31.12.22

Adiós al 2022

[Dietario]

Interesante. En el trenecillo de Torremolinos veo a una mujer, una chica, que parece interesante. Tiene una cara angulosa y seria, como de camafeo antiguo. Fantaseo un poco, pero me limito a mirarla. Ni se me pasa por la cabeza decirle algo. Y no solo por timidez: a estas alturas sé de sobra que no es interesante.

El rincón de Pirri. En nuestras cenas catacumbísticas (la última ha sido tras el acto de Gascón con Arias en La Malagueta), hay una discreta pugna por sentarse en el rincón de Pirri, que es el más divertido. En el resto de la mesa las risas pueden afluir o no, pero aquí están garantizadas. Pirri es malagueño, profesor de Derecho en la universidad, pero su humor es neoyorquino; sabe enredarse en historias woodyallenescas de las que se van desprendiendo chispazos hilarantes: aventuras histriónicas, observaciones costumbristas, agudezas sobre la lucha de sexos. A esta virtud le suma otra que es un auténtico don: su capacidad para, en razón del número de comensales (que pueden llegar a diez) y lo que ofrece la carta, pedirle al camarero exactamente lo necesario. El cálculo lo hace con rápidos vistazos al menú y a la concurrencia y acierta siempre. Por este talento estratégico (o logístico) llamo a Pirri "el Napoleón de las comandas".

Días sin Twitter. Logro estar cinco días sin Twitter. ¡Cinco días! Para obligarme, además de suspender mi cuenta, he quitado la aplicación. La primera sensación es la del miembro fantasma: la cantidad de veces que, sin pensarlo, llevo la mano al iphone para consultar Twitter. Hay un rebote de soledad. Se va recuperando no 'tiempo', sino 'el tiempo'. El tiempo de antes: el tiempo agreste. Resulta abrumador. Al final me pongo a echar partidas rápidas de ajedrez. Parece que en internet hay que desperdiciar los minutos de un modo u otro, y que si no es con Twitter es con otra cosa. Vuelvo a Twitter.

Mirador de Sansueña. Reabre el mirador de Torremolinos, que tiene la mejor vista a la bahía de Málaga. Ha estado cerrado varios años. Lo descubrí hace casi veinticinco y he pasado muchas horas aquí. Con frecuencia he venido desde Málaga solo para asomarme. Está al lado del Castillo de Santa Clara, justo encima de los apartamentos Castillo del Vigía: la azotea de estos es la plaza pública, aunque con verja, en la que se encuentra el mirador. Lo han reabierto con un nombre (antes no tenía): Mirador de Sansueña (en el rótulo de la entrada omiten negligentemente la preposición). Es un homenaje a Luis Cernuda, el poeta que más quiero de la Generación del 27. Sansueña es como llamaba Cernuda a Torremolinos. Han pintado de azul los muros y han colocado siluetas de tamaño natural. Además de Cernuda, están Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Concha Méndez, María Teresa León, Josefina de la Torre y María Zambrano. Dando al mar está pintado un enorme barco-ballena. He venido el día de la inauguración, el 17 de diciembre, pero por la tarde. La gente que entra se queda admirada. A mí me emociona recuperar la vista. Me fumo un purito, como tantas veces, mirando el litoral: esta calma de la línea de las olas abajo, la franja de la playa (acotada por las palmeras y los edificios), y la masa lisa del mar, ligeramente vibrante. Y el sonido apaciguado. Y el estruendito lejano de los aviones como de juguete que se dirigen al aeropuerto. Sensaciones recobradas, entre felices y melancólicas. Mucha felicidad y mucha melancolía he vivido aquí, siempre con belleza.

Música en la casa. Cena de Nochebuena con mi madre, mi hermana, mi hermano, mi cuñado, mi cuñada, mis dos sobrinos y mis dos sobrinas. Agradable como siempre y con una suave felicidad. Esta vez hay una sorpresa. Mi sobrina menor, Lucía, de diez años, lleva dos cursos estudiando viola y nos da un conciertillo: cuatro o cinco piezas breves, entre ellas 'Noche de paz', que ejecuta con seguridad y encanto. Es la primera vez que suena música así, en vivo, en la casa. Mezcla de agradecimiento y emoción.

Se va Alberca. Al quedar con Alberca me doy cuenta de que llevo ofuscado desde marzo. Por entonces perdí esta costumbre grata de verlo. He estado en general solo, descontando los encuentros catacumbísticos. La novedad es que Alberca se va de Málaga, después de cuarenta años. Se jubiló el curso pasado de profesor de Literatura y vivirá en su piso de Madrid. Lo acompaño a una librería de viejo (quiere aligerarse de libros para la mudanza) y nos tomamos un vino italiano en La Dispensa. Me enseña el artículo que ha publicado en el último número de la revista 'Clarín'. Trata de una pintada que vio en Pontevedra. En el edificio de al lado del que tiene la placa "Aquí vivió Valle-Inclán", alguien ha escrito: "Aquí vivió el vecino de Valle-Inclán".

Balance. Ha sido un año malo, pero podría haber sido peor. Al que viene le pido lo mismo. 

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30.12.22

Lecturas 2022

1. Ulises. James Joyce. 
2. Ser y tiempo. Martin Heidegger. 
3. Bukowski esencial: Poesía. Charles Bukowski (ed. A. Debritto). 
4. Nietzsche. A very short introduction. Michael Tanner. 
5. Crónicas marcianas. Ray Bradbury. 
6. Azca. Alba Flores Robla. 
7. Cocido y violonchelo. Mercedes Cebrián. 
8. Joyce. Edna O'Brien. 
9. Cuando el tiempo nos alcanza. Memorias (1940-1982). Alfonso Guerra. 
10. Políticamente indeseable. Cayetana Álvarez de Toledo. 
11. Delirio americano. Una historia cultural y política de América Latina. Carlos Granés. 
12. El mal dormir. David Jiménez Torres. 
13. Cinco inviernos. Olga Merino. 
14. Obra maestra. Juan Tallón. 
15. En busca del fantasma de América. Viajes y ensayos en los EE.UU. Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan. 
16. Noruega. Rafa Lahuerta Yúfera. 
17. Arde este libro. Fernando Marías. 
18. Los titanes venideros. Ernst Jünger (eds. A. Gnoli y F. Volpi). 
19. El nudo gordiano. Ernst Jünger. 
20. Galgo corredor. Los años guerreros (1953-1964). Fernando Sánchez Dragó. 
21. "Los etruscos (Diario)". Iñaki Uriarte. 
22. Los adioses. Juan Carlos Onetti. 
23. Amor. Maayan Eitan. 
24. Mediterráneos. Poesía 2001-2021. José Carlos Llop. 
25. Mercado común. Mercedes Cebrián. 
26. La casa del secreto. Ernesto Hernández Busto. 
27. Thomas Pynchon. Una vida oculta. Andrés Ibáñez. 
28. Leontiel. Sanz Irles.
29. Hay más cuernos en un buenas noches. Manuel Jabois.
30. Amoroso. Una biografía de João Gilberto. Zuza Homem de Mello. 
31. Bossa Nova. Ruy Castro. 
32. Ho-ba-la-lá. À procura de João Gilberto. Marc Fischer. 
33. Hazte quien eres. Jorge Freire. 
34. Diario de pintura. Miguel Gómez Losada. 
35. Poesía (1974-2001). José Carlos Llop. 
36. It (Eso). Stephen King. 
37. La dispersión. Eugenio Trías. 
38. Dos vidas. Emanuele Trevi. 
39. Tormenta todavía. Andreu Jaume. 
40. Mito y revuelta. Fisonomías del escritor reaccionario. Ernesto Hernández Busto. 
41. Roma desordenada. Juan Claudio de Ramón. 
42. El rey Lear. William Shakespeare. 
43. Sigo aquí. Maggie O'Farrell. 
44. Yo, mentira. Silvia Hidalgo. 
45. Las palabras justas. Milena Busquets. 
46. El señor Wilder y yo. Jonathan Coe. 
47. Convalecencias. La literatura en reposo. Daniel Ménager. 
48. Mujeres y días. Gabriel Ferrater (trs. P. Gimferrer, J. A. Goytisolo y J. Mª Valverde). 
49. Vencer el miedo. Vida de Gabriel Ferrater. Jordi Amat. 
50. "Poema inacabado". Gabriel Ferrater (tr. Mª À. Cabré). 
51. Aniquilación. Michel Houellebecq. 
52. Noche en París. Antonio Jiménez Millán. 
53. Sobre el suicidio y otros ensayos. David Hume. 
54. La razón en marcha (Conversaciones con Félix Ovejero). Julio Valdeón. 
55. Guerra y paz. Liev N. Tolstói. 
56. Mishima o la visión del vacío. Marguerite Yourcenar. 
57. F. Justo Navarro. 
58. Muros de Troya, playas de Ítaca. Homero y el origen de la épica. Jacqueline de Romilly. 
59. Arqueologías. Ada Salas. 
60. Camp de Mar. Andreu Jaume. 
61. Libro de los trazados. Vicente Valero. 
62. Versiones de Oriente. Octavio Paz. 
63. Cordura. Antonio Martínez Sarrión. 
64. Poeta en diwan. Antonio Martínez Sarrión. 
65. Farol de Saturno. Antonio Martínez Sarrión. 
66. Cuentos de los mil y un Rohmer. Françoise Etchegaray. 
67. Un verano con Montaigne. Antoine Compagnon. 
68. No me acuerdo de nada. Nora Ephron. 
69. Agua y jabón. Marta D. Riezu. 
70. Poemas del río Wang. Wang Wei y Pei Di. 
71. La felicidad de los pececillos. Simon Leys. 
72. Crisantiempo. Haroldo de Campos (tr. A. Sánchez Robayna). 
73. El instante y la libertad en Montaigne. Rachel Bespaloff. 
74. "John Rawls: la sociedad bien ordenada y el liberalismo político". Manuel Toscano. 
75. El factor Borges. Alan Pauls. 
76. Charles Bukowski. Un disparo en la oscuridad. Carlos Mármol. 
77. Luis Cernuda. Fuerza de soledad. Jordi Amat. 
78. Crónica del desamor. Rosa Montero. 
79. Las mejores condiciones. Manuel Pacheco. 
80. Sprezzatura. Concealing the effort of art from Aristotle to Duchamp. Paolo D'Angelo. 
81. Las nubes. Luis Cernuda. 
82. Como quien espera el alba. Luis Cernuda. 
83. Vivir sin estar viviendo. Luis Cernuda. 
84. Con las horas contadas. Luis Cernuda. 
85. Desolación de la Quimera. Luis Cernuda. 
86. Las herederas. Aixa de la Cruz. 
87. La familia. Sara Mesa. 
88. Un tal González. Sergio del Molino. 
89. Un año y tres meses. Luis García Montero. 
90. Divinos detectives. Chesterton, Gramsci y otros casos criminales. Ramón del Castillo. 
91. Ser único. Un desafío existencial. Rüdiger Safranski. 
92. Árbol adentro. Octavio Paz. 
93. Circular 22. Vicente Luis Mora. 
94. Conversaciones con Caetano Veloso. Carlos Galilea. 
95. Molde roto. Una conversación con flamencos. Arcadi Espada y Antonio España. 
96. Por el cambio. Ignacio Varela. 
97. El desaliento. Rafael García Maldonado. 
98. La cancelación y sus enemigos. Gonzalo Torné (en colaboración con Clara Montsalvatges). 
99. Hipocondría moral. Natalia Carrillo y Pau Luque. 
100. Cartas escogidas (1888-1922). Marcel Proust (ed. E. Ocampo).
101. Fake news. Cómo acabar con la política española. Daniel Gascón. 
102. Libertad. Una historia de la idea. Josu de Miguel Bárcena.
103. Alta traición. Antología poética. José Emilio Pacheco (ed. J. Mª Guelbenzu).
104. Una sola vida. Manuel Vilas.
105. Tristissima noctis imago. Pere Gimferrer.
106. Lujurias y apocalipsis. Luis Antonio de Villena.
107. Lo que hay. Sara Torres. 
108. En el vientre de la ballena. George Orwell.
109. Piensa claro. Kiko Llaneras.
110. Los brotes negros. Eloy Fernández Porta.
111. El sobrino de Rameau. Denis Diderot.
112. 50 estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos. Ezequiel Zaidenwerg.
113. Los setenta y cinco folios y otros manuscritos inéditos. Marcel Proust.
114. Proust: guía de la 'Recherche'. Alberto Beretta Anguissola.
115. Verde agua. Marisa Madieri.
116. Anarquistas gracias a Dios. Zélia Gattai.
117. O ar que me falta. Luiz Schwarcz.
118. "El indolente". Luis Cernuda.
119. Matar a Platón. Chantal Maillard.
120. "Cualquiera sabe (Diario)". Iñaki Uriarte.
121. "La vida ante los tribunales". Teresa Uriarte. 
122. Despojos. Rachel Cusk.
123. El cuello no engaña. Nora Ephron.
124. Se acabó el pastel. Nora Ephron.
125. Cinco lecciones de amor proustiano. Estela Ocampo.
126. El polaco. J. M. Coetzee.
127. Ítaca. C. P. Cavafis (tr. V. Fernández).

29.12.22

Acusaciones delatoras

2022 ha sido un mal año político y 2023 será peor. Incluso si cae el PSOE. Sobre todo si cae el PSOE. Le auguro debacle en las municipales y autonómicas de mayo (no hay que ser Casandra), y posteriormente en las generales, que tal vez se precipiten. Caballo Loco sabrá crispar cada vez más el ambiente, narciso heridísimo, de manera que el futuro gobierno se encuentre un país hecho unos zorros. La calle será un hervidero de frustrados histéricos, especialmente en los territorios nacionalistas, y ese será el verdadero legado de Sánchez: un país peor, un país imposible.

Caballo Loco o Atila. Su "no es no" fundacional. Ahí estaba todo. Un empecinamiento autorreferencial, que excluía al otro; un aislacionismo solipsista que impedía toda comunicación con el contrario. Sus alianzas de después para la moción de censura solo eran la consecuencia. Yo no lo vi entonces. (Otros sí.) A mí la jugada me hizo gracia porque pensaba que era un timo a sus aliados, a los que engañaría y traicionaría. De Sánchez aún se podía decir, como dije, que, puesto que era un sujeto vacío, cabía la posibilidad de que fuese rellenado con el bien. Pero no, era la expresión misma de lo que era: un vacío inclinado hacia el mal (por aquella cerrazón constitutiva). Sus aliados, se dice pronto: lo peor del Parlamento. Filoetarras, golpistas aún calientes de su golpe, populistas que llevaban ya unos años excitando sórdidos resentimientos viscerales y un guerracivilismo soez.

Aun así, Sánchez y el PSOE eran la parte presentable en comparación con sus socios impresentables. Cuatro años después, Sánchez y el PSOE son indistinguibles de sus socios. Se han contagiado de impresentabilidad por simpatía; si es que no se han servido de la ocasión para destapar su tarro de las esencias particular, aquel PSOE de Largo Caballero que siempre estuvo ahí: vigente en el sectarismo de la militancia.

Es cierto, lo anoté no hace mucho, que durante toda la Transición se mantuvo latente la guerra civil. Esta se manifestaba cuando los partidos recurrían a un último argumento en los momentos de desesperación: la deslegitimación del oponente como heredero (preconstitucional; o mejor, anticonstitucional) de uno de los bandos. Lo hizo Suárez en 1979 cuando advirtió de que volvían los rojos; lo hizo González en 1996 cuando advirtió de que volvían los fascistas. Por su parte, también González sufrió acusaciones deslegitimadoras; como las sufrió Aznar. El último argumento, en un país que fue capaz de enfrentarse en una guerra civil de la que sigue traumatizado, siempre ha sido expulsar al otro.

Zapatero hizo de esto, es decir, del guerracivilismo, no ya un recurso desesperado y más o menos ocasional, sino uno de los ejes mismos de su política (con el disfraz del talante). Y Sánchez lo ha exacerbado. En Sánchez ya no hay nada más que esto.

No hay una sola intervención del presidente en que no acuse al PP de estar fuera de la Constitución. Y últimamente de querer dar un golpe de Estado por medio de los jueces y el Tribunal Constitucional. Son acusaciones gravísimas. Emitidas con una ligereza que no atenúa, sino que potencia, su gravedad, ya que contribuyen a mantener el terreno institucional embarrado, impracticable: con la brecha guerracivilista abierta. (El PP cae con frecuencia en el error de participar en el juego.)

Pero son acusaciones delatoras, que tienen el efecto de desenmascarar a quien las profiere: Sánchez necesita hacer acusaciones de tanta gravedad para encubrir la política que está haciendo de tanta gravedad. Su retórica acusatoria es el reverso de su acción, de su culpa: por aquella exhibe el calado de esta. 

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23.12.22

Los falsos progresistas

[La Brújula (Zona de confort), 1:24:35]
 
Hola, querido Rafa Latorre. Hay dos tipos de progresistas: los que consideramos que nada hay más progresista que el Estado de derecho y los falsos progresistas. Entre estos últimos están nuestros progresistas oficiales. Una de las dificultades con que me encuentro en la pelea política española (¡me niego a llamarla conversación!) es que esos progresistas oficiales, los autodenominados progresistas, son para mí los verdaderos reaccionarios. Es para volverse loco: los que no paran de acusar a los otros de antidemócratas son los que más cerca están de ser antidemócratas; los que se exhiben como antifranquistas son los que más tics franquistas tienen. Por un lado, está esa curiosa perversión española que consiste en que se es más progresista cuanto más comprensivo se sea con el nacionalismo, que en España –descontado el ya inoperante nacionalismo español– siempre es el nacionalismo disgregador de las regiones ricas, insolidarias, antiigualitarias y con tendencia a extranjerizar a la mitad como mínimo de sus habitantes. Por otro lado, está la perversión aún mayor del populismo, que caracterizaba a la sección podemita del Gobierno y ahora caracteriza también a la socialista, encabezada por el presidente Sánchez. Según el populismo, nada hay superior al pueblo, al que considera soberano absoluto, ni siquiera las leyes ni los contrapoderes propios del Estado de derecho. Por supuesto, ese absolutismo popular tiene trampa: el pueblo no se expresa directamente, sino por medio de sus intérpretes exclusivos, que son los populistas. De ahí su tendencia despótica, arbitraria, totalitaria, de la que no se avergüenzan de alardear. Ya que este carácter reaccionario está desatado en el Gobierno que se llama a sí mismo progresista, el 2023 será políticamente malo. Pero tendrá algo bueno: no nos vamos a aburrir. En fin, me despido con mi felicitación tradicional de estas fechas: ¡Feliz Navidad y Próspero Merimée!

16.12.22

El fútbol de Sánchez

[La Brújula (Zona de confort), 1:24:55]

Hola de nuevo, Rafa Latorre. Ya tenía ganas de volver. La gran novedad futbolística de estas semanas no ha sido el Mundial, sino que el presidente Sánchez ha reinventado el fútbol. Lo que pasa es que por ahora solo lo practica en el sitio en el que él juega, que es la política. El fútbol de Sánchez consiste en que el árbitro es el duodécimo jugador de uno de los dos equipos. Concretamente, el equipo de Sánchez. Así lo dice su reglamento, que está pensado para que siempre gane Sánchez. Esto no es un capricho de Sánchez, sino un regalo que él le hace a España y a la humanidad. Quedaría feo que ganase un equipo que no fuera el de Sánchez. Sánchez es la encarnación misma del 'jogo bonito'. El público no entendería que ganasen los feos de enfrente, que además son fascistas. ¿Y por qué sabemos que lo son? Muy sencillo: son fascistas porque intentan ganarle a Sánchez. Esta definición está sacada también de su reglamento. En él se indica además que el árbitro, que como digo es el duodécimo jugador del equipo de Sánchez, tiene la facultad de levantarles las sanciones a sus compañeros expulsados para que vuelvan al campo inmediatamente. Encima podrá pitarle al equipo contrario cuantas faltas desee. No tienen que haberlas 'cometido', ya que vienen de casa con la falta puesta: la falta de quererle ganar a Sánchez y ser, por lo tanto, fascistas. Pero lo mejor del reglamento es que el árbitro está obligado a pitar cada diez minutos un penalti en favor de Sánchez. Le pondrá a Sánchez los goles como le ponían los salmones a Franco. Sánchez debe ser el Pichichi de cada partido. Al fin y al cabo, el fútbol ya no es el fútbol, sino el fútbol de Sánchez.

15.12.22

De la imposible defenestración de Sánchez

Por fin salió alguien en activo del PSOE, Page, a criticar abiertamente lo que Lambán criticó y luego se medio retractó para volverse ahora a medio pronunciar (y se rumorea que si Barbón). Han pasado veinticuatro horas cuando escribo y Page aún no se ha retractado. Los teléfonos desde Moncloa deben de estar zumbando. No sé si para cuando ustedes lean esta columna habrá habido alguna novedad. La actualidad española se mueve a ritmo de sismógrafo en pleno terremoto.

El problema de los críticos del PSOE es que no se podrán cargar a Sánchez. Por la razón que apunté una vez: ya se lo cargaron. Y volvió el tío y ahí sigue. Hubo un PSOE que olió el peligro de Sánchez. Y se lo cargó sin contemplaciones. Entonces pareció brutal cómo actuó contra él. Lo que hicieron entonces se corresponde con lo que después hemos venido viendo que era el personaje. Pero aquel PSOE desapareció. Fue Sánchez el que se lo cargó a su vez, tras su regreso triunfal empujado por la militancia. Los críticos o semicríticos como Page y Lambán (y puede que Barbón) no tienen nada que hacer.

La militancia se ha soldado a Sánchez, así como lo que queda del partido (o el partido que queda), salvo los pocos críticos y semicríticos (y los que se lo piensan), y va dando los bandazos de Sánchez y cruzando sus líneas rojas, que son ya una pasarela. Un elemento importante es que con Sánchez hay poder y con el PSOE que lo defenestró no lo había ya: era un partido en declive. Es un puro asunto de poder, alimentado con la gasolina del partidismo. Solo cambiará algo cuando Sánchez pierda el poder. Su defenestración efectiva solo pueden llevarla a cabo los electores.

El problema ya no es Sánchez, sino quienes lo apoyan: por acción o por omisión. Entre estos últimos me son particularmente entrañables los articulistas del primer diario del país. También aquí hay tres críticos, como en el PSOE: hasta este punto llega la correspondencia entre este partido y su periódico. Salvo esas excepciones, los que no son abiertamente sanchistas, es decir, los que conservan un poco de vergüenza, hacen malabares para escoger cada semana un tema del que escribir que no sea el tema del que hay que escribir. Resulta de ello amenísimas misceláneas. Llama particularmente la atención el silencio (¡alcanza ya dimensiones argullolianas!) de un histórico colaborador que en otros tiempos se mostró muy preocupado por la desdichada suerte de la república de Weimar y ahora siempre encuentra otras cosas de las que escribir que no son la deriva española, que apunta a otra Weimar.

En cuanto a los cómplices por acción, son propiamente las termitas de Weimar. Un Sánchez solo no basta. Para llevar a cabo el deterioro a que está sometiendo al Estado de derecho, con su utilización partidista del código penal, con su abaratamiento de la malversación, con su asalto a las instituciones, con su degradación de la democracia y con sus concesiones al populismo y al independentismo, hacen falta muchos. Yo no me imaginaba que un autócrata narcisista pudiese contar con tantos en la España constitucional, que pudiese disfrutar de tanta impunidad entre los suyos.

Que el partidismo obcecado era un mal de este país (tal vez la más soez muestra de franquismo sociológico; muy conectado, por otra parte, con la tradición española) ya lo sabía. Lo que no sabía es que los partidistas no contasen con ningún otro principio superior al de su partidismo. Con Sánchez lo estamos viendo. Como lo vieron en su día los que lo defenestraron para nada. 

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8.12.22

El peor día de la Constitución

El de la Constitución viene siendo un día melancólico y bellísimo. Cada año es peor que el anterior, pero mejor que el siguiente. El de anteayer fue, por tanto, el peor hasta la fecha.

La presidenta del Congreso Meritxell Batet dio un discurso en contra de las malas palabras de los diputados. Se le olvidó añadir que se refería a las malas palabras de los diputados de la oposición. Las malas palabras de los diputados afines al Gobierno le parecen buenas. El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, por su parte, hizo estas graves declaraciones (pero no se alarmen: nadie se alarma): "Tenemos una oposición, la oposición conservadora y la oposición ultraconservadora, que está situada fuera de la Constitución". Los que están dentro de la Constitución, según el idiolecto de Sánchez, son sus socios filoetarras y golpistas. Y el podemismo que cogobierna. Y el propio Sánchez.

Aprovechando que, según las encuestas, los españoles no le están exigiendo pulcritud, y que por la tarde había circo, volvió a insinuar su reforma a la carta del delito de malversación. Carlos E. Cué en El País (o tal vez fue El País, interpretando el espíritu de Cué, que es el de El País, es decir, el del Gobierno), lo tituló con una sofisticación teológica admirable: "Sánchez abre la puerta a reformar el delito de malversación sin que afecte a la corrupción". Como esos yoguis que atraviesan el fuego sin quemarse, los socios del Gobierno pueden ejercer la corrupción sin ser corruptos. Son republicanos, pero aspiran a una inviolabilidad borbónica.

Alberto Núñez Feijóo e Inés Arrimadas cargaron contra Sánchez tras la foto. Por un lado, no era el día; por otro, sí era el día. El president catalán Aragonès obligó a que se trabajara en la Generalitat: para mí una excelente manera de celebrar esa Constitución a la que les deben el puesto y el sueldo. La otra facción del independentismo se dedicó a quemar banderas españolas y ejemplares de la Carta Magna. Esta furia encajaría unas horas más tarde con el ánimo de la nación entera, cuando la selección española fue eliminada del Mundial. Lo que también tuvo su aspecto positivo: más lubricante para las relaciones hispano-marroquíes.

La Constitución es nuestra paz civil, como repite Cayetana Álvarez de Toledo; pero cada vez hay más sujetos con ganas de guerra. No terminarán de conseguirlo mientras la Constitución siga vigente. No es intocable, como dice el hastiado tópico, pero hay que tocarla por los procedimientos constitucionales. No es la letra lo fundamental, sino el método. La estructura. Esa estructura deseable por la que pululan indeseables. Esto también suena a teología, pero es radical política laica. La más progresista, de hecho: lo que convierte en reaccionarios a quienes se dicen progresistas pero la socavan. Esto es lo bellísimo.

Faltaron a la ceremonia de Madrid los nacionalistas y los socios filoetarras y golpistas del Gobierno, y faltó Vox, y faltaron los barones semidíscolos de Sánchez. Algún día faltarán todos, y ese será el día de la Constitución perfecto. 

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1.12.22

Pasando a la historia

El presidente Sánchez pasará a la historia no por lo que él cree, sino por ser el gran inspirador de mis columnas. Es la tercera seguida que le dedico. No me había pasado con nadie. Compite él solo con toda la actualidad. Y le gana.

Lo de pasar a la historia lo dijo en el homenaje a Almudena Grandes, que para grande él. No puede ser azaroso que al otro Grande que tiene en su gobierno, Marlaska, se empeñe en empequeñecerlo. Al aguantarlo en el ministerio, mientras claman los acontecimientos lúgubres de junio en Melilla, lo está sometiendo a un proceso de jibarización espeluznante (con la impagable colaboración, todo hay que decirlo, del propio Marlaska). Nadie en el gobierno Sánchez puede hacerle sombra a Sánchez y nadie se la hace. Todos y todas son fusibles que se irán quemando para proteger su resplandor: el Presidente Sol, tal vez así se vea.

Esto de convertir homenajes en autohomenajes, como ha señalado Rafa Latorre, no se le da nada mal a Sánchez. Hace poco lo hizo con Felipe González, en el cuadragésimo aniversario de la primera victoria socialista. Entonces el homenaje se lo birló al homenajeado en sus vivas narices. Ahora se lo ha birlado a una muerta. Ya es tener poca sensibilidad semántica hablar de exhumaciones en semejante ocasión. Una sensibilidad que no le faltó al realizador del vídeo, que en ese momento de la perorata de Sánchez pasó a enfocar el retrato de la homenajeada ausente. Sus deudos aplaudieron.

El instante historicista de Sánchez es enternecedor. En un ámbito ideológicamente afín, lleno de cantautores, de rockeros convertidos en cantautores y de cineastas convertidos en cantautores, el presidente les mostró lo que se cuece en su cabecita; o mejor, les abrió su corazón. Hay que fijarse en su gestualidad, en su movimiento de manos, en su apurada sonrisa, en su mirada: qué candorosa exhibición de modestia. Les estaba haciendo partícipes de lo que siente; se lo estaba ofrendando. Transcribo: "Bueno, una de las cosas por las que pasaré a la historia es por haber exhumado al dictador de un gran, eh, monumento como el que construyó en, en el Valle de los Caídos. Y yo siempre digo [aplausos]... No... Siempre digo...". No es Churchill como orador, aunque se dirige a la historia en el taxi de Attlee.

Su idea de la memoria histórica, que ha logrado hacer ley, contempla no solo la pretérita, sino también la por venir. Nuestro Napoleón les tira de la manga a los historiadores futuros para que le dejen pasar, algo que siempre consiguió el presidente en su juventud discotequera. Aspira a ser recordado como trasladador de cadáveres. Aunque esta es solo "una de las cosas". Asegura tener más. Le creemos. Ahora que sabemos que se sabe el poema de que la historia de España termina mal, no me extrañaría verlo presumiendo como ante aquel presentador de TVE: "¿Y eso de quién depende?". Sí, puede que pase a la historia en lamentables condiciones.

Pero también existe la otra acepción de "pasar a la historia": acabarse, ser olvidado. "Sánchez pasó a la historia", podremos decir cuando se vaya o lo echen. Por el momento, ya sabemos que, en vez de gobernar, se dedica a hacer historia. Quizá esto explique su política.

En fin, este tipo de columnas son como chutar a portería vacía (como el taxi de Attlee). Da hasta cosa. Salvo que la portería no está vacía: hay legión de sanchistas parándole goles. Entre ellos el primer periódico del país. De esto sí tendrán que ocuparse los historiadores futuros. Tarea que les dejan virgen los politólogos presentes.

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29.11.22

En el podcast 'Prólogos'

Me invitaron a su podcast Prólogos, para hablar de libros (incluido el mío), Marta Suárez y Diego Urteaga. El audio en Spotify, en Apple Podcasts o en iVoox.

26.11.22

Tomar el frío

[Dietario]

Prolongación de la Alameda. En la tarjeta de la editorial con el anuncio de que voy a presentar en Málaga Un tal González, de Sergio del Molino, me fijo en la dirección de la librería Luces: Alameda Principal, 37. Me fijo en ese Principal. Remite a algo que se ha perdido: la Prolongación de la Alameda. Cómo me gustaba aquel nombre, sustituido hoy por el convencional Avenida de Andalucía. Prolongación de la Alameda era poético, con su evocación de extrarradio y provisionalidad. Convivimos con él de niños y luego lo olvidamos. Hasta que un día Curro dijo en uno de sus arrebatos: "¡Prolongación de la Alameda!". Y ya se nos quedó para siempre. 

Presentación de Un tal González. La presentación del libro de Sergio del Molino sale muy bien. He dicho que su trabajo literario no ha consistido en un blanqueamiento de Felipe González, como han escrito baratamente algunos, sino en una restauración de su figura y la época: como se restaura un cuadro. Una limpieza de los grumos que obstruyen la percepción original. La librería ha estado llena y al terminar se forma una cola larguísima de lectores. Yo he encontrado la manera de hablar aceptablemente en público (algo que Sergio hace con brillantez espontánea): tomarme dos whiskis antes. Después tenemos una cena agradable en La Deriva con el autor. Le había pedido permiso para convocar a algunos amigos, si no se sentía muy misantrópico. Me dijo que le placía cenar "con la intelligentsia malagueña". Somos en total seis. Cuando Sergio le contó a nuestra amiga común Pilar que íbamos a cenar, esta le advirtió: “El pulpo frito no te lo quita nadie”. Pero en La Deriva no hay.

Biruji. Con la primera racha de frío en más de medio año me viene la palabra biruji, y recuerdo de quién la aprendí y que murió en septiembre. Es una de esas palabras conocidas que yo no conocía. Por eso me acuerdo de ella, de la tarde de los noventa en que hacía fresquito y dijo: "Hace biruji". La veo en el gesto de decirlo, estremeciéndose con gracia y como acogiendo el frío, dándole sensualidad. Era una chica dulce y animada, pero no tuvo suerte. Trabajamos juntos un año y luego pasé muchísimos sin verla. Pero me llegaban noticias: se separó por una infidelidad del marido, su nueva pareja desapareció en una vuelta al mundo... También me dijeron que se había puesto tetas y eso me alegró por lo que tenía de ilusión por la vida. Solo la vi una vez más, hace dos años. Estaba con su dulzura de siempre, con su sonrisa, con esa ligereza que hubiera merecido felicidad. La última noticia fue que murió en una caída doméstica, como si la mala suerte se hubiera empeñado en dejar su sello definitivo. Ahora que hace biruji me acuerdo de ella, de su gesto de sentir biruji. Busco la palabra en el diccionario: "Frío, o viento frío". Es viento frío. 

Tomar el frío. Estoy en El Palo. Desde que la línea 8 del autobús llega aquí me vengo a veces a pasear. Son las cuatro de la tarde de un martes y en El Tintero quedan pocos comensales. Tiene un encanto de merendero fuera de temporada. Me pongo a caminar por el paseo marítimo. Hace frío, después de tantos meses de calor pegajoso. Atisbo un banquito en un espigón y voy hacia él. Es el banquito perfecto. La tarde es desapacible y está vacía. Me siento. No hay sol, sino nubes oscuras. Pero me quedo más de una hora, mirando el mar y la costa a lo lejos. Mientras pasan los minutos me doy cuenta de que estoy disfrutando de un nuevo placer: tomar el frío. 

Presentación de El desaliento. Asisto a la presentación en Luces de El desaliento, la nueva novela de Rafael García Maldonado, que hace con elegancia David Delfín. El autor utiliza su experiencia como cooperante en Senegal en 2009 para crear una ficción con el impulso de sus ídolos literarios: Conrad, Faulkner, Lobo Antunes... Dice algo extraordinario: aquella experiencia africana fue intensa, pero no le marcó tanto como le marca cotidianamente su trabajo de farmacéutico en Coín, con su contacto diario con numerosas vidas, algunas en el límite, lo que le proporciona un hondo conocimiento de la naturaleza humana. Lee unas páginas preciosas de la novela cuya síntesis podría ser aquella frase del poeta Leopoldo María Panero: "En la infancia vivimos, después sobrevivimos". Su idea de la literatura es radical: "Solo me interesa escribir sobre aquello que tiene que ver con la angustia del hombre en el tiempo". Mientras avanza el acto, recuerdo que se está emitiendo en directo por YouTube. Como estoy sentado en primera fila, justo detrás de la cámara con trípode, tengo curiosidad por ver cómo está saliendo. Miro en el móvil, sin sonido, y contrasto la realidad con la pantalla. En esta aparece con unos segundos de retraso. Pienso en el sobresalto que sería que apareciera con unos segundos de adelanto. Otra modalidad de angustia en el tiempo. 

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18.11.22

Sobre 'Fake news', de Daniel Gascón

[La Brújula (Zona de confort), 1:04:29]

Hola, querido Rafa Latorre. Voy a hablar de un libro y prácticamente haré mi columna con él. Los oyentes lo agradecerán. Es 'Fake news. Cómo acabar con la política española', de Daniel Gascón, en Debate. Junto con artículos humorísticos de estos años, hay una selección de las viñetas que ha venido publicando el autor en las redes sociales. Con ellas se opera un milagro: fueron concebidas como respuestas inmediatas a situaciones de actualidad, pero al verlas ahora nos encontramos con que no era imprescindible aquel referente, porque divierten lo mismo. En parte porque seguimos en las mismas. Hay una que se anticipa a lo de la semana pasada con el presidente. Dice el personaje del dibujo: "Es urgente cambiar las leyes que castigan los crímenes de nuestros socios". Otra parece pensada para la ministra de Igualdad y sus chicas estos días. Un profesor les dice a sus alumnos: "Os aconsejo que compenséis vuestra falta de conocimiento con sectarismo y superioridad moral". Como vemos, en las dos se cumple una ley que formula Gascón en su estupendo prólogo: "Toda sátira es profecía". Los dibujos redondean el efecto de las frases, pero estas funcionan solas. No me resisto a decir algunas. "Por un pluralismo sin gente de derechas". "Es un tema complejo en el que intervienen muchos factores y, bueno, que lo que diga el Gobierno". "Es intolerable que crucéis las líneas rojas que nosotros dejamos atrás". "¡Qué país nos va a dejar la oposición!". "No podemos dejar la desinformación en manos del sector privado". "Tan demócratas no seréis si estáis contra el Gobierno". "Si todos pensarais como nosotros, no tendríamos este problema de polarización". "Que estudien en su segunda lengua no les da más oportunidades a ellos, pero a nosotros sí". Y digo la última: "Hay consenso. ¡Así que a callar!".

17.11.22

Sánchez: un problema retórico

Al ver a Pedro Sánchez con su camisa indonesia pensé que era uno de esos maleantes de las películas de Tarantino. Un amigo apostilló que más bien de los hermanos Coen, y tenía razón. Pero hay algo que no termina de resultar en el Sánchez indonesio: una cierta rigidez vacía, una percha demasiado autoconsciente y por lo tanto artificiosa, una oquedad de maniquí pero sin el encanto neutro (¡y carismático!) de los maniquíes... Vaya, le pasa un poco lo que al Sánchez español. Pensándolo mejor, ya sé lo que parece el Sánchez indonesio: un vendedor de enciclopedias indonesio.

Y aquí estamos, con Sánchez vestido de indonesio en la semana más grave de la democracia española desde el golpe posmoderno del independentismo catalán en 2017. Por la política de Sánchez. El problema para el columnista es qué hacer retóricamente con esa gravedad. El reto de dosificar los énfasis es complicado. La altisonancia a que invita la situación se enfrenta al hecho de que la altisonancia sostenida no es más que ruido. Gritar ensordece: impide que se oiga lo que se dice. Por otro lado, esa es la respuesta soñada por el sanchismo (el de Ferraz y el de Miguel Yuste y Gran Vía 32), que salta enseguida con la acusación de que si se inflama o se echa gasolina... Les falta añadir que en el fuego que ellos alientan, si no provocan.

Se acabó el tiempo en que me hacía gracia enfervorizarme a lo capitán Haddock o a lo Thomas Bernhard. No estaba mal aquello: el motor energuménico que emitía un material verbal caliente y no del todo extraviado (¡chispazos sobre una sintaxis trepidante pero que no descarrilaba!). Un material además cortés, pese a su apariencia, puesto que incluía su autoparodia y hasta su autodesactivación. Invitaba a no ser tomado en serio. Y para el emisor era un desahogo. Pero ya no tengo ganas; tal vez la actualidad no lo merece. (Hay que añadir que encima solía dar en el blanco: cumplía su propósito.)

Y Sánchez con su camisa indonesia, balik se llama, después de haber cursado su proposición de ley que acaba con la sedición (no con ella como acto, sino con su tipificación, con su castigo: lo volverán a hacer gratis) y haber puesto a calentar el ambiente para justificar el fin a la carta de la malversación. Sus apaños tácticos entran a formar parte de la legislación española, desarmándola, deformándola. Como el Gobierno, el Código Penal tendrá costuras de Frankenstein. Será tal vez el primer Código Penal (de un Estado de derecho) que promueve determinados delitos: los adecuados. Aunque se cuelan inadecuados también. Por las grietas de la ley del solo sí es sí empiezan a rebajarles penas a violadores. El presidente les pide a los jueces desde Bali "sensibilidad".

Son admirables los ejercicios ilustrados de los más templados de mis colegas (Daniel Gascón, Manuel Arias Maldonado, Manuel Toscano, Aurora Nacarino, el recién premiado Juan Claudio de Ramón...), pero me producen una melancolía insalvable sus propuestas de diálogo racional sin interlocutores. En el otro lado no hay nadie: solo un ejército de argumentistas con su argumentario. Un argumentario además nada firme, que cambia con los caprichos y conveniencias del líder. Lo siguen en todo (todo, absolutamente todo se lo defienden, contradiciéndose con él) y todo es fatal.

A la derecha le aguarda al menos una recompensa: heredar el país, por devastado e inoperativo que quede. Los progresistas no embrutecidos solo heredaremos la amargura añadida del erial para toda política progresista plausible que habrá dejado tras de sí Sánchez. Sí, sé que esto suena enfático. Y que no funciona. 

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11.11.22

Penes, sedición y Sánchez

[La Brújula (Zona de confort), 1:23:49]
 
Hola, Rafa Latorre. Yo querría haber hablado esta semana del joven que se disparó en el pene por accidente, que es la noticia que más se ajusta a mi perfil. La contó aquí Juanjo de la Iglesia, quien resaltó el meollo del asunto: el joven lo hizo encima sin licencia de armas. Pero se ha interpuesto una vez más el presidente Sánchez, así que me voy a tener que ocupar de algo serio. La reforma del delito de sedición va a consistir finalmente en la eliminación del delito de sedición. Ahora se llamará "desórdenes públicos agravados", y aún deberemos sentir alivio por que ponga agravados. Pues, de acuerdo con el espíritu de la nueva ley, le pegaría más bien facilitados: "desórdenes públicos facilitados". Facilitados por el Gobierno, cuya política parece de fomento de la sedición. Esta sonaba a delito anacrónico solo porque, desde Tejero, no parecía que nadie lo pudiese cometer en nuestra democracia. Pero resulta que lo cometieron los independentistas catalanes hace cinco años: o sea, ellos actualizaron el delito. Las penas que se reducen ahora son no para un delito quimérico, sino para un delito ejercido recientemente y por sujetos que aseguran que lo volverán a hacer. La llamada judicialización de la política estaba en proporción directa con la delincuentización de la política. Ahora Sánchez no pretende tanto desjudicializar la política como desdelincuenciarla. Pero no impidiendo que los delincuentes delincan, sino eliminando la figura penal del delito que cometen. Y todo porque los necesita para mantenerse en el poder. Por enlazar con la noticia que me hacía tilín (¡me resisto a dejarla escapar!), tal vez Sánchez le haya disparado simbólicamente en el pene a alguien. No sé si al Estado de derecho, al PSOE, o incluso a sí mismo. Lo ha hecho, eso sí, con licencia de armas.

10.11.22

Gal Costa: una alegría para siempre

 

Era mi voz favorita de la música brasileña y la única persona de la que me he enamorado por su voz. Fue una pasión alegre y dolorosa; sobre todo alegre, pero con ese pinchazo de lo que se querría tener más. Ah, las posesiones imposibles de la música: uno se acopla a ese fluir que se deshace en la vida. Es como acariciar el tiempo: se toca un cuerpo que se va perdiendo, pero que no por ello es menos rotundo, menos sensual. Posesión por pérdida: plenamente frustrada, plenamente cumplida. Ahora Gal Costa ha muerto y tengo en bucle 'Lindeza', que compuso su amigo, casi hermano, Caetano Veloso: "Coisa linda / desejar-te desde sempre / ter-te agora e um dia e sempre / uma alegria pra sempre".

La canción está en el disco 'Mina d'água do meu canto', que misteriosamente he escuchado mucho estas últimas semanas. Es de 1995 y nació de la canción que Caetano y Chico Buarque compusieron por teléfono para paliar el dolor por la muerte de Antonio Carlos Jobim, en diciembre de 1994. Fue mi primera muerte brasileñista, en la que me trastornó el contraste entre la eternidad de la música de Jobim y la conciencia repentina de que era obra de un mortal. La canción que lo despide es 'Como um samba de adeus' y el disco, cuyo título es un verso de ella ("quanto tempo / mina d'água do meu canto"), está formado por composiciones de Caetano y Chico: diecisiete en total, ocho de cada uno más esa de los dos. En la producción, Jaques Morelenbaum homenajea en cortes como 'Lindeza' los arreglos de Claus Ogerman, artífice precisamente de eternidades en discos de Jobim y João Gilberto. Y la voz de Gal: perfecta; no más que nunca solo porque lo fue siempre. Encuentro que dijo entonces: "Quería recuperar la frescura del canto, limpiar la técnica y los vicios, buscar a aquella Maria da Graça [su nombre real] que admiraba a João Gilberto". El álbum se inicia con una canción explícita de limpieza: 'Odara'.

Me apasioné por la música brasileña a finales de los ochenta y durante los noventa no escuché otra cosa: lo barrió todo, me instaló en una burbuja absoluta de felicidad. Cuánto tiempo, cuántas horas no habré pasado con Gal. Es muy extraña, y ciertamente gloriosa, esta sensación de que mi vida ha sido doble: pasara lo que pasara fuera, por dentro ha ido el oro de esa música. Una alegría para siempre. 

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7.11.22

Cuestionario Proust (en 'El Flexo' de Canal Sur Radio)

(Audio en minuto 12

1. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta? 
Estar en la cama con la mujer que quiera, incluso leyendo. Y si hay un ventanal que dé al mar, mejor. 

2. ¿Cuál es su gran miedo? 
De niño me daba miedo la vida eterna, pensar que después hay otro después y otro y otro y otro... Me costaba dormirme con ese vértigo. 

3. ¿Cuál es su rasgo más característico? 
Me debato entre el histrionismo y la contemplación. 

4. ¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de sí mismo? 
La tendencia al aplazamiento. 

5. ¿Cuál es su mayor extravagancia? 
Cumplir años impunemente. 

6. ¿Cuál es su estado de ánimo actual? 
Inauguralismo crepuscular. 

7. ¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada? 
El optimismo. O eso que llaman ahora, haciéndose un lío filosófico, “el positivismo”. 

8. ¿En qué ocasiones recurre a la mentira? 
Cuando tengo que decirles a mis amigos escritores lo que me han parecido sus libros. 

9. ¿Qué es lo que más valora de sus amigos? 
Que escriban libros que no me obliguen a mentir. 

10. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un hombre? 
Que sepa distanciarse de su máscara. 

11. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en una mujer? 
La vivacidad. O sea, la mezcla de luminosidad y alegría. 

12. ¿De qué palabras o frases abusa? 
Cuando una palabra o frase me hace gracia puedo estar días repitiéndola. Me pasó con "a matacaballo", o “se quedó pajarito”. Últimamente repito mucho “me pone palote”. 

13. ¿Quién es el gran amor de su vida? 
El asunto está sub iúdice. 

14. ¿Cuándo y dónde fue más feliz? 
Remedando un verso de Borges: en ciertos días y noches de 2016. 

15. Si pudiera cambiar una sola cosa de usted, ¿qué elegiría? 
Cambiaría mi situación económica, para ser rico. Me gustaría comprobar por mí mismo eso de que el dinero no da la felicidad. 

16. ¿Qué talento le gustaría tener? 
Fuerza de voluntad y constancia. 

17. ¿Cuál considera que es su gran logro? 
Haber llegado hasta aquí. 

18. ¿Cuál es su bien más preciado? 
Un hipopótamo de plástico que encontré en el jardincito del Príncipe Anglona de Madrid. Siempre lo tengo en mi escritorio y a veces hasta me lo llevo de viaje. 

19. ¿Cuál es para usted la máxima expresión de la miseria? 
Pues eso, la miseria, la mezquindad. Y el abuso de poder. 

20. ¿Qué es lo que más detesta? 
La pesadez. La falta de humor. 

21. Sabiendo que es inevitable ¿Cómo prefería morir? 
En una tumbona frente al mar, una lánguida tarde de otoño, tomándome un buen whisky y fumándome un purito. Y con 99 años. 

22. ¿Cuál es su lema? 
Uno difícil de llevar a la práctica, pero muy higiénico: “Nunca quejarse, nunca justificarse”. Y digo otro de Oscar Wilde: “Uno debería ser siempre un poco improbable”.

4.11.22

Una frase de Sánchez

[La Brújula (Zona de confort), 1:26:33]

Hola, querido Rafa Latorre. El presidente Sánchez volvió a repetir este miércoles, en otra de esas insufribles sesiones de control al Gobierno, una idea dañina; quizá la más dañina de cuantas repite, que no son pocas. Cuando la portavoz del PP, Cuca Gamarra, le reprochó de nuevo sus pactos con los independentistas, Sánchez le dijo: "Ustedes que van repartiendo carnets de españolidad y de constitucionalismo y resulta que cuando estaban en el Gobierno fue cuando España estuvo cerca de poder romperse". Lo ha dicho Sánchez tantas veces que ya ni reparamos en su gravedad. Pero es un escándalo. Para el presidente del Gobierno de España el asalto al Estado y a la Constitución que llevaron a cabo los independentistas catalanes hace cinco años tuvo unos responsables que no fueron los independentistas catalanes, sino el Gobierno de España. Que entonces, claro, era del PP. Hay varias perversiones enroscadas en la frase de Sánchez. La más soez es que considera que los responsables de la agresión fueron en realidad los agredidos. Pero esta lógica invertida se funda en una idea más perversa aún: que el agredido fue el Gobierno de España, el Gobierno del PP, y no España, no el Estado español. Es decir, que los independentistas le dieron el golpe al PP y no a todos los españoles, incluidos los socialistas e incluidos, sobre todo, los catalanes no independentistas. Alarma en el presidente del Gobierno esta parcialidad, esta incapacidad de tener una visión íntegra, integradora, del Estado. Pero claro, de no haber sido parcial y de no haber sido incapaz no habría pactado su llegada al Gobierno con aquellos que pocos meses antes habían atacado el Estado y la Constitución. Este pacto, que ha renovado en su segundo mandato, es tan aberrante que debe justificarlo con infamias como esa que repite.

29.10.22

Málaga moderna y ordenada

[Dietario]

Octubre pegajoso. Los primeros días octubre se comporta como octubre. Me descubro poniéndome al sol en mis paseos y anoto para el dietario: "Acera de sol: en otoño ya es la que se busca". Pero es un espejismo: el otoño no termina de llegar y el calor, más que permanecer, se empoza y se pudre. Es un calor pegajoso, pesado. La atmósfera está cargada, sucia, con cielos feos. Es el peor octubre que recuerdo: ni rastro de su memorable transparencia, de aquella ligereza que acompañaba el comienzo del curso.  
 
El negocio este. Mi madre acaba de cumplir ochenta y dos años y ha cogido el covid, justo cuando le tocaba la cuarta vacuna. Está bien, apenas toses y estornudos. Es la primera vez que da positivo y descubro que siente una cierta satisfacción. Cuando voy a bajar a hacer la compra le pregunto si prefiere que les diga a la panadera y al carnicero que solo está resfriada. "No, no, tú diles que lo he pillado". Unos días después paso a recoger un par zapatos que dejó para que se los arreglaran. Me dice el hombre que le hizo gracia mi madre. Cuando la llamó le respondió: "Yo no puedo ir, porque aquí estoy con el negocio este".  
 
Q Pro Quo. De tarde en tarde me dejo caer por la librería Q Pro Quo, la más bonita de Málaga (y exquisitamente surtida). Está en Teatinos, cerca de la Facultad de Derecho y la Biblioteca General. Además de librería es cafetería, con una terraza de lo más apetecible. El librero Juan Ramón me dice que lleva años vendiendo mucho un libro que le gusta, Una temporada para silbar, de Ivan Doig. Un día lo leyó, le encantó y siempre que le preguntan lo recomienda. Pero también descubre libros por los lectores. Por ejemplo, un juez jubilado devoto de la novela negra le recomendó Deuda de sangre, de Michael Connelly. Podría ser el principio, en este escenario, de una novela negra.  
 
Málaga moderna y ordenada. Juan Claudio de Ramón, que ha venido a presentar su Roma desordenada, dice desde el escenario que Málaga es la ciudad en la que más amigos tiene después de Madrid. No lo parece, porque solo estamos Irles y yo, pero es verdad: ocurre que a los demás les ha pillado o trabajando o de viaje (el más lejano: Arias en Toronto). Pero al terminar conoce a amigos nuevos: Diego Ríos Padrón, que le trae una camiseta de La Málaga Moderna (los presento así: "Málaga Moderna, Roma Desordenada"), Silvia Flores y Pilar Jáuregui; más tarde se incorpora su hermano Ignacio, que viene de dar una conferencia en Marbella y que nos aconseja quedar en calle Carretería, "en el local que fue La Tranca". Los antiguos nombres siempre son los mejores. Nosotros venimos del Centro Cultural María Victoria Atencia, nombre que le rinde justo homenaje a la poeta pero que considero inferior al primero: Centro Cultural Provincial. Me pasé años presumiendo ante los foráneos: "¡Los malagueños no nos andamos con chiquitas a la hora de ponerles nombre a nuestros organismos culturales!". (Incluía en el pack el de Instituto Municipal del Libro.) Había quedado antes con Irles, al que le enseñé la fuente de esa callecita que da a Ollerías y que lleva inscrita una fecha: 1790. En la época universitaria Palomo, Curro, Andújar y yo la llamábamos "la fuente de Mozart", porque era contemporánea del compositor, y solíamos peregrinar a ella. Cuando Irles y yo entramos en el Centro, Juan Cla estaba solo en el escenario, concentrado en sus notas para la charla. Parecía el personaje de una obra existencialista. El acto luego ha sido delicioso, con sus historias y reflexiones sobre Roma, en el tono de libro, que leí con placer este verano. Una curiosidad: en la embajada en la que él trabajó estuvo de joven nuestro Cánovas del Castillo, en un puesto con otro nombre formidable: "agente de preces". Ahora, en el local que fue La Tranca, charlamos y reímos. Con frecuencia a carcajadas. Juan Cla trae cotilleos de la capital, algunos con meritorios y figurones más o menos amortizados, otros con el envés de amistades aparentes. Con estos también me río, aunque no sin un fondillo de melancolía por ver cómo, agazapada, alienta casi siempre la discordia. Nos retiramos temprano (Ignacio escribirá en Twitter a las once de la noche: "Por dios, que he dado una charla a 60 km, he llegado a la copa de la presentación de un libro y estoy ya en pijama. Esto qué es, ¿Copenhague?") y me despido al pie de la rehabilitada Tribuna de los Pobres. Diego y Silvia acompañan a Juan Cla hasta dejarlo "encarrilado" hacia su hotel. Mañana coge el primer Ave para irse directo a trabajar.  
 
Pasos azules. Estreno unas zapatillas azules y mientras camino veo por el suelo, de refilón, las dos manchas de ese color que me acompañan. Vistas así ni siquiera tienen la consistencia de un calzado, son como brochazos rápidos, que surgen y desaparecen, alternándose a mis pies. Son pasos: pasos azules. 
 
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28.10.22

Expulsados del Ave

[La Brújula (Zona de confort), 1:25:09]
 
Buenas tardes, Rafa Latorre. Sé que se ciernen la amenaza nuclear y la recesión, que el Gobierno les rebajará la pena de sedición a los independentistas para que puedan ejercerla en cómodos plazos y que con el CGPJ (¡siempre quise decirlo en la radio!) no hay manera... Pero mi noticia de la semana es la de los niños expulsados del Ave por mal comportamiento. Mi primer impulso fue de euforia y celebré la expeditiva medida del interventor. Luego pensé que era excesivo para unos menores, que los responsables eran en segundo lugar los monitores y en primero los padres. Algunos de estos se han expresado de un modo que me ha recordado aquel dicho del Mairena de Machado de que para suspender a un alumno le bastaba ver al padre. No es extraño que haya entre ellos independentistas: es decir, gente invasiva del espacio común y no habituada a respetar las reglas. De todas formas, no son los niños los que suelen molestar en los trenes: son los adultos. En España es insufrible el jaleo habitual en cualquier viaje. Incluso en el vagón silencio, que es en el que me suelo refugiar. Más de una trifulca he tenido. Recuerdo un viaje Málaga-Madrid en el que un cretino hablaba a gritos por su móvil. A la cuarta o quinta vez le llamamos la atención y nos respondió con improperios. Yo me calenté y busqué al interventor. Cuando llegamos, el cretino vino a por mí. Por fortuna, se interpuso el interventor, al que conminé: "¡Señor interventor, que se baje en Puertollano!”. De repente me pareció la frase perfecta y me puse a repetirla como un loco. “¡Señor interventor, que se baje en Puertollano! ¡Señor interventor, que se baje en Puertollano”. Pero no hubo suerte. También uno depende del interventor que le toque.

21.10.22

Liz Truss (y la lechuga)

[La Brújula (Zona de confort), 1:24:33]

Hola, querido Rafa Latorre. Yo tenía mucho interés en seguir la carrera de Liz Truss porque, como habitante de la Costa del Sol, sentía curiosidad por cómo se desenvolvía de adulta una de esas turistas que vemos de jóvenes por Torremolinos. Su fulminante dimisión me ha dejado colgado; aunque bueno, he obtenido una respuesta: de adultas son tan atolondradas y autodestructivas como de jóvenes. Liz Truss, después de medio hundir la bolsa y la libra, y de creerse Margaret Thatcher como esos locos de tebeo que se creen Napoleón, ha terminado practicando balconing desde el 10 de Downing Street. El luto que tuvo que llevar al principio de su mandato ha resultado un luto por sí misma. Hay algo épico: Liz Truss ha salido de la historia de la política, pero ha entrado en la historia del rock. Ha cumplido el célebre lema: vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. Ha dejado también una bonita lechuga, su doble vegetal en estos días de descomposición. Yo creo que la broma del Daily Star le dejará secuelas: en lo que le quede de vida –que será, de hecho, toda la vida– le va a costar trabajo comer ensaladas. Para ella la lechuga será la equivalente del cráneo en la tradición clásica: esas inofensivas hojitas verdes le recordarán que es mortal. Y lo es hasta el punto de que ya está muerta; políticamente, claro. Pero más que el rock, lo suyo ha sido el punk: aquel "no future" (no futuro) de los Sex Pistols en su canción de "Dios salve a la reina". A Liz Truss no la ha salvado ni Dios ni el Diablo, y su futuro ya es pasado. Ahora puede volver a Torremolinos en el otro formato en el que conocemos por aquí a los ingleses: como jubilada.

20.10.22

Comidos por la opinión pública

Seguían los hunos denostando a Savater por su columna sobre Griñán, cuando los hotros se lanzaron a denostar a Savater por su columna sobre Meloni. Esta salió un sábado en El País y ese domingo y ese lunes ya lo atacaron en tribunas de su mismo periódico –sin duda encargadas–, a modo de ejercicios exorcistas que señalaban que los iliberalismos en potencia de Meloni son los graves y no los iliberalismos en acto de Sánchez. Buenos chicos los tribuneros (son amigos míos además)... pero el balance viene siendo el de los últimos cincuenta años de la prensa española: Savater sigue en forma.

Aprovecho para retomar un aspecto que solo apunté en mi columna "Las razones del hipódromo", sobre aquella primera de Savater dedicada a Griñán, su viejo compañero de carreras Riu Kiu (¡me sigo tronchando!). Repito esto de Savater allí: "No quisiera ser ciudadano de un país donde la complicidad o la secta cuentan más que la ley; tampoco vivir entre rectilíneos para los que no hay amistad si no concuerda con el código establecido". El problema de hoy es que predominan los tales "rectilíneos". Son los que están comidos por el sectarismo en particular y/o por la opinión pública en general: aquellos que no han dejado –que no se han dejado– otro espacio que ese. Hay en ellos una pérdida de complejidad; un empobrecimiento, una simplificación.

La opinión pública es fundamental: sin ella no hay democracia. No hay espacio político higiénico sin este barullo de diálogos e improperios, sin esta selva de palabras libres. Con todas sus aberraciones y degradaciones, nada la puede sustituir: no existen purezas alternativas; y aquello que se presentara como tal sería peor. El problema es que la opinión pública no solo tiende a imponer su propia lógica –una lógica, diríamos, de la exterioridad–, sino que tiende también a devorarlo todo. Cuando se está en ella, es casi imposible saltar a otro registro. Todo se reduce a la opinión, a lo público: a lo político.

Es urgente preservar otro espacio, o reconquistarlo. No como alternativa a la opinión pública, sino en paralelo: como aliviadero o bombona de oxígeno. La opinión pública no se lo puede comer todo. Es degradante que ante toda situación la única respuesta sea política. No todo es político. Hay otras maneras de ser y de pensar. Hay que escapar del desolladero, del taxidermismo de la política. Hay otras alternativas: no ciertamente para organizar un Estado de derecho, pero sí para vivir.

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14.10.22

Los temas de la semana

[La Brújula (Zona de confort), 1:25:27]

Hola, Rafa Latorre. Hay semanas en que lo difícil no es escribir la columna, sino escoger el tema. Esta que hoy llega a su finde ha sido un no parar. La actualidad ha ido de lo macroscópico a lo microscópico. Con lo primero no me refiero a Sánchez, sino a la noticia de que se ha logrado desviar el asteroide. Ahora hay que ver cómo sigue por el billar cósmico, que lo carga el diablo. En cuanto a lo microscópico, están esas células humanas que han sido introducidas en el cerebro de una rata. Algo que yo pensaba que ya se había hecho, y no diré nombres. Entre ambos extremos está lo de Lesmes. En su mensaje grabado solo le faltó asegurar que dimitir era para él un orgullo y una satisfacción. Y está también lo del presidente llegando tarde a la fiesta nacional, como en una canción de Paco Ibáñez. Mientras, Marruecos ha afirmado que Ceuta y Melilla son presidios. Unos presidios a los que gustan de escapar los marroquíes. Y siguen la crisis energética, la inflación y la guerra de Ucrania. Sobre esta, el inefable Monedero ha llamado fascistas tanto al invasor como al invadido, y ha hecho este llamamiento: "¿Es que nadie en la política europea va a parar a estos putos locos?". Lo dice nuestro primer guerracivilista. Hoy mismo unos ecologistas le han echado sopa de tomate a 'Los girasoles' de Van Gogh. Lo que más que un homenaje a la naturaleza parece un homenaje a Andy Warhol, el artista más artificial que ha existido. Confieso que sí había un tema que me tentaba por encima de todos: la frase de Ortega Cano “mi semen es de fuerza”. Pero ya me veía gamberreando con que la frase la podría haber dicho Sánchez, y no era plan.

13.10.22

Mi afición a los jueves

A partir de hoy mi columna en The Objective se publicará los jueves. Es el día que me ha caído en el sudoku de columnistas que deben encajar el director Álvaro Nieto y el jefe de opinión Luis Prados. Es un día que me gusta. Es, de hecho, el día que más me gusta.

Mi afición a los jueves supongo que tiene que ver con que nací un jueves. Aunque de esto de nacer tampoco soy un partidario incondicional. Reconozco las ventajas de no haber nacido, la mayoría fabulosas. Te ahorras muchos embrollos si no has nacido; te evita tremendos papelones. El que no ha nacido no se equivoca nunca. Ha tenido, por decirlo así, el acierto definitivo. Pero ya que naces tienes que tomártelo con deportividad.

Uno entonces llega al mundo y a algo mucho mejor, más ordenadito: el calendario. Y el calendario, además de meses y días, tiene semanas. La semana es el gran invento. Esa extensión de tiempo asequible, que les va dando una modulación a los días. Avanzar por la semana es como ir pisando baldosas de colores, cada una con su aroma, su tono y hasta su emoción. Es como una vestimenta de la vida, o del tiempo de la vida. Un vestido transparente pero con personalidad.

La palabra lo evoca. Y su situación con respecto a los demás días. La del jueves es la central, cuando la semana comienza el lunes (hay otras, que repudio, que comienzan el domingo: ¡abomino del almanaque anglosajón!). El jueves es el último día laborable puro, sin ese deshilachamiento ya del viernes; pero con el fin de semana a tiro, lo que lo aligera. Y lo contagia un poco, de ahí las juergas de algunos jueves.

Es un día precioso el jueves. Un día adulto, entero, lo suficientemente madurado como para que desprenda calor, aun en invierno. Trato ahora de captar la felicidad de los jueves, porque todos los jueves son felices. El pronóstico de César Vallejo de que moriría un jueves (con aguacero) no se cumplió: murió un viernes. Y no de otoño, sino de primavera. De primavera fue mi jueves.

Este mi primer jueves además tiene algo de lunes, porque sucede a un día de fiesta. El de la fiesta nacional, nada menos. Pedro Sánchez ha llegado tarde esta mañana. Llegar tarde a la fiesta nacional parece una canción de Paco Ibáñez, pero es que era el presidente. Ahí había una columna, pero he escrito esta otra. 

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7.10.22

La pata de jamón del franquismo

[La Brújula (Zona de confort), 1:24:40]

Hola, Rafa. Cuando le oí al ministro Bolaños que estaban pensando exhumar los cuerpos de Queipo de Llano y Primo de Rivera, me acordé de la novela de Balzac 'La piel de zapa'. En ella el protagonista consigue un trozo de piel o cuero mágico que hace que se cumplan sus deseos cuando le corta un pedacito. El problema es que con cada pedacito también se le consume la vida. Al final, cuando corta el último, su vida se acaba. El gobierno de Pedro Sánchez dispone de su propia piel de zapa, que es el franquismo. O imaginémoslo mejor como una pata de jamón, que es más vistoso: la pata de jamón del franquismo. Sánchez le va cortando lonchas con la esperanza de que se produzca el efecto mágico de que la gente le quiera y le vote. Cortó en su día la loncha de Franco y ahora va a cortar las lonchas de Queipo de Llano y Primo de Rivera. Pero llegará el momento en que la pata de jamón del franquismo se termine y ya no haya más lonchas franquistas que cortar. ¿Qué pasará entonces? ¿Se acabará la vida de este gobierno...? En 'Un tal González', el nuevo libro de Sergio del Molino, se cuenta entre otras muchas cosas que Felipe González no quería mirar al pasado, sino al presente y al futuro. Los viejos dirigentes socialistas del exilio vivían en la burbuja de la república y la guerra civil. González quería devolver al PSOE a la España real. Pareciera que el propósito de Sánchez es justo el contrario: regresar a aquella burbuja para protegerse de la España real, que tantos disgustos le está dando. En el futuro, desde luego no piensa: sus nuevos presupuestos están hechos contra el futuro. Total, allí no quedará franquismo. Ni gobierno Sánchez.

5.10.22

Vuelve Felipe (Sobre 'Un tal González', de Sergio del Molino)

Supe que se estaba escribiendo Un tal González (Alfaguara) en primavera y, como me ha ocurrido otras veces, no conseguía imaginarme cómo iba a ser. En principio, me dio pereza un libro sobre Felipe González. Pero es que además no se me ocurría un enfoque provechoso; o por decirlo de otro modo, digno. Sergio del Molino lo ha logrado: no solo ha escrito un gran libro, sino que además es entretenidísimo, emocionante, fresco, profundo; de excelente literatura.

La rutinaria conmemoración que se avecinaba de los cuarenta años de la llegada del PSOE al poder el próximo 28 de octubre de repente cobra vida: quienes lean Un tal González (y pronostico que serán muchos) lo harán con una calidez inesperada. En sus páginas vuelve Felipe, un Felipe completo: con todos sus matices y desde sus primeros pasos en el partido hasta su dimisión como secretario general en 1997, un año después de haber perdido la presidencia del gobierno (más algunos flashes posteriores).

Pero Un tal González trascenderá la efeméride. Es un libro importante, porque reivindica precisamente no tanto la figura de Felipe González (que también) como su importancia. Tal vez hacía falta alguien de la edad de Sergio del Molino, que tenía tres años en 1982, para una operación así: de desescombro, de disipación de brumas, de decantación de los ingentes materiales en busca de lo esencial. Creo que se va a repetir lo de La España vacía y que este libro marcará un antes y un después. Como en su ya legendario ensayo, Del Molino ha sabido poner la mirada en algo que estaba ahí pero nadie veía.

Me hace gracia la comparación con La España vacía, porque este libro lo leí como algo ajeno, casi abstracto. Me gustó pero, siendo costasoleño, es decir, habitante de una zona superpoblada, me faltaba el referente, o su vivencia. Todo lo contrario de con Un tal González, cuyo referente se confunde con mi vida, en la atracción y en la repulsión (que con frecuencia se me dieron juntas). Recuerdo nítidamente el día de 1977 en que mi padre señaló un cartel electoral desde el coche, cuando volvíamos de la playa, y dijo que iba a votar a aquel hombre, Felipe González: ahí lo vi y oí su nombre por primera vez. Yo tenía once años.

Las generaciones siguientes leerán Un tal González de otro modo (siento curiosidad por ver cómo lo hacen), pero la mía y las anteriores tendrán el privilegio de leerlo en estéreo, con los recuerdos resonando en las palabras escritas y con una capacidad extra para apreciar el trabajo del autor, en sus recreaciones, observaciones y reflexiones. Y en sus omisiones y selecciones. Y en sus hallazgos: increíblemente, hay cosas que no se habían contado nunca y detalles que se habían pasado por alto (al menos para mí). Así, esta historia vieja parece nueva. Mientras leía, me maravillaba el mérito de haber alcanzado una narración vigorosa con elementos que se daban por amortizados. Y me emocionaba comprobar una vez más el milagro glorioso de la literatura: esa distancia que acerca; su poder para romper telarañas, para animar un mundo que estaba sepultado.

Su género es limpio, aunque cuenta con detractores: historia novelada. En resumen, es una novela: "basada en hechos reales". La documentación es exhaustiva, y Del Molino la reproduce cuando es oportuno; pero a partir de ella reinventa momentos, que resultan verosímiles. Lo relevante es el conjunto y, como siempre en literatura, el resultado: el libro. El que nos ocupa es una obra de madurez escrita en estado de gracia: prácticamente en cada párrafo hay algo interesante, una vibración, un trozo de vida, un comentario agudo, una expresión feliz. Por ello la lectura es gozosa.

Es además un libro valiente: con Un tal González, Sergio del Molino no solo va a contracorriente de su generación, enroscada en el desprecio por la transición, sino también a contracorriente de la inercia que se ha instalado en nuestro país. Con una contundencia saludable, aunque desde la complejidad y sin ocultar las sombras, defiende la España de la transición y el legado de ese tal González al que nos veníamos malacostumbrando a mirar con una cómoda suficiencia. Es una restitución asombrosa y admirable. 

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30.9.22

La serie sobre Sánchez

[La Brújula (Zona de confort), 1:24:40]

Buenas tardes, querido Rafa. Te he oído decir aquí en La Brújula y esta mañana donde Alsina que a ti lo que te interesa de la serie sobre el presidente Sánchez es el corte del director: esa versión futura que incluya lo descartado. A mí también, aunque algo me dice que esa versión no cambiaría mucho. Sospecho que el director tiene unos principios cinematográficos tan radicales como aquellos cineastas del grupo Dogma, que se imponían a sí mismos numerosas restricciones. En este caso, la primera restricción debe de ser apagar la cámara cuando la realidad desagradable asoma. En el tráiler todo es agradable, salvo el plano insertado de un bombardeo en Ucrania, cuya utilidad por otro lado es mostrar lo agradable que es sentir la Historia desde Moncloa. No, no creo que fuese distinto el corte del director, porque no se habrán grabado abucheos a Sánchez, ni sus regañinas al jefe de Radio Televisión Española hasta hacerle dimitir, ni ninguna de las otras servidumbres oscuras del poder... Aunque sospecho que lo que se emita no mermará el potencial crítico del producto: la opción estética de exhibir esa burbuja acaramelada, con la que está cayendo, es pura corrosión. El director, en realidad, es un gamberro por hacerle a Sánchez un Nodo. Algo que, por lo demás, enamorará a los sanchistas. Empezando por el primer sanchista: Sánchez. Se nota que en la serie se ve guapo. Como en todas las demás circunstancias de la vida. Al cabo, su ejercicio como presidente no habrá sido más que un rodeo para que exista la serie, que será su auténtico legado. Por ella todo habrá merecido la pena, pensará Sánchez. Pero hay algo que me da morbo. Si la serie se titula 'Las cuatro estaciones', ¿qué harán cuando llegue el otoño? ¿El otoño del patriarca?

28.9.22

Las razones del hipódromo

Reconozco que con Savater tengo un problema. No es que termine siempre dándole la razón, sino que empiezo dándosela. Supongo que se debe a que aprendí a pensar con él y mis circuitos neuronales están fatalmente encauzados. Esto me hace ser un discípulo de los que desdeñaba Nietzsche, que buscaba contradictores, y de los que le dan pereza a Savater; quien, por su parte, tampoco fue así con sus maestros, y por ello sí más plenamente nietzscheano.

Nietzscheana fue su columna del sábado en El País, en la que contaba por qué había pedido el indulto para Griñán. En la mía de la semana pasada (fue mi último martes; hoy es mi primer miércoles) le presupuse blandas razones humanitarias, piedad hacia el anciano que va a la cárcel... Pues no, eran razones vigorosas, alegres, juguetonas (también gloriosamente desvergonzadas): Griñán fue compañero de hipódromo en la juventud "y escribía excelentes crónicas hípicas que firmaba Riu Kiu". Termina Savater: "prefiero no ver en la cárcel a Riu Kiu". Solté una carcajada. Resonaron en mí tantos momentos gozosos de la obra de Savater, no precisamente los más periodísticos...

Tras leer su columna, una dijo que Savater "chochea" y otro que "merece cierto piadoso silencio cuando argumenta de modo gagá" (este es un autodenominado filósofo que merece cierto piadoso silencio cuando argumenta del modo que sea). Es lo que tiene no haber seguido a Savater desde el principio, porque el del otro día es el Savater del principio: hacía tiempo que no escribía un artículo tan juvenil. El equívoco viene de que con los años se ha venido convirtiendo en héroe civil y referente moral. Pero cualquiera que lo haya leído bien sabe que para él estas cosas son secundarias y solo valen si las alienta la alegría. Y su gran alegría es el hipódromo. Dicen que "se ha disparado un tiro en el pie", que pierde prestigio como intelectual. Puede ser: en favor de lo que le interesa primero.

Hay indudables razones para criticar la petición de indulto de Savater: y todas están recogidas en el artículo de Savater, que las expresa con una capacidad de síntesis que no han atinado a tener sus detractores. Él mismo las explicó más pormenorizadamente en artículos y entrevistas de cuando los indultos del procés, sobre los que se manifestó en contra. En la columna de ahora lo dice claro: "No quisiera ser ciudadano de un país donde la complicidad o la secta cuentan más que la ley". Esto no tiene vuelta de hoja: sin ley no hay Estado de derecho. Pero esto, que es lo fundamental, no agota las razones posibles. Savater completa lo anterior así: "tampoco vivir entre rectilíneos para los que no hay amistad si no concuerda con el código establecido".

Me he acordado de los ensayos de Isaiah Berlin sobre líneas de racionalidades en conflicto, sobre todo el que escribió sobre Maquiavelo. Lo trágico del asunto que nos ocupa es que, desde un punto de vista cívico, Griñán debe ir a la cárcel. No otra cosa exige el bien común; es decir, no que vaya a la cárcel, sino el cumplimiento de una sentencia judicial. Pero hay otras razones, que podríamos llamar aquí "las razones del hipódromo", que pujan por la excepcionalidad. No son cívicamente ejemplares, pero sí saludables en otro plano: y no está mal que cuenten también con su ejemplo.

En cuanto a mí, reconozco que jamás pediría el indulto para un aficionado a los caballos. Otra cosa sería para un aficionado a la música brasileña con el que hubiese compartido conciertos de Caetano Veloso. O para un aficionado a Savater. 

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27.9.22

Arrasados por la ideología (Charla con Paco Beltrán)

 

En el podcast de Paco Beltrán, Pinista en un burdel. En su web aquí. El audio en las distintas plataformas aquí. (La charla fue el 9 de agosto de este 2022 a media mañana.)

24.9.22

Naufragio metódico

[Dietario]

Trabajo. Nunca se percibe mejor la cabronada del trabajo que el primer día tras las vacaciones. Este secuestro de tiempo, cuando hasta ayer lo teníamos todo. 

Latorre. A finales de julio recibí este mensaje de Rafa Latorre: "Desde el comienzo de 'Zoom News' no te hacía una pregunta semejante. ¿A ti te gustaría hacer un comentario radiofónico semanal?". 'Zoom News' era el periódico digital del que fue subdirector hace diez años. Entonces me llamó para que colaborara como columnista. Ahora ha empezado a dirigir 'La Brújula' de Onda Cero. Pertenece a esa estirpe de aristócratas cotidianos que no piden, solo dan. 

Inauguralista escéptico. En el dietario de agosto hablé de mi cuento de todos los veranos: me propongo escribir, pero no escribo. Al leerlo, dijo Arias: "Me fascina la figura emergente del inauguralista escéptico: consciente de que no escribirá, sigue creyendo que va a escribir y luego escribe que no ha escrito…". 

Gun Hill. Encuentro en el Rastro de Fuengirola carteles de 'El último tren de Gun Hill', una película del oeste con Kirk Douglas y Anthony Quinn. Los compro porque era la favorita de mi padre. Cuando éramos niños, nos llevó a verla a un matinal a mi hermana y a mí. Desde entonces siempre que la ponían en la tele la veía y la grababa. No sé cuántas veces lo hizo. Había algo en esa película que necesitaba poseer, no podía dejar que se le escapase. Durante años fue motivo de cachondeo en la familia. Y ahora de amor. 

Hasta los viejos. Antes de que el tema pase a ser la muerte de la reina de Inglaterra, hago bromas sobre lo mucho que me pone la nueva primera ministra, Liz Truss, nombrada unos días antes. Jáuregui me las ríe. Doy por hecho que ella es mucho mayor que yo, pero consulto su edad y me quedo planchado: ¡nació nueve años después! Se lo cuento a Jáuregui y dice una gran frase: "Ya todo el mundo es más joven que nosotros, hasta los viejos". 

Mareíllo. Subo a bordo de la nao Victoria, en la que Elcano dio la primera vuelta al mundo. Se encuentra atracada en Málaga junto con otros dos barcos de época. La imitación está lograda. Tanto, que me fuerzo a imaginarme como uno de aquellos marinos; su heroísmo y sus penalidades en los minutos de la visita. Mientras contemplo la Farola desde cubierta, imagino que nos falta comida fresca y podemos pillar el escorbuto. Pero es necesario resistir. Hay que lograr la hazaña. El barco oscila y eso basta para la sensación de altamar. Al bajar, noto un mareíllo: un eco palpable, físico, de las navegaciones auténticas. 

Naufragio metódico. La primera vez que oí el poema "Autobiografía" de Luis Rosales fue por la radio. Recuerdo el impacto del comienzo: "Como el náufrago metódico que contase las olas / que faltan para morir...". Y sobre todo el del final: "sabiendo que jamás me he equivocado en nada, / salvo en las cosas que yo más quería". Era joven, pero ya sentía que me había equivocado en esas cosas. Esta sensación de fracaso, o de naufragio metódico, tenía un fondo grato, porque era solo mía: la consideraba una distinción. Andando el tiempo he visto que muchos la hacían suya también. Me fijo en el último que lo acaba de citar y me doy cuenta de la incomodidad que me produce. Todos sienten que se han equivocado en lo que más querían. No es ninguna distinción. 

Consejo de artista. Dos chicos hablan a mis espaldas, creo que de música hip-hop. Bajamos las escaleras mecánicas de la nueva estación de cercanías de Torremolinos. En realidad, es uno el que le habla al otro. Le da consejos. Consejos de artista. Tiene acento latinoamericano (¿colombiano?) y habla con determinación, es muy bueno. Antes de que lleguemos abajo saco el móvil para anotar lo que ha dicho: "El artista debe tener una voz fuerte y una metralla de palabras rápidas". 

Bajas. En estos días de bajas célebres (Isabel II y Javier Marías entre otros) visito dos veces el cementerio de los Asperones, por bajas cercanas: la prima Paca, el primo José. La prima Paca, una de esas primas de la edad de las madres que funcionan como tías, vivió siempre cerca: primero en Las Flores y luego se mudó a Nueva Málaga cuando nosotros nos mudamos. En este barrio vivía ya el primo José, cuando estudiaba Medicina. Fue el primer universitario de la familia. A finales de los setenta (era nueve años mayor que yo) llegaba a casa con 'El País' y se ponía a ver partidos de baloncesto: la primera vez de las dos cosas para nosotros. Más adelante me aficioné a la literatura y él tenía una bibliotequita en su terraza, que también fue muy importante para mí. Fue médico y ahora investigaba y daba clases en la facultad. Su hija estaba a punto de casarse. Hacía mucho que no lo veía, pero en las fotos que encuentro en internet está igual, aunque sin su melenita. El día antes de que muriera, pero él ya no pudo verlo, España ganó el Eurobasket. 

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23.9.22

Los antifascistas españoles

[La Brújula (Zona de confort), 1:25:35]
 
Buenas tardes, Rafa. Siento debilidad por los antifascistas españoles. Quiero decir, por los autodenominados antifascistas españoles. Bueno, se autodenominan antifascistas, aunque no necesariamente españoles. Son esos individuos que se pasan el día combatiendo fascismos imaginarios en nuestro país y que, cuando las circunstancias biográficas o históricas les ponen por delante fascismos de verdad, no solo no los combaten, sino que se muestran indiferentes, o incluso los acarician y abrazan. En España ocurre con la atracción de Izquierda Unida y Podemos por los nacionalistas, con especial cariño por los independentistas, mejor si son golpistas y proetarras: es decir, aquellos cuyas políticas (las legales y las ilegales) han tendido a reproducir el modelo franquista de funcionamiento. Por cierto, que estos también se autodenominan antifascistas. Pero el momento cumbre de los antifascistas españoles es cuando las cosas fascistas internacionales se ponen a cien. Por no volver a las dictaduras de Cuba y Venezuela, de las que son creyentes practicantes, quedémonos con el flagrante fascismo de Putin, con el que también comulgan. Desde que empezó la guerra de Ucrania, exhiben ese pacifismo fraudulento que excusa la invasión de países y les exige a estos, los invadidos, la rendición. Es el pacifismo de la conocida paz de los cementerios. Ahora que los rusos empiezan a reaccionar contra el tirano, en arriesgadas manifestaciones verdaderamente antifascistas, nuestros antifascistas no dicen ni pío: es regocijante asomarse a sus cuentas de Twitter. Lo mismo ocurre con las protestas en Irán, que son cristalinamente por la liberación de las mujeres, y también de los hombres, iraníes. La explicación de la conducta de los autodenominados antifascistas españoles es muy sencilla, y me temo que un tanto sórdida: ellos son antifascistas en una democracia, y solo en esa democracia y contra esa democracia. Por eso coinciden en lo fundamental con los fascistas.

20.9.22

No habrá indulto, pero el daño está hecho

Como he dicho más de una vez (me gusta repetirlo porque mi sitio es ese), yo no soy periodista. Es decir, no tengo acceso a fuentes, no hablo con políticos ni dispongo de información privilegiada. Soy un lector de prensa que colabora en prensa. Me guío por lo que observo, leo, pienso o intuyo, como cualquier lector de prensa. Estos días mis deducciones me llevan a una conclusión distinta a la de casi todos, incluidos los periodistas que están mejor informados. Lo más probable es que ellos tengan razón, pero creo que Pedro Sánchez no indultará a José Antonio Griñán.

A estas alturas, si hay una verdad empírica sobre el presidente es que no hace nada que no le beneficie, o al menos crea que le va a beneficiar. Y el indulto a Griñán no le beneficiaría en nada. Es más, le perjudicaría. La única razón no sonrojante para el indulto es la consideración humana hacia una persona de setenta y seis años (me imagino que es la que ha llevado a Fernando Savater a ser uno de los cuatro mil firmantes de la petición; muchos de ellos, efectivamente, sonrojantes). Pero esa razón a Sánchez le da igual. Hacer un gesto por el partido podría ser lo único, pero me parece insuficiente.

Al contrario, Sánchez debe de estar pensando que le han servido la jugada en bandeja. Se da por hecho el indulto, ya se le ha criticado preventivamente por irlo a conceder, se ha señalado la incoherencia de que el político que llegó al gobierno denunciando la corrupción termine salvando a un corrupto. En esta situación, si Sánchez no concede el indulto habrá obtenido un fabuloso golpe de propaganda: inesperadamente efectivo y encima gratis. Algo (tanto lo uno como lo otro) que no acierta a conseguir su equipo de propaganda.

El daño, sin embargo, está ya hecho. Más allá del indulto en sí mismo (yo podría aceptarlo por la mencionada consideración humana, me reconozco aquí un blandengue al que le incomoda ver a Griñán en la cárcel), lo preocupante son los discursos que excusan, atenúan o incluso ensalzan el brutal caso de corrupción de los ERE en Andalucía, se llevasen o no dinero quienes lo cometieron. Discursos en los que también ha incurrido Sánchez. Lo desmoralizador, además del debilitamiento institucional sobre el que ha escrito Manuel Arias Maldonado, es que la incomprensión de la gravedad del delito deja a sus excusadores en la disposición perfecta para volverlo a hacer.

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16.9.22

Tragedia y comedia en la monarquía británica

[La Brújula (Zona de confort), 1:13:35]

Hola, Rafa Latorre. Yo sigo con la monarquía británica, cuyo espectáculo me fascina. Thomas Bernhard tiene un relato que se titula "¿Es una comedia? ¿Es una tragedia?". En Inglaterra están siendo las dos cosas a la vez, solo que cada una por su carril. Por un lado, el cortejo mortuorio de Isabel II, larguísimo, que ha ocupado toda la semana y aún le queda hasta el lunes; por el otro, los accidentados inicios en el trono de Carlos III. Por un lado, la tragedia de la muerte, que no deja de ser trágica aunque se produzca a los noventa y seis años; por el otro, la comedia de los tropiezos con plumas y tinteros, las muecas sobreactuadas pero divertidas de mal actor británico. La solemnidad del protocolo fúnebre a veces se desliza hacia la comedia: la rigidez de los guardias está a punto de resultar cómica... hasta que se desploma uno y somos devueltos a la tragedia. Con el nuevo rey, en cambio, la comedia parece imparable. En pocos días, ya ha tenido dos incidentes a la hora de firmar y los dos los ha resuelto de mala manera, con pésimo humor. El viernes pasado dije aquí que, por haber llegado tan tarde al trono, Carlos III era el patrón de los procrastinadores. O sea, lo hice mi rey. Y sus dificultades con la vida cotidiana han multiplicado mi adhesión. Pero, entre las risas, he pensado también en su tragedia: tal vez, simplemente, está dando los primeros pasos por un mundo sin su madre. Tal vez no se imaginara que, aun siendo rey, la realidad iba a seguir ofreciéndole una irritante resistencia, poniéndole tinteros donde no debía o plumas que manchan. Es una tragedia y es una comedia, porque es rey de Inglaterra y es como cualquiera de sus súbditos.

9.9.22

En la muerte de Isabel II

[La Brújula (Zona de confort), 1:29:07]

Hola, Rafa. La longevidad de Isabel II de Inglaterra permite pensar en la relación entre la monarquía y la vida. El monarca, que lo es por ser hijo de otro monarca, incorpora a su puesto los avatares biológicos: lo vemos de niño, de joven, de mayor y de anciano. Y, como en el caso de Isabel II, lo vemos morir. Siempre cabe la abdicación, pero el empeño de Isabel II por llegar hasta el final tenía que ver con esto: ella sabía que el misterio de la Corona se apoya en el de la vida; y el misterio definitivo de la vida es la muerte. El rey que abdica nos hurta el último acto de su representación. A los gobernantes surgidos de las urnas los tenemos (los padecemos) solo un periodo, y esto es lo democrático, lo saludable. Un gobernante vitalicio es algo insano. Así ocurría con los monarcas absolutos. En las actuales monarquías parlamentarias, en las que el rey es un mero símbolo, desaparece este aspecto dañino y queda la exposición biológica: las edades de ese hombre o esa mujer sucediéndose en su vitrina. Para el pueblo es una referencia vital: los británicos tienen asociada una imagen de la reina a sus recuerdos a lo largo de casi un siglo. Con el heredero, el ya rey Carlos III de Inglaterra, el proceso se ha dado de un modo peculiar. Llega al trono con setenta y tres años, y la vida asociada a él se ha mantenido como a la espera, sin concretarse, sin definirse. Es el patrón de los procrastinadores. Con el mal gusto que me caracteriza, celebré que se lo jugara todo por Camilla con esta exclamación: "¡Su reino por un caballo!". Pero ahora obtiene el reino y Camilla es su reina consorte. Por este lado, ¡final feliz!