1. "El cine español naufraga en océanos de autocomplacencia provocados por la cocaína", dijo hará unos veinte años el director Cuerda. Hoy podría haber dicho que los provoca la ideología. Aunque ya era así entonces.También.
2. Hace solo siete años decirle a alguien que estaba en el lado correcto de la historia se consideraba una burla o un insulto. A mí me costó una novia decirlo. Aún había discernimiento. Hoy se paladea como un elogio, que es como se emite. Se acabó el tiempo de la duda, del titubeo sobre lo que se hace (cuando se presume de ello es mera duda cosmética). Hay que actuar rápido y bendecirlo al momento. O mejor, bendecirlo antes: las justificaciones son preventivas. No dependen del qué, sino del quién. Quienes están en el lado correcto de la historia pueden hacer lo que quieran. Y están en ese lado no por lo que hagan, sino por definición. Es una burda maniobra totalitaria del ego. Susan Sarandon no te dice más que lo que tú quieres que te diga. ¿Cómo no te lo ibas a creer?
3. "Es ingenuo practicar un seguidismo servil", dice Sánchez. Se refiere a los que siguen servilmente a Trump, pero eso no les ha evitado el sobresalto a los que siguen servilmente a Sánchez.
4. Mismamente Siouxsie, la ministra de Igualdad, que justo después le dijo a su papichulo: "Gracias por tu compromiso con la paz, con el no a la guerra, y con todos los valores y derechos humanos que nos hacen dignos". Y ayer, para rematar: "Eres el superhéroe de la democracia".
5. El Año Franco no se conmemoró al final con los cien actos programados, sino con un único acto continuo: la suplantación del franquismo, con su caudillo y todo. Pero el perfeccionista Sánchez era consciente de que le quedaba un último fleco, que cubre ahora: ¡la autarquía!
6. Terrorífica imagen del mamarracho Trump bendecido piramidalmente por pastores evangélicos. Vuelven las guerras de religión y Trump es otro ayatola que nos toca la pirola.
7. Decir que el PP anda como vaca sin cencerro es decir demasiado del PP: el PP sencillamente no anda.
8. Qué distintas despedidas han tenido (lo observó alguien en Twitter) Gregorio Morán y Fernando Ónega. Es la diferencia entre el outsider y el insider. En realidad, la despedida de cada uno ha sido la justa: la que estaba acorde con lo que era. Un libro sobre ambos se podría titular: La Transición y su sombra. De lo único que leí del primero, El cura y los mandarines, recuerdo el episodio de los abanicos. En cuanto a Ónega, toda la vida me formulé su apellido sin tilde: Onega. La transmisión para mí fue oral, lo que lo certifica como hombre de radio. Pero antes de que zarpe este viaje, se ha subido a la barca de Caronte el portugués Lobo Antunes, que tuvo el acierto de no ser Saramago. Lo que le dio calidad y honestidad, pero le quitó el Nobel.
9. Que una mujer tan producida como Santaolalla sea el emblema del 8-M me parece un paso adelante. Mejor la artificialidad aquí que la siempre sospechosa naturalidad. Es cierto que podrían haber elegido a las mujeres iraníes que luchan contra el patriarcado, el deseo de algunas de las cuales sería justo poder presentarse como Santaolalla. Pero hay cosas (en la pseudoizquierda) que no pueden ser.
10. Soy otro de los enganchados al monito Punch, que arrastra su intento de salvación en forma de peluche naranja. Todos arrastramos el nuestro. Podríamos decir lo que dijo Melville de Bartleby: "¡Ah, Punch! ¡Ah, humanidad!".
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En The Objective.