[Montanoscopia]
1. Billy Wilder se quedó con dos frustraciones: no haber dirigido a Cary Grant y no haber dirigido a los hermanos Marx. Habrían sido dos bombazos. Tenía ideas para ambos. Menudas ideas. Para el primero proyectó una comedia medieval. En la época de las Cruzadas, los varones de un pueblecito francés parten para Tierra Santa, no sin antes colocarles el cinturón de castidad a sus mujeres. Concluía la sinopsis: "Un único hombre permanece en el pueblo: el cerrajero, que es Cary Grant". Para los otros apenas dejó un título, pero es suficiente: Los hermanos Marx en la ONU. Solo de pensarlo da escalofríos (y regocijo): mucho se tendría que torcer la cosa para que la película no acabase en la Tercera Guerra Mundial.
2. La ONU de hoy es una película de los hermanos Marx pero sin los hermanos Marx; es decir, con escalofríos pero sin regocijo. He dicho "de hoy", pero en realidad es de siempre. No olvidemos que durante diez años su secretario general fue el nazi (se destapó luego) Kurt Waldheim. Cuando más tarde fue presidente de Austria, acusó a Thomas Bernhard de insultar a los austriacos en su obra de teatro Heldenplatz, en que los calificaba de nazis. El afamado "arte de la exageración" de Bernhard se revelaba aquí no solo estrictamente realista, sino también profético, porque la cosa ha ido y va a más, en Austria y en Alemania. Con la inestimable incorporación al nazismo de la izquierda global. (Esta se caracteriza ya básicamente por exhibir el antisemitismo con orgullo.)
3. La ONU, escenario de imposturas, es el escenario ideal para Sánchez. Se mueve como pez en el agua y da el pego que te cagas. Tiene las tres herramientas precisas: inglés, percha y jeta. Es el Trump perfecto, homologable gracias al elemento que le falta a Trump: el antitrumpismo. En tal sentido, Trump es un pardillo premaquiavélico en comparación con Sánchez. Este, en fin, dado el precedente de Waldheim, podría aspirar sin problema a la secretaría general de la ONU.
4. Rebeca Argudo me lió para que firmara el manifiesto de apoyo a Ariana Harwicz y contra sus inquisidoras e inquisidores antisemitas. No es que estuviese en contra de la causa (al revés): contra lo que estoy es contra los manifiestos. Ahora veo que en la lista de firmantes me escriben Montaño. Como la izquierda global y antisemita, en su rama literaria, ha empezado a hacer campaña para ponernos muy inquisitorialmente en la picota, le ruego que anote que ese Montaño soy yo. Es Montano el que debe (y quiere) llevar en esta ocasión la estrella amarilla de David.
5. En Gaza hay crímenes, brutalidad, destrucción, guerra desigual: pero no genocidio. Es el regodeo en esta palabra, contra el pueblo que sí lo sufrió, lo que delata al antisemita. Ha salido otro manifiesto, este de apoyo a la Inquisición, firmado por 500 bigotillos de Hitler. Dicen que "el campo literario debe tomar posición". Más allá de la mentalidad totalitaria, esa expresión "campo literario" los delata también como teóricos, como profesores. Son antisemitas con lecturiras.
6. No solo el festival Cultur-Alh de Granada "tomó posición" por el antisemitismo. También el llamado Festival de las Ideas de Madrid, que debería llamarse, flaubertianamente, Festival de las Ideas Recibidas. Cuando uno se asoma al programa de los festivales de este tipo, se encuentra con que solo hay tres posibilidades: que participe Remedios Zafra pero no Marina Garcés; que participe Marina Garcés pero no Remedios Zafra; y que participen tanto Remedios Zafra como Marina Garcés. No se contempla la posibilidad de que no participen ni Remedios Zafra ni Marina Garcés.
7. Maricarmen no solo ha tenido que sufrir un desahucio, que es un asesinato civil en toda regla (si en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza, que te echen de tu casa es tu destrucción), sino también que el mulo de los Bardem la llame "Paquita" y que Ana Belén le endilgue un poema de Alberti. Siempre Berlanga en España: el caso humano real, doloroso; y el circo de los aprovechones alrededor.
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En The Objective.

