25.10.21

El repulsivo Otegi

No consigo que se me pase la repulsión por Arnaldo Otegi. Tampoco lo he intentado. Un aliento ético (y sí, político) la mantiene viva. Fueron muchos años de ver su jeta en los telediarios justificando los crímenes recién cometidos. Embadurnaba los cadáveres calientes en una abyecta mermelada ideológica, emitía frías frases estratégicas de vuelo gallináceo, como de estadista con boina, y aprovechaba para deslizar amenazas. Amenazas verosímiles, dado el contexto. Entonces no había Twitter ni había nada para expulsar la rabia. Solo quedaba darse cabezazos contra el televisor. Se almacenó tanto desprecio por los tipejos como Otegi que no se me van a agotar las reservas hasta que me muera.

Ni olvido ni perdón, en efecto. Porque se sustentaban en una mentira que se sabía que lo era: en la historia los engaños son acumulativos; están menos justificados los que van después. Tenía razón Jon Juaristi en su archicitado poemita: "Nuestros padres mintieron, eso es todo". Y un verso antes decía, con ETA en el trasfondo, lo de haber muerto y matado "tan estúpidamente". Mentira y estupidez. Era una locura. Y Otegi como representante de esa mentira y esa estupidez. Fue un acierto de casting. Ahora es lo mismo, pero sin la gravedad sangrienta que le otorgaban los asesinos: a su favor. Lo desquiciante es el blanqueo. También (¡ay!) por el PSOE.

Otegi sigue siendo repulsivo, aun sin ETA, aun sin crímenes; aun con su tibia declaración sobre las víctimas. Su discurso es repulsivo. Está en contra de la democracia, de la pluralidad. No admite el Estado de derecho. Por eso combate el "régimen del 78", que es una democracia plural y un Estado de derecho. Trabaja, sigue trabajando, por la división, por la separación: la separación entre los vascos buenos y malos (que no son verdaderos vascos), la separación de los vascos del resto de los españoles, y la separación entre los propios españoles de acuerdo con la ideología. (Una derivada, esta última, de su rechazo al pluralismo.) "Mientras nosotros construimos puentes, las derechas cavan trincheras", ha dicho en la entrevista que le ha hecho su compañero de viaje en esto de cargarse la democracia española Pablo Iglesias. ‘Trincheras’ llama a la defensa de la democracia en la que caben todos; ‘puentes’ a las pasarelas con matones en la entrada y cocodrilos abajo.

Las preguntas del exvicepresidente segundo del Gobierno tienen delito (como tiene delito su frotación con Otegi; incluso, cosas de ser Iglesias, su frotación consigo mismo). Por ejemplo, la que empieza: "El PP y la ultraderecha, como era de esperar, han respondido a la declaración con agresividad". Se pone fino con no sé qué ‘agresividad’ mientras abraza al que se apoyaba en los crímenes. Y así todo. 
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18.10.21

Carmen Mola, nave nodriza

Sales hubo que pedir cuando a Carmen Mola le salieron tres pichas. Donde había una mujer, aunque desconocida (¡invisibilizada!), aparecieron tres hombres con unas caras de señoros que no podían con ellas. La glamurosa nave nodriza abrió sus compuertas y salieron –genuinos hombres de la tarta– tres anticlimáticos cobradores del frac a llevarse el millón de euros. ¡Un atraco a la mujer fantasma desde dentro de ella misma!

El punto culminante en la impostura fue, sin embargo, cuando una periodista cultural escribió este tuit: “Hasta hoy el premio Planeta lo habían recibido 16 mujeres y 53 hombres. Hoy podrían haber sido 17 y 53. Pero resulta que de una tacada son 16 y 56. #UnPlanetadehombres”. La aplicada contabilidad en medio de la carnavalada: tal es el sino del periodismo cultural que presume de ser político ante todo; o sea, secundariamente cultural. Y sin rastro de humor.

De inmediato vino la inspección a fondo de esa falsa mujer: cómo se había colado en revistas femeninas, cómo había opinado de la novela negra escrita por mujeres, cómo recomendaba libros de sus componentes y cómo la editora había declarado que su autora era madre de tres hijos (¡el trío calavera!). Iban de soponcio en soponcio y yo, por no hacer mudanza en mi costumbre, me mondaba de risa.

Mis nostalgias no son las que se llevan ahora, de pasados idílicos, sino de los tiempos en que lo prestigioso era la fluidez de las identidades. Dicho de otro modo: de cuando se sospechaba que la identidad era una cárcel que había que derribar, o al menos limarle los barrotes. Nuestro Eugenio Trías, por ejemplo, escribió en 1970 Filosofía y carnaval, donde el carnaval era lo liberador (no sin heridas: cuatro años después siguió indagando en el asunto en Drama e identidad).

Por eso me ha hecho gracia el juego retrospectivo de Carmen Mola, aquel tímido jugueteo en el que apuesto a que había más literatura que en sus libros. Lo paradójico de Twitter es que es un escenario puramente carnavalesco... en el que se practica desaforadamente la fiscalización de las identidades. No se para de jugar, a la vez que no se perdona el juego. Ese es el juego: pesadísimo.

En cuanto a los nuevos tres tenores de la escritura comercial, me temo que han matado a la gallina de los huevos de oro, por sacar al escaparate sus huevos de carnecilla. “Con tres pares de cojones”, dijeron en otro tuit. Y este sí. 

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13.10.21

Un tropezón en el pastel de Almodóvar

Ya solo voy al cine para ver la de Woody Allen y la de Pedro Almodóvar. Es una actividad claramente crepuscular, como de despedida de las salas. Que se lo merecen: son humillantes las instrucciones que te sueltan antes de la película sobre el uso de las papeleras, las mascarillas y los móviles. Una reducción adolescente del espectador, que algunos espectadores sentimos como patadas en el culo.

Mi humor no era el mejor, como se puede ver, cuando empezó Madres paralelas. Y salí peor aún: proclamé en Twitter que la película era muy mala, que estaba ya entre las otras insalvables de Almodóvar, que son Kika, La mala educación y Los amantes pasajeros. Pero, curiosamente, con los días fue mejorando en mi cabeza. Me dejó, de forma inesperada, un poso acogedor. Como si se me hubiera desplegado dentro algo de lo que vi. Así que, preventivamente, rescato Madres paralelas de las irrecuperables. Tendría que verla otra vez, pero será dentro de unos años. Me pasó algo parecido con Los abrazos rotos, y en la revisitación me gustó.

Sé lo que me sacó de Madres paralelas, lo que me irritó: el simplismo ideológico. No el posicionamiento político del director, que comparto en parte, sino la manera ramplona, sin elaboración artística, con que lo manifiesta. Ahora sé, o intuyo, que bajo ese entramado corre otra cosa prometedora, más parecida al cine. Pero el entramado es delictivo. Me quedaré ya en este para algunos comentarios.

Somos malos lectores de nosotros mismos. Almodóvar no entiende (aunque en Dolor y gloria parecía entenderlo) que su tarea política la llevó a cabo con éxito en la Transición: cuando les dio contenido a las libertades formales que se proclamaron entonces. Almodóvar fue uno de los que propulsaron a España lejísimos del franquismo, más lejos de lo que está ahora. Él mismo ha contribuido últimamente a su retorno. El punto de inflexión fue la frase final, que francamente no venía a cuento, de Carne trémula. De pronto aparece una culpa rara, como un arrepentimiento de la frivolidad: con lo civilizadora que fue para un país tan pesado como España la frivolidad.

En Madres paralelas Almodóvar parece de pronto un cantautor: hace acopio de temas de la “agenda progresista” y monta un pastel propagandístico, casi una ponencia del PSOE o Podemos. Hay una frase contra Rajoy y otra contra los “apolíticos”, se habla de la ley de memoria histórica, de los muertos de las cunetas, de los falangistas de la guerra civil, de una violación grupal que evoca a la de la Manada... Aparece además una transexual y surge una relación lésbica, entre mujeres bisexuales. Para que la agenda esté completa, se representa a Lorca. Y como guinda del pastel, hay una cita final de Eduardo Galeano.

Está todo tan atado ideológicamente, hay un control tan ortodoxo de los ítems, que sorprende el punto que se escapa: un genuino tropezón. El arte suele estar en el sitio en que se descuida el artista, en aquello que elude su hipervigilancia. El tropezón al que me refiero no llega a arte, porque también está aquejado de un cierto populismo. Solo que, y aquí está la gracia, del otro: el voxista, concretamente. Resulta que el violador principal de la aludida Manada es un inmigrante latinoamericano: en la foto aparece con su tez tostada, su bigotín y su sonrisilla...

Lo bonito de este detalle chusco es que implica, después de todo, el triunfo del arte, o de la técnica al menos, sobre la ideología. Almodóvar simplemente necesitaba, por exigencias del guión, un bebé “un poco étnico” (como dice Rossy de Palma) para que el padre blanco pensase que no era suyo. Y el director manchego desbarata el férreo armazón psocialista-podemita de la película mediante la introducción de ese elemento voxista solo porque le venía bien argumentalmente. ¡Este es nuestro Pedro! ¡El que seguirá haciendo buenas películas! 

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12.10.21

Avisos sobre 'Inspiración para leer'

Avisos sobre Inspiración para leer

*Domingo 31 de octubre, 12h: Firma en la Feria del Libro de Sevilla, en la caseta de Jot Down.

*Jueves 25 de noviembre, 19h: Presentación única en la librería Luces de Málaga, con Luis Sanz Irles, Manuel Toscano y quizá alguien más.

11.10.21

Vox se lo ha cargado todo

Escribió Cayetana Álvarez de Toledo un tuit brillante el viernes, en el cuarto aniversario de la manifestación del 8 de octubre en Barcelona. Sobre una foto luminosa y colorida de aquella jornada, puso: “Lo volveremos a hacer”. Pero no, no lo volveremos hacer. Más que nada, porque no podremos hacerlo. El auge de Vox, con su infección de tinieblas, imposibilita cualquier cosa parecida a otra manifestación luminosa.

Hasta biográficamente puedo afirmarlo: uno de los amigos de Barcelona con los que hice la manifestación es hoy uno de esos voxistas pesadísimos que están siempre acusando y persiguiendo discrepancias de manera asfixiante y tramposa. Genuinos Echeniques de enfrente. Me tiene frito.

Otra de su cuerda (la Belarra de la ultraderecha la llamé, tampoco soy manco) respondió así a mis críticas: “Estaba todo bien y tuvo que venir Vox”. Es el mismo mecanismo. Pero en su parodia tendenciosa se transparenta algo esencial: para muchos, Vox es el principio de una solución. Para mí es la culminación de todos los fracasos. El tapón definitivo.

Todo iba de fracaso en fracaso, efectivamente. Estaba todo mal. Pero aquel día barcelonés se atisbó una posibilidad de patriotismo constitucional enérgico. Un patriotismo gloriosamente antinacionalista. Las banderas proliferaban con alegría liberadora, entre ellas la senyera, rescatada de sus hordas. (Estas la habían expulsado de facto, con su adhesión a la golpista estelada.)

Conozco la trazabilidad del auge de Vox, por otro lado. Se empeñan en explicármela, como si yo no hubiese sido testigo. Viene de la inoperancia del PP (de la inoperancia de Rajoy), de las coacciones habitualmente exitosas de los nacionalistas, de las aceitosas componendas del PSC, del estímulo indisimulable del PSOE (para el que, ante la falta de razones de Sánchez, Vox es una razón, quizá la única razón) y de la histérica agitación de Podemos. Este inició el peligroso juego de estimular bajos instintos en la población. Ahora se queja de que otros se hayan sumado a su juego, ocupándose de los bajos instintos que quedaban por estimular.

También conozco la diferencia entre Vox y ERC-Bildu, que es otra de las pedagogías que se empeñan en aplicarme. Y reconozco, por último, que el PP está ya más que legitimado para pactar con Vox: ¡lo ha legitimado el PSOE con sus propios pactos! Pero todos estos conocimientos y reconocimientos no me impiden llegar a la conclusión de que no hay nada que hacer. Sé de dónde ha surgido cada cosa y sé que de todas resulta una situación imposible.

¿Pero qué solución hay?, es la pregunta que surge. Hay tendencia a pensar que hay, que debe haber, una solución. Supongo que por cuestión de equilibrio psíquico. Pero los que tenemos amputada la proyección de esa posibilidad pensamos que no, que no hay solución. O no tiene por qué haberla necesariamente. Si la hay, será un milagro. Tampoco nos cerramos al milagro. 

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4.10.21

Casado no va

Casado tiene un problema: Ayuso. Y una ventaja: Sánchez. Si algún día llega a presidente del Gobierno, algo más que posible, será por Sánchez; por exclusivo mérito de Sánchez. No es baza pequeña, pero no depende de Casado. Porque Casado, en sí mismo, no va.

La que sí va es Isabel Díaz Ayuso. Va, concretamente, como un tiro. Ha dado el salto carismático, algo tan difícil en política. En un momento dado se situó en otro estadio, en otra órbita. Casi en otra dimensión. De pronto todo lo que dice tiene magnetismo, cae en gracia. A veces son bobadas, a veces son anacolutos. Con frecuencia son trucos baratos. Pero brillan. Y este brillo oscurece a Pablo Casado.

Ayuso encontró una manera luminosa de responderle al sanchismo (y al podemismo). Casado no la ha encontrado: sus críticas, no siempre equivocadas, son como de cenizo. Ayuso sabe ser alegre en su dureza; a Casado solo le sale un tono bronco, áspero, atropellado y risible. Ayuso tiene un cuchillo afilado que destella al sol; Casado un martillo de feria.

En la convención nacional del PP, Ayuso ha decidido replegarse en su soterrada pugna con Casado. Aun así, ha vuelto a opacar a Casado: es el signo de su inercia. Casado queda como un líder aclamado por todo el partido, porque a estas alturas ya no cabe hacer otra cosa, pero con el partido sabiendo que no funciona, que no va.

Y aquí entra el presidente del Gobierno Pedro Sánchez: el hombre que puede hacer que Casado vaya. Como podría hacer que fuese cualquiera que encarnara la posibilidad de un Gobierno sin Sánchez. Casado, que tiene el defecto de ser Casado, tiene la virtud de ser no-Sánchez: el único no-Sánchez factible hoy para presidir el Gobierno.

Pero Sánchez no está desprovisto de ventajas, que tampoco se encuentran exactamente en Sánchez. El no-Sánchez que es Casado sufre un lastre: Vox. El previsible pacto postelectoral del PP con Vox (legitimado, por otra parte, por los pactos del PSOE con Podemos, ERC y Bildu) ahuyentará a votantes antisanchistas de centro; sobre todo de centro-izquierda e incluso socialdemócratas (¡servidor!).

Que aún no esté clara la próxima derrota electoral de Sánchez (que ha sido incapaz de ser el presidente de todos en una pandemia; siendo en esto fiel a su origen: nunca fue de todos, siempre fundó su política en la división) se debe, en resumidas cuentas, además de a la sombra de Vox, a que Casado no va. 

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29.9.21

Salto a Madrid

La vida está en Madrid, por eso hay que ir a Madrid de vez en cuando. Lo que hay fuera de Madrid es el achirrarramiento regional y provincial. En algunos sitios, como en Málaga, atenuado por la brisa, amortiguado por el mar. Pero no es suficiente. Por eso hay que saltar a Madrid en cuanto se puede. Desde que se levantaron los cierres perimetrales lo he hecho ya en varias ocasiones. La última, el pasado fin de semana.

La excusa fue la presentación el viernes de la nueva etapa de The Objective en la calle Villanueva. "Un centenar de intelectuales" la arroparon, reza el titular. O sea, que estuvieron cien intelectuales y yo. Entré con Manuel Arias Maldonado y nos recibió amablemente el nuevo director, Álvaro Nieto. A continuación (con el paréntesis de la presentación propiamente dicha, con Paula Quinteros, Ignacio Peyró y Nieto), se sucedieron esas escenas tan de las novelas y las películas con presentaciones y conversaciones quebradas. Eso, con los vinos y las tapas distraídas de las bandejitas, produce un suave efecto euforizante. Sanz Irles me presentó a Luis Antonio de Villena, al que no le dije que ya nos conocimos cuando yo tenía diecinueve años y él treinta y cuatro, y estuvimos departiendo tan guapamente los tres, con la aproximación de Julio Tovar. Saludé a muchos y a muchas a quienes ya conocía o me presentaron, pero no me presenté a nadie, porque yo soy así. Sobre todo, no me presenté a Félix de Azúa, por el que siento veneración. Verlo deambular por allí era reconfortante. Luego nos fuimos a cenar algo y la noche se alargó en chisporroteos con Cristina Casabón (un aire a diosa egipcia: ¡Isis Casabón!), Arias, Irles, David Mejía, Claudia Preysler y Jorge del Palacio.

Amanecida del sábado en mi hotelito próximo a la Plaza Mayor, con visión de sus pináculos y la basílica de San Francisco el Grande al fondo destacando entre la tejadada. Desayuno en una terraza del Madrid viejo y visita ritual al jardincito del Príncipe de Anglona, con desenfundamiento de moleskine. Callejeo en la mañana radiante, con los transeúntes eléctricos (¡y las transeuntesas!). Cita con mi amigo Curro: visita a la librería Arrebato (con la rueda de Duchamp, que no me quieren vender, en la puerta) y cañas en Malasaña y Santa Bárbara, comida en un japonés de postín, también con Almudena, y copazo en la terraza del café Gijón, viendo la tarde pasar. Por la noche, cena en el cubano Zara (¡sus daiquiris!) con Arias, Del Palacio y mi amiga Dolores González Pastor. Los profesores se retiraron pronto y yo me quedé con Dolores tomando la última copa en la plaza de Santa Ana.

Domingo. Tras el desayuno en Puerta Cerrada, de librerías en la Fnac y La Central de Callao (¡solo compré un libro, El matrimonio anarquista!), paseo por Fuencarral y Chamberí, cañas con una pareja amiga y comida con Arias en una terracita de Santa Isabel. Él volvía a Málaga pronto. Yo regresé al hotel, recogí mi mochila y me di un paseo con Dolores por el Retiro. ¡Qué paseo! Se lo conoce como la palma de su mano y me llevó por senderos en los que no había estado nunca, zonas boscosas que en breve tendrán su explosión otoñal. Vimos el lago con los patos, la Rosaleda, las estatuas de Macho de Galdós y Cajal, y finalmente el estanque, ya multitudinario, con esplendor pospandémico. Por último, trazó una diagonal asombrosa y terminamos en la Cuesta de Moyano, donde no me compré ningún libro, aunque ella sí: los dos tomos del María Moliner en chollazo. Besos, enfilamiento de Atocha y Ave de vuelta. En el tren, ya nocturno, plenitud. 

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28.9.21

Jot Down 36


En el nuevo trimestral de Jot Down, el núm. 36, especial Mar, colaboro con el artículo "La absolución del mar", sobre la absolución que el mar propicia en quien lo contempla. La revista puede adquirirse en librerías o por la web de Jot Down.

27.9.21

El vulcanólogo impasible

Casi más que con el volcán, estoy fascinado con los vulcanólogos. Ninguno es volcánico. El gremio es de una impasibilidad admirable. La distancia con su objeto de estudio, la renuncia a toda mímesis, los diferencia brutalmente de nuestros politólogos, esos "científicos" de argumentario partidista. Si los vulcanólogos tuviesen la misma relación con los volcanes que los politólogos con la política, irían echando fuego por la boca como faquires.

Entre todos, habló un vulcanólogo poco después de la erupción con una frialdad y una parquedad que parecía Juan Rulfo en la entrevista de Soler Serrano. Había que sacarle las frases con sacacorchos. Sus respuestas eran cortas pero certeras, y quedaba siempre coleando un silencio hasta la siguiente pregunta que sí se cargaba de lava inquietante: esa lava transparente de los vacíos en la tele.

Entre las cosas que dijo, la mejor fue esta: "Ha sido de manual. El volcán ha hecho lo que tenía que hacer". Aquí sí se aprecia la satisfacción del especialista con la falta de previsibilidad de su materia. El volcán obediente de lo que el vulcanólogo había estudiado. El volcán, al fin y al cabo, plegándose a lo que han hecho siempre los volcanes.

Otro vulcanólogo dijo un símil que me conquistó: "Lo que sale es como la cabeza de un pelotón ciclista, no se sabe cuántos vienen detrás". Esa relación de los ciclistas con las montañas, aunque sean volcanes. En el Giro se llegó a subir el Vesubio, que era precioso. Dijo también: "La lava se mueve al paso de una persona". Y me imaginaba una mascota de fuego; gigante, naturalmente, y despiadada con su amo.

No me olvido de las víctimas, de esas personas que lo han perdido todo, como aquellas que tenían que abandonar su pueblo porque lo inundaba un pantano. Esta vez ha sido un pantano ardiente, y sin tiempo para la mudanza. Lo que pasa es que la realidad es insoportablemente múltiple. La devastación es compatible con el espectáculo. El fin del mundo como obra de arte, tituló un libro Argullol.

Todos lo perderemos todo algún día, y la Tierra perderá al ser humano. Y el universo perderá a la Tierra. Tal vez la impasibilidad de los vulcanólogos se deba a esta mirada del tiempo largo, en que ya lo dan todo por perdido. 

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25.9.21

Dietario: Propina de verano

Peyró en el Tano. Decido despedir agosto en el Tano y convoco a la peña. Solemos ir al del parque de Huelin, que es uno de los santuarios de nuestras catacumbas. Entonces nos avisa Ignacio Peyró de que se encuentra en Málaga y nos propone cenar. Peyró, además de excelente escritor y director del Instituto Cervantes de Londres, es un gourmet. Tiene un libro delicioso sobre los placeres de la mesa: Comimos y bebimos. En Madrid he comido con él en estupendos restaurantes. Pero para mí es fundamental esta noche tomar alitas de pollo con picante y tarta al whisky "bautizada", así que le sugiero que venga a esa terraza de barrio en vez de a un sitio más sofisticado. Acepta y nos regocijamos todos: ¡Peyró en el Tano! Es una combinación asombrosa, y la consagración gourmetística de nuestro entrañable Tano. La conversación luego fluye maravillosamente. Peyró luce ahora bigote: "Exigencia de la novia. Sé que me da aspecto de torturador de la brigada político-social, pero bueno, tampoco he aspirado nunca a parecer el rey del reguetón". Celebra las alitas cuando llegan: "¡Qué grandes! ¿Pero qué son, de pollo o de cóndor?". Agosto se despide con felicidad.

Vienen a vernos. Unos días después me cruzo con Peyró en un paso de cebra de la plaza de la Marina. Va con su maleta de ruedas, en busca de un taxi al aeropuerto. Lo acompaña Alfredo Taján, que me dice: "¿Te das cuenta, Montano? ¡Ahora vienen a vernos a Málaga! El mes pasado Jorge Freire y ahora Ignacio Peyró". Le repito mi broma de que me deje organizar un ciclo sobre los años en que el cuerpo donado a la ciencia de Gerald Brenan permaneció en la facultad de Medicina: Los años del formol. Taján dirige la Casa Brenan y no puede reírse por motivos institucionales. Peyró y yo recordamos con alegría la cena del Tano. Me dice: "Nunca te había visto disfrutar tanto comiendo". Y yo: "Es que siempre me habías llevado a sitios con clase".

Cefalea coital. A un amigo le han diagnosticado una dolencia que desconocía: cefalea coital. Es un intenso dolor de cabeza que sobreviene cuando se está en plena faena. Sin duda se trata de una enfermedad selectiva: muchos no la conocerán, o la conocerán muy poco. Y ese es su quebradero de cabeza.

La mejor frase. Oigo en el Rastro de Fuengirola la mejor frase de vendedor de la historia. Una mujer mira un puesto. "Qué", le dice el vendedor". "Aquí mirando". "Pues mirando es más caro".

Propina de verano. Vuelvo a Torrequebrada dos fines de semana de septiembre. Me doy una propina de verano. Como muchos malagueños y bastantes extranjeros: las playas están llenas. Solo entre semana –alcanzo a ir un lunes a las once– se nota el mes. Sigue haciendo calor, pero en la atmósfera se presiente el otoño: es más ligera, como más de cristal. Apunta a una especie de melancolía feliz. Un cruce de nostalgia y de promesa. En Madrid ha empezado la feria del libro pero la feria está aquí, en la arena: lectoras en topless, bocabajo. A última hora de la tarde pasan aviones amarillos: vienen del incendio de Sierra Bermeja. Muy lejos hacia aquella zona hay manchas negras en el cielo que podrían ser restos de humo. "Pirocúmulos", me dice Nadales que se llaman, según un amigo experto. En el agua, mientras me baño, veo trocitos negros, como tizoncillos: ¿vendrán del bosque quemado?

Outlet. Nádia, mi ex brasileña y mi anfitriona en Torrequebrada, me lleva al Outlet de Las Lagunas para que me compre ropa moderna (una crítica implícita a la que llevo). Me dejo arrastrar y me veo en un probador al que no para de alargarme camisas, jerséis y pantalones. Me los pongo, me los quito, acepto unos, descarto otros y pierdo la noción del tiempo. Suena una musiquilla agradable, que me da la sensación de estar dentro de un videoclip. Todo está pensado para que me abandone y me abandono. Cuando salgo, Nádia me dice: "Has estado una hora y veinte minutos". Se pasa el resto del día riéndose y mandándose audios con sus amigas brasileñas, que aplauden lo que les cuenta y las fotos de la compra con modulaciones enfáticas, teatrales: "Nossa, você já é sua personal shopper, menina!".

Bar de barrio. El escritor Joaquín Campos, malagueño que vive en Cabo Verde, me cita para darme su diario Ajuste de cuentas. Da la casualidad de que el barrio de sus padres, donde se aloja estos días, está al lado del mío. Quedamos en un bar que él conoce, al que llego antes con mi Inspiración para leer (¡si me da su libro, le doy mi libro!). Le digo al camarero que no me ponga nada aún, que estoy esperando a un amigo. Al ver a Campos, suelta el camarero: "¡Ya sabía que eras tú! Cuando he visto a este con un libro...". "Viene aquí poca gente con libros, ¿eh?", le dice Campos. "¿Poca? ¡Ninguna!". Es divertido, incluso relajante. Pero supongo que es por estas cosas por las que no hago vida de barrio jamás. 

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23.9.21

Bartleby redimido

Reseña de Inpiración para leer, por Manuel Alberca en la revista Clarín:
Bartleby redimido 
por Manuel Alberca 

José Antonio Montano, Inspiración para leer, Jot Down Books, 2021. 

Le ha costado a José Antonio Montano vencer la parálisis con que atenaza el miedo a publicar un primer libro, a pesar de que él escribe en la prensa desde hace más de quince años. En esta colección de artículos que forman Inspiración para leer flota el pánico escénico a dar forma sólida a lo que estaba destinado a la volátil prensa. Deducimos que no le ha sido fácil salir de su zona de confort: una vez esgrime en su defensa la temible culpa que algunos autores han experimentado de repudiar sus primeros libros. En otra, su resistencia a publicar se acoge al tópico dándole la vuelta: allí donde la mayoría experimenta el miedo a la página en blanco, Montano alude a la terrible carga de arrastrar de por vida la página ya escrita… La razón, en realidad, de este “bartleby”, finalmente redimido, tampoco era el pudor narcisista, la verdadera razón es la pereza lectora, porque, en el prólogo, él mismo se define lector. Un lector peculiar, zigzagueante, indeciso, compulsivamente caprichoso, con sus propios rituales de lectura simultánea de varios libros, con paradas y aceleramientos imprevistos. Es, como él mismo se confiesa, “un mal lector”: “Con los libros que no me gustan sencillamente no puedo; y con los que me gustan, debo esperar el momento adecuado. Soy un lector perezoso, esquivo, fácilmente derrotable”. En fin, si como escritor de libros resulta tremendamente pusilánime de manera que hasta este momento “ha preferido no hacerlo”, como lector y admirador de Borges, es manifiestamente mejorable, pues si el argentino se vanagloriaba de los libros leídos, Montano tiene sus limitaciones: “Siempre he necesitado inspiración para leer.”

Del millar largo de piezas que Montano ha publicado en la prensa, ha seleccionado un centenar justo de artículos: la mayoría de literatura, pero también de arte, filosofía, cine, música, etc. Son otras tantas pruebas de su crítica divertida, gandula, disfrutona e inspirada, pero sobre todo amistosa y generosa, pues este es el principio tácito de este crítico de prosa ocurrente, chispeante, ligera y alegre, que encuentra siempre en los libros y autores comentados algo de provecho, entrañable y alimenticio. En pocas ocasiones rompe este principio, casi me atrevo a decir que solo en una, justo en el único artículo seleccionado donde el componente político ocupa el centro. Lo que tiene Montano de carácter facilón, en fin, de tolerante y liberal, en literatura, en arte o filosofía, desaparece cuando aplica su fino estilete a las conductas políticas. En este artículo el damnificado es, sin acritud, Santiago Serra, con motivo de su renuncia al Premio Nacional de Artes Plásticas 2010: “El grado de subversión de un artista no lo decide el artista: lo decide el Estado. Si el Estado te premia, qué se le va a hacer, chico: serás lo que tú quieras, pero no subversivo…”

Me consta que Montano lleva diario desde hace casi treinta años. Acumula molesquines inéditos por decenas, que paciente y cuidadosamente va pasando a limpio con parsimonia, siguiendo los pasos de su admirado Andrés Trapiello. No sé cuándo se podrán leer estos diarios, pero quien tenga curiosidad por la persona que habita en el crítico encontrará en este libro un adelanto. Dice Ricardo Piglia, y lo dice en dos ocasiones con las mismas palabras: “La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas” (Formas breves y Crítica y ficción). Seguro que Montano conoce estas referencias, pero no sé si es consciente de que, escribiendo estos estupendos artículos, va dibujando, no una autobiografía, como defiende Piglia, sino un autorretrato de su bonhomía de lector dichoso, fiel a la alegría que la lectura de ciertos autores le produce e incondicional de la amistad. Para terminar una sugerencia al autor: le pediría que sacrificase su generosidad, que fuese un poco egoísta, que leyese un poco menos y escribiese esos libros que los lectores esperamos. Que se atreviese a hacerlo. ¡Que renaciese!