1.5.26

Caetano Histórico


He hecho la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda la obra de Caetano Veloso en 200 canciones (por orden alfabético de discos). Está disponible en YouTube y en Spotify.

30.4.26

Uclés, que derrotó a Reverte, es derrotado por Octavio Paz

David Uclés, un escritor que hubo hace unos meses y del que ya nadie se acuerda (su tarea de saturación llegó a buen puerto), rehusó participar en las jornadas 1936: La guerra que todos perdimos, organizadas para febrero en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte, por dos razones: el lema y no querer juntarse con algunos del "otro bando". Su renuncia provocó la suspensión de las jornadas. Me hizo gracia que Goliat Reverte fuese derrotado por otro David y lo festejé. Pero fui dejando pasar las semanas sin ocuparme del asunto fundamental: el hecho de que para Uclés la guerra civil siga viva.

Ricardo Cayuela escribió aquellos días un artículo extraordinario sobre las lecciones que, acerca de nuestra guerra, nos puede dar Paz. Otro reciente del también mexicano Enrique Krauze en que habla de Paz y España me anima a volver ahora a aquello. Porque en el Congreso de Intelectuales de Valencia de 1987, presidido por Paz, se produjo un amago en la línea de lo de Uclés, que no pasó a mayores pero que resultó significativo. El Uclés de entonces fue Manuel Vázquez Montalbán.

Yo me había apasionado por Octavio Paz (sus ensayos y sus poemas) justo en la primavera de 1987, por lo que estuve muy pendiente de aquel congreso celebrado en junio, en conmemoración del de Escritores Anfifascistas de cincuenta años antes. Releo el discurso de inauguración, recogido por Danubio Torres Fierro en Octavio Paz en España, 1937 (FCE, 2007). Dice Paz, por ejemplo: "No buscamos una respuesta total, definitiva: buscamos luces, vislumbres, indicios, sugerencias. Queremos comprender y para comprender se requieren intrepidez y claridad de espíritu. Además y esencialmente: piedad e ironía. Son las formas gemelas y supremas de la comprensión. La sonrisa no aprueba ni condena: simpatiza, participa; la piedad no es lástima ni conmiseración: es fraternidad". No quisiera aplastar a nuestro David con Goliat Paz, pero obsérvese cómo nada de ese párrafo hay en Uclés.

Sigue Paz: "La pregunta a que nos enfrentamos puede formularse de varias maneras. Una de ellas es la siguiente: ¿conmemoramos una victoria o una derrota? En otros términos: ¿quién ganó la guerra?". A continuación va un breve repaso histórico, que desemboca aquí: "¿Ganaron Franco y sus partidiarios? Aunque triunfaron en los campos de batalla, conquistaron el poder y rigieron a España durante muchos años, su victoria se ha transformado en derrota. La España de hoy no se reconoce en la que intentaron edificar Franco y sus partidarios; incluso puede decirse que es su negación".

Como tampoco ganó el Frente Popular ("no solo perdió la guerra sino que muchas de sus ideas, concepciones y proyectos tienen hoy poca vigencia histórica"), concluye Paz: "Entonces, ¿nadie ganó? La respuesta es sorprendente: los verdaderos vencedores fueron otros. En 1937 dos instituciones parecían heridas de muerte, aniquiladas primero por la violencia ideológica de unos y otros, después por la fuerza bruta: las dos resucitaron y son hoy el fundamento de la vida política y social de los pueblos de España. Me refiero a la democracia y a la monarquía constitucional".

Reconozco que hay una cierta prestidigitación en estas palabras, en aras del brillo retórico. Siempre me hizo gracia lo que dijo Jaime Gil de Biedma sobre Octavio Paz: "Es tan brillante que a veces su brillantez va por delante de sus ideas y le juega malas pasadas". Pero hay que ser malintencionado (y obtuso) para no apreciar con nitidez lo que significan en este caso. Ocurre lo mismo con lo de "la guerra que todos perdimos". Pues bueno, esto fue lo que respondió Vázquez Montalbán: "Durante 36 años he estado pensando que la guerra la ganó Franco" (lo corroboro en la crónica de Roger Bartra en Letras Libres). Aunque la frase no dejaba de tener humor, era un humor quejica. Ese tipo de humor alentador de las discordias insalvables.

Lo decisivo de Paz, como escriben Cayuela y Bartra, era su noción de "los otros". Esos enemigos a los que oyó hablar y reír al otro lado del frente. "Había descubierto de pronto –y para siempre– que los enemigos también tienen voz humana", son las últimas palabras del discurso. Esto y la importancia moral de la autocrítica (Bernanos en el bando franquista, Orwell en el republicano) son, en efecto, dos lecciones radicales de Octavio Paz que hoy escasean aún más que en 1987. No es anecdótico que quien combate esas muestras sofisticadas de civilización se calce una boina.

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26.4.26

El ruedo ibérico otra vez

[Montanoscopia] 
 
1. La actualidad española, punteada por cornadas a toreros (Morante, Roca Rey), vuelve a ser la de Valle-Inclán, si alguna vez dejó de serlo. El esperpento de su teatro cuajó aún mejor en prosa, en las novelas de El ruedo ibérico, cuyas exageraciones grotescas esgrimían el más adecuado realismo ante la realidad que afrontaba. Así también la España de hoy, que no ha cambiado nada en lo sustancial. En este sentido, lo de la "prioridad nacional" es como el refocilarse del cerdo en sus propios excrementos: "primero nosotros, los peores", es su exacto significado.
 
2. En la valleinclanesca cumbre de Sánchez en Barcelona "en defensa de la democracia" no podía faltar, junto a la oscurantista definición de la democracia como "amor" (sic), la defensa de la dictadura cubana. En fin de cuentas, la democracia estaba en otra parte. Concretamente en Madrid, donde se encontraba María Corina Machado. Los esbirros de Sánchez, que son los mismos que los de Maduro y Delcy, la llaman "golpista", en una retorsión completa de los argumentos. Retorsión sintomática, por lo demás: hay que llamarla algo muy gordo, como "golpista", para justificar que le robaran las elecciones (a ella y a Edmundo González, que fue el que se presentó porque a ella no la dejaron presentarse).
 
3. Las retorsiones y elusiones dejan siempre rastro. Hay algo bellísimo ahí. Todo está en el texto: lo que está y lo que no está; esto último, en forma de resto culpable. Un ejemplo de estos días en El Mundo. En su columna Pedro vuelve a Ferraz, por otro lado buena, el amigo Bustos omite por no sé qué vericuetos mentales suyos que el vídeo del Comité Federal del PSOE de octubre de 2016 lo ha publicado The Objective. La belleza está en cómo lo dice, y cómo en ello está también lo que no dice: "la exclusiva de Ketty Garat poniendo imagen y sonido al intento de pucherazo". ¡Poniendo imagen y sonido! En la manera alambicadita de decirlo, con la elusión de la palabra "vídeo" (que obligaría más a decir dónde se publicó), está el resto culpable; la indicación de que ha habido una maniobra.
 
4. Hay algo más letal aún para el PSOE que las trampas de Sánchez en 2016: que la Adenauer del partido fuese... ¡Susana Díaz!
 
5. Tampoco se puede olvidar que el PSOE era entonces un partido perdedor. Y lo sigue siendo, solo que en el poder. Tal vez esto defina el sanchismo: es la política de un partido perdedor en el poder. En el poder gracias a los pactos con los más turbios del parlamento, con la merma y la vileza que eso implica.
 
6. La respuesta de los sanchistas ante el vídeo está siendo de traca. Conforme más obsceno se revela el Poder, más risibles son las contorsiones humillantes de sus mayordomos.
 
7. La imagen (¡y el sonido!) del intento de pucherazo, más lo de que el Peugeot era también mentira, me trae de nuevo aquella frase de un amigo filósofo sobre Sánchez: "desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática".
 
8. Y M. Rajoy, que se llama E. Satie, como todo el mundo. No se trata de hacer ahora una equiparación mecánica con Sánchez para compensar. Sánchez es inequiparable. Pero cuánta culpa tuvo Rajoy en lo que estamos padeciendo. Su personaje medio bobalicón, zumbón, pasota, es igualmente un resto culpable. Como son un cepo sus chistosas tautologías: con ellas solo dice lo que ya ha dicho para no decir otra cosa. Lo que queda fuera de su discurso es justamente la pornografía del Poder, también por él ejercido.
 
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24.4.26

'Jaime Gil de Biedma': mejor libro de 2004 y 2026

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:44

Buenas noches. El mejor libro de 2004 fue la biografía de Jaime Gil de Biedma que publicó Miguel Dalmau en Circe. Será también el mejor libro de 2026, porque lo vuelve a editar Tusquets, con un importante trabajo de actualización y reelaboración por parte del autor. Este recibió hace veintidós años devastadores ataques del círculo de Gil de Biedma. Dalmau cometió el pecado de sacar al muerto demasiado vivo. Exactamente en aquello que más vidilla da: el sexo. Escribí entonces que resultaba patético que lo único que había hecho bien la gauche divine barcelonesa, fornicar, fuese de aquello de lo que renegara, cuando estaba claro hasta dónde había llegado su porquería política; porquería que no ha hecho más que incrementarse. El poder literario de esa gente opacó el libro, que, si no recuerdo mal, desapareció pronto de las librerías. Lo recomiendo ahora encendidísimamente, porque Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta (así se titula) es un libro vibrante no solo por el sexo, sino también por todo lo demás: por el resto de aspectos de la historia personal de Gil de Biedma, muy bien contados; por su asombroso perfil como alto ejecutivo de la Compañía de Tabacos de Filipinas; y, sobre todo, por el seguimiento de su vocación poética, su realización en sus libros (obras maestras los tres que escribió, reunidos en Las personas del verbo), y el vacío de su temprano abandono de la poesía, que se mezcla después con sus depresiones, su reconocimiento literario en los ochenta y su enfermedad y muerte por el sida. Para mí fue el mejor poeta de su generación, y el que más quiero. Le ocurre igual a Dalmau, que dice al término de su nuevo prólogo: "Sigue siendo el único autor de mi tiempo que todavía me conmueve hasta las lágrimas".

23.4.26

Últimas noticias sobre Thomas Bernhard

 

 

Gracias al traductor de Google, he podido añadir a mi bibliografía sobre Thomas Bernhard libros en alemán. A estas alturas yo sería un erudito bernhardiano si mi memoria no fuese un coladero. Pero solo puedo aspirar a erudiciones fugaces sobre lo más reciente que he leído. Al igual que aquel personaje de Borges que se había propuesto leer la Encyclopaedia Britannica por orden alfabético y una tarde, y solo esa tarde, lo supo todo de los druidas, de los drusos y de Dryden, yo ahora, y solo ahora, lo sé todo de ciertos aspectos de la vida de Bernhard que actualizan o corrigen lo que sabía; en especial de su estancia última en Torremolinos.
 
Antes debo decir que también he leído estos días el mejor texto que se ha escrito en español sobre el autor austriaco: "Bernhard: el exilio póstumo", de Juan Villoro (en Efectos personales). Es una extraordinaria síntesis total de Bernhard, que culminaría la magnífica colección de escritos en nuestro idioma compuesta, entre otros, por los de Azúa, Marías, Savater, Sánchez-Andrade, Schifino, Espinosa, Baqués, Fortea y, por supuesto, Miguel Sáenz.
 
En cuanto al alemán, están los dos magnos libros del salzburgués Manfred Mittermayer, capo de los estudios bernhardianos: Thomas Bernhard (1995), análisis pormenorizado de su obra, y Thomas Bernhard. Eine Biografie (2015), la más completa biografía hasta hoy. Y los volúmenes espléndidos del dibujante Nicolas Mahler (que ya había adaptado a cómic la novela Maestros Antiguos y la obra de teatro El reformador del mundo): Thomas Bernhard. Die unkorrekte Biografie (2021) y Thomas Bernhards Salzburg (2022). Obsérvese que estos dos son ya libros pospandémicos, como si el imperio de la enfermedad hubiese reavivado el interés por Bernhard. También lo son los de sus hermanastros: Ein Leben an der Seite von Thomas Bernhard (2021), de Peter Fabjan; y Drei Wochen mit Thomas Bernhard in Torremolinos (2025) de Susanne Kuhn, este con ilustraciones de Mahler y entrevista de Mittermayer a la hermanastra. Finalmente, he conseguido el libro de viajes con Bernhard Seteais (1992), de su amiga Gerda Maleta; inmejorable apellido para una compañera de viaje.
 
En este último, se da la noticia de que en 1987 Bernhard se cruzó con el entonces príncipe Carlos y Diana de Gales en Sintra; de lo que salió la idea de su penúltima obra teatral (estrenada póstumamente), Isabel II. En ella, los curiosos que se apelotonan en un balcón para ver pasar a la reina de Inglaterra mueren al desplomarse el balcón. Otro cruce: con Brézhnev, nada menos, en Berlín Oriental, cuando Bernhard y Maleta pasaron el Muro en 1973 para ver una representación de El ignorante y el demente. El presidente de la Unión Soviética estaba de visita en la ciudad y se encontraron entre la multitud que recibía su saludo desde el coche blindado.
 
En la biografía de Mittermayer están las cuatro cosas que supe por Adan Kovacsics en su excelente conferencia sobre El malogrado: que el padre de Bernhard no solo abandonó a la madre cuando la dejó embarazada, sino que esto fue por una violación; que la tía de Bernhard, Hedwig Stavianicek, era tacaña; que su director de orquesta favorito era Carl Schuricht; y cuál es el comienzo, lo único que tenía escrito, de la que iba a ser su nueva novela, Terranova. Hay algunos detalles más: que el joven Bernhard fue durante un tiempo, al volante de un camión, repartidor de cerveza Gösser (que desde este instante pasa a ser la cerveza bernhardiana). O el amor que por él tuvo Grete Hufnagl, quien dejó a su marido por Bernhard y, cuando entendió que este solo quería amistad, volvió con el marido, para sumirse en la depresión y el silencio cuando murió Bernhard, hasta su propia muerte.
 
Pero la joyita de mis lecturas en alemán es la de la hermana Susanne Kuhn, cuyo libro sobre la estancia de Bernhard en Torremolinos salió el verano pasado. Yo recopilé lo que se sabía hasta 2017 en el artículo "El turista cero", publicado en el especial sobre Torremolinos de la revista Litoral (recogido en mi libro Inspiración para leer). Hay sustanciales modificaciones. La primera, que Bernhard no llegó a Torremolinos el 18 de diciembre de 1988, como escribe Sáenz en Thomas Bernhard. Una biografía, sino tres semanas antes, el 27 de noviembre. Lo que ocurrió fue que la hermana estuvo con Bernhard hasta el 18 de diciembre, y ese día vino a relevarla el hermano Peter Fabjan, quien, dado el mal estado de Bernhard, volvió con él a Austria el 30 de diciembre. La idea inicial de Bernhard era quedarse más tiempo. De hecho, tenía concertada una cita con Sáenz el 10 de enero de 1989.
 
En el libro de Kuhn se reproduce un documento sorprendente: la reserva del viaje que hizo Bernhard en la agencia Siesta Reisen de Viena, en la que justo el 18 de diciembre se trasladaba del hotel Barracuda al hotel Flamingo (hasta el 6 de enero). Todas las informaciones sobre la estancia de Bernhard en Torromolinos lo sitúan en el hotel Barracuda, que se encuentra en la playa de La Carihuela. El hotel Flamingo está arriba, en el centro. Actualmente se llama Costa Málaga. Fui a preguntar pero no sabían nada. Lo más seguro es que cuando llegó Fabjan, que era médico, desaconsejara el cambio de hotel. En su propio libro, por cierto, añade otro dato sobre la estancia de Bernhard en Málaga: en un coche alquilado por Fabjan, hicieron una excursión a Ronda en compañía de la actriz Marianne Hoppe, amiga de Bernhard. Aparecen comiendo en una foto. También cuenta Fabjan que el encuentro con Max Frisch en el aeropuerto de Málaga fue en el regreso. Lo que tiene más delito y confirma mi tesis de que Frisch fue el asesino de Bernhard, por permitir que este, estando ya en las últimas, le llevara una maleta que resultó muy pesada: ¡contenía, no botellas de moscatel como nos maliciábamos los bernhardianos malagueños, sino "bolas de bolos"!
 
Volviendo a Tres semanas con Thomas Bernhard en Torremolinos, el relato de la hermana es precioso. Se alojan en el hotel La Barracuda, él en una habitación de la novena planta (la 912, según Sáenz) y ella, que le tiene aprensión a los ascensores, en una de la segunda, con vistas a la piscina y el mar. Ella sabía un poco de español, porque de niña pasó un tiempo con una familia de acogida en Zaragoza. Está tensa, porque es la primera vez que pasa tanto tiempo a solas con su hermano, irritable, caprichoso y además enfermo. Él solo puede dormir medio sentado, porque se afixia. Ella le apaña la cama, que es desplegable, metiendo el cajón de un mueble bajo el colchón. Pero cada mañana las limpiadoras se lo deshacen y tiene que montarlo de nuevo.
 
Todos los días salen del hotel, buscando el sol porque a la sombra hace frío. Compran zapatos, una obsesión de Bernhard. Y compran montones de periódicos, que carga la hermana. Un día llega a recepción un paquete con la traducción española de Tala en Alianza. Tal vez por esta publicación, su nombre aparece en el periódico, lo que Bernhard le muestra a la hermana con orgullo. Otro día cantan juntos In the Summertime, de Mungo Jerry. Bernhard le pide a la hermana que nade para él en la piscina, mientras la mira desde su balcón. El agua está helada.
 
El 6 de diciembre van a de compras a Marbella, pero lo encuentran todo cerrado. Lo atribuyen a que es el día de San Nicolás. Es a la vuelta de Marbella, y no de Gibraltar como se pensaba (la excursión a Gibraltar la harían unos días después), cuando se pasan de parada y se bajan del autobús en plena autopista entre Torremolinos y Málaga. Para coger un taxi en la dirección opuesta tienen que cruzar la autopista llena de tráfico, saltando la mediana. Es Bernhard el que asombrosamente anima a la arriesgada carrerita. Otra jornada va ella sola a la Alhambra en un viaje organizado por el hotel. Bernhard no la acompaña.
 
Un dato importante para el bernhardianismo malagueño: es en el Barracuda donde Bernhard firma con el editor de Residenz la edición de su primera novela (casi poema), escrita en 1956 y que permanecía inédita: En las alturas. Sería el último libro suyo que vería publicado. El contrato, según otra fuente, se firmó el 13 de diciembre.
 
Una noche Bernhard se siente muy mal y le pide ayuda a la hermana, que sube corriendo a su habitación. "Ya está, no tengo pulso", le dice. Ella le aplica un espray de nitroglicerina para que respire mejor y logra recuperarlo. Al rato, Bernhard le pide que salga con él al balcón. "Quiero oír el sonido del mar una vez más". Es lo que quería, escribe la hermana con emoción, "justo después de creer que todo había terminado". Aquella noche el mar estaba tempestuoso.
 
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19.4.26

La semana Orbán del PSOE y el PP

[Montanoscopia]  
 
1. Cae Orbán en Hungría, pero le siguen creciendo las uñas y los pelos en España. Las uñas de las declaraciones antijudiciales del PSOE; los pelos de los acuerdos xenófobos del PP. Vaya semanita. Somos plenamente Kakania. Sin la recompensa austriaca del esplendor cultural.  
 
2. He desconectado del discurso oficial, como se hacía en el franquismo. Simplemente, a lo que Sánchez llama "progresista" no lo es. Ni a lo que llama "democracia", "igualdad" o "verdad". La cumbre que ha montado es una farsa, tanto más risible cuanto más pomposa. En defensa de la democracia, la titula. Y tras haber sido agasajado en China. Y con María Corina Machado ausente. Ni siquiera podemos ser ya enfáticos en contra: suena ridículo. Lo último es su vídeo como George Clooney. Nos deja secos, paralizados. Mantener un hilillo racional si acaso, un recordatorio de la realidad. Todo esto se pagará, naturalmente. La realidad es implacable. Todo se lo cobrará, en forma de ruina o guerra, de empobrecimiento de la vida. No por ley moral, sino por pura ley física: los desajustes del discurso y la negligencia impiden tarde o temprano que las cosas funcionen. Y como no es por ley moral lo pagaremos todos.  
 
3. Escribe Ainhoa Martínez: "Patria y religión: las banderas que Sánchez quiere arrebatar a la derecha como ariete electoral". Para su proyecto de convertirse en Franco son imprescindibles, desde luego. Son, de hecho, los últimos flecos que le quedan.  
 
4. El sujeto ese de Vox que subió a increpar al presidente sustituto del Congreso de los Diputados comparte cara con Edu Galán; un Edu Galán con pelo. Degradante espectáculo, pero plenamente en la línea del parlamentarismo que ha instaurado Sánchez. Ya destaqué una observación aguda de Sergio del Molino en Un tal González: gracias a que los españoles habíamos presenciado las sesiones parlamentarias de la Transición, pudimos calibrar la agresión que suponía la irrupción de los guardias civiles de Tejero. Hoy, francamente, me daría igual que cualquiera, hombre o mujer, se subiera en la tribuna y se pusiese a mear todo aquello que su chorro alcanzara. O incluso arrojar "monedas de moka", que diría Gimferrer. ¿Antipolítica? No, lo siguiente. ¡Los del patriotismo constitucional hemos tirado la toalla de las formas (que por lo demás era la única que teníamos)! 
 
5. El fasciocatalanismo no se supera, sino que se ajusta en sí mismo: ha organizado una quema de libros de Eduardo Mendoza. El novelista, una mezcla rara de pancista y de gamberro, se puso a tirar petardos en todas direcciones con la promoción de su nueva novela. Entre otras cosas, dijo que la crispación estaba en Madrid, para regocijo de su entrevistador Claudi Pérez. Pero no es en Madrid donde le van a montar la hoguera.  
 
6. Se anuncia de repente un "concierto histórico" de Caetano Veloso en Madrid el 4 de junio. Me ilusiono en un primerísimo instante, pero en seguida renuncio a ir. Necesitaría hacer un viaje ferroviario de precisión, algo ya imposible en la España de The Puentete. Será sin duda el último concierto de Caetano aquí. Cumplirá 84 años en agosto. He hecho memoria y lo he visto diez veces en total: una en Málaga, ocho en Madrid, una en el carnaval de Bahía. Los cipayos malagueños del PSOE le quitan importancia al corte ferroviario, pero cuántas historias han menoscabado de personas que vivían entre Málaga y Madrid: historias de amor, de trabajo, de estudios, de mero capricho. Son una fuente de melancolía, como las dead letters para Bartleby (melancolía fatal en su caso). Pero qué le importará todo esto a un patán inoperante como el ministrete. 
 
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16.4.26

La industria salchichera de las tertulias

El primer acierto de Antonio Villarreal en su libro titulado escuetamente Tertulianos (Península) es haberle puesto como subtítulo: Un viaje a la industria de la opinión en España. La noción de viaje es exacta, porque el autor, que se confiesa no oyente asiduo de tertulias, se desplaza hacia el fenómeno (tanto desde su casa como en los propios estudios) con ojos y oídos de explorador: con una distancia que le permite una objetividad superior a la que se estila y una inocencia que le hace reparar en detalles que a los más habituados se les escapan.
 
Y la palabra industria sitúa el asunto en una dimensión potente, jugosa. Entre la mecánica y el comercio, con la interferencia perpetua de la política, las tertulias pasan de entretenimiento confrontativo a entramado de poder; con una expansión que las convierte en cosa seria. Es una industria parecida a la salchichera. En el sentido de la famosa sentencia de que, si quieres comer salchichas, no sepas cómo se hacen. Un efecto del libro de Villarreal, por lo bien que explica cómo se hacen, es que las tertulias pasan a ser aborrecidas. Pero como, al igual que las salchichas, las tertulias son un vicio, el lector aficionado las seguirá consumiendo.
 
Por su parte, la lectura de Tertulianos es en sí deliciosa, por el estilo ameno del autor, que combina el escrúpulo profesional del periodista (reforzado por el rigor de sus años en el periodismo científico) con el interés narrativo del escritor de reportajes, salpimentado con frecuentes golpes humorísticos. Como, además del análisis del tertulianismo presente, Villarreal se ocupa de la historia de las tertulias en España desde la muerte de Franco, el libro nos proporciona una visión paralela de nuestro discurrir político: desde la opinión obtenemos el esbozo de aquello sobre lo que se opinaba.
 
La primera vez que oí la palabra tertulia, y asistí a una representación de su significado, fue en la que tuvo Fernando Fernán Gómez en TVE a finales de los setenta. El decorado imitaba el salón de su casa, al que iban llegando invitados famosos que se echaban un whisky y se ponían a charlar. El otro modelo era La Clave de Balbín, aunque la palabra que aquí se utilizaba era "debate". De esta diferencia también se ocupa Villarreal en Tertulianos. Curiosamente, en la reciente biografía de Borges de Lucas Adur se habla de las dos tertulias principales del Madrid de los años veinte, la de Cansinos Assens y la de Gómez de la Serna. Cansinos exigía un único tema, mientras que en el Pombo se burbujeaba: lo primero se parecía más a un debate y lo segundo era una tertulia.
 
Lo bueno es que Balbín tuvo después la mejor tertulia de radio, la de Hora Cero en Antena 3. Era un ejemplo exacto de lo que Villarreal caracteriza como "tertulia de los años ochenta", con periodistas, pero además con ilustres de otras áreas. Junto con Manuel Martín Ferrand, Consuelo Sánchez Vicente o Víctor Márquez Reviriego, estaban el gran Chicho Sánchez Ferlosio y el catedrático especializado en poesía renacentista Antonio Prieto. Recuerdo que un viernes terminaron hablando de Petrarca.
 
También se recoge en Tertulianos aquellos aquelarres que montaba Hermida con un montón de participantes, a los que les correspondían apenas uno o dos turnos. Mi ídolo será siempre Fernán Gómez, que una noche intervino el último y dijo: "He escuchado con atención a los que me han precedido, que han manifestado opiniones enfrentadas las unas a las otras. Pero yo me encuentro ahora con la papeleta de que no sé qué decir, porque resulta que estoy de acuerdo con todos".
 
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12.4.26

La corrupción aspiracional de los españoles

[Montanoscopia] 

1. Kitchen (PP) y mascarillas (PSOE): estaba la mano incorrupta de Santa Teresa y están las dos piernas corruptas del bipartidismo español, que roban más que dos manos. No hay alivio: a la vez que aprendemos que lo que no es bipartidismo es peor que el bipartidismo, no podemos desaprender que el bipartidismo es también un sistema de coartadas mutuas para la corrupción. 

2. En España no tiene coste electoral la corrupción porque la corrupción es aspiracional: todo votante espera poder ejercerla un día. 

3. El País manda ahora a su cronista más guay para que haga sus cucamonas en el juicio a Ábalos y Koldo. Cuando empezaron a aparecer las informaciones en The Objective, lo que hizo El País fue poner al matón Idafe a hablar de la "fachosfera". En la misma línea está el insulto que nos endilgó The Puentete (así llamo desde entonces al ministrete). Lo de The Ojete es un signo doble: primero, de las maniobras gubernamentales para encubrir la corrupción; segundo, del precio que han tenido que pagar (en este caso, en forma de risitas de suficiencia) quienes de verdad la combatían. Volviendo a El País: como en otras ocasiones, sus lectores se encuentran con un juicio sobre hechos de los no se les informó. Y de repente: ¡cucamonas! 

4. Pobres periodistas. A ellos no va el millón de la literatura, sino que les llega la noticia en persona (Aldama) a dejarles una caja de cruasancitos. Y los periodistas se la aceptan y se los comen. ¿Qué otra cosa podían hacer? En el mundillo de la televisión los guionistas ocupábamos el mismo puesto. Me ha recordado a cuando los guionistas de una serie fuimos a una fiesta de postín, con champán, ibérico y marisco, que ofrecía el productor en su chalet de la Moraleja. En cuanto nos vio entrar, va y les dice a los camareros del catering: "¡Tapita de cocido, que llegaron los guionistas!". 

5. Detesto el Guernica: más que cuadro, mamotreto cuadrístico. No porque no lo entienda: lo entiendo perfectamente. Lecturas y documentales aparte, en la Complutense asistí a una conferencia de varias horas de Santiago Amón, el padre de Rubén, en que explicó todos sus pormenores, con un discurso algo descabalgado (¡cubista!), pero que dejaba el cuadro clarinete. Como niño de la Transición, visité cientos de casas en que colgaba el Guernica; era un elemento más de las paredes empapeladas de entonces: para mí, más que una obra sobre los horrores de la guerra, es una obra sobre los horrores de la decoración de los años setenta. Y además, a Picasso no lo reconozco como genio. Mi único genio malagueño es Chiquito. 

6. Chico Buarque es grande en todo menos en su castrismo, que lo devuelve al tamaño de su nombre. Ahora viaja a Cuba a solidarizarse con su amigo Silvio Rodríguez y con la dictadura que ha defendido siempre. El pesimismo antropológico rebrota aquí, porque Chico es el autor de la mejor canción contra un dictador jamás compuesta: Apesar de você. En 1970 burló la censura militar del dictador Médici, porque adujo que la letra hablaba de las quejas de un marido contra su mujer mandona. La canción prendió de inmediato en Brasil. Para cuando los militares se dieron cuenta y la prohibieron, ya era demasiado tarde. Y el pobre Chico, mientras tanto, apoyando durante décadas a otro dictador, Castro, y a sus sucedáneos. [Hay una grabación posterior de 1978, que es la clásica de Apesar de você. También existe una olvidable versión española.]

7. Los más idiotas del trumpismo han sido siempre los trumpistas españoles. Por eso, cuando a Trump ya no le queden ni los trumpistas de su país (va camino de ello), le seguirán quedando los trumpistas españoles. 

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10.4.26

Una modesta proposición para el traslado del 'Guernica' al País Vasco

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:56
 
Buenas noches. Quisiera hacer una modesta proposición, a la manera del clásico irlandés Jonathan Swift. Este utilizó la truculencia y el humor negro para la suya, que tenía que ver con el hambre en Irlanda. Yo me acogeré a los mismos rasgos para la mía, que se refiere al traslado del Guernica al País Vasco. Mi modesta proposición no contempla el cuidado de la obra. Al revés, conforme al literalismo vigente, si el lienzo antibélico sufriera daños, se completaría su mensaje. En cuanto a la historia, remito al reciente artículo de Trapiello "La verdad sobre el Guernica". Ahí se recuerda que, desde que acabó la guerra civil, las bombas han sido mayoritariamente las autóctonas de ETA, cuyo balance de muertos (incluyendo los de pistola) supera al de 1937. Inspirándome en esto y en la frase de Arzalluz "ellos sacuden el árbol y nosotros recogemos las nueces", aquí va, en fin, mi modesta proposición para el traslado del Guernica al País Vasco. Una vez allí, con los previsibles desperfectos, el cuadro se deberá colgar en el Guggenheim Bilbao (cuya directora, a propósito, es la hija de Arzalluz) bajo las siguientes condiciones, que además actualizarán la obra, puesto que le darán un aspecto de instalación, que es lo que se lleva. En el centro del lienzo ha de adherirse una txapela invertida, a modo de canasta de baloncesto, con una nuez en su interior. En el extremo izquierdo del cuadro habrá un proetarra y en el derecho un nacionalista vasco, ambos de pie y formalitos. Cada hora, cual reloj de cuco, el proetarra sacudirá la txapela hasta que caiga la nuez. Entonces, el nacionalista vasco se agachará a recogerla y la encestará de nuevo. Solo queda resaltar la circularidad sostenible del proceso, que se mantendrá ininterrumpidamente los meses que dure la exposición.

9.4.26

La turra andalucista

El pasado domingo se juntaron la Semana Santa, los toros y el PNV: ¡apoteosis de la España retrógrada! Lo más retrógrado (y español) es el PNV, que ni siquiera tiene la recompensa estética de la Semana Santa y los toros; aunque sí la religiosa de la "nación", lo que no es moco de pavo. El nacionalismo es la bicoca electoral en aquellas regiones cuyos votantes padecen la mengua de preferirlo. Hasta el punto de que los políticos de las otras procuran estimularlo o potenciarlo. Todos los partidos, en resumidas cuentas, quisieran ser el PNV.
 
Incluso en Andalucía, que es de la que me quiero ocupar en esta columna. El abrasivo ciclo que va del 28 de febrero (Día de Andalucía) hasta la Semana Santa, con el previo carnaval de Cádiz y la posterior feria de Sevilla, este 2026 intensificado además con la convocatoria de las elecciones autonómicas para el 17 de mayo, deja turulato de identidades a un andaluz descastado como yo, que prefiere escaparse a Lisboa a melancolizarse con Pessoa; aunque allí también se melancoliza fatalmente con las hordas turísticas andaluzas (y españolas), de las que en verdad no hay modo de escaparse.
 
El mejor conocedor de la política andaluza, mi amigo Carlos Mármol, sostiene que con el PP en la Junta no ha habido cambio, sino sustitución. Mármol ya le adjudicó al PSOE de Susana Díaz la imborrable acuñación de "peronismo rociero". Que a Juanma Moreno le va igualmente como un guante. Ser el PNV, ser el peronismo: eso es lo que quieren todos y todas. No hay bicoca electoral mayor.
 
Aunque me hubiese gustado un cambio en dirección al pragmatismo, la contención expresiva y la sosa Ilustración, confieso que me lo estoy pasando pipa con la pugna del PP-A y el PSOE-A por el colorido folclórico, que es en realidad lo único para lo que están capacitados. Lo único para lo que tienen nivel.
 
En este sentido, el presidente Moreno lo está clavando. Se ha adueñado del discurso andalucista del PSOE-A, con el Día de la Bandera, la ofrenda a Blas Infante, la defensa del habla andaluza (sic, ¡con el apoyo de Alejandro Rojas-Marcos!) y demás turras regionales; dejando al PSOE-A literalmente en bragas y con la sensación de que le han birlado el juguete. María Jesús Montero, con su lastre sanchista (privilegios a Cataluña incluidos), no lo va a mejorar. Por el contrario, se pronostica empeoramiento catastrófico.
 
Cuando Pedro Sánchez la designó como candidata el año pasado, ella acudió a la celebración del Día de Andalucía y allí Moreno, que es más listo que el hambre, la asesinó en directo: le dio la bienvenida y le deseó con la mejor de sus sonrisas toda la suerte del mundo. La cara de la candidata recibiendo los beneplácitos era un poema. Este año Montero ha excusado su asistencia y Moreno aprovechó para exhibirse como padrecito: ¡hasta soltó lágrimas por Adamuz!
 
De manera que Moreno tiene el campo libre (con la única amenaza de los apretaos de Vox, que pueden desactivarle la sonrisa asesina) para que el PP-A no sea solo el PNV-A, sino incluso el PRI-A. Un régimen blindado y duradero, con los del PSOE-A subiéndose eternamente por las paredes. Solo faltaría saber si Moreno tiene sucesor. Por ahora sigue siendo el tapado de sí mismo.
 
Pero en fin, para mí (¡andaluz cernudiano!) Andalucía tiene singularidades de sobra como para que deban enfatizarse con políticas o actitudes andalucistas. Mi ideal, ya que soy de aquí, es que los andaluces debemos restarnos Andalucía. A sabiendas de que, por más que nos restemos, aún nos quedará mucha, tal vez demasiada.
 
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5.4.26

Días santos en Lisboa

[Montanoscopia]  
 

1. Lunes. Pisar Lisboa. Los primeros pasos por sus adoquincitos son siempre regeneradores, como cuando uno entra por primera vez en el mar cada verano. Es volver a casa en un sentido profundo: al sitio de la felicidad. Nos alojamos en la rua das Flores. La ventana da al jardincito con la estatua de Eça de Queiroz. Después de comer conseguimos la mejor mesita del mirador de Sta. Catarina, con vistas al Tajo y al puente. Tras la puesta de sol, bajamos al río nocturno. Las pasarelas vacías de los ferrys crujen y gimen: son el canto de las sirenas lisboetas. Llegamos a las dos columnas que se abren al río-mar. Seguimos callejeando y a última hora nos tomamos una copa en el fastuoso Pavilhão Chinês. Me dice mi acompañante: "No sé qué hacemos en España". Al menos hemos huido esta Semana Santa: a procurar días santos a nuestra manera.
 
2. Martes. Nunca había vivido una primavera tan deliciosa en Lisboa: manga corta durante todo el día, sol y brisita atlántica, sin la fastidiosa lluvia intermitente de los anteriores viajes. Bebiendo en terrazas: plaza de Camões, jardín del Príncipe Real al mediodía (con música brasileña ao vivo) y al atardecer Ribeira das Naus. Visita a la Travessa, la librería de Ipanema en Lisboa, donde compro libros sobre Río de Janeiro y de poemas de Adriana Calcanhotto y Antonio Cicero. Culmina el toque brasileño con cena en Acarajé da Carol, restaurante de Bahía. Mi acompañante se pone en la muñeca una cinta de Bonfim, formulándose un deseo con cada uno de los tres nudos que le ato. Como le quedan demasiado largas las dos tiras sobrantes, le pide a la camarera baiana que se las corte. Le digo: "Perdeu dois desejos". Y la baiana, sonriendo: "Não perdeu não, ficam os três".
 
3. Miércoles. Después de tres días en Lisboa, la actualidad política española se ha esfumado. Me asomo a la prensa, pero es lo mismo: todo aparece fantasmal, ajeno; los personajes han perdido sustancia. Como tampoco sé nada de la actualidad portuguesa, renovada tras las últimas elecciones (quedan carteles pasados en las calles), la vida se presenta como una apoteosis continua de lo concreto, sin extensiones periodísticas. Hoy hemos tomado el tren para Estoril y Cascais. Iba abarrotado. Allí, con verdadero calor, ambiente de verano en las calles y las playas. Damos con una librería de viejo fabulosa: Galileu. Compro un montón de libros brasileños, entre ellos la novela que lleva uno de los mejores títulos de la literatura: O homem que matou Getúlio Vargas, de Jô Soares. En Brasil todos saben quién mató a Getúlio Vargas, porque se suicidó. En la vuelta, el sol atlántico en la cara. Adormilamiento feliz.
 
4. Jueves. Museos: el del Chiado el otro día, el Gulbenkian hoy, ambos de pintura contemporánea. Reconozco que, más que las obras, me gustan las chicas de las salas, tan formalitas y amables. Hay una sensualidad específica portuguesa, distinta de la brasileña pero también dulce. Por ejemplo, en la entonación en que dicen a veces "obrigada" (algo así como óbrigaaada). Nos tomamos un café en el jardín del Gulbenkian y luego vamos, atravesando el parque Eduardo VII, a la librería Buchholz, cerca del marqués de Pombal. Mis nuevas adquisiciones han de ser pocas y delgadas, o no me cabrán en el vuelo de vuelta. Desde la comida, en Casa da Índia, notamos la multiplicación de turistas de ayer a hoy. En Senhora do Monte está imposible acceder al barecito brasileño, casi secreto hasta hace nada. Tomarse una caipirinha con vistas a Lisboa se acabó. Por la noche, enorme luna roja.
 
5. Viernes. Para escapar de la avalancha turística cogemos el tranvía a Estrela: jardín da Estrela, basílica da Estrela. Caminamos por las calles vacías de Lapa y Pampulha. Es el tercer día de calor: parece verano. Conseguimos una mesa a la sombra en el Catch Me, el restaurante con ventanales al puente. Después atravesamos Alcântara para llegar hasta él. Me habría gustado subir, pero el ascensor sigue estropeado y mi acompañante no quiere pegarse los más de veinte pisos de escaleras. El año pasado viajé solo y lo hice. La atracción está consignada como Ponte 25 de Abril: Experiência Pilar 7. Y es una verdadera experiencia: de lo sublime. El ascenso por la estructura traqueteante hasta lo alto, con el zumbido del tráfico y el viento. Luego LX Factory y de noche caña en el bar Jobim, cena en la terraza de Príncipe Real y copas en el Pavilhão Chinês.
 
6. Sábado. Última jornada. No anoté anoche que se nos acercó el jefe y nos contó que en 1998 abrió un Pavilhão Chinês en Madrid. Tampoco anoté nuestras visitas de esta semana a Espaço Chiado, el centro comercial semiabandonado que, entre sus pocas tiendas, cuenta con varias de discos viejos. Hablamos con el dj Barbosa. Hoy, con el sol eterno de todos los días, vamos a la Feira da Ladra, el Rastro lisboeta. Al pie del Panteão afluyen los desechos portugueses, entre los que rebuscamos con fruición. Me hago con un libro más, poco y delgado: Trocar de rosa, traducciones de Eugénio de Andrade. Incluye a Luis Cernuda, delicado poeta de Lisboa: "A própria névoa ri: um riso branco no vento. / Obscuridade ou luz, ali são belezas iguais". Lo hojeo, mientras mi acompañante se demora en el mercadillo, en una mesita del jardín en declive Botto Machado, encima del río-mar.
 
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2.4.26

Bartleby: el desasimiento de la vida

La primera vez que leí Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, anoté: "Bartleby: el desasimiento de la vida". Lector de Pessoa y Cioran, asiduo al spleen de Baudelaire y a la abulia decadentista, no tanto al absurdo programático de Kafka y Beckett ni a la náusea epiléptica de Sartre, que me cargaban, acogí al oficinista del "preferiría no hacerlo" como un emblema despojado de la vida sin vida.
 
El significado último de la frase era obviamente: "preferiría no vivir"; sin por ello querer matarse. Se preferiría no estar vivo, o estar ya muerto, pero sin actuar para alcanzarlo. Así, sin el impulso suicida, siempre extremo, aparatoso (sospechoso, como supo ver Schopenhauer), se sigue en la vida sin vida. Uno se certifica como cadáver que no está muerto.
 
Bartleby hace eso: desasirse, desligarse, desatarse, desprenderse de la vida. Un hacer que es un deshacer o deshacerse; asumido más bien como fatalidad. Deambula como un fantasma. Es un santo sin iluminación. Un místico cuya ascesis es anodina y sin propósito. No busca liberarse. Simplemente constata que todo se acabó. Sin pasiones ya, sin intereses, sin excitaciones ni alteraciones. Maniquí metafísico del otro lado en este lado.
 
El personaje de Melville no se mata, pero sí se deja morir. Al "cadáver aplazado", que decía Ricardo Reis, le llega el momento del ajuste. Se lo encuentran "acurrucado de un modo extraño al pie del muro" del patio en que concluye; como el muro al que daba su ventana del escritorio.
 
El epiloguillo de las cartas no reclamadas, o "cartas muertas", con las comunicaciones y los objetos que no llegaron a sus destinatarios, expande el caso de Bartleby a una melancolía común, la melancolía (por el tiempo, la incomunicación y las pérdidas) de todos. "¡Ah, Bartleby! ¡Ah, humanidad!", son las célebres últimas palabras del relato.
 
Esta ha sido siempre mi lectura, reconozco que un tanto enclaustrada, de Bartleby, el escribiente. La que hace Daniel Gascón en Los nuevos Bartleby. Crónica de un cansancio colectivo, que ha editado Rosamerón con la obrita de Melville en el mismo volumen, tiene la virtud de abrirme la perspectiva, sin por ello hacerme abandonar la que está arraigada en mí: me la completa y enriquece. Desvía además la mirada hacia el narrador, el jefe de Bartleby, empático, justo, estupefacto, al que las circunstancias empujan a resultar igualmente cómico.
 
Con su perspicacia habitual, con su estilo recto (claro) y con su humor, Gascón recorre manifestaciones actuales que se corresponderían con el personaje de Melville. Cuando arrancaba el milenio, Enrique Vila-Matas se ocupó en Bartleby y compañía del "preferiría no hacerlo" relacionado con la escritura. Con el milenio lanzado, Gascón se ocupa (tras una primera parte literaria, muy instructiva, sobre el autor y su obra) de los Bartleby pandémicos, laborales, familiares, sentimentales, generacionales, políticos, decrecentistas, tecnológicos; sin eludir el asunto del nihilismo y el pesimismo.
 
Recoge lo que han dicho sobre Bartleby otros autores, como Deleuze, Negri, Žižek o José Luis Pardo. Me he asomado a los textos de Deleuze y Agamben y me han sonado a galimatías que preferiría no leer; junto a Žižek y Negri, proyectan en Bartleby actitudes de resistencia ideológica: con una retórica que a Bartleby abrumaría y de la que también preferiría desentenderse.
 
Vuelvo a mi Bartleby, al del desasimiento de la vida. Su existencia es, por la razón que sea (la desconocemos), ese raro impasse en que ya no hay vida pero aún hay tiempo. A Bartleby hay que reconocerle la dignidad con que lo lleva. Es casi una tauromaquia lo suyo, a lo Michel Leiris; la compostura en la nada. Por eso es un mito. 
 
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