20.2.26

Contra el espíritu de la pesadez

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:23
 
Buenas noches. Me gustó, querido Rafa Latorre, que dijeras en El Ambigú de David Mejía que yo soy nietzscheano. En efecto, Nietzsche es mi filósofo favorito. Pero hay varios Nietzsches y el mío es el de la alegría y la ligereza. El que escribió, por ejemplo, este aforismo precioso: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar". Es el Nietzsche que dijo que solo creería en dioses que supieran bailar y reír, y el que advirtió contra "el espíritu de la pesadez", que aplasta la vida y la estropea. Hoy es el espíritu de la pesadez el que manda, aniquilando todo brote de espontaneidad; o agriándolo, que viene a ser lo mismo. Hemos vuelto a asistir a esta expansión deprimente con la respuesta (¡cargadísima!) de Sarah Santaolalla al chistecillo de Rosa Belmonte, que no era más que eso: un chistecillo, gracioso además. Belmonte, que es, como escribió Borges de Verlaine, "inocente como los pájaros", vuela también como ellos, o revolotea, soltando frases inteligentes y gamberras, y sobre todo ligeras, que tienen la cortesía de disiparse al poco de surgir, como una pompa colorida de jabón. Pero Santaolalla ha atrapado una que la aludía y la ha inflado, la ha paralizado y la ha convertido en un pedrusco que se ha colgado al cuello para exhibirse como víctima de una (¡agárrense!) "agresión". Lleva días con ello, pesadísimamente. Con el aplauso de muchos, como es natural, que también han sucumbido al espíritu de la pesadez, convirtiéndose en unos pesados. Una vez que el espíritu de la pesadez se pone en marcha, no hay nada que hacer. Porque no merece la pena el chiste que se soltaba con levedad, por diversión, si a cambio te caen una almidonada quejándose y un chaparrón de pesados. ¡Huyamos a las catacumbas! ¡El único sitio donde puede haber ligereza ya!