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17.7.26

Crepúsculo con Goytisolos

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:30

Ya que estamos hoy un poco crepusculares, me ocuparé del tema crepuscular por antonomasia: la extinción de una saga. Esta vez ha sido la de los Goytisolo, con la desaparición del último, Luis Goytisolo, que era el menor pero ha alcanzado a ser el mayor, puesto que ha muerto con 91 años, cuando sus hermanos Juan y José Agustín murieron, respectivamente, con 86 y con 70. Toda la vida la literatura española estuvo llena de Goytisolos y ya no queda ninguno. Siempre me llamó la atención esa repetición del apellido en tres hombres que se dedicaban a lo mismo: escribir. Los escritores aspiran a la singularidad, pero cada Goytisolo debía resignarse a la idea de que había otros dos Goytisolos. Seguro que hubieran preferido estar goytisolos que mal acompañados (este chiste es un homenaje a Vigalondo). Pero lo compensaron con egos descomunales; al menos los novelistas, Juan y Luis, que José Agustín, el poeta, parecía más frágil. José Agustín fue mi primer Goytisolo, porque era un invitado frecuente del Loco de la Colina. Era un formidable poeta radiofónico. Por aquel tiempo publicó su libro de poemas A veces gran amor, que llevaba esta cita deliciosa del Arcipreste de Hita: "Yo, como soy humano y, por tal, pecador, / sentí por las mujeres, a veces, gran amor". Juan Goytisolo fue el más famoso, y también el más arisco. Nos reíamos de él por esto, pero ahora lo echo de menos, porque ya no hay nadie arisco. A Luis Goytisolo le preguntaron una vez por el mejor novelista de su generación y respondió que Luis Goytisolo. Puse esto en Twitter también para reírme... pero dos buenos lectores (Schultz y Torné) me aseguran que tenía razón. Confieso que de Luis Goytisolo no he leído nada, pero habrá que leer su monumental Antagonía. Inauguramos un mundo raro, ya sin Goytisolos.

Bueno, y sin Rafa Latorre en La Brújula; aunque con Rafa Latorre en Más de uno. Gracias por todo y mucha suerte.

3.7.26

Saramago no, Lobo Antunes sí

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:22
 
Buenas noches. Se aproxima el final de estas opiniones ultramontanas y veo que me he dejado fuera a mi escritor más detestado de todos los tiempos: José Saramago, que era un piernas y lo que escribió lo hizo dos piernas, sin que por ello lograse caminar. Suelo decir que tiene una novela buena: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero es buena justamente porque no es suya, sino de Antonio Tabucchi; por más que la escribiera Saramago. Su indigencia literaria, por la que le dieron el premio Nobel de Literatura, es más palpable si se la compara con la excelencia de su gran oponente portugués: António Lobo Antunes, una de cuyas mayores virtudes es que abominaba de su compatriota Saramago. Como los españoles son perezosos, se quedaron de Portugal, además de con Pessoa, con Saramago; cuando tendrían que haberse quedado con Lobo Antunes. Aquí se le lee poco, pese a que sus obras están admirablemente traducidas en Siruela por Mario Merlino y esta editorial publicó en 2001 Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco. Ahora los lectores tienen otra oportunidad de engancharse a este gran autor con un espléndido libro introductorio que acaba de llegar a las librerías: António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, de Rafael Maldonado (editorial Confluencias). Maldonado logra presentar con pasión y seducción al difícil Lobo Antunes, hablándonos de su interesantísima vida (fue aristócrata, psiquiatra, médico en la guerra colonial de Angola, jugador en el casino de Estoril, complicado amante de muchas mujeres y mil cosas más) y también de su obra, de la que se nos va dando claves mediante la recreación de un paseo crepuscular por Lisboa, ciudad a la que también se homenajea. Si estragaron su gusto leyendo a Saramago, recompónganlo con el Lobo Antunes de Rafael Maldonado. 
 
* * *
PD.– La obra de Lobo Antunes está actualmente editada en Penguin Random House.

19.6.26

Mi Generación del 27

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:17
 
Buenas noches. El centenario de la Generación del 27 se conmemorará el próximo año. Falta mucho, pero el que golpea primero golpea dos veces. Así que voy a soltar unas cuantas opiniones ultramontanas sobre esa generación. Para empezar, es un grupo sobrevalorado en cuanto a la cantidad y calidad de sus componentes. Yo solo contabilizo a dos poetas. O como mucho, por traer esa expresión de Clarín que Trapiello suele recordar, a dos poetas y medio. Los dos poetas son Lorca y Cernuda. El medio sería Guillén. Los demás no son más que señoritos del verso. Tienen poemas pintones, claro, pero podrían ser cruasanes. De mis paisanos Prados y Altolaguirre mejor no hablar: siempre se les ha mantenido en un justo segundo plano. El burgués Salinas solo se animó un poco cuando se echó una amante y puso en marcha aquello que Gil de Biedma definió como "la poética del lío". De su título La voz a ti debida decía Juan Ramón: "¡Me la debe a mí!". Aleixandre fue un abuelete desde los veinte años, y para no meterse en problemas hablaba en femenino de sus amores homoeróticos; a diferencia del valiente Cernuda. De Gerardo Diego, eso: como decía Borges, ¿en qué quedamos, en Gerardo o en Diego? En cuanto a Alberti, yo tengo la teoría de que él debió haber sido el fusilado en vez de Lorca. Al fin y al cabo, Lorca estaba en plena progresión fulgurante en 1936, mientras que Alberti ya no era más que, como él mismo reconoció diez años después, el "coplero del partido". A la altura de Lorca y Cernuda solo está otro poeta algo más joven, ya de la siguiente generación: Miguel Hernández. Así que yo celebraré el centenario del 27 leyendo a Lorca y Cernuda, y medio leyendo a Guillén. ¡Punto!

* * *
PD.– Me olvidé en la radio de Dámaso Alonso. Pero también tengo para él: fue el animal más feo del mundo (y murió el mismo día que Ava Gardner, el más bello).

22.5.26

Por la camiseta con chaqueta

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:35
 
Buenas noches. Las elecciones andaluzas han supuesto una revolución. No me refiero a la política, que no es tema del Nanosegundo, sino a la estética. El candidato de Adelante Andalucía nos ha devuelto el look de camiseta con chaqueta, y su éxito electoral lo ha propulsado. Este look pasaba por un malísimo momento, porque tras su uso abundante en otras épocas, como en los noventa, últimamente solo lo llevaba Pedro Vallín, con lo que su desprestigio era máximo. A nadie, realmente, le apetecía ir como Vallín. (A los oyentes que no sepan quién es Vallín les aconsejo que sigan sin saberlo. ¡No lo busquen en Twitter!) En cuanto al candidato José Ignacio García, al ponerse camiseta con chaqueta, pulsó una tecla sepultada en muchos potenciales votantes. La verdad es que cuando llevábamos camiseta con chaqueta éramos felices sin saberlo. Ya sé que decir esto va contra la línea editorial del programa, férreamente impuesta por Rafa Latorre, pero la camiseta con chaqueta es un modo de vestir, además de estético, filosófico. El otro día, Ignacio Vidal-Folch (es decir, el Vidal-Folch bueno) arremetió contra la camiseta llamándola "prenda informe". Pero aquí está la clave: si esa prenda informe la embutimos en una chaqueta, entonces adquirimos una forma dentro de la cual flota lo informe. Es como combinar a Parménides con Heráclito, o a Confucio con Lao-Tsé. Es el vaso el que le da forma al agua. De igual modo es la chaqueta la que le da forma a la camiseta. Pero en ambos casos, el elemento flexible conserva su flexibilidad. Tanto el agua al vaso como la camiseta a la chaqueta están diciéndole: "¡Eh, que sigo siendo libre en tu jaula!" Esta es la clave maravillosa de su éxito. Quien lleva camiseta con chaqueta transmite el mensaje: "Soy un tigre, pero formal".

8.5.26

El glorioso suplemento 'Libros' de 'El País'

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:44
 
Buenas noches. Sobre los cincuenta años de El País en general me he expresado en otro sitio. Aquí quiero hacerlo sobre algo en particular de ese periódico: el suplemento Libros, que salía los domingos y se mantuvo desde 1979 hasta 1991, en que fue sustituido por el Babelia. El cambio resultó catastrófico, porque el Babelia, en fin de cuentas, no era más que un suplemento cultural. Es decir, una cosa inferior, como el ABC Cultural o El Cultural a secas. La célebre frase de Goebbels "cuando oigo la palabra cultura desenfundo el revólver" yo la aplico a los suplementos culturales; aunque lo que desenfundo es el matasuegras. Detesto tales suplementos, que se ocupan de libros, sí, pero también de música, de arte, de teatro ¡e incluso de ciencia! Todas estas materias las considero simples divertimentos, porque para mí la cultura son los libros y punto. En un suplemento se puede hablar de música, arte o lo que sea, ¡pero si hay libro! Los libros, ¡y solo los libros!, son lo serio. Por eso aquel suplemento Libros de El País, que hablaba solo de libros, era glorioso. ¡Ahí me eduqué, domingo tras domingo! Era el complemento ideal del buen bachillerato de entonces. Se dice pronto, pero en las páginas de Libros me enteré de la existencia de Pessoa, de Leopardi, de Cioran, hasta de Savater, cuando publicó La tarea del héroe e Invitación a la ética. De Pessoa recuerdo una página entera de los ochenta con pasajes del Libro del desasosiego, cuya imantación aún no he dejado de sentirla. Así que me olvido ahora de lo secundario, es decir, de todas las noticias que ha sacado El País en sus cincuenta años, y me quedo con la tipografía perfecta en que, en el glorioso suplemento Libros, un domingo descubrí a Pessoa.

24.4.26

'Jaime Gil de Biedma': mejor libro de 2004 y 2026

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:44

Buenas noches. El mejor libro de 2004 fue la biografía de Jaime Gil de Biedma que publicó Miguel Dalmau en Circe. Será también el mejor libro de 2026, porque lo vuelve a editar Tusquets, con un importante trabajo de actualización y reelaboración por parte del autor. Este recibió hace veintidós años devastadores ataques del círculo de Gil de Biedma. Dalmau cometió el pecado de sacar al muerto demasiado vivo. Exactamente en aquello que más vidilla da: el sexo. Escribí entonces que resultaba patético que lo único que había hecho bien la gauche divine barcelonesa, fornicar, fuese de aquello de lo que renegara, cuando estaba claro hasta dónde había llegado su porquería política; porquería que no ha hecho más que incrementarse. El poder literario de esa gente opacó el libro, que, si no recuerdo mal, desapareció pronto de las librerías. Lo recomiendo ahora encendidísimamente, porque Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta (así se titula) es un libro vibrante no solo por el sexo, sino también por todo lo demás: por el resto de aspectos de la historia personal de Gil de Biedma, muy bien contados; por su asombroso perfil como alto ejecutivo de la Compañía de Tabacos de Filipinas; y, sobre todo, por el seguimiento de su vocación poética, su realización en sus libros (obras maestras los tres que escribió, reunidos en Las personas del verbo), y el vacío de su temprano abandono de la poesía, que se mezcla después con sus depresiones, su reconocimiento literario en los ochenta y su enfermedad y muerte por el sida. Para mí fue el mejor poeta de su generación, y el que más quiero. Le ocurre igual a Dalmau, que dice al término de su nuevo prólogo: "Sigue siendo el único autor de mi tiempo que todavía me conmueve hasta las lágrimas".

10.4.26

Una modesta proposición para el traslado del 'Guernica' al País Vasco

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:56
 
Buenas noches. Quisiera hacer una modesta proposición, a la manera del clásico irlandés Jonathan Swift. Este utilizó la truculencia y el humor negro para la suya, que tenía que ver con el hambre en Irlanda. Yo me acogeré a los mismos rasgos para la mía, que se refiere al traslado del Guernica al País Vasco. Mi modesta proposición no contempla el cuidado de la obra. Al revés, conforme al literalismo vigente, si el lienzo antibélico sufriera daños, se completaría su mensaje. En cuanto a la historia, remito al reciente artículo de Trapiello "La verdad sobre el Guernica". Ahí se recuerda que, desde que acabó la guerra civil, las bombas han sido mayoritariamente las autóctonas de ETA, cuyo balance de muertos (incluyendo los de pistola) supera al de 1937. Inspirándome en esto y en la frase de Arzalluz "ellos sacuden el árbol y nosotros recogemos las nueces", aquí va, en fin, mi modesta proposición para el traslado del Guernica al País Vasco. Una vez allí, con los previsibles desperfectos, el cuadro se deberá colgar en el Guggenheim Bilbao (cuya directora, a propósito, es la hija de Arzalluz) bajo las siguientes condiciones, que además actualizarán la obra, puesto que le darán un aspecto de instalación, que es lo que se lleva. En el centro del lienzo ha de adherirse una txapela invertida, a modo de canasta de baloncesto, con una nuez en su interior. En el extremo izquierdo del cuadro habrá un proetarra y en el derecho un nacionalista vasco, ambos de pie y formalitos. Cada hora, cual reloj de cuco, el proetarra sacudirá la txapela hasta que caiga la nuez. Entonces, el nacionalista vasco se agachará a recogerla y la encestará de nuevo. Solo queda resaltar la circularidad sostenible del proceso, que se mantendrá ininterrumpidamente los meses que dure la exposición.

27.3.26

Shakespeare: ser o no ser un piernas

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:14
 
Buenas noches. Mi trayectoria como opinador ultramontano ha sido osada. Llamé "piernas" a Kafka y a Tolstói. Dije que los hermanos Machado son los hermanos Calatrava de la poesía. Antes, que Nabokov no es más que un crucigramero: el Ocón de Oro de la literatura. Que Faulkner es un Marcial Lafuente Estefanía con subordinadas. Que García Márquez es Antonio Gala con gallinazos. Y pregunté quién demonios había metido en el canon a Chejov. Pero una última cobardía me atenazaba: no me atrevía a meterme con William Shakespeare, quizá un gigante demasiado poderoso para mis bromitas. Pero nuestro querido Javier Gomá me abrió el camino hace unas semanas en La Brújula, cuando se atrevió a ponerle reparos al cisne de Avon. En efecto, Shakespeare está sobrevalorado. Es retórico, desordenado, efectista. Sus obras tienen más trucos que Juan Tamariz, pero además son un peñazo. Romeo y Julieta es un anuncio de perfume. Macbeth es una escabechina sin sentido, como un spaghetti western. El sueño de una noche de verano es como los Morancos de Triana disfrazándose para el carnaval. Otelo es una historia vulgar de celos, como los de Shakira por Piqué. La fierecilla domada es el discurso sobre el "hombre blandengue" del Fary. Antonio y Cleopatra es una mala canción de Pimpinela. Lo de "pero Bruto es un hombre honrado" (de Julio César) es como una frase de la política española. Y lo de "mi reino por un caballo" (de Ricardo III) no es más que la historia del actual rey Carlos de Inglaterra, que obtuvo el reino y además el caballo. En cuanto a su obra más célebre, Hamlet, está claro el dilema que a Shakespeare le preocupaba de verdad, porque eso es lo que se sentía en el fondo: "Ser o no ser un piernas". He ahí la cuestión.

13.3.26

Un 'win-win' con Sergio del Molino

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:21
 
Buenas noches. Llevo tiempo metiéndome con Sergio del Molino y cuestionando ciertas actitudes suyas, que he llamado "acomodaticias". Por eso, cuando le conté a un amigo que me disponía a leer su nuevo libro, La hija, editado por Alfaguara, me dijo: "¡Lo tuyo es masoquismo!". Le contesté: "Es un win-win: si no me gusta, le lanzaré pullitas; si me gusta, exhibiré mi magnanimidad". ¡Así funciono! Al final resulta que he hecho las dos cosas: no programáticamente, sino porque así se han dado. Al principio no me convenció la lectura, hasta la abandoné. Pero algo me empujó a retomarla y me fue ganando entre los sarcasmitos que seguí soltando en Twitter por inercia. Al final me conquistó del todo y me ha parecido muy buena. Me ha pasado otras veces y he de reconocer que es glorioso cuando soy derrotado por un libro cuya excelencia se me impone. El disfrute lector es superior. La hija trata de Rosario Weiss, artista de la que muchos piensan (entre ellos el autor) que fue hija de Goya. La obra se divide en dos partes: la primera es una novela sobre la vida corta (murió con 28 años) de Rosario Weiss; la segunda es un ensayo sobre ella y su época, la primera mitad del tormentoso siglo XIX español, con reflexiones también sobre la obra de Goya y el arte en general. La novela me pareció que estaba bien, pero que podría estar mejor. Esta mejoría, sin embargo, se produce antes de cerrar el libro: el ensayo, que es extraordinario, impregna retrospectivamente la novela, apasionándola. El efecto es maravilloso. La hija deja un poso emocionante, de gran belleza. En lo que a mí respecta, me alegra la convicción que retorna en casos como este: lo importante es la literatura. El resto: ¡pelillos a la mar!

20.2.26

Contra el espíritu de la pesadez

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:23
 
Buenas noches. Me gustó, querido Rafa Latorre, que dijeras en El Ambigú de David Mejía que yo soy nietzscheano. En efecto, Nietzsche es mi filósofo favorito. Pero hay varios Nietzsches y el mío es el de la alegría y la ligereza. El que escribió, por ejemplo, este aforismo precioso: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar". Es el Nietzsche que dijo que solo creería en dioses que supieran bailar y reír, y el que advirtió contra "el espíritu de la pesadez", que aplasta la vida y la estropea. Hoy es el espíritu de la pesadez el que manda, aniquilando todo brote de espontaneidad; o agriándolo, que viene a ser lo mismo. Hemos vuelto a asistir a esta expansión deprimente con la respuesta (¡cargadísima!) de Sarah Santaolalla al chistecillo de Rosa Belmonte, que no era más que eso: un chistecillo, gracioso además. Belmonte, que es, como escribió Borges de Verlaine, "inocente como los pájaros", vuela también como ellos, o revolotea, soltando frases inteligentes y gamberras, y sobre todo ligeras, que tienen la cortesía de disiparse al poco de surgir, como una pompa colorida de jabón. Pero Santaolalla ha atrapado una que la aludía y la ha inflado, la ha paralizado y la ha convertido en un pedrusco que se ha colgado al cuello para exhibirse como víctima de una (¡agárrense!) "agresión". Lleva días con ello, pesadísimamente. Con el aplauso de muchos, como es natural, que también han sucumbido al espíritu de la pesadez, convirtiéndose en unos pesados. Una vez que el espíritu de la pesadez se pone en marcha, no hay nada que hacer. Porque no merece la pena el chiste que se soltaba con levedad, por diversión, si a cambio te caen una almidonada quejándose y un chaparrón de pesados. ¡Huyamos a las catacumbas! ¡El único sitio donde puede haber ligereza ya!

6.2.26

La boina avanzada de Fernando Esteso

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:57

Buenas noches. Quienes sigan estas opiniones ultramontanas se habrán dado cuenta de que yo soy muy bellotero pop. De ahí que la muerte de Fernando Esteso haya sido también la de mi retratista. He de confesar que a mí Esteso nunca me hizo gracia ni como cómico ni como actor. Y que me perdone Rosa Belmonte, que le regañó a David Jiménez Torres donde Alsina por no haber visto Los bingueros: en su afán por separarse del cine fino, Belmonte es capaz de fundar un Cahiers du Cinéma solo para ensalzar las películas de Esteso y Pajares. En lo que sí me gustó a mí Esteso, y mucho, fue en la música: ¡el Esteso compositor y cantante es el mío! Aparte de la sofisticadísima Bellotero pop, que es el puente prealmodovariano entre el casticismo y la Movida (resultaba, en fin de cuentas, más pop que bellotero), están indiscutibles hits como: El zurriagazo, una crítica (pese a su disfraz jocoso, bueno, tal vez demasiado jocoso) de la violencia machista; Los niños con los niños y las niñas con las niñas, que abraza la separación de los sexos, tan en boga hoy ("yo no me casaré con ninguna mujer, ¡chínchate!"); o La Ramona, que, como ha escrito nuestro Narváez, es un canto a los cuerpos "no normativos", con su recurrente "Ramona, te quiero". Como se ve, Esteso era mucho más avanzado de lo que parece. Sobre todo, era muy avanzada su boina. En comparación, la boina de Uclés (¡tenía que salir Uclés!) es retrógrada. Uclés se planta la boina, sobre lecho de pelos, con impostura neorruralista, corroborada por el complemento del cordel en lugar del cinturón. Esteso, en cambio, usaba la boina corrosivamente: su atuendo ruralista era una parodia del ruralismo. Por eso Uclés nos hace retroceder, mientras que Esteso nos hizo avanzar.

23.1.26

¡Gloria a Els Joglars!

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:02
 
Buenas noches. Una gran experiencia cultural y festiva en nuestra cada vez más estirada y desastrada España es asistir a una representación de Els Joglars. Ha vuelto a suceder en Málaga, adonde vinieron a presentar su producción El retablo de las maravillas, adaptación del entremés de Cervantes. Lo hicieron en el Teatro Cervantes precisamente, que homenajeó a Els Joglars por sus sesenta y cinco años. Fundada en 1961 por Albert Boadella, es hoy la compañía teatral privada más longeva de Europa. En mi memoria están Teledeum, Ubú president, Daaalí o la de Pla; y más recientemente las de Rusiñol, Aristófanes o el exrey Juan Carlos. Todos estos personajes interpretados por el inmenso Ramon Fontserè, que les da comicidad, alma y un poquito de tragedia. El efecto en la butaca es siempre de descompresión, de liberación. El aire vuelve a correr; regresa la antigua libertad, su inconfundible cosquilleo. La taladradora humorística en su día se ocupó del franquismo y el militarismo, después de la Iglesia, posteriormente del nacionalismo catalán: variantes todas del mismo ceporrismo engolado y opresor. En El retablo de las maravillas la diana va mudando: la fatuidad del mundo artístico, lo woke como nueva Iglesia (con la vieja Iglesia contra lo woke) y la pompa vacía de los gourmets, que en esta obra degustan "aire crudo". En el entremés de Cervantes, el público fingía ver maravillas en la nada del retablo, ya que se había advertido que el que no las viera era hijo ilegítimo o tenía sangre judía. Hoy hay miedo de ser acusado de muchas otras cosas, como muestra la actualización de Els Joglars. Con el teatro a tope, se produjo la catarsis de las risas. Vivimos apresados por un montón de plastas. Últimamente el teatro también brinda tales plastas. Els Joglars no. ¡Gloria a Els Joglars!

9.1.26

Fases del 'revival' católico (y el incomprendido Dios)

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:11

Buenas noches. Con la aceleración de nuestro tiempo, el revival católico al que asistimos ha atravesado a velocidad supersónica todos los periodos de la Historia del Arte. Por remontarnos al trazo originario, el de la Grecia antigua, primero estuvo la fase arcaica, después la clásica y finalmente la helenística o alejandrina, es decir, la de la disgregación autorreferencial y la decadencia. Aplicado al mencionado revival católico, podríamos asociar al periodo arcaico la restauración del Ecce homo de Borja, al periodo clásico la película Los domingos y el disco Lux de Rosalía, y al periodo helenístico la canción que nos propinó La Oreja de Van Gogh en Nochevieja, con ese "Yo creo en Dios" que parecía una estricta operación mercantil. Cómo no recordar el chiste de Billy Wilder contra un músico pésimo: "Tiene el oído de Van Gogh para la música" (en inglés ear es tanto oído como oreja). Pero hay algo que me ha impresionado del periodo arcaico, que suele ser el más recio, el más profundo. Estas Navidades murió Cecilia Giménez, la "restauradora" del Ecce homo de la que tanto nos reímos, y Ricardo hizo en El Mundo una viñeta genial, de gran calado teológico. Cuando ella llega al Cielo, San Pedro le dice: "Querida Cecilia, te presento a Jesucristo". ¡Y este tiene la cara de su Ecce homo! Recordé los versos de Borges en su poema Cristo en la cruz: "El rostro no es el rostro de las láminas. / Es áspero y judío". Y conjeturé borgianamente que ella lo hubiese visto de verdad y, contradiciendo a la tradición, y al propio fresco que restauraba, lo plasmó exactamente así. Como los profetas bíblicos, o la profetisa Casandra, se expuso al oprobio de sus contemporáneos, a sus burlas, a su falta de fe. Pero el suyo era el incomprendido Dios.

12.12.25

Jorge Ilegal contra los cantautores

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:42

Buenas noches. Entre tantos muertos, el mío es Jorge Ilegal, probablemente el único español que quedaba que no fuese un funcionario. El anterior, según mis cálculos, fue Poch, el cantante de Derribos Arias, que murió en 1998. Derribos Arias e Ilegales tuvieron las mejores letras de la Movida. Poch cantaba: "Branquias bajo el agua es el baile de actualidad, / branquias bajo el agua: ideales go-gós". Y Jorge Ilegal: "Tengo un problema, un problema sexual, / un serio problema, problema sexual: / soy una bicicleta". Estas genialidades vanguardistas devolvieron la modernidad a España tras el franquismo, mientras que los lloriqueantes cantautores arrastraban su peñazo: en realidad, suponían una continuación del régimen. Siempre he sostenido que en los ochenta España progresó estéticamente contra los cantautores. El propio Jorge Ilegal tiene un vídeo memorable en que se ríe de los ripios de Serrat y cuenta cómo los parodiaba. Y compárense los versos citados antes con las ramplonerías de Víctor Manuel, tipo: "Hey, solo pienso en ti, / juntos de la mano se les ve por el jardín". Los que "cuidaban" las letras, contra lo que suele decirse, no eran los adocenados Víctor Manuel y Serrat, sino los indómitos Jorge Ilegal y Poch. La democracia y la alegría de vivir vinieron con estos, contra aquellos. La Movida traía el espíritu de la democracia. Los cantautores, mezcla de tunos y de monaguillos posconciliares, prolongaban la pesadez del franquismo. En fin, no renuncio a mi teoría, pero la vida te da sorpresas y, por la extraordinaria necrológica de Jorge Ilegal que ha escrito Carlos Marcos en El País, me entero de que el primer disco de Ilegales salió gracias a la ayuda precisamente de Víctor Manuel, que los recomendó al ver el potencial del grupo. A veces me digo que no tendría que ser tan ultramontano. ¡Pero así funciono!

28.11.25

Vicent es el Pemán de las ensaladas

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:25

Buenas noches. Antes que nada quiero adherirme desde estas Opiniones ultramontanas al Alguien tenía que decirlo del pasado martes, en que José Ignacio Wert vindicó la denostada Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. ¡A mí también me gusta! Dicho lo cual, paso a lo de hoy, en lo que puede que me encuentre más solo aún, sin ni siquiera la compañía de Wert: la crítica a Manuel Vicent. Sé que Vicent es amigo de esta casa, en la que Carlos Alsina le ha hecho estupendas entrevistas, que por otro lado yo no me he privado de disfrutar. En realidad, siempre escucho con gusto a Vicent. Desde que, a principios de los ochenta, dijo en televisión que su cabeza (ya calva) tenía forma de pene. Ese gamberrismo captó la atención del gamberro que yo era y que en buena medida sigo siendo. Luego empecé a leer la columna de Vicent en El País y me hice fan de su escritura sensorial, mediterránea y con algo de diamantino, como tallada en la hoja del periódico. Lo que ocurre es que han pasado más de cuarenta años y la columna es idéntica. Esto le ha permitido mantenerse cómodamente en el Establishment mientras otros, más arriesgados, han pagado sus osadías. Así Félix de Azúa, Fernando Savater o nuestro Andrés Trapiello. La otra noche homenajearon a Vicent en el Café Varela y entre los asistentes estaba el turbio presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido. Esto significa que el Establishment le da a Vicent su certificado de buena conducta. También acudieron numerosos columnistas, que quieren ser como Vicent. Claro, su sueño es tirarse cuarenta años escribiendo la misma columna del aceite que se derrama en la ensalada, refulgiendo al sol. ¡El cara al sol del aceite en la ensalada! Vicent es el Pemán de las ensaladas.

14.11.25

El aspecto lidibinoso de la Transición

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:47]
 
Buenas noches. No he leído las memorias de Isabel Preysler ni las del exrey Juan Carlos, porque yo (¡excusadme!) soy un lector hedónico. Pero sí las he rastreado, cruzándolas, con un propósito: atisbar si hubo hueco para que la reina de corazones y el rey de España tuvieran algo, un alguito. Preysler sí menciona varios encuentros con el monarca, pero en ocasiones públicas, cacerías y cosas así. Él, en cambio, no la menciona. Aunque tampoco menciona a Bárbara Rey. En fin, que no hay nada, pero a mi imaginación le habría gustado que sí. ¡Soy un sentimental! Ya que estoy aquí me gustaría hacer un comentario sobre el aspecto libidinoso de la Transición. Esto me lo hizo ver hace tiempo el novelista Juan Francisco Ferré, quien acaba de publicar en Anagrama Todas las hijas de la casa de mi padre, en que los personajes se ven afectados por las transiciones, también eróticas, de la Transición. Su narradora es una chica que transita maravillosamente hacia el lesbianismo; pero desde el punto de vista de un chico como yo (heterosexual, qué le vamos a hacer) se daba algo delicioso, aunque lo supimos más tarde. Resulta que nuestro objeto de deseo era el mismo que el de don Juan Carlos: Bárbara Rey. En mi caso, ella fue la primera mujer que vi desnuda, en algún Interviú distraído a los adultos. Pese a la democracia, se observaba una rígida jerarquía, digna de un bajorrelieve asirio. Los adolescentes le dábamos salida a nuestra pulsión con "la manito", mientras que nuestro rey lo hacía con toda su realeza. Pero era bello pertenecer a una misma comunidad de intereses sexuales. Sí, la Transición tuvo un indudable componente libidinoso... y eso engrasó (¡lubrificó!) la maquinaria democrática, dando aquella hija de penalty y al mismo tiempo querida: ¡la Constitución!

31.10.25

A favor del cambio de hora

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:08
 
Buenas noches. Yo estaba rabiosamente en contra del cambio de hora, pero en cuanto Sánchez se ha manifestado también en contra, yo me he vuelto un fanático en favor del cambio de hora. ¡Así funciono! De pronto me he puesto a verle virtudes formidables al cambio de hora y ya no concibo mi vida sin el cambio de hora. La vida, de hecho, suele ser un tostonazo, un río monótono en el que nunca pasa nada... ¡Salvo el cambio de hora! El cambio de hora nos da vidilla dos veces al año y está bien que al menos nos pase eso. Por otra parte, los ingenuos que se oponen al cambio de hora (yo mismo hasta que habló el presidente) dan por hecho que el horario que se quedará será el de verano. ¡Quiá! Los gobernantes nos quieren con horario de invierno. Por la mañana temprano a trabajar y por la noche en casa recogiditos. Hay un dato que nos permite deducir esta preferencia del Estado por la opción más triste. ¿Qué es lo que hace el Estado ahora que cambia la hora? Pues robarnos una gloriosa hora de primavera para devolvernos, cinco meses después, una marchita hora de otoño. El Estado no engaña a nadie: nos roba oro y nos devuelve ceniza. Pero, aun así, está bien el cambio. A partir del pasado fin de semana, nos comeremos infinidad de tardes tristes, en que a las seis ya es de noche. Pasaremos muchísimas semanas con el ánimo por los suelos, que no levantará ni el suplemento de las luces navideñas. Pero el sacrificio merecerá la pena solo por la primera tarde larga que nos aguarda a finales de marzo, cuando el horario de verano regrese. Sí, solo por ese golpetazo de luz, intenso y deslumbrante (¡cosquilleante!), merecerá la pena.

17.10.25

El más distinguido club de escritores

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 3:03
 
Buenas noches. ¡Semana de premios! Merecidísimo el Antena de Oro para nuestro Rafa Latorre (¡felicidades, jefe!). Merecidísimo también el Nobel de la Paz para María Corina Machado. Sobre el Planeta no digo nada, porque es de esta casa. En cuanto al Nobel de Literatura, me da buena espina el húngaro de nombre raro. Pero tengo que decir una cosa: respetar este premio después de que se le negara a Borges me parece mucho respetar. Los suecos se hicieron ahí los suecos de manera irreversible y se autolesionaron mortalmente. Cada año entramos en el juego de valorar al premiado, y me parece bien, porque con algo hay que llenar la vida; pero no debemos olvidar que es eso, un juego. El Nobel de Literatura hay que verlo al revés. El verdadero premio es no ganarlo. El escritor sin Nobel pertenece a un club del que forman parte –además de Borges– Proust, Joyce, Jünger, Salinger, Lispector, Pessoa, Vallejo, Onetti, Galdós, Kafka, Rulfo, Nabokov, Greene, Highsmith, Ginzburg, Cavafis, Rilke, Chesterton, Svevo, Simenon, Piglia, Marías, Conrad, Cioran o Bernhard. Los escritores pertenecemos de entrada a este club tan distinguido. Pero cada mes de octubre uno de nosotros es expulsado. La ejecutora de la patada en el culo es la Academia Sueca, que, aunque malvada, al menos se compadece de los pequeños y escoge a los más envalentonados. Fue maravilloso cuando expulsó a Saramago, por ejemplo. Es cierto que a los no poseedores del Nobel nos da pena que ya no podamos contar con Mann, Faulkner, Beckett, Bellow, Jiménez, Paz, Varguitas, Coetzee, Szymborska, Glück o Jelinek. Sin ellos, el club es algo menos distinguido, ciertamente. Pero lo que jamás le perdonaremos a la Academia Sueca es que haya mantenido entre nosotros a Tolstói, quien, como saben los asiduos de estas opiniones ultramontanas, es un piernas.

3.10.25

Hasta los huevos de Caetano Veloso

[La Brújula (Opiniones ultramontanas)m 4:00:30

Buenas noches. Mi pasión por la música brasileña, que muchas veces he proclamado aquí, se encuentra en crisis. No exactamente por la música, sino por los músicos. Siempre los he adorado, al plantel completo. Desde Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, João Gilberto o Gal Costa, que ya murieron, hasta los que siguen vivos y coleando, aunque algunos un tanto renqueantes: Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia, Chico Buarque, Milton Nascimento, Djavan o Adriana Calcanhotto. A estos últimos me puse a seguirlos en las redes sociales, pero ya no puedo más. La saturación es idéntica a si estuviera casado con cada uno de ellos; o peor: con todos ellos a la vez. Los veo a diario levantándose, acostándose, vistiéndose, desvistiéndose, en pijama, en bañador, con ropa tropical, con ropa europea, comiendo, bebiendo, riendo, llorando, ¡soltando peroratas interminables! ¡El primero Caetano Veloso, al que amo pero al que ya no aguanto más! Se han tomado las redes sociales, ante todo Instagram, como una parte esencial de sus vidas; yo diría que más que nadie en el mundo. El afán de comunicación de los brasileños ha hecho que se vuelquen a comunicárnoslo todo en todos los minutos. El colmo es que también se comunican entre ellos, desaforadamente. No hay día del padre, ni de la madre, ni de la infancia, ni de nada, y no digamos los cumpleaños, en que no se lancen a felicitar y recordar y poner fotos. Es una locura inflacionaria de efusividad y buen rollo que ya no pueden parar. El día que uno no le felicite el cumpleaños a otro (y cada día cumple años alguien), se pinchará la burbuja y puede que lo asesinen. En realidad es entrañable. ¿Qué se puede objetar a la explosión del calor humano? Pero yo, francamente, estoy ya hasta los huevos.