueville: Billy Wilder y la política. Es una delicia, por lo que dice del tema y por lo que dice de Wilder a secas. Se podría añadir algo de Traidor en el infierno que hoy está más vigente que nunca. Cuando los demás presos le echan una manta encima a William Holden y le dan una paliza por creerlo el traidor, narra con la voz en off Holden (cito de memoria): "No podía verlo, pero sabía que el traidor era el que me pegaba más fuerte".  
 
2. Islandia, de Vilas: un libro eminentemente antiburgués, y por eso rechazado por los paladares burgueses, que son todos los paladares españoles menos el mío y el de Manolo Kabezabolo. Tiene una gran virtud, como todo lo de Vilas: la voz, solo suya, singular, interesante. Y un gran defecto, como todo lo de Vilas: que después de varios párrafos ya no sabe qué hacer con esa voz, salvo repetir los mismos párrafos pero sin el arte de la repetición que tenía Bernhard para que siguiera teniendo interés. 
 
3. "El arte es un modo de desobediencia", dice Millás. ¡Millás! Y se lo dice a Évole. ¡A Évole!  
 
4. El ministro de Transportes que ha destruido el sistema ferroviario español, ejemplo para el mundo entero hasta que llegó él, se saca ahora un millón de euros de la chistera (una chistera conectada al bolsillo del contribuyente) para premiar a un literato presumiblemente oficialista, o sea, de García Montero para abajo (o para arriba, según se mire). Como el premio se dará en nombre de AENA, a nuestros literatos ya no les bastará gritar: "¡Vivan las caenas!". Ahora deberán gritar también: "¡Vivan las aenas!".  
 
5. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: los dos mejores escritores españoles vivos, Azúa y Savater, escriben en el periódico al que el dispensador de millones literarios The Puentete llama The Ojete. O sea, que su "aportación" a la literatura ya la tenía hecha el ministrete.  
 
6. He visto los dos documentales sobre Luis Cernuda que hay en TVE (uno de 1986 y otro de 2022). Los dos son mediocres, pero se aguantan por el gran Cernuda y los textos que se leen, y por los escenarios que aparecen. En el primer documental sale algo que hoy resultaría inconcebible y que no diré, porque lo quitarían. Manifiesta la moral laxa de la época, que tenía asidero grecolatino. El segundo está absurdamente recargado de canturreos andaluces, anticernudianos. Resulta llamativo que en los dos se recite el extraordinario poema Si el hombre pudiera decir, pero omitiendo ambos el final, que es lo mejor: "Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido".  
 
7. Para escapar de Manu Sánchez e incluso de Juanma Moreno (de Marichús Montero no era necesario, porque ya había escapado ella preventivamente), paso el 28-F releyendo las traducciones que hizo Cernuda de Hölderlin. Mi Andalucía es la que lee a Hölderlin. Todo lo demás es la Pantoja. Tiene gracia, por cierto, que Cernuda se equivocase y tradujese como "restallan las banderas" lo que tenía que ser (él mismo lo corrigió luego) "rechinan las veletas".  
 
8. Leo un profundo libro de poemas, que tiene aires de Rilke, Hölderlin y Heidegger, de quien sale el título: Ereignis (o "el acontecimiento"), de Carmen Palomo Pinel (Vandalia). Los versos "Pues jamás se ama tanto la vida / como antes de morir" me provocan una epifanía. Anoto: una sola cosa la vida – una sola cosa (que es todo) lo que se deja
 
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26.2.26

El 23-F y los periódicos

Siempre que llega el aniversario del golpe (o "la intentona golpista") del 23 de febrero de 1981, yo celebro otro: el de mi debut como lector de prensa. Alguna vez lo he contado, pero como la actualidad es recurrente, yo también lo soy. No quiero estar en inferioridad de condiciones con la actualidad. Al igual que mi maestro el brasileño Nelson Rodrigues, "me repito con límpido impudor".
 
El 23-F me conmocionó a mis catorce años, porque hasta entonces la historia parecía avanzar por raíl riguroso. Yo era un niño espontáneamente historicista, en la acepción de Popper. Habían tenido lugar acontecimientos importantes (muerte de Franco, coronación de Juan Carlos I, aprobación de la Constitución, elecciones, debates parlamentarios...), pero todo como un trasfondo sin alteraciones de los juegos infantiles. En el despuntar de la adolescencia, de repente, la quiebra del golpe: el aprendizaje de que la historia es contingente.
 
Empecé a leer el periódico, quiero decir El País, aquellos días. En casa solo comprábamos el Teleprograma, signo de la prevalencia de la televisión. Por mi cuenta me había aficionado a la radio; por eso asistí, mientras estudiaba para un examen de Biología que finalmente se suspendió, a la célebre noche de los transistores, hasta que salió el Rey. Los primeros periódicos que adquirí fueron los especiales sobre el 23-F; el inaugural, un monográfico en blanco y negro del Interviú, sin desnudos. Desde entonces compré El País los domingos y los demás días lo leía en la biblioteca del barrio (frente a cuya puerta, por cierto, ETA asesinaría años después a Martín Carpena). También comencé a curiosear la revista Cambio 16.
 
Me doy cuenta ahora de cuánto hubo, en mi interés, de historia del presente; o sea, de la historia que no está hecha, sino que se está haciendo. El lector de periódicos tiene la perspectiva indeterminista que le recomendaba Huizinga al historiador, quien "debe situarse constantemente en un punto del pasado en el que los factores conocidos parezcan permitir desarrollos diferentes. Si se ocupa de la batalla de Salamina, debe hacerlo como si los persas pudieran ganarla aún". Por esto es tan apasionante asomarse a la hemeroteca.
 
Fueron veinte años de lectura de periódicos en papel. Hitos estupendos: cuando en el Johnny me encontré con que ponían a diario cinco o seis en cada planta y en la biblioteca de Periodismo estaban aquellas fastuosas mesas con todos, los nacionales y los locales, más los que podías recoger en las pilas de los pasillos. A amigas de Colombia y Brasil les pedía que me trajeran ejemplares de sus países. ¡Qué desayunos con el periódico, qué tardes con solecito! ¡El placer del viaje en tren con el que te daban, más algún otro que birlabas de algún asiento! ¡Y los tirados en las papeleras! ¡Y los hojeados de pie en el Vips o el OpenCor!
 
Mi paso a la lectura en digital tuvo una transición simpática. Durante un tiempo, si algún artículo me había gustado mucho, sentía la necesidad de mirarlo luego en papel. Pero eso se terminó, como todo lo antedicho. Ahora solo leo en el ordenador o el móvil y el periódico de papel me parece una medusa enorme y seca, inmanejable.
 
Dos sorpresas biográficas posteriores: el conocimiento de amigos de la burguesía que se jactan de que en sus casas jamás entró El País; y se les nota en un último reducto casposillo. Y mi decepción actual con el periódico, que pasó del exaltante "El País, con la Constitución" al deprimente (y tácito) "El País, con Sánchez". Aunque hoy podría repetir el del 23-F; total, si la Constitución es de Pumpido...
 
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22.2.26

Tezanos no nos engaña

[Montanoscopia] 
 
1. Una mujer que llama de parte del CIS me pregunta amablemente si le puedo dedicar quince minutos. "Con dos segundos basta", le digo, "ponga en todo no sabe/no contesta y que me cago en Tezanos". Y cuelgo. Se lo estoy contando entre risas a los amigotes cuando caigo en que Tezanos, en realidad, no nos engaña. Lo que ocurre es que los antisanchistas no respondemos, por lo que sus resultados solo pueden ser sanchistas.  
 
2. Esos "pocholos". Las pozas de la derecha española. Los de izquierda que estamos en el antisanchismo nos vemos rodeados de gente turbia, empujando supuestamente en la misma dirección. Aunque no sé por qué hablo en plural: en la izquierda antisanchista estoy yo solo, y más solo que la una. Con la sensibilidad a flor de piel: una sensibilidad que me expulsa de todo y de todos. Cada día se incrementa mi misantropía. Algunos me sugieren pragmatismo (un pragmatismo que no he aplicado a mi vida). "El mal menor", dicen. Y sí, reconozco que es menor, comparado con lo que hay. Pero aun así sigue siendo muy malo. Que no cuenten conmigo.  
 
3. Lo de la izquierda (¡Patxi López, Antonio Maestre!) defendiendo el burka ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Una victoria que consistía para empezar (¡vivan los griegos!) en no llevar burka. Aunque el tiempo sí que le ocultó la cabeza, se la cortó con su cimitarra.  
 
4. Pisarello será el candidato de los Comuns a la alcaldía de Barcelona. Le ha ganado las primarias a Bob Pop. Así que los comunes prefieren como alcalde a uno de Tucumán antes que a uno de Madrid... Aunque tal vez haya predominado el sesgo "capacitista", por recurrir a la turra del propio Bob Pop. En cualquier caso, esta derrota nos ha privado, como tuitea Argudo, de que concurra un Chikilicuatre.  
 
5. Gracias a las maniobras de Trump contra el Tribunal Supremo nuestros sanchistas han encontrado la ocasión de predicar contra las maniobras de un presidente contra el Tribunal Supremo. Ocasión que nunca encuentran cuando es Sánchez el que maniobra contra el Tribunal Supremo. 
 
6. Llenazo en el Centro Cultural La Malagueta para la charla de Manuel Arias Maldonado con Fernando Jiménez Sánchez sobre La corrupción en la democracia. El Aula de Pensamiento Político lleva una racha inmejorable, con especialistas que analizan con precisión, sin énfasis, lo que pasa. No incurrir en el oficialismo deja impolutas sus herramientas epistemológicas. Con la corrupción particularmete lo que pasa ante todo es que produce desmoralización.  
 
7. Hojeando el nuevo libro de Juan Gabriel Vásquez, de artículos, me fijo en la dedicatoria: "A Jordi Gracia". Con eso está dicho todo, le digo a un amigo. Él lo redondea: "En la dedicatoria está su epitafio".  
 
8. Uno de los mejores ciclos diarísticos de nuestra literatura es el de Juan Gracia Armendáriz, que con el anclaje de su enfermedad renal escribe de todo: la presencia de la enfermedad acentúa el carácter trágico y milagroso de la vida. Después de Diario del hombre pálido y Piel roja, publica Diario de la frontera (Demipage). Termina con el trasplante de riñón, tras el cual escribe: "A mi alrededor todo se difumina en una abstracción. Y, sin embargo, cobra una dimensión más vívida. Se diría que la brisa está henchida de una profunda ternura. Todo se aligera". Me he acordado de este aforismo de Nietzsche: "La salud se anuncia: 1) por un pensamiento con un vasto horizonte; 2) por sentimientos de reconciliación, de consuelo, de perdón; 3) por el melancólico reírse de la pesadilla con que hemos estado peleando".  
 
9. Viajo en autobús a Sevilla para la nueva exposición de Miguel Gómez Losada, Prēlune (Di Gallery, hasta el 4 de abril). Escribe el pintor: "Hasta donde he podido saber, la palabra Prēlune no tiene traducción. Me atrevo a definirla como oscuridad entre lunas. Prēlune es ese intervalo, una metáfora de la noche cerrada, un vacío semántico donde la pintura pone visión". La conjución entre la fantasía (sutil) y la maestría (sin alardes) produce unos cuadros de muchos quilates pero sin relumbrón. Me recuerda de nuevo a Nietzsche: "No todo lo que es oro reluce. El brillo suave es propio del metal más noble". 
 
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20.2.26

Contra el espíritu de la pesadez

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:23
 
Buenas noches. Me gustó, querido Rafa Latorre, que dijeras en El Ambigú de David Mejía que yo soy nietzscheano. En efecto, Nietzsche es mi filósofo favorito. Pero hay varios Nietzsches y el mío es el de la alegría y la ligereza. El que escribió, por ejemplo, este aforismo precioso: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar". Es el Nietzsche que dijo que solo creería en dioses que supieran bailar y reír, y el que advirtió contra "el espíritu de la pesadez", que aplasta la vida y la estropea. Hoy es el espíritu de la pesadez el que manda, aniquilando todo brote de espontaneidad; o agriándolo, que viene a ser lo mismo. Hemos vuelto a asistir a esta expansión deprimente con la respuesta (¡cargadísima!) de Sarah Santaolalla al chistecillo de Rosa Belmonte, que no era más que eso: un chistecillo, gracioso además. Belmonte, que es, como escribió Borges de Verlaine, "inocente como los pájaros", vuela también como ellos, o revolotea, soltando frases inteligentes y gamberras, y sobre todo ligeras, que tienen la cortesía de disiparse al poco de surgir, como una pompa colorida de jabón. Pero Santaolalla ha atrapado una que la aludía y la ha inflado, la ha paralizado y la ha convertido en un pedrusco que se ha colgado al cuello para exhibirse como víctima de una (¡agárrense!) "agresión". Lleva días con ello, pesadísimamente. Con el aplauso de muchos, como es natural, que también han sucumbido al espíritu de la pesadez, convirtiéndose en unos pesados. Una vez que el espíritu de la pesadez se pone en marcha, no hay nada que hacer. Porque no merece la pena el chiste que se soltaba con levedad, por diversión, si a cambio te caen una almidonada quejándose y un chaparrón de pesados. ¡Huyamos a las catacumbas! ¡El único sitio donde puede haber ligereza ya!

19.2.26

Dificultades semánticas con la política española

En estas columnas me suelo dedicar al entretenimiento porque en realidad estoy fuera de la, así llamada, conversación pública española. Y esto debido a sus desplazamientos semánticos. O a sus adulteraciones semánticas. Las palabras se utilizan como meros recursos de poder, en su sentido más bajo: de poder partidista. Volvemos a los sofistas y a Nietzsche, un Nietzsche rudimentario. Esto permite una cierta diversión boxeística, pero sin mayor recorrido. Se agota y yo me he agotado ya.

Se supone que los componentes semánticos esenciales de nuestro sistema los fija la Constitución, pero también esto ha caducado a estas alturas. La de 1978 llevaba en su título IX, "Del Tribunal Constitucional", una instancia falsificadora. Por ello hemos aprendido tristemente que el texto constitucional no dice lo que dice, sino lo que dice que dice el Consejo de Brujos, encabezado hoy por el brujo mayor Pumpido, que dirá que la Constitución dice lo que diga Sánchez. Obviamente, esto siempre estuvo así: solo había que atreverse a hacerlo. En lo sucesivo, bastará con que se atrevan también los nuevos Pumpido y Sánchez, del mismo partido o de otros partidos. La Constitución que hemos defendido durante largos años, y que esta ha semana ha celebrado su récord de años, albergaba un bicho.

Lo mismo sucede, en cuanto a mis dificultades semánticas con la política española, con la matraca incansable de "izquierda" y "derecha", que desde hace un tiempo nos asalta cotidianamente todavía más que el (¡insufrible!) fútbol.

La derecha, cierta derecha, insiste en llamar "centro derecha" a la ultraderechista Vox, por ejemplo. O "liberal" a lo que es episcopal. En cuanto a la izquierda, le llama "izquierda" a lo más reaccionario que tenemos, que es ella misma. Nuestra izquierda es la reacción pura y se llama izquierda. Ha desalojado el componente semántico de la palabra. Lo que no le impide usarla inflacionariamente. Y para atacar; es decir, para llamarles a sus críticos lo que ellos son.

El asunto Rufián es la piedra angular de este despiporre. Que un reaccionario como es todo nacionalista, rozando el fascismo por definición, se presente no solo como de izquierda, sino como la solución para toda la izquierda, sin que estalle el país en carcajadas prueba el éxito tergiversador de estos cuatreros semánticos. Culmine o no su aventura, es su simple propuesta el síntoma. El síntoma de esa enfermedad que hace que la izquierda se vea, no solo compatible, sino idealmente fusionada con el nacionalismo. ¡Y con el nacionalismo de los ricos además, en España!

Al final, en la política española hay adscripción partidista y punto. Si un partido como el PSOE es supuestamente de izquierda, él define lo que es o no la izquierda. La izquierda es entonces, tautológicamente, lo que diga y haga el PSOE. Impera el "patriotismo de partido", o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga. Muchos se dicen de izquierda y lo único efectivo que están diciendo es: soy del PSOE (o de cualquier otro partido autodenominado de izquierda).

La cúspide del dislocamiento semántico (dislocamiento que nos vuelve locos) es la manía actual de hablar de la verdad y los bulos. ¡Hasta firman manifiestos! Por lo general, hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar (y prestigiar) sus fechorías. Una vez más, no se atiende a los significados reales, sino que se tiende a imponer otros falsos.

Por todo esto oigo la, así llamada, conversación pública española como quien oye llover. Llover sapos. O besugos, en este diálogo de besugos.

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15.2.26

Un concentrado pétreo de lo peor

[Montanoscopia] 

1. En el nuevo episodio de Yira Yira, podcast que nunca me pierdo, Arcadi Espada le pregunta a Yaiza Santos por la última comparecencia de Pedro Sánchez. Ella le dice que no la vio, que no puede con él. Espada le reprocha que sea una sentimental. Pero no es una cuestión sentimental: es una cuestión estomacal. Si no eres cronista parlamentario ni periodista que deba estar informado al segundo de las evoluciones del presidente, atenderlo es una manera fulminante de estropearte el día. Ya casi lo es con que te pille una ráfaga, como inevitablemente termina sucediendo. La desgracia democrática que esto implica no hay ni que explicarla. Pero el hombre se ha convertido en un concentrado pétreo de lo peor: mediocridad intelectual (y actoral), falsedad, fullería, ventajismo, matonismo, ineficacia para cualquier cosa que no sea retener su poder (su poder vacío), cortoplacismo, sectarismo, narcisismo, ¡hasta victimismo! Asistir a ello me pone malo. Si algo hemos aprendido en el sanchismo es que hay que quitarle a la política lo que se quiere comer, y quiere ensuciar, de nuestra vida. Por eso todo minuto hurtado a Sánchez será un buen minuto; o al menos un minuto mejor que si se lo concediéramos. (El de esta entrada, en consecuencia, ha sido un mal minuto.) 

2. El aluvión moralista contra Rosa Belmonte por su frase "la mitad tonta, la mitad tetas" se explica en este contexto de inmoralidad desatada. Esa misma mañana la proetarra Aizpurua osó pronunciar la palabra "víctimas" en el Congreso ("al PP no le importan las víctimas", en referencia a las de Adamuz), con el aplauso de la pseudoizquierda, incluida la gubernamental. Si te tragas estas obscenidades, te tienes que indignar por un chiste. La desvergüenza tiene sus leyes, relacionadas, además de con la parcialidad y la degradación de las proporciones, con la sobreactuación. El chiste encima era una cita; o sea, que se trataba de una frase tamizada, indirecta, ¡con bibliografía! El problema de la aludida Sarah Santaolalla no es la calidad de su "intelecto", palabra que ella misma ha utilizado, ni su supuesto implante de tetas. El problema es su implante ideológico, mejor dicho, partidista; y su ínfimo nivel. 

3. Lo que el PSOE no le perdona a Felipe González es que con él sí funcionasen los trenes. 

4. Lo del premio de Ayuso a Trump, además de ridículo, es deprimente. Una de las pulsiones más incomprensibles de la derecha española es cómo se empeña en ajustarse a los trajes que le confecciona la izquierda. Empeño que los transforma en profecías, puesto que lo que empieza como insidia termina como descripción. 

5. "El fascismo no se ha ido", dice el aporreador de guitarras Raimon. ¡Pero cómo se iba a ir, si los cantautores lo habéis conservado en salmuera! En realidad sí que se fue, por breve lapso: durante la Movida, en la que bailamos sobre su tumba; su tumba efectiva. Pero la Movida murió, regresaron los cantautores y trajeron de la manito a Franco, cuya vida es la razón de ser de los cantautores. La explicación es muy sencilla: si el antifascismo que siguen proclamando no es contra Franco, entonces solo puede ser... ¡contra nuestra democracia! Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: el antifascismo de hoy es contra la democracia. 

6. He visto la serie de 1980, dirigida por Fassbinder, Berlin Alexanderplatz. La adaptación de la novela de Alfred Döblin es portentosa: tan cinematográfica como literaria; nunca había tenido con una película tal sensación de estar leyendo, con la complejidad de la lectura y el dominio de la palabra. La serie, oscura, descarnada, tremenda, retrata el abigarrado Berlín de 1928, con todas sus tensiones, incluida la del naciente nazismo, a flor de piel. El actor Günter Lamprecht sostiene la historia con su Franz Biberkopf, al que se lo debe todo (lo supiera o no) James Gandolfini. Lo acompañan magníficamente los demás, en especial Hannah Schygulla, Barbara Sukowa y Gottfried John. 7. Pero no hay que ver series. La propia idea de serie activa el demonio aritmético: uno empieza a verlas y ya no puede hacer otra cosa que ponerse capítulo tras capítulo, y vivir exclusivamente para ello, porque hasta que no acabe el último no se quedará tranquilo. 

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12.2.26

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente

Desde que dejé de ser columnista de domingo (con conciencia de lunes), gano todas las elecciones. Escribir en domingo era una rutina grata, resultaba más descansado; salvo los días de votación, en que se alteraba todo: había que estar pendiente de las noticias, con agonía, aguantar hasta ultimísima hora y por fin trabajar muy entrada la noche, a veces sin conocer el resultado preciso. 

Esto en lo que a mi vida personal se refiere, que ha mejorado en los domingos electorales, ahora de churros, paseítos, algún polvete, películas y lectura, hasta la tertulia de Alsina con mi vinito, mis patatitas y Varela desmenuzando los datos sobre los que no tendré que improvisar conclusiones. Este domingo aragonés también estuvo, anticlimáticamente, el acomodaticio Del Molino, pero esa es otra historia. En cuanto a mi vida política, que es la del país entero, va de desastre en desastre. Hablo desde mi punto de vista, como es natural, que es el del votante fino, hoy fatalmente abstencionista. 

En esto último, Felipe González ha declarado que confluye conmigo: votará en blanco en las próximas generales. En realidad, son dos cosas distintas votar en blanco y abstenerse, es decir, no votar. Una tercera posibilidad, más expresiva, es el voto nulo: pintar un cipote en la papeleta o algo así. Aún no sé por cuál de las tres decantarme. Coinciden en la vocación de pureza (reconozco que huerfanita, como nos acusan los sartrianos de las "manos sucias"); pero desde la pureza habría que afilar el daño. No me escondo: cuando llegue el momento, le preguntaré a la IA qué perjudicaría más a Sánchez, si el blanco, la abstención o el nulo, y ahí me tiraré. (A ciegas va ganando lo del cipote.)

Para el votante fino votar a Vox está descartado, así como votar al PP que va a pactar con Vox. La posibilidad de votar a Izquierda Española, que me tentó cuando surgió, se ha disipado debido a su putinismo (o a su no explícito antiputinismo) y a alguna que otra majadería tan izquierdista como española. Algunos electores (según mis cuentas, solo tres o cuatro) tenemos la peculiaridad de ser a un tiempo antisanchistas y antivoxistas, lo que nos ata las manos electorales (salvo para dibujar cipotes en las papeletas).

En el fondo, nuestro antisanchismo y nuestro antivoxismo es lo mismo. Vemos con irrefutable clarividencia que el voto voxista es un voto sanchista. Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán. Vox es simultáneamente la piedra angular (argumental al menos) y la guinda del asqueroso pastel del sanchismo.

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente. Por eso el panorama nacional es tétrico; desde luego, no pasa el corte del votante fino. En las elecciones del pasado domingo, Vox duplicó sus escaños. La explicación no deja de ser simple: es lo simple. También es lo simple votar al otro partido que subió, la Chunta Aragonesista, de cuyos miembros y votantes esto es lo más suave que se podría decir: ¡hay que ser muy aragonés para ser aragonesista!

Podemos y Alvise fueron eliminados, lo que es la única noticia excelente (una única noticia, porque van en el mismo lote pútrido). Izquierda Unida-Sumar sigue. Aragón Existe pierde, pero mantiene a Guitarte (¡ya le vale a Aragón, coexistir con Guitarte!). El PP, que anda como vaca sin cencerro, baja, aunque ganando. Pero lo más triste de todo es que el PSOE (¡el PSOE de Alegría!) mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la pasokización del PSOE.

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