31.5.21

Lo grave no son los indultos

Lo grave no son los indultos, sino la retórica con que se justifican. Como la razón real no se puede decir (que son para que se mantenga en el poder Sánchez), se pasa a decir otras razones. Que, ya puestos, también son para que se mantenga en el poder Sánchez.

Se hace imprescindible un comentario sobre la trepidante mente de los sanchistas. Esos que hace año y medio estaban en contra de los indultos a los políticos independentistas condenados, como Sánchez, y ahora están a favor, como Sánchez.

Y, como Sánchez, sin explicar el cambio: solo siguiendo a Sánchez y tirándose por los barrancos con Sánchez. Muchos son intelectuales, académicos, politólogos, pero no consideran necesarias las explicaciones. Ningún presidente ha desnudado tanto la consigna de Follow the Leader. Los sanchistas lo siguen, en efecto, en pelota picada.

Ahora se ha vuelto a lo grande a la Premisa identificada por David Jiménez Torres en su libro 2017. La crisis que cambió España, que sustentó la Transición y que con el golpe independentista de 2017 refutó. Tal Premisa sostenía que los nacionalistas nunca rebasarían cierto límite institucional, que a pesar de sus proclamas se mantendrían en último término dentro de la ley.

El recorrido de Jiménez Torres en su libro es deprimente porque desmenuza el error, todos los errores. Su conclusión es diáfana y pesimista. Pero la realidad, ya fuera de su libro, ha dado un paso más, que es el que estamos viviendo. Manuel Arias Maldonado lo ha definido bien: hay quien “sigue razonando como si el procés no hubiera tenido lugar”. Se trata ahora, a conveniencia del Gobierno, de desaprender la lección más importante que hemos aprendido en cuarenta años.

Aparte de las indigentes argumentaciones de Sánchez (perdón por el pleonasmo) sobre la “revancha” y la “venganza” en que supuestamente se funda el cumplimiento de las condenas, está su afirmación de que el golpe se lo dieron los independentistas al Gobierno del PP y no al Estado. Afirmación que inmediatamente se han puesto a repetir los sanchistas barranqueros.

Esto es lo grave: que al final, como siempre en el sanchismo, se trata de dividir a la sociedad española entre buenos y malos. De no tener ninguna noción institucional solvente, sino solo soez cortoplacismo ventajista. Los indultos en realidad dan igual (todo lo que tiene que ver con los presos para mí no es más que una cuestión folclórica). Es esto lo que no da igual.

Por no hablar de su llamamiento a la “concordia”: que es concordia con los suyos y discordia, cruda discordia, con los demás (también dentro de Cataluña). La clave del sanchismo, en esto heredero del zapaterismo: una retórica de la concordia diseñada para la discordia. 

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29.5.21

Dietario: El día de Lea

Juego con Lea. Desde que mi amiga Julia me contó la historia de Lea quiero escribir sobre ella, para hacer un juego. Lea es su perra, una pastor belga malinois, que vive en la casa familiar del Monte Sancha. Tiene, según Julia, un escrupuloso sentido del deber, concentrado en su única obligación de la jornada: recoger el Sur enrollado que el repartidor deja en la puerta y subirlo a la casa por las escaleras. Hasta que no la cumple no está tranquila. Los tres días del año en que no hay periódico, Lea se desespera. Solo se calma cuando le ponen uno antiguo para que lo suba. Hecho lo cual se dedica a ser una perra libre, traviesa y sin obligaciones hasta la mañana siguiente. Ahora pienso en Lea subiendo el Sur de este sábado, como todas las mañanas. Sin saber que esta vez ella va dentro. 

Playas a tope. El malagueño ha perdido una de sus características esenciales, que era regirse por el calendario y no por la temperatura en lo que se refiere a la playa. Antes nadie se bañaba antes de junio, por más calor que hiciese. Y a partir de junio muchos se bañaban aunque helase. Los foráneos, grandes admiradores de nuestro sol, nos han enseñado que hay que tener un contacto más directo con la realidad. Por eso en mayo las playas están a tope.

Arde Proteo. Qué conmoción el incendio de la librería Proteo. Como muchos malagueños, estuve recordando mientras veía las llamas: como si se le echase memoria al fuego para reconstruir lo que se estaba quemando. Descubrí Proteo (y su vecina Prometeo) con dieciséis por mi amigo Nadales, que tenía la misma edad que yo pero más mundo. La última visita fue con otro amigo, el profesor Alberca. Aunque la mayoría de las veces he estado solo, horas mirando las estanterías. Recuerdo de pronto que allí, en la planta de arriba, conocí en los ochenta al escritor que yo quería ser: el peruano Alfredo Bryce Echenique. Me firmó Un mundo para Julius. Tiempo después arranqué la hoja para regalársela a mi amiga Marga, que estaba locamente enamorada de él desde que leyó La vida exagerada de Martín Romaña, la novela que me pasé años recomendando. El incendio de libros es una aberración porque lo normal es que ardamos los lectores.

Palacio de Ferias. Hacía años que quería visitar el Palacio de Ferias y Congresos, ese simpático imitador del Guggenheim que se ve desde la autovía. Nunca pensé que terminaría haciéndolo para vacunarme en una pandemia que ni me imaginaba. Podría parecer que el edificio, como un ogro, estaba esperando la ocasión. Me quedé fascinado, una vez dentro, con la inmensidad de la nave. Los de mi edad, que éramos muchísimos, no alcanzábamos a llenarla. Me dediqué a hacer fotos, que luego puse en Instagram. Lo bueno es que Diego Ríos Padrón, a quien no vi allí, hacía también las suyas: yo salgo en una, de espaldas entre los sentados durante la espera.

Derivas del pensar. Para no perderme en el acceso al Palacio de Ferias, había decidido ir en taxi. En un momento dado, el taxista se excusó porque se le había pasado la salida correcta de la autovía. “Va uno pensando en lo que no tiene que pensar”, dijo como avergonzado, más para él que para mí. Paró el taxímetro y para volver se metió por el polígono, no lejos del Scándalo. ¿Era ahí adonde lo llevaba la deriva de su pensamiento? Cuando llegamos por fin al destino, se negó a aceptar propina. Estaba verdaderamente avergonzado.

Cuerpos inadecuados. Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga, ha publicado un libro importante: Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. En él ahonda en las reflexiones de un libro anterior, que es ya ineludible para los interesados en este novedoso tema: Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. El comienzo del nuevo es impactante: "Una forma simple y directa de caracterizar el transhumanismo es entenderlo como la convicción de que el ser humano está en un soporte inadecuado (su cuerpo biológico, tal como nos ha sido legado por la evolución por selección natural) y que la tecnología puede por fin remediar esa deficiencia". Diéguez analiza críticamente esta convicción, aunque dándole la razón al transhumanismo en algunos puntos. Su escritura se caracteriza por la claridad: cortesía de filósofo.

Vuelta al Aula. Ha vuelto el Aula de Pensamiento Político de Manuel Arias Maldonado, que celebra ahora sus sesiones en el Centro Cultural La Malagueta y no en La Térmica, como en los últimos años. El miércoles 26 de mayo vino el profesor y articulista Jorge del Palacio a hablar de “la batalla cultural” y después, contándolo a él, nos fuimos a cenar diez amigos (¡pueden llamarnos amigotes!) en una terraza frente a la plaza de toros. Había la alegría de siempre y esta fue la novedad: se parecía a la vida de antes de la pandemia. 

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28.5.21

Reedición de 'Bossa Nova'

La editorial Turner ha reeditado, con nueva portada, el libro Bossa Nova de Ruy Castro, que traduje en 2008. ¡Absolutamente recomendable!

26.5.21

Corte generacional

La vacunación por edades es una fábrica de melancolía. No solo inoculan protección frente al virus, sino también desprotección frente al tiempo. Verse en un corte generacional una mañana, entre hombres y mujeres que son nuestro espejo, baja las defensas del ánimo.

A mí me tocó además el día de mi cumpleaños, por lo que iba especialmente susceptible. ¿Desde cuándo no me juntaba con los nacidos en 1966 y solo con ellos? Desde las oleadas escolares y universitarias, estas algo diluidas. En la escuela y en el instituto, quitando a los repetidores, éramos de ese corte exacto. En la nave donde nos metieron, una inmensa sala de espera con cientos de sillas, me acordaba de aquellas cabecitas que durante años se agitaban delante de mí, como la mía para los que tuviese detrás, y me entristecía ver a esos calvorotas en que se han convertido.

Me eran reconocibles, sin embargo. Pensé que con cualquiera de ellos podría hablar, evocar cosas: sucesos históricos y deportivos, programas de televisión, productos de la bollería industrial. Si gritase “¡Phoskitos!”, responderían a coro “¡regalos y pastelitos!”. Por no hablar del “¿Cómo están ustedes?”... Más que niños de derechas como Umbral, fuimos niños pop. Con una insidiosa presencia de Thánatos entre los colorines: se nos murieron Fofó, Félix Rodríguez de la Fuente, Nino Bravo, Cecilia, Franco, Chanquete... (Es verdad que por el penúltimo la pena fue menor, y encima nos dieron días sin colegio, pero no dejaba de ser otro personaje de la tele que desaparecía.)

Los que se conservaban mejor eran los triunfadores de la mañana. Había una mujer en concreto que definitivamente sí. Pero el resto tenía el arma del humor. No me quitaba de la cabeza que eran, éramos, niños disfrazados de adultos, jugando a ser nuestros padres. Las mascarillas ayudaban. Nos habíamos juntado, tantísimos años después, en esa especie de carnaval, de baile de máscaras donde no nos tapábamos los ojos sino las bocas, como bandidos.

Llegó al fin mi turno. Me la pusieron. Esperé los quince minutos protocolarios en que el juego era observarse por si uno se notaba algo, y finalmente me levanté y me fui. Camino de la salida vi a un lado otra nave: era igual que la de la vacunación, pero vacía. Una especie de enorme almacén sin nada. Pensé que era la misma pero muchos años después, cuando mi generación había sido barrida. No faltaba belleza. 

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24.5.21

Largoplacismo cortoplacista

Todo estaba pensado como trampa una vez más. La elección de un año tan lejano para el plan España 2050, aunque resultase exótico, tenía la función de recalcar ese largoplacismo que siempre se echa de menos en la política española. Los defensores programáticos del Gobierno solo tenían que desenfundar ante las críticas: “¡Para una vez que se piensa en el largo plazo!”. El problema (he ahí la trampa) es que se trata de una operación estrictamente cortoplacista. Una operación cortoplacista que se sirve del largoplacismo.

Al estratega de Pedro Sánchez, Iván Redondo, le gusta jugar en el límite. Es un prestidigitador descarado cuyo ideal es la carta robada de Poe: que todos busquen, sin encontrarlo, lo que él mismo les ha puesto delante. En este caso se trataba de encubrir el cortoplacismo con lo que más aparentemente se le opone: el largoplacismo. Es también como el cuadro de Magritte Esto no es una pipa. Redondo le ha puesto al plan la leyenda Esto no es cortoplacista. Cuando obviamente lo es.

Redondo y Sánchez son máquinas de fabricar cortoplacismo. Y si le echan largoplacismo a la máquina, es para convertirlo en cortoplacismo también.

La política de Sánchez se ha caracterizado por la cortedad de miras. Desde su “no es no” fundacional hasta su actual Gobierno junto a Podemos apoyado por los independentistas y los proetarras, pasando por su moción de censura con los mismos. Su gestión de la pandemia ha sido su perfecta plasmación: terrorífica ineficacia combinada con un aparato propagandístico nivel Nodo, del que este plan España 2050 es su último y más aparatoso ejemplo.

El único objetivo de Redondo es mantener a Sánchez en el poder, que es para lo que fue contratado. Y el Sánchez desahuciado electoralmente que encontró es en lo esencial el mismo de ahora: un Sánchez incapaz de gobernar solo, porque los votos no le dan, y necesita el apoyo de los comunistas, los independentistas y los proetarras. Es decir, de todos aquellos cuyo propósito es que la España de 2050 no exista o sea aún más negra que la de 2021.

De manera que lo primero que tendría que hacer Sánchez por la España de 2050 es combatir a sus socios de Gobierno. Empezando por Sánchez, que es su principal socio de Gobierno.

Mi prospectiva quizá sea un poco ceporra (mi instrumental es la mirada a ojo), pero auguro que estaremos tanto mejor en 2050 cuanto antes Sánchez deje de estar en el poder. 

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19.5.21

Inspiración para leer

Inspiración para leer, José Antonio Montano, Jot Down Books (2021).
 
Se puede comprar:
 
Prólogo 

La editora de Jot Down, mi querida Mar de Marchis, me llamó en octubre de 2013 para preguntarme si tenía algún libro en el cajón. La revista, con la que yo colaboraba desde el principio, iba a inaugurar Jot Down Books y quería publicarme uno. Pero yo no tenía ninguno.

Traté de tomármelo con deportividad, pero lo cierto es que me dio vergüenza. Yo había decidido ser escritor a los dieciséis años. Treinta y uno después me llamaba una editora y yo no tenía nada. No he parado de escribir, pero solo fragmentos, textos sueltos, artículos. Llevo también un diario, Oficio pasajero, pero no iba a empezar publicando mi diario. Pensé entonces escribir un libro en que contara todo esto. No lo he escrito tampoco.

En octubre de 2020, justo siete años después, Mar me llamó de nuevo. Me dijo que quería publicarme un libro ya, pero que, como sabía que no se lo iba a escribir («que ya nos conocemos»), preparase uno con mis artículos.

Este es el resultado. He escogido los menos sujetos a la actualidad, los literarios, culturales y vitales; los que hablan de mis pasiones y mis tensiones; los que pueden funcionar como ensayitos. Además de artículos, hay textos que escribí para mi blog El aprendiz al sol. Ahora pienso que aquí está todo: todo lo que soy, y todo (casi todo) lo que amo y parte de lo que detesto.

Un libro como este se puede leer picoteando al azar. Aunque yo propongo un orden: por eso he numerado los textos. No es cronológico, sino más o menos temático y emocional, por intuición artística. La idea es que se refuercen unos a otros en lo posible y admitan una lectura consecutiva. Que tengan un sentido. Que exhiban también sus cortes y sus reincidencias. Los he repasado todos.

Salvo uno de 1995, fueron escritos entre 2003 y 2020. El año y la procedencia vienen al final del libro. El que la ordenación, como digo, no sea cronológica, pero los textos conserven sus alusiones temporales (que irían, pues, desordenadas), quizá agudice la percepción de la rozadura del tiempo. Esto querría formar parte del efecto estético de Inspiración para leer.

Doy las gracias a quienes acogieron los artículos en su día, y en ocasiones estimularon (o forzaron) su escritura. A Mar de Marchis en especial, naturalmente; y a Ángel L. Fernández. También a Rubén Díaz Caviedes por su trabajo en la edición. A Chema Cobo por permitir que su cuadro Out of the blue II (Capitalismo popular) ilustre la portada. Y a Pilar Álvarez, por leer el manuscrito y por todo lo demás.

¿Este libro es el fin de algo o el comienzo de algo? No lo sé.

Málaga, marzo de 2021

17.5.21

Por qué Sánchez no podía hacerlo bien en la pandemia

La grotesca cuenta atrás de Pedro Sánchez con los días que faltan para la inmunidad de rebaño (permítanme que siga usando esta palabra, ya que el presidente nos pastorea) es la expresión del fracaso de su política. Pese a que él la presenta como un triunfo. Tal viene siendo su política.

También lo es la frase que ahora repite como un autómata (así como sus ministros, que tienen el mismo guionista): “El estado de alarma es el pasado, hay que mirar al futuro”. Ese futuro en que las vacunas, no él, habrán hecho su trabajo.

Me gustaría ser Antonio Muñoz Molina y descansar en su algodonoso exilio interior. Ese en el que, como ha escrito en El País, la oposición “pone tan descaradamente por encima del bien común en un tiempo de crisis la determinación metódica de hundir cuanto antes al Gobierno saboteando las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina”.

Por desgracia, en mi exilio interior –que no es algodonoso, sino con pinchos– tengo abierto los dos ojos y no solo uno como Muñoz Molina: por eso, además de lo que él ve (que no se me escapa), yo veo la infame conducta de este Gobierno justo en un tiempo de crisis, pese a las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina.

A la irresponsable lucha cortoplacista del PP por alcanzar el poder en estas circunstancias, hay que añadirle la irresponsable lucha cortoplacista del PSOE por mantenerse en el poder en estas circunstancias. Y por esto nos comen los demonios a los cuatro que estamos en el exilio interior de verdad. A los cuatro (quizá exagero el número) que vemos todos los ingredientes de este asqueroso pastel.

Naturalmente, la responsabilidad mayor es del PSOE, puesto que él forma el Gobierno, con Podemos y con el apoyo de los nacionalistas golpistas y los proetarras (¡qué doloroso se me hace ver a Muñoz Molina apoyando eso; mi exilio interior no se lo deseo a nadie!).

A Sánchez le correspondía liderar la respuesta de Estado. En lugar de eso, se ha dedicado a dividir y actuar en beneficio propio desde el comienzo. Es Sánchez el que ha marcado el tono. Y a ese tono, cierto, se ha sumado el PP. Cuando Pedro Sánchez le dijo el otro día a Pablo Casado que se le había puesto cara de Albert Rivera, se equivocaba: en realidad, se le ha puesto cara de Pedro Sánchez.

Pero todo estaba sentenciado desde la moción de censura, como repite Manuel Arias Maldonado; por aliarse con quienes se alió por conseguir el poder. Incluso desde antes. Desde aquel “no es no” fundacional de Sánchez, por el que fue incapaz de tener una conducta de Estado cuando el Estado lo reclamaba.

La trayectoria política de Sánchez se ha fundado en eso: en la división. Jamás ha actuado para todos. Y su desgracia (nuestra desgracia) es que se ha encontrado con una pandemia que le exigía ser el presidente de todos o todo sería un desastre. Y como lo primero iba frontalmente contra lo que él ha sido, ha hecho y ha representado, todo es un desastre. 

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12.5.21

Lobo con piel de chivo expiatorio

Fue tan repugnante la despedida de Pablo Iglesias en la noche electoral de Madrid, que no pudo haber mejor colofón para su trayectoria. Estéticamente era lo que correspondía: su biografía política quedaba así perfecta.

Ahora vendrá un desfleque en programas basura y una gira interminable por países pardillos con las mitificaciones (y mixtificaciones) de su experiencia en el poder. En esa gira yo propondría que lo acompañara Ismael Serrano, para que (como Toquinho con Vinicius) hiciera sonar su guitarra, e incluso sus trémolos gargantiles, mientras Iglesias glorifica a Iglesias. “Cuéntanoslo otra vez, Pablo”, podría ser el inicio de cada show (en el que Serrano no volvería a hablar).

Pero Iglesias no es el único que glorifica a Iglesias. Del ministro Castells para abajo, hemos asistido a un desfile sonrojante de panegiristas. Insisten (empezó el mismo Iglesias) en que Iglesias ha hecho historia. Yo lo único histórico que le veo es la celeridad con que adquirió el chalet. Algo que, por otra parte, tiene tradición en España: abundó en los tiempos del pelotazo. Iglesias vendría a ser un epígono de aquello. Su novedad es la mercancía con la que especuló: ideologías de saldo.

Es precioso, por otra parte, que se haya quedado a solo diez días del décimo aniversario del 15-M: el movimiento no tanto del que surgió como del que se apropió. Triste apropiación, aunque sumamente pedagógica. Les ha dado un sentido sórdido a sus dos lemas principales. El No nos representan ha resultado verdad: no, no los representaban, porque ellos serían peores. En cuanto al Democracia real ya: visto lo visto, cuánto mejor entonces la “irreal”...

Lo más pringoso de su despedida, con todo, fue el victimismo. El hombre que llegó a la política española explotando el odio, hurgando en el resentimiento, apelando al guerracivilismo, excitando pulsiones dañinas, alentando escraches, alertas y cercos y amenazando con tictacs, de repente se quejaba de ser un chivo expiatorio. Naturalmente, de "la ultraderecha": ni siquiera en ese momento quejica dejaba de acusar.

Porque esa es la clave: su retórica del verdugo. En sus discursos violentos directamente; y sibilinamente en esos otros discursos suyos de vocecita suavona, de serenidad impostada desde la que no dejaba de emitir ítems acusatorios también. Iglesias solo ha sido capaz de instalarse en una supuesta posición de bondad para que de ese modo resultase más efectivo su señalamiento de los malos. Y así fue hasta su ultimísimo minuto. 

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10.5.21

El fracaso del PSOE

El fracaso del PSOE en las elecciones madrileñas ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Por la sorpresa que se han llevado: no tienen ni idea de en lo que se han convertido. (Bello y desolador, naturalmente: es un desastre nacional.)

El que aún confiaran en que iban a recibir votos de exvotantes de Ciudadanos produce una ternura infinita. ¿Los votantes más dignos (¡dignos hasta la abstención, hasta la aniquilación del partido al que votaban!) votando al partido más indigno? ¿Pero no se han dado cuenta de que son ya invotables?

“Madrid es de derechas”, repiten ahora. No digo yo que no lo sea. Pero lo que es, ante todo, es contrario a esa izquierda que forma gobierno con la ultraizquierda, apoyándose en el independentismo catalán (¡justo después de un golpe de Estado!) y el proetarrismo vasco. Algunos han podido concluir que votar al PP era menos reaccionario que eso...

Se le ve tanto las costuras al ventajismo del presidente Sánchez. Ese engolamiento al pedirle al PP que no pacte con Vox, cuando él es el gran legitimador de los pactos con Vox: precisamente por haber pactado con lo que ha pactado. La trituración electoralista de todo y la promoción de lo peor: eso es Sánchez.

Pretende que se prescinda del carácter acumulativo de su trayectoria, como si esta no hubiese sido un continuo despeñamiento y un internarse más y más por regiones oscurísimas. Una sucesión de mentiras y desmentidos, de promesas traicionadas al minuto, de autoprohibiciones saltadas con desparpajo.

El gran error de Inés Arrimadas ha sido no haberlo tenido presente: el Sánchez que le tocó a ella ya no era el Sánchez que le tocó a su predecesor en Ciudadanos. Era un Sánchez impracticable ya, con el que no había nada que hacer.

Hay una paradoja preciosa (más bella que la Victoria de Samotracia también): solo Albert Rivera pudo haber salvado al PSOE. El pacto con él habría devuelto al PSOE al centroizquierda, habría vuelto a ser el partido socialdemócrata que necesita España.

Pero no, estuvo el coro siniestro de la militancia con aquellos gritos (“¡Con Rivera no! ¡Con Iglesias sí!”) que conducían al suicidio político, al hundimiento. Faltó un líder que los encauzara. Pero, claro: el líder era uno de ellos. De hecho, su producto más acabado.

Al PSOE únicamente le queda seguir pactando con la ultraizquierda, apoyándose en los independentistas catalanes y en los proetarras vascos... hasta que ya no queden votantes del PSOE.

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3.5.21

Lunes de reflexión

Un primer ganador de las elecciones madrileñas del martes soy yo, columnista de domingo. El columnista de domingo lleva una vida plácida (pese a su conciencia de lunes), solo interrumpida cuando se trata de un domingo electoral. En los últimos años, con demasiada frecuencia.

Son atroces los domingos electorales para el columnista de domingo. Pasa todo el día en vilo, sin poder escribir nada. Y luego, ya entrada la noche, debe escribir rápido, algunas veces con los resultados meneándose aún, por lo que incurre fácilmente en el fallo o el ridículo.

Así que estoy de fiesta con la idea de Isabel Díaz Ayuso de haber puesto estas elecciones a la Asamblea de Madrid un martes. Escribió Jaime Gil de Biedma: “Quizá, quizá tienen razón los días laborables”. Y sin quizá. Yo en mi plácido domingo inesperado escribiendo para el lunes de reflexión.

Hay algo proustiano para los de mi edad, y es que las primeras elecciones de la Transición, cuando éramos niños, se celebraban en mitad de la semana. Eran gloriosos días sin colegio, con la televisión emitiendo dibujos animados y cine cómico durante horas. La democracia, así, nos entró la mar de bien.

Una primera reflexión es que el miércoles nos vamos a quedar descansando. Aunque el descanso estará enturbiado por un serio temor: el de cómo serán las próximas elecciones generales. Estas de Madrid han sido un ensayo y el pronóstico es terrorífico: habrá más embrutecimiento y más simplificación.

Básicamente, estamos enroscados en debates falsos. Tan falsos que ni siquiera son debates: son solo peleas. Muy cómodas para quienes las practican, puesto que no exigen conocimiento ni preparación. En la política española, del presidente del Gobierno para abajo, abundan los políticos sin conocimiento ni preparación.

A esa frase que he escrito antes, “estamos enroscados en debates falsos”, hay que añadirle: mientras el país se hunde. Por eso no hay perdón. (Por otro lado, están relacionadas ambas cosas: por estar enroscados en debates falsos, el país se hunde.)

Estoy, en fin, en una situación incomodísima, porque si he luchado por algo (con mis escasas fuerzas y con mi indolencia consustancial, adornada de un cierto esteticismo) ha sido por evitar que nos encontremos aquí. Me impregna una sensación de fatalidad y fracaso.

Soy pesimista en todos los frentes, pero –como hay que mojarse– pienso que lo urgente es castigar a esta izquierda, la culpable principal. Y lo digo desde la izquierda, aunque no me crea nadie. Probablemente ni yo mismo. 

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