3.7.26

Saramago no, Lobo Antunes sí

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:22
 
Buenas noches. Se aproxima el final de estas opiniones ultramontanas y veo que me he dejado fuera a mi escritor más detestado de todos los tiempos: José Saramago, que era un piernas y lo que escribió lo hizo dos piernas, sin que por ello lograse caminar. Suelo decir que tiene una novela buena: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero es buena justamente porque no es suya, sino de Antonio Tabucchi; por más que la escribiera Saramago. Su indigencia literaria, por la que le dieron el premio Nobel de Literatura, es más palpable si se la compara con la excelencia de su gran oponente portugués: António Lobo Antunes, una de cuyas mayores virtudes es que abominaba de su compatriota Saramago. Como los españoles son perezosos, se quedaron de Portugal, además de con Pessoa, con Saramago; cuando tendrían que haberse quedado con Lobo Antunes. Aquí se le lee poco, pese a que sus obras están admirablemente traducidas en Siruela por Mario Merlino y esta editorial publicó en 2001 Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco. Ahora los lectores tienen otra oportunidad de engancharse a este gran autor con un espléndido libro introductorio que acaba de llegar a las librerías: António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, de Rafael Maldonado (editorial Confluencias). Maldonado logra presentar con pasión y seducción al difícil Lobo Antunes, hablándonos de su interesantísima vida (fue aristócrata, psiquiatra, médico en la guerra colonial de Angola, jugador en el casino de Estoril, complicado amante de muchas mujeres y mil cosas más) y también de su obra, de la que se nos va dando claves mediante la recreación de un paseo crepuscular por Lisboa, ciudad a la que también se homenajea. Si estragaron su gusto leyendo a Saramago, recompónganlo con el Lobo Antunes de Rafael Maldonado. 
 
* * *
PD.– La obra de Lobo Antunes está actualmente editada en Penguin Random House.

2.7.26

A favor del verano

Con mis ventiladores en estéreo estoy como en el ojo del huracán. Me acarician vientos frescos, mientras la ciudad hierve o se calcina. La diferencia con el aire acondicionado es que este proporciona un frío abstracto. Los ventiladores son sensuales: te llevan el frescor a la piel. Y proporcionan un zumbido sedoso que anula el mundo. Suena el piano de Keith Jarrett interpretando a Carl Philipp Emanuel Bach (sonatas Württemberg) y la música tiene que acoplarse al rumor, encauzándolo en su melodía y su ritmo.
 
Carl Philipp Emanuel Bach es para mí el símbolo de la siesta feliz. Felicidad por disolución. ¿Cuántos años tendría, diecisiete, dieciocho? Me había echado tras la comida. En Radio 2 (hoy Radio Clásica) había un ciclo de CPE Bach a esa hora. No era verano, sino otoño. Me adormilé con la música, perdí la noción del tiempo. Una luz filtrada por la cortina me daba en la cara. Su jugueteo me provocaba un embeleso que se entretenía. Era la fusión de las notas con el sol, y la insinuación de una región aérea a la que yo había sido transportado. Aunque no a un pasado, como el tema de Vinteuil de En busca del tiempo perdido, sino hacia un futuro. Desperté por fin, habiendo experimentado la verdad metafísica de que la sustancia de las cosas es alegre.
 
Esto se desata en verano. Tuve la misma percepción el sábado, en mi primer día de playa. Me había dado el baño inaugural, bautismal siempre: la flotación en el líquido amniótico del Mediterráneo, ese azul que es reflejo del cielo, la reacomodación gravitatoria de los órganos y la circulación de la sangre como un delfín por las arterias, el aligeramiento de las preocupaciones. Después me puse la gorra, las gafas de sol y eché a caminar por la orilla. No sé cuánto estuve, debí de hacer kilómetros. Era como penetrar en una masa palpitante que no se terminaba nunca, hecha de cuerpos, risas, chapoteos, charlas, colores, carreras, saltos, también pasividad en las toallas, abrazos, besos, lectura, con el sol arriba y las olas al lado, su vaivén físico y sonoro. Un estruendo sostenido que era el de la alegría.
 
Me acordé de los versos sin puntuación de Apollinaire: "He aquí que viene el verano la estación violenta / Y mi juventud ha muerto como la primavera / Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente". En otra playa Octavio Paz (quien, por cierto, tituló un libro La estación vilenta) se puso fino con nostalgias apolíneas: "Hay turistas también en esta playa, / hay la muerte en bikini y alhajada, // nalgas, vientres, cecinas, lomos, bofes, / la cornucopia de fofos horrores". Pero mi impresión fue gozosamente dionisíaca, con horrores y con bellezas (¡tetas, espaldas, piernas, hombros, bocas, ombligos, culos!), todo revuelto y todo vivo.
 
El componente lúgubre, bajo el sol, tampoco faltaba. Por detrás de mi paseo vitalista, a cada paso, se producía la lección de Ricardo Reis: "Si aquí de un manso mar mi honda huella / tres olas la borran, / ¿qué me hará el mar que en la atra playa / es eco de Saturno?". Atra es un latinismo que significa "negra, oscura, sombría". Lo de Javier Marías también: Negra espalda del tiempo. Pero el paseo era de frente. Sin ignorarlo, avanzar.
 
Otro verano por delante, con la sintonía del Samba de verão (¡o El nadador!). A favor, naturalmente, de la vida crepitante y tropical. Su estética calurosa. Su tiempo que se ensancha. Sus noches de terraza cuando hay brisa. Y la brisa perpetua en la cama que suscita el ventilador. Que tampoco falta en el escritorio, donde refresca ahora mi prosa.
 
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28.6.26

Abominable semana sanchista (¡y Schopenhauer!)

[Montanoscopia]  
 
1. Había, hasta hace no tanto, como una humildad de época. Tal vez fuese la famosa posmodernidad, irónica, descreída de las grandes palabras y los grandes relatos, dolorosamente consciente en el fondo de las matanzas que habían provocado estos. Entonces, la frase "en el lado correcto de la historia" solo se utilizaba como arma arrojadiza: para endosársela a algún pomposo y reírnos de él; era ante todo una defensa, o una conjura de a lo que ese pomposo remitía. Una vez se la solté a una novia inteligente ("¡estás en el lado correcto de la historia!") y me dejó de hablar. Se entendía como burla, como acusación: aun en la pelea, los dos entendíamos lo mismo. Hoy ha cambiado. Son los propios pomposos los que se la aplican, con una ufanía insufrible, no menor que su estolidez: "Estoy en el lado correcto de la historia". O sea, que ya se vienen enfilando las nuevas matanzas.  
 
2. Abominable semana sanchista, entre la corrupción a chorros del PSOE (de la que forma parte la corrupción retórica), la despectiva mediocridad autocrática de Sánchez y el espectaculito de sus consentidores, que va de la adhesión sonrojante al silencio temeroso. Para que haya un franquismo hace falta que haya franquistas.  
 
3. Los ciudadanos que visitan el Congreso suelen decir que ven el hemiciclo más pequeño de como aparece en televisión. Dudo que en adelante pueda verse más pequeño de como ha aparecido estos días en televisión.  
 
4. Una oscurantista Rocío Palacios del PSOE de Almuñécar (¡de Almuñécar!) jalea en un tuit el vídeo de la proetarra Mertxe Aizpurua en el Congreso: "Pedazo de intervención que deja al PP en el lugar que le corresponde". Afortunadamente, Ampudia y Mercutio le hacen un sándwich ilustrado con sendas respuestas exactísimas. Ampudia: "Hace nada se mataban entre ellos, ahora hacen negocios. Como las familias de la mafia". Mercutio: "En una investidura de Frankenstein alguien tiene que ser el ano".  
 
5. El equilibrado Tsevan Rabtan también está que trina: "El PSOE ya solo merece su desaparición". En efecto, cada elección futura en la que los españoles no pasokicen al PSOE, no solo será una indignidad política, intelectual y estética de los españoles, sino un error que pagarán más temprano que tarde.  
 
6. Y en este contexto de degradación, el PP no es la contraparte seria, institucionalista, senatorial, sino que lanza vídeos histéricos (¡de pijos pichacortas!) como el de Nuevas Generaciones tras la retirada del pasaporte a la mujer del presidente por el juez Peinado.  
 
7. En su estupendo último podcast, Arcadi Espada, además de leer un espectacular párrafo de Bret Stephens sobre Estados Unidos y Trump (de aplicación calcada a España y Sánchez), dice que Schopenhauer es el autor con el que anda ahora. Cita una de sus grandes sentencias: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer [en el sentido de elegir] lo que quiere". Relacionada íntimamente con ella, cito yo otra, mi favorita (precisa y fulgurante; y refutadora de aplazadores como yo): "Solo la ejecución sella el propósito". 
 
 8. El mejor artículo sobre el terremoto de Venezuela lo escribió Savater en 1985, cuando el terremoto de México de aquel año. Se titulaba Finisterre, el nombre del hotel mexicano en que se había alojado en su anterior viaje. Al marcharse, se le olvidó devolver la llave de su habitación. Ahora la llave no era de ninguna puerta: el hotel se había derrumbado en el terremoto. Entre otras reflexiones (y emociones) recordaba, a propósito de la llave, el poema de Borges sobre Las cosas: "Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido". 
 
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25.6.26

La máscara profunda de Mar de Marchis

Uno de los efectos divertidos de La bola, de Daniel Verdú, es que muchos se han puesto a escribir sobre Jot Down para resaltar la irrelevancia de Jot Down. La avalancha ha terminado produciendo un salto cualitativo y la revista se ha convertido por fin en el New Yorker español.

Como mis simpatías están con Jot Down, para la que escribí y que publicó mi primer libro, empecé La bola (Alfaguara) con prevención. Pero me ocurrió esa cosa maravillosa de que, pese a mí, me conquistara. Su escritura es estupenda, cuenta muy bien una historia y te deja con un montón de incitaciones para la vida. Supongo que no les ha agradado a la familia ni al fundador y actual editor Ángel L. Fernández porque ellos tienen demasiado presente la realidad y ven ante todo las carencias (y puede que tergiversaciones) del libro; y que la perspectiva del autor sea la del poder prisaico actual, con contaminaciones de Enric González. Pero el libro es bueno en sí, funciona y, en lo que a mí respecta, no es incompatible con la experiencia que tuve; al contrario, la realza.

Ha crecido mi cariño por Mar de Marchis y se ha agigantado su figura. Recuerdo la primera vez que me llamó. Yo venía de malas experiencias en otras publicaciones digitales y lo primero que le solté fue que no pensaba participar en otra. "Pero a ti te gusta escribir", me dijo. "Mi problema", le respondí, "es que me gusta escribir tanto como no escribir". Me fue ganando en la conversación, aprecié que su cabeza fuese distinta a la de los mastuerzos anteriores y al final llegamos a un compromiso: como yo iba a seguir con mi blog en cualquier caso, le ofrecí la primicia de las entradas que me salieran más largas. Por el momento no tenían dinero, pero me prometió que al cabo de un año empezarían a pagar. Una de las sorpresas de mi vida fue que al cabo de un año empezaron a pagar.

Colaboré siempre desde fuera y nunca supe de las interioridades de su funcionamiento, cuyo arranque ha contado ahora Javier Bilbao. Como lector, antes de que Mar me llamase, conocía Jot Down porque había publicado largas entrevistas con algunos de mis ídolos: Fernando Savater, Félix de Azúa, Arcadi Espada... (entrevistas precisamente firmadas por Bilbao). Del blog de Espada, por cierto, hubo una afluencia de colaboradores (Tsevan Rabtan, Manuel Jabois, Juanjo Jambrina, yo mismo) por la recomendación de Pechelingue, el único que estaba tanto en La Página Definitiva (germen de la revista) como en el Nickjournal. (Estos días me ha dicho Bigote Prusiano que él también me recomendó.)

El asunto es que para mí fue un gustazo verme de pronto en la publicación de moda, que logró serlo porque estaba haciendo las cosas bien. En un encuentro sobre revistas culturales que hubo en La Térmica de Málaga, Ángel L. Fernández sembró el pánico entre los posturitas de las demás al hablar, con un pragmatismo deslumbrante, de cómo Jot Down estaba consiguiendo la "monetización". Con cuatro frases, ejemplo de otra manera de pensar, desterró a los otros a un pasado inútil del que ya no se recuperaron el resto de la mesa redonda (ni creo que de sus vidas). El "socio sevillano" del que se habla en La bola, pues, fue la otra pata imprescindible del proyecto, que caminó porque estaban los dos, Ángel y Mar.

Con ella era con la que trataba de mis artículos. Las pocas veces que me sugirió cambios eran buenos cambios: sabía editar. Cuando empezaron a publicar libros en Jot Down Books, se empeñó en publicarme uno. Como yo no se lo escribía, me dijo que le preparara uno que estuviera escrito. Así salió Inspiración para leer, hecho con textos que ya tenía. Mientras trabajábamos en la edición, de la que se ocupó Rubén Díaz Caviedes, hablé con frecuencia con ella. Llegó a leer el manuscrito (sobre el que me hizo otro par de sugerencias buenas) y el prólogo en que le daba las gracias. Luego entró en coma. Habíamos hablado dos días antes. Me contó que le había sostenido la mirada al Inocencio X de Velázquez en el palacio Doria-Pamphili. Durante los meses que siguieron pensé que solo él podía devolverla a este mundo. No lo logró.

Exceptuando ciertos toques moralistas, muy de su casa (ese moralismo de El País y la SER), Verdú indaga con acierto en el juego de máscaras que internet potencia, desatando los laberintos latentes del yo y lo real. Fueron formidables los años salvajes del invento, aunque solo algunos operaron más allá de la pantalla (quitando los encuentros personales que se terminaban produciendo, para los que internet no era más que un preparativo). El personaje de La bola me recuerda al de otro libro que triunfó como novela hace unos años y que yo sabía que se basaba en hechos reales (aunque su tratamiento literario resultaba extraordinario: por eso triunfó). Eran seres nietzscheanos, que se atrevían a ejercer el poder que tenían al alcance. Esto los dotaba de densidad trágica, algo abismal.

Precisamente Mar me llamó una tarde para que le explicara un aforismo de Nietzsche que yo había citado en un artículo: "Todo lo que es profundo ama la máscara". La lectura de La bola me ha emocionado porque he comprendido que era exactamente así en su caso. Aunque ella fingía que no se enteraba, para que hablásemos más. Si se lee sin moralismo, en favor de la vida, de la tragedia y la comedia de la vida, la Mar de Marchis de La bola era una verdadera artista, una princesa que exploraba, que intentaba no solo no desplomarse, sino también construir.

Después de su muerte todavía escribí un par de artículos para Jot Down, los más tristes de mi vida. Pero sin ella ya no tenía sentido. Quizá mi homenaje tendría que haber sido seguir, pero mi homenaje fue dejarlo. Y tomarme un negroni con mi amiga Dolores, una de las pocas personas que la conoció. 

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21.6.26

El culo de la paloma

[Montanoscopia]  
 
1. Escribí el artículo "Muerte por amor" a propósito de la de Marjane Satrapi. No había leído aún Pollo con ciruelas, su segunda mejor novela gráfica tras Persépolis. Me la recomendó una lectora, porque al protagonista le pasa lo mismo que le ha pasado a Satrapi, o que ella hizo que le pasara; es decir, ella tenía ya interiorizada esa conducta. Tal vez fue simplemente un diagnóstico que se confirmó como autodiagnóstico. El protagonista es un músico de tar (especie de laúd de origen persa) al que le rompen su instrumento. Busca otro, pero ninguno suena igual: no lo puede sustituir. Así funciona el amor único. Tras varios intentos vanos, abandona: "Dado que ningún tar podía devolverle el placer de tocar, decidió dejarse morir".  
 
2. Está bien el libro La bola, de Daniel Verdú (Alfaguara). Si nada se interpone, le dedicaré mi columna del jueves (al libro, a Jot Down y a Mar de Marchis). Pero quiero traer aquí un mojoncillo desgajado. En el contexto del 15-M, escribe el autor: "Y de repente, por la derecha, crecía un nuevo partido amamantado en el rencor contra el nacionalismo catalán y fundamentado en la nada con burbujas de sifón de su líder". El rencor contra el nacionalismo catalán. Otra muestra de la aberración de la patética izquierda española que ve progresismo en lo más reaccionario. Félix Ovejero la llamó muy justamente "la izquierda reaccionaria".  
 
3. Ovejero ha seguido profundizando en esto último en La invención del agravio. Nacionalismo y crisis de la democracia española (Alianza). Lo presentó en Málaga la semana pasada con Manuel Toscano y Guillermo Díaz. Estaba también Inés Arrimadas, a la que le dije que, cuando salió con el pelo revuelto tras su victoria en Cataluña, cité la imagen de un poema de Jaime Gil de Biedma: "despeinada / por un viento solo tuyo". Luego en la cena le solté a Ovejero eso que le reprocha Arcadi Espada de que siempre escribe democracia entre comillas. Respuesta de Ovejero: "A lo mejor es porque yo sé de democracia".  
 
4. Mi amigo Arias dedicó su última columna en The Objective a cuestionar a los votantes acríticos de los partidos, aunque de paso cuestionó a los únicos votantes críticos que ha habido en toda la historia electoral española: los de Ciudadanos, cuyo voto crítico de 2019 tuvo la desdichada consecuencia de acabar con el partido. En el lado opuesto están los fieles votantes del PSOE, que lo siguen votando haga lo que haga el PSOE. Ese tercio fijo de electores constituye ya un auténtico lastre predemocrático en España. Se podría cambiar "predemocrático" por "acrítico", precisamente. De fondo está la cuestión de los suelos de los partidos: el grupo de votantes que nunca dejará de votarlos y que les da a los partidos consistencia. Ciudadanos carecía de suelo porque sus votantes venían de ser críticos con otros partidos; y terminaron siéndolo, mortalmente, también con Ciudadanos.  
 
5. Después de su concierto en Madrid, en el que cantó una vez más la para mí insufrible "Cucurrucucú paloma", Caetano Veloso reveló una cosa divertidísima sobre la canción. Dijo que a un brasileño le cuesta mucho trabajo cantarla sin partirse de risa. Es que en portugués cu es culo. La transcripción española vendría a ser: Culoculorruculoculo paloma. Me imagino que en las retransmisiones brasileñas y portuguesas del Mundial también se troncharán cada vez que tengan que hablar de nuestro Cucurella.  
 
6. Hoy 21 de junio empieza el verano y, como siempre, me pego un atracón sonoro de "Samba de verão" (o "Summer samba" o "So nice"). Para quienes quieran sumarse, he hecho una lista de reproducción con versiones. 
 
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19.6.26

Mi Generación del 27

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:17
 
Buenas noches. El centenario de la Generación del 27 se conmemorará el próximo año. Falta mucho, pero el que golpea primero golpea dos veces. Así que voy a soltar unas cuantas opiniones ultramontanas sobre esa generación. Para empezar, es un grupo sobrevalorado en cuanto a la cantidad y calidad de sus componentes. Yo solo contabilizo a dos poetas. O como mucho, por traer esa expresión de Clarín que Trapiello suele recordar, a dos poetas y medio. Los dos poetas son Lorca y Cernuda. El medio sería Guillén. Los demás no son más que señoritos del verso. Tienen poemas pintones, claro, pero podrían ser cruasanes. De mis paisanos Prados y Altolaguirre mejor no hablar: siempre se les ha mantenido en un justo segundo plano. El burgués Salinas solo se animó un poco cuando se echó una amante y puso en marcha aquello que Gil de Biedma definió como "la poética del lío". De su título La voz a ti debida decía Juan Ramón: "¡Me la debe a mí!". Aleixandre fue un abuelete desde los veinte años, y para no meterse en problemas hablaba en femenino de sus amores homoeróticos; a diferencia del valiente Cernuda. De Gerardo Diego, eso: como decía Borges, ¿en qué quedamos, en Gerardo o en Diego? En cuanto a Alberti, yo tengo la teoría de que él debió haber sido el fusilado en vez de Lorca. Al fin y al cabo, Lorca estaba en plena progresión fulgurante en 1936, mientras que Alberti ya no era más que, como él mismo reconoció diez años después, el "coplero del partido". A la altura de Lorca y Cernuda solo está otro poeta algo más joven, ya de la siguiente generación: Miguel Hernández. Así que yo celebraré el centenario del 27 leyendo a Lorca y Cernuda, y medio leyendo a Guillén. ¡Punto!

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PD.– Me olvidé en la radio de Dámaso Alonso. Pero también tengo para él: fue el animal más feo del mundo (y murió el mismo día que Ava Gardner, el más bello).

18.6.26

Zapatero, bluf moral

Confieso que me ha sorprendido la cara de Zapatero en su reaparición para declarar ante el juez un mes después de que se descubriera su tomate. Era una cara normal. Me imaginaba una devastación facial a lo Topuria, como si la vergüenza y la conciencia de que todo se ha acabado se la hubiera puesto como una remolacha. Aunque la remolacha irá por dentro.
 
A los de la izquierda nietzscheana no nos ha sorprendido que el predicador resultara un maleante. Las maniobras del exhibicionismo bondadosista, con efectos inquisidores, ya nos las conocíamos por La genealogía de la moral, del maestro; ese agudo psicólogo por que Nietzsche se tenía. Al fin y al cabo, los crímenes de cursilería en que Zapatero siempre ha incurrido eran signos de falta de piedad. Solían presentarse chantajísticamente: si no te plegabas a su sentimentalidad, eras un desalmado. Fue uno de sus mecanismos de poder.
 
Todo suele estar a la vista, como la manoseada carta de Poe. A la vista, o a poca distancia si se escarba o se busca la conexión. Aquel dibujo que Zapatero hacía de sí mismo como "supervisor de nubes" remitía al Yo, inspector de alcantarillas del falangista (y vanguardista tostonazo) Giménez Caballero. Las únicas nubes que ha supervisado ZP han sido las reflejadas en sus joyas. Sus delitos peores, por lo demás, no son penales en sentido estricto, pero sí de una gravedad obscena: la resurrección del guerracivilismo en España, el aliento al nacionalismo, la complicidad (ahora sabemos que interesada) con dictaduras.
 
Un problema para el enjuiciamiento global de Zapatero es su aparente división en dos. Estuvo el Zapatero de su primera legislatura como presidente y el Zapatero de la segunda. Se dice que el primero fue el bueno y el segundo el malo; siendo para mí el primero el más reprobable (exceptuando sus reconocidos aciertos de la ley del matrimonio homosexual y la antitabaco). Eso ha impedido el repudio completo entre los suyos, y en esa sombra ha prosperado. Con él me acuerdo de la lección del instituto en que el profesor de filosofía nos explicaba por qué se decía "primer Wittgenstein" y "segundo Wittgenstein". Hay pensadores tan grandes, explicaba, que dan para dos filosofías diferentes.
 
Yo a Zapatero lo veo bastante unificado, aunque la gente no suele verlo así. He encontrado ahora el vídeo en que el PSOE pide perdón por Zapatero. Es de noviembre de 2012. El nombre de Zapatero en realidad no aparece, porque el vídeo se titula Militantes del PSOE piden perdón. Lo hacen, eso sí, por cosas que ejecutó Zapatero, el segundo Zapatero. El vídeo es cutrísimo y los militantes en cuestión unos mataos. ¿Habrá prosperado alguno? Parece el pleistoceno de la comunicación. Tampoco debemos olvidar que es de ahí de donde sacó Sánchez al PSOE.
 
Me acuerdo también de los de la ceja, aquellos que daban la turra con el poema de Benedetti: "Defender la alegría como una trinchera". A los que se oponían los acusaban de cenizos.
 
El primer Zapatero fue el angelito que destruyó el país, económica y moralmente. El sanchismo no es más que la prolongación descarnada, desinhibida, con todas sus posibilidades optimizadas a tope, del zapaterismo.
 
Habría que contemplar su caída nietzscheanamente, es decir, sin resentimiento. Con interés de entomólogo. Tratando de revertir todo el pus hacia la vida, hacia la alegría de vivir (esta vez sí) contra estos sórdidos moralistas delincuenciales. También la vida triunfó en ZP, por otro lado: operando con su salvaje materialidad (bueno, en la medida en que sea material el dinero, esa abstracción) por debajo de toda la pútrida mermelada pestilente con que nos atufaba. 
 
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14.6.26

Las guerras civiles que deja atrás el Papa

[Montanoscopia]  
 
1. Se va el Papa dejando atrás un reguero de guerras civiles en España. No nuevas, sino reactivadas. Y no por el Papa en particular, sino por los ufanos españoles con la excusa del Papa, como con la excusa de cualquier cosa que les echen. A los españoles les va la marcha guerracivilista, eso es todo. Y permítanme que hable en tercera persona, porque yo soy demasiado fino para ser español. A lo que diga mi carnet no le hagan caso. De los sermones del Papa se han servido las izquierdas y las derechas para tomar el trozo de la redonda pizza papal que les convenía y apedrear con él a los de enfrente. El efecto ha sido el de un mensaje fragmentado, como el espejo del que habla Eliot en La tierra baldía: "un montón de imágenes rotas donde golpea el sol" (traducción de Irles). Esta ha sido la guerra civil ideológica o partidista. También ha estado la guerra civil geográfica, con los apedreamientos entre Madrid y Barcelona, es decir, entre la cosa populachera y la cosa burguesa. Mi tesis es que resultan equiparables, porque la Sagrada Familia viene a ser un Himno a la Alegría cantado por Bustamante de piedra; pero qué más da. Y por último la guerra civil entre católicos y ateos, en la que los católicos les han lanzado a los ateos la pizza papal completa; teniendo los ateos para lanzar apenas sus lecturitas y su envalentonamiento ante la nada. Yo estaría aquí, pero también da lo mismo. Solo han sido felices de verdad –felices y ecuménicos– mis amigos Peláez y Bustos, que han vivido como niños su semana Disneylandia, traduciéndola en fabulosas crónicas papales.  
 
2. Otros amigos como Garrocho, Mejía, Arias y Ovejero se han esforzado en filosofar, el primero con el Papa y los otros contra el Papa, pero productivamente todos. Aparte están los del ateísmo parroquial, esos autoproclamados ateos (habitualmente apacentados en El País o la Ser) que, a pesar de lo rumbosos que se ven a sí mismos, no son más que unos obedientes beatos de comunión diaria en la religión sanchista, bajo la vigilancia de una Inquisición de muerte a la que no osan incomodar. Lo humano, lo único excusable, es que su prioridad son los negocios.  
 
3. Conforme más se evidencia la podredumbre corrupta y criminal del sanchismo, más me pasman los misceláneos de los miércoles, el jomacho de los sábados y las cheerleaders de los domingos: ratas que no saltan, paralizadas como conejos ante los faros del camión. Solo tienen un problema técnico, aunque lo van sorteando con pericia: el de la búsqueda del tema del que hablar para no hablar de lo que tendrían que hablar. Al cabo, son misceláneos todos y nada humano les es ajeno, salvo (como puntualizaba Toscano) las fechorías de Sánchez. 
 
 4. Feijóo, por su parte, trata de difundir un mensaje regeneracionista que no cuela. ¡Que lo dice desde el PP, macho! ¡El partido al que tumbaron por corrupción! Será menos malo que gobierne el PP, incluso en tétrica alianza con Vox, solo porque detendrá la entropía del sanchismo, que nos lleva a un agujero negro. Pero ni hay proyecto, ni hay ilusión ni hay nada. Y entre los votantes, únicamente hastío hacia (contra) esta generación de políticos mediocres; que, eso sí, vaya si les representan. ¡Hipócrita elector, su semejante, su hermano!  
 
5. Premio Princesa de Asturias de las Letras a Julian Barnes. Un autor agradable y menor al que los autores españoles adoran porque han aprendido de él cómo ser menores. Algo que logran con facilidad. No así lo de ser agradables. 
 
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11.6.26

Muerte por amor

"¿Pero cuál es la causa médica?", preguntaban los botarates ante el comunicado de la familia de la autora de Persépolis: "Marjane Satrapi murió de tristeza un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida". Tristeza, amor: palabras que exceden a los cientificistas. Claro que habría elementos cardiovasculares y otro tipo de objetivaciones médicas, como explican ahora los puntillosos artículos sobre la posibilidad de una "muerte por amor"; pero lo que había ante todo era el amor, o la tristeza tras su pérdida. Especies raras en los periódicos.
 
Me he puesto la película, tan buena como el cómic, y allí la autora narra su deriva en Viena tras una primera decepción amorosa. En el punto más bajo dice: "Había vivido una revolución que me había quitado a una parte de mi familia. Había sobrevivido a una guerra. Y por poco me mata una banal historia de amor". Ahora la ha matado a los 56 años una historia de amor no banal. En 2020 le preguntó Marc Bassets para El País si pensaba volver a Irán y respondió: "No es buena idea. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión. Si me encerrasen, moriría a las dos semanas". El amor y la libertad. Y, si no, la muerte.
 
No deja de resultar emocionante desde el punto de vista del surrealismo, el último coletazo profundo del romanticismo. Octavio Paz lo sintetizaba bien en su artículo sobre el movimiento recogido en Las peras del olmo: "En Arcano 17, André Breton habla de una estrella que hace palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su luz la forman tres elementos: la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para formar una estrella única". Satrapi, que ya había luchado auténticamente por la libertad (lucha que entre nosotros es casi cosmética, pero que en ella fue real, brutal, contra la teocracia iraní) y había ejercido con brillantez la poesía (mediante su manera de vivir y su obra), certifica con su muerte lo que para ella era el amor: todo.
 
Algo que, por otra parte, prueba su naturaleza de enfermedad mortal. Una enfermedad paradójica: puesto que es también la que otorga una vida que merezca llamarse vida. Como le escribía Cernuda a su amado: "Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido". Satrapi ha muerto radicalmente porque vivió radicalmente. Una variante quizá más cruel es la supervivencia en una vida sin vida. Savater, que siempre estuvo alegre, ha dicho que tras la muerte de su amada descubrió que se puede vivir con tristeza.
 
El milagro del amor es que, como escribió Borges, "nos deja ver a los otros como los ve la divinidad". Es también un culto de idolatría ("a lo que es temporal llamar eterno" –Lope de Vega), que lleva la penitencia en su pecado. Concentrar la potencia de la vida y el sentido del mundo en otra persona expone completamente al amante y lo deja inerme. Se cabalga un relámpago que puede durar un día o un siglo, y después nada.
 
Hay otra modalidad nefasta, casi más dolorosa que la de la pérdida por muerte: la del amor no correspondido. El dolor por la muerte es profundo, inconsolable, devastador; pero limpio: es un dolor puro, sin adherencias. El del amor no correspondido mantiene la felicidad y el alivio de fondo de que la persona amada está bien, pero lo enturbia su rechazo y la conciencia de que la vida preferida sería posible aún pero va por otro camino inalcanzable, mientras se agota el tiempo.
 
El amor, en fin de cuentas, es una trampa: quien lo prueba está condenado. Con suerte, su condena la pasará en la "dulce cárcel" de que hablaban los trovadores y habló el petrarquismo. Pero siempre con la amenaza de la separación, que se termina consumando. Y en el caso del amor no correspondido, ya lo he apuntado, la cárcel amarga de la vida doliente. Como en el clásico de Ary Barroso "Na Baixa do Sapateiro", que cuenta un flechazo fatal en esa calle de Bahía: "Oh, amor, ai / amor bobagem / que a gente não explica, ai, ai / prova um bocadinho, ô / fica envenenado, ô / e pro resto da vida é um tal de sofrer / ôlará, ôleré". Ese veneno, al cabo, es una causa médica.
 
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7.6.26

Un perdedor neto del sanchismo

[Montanoscopia] 

1. Yo no quiero que haya elecciones anticipadas. No quiero perderme el retrato de Dorian Gray en lo mejor. 

2. Estas ansias absurdas del PP por pactar con el PNV y con Junts, aunque sea una moción de censura "instrumental", nos recuerda que en el PP no se han enterado de nada. Como cuando pacta (esto fatalmente consumado) con Vox. En los tres casos por lo mismo: por consentir a la reacción, cuando se pretende de centro (de "centro-derecha"). El PP es el único partido institucionalista que queda (el institucionalismo es ya la fase más modesta, casi irrisoria, del constitucionalismo) y no da la talla. Aunque puede que termine ganando justo por esto: el pueblo español tampoco da la talla. 

3. Un amigo posibilista reprueba reflexiones (o posturas) mías como la anterior. "¿Pero entonces qué hacer?". Es verdad que la política es "el arte de lo posible". Lo percibo con crudeza en nuestra situación. Pero algunos estamos en otra cosa, reconozco que irreal. Lo posible no lo es todo. Me resisto a rendirme al arte de la política. 

4. El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa. La lástima es que él se irá, pero seguirá ya toda la vida ese porcentaje inasumible de españoles a los que les he perdido el respeto. 

5. Un perdedor neto del sanchismo es Antonio Muñoz Molina. Porque es tal vez el único que llegó con prestigio previo. 

6. Hay un elemento que permite calibrar si un escritor tiene o no fibra moral (y, como consecuencia de ello, tensión y valor en su mundo, en su estética): si se arriesga a la segmentación de su mercado. Al que no se arriesga lo podemos calificar, además de comercial, de pancista. 

7. Camino por la Feria del Libro de Madrid erguido, rápido, con aprensión. Llevo meses metiéndome con escritores y temo que alguno me dispare desde su caseta. Al contrario que el tiro al pato en las casetas, esta vez el pato va por fuera y soy yo. Pero encuentro amigos: Carlos Hortelano, Francisco Lapuerta, Jorge Mínguez (firmando Miro pasar el río), Daniel Gascón (firmando Los nuevos Bartleby), Pablo de Lora en ropa deportiva (le digo que quiere competir con la camiseta de Uclés) y el editor Alfonso Crespo, al que le he prometido mi Bernhard para Athenaica (lo tendrá). 

8. Caetano Veloso es la figura más importante de las que pasan estos días por Madrid. Su concierto en el Movistar Arena me sorprendió: me esperaba algo crepuscular, vitalista pero en estilo tardío (que era lo que yo necesitaba), pero decidió no ser un "soft Brazilian singer". Metió tralla con canciones reivindicativas ("Podres poderes", "Anjos tronchos", "Um índio", "Fora da ordem") y una banda ruidosa, con sonido confuso cuando se ponía a tope. Fue una exhibición enérgica, con Caetano no queriendo dejar entrar al viejo que Clint Eastwood ya ha dejado entrar. Había muchísimos brasileños, pero al final no pidieron el bis con el grito unánime de hace años: "Você parou! Parou por quê?". He comprendido que era un grito generacional. Pero a veces la banda se refrenaba y se producían ráfagas del Caetano (que por lo demás cantó extraordinariamente) que yo quería. No faltaron varias de mis canciones favoritas de siempre: "Sozinho", ·Não enche", "Queixa", "Desde que o samba é samba", "Odara". Ni por el tono ni por la actitud fue un concierto de despedida. ¿Volverá? Por si acaso, miré cómo se metía entre bambalinas, pequeño ya, desdibujándose con la niebla de los focos y perdiéndose como si fuese la última vez. Lo que nos ha regalado es muy grande. 

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4.6.26

Caetano antes

Caetano Veloso canta en Madrid este jueves 4 de junio. Decidí no ir a verlo y así lo proclamé. Del concierto anterior salí algo decaído. Pero al cabo de diez días (¡otra de mis fluctuaciones!) me dio un ataque agudo de caetanovelosidad y saqué una entrada. Escribo antes de asistir.

Será la décima vez que lo vea en España, la primera fue en Málaga y en Madrid el resto. Lo vi una más en el carnaval de Bahía. Caetano iba en el trío eléctrico de Gilberto Gil, con este y con Ney Matogrosso. Bailábamos detrás del camión con bafles que los llevaba, con nuestra lata de cerveza, sudados de tanta noche por el trayecto Barra-Ondina, cuando Caetano empezó a cantar "Chuva, suor e cerveja" y justo entonces se puso a llover. Qué momento de plenitud: era una felicidad de la que formaba parte cierta guasa meteorológica.

El trío eléctrico se creó en los cincuenta, pero al cabo de un tiempo pasó de moda. Fue Caetano el que lo rescató con la canción "Atrás do trio elétrico" en 1969. Sucedió que mientras los bahianos celebraban el reavivado invento en aquel carnaval, Caetano estaba preso junto a Gilberto Gil. Tras unos meses en la cárcel y otros cuantos confinados en Salvador, la dictadura militar los mandaría al exilio. Yo me aficioné a la música brasileña veinte años después, con los casetes de la colección Personalidade preparada por Roberto Menescal. El de Caetano Veloso empezaba, muy apropiadamente, con "Beleza pura".

Eso lo desató todo, y desde ahí más casetes, discos, conciertos, el programa de radio de Carlos Galilea (y en menor medida el de Rodolfo Poveda), las partituras con letras traídas de Río de Janeiro y los libros, entre los cuales destaca Verdad tropical, de Caetano Veloso, uno de mis tres favoritos, junto con Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro, que traduje para Turner, y Noites tropicais, de Nelson Motta. Y los viajes a Brasil. El último no lo hice porque lo impidió la pandemia. Y por supuesto, desde hace dos décadas, la totalidad de internet, con su música, sus vídeos, sus entrevistas, su información absoluta.

Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Lo mejor es que, incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de tristeza de calidad. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora general, cotidiana. Llevo dos tercios de mi edad escuchándola a diario. Me gusta recordar el aforismo de Nietzsche: "Sin música la vida sería un error". Y adaptármelo: "Sin música brasileña mi vida sería un error".

Es difícil que este no sea el último concierto de Caetano Veloso en España. Pronto cumplirá 84 y se reconoce cansado. Después de comprar mi entrada, y aún en pleno ataque de caetanovelosidad, hice la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda su obra. Se puede escuchar en Spotify (con 200 canciones) y en YouTube (ya perfecta, con 212). Es tal el nivel, la delicia, la emoción, la modernidad, la delicadeza, la (en efecto) belleza pura que creo que esta lista es lo mejor que he hecho en mi vida. Llevo un mes poniéndomela en todos los paseos de esta primavera que se va volviendo verano, con el mar en casi todas las ocasiones, o al menos la brisa y el sol, el calor cuasitropical también, o las luces nocturnas, y he experimentado una resurrección vitalista.

La vida no siempre ha estado en la vida, pero siempre ha estado en las canciones de Caetano Veloso. 

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31.5.26

Entiendo la corrupción pichaloca, pero no la corrupción pichatriste

[Montanoscopia] 

1. Lo de las joyas de Zapatero (feísimas, por cierto) me ha recordado una cosa que le escuché a Antonio Gala. En una conferencia que dio en Málaga en los noventa, uno del público le preguntó si no había contradicción entre su aspecto lujoso y sus predicaciones en favor de los pobres. Gala le agradeció la pregunta, porque a él mismo le había causado conflicto íntimo. "Hasta que un labrador de Antequera", explicó, "se me acercó un día y me dijo: don Antonio, a uzté lo queremo enjoyao, como loz zanto". 

2. La sorpresa por las ambiciones plutocráticas de Zapatero viene de que no se sabe para qué quería tantos billetes alguien como él. Aparte de la enfermedad abstracta de la posesión en sí, y de que quizá deseara dejarles el futuro resuelto a sus hijas, que no parecen muy espabiladas (en esto me identifico plenamente con ellas, como con el hermano zangolotino de Sánchez), no hay nada por lo que Zapatero necesitase ser rico. No es, para entendernos, un Ábalos, que se gastaba (¡gloriosamente!) la pasta en vida. Entiendo la corrupción pichaloca, pero no la corrupción pichatriste. La acumulación de capital, incluso en forma de joyas, es eso: una ilusión abstracta. Estuvo y ya no está: un sueño vano. En cambio, el modo que tenía Ábalos de fundirse el dinero le proporcionó grandes momentos que ya no le pueden quitar. Ha sido el Dioni del PSOE, pero sin tener que irse a Brasil a montarse el paraíso, sino que se lo montaba en el parador de Teruel. En mi declaración de Hacienda de este año no he marcado (no lo hago nunca) la casilla de la Iglesia. Pero si me hubiesen puesto una casilla para la corrupción de Ábalos, la habría marcado con alegría. Yo pago impuestos para la Sanidad, para la Educación y para el placer de Ábalos. A veces siento un remoto calambrito en el pene y me gusta pensar que es el retorno de mi cuotaparte. 

3. Mientras Sánchez ande en sus enjuagues con el Papa la semana que se avecina, traigamos de nuevo a Ábalos: el papa Borgia (otro cohetero valenciano) debió de ser como él. Hay un pasaje divertidísimo de El Anticristo de Nietzsche en que este celebra cómo gracias a los Borgia la Iglesia resucitó el paganismo: retornó la carne, el vicio, Dionisos finalmente triunfó en Roma. "Pero entonces", berrea, "llegó ese paleto alemán y todo volvió al principio". Lo cito de memoria, pero el cabreo con Lutero era más o menos así. En cuanto a la historia de España, también hemos vuelto al principio: corrupción y curas. El fin de semana que viene el cielo de España será un palio descomunal bajo el que se cobijarán todos nuestros putrefactos. 

4. La conversión de Ernestito Castro al catolicismo dos semanas antes de la visita del Papa es la cumbre carnavalesca del gran carnavalesco Castro, que lleva quince años con su vara de zahorí filosófica a ver si por alguna parte le sale agua. Siempre supe que terminaría siendo el nuevo Donoso Cortés. 

5. El surrealismo me educó en el amor loco. ¿Cómo no ver en Sánchez, de repente, ese amor? Para defender a su mujer, o por vengarla, se convirtió en Al Capone. De su encierro amoroso en 2024, deudor de la literatura pastoril (y de su parodia quijotesca), salieron partidas de bandoleros para socavar los fundamentos del Estado. Me recuerda un poco a Hitler, cuyo contrariado amor por la pintura tuvo el efecto tremendo de la Segunda Guerra Mundial. Por este desastre podemos calibrar las dimensiones de su amor. Como en Sánchez. 

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28.5.26

Vivir en el diario de Trapiello

Ahora cada año de Andrés Trapiello es especial, porque no sucede todos los años. Me refiero a sus años diarísticos, que son los que vivimos con él. En otros tiempos formaban parte de nuestra felicidad anual garantizada, pues no había año en que no se publicara un nuevo tomo del Salón de pasos perdidos. Félix Ovejero escribió en 2009 que todo 1 de enero sabíamos que nos aguardaban al menos tres alegrías antes de que llegase el 31 de diciembre: el Tour de Francia, la película de Woody Allen y el diario de Trapiello. El Tour se mantiene; a Woody se lo han cargado, aunque no del todo (actualmente prepara su prometedora película ambientada en Madrid); y Trapiello ha bajado el ritmo de publicación de su diario por el éxito que está teniendo con sus otros libros.

Algunos de estos libros son de encargo. Los editores son esos tipos que distraen al autor de lo que tiene que escribir. Tales libros son buenos, claro, y completan la novela de la vida; de hecho, al lector de los diarios le ha gustado leer El Rastro, Madrid y Próspero viento, además de la joyita que es La Fuente del Encanto, porque a su manera son extensiones del Salón de pasos perdidos. Pero es este en sentido estricto el que nos parece excepcional y del que quisiéramos leer más, al ritmo de antes. Querríamos ser la enfermera de Misery y encerrar al autor para que se pusiera al día con su obra. Aunque también entendemos que prefiera ocuparse de otros libros. Su diario, por otra parte, tiene una curiosa cualidad: podría haberse detenido ya, o hace un montón de tomos, sin que dejase de ser una obra maestra. Pero el que no lo haya hecho lo engrandece más aún: la extensión, como la de la Muralla China, ha pasado a ser un elemento de la obra. Al diario, en fin, le pasa como a la vida: queremos más, siempre más. Nietzscheanamente más.

La dilación con que ha salido el vigesimoquinto tomo del diario, De todo tiene (Ediciones del Arrabal), propicia por otro lado un placer extra: la percepción nítida del regreso a casa, al no tenerla fresca. Abrimos el libro y lo de siempre –la cita de Galdós ("Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela"), el prólogo y la primera anotación del año, en su primer día– se ha intensificado como todo placer que se demora. Y enseguida, otra vez, lo dicho: la casa. La dicha de haber vuelto adonde queríamos estar como lectores, con sosiego en estas páginas que suscitan sosiego. La impaciencia cesa y nos echamos a vivir otra temporadita en la obra en marcha.

De todo tiene es el diario de 2011. El lector contemporáneo de unos diarios puede evocar también sus propias fechas. Al hacerlo en este con las mías, me he dado cuenta del mucho tiempo que hace ya. Un tiempo que sigue latiendo aquí. De hecho, esta es la clave particular del género: el tiempo y la vida de ese tiempo. Al principio hay unas disquisiciones sobre la verdad y la mentira, y sobre creer o descreer en lo que sean o no. Pero lo importante, hecha de verdad o de mentira, de creencia o descreencia, es la vida: cómo en estas páginas está la vida; o una representación de la vida que está viva. Por eso con la lectura se la vive.

Nunca falta el lector que quiere saber por qué tomo del Salón de pasos perdidos comenzar. La respuesta es fácil: por cualquiera de los veinticinco. Por ejemplo, por De todo tiene

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24.5.26

Sin las detestaciones me faltaría vidilla

[Montanoscopia] 

1. Zapatero quedó ya sentenciado políticamente hace medio año con la disección que hizo del zapaterismo el historiador Julio Ponce Alberca en La ilusión traicionada. El principio del fin de la socialdemocracia española (Sr. Scott). Escribí sobre el libro aquí. Copio mi final: "La conclusión del autor es que la política de Zapatero se resumió en humo: no hubo avance en igualdad socioeconómica y ni siquiera en igualdad de género, no se abordaron reformas, empeoró la integración territorial, la sociedad se dividió. Todo fue una gran representación que terminó en el agujero de la crisis. Pura España (añado yo): puro barroco". La corrupción destapada ahora únicamente lo rubrica. Aunque en la política de Zapatero hubo algo que tiene más delito aún: la resurrección del guerracivilismo. En él seguimos: si no físicamente (por fortuna), sí retóricamente. 

2. En guerracivilismo incurren los Javis con su matraca de que solo ahora es cuando se habla de la homosexualidad de Lorca. ¡Si hasta Ansón publicó en el Abc los Sonetos del amor oscuro! El Javi más viejo nació aquel año: 1984. En 1983 yo estudié en 3° de Bup, en mi instituto público, Poeta en Nueva York, con especial atención a la "Oda a Walt Whitman". También leímos "El joven marino" de Cernuda. A Cernuda, por cierto, la censura comunista le obligó a eliminar de su poema en homenaje a Lorca, tras su asesinato, la estrofa en que habla de los "mancebos" cuando lo publicó en Hora de España en 1937. Lo peor no es la ignorancia, que siempre se puede solventar, sino cómo desde ella se pontifica y se predica. Siempre, naturalmente, con propósitos inquisitoriales. 

3. Lamento la marcha de Àngels Barceló de la cadena Ser. Siempre quiero que mis detestados estén en sus puestos (y vivos y con buena salud): justamente para que yo pueda detestarlos. Mi ánimo no es aniquilador (puede que sí en ciertas proyecciones mentales, pero no en la realidad). Las detestaciones son mi salsa. Sin ellas me faltaría algo: ¡vidilla! 

4. Almodóvar está donde estamos todos: en la detestación (también) de nosotros mismos. Anda buscando a alguien con quien escribir, olvidadizo de que ya lo buscó. Me acuerdo de Jesús Ferrero para Matador y de Ray Loriga para Carne trémula. Pero nunca más se supo. Escribir con alguien porque uno no se soporta es condenar a ese alguien a que no te soporte. Yo le aconsejaría a Almodóvar que siguiera escribiendo solo: su aislamiento le lleva a rodar películas abstractas (de "abstracción de la vida") muy interesantes. 

5. Lo que le está haciendo Jabois al género novelístico es lo que le hizo Hitler a Polonia (chiste de Lubitsch). Ha logrado convertirse en el peor novelista de España, con la competencia que hay: desbancando, no es poco mérito, a Suso de Toro. Malaherba estaba bien, quizá porque era lírica y no la abarataba una trama (¡y un costumbrismo!) como del mal cine español, que es lo que les pasa a las siguientes. Miss Marte, Mirafiori y la recién publicada La víspera (todas en Alfaguara) son, en efecto, como novelizaciones de películas del cine español que no existen, cada una más floja que la precedente. Confieso que le he cogido manía al muchacho y que la he leído (encima en diagonal) con mala intención. Pero así leí La hija, de Del Molino, al que también le he cogido manía, y me pareció muy buena: la obra me derrotó. Me gusta que las obras me derroten, porque soy un cretino que merece ser derrotado. No ha sido el caso de La víspera, que me ha reafirmado (cosa chunguísima) en mi desprecio. 

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22.5.26

Por la camiseta con chaqueta

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:35
 
Buenas noches. Las elecciones andaluzas han supuesto una revolución. No me refiero a la política, que no es tema del Nanosegundo, sino a la estética. El candidato de Adelante Andalucía nos ha devuelto el look de camiseta con chaqueta, y su éxito electoral lo ha propulsado. Este look pasaba por un malísimo momento, porque tras su uso abundante en otras épocas, como en los noventa, últimamente solo lo llevaba Pedro Vallín, con lo que su desprestigio era máximo. A nadie, realmente, le apetecía ir como Vallín. (A los oyentes que no sepan quién es Vallín les aconsejo que sigan sin saberlo. ¡No lo busquen en Twitter!) En cuanto al candidato José Ignacio García, al ponerse camiseta con chaqueta, pulsó una tecla sepultada en muchos potenciales votantes. La verdad es que cuando llevábamos camiseta con chaqueta éramos felices sin saberlo. Ya sé que decir esto va contra la línea editorial del programa, férreamente impuesta por Rafa Latorre, pero la camiseta con chaqueta es un modo de vestir, además de estético, filosófico. El otro día, Ignacio Vidal-Folch (es decir, el Vidal-Folch bueno) arremetió contra la camiseta llamándola "prenda informe". Pero aquí está la clave: si esa prenda informe la embutimos en una chaqueta, entonces adquirimos una forma dentro de la cual flota lo informe. Es como combinar a Parménides con Heráclito, o a Confucio con Lao-Tsé. Es el vaso el que le da forma al agua. De igual modo es la chaqueta la que le da forma a la camiseta. Pero en ambos casos, el elemento flexible conserva su flexibilidad. Tanto el agua al vaso como la camiseta a la chaqueta están diciéndole: "¡Eh, que sigo siendo libre en tu jaula!" Esta es la clave maravillosa de su éxito. Quien lleva camiseta con chaqueta transmite el mensaje: "Soy un tigre, pero formal".

21.5.26

El zen de los sesenta

Acabo de cumplir sesenta años: una edad catastrófica, absolutamente anticlimática. Sé que peor que cumplir años sería no cumplirlos, pero el azote no duele menos por ello. La crisis, en verdad, se va renovando década tras década. Yo creo que estoy tocado desde que cumplí los diez. Pero aquello no era nada: después vinieron los veinte, los treinta, los cuarenta, los cincuenta. Como si un gánster me estuviese dando un puñetazo cada vez en una mejilla, con oscilación de la cabeza igual que en los tebeos o en el cine. A los sesenta se está irrevocablemente sonado.

Cabe tomárselo con cierta deportividad, como Cioran en uno de sus mejores aforismos: "Mi misión es matar el tiempo. La misión del tiempo es matarme a mí. Se está perfectamente a gusto entre asesinos". Pero en ese navajeo solo podemos hacer chistes que caducan. Terminaremos fatalmente con el íntimo cuchillo en la garganta. Sea cual sea la mitad del camino, con sesenta ya se está en el declive. Como el esquiador de Moreno Villa: "Por el silencio voy, por su inmensa ladera, / en un fino deslice veloz y sin cesura."

Lo que tengo es la urgencia de trabajar. Yo he vivido la vida al revés: la empecé por la jubilación, en la que gasté mi juventud y mi prolongada madurez adolescente; con una indolencia por lo demás fastuosa (aunque sin un duro). Ahora se trata de currar un poco. Una senectud productiva es mi aspiración. Total, lo demás ya da igual. Hay que dejar al menos algunos frutos. En mi caso solo pueden ser frutos escritos. Lo concibo como una tarea de origen ético pero con efectos estéticos, o esteticistas: escribir ahora que ya no hay lectores.

Cuando cumplí cincuenta años tuve conciencia de que se trataba de una edad histórica. La unidad de medida de la historia es, por convención, el siglo. Con medio siglo uno puede hacerse cargo de la historia por su propia experiencia, por su propio cuerpo. Proyecta una duplicación y ya sabe lo que es el siglo IV, el siglo XV o el siglo XIX. O ajusta una porción que ya conoce: lo que dura una guerra, lo que dura una dictadura, lo que dura una revolución. Se puede establecer paralelismos vitales. Años de cárcel o de exilio uno comprende lo que son en términos de vida.

Con sesenta ya no se está para bromas. La historia casi parece una frivolidad: luchas de poder, asaltos, matanzas, exterminios; cosas todas de gente baja. Es la ocasión de asumir el consejo de Ricardo Reis: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". Es una edad que llama a la superación de la historia en uno, a darles prioridad a otras cuestiones. Aunque la historia siga actuando y en general fastidiando. Pero definitivamente uno tiene que dejarle la historia a sus criados. (Estos no existen, pero lo importante es la actitud.)

Mi pesadumbre ante el fatídico cumpleaños logré aligerarla con una fórmula que me vino en una de mis contemplaciones marítimas: el zen de los sesenta. Frase eufónica además. Hay que aprovechar esta cifra ominosa (¡la cifra de los relojes!) para salir del círculo vicioso del tiempo. Del tiempo marcado, quiero decir: cambiar el acribillamiento de fechas y horas por el flow (un fluir no incompatible con la tarea).

Simplemente, ya no hay que contar más. Se acabó lo de contar. El resto de vida o posvida hay que vivirlo (o posvivirlo) de otro modo. Hay un haiku de Shiki que lo dice muy bien, muy zen: "Yo las barría, / y al fin no las barrí: / las hojas secas". 

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17.5.26

Optar por el crimen estético menor

[Montanoscopia]  
 
1. No me he querido poner el vídeo de Juanma Moreno, el barón cantante, porque me temo lo peor. Lo peor incluye saber que, si me lo pongo, será definitivamente peor que todo lo que me haya imaginado. Siempre hay impedimentos para el votante fino, incluso en las convocatorias acuciantes. Las elecciones no están hechas para el votante fino. Las elecciones son también un espectáculo de masas que impone su rebaja estética. Aunque lo que hace Juanma Moreno en un vídeo es lo que hace María Jesús Montero en todos sus vídeos (y no vídeos). Más que optar por el mal menor, se opta por el crimen estético menor.
 
2. La fatalidad de las elecciones autonómicas es que no pueden dejar de incurrir en regionalismo; regionalismo que, en los casos exacerbados y enfermos, es nacionalismo. Hasta Vox tiene que modular en Andalucía su "prioridad nacional" como "prioridad andaluza". Su "prioridad nacional", en fin de cuentas, tenía algo de autonómico. El nacionalismo español, actualmente, no es más que la consideración de España como una autonomía: con la habitual matraca autonómica (regionalista, nacionalista) aplicada a España.
 
3. Se podría hacer una defensa de ese eufemismo, o desvío, que es decir "el Estado", o "el Estado español", en vez de "España". España sería en tal caso exactamente ese ámbito libre de autonomismos, de matraca autonómica. Una limpia instancia administrativa, neutral, universal: para todos de un modo higiénico. España es hoy la patria exacta de la ciudadanía, sin adherencias espurias. Salvo cuando se inflama, como en Vox o Ayuso, justamente en una dirección inferior, autonómica.
 
4. Me lo pasé pipa con el artículo antitaurino de Arias. Por un lado, por ver cómo superaba en su terreno al amacetado Vicent; por el otro, por las reacciones taurinas, tan divertidas retóricamente: esos tangos verbales bailados en un charco de sangre animal. Yo no soy antitaurino, pero en mi concepción de los toros (menos artística que existencial) no se puede soslayar la brutalidad que suponen. Lo más gracioso fue ver cómo los taurinos respondían adocenadamente en manada, con su palabrería recalentada de cabestros, mientras Arias permanecía solo en el centro de la plaza con sobriedad torera. En un salto supongo que desmesurado, me recordó al joven socialdemócrata de La emboscadura, que abatió en el portal a varios nazis que intentaban acceder a su domicilio. Escribe Jünger: "Aquel hombre continuaba siendo partícipe de la libertad sustancial, de la antigua libertad germánica que sus adversarios ensalzaban en teoría". También se podría remedar a Walter Benjamin ante esas insoportables tiradas culturalistas de los taurinos, en las que siempre termina apareciendo Jean Cocteau (¡Jean Cocteau!): "No hay documento de tauromaquia que no lo sea a la vez de barbarie".
 
5. En la querella entre el Orden y la Aventura que poetizó Apollinaire, ocupan un lugar admirable aquellos que profesan el orden exterior y la aventura interior. Un buen ejemplo es David Delfín, poeta de Málaga que se llama igual que aquel modisto que ya murió (y al que conocí, por cierto, diez años antes de su fama, cuando era camarero en el Corazón Negro, mítico bar de Madrid). Este mismo solapamiento nominal contribuye a la discreción del David Delfín poeta, que para la vida externa guarda amabilidad, cierta grisura, atención contenida hacia los otros, y que para la interna, cuando escribe, desata laberintos de explorador radical. Su nuevo libro, Oqueruela Tékne (Maclein y Parker) sitúa al lector en un territorio inestable que suscita proyecciones íntimas. En su indagación de lo que el poeta quiere decir (mejor dicho: dice), uno se adentra en esas otras posibilidades de mundo que lanza la poesía.
 
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14.5.26

La muerte en Twitter

Soy ante todo un fetichista de las fechas, pero tampoco les hago ascos a los números sin más. No incurro en numerología, simplemente acojo el aire poético que me viene de los dígitos, a veces suscitado por sentimentalidades biográficas. Contra Vila-Matas, me gustan los números redondos. Y, pese a la advertencia de Borges, no me importa sucumbir a las reconocidas arbitrariedades del sistema decimal: acepto el castillo de pureza edificado sobre el hecho de que tenemos diez dedos (salvo Lula da Silva y el fundador de la estirpe Seisdedos, habitantes de una aritmética ajena.)

En Twitter siempre me ha gustado tener una cifra fija de seguidos, por ponerle puertas a mi campo: funciona como cifra de control. Durante años fue 666, que podía subir a 667 pero no más. Si me faltaba, añadía a alguien; si me sobraba, eliminaba: siempre hay fluctuaciones, con frecuencia ocasionadas por quienes cierran su cuenta cuando salen y la reabren al volver. Hace pocos meses decidí, sin una razón específica, bajar a 600. Tenía que cargarme peña. ¿A qué peña? Me puse a repasar a mis followed de uno en uno para quitar a los inactivos; a los que llevasen, establecí, un mínimo de quince meses sin tuitear.

Lo que iba a ser una tarea burocrática, de sobrio barrido, se convirtió en un empeño melancólico. Me fijé en muchos, en muchas, con quienes tuve en el pasado conversaciones fluidas y frecuentes. Ahora estaban congelados, congeladas, en un último tuit de 2021, 2019, 2016, 2015 o 2011. Como no tenía noticias por otros medios, me asaltó una pregunta insidiosa: ¿estarían muertos? En Twitter hay amigos, amigas, que solo conocemos de aquí, sin ningún nexo común en la vida de fuera, nadie que avise si les ha pasado algo. Desaparición puede ser igual a muerte. Y en cualquier caso es la muerte en Twitter. Gente que ya no está.

De otros sí nos enteramos de que han muerto, lo anuncian sus próximos (cuando no viene en la prensa, si tienen fama). Son muchos ya en todos estos años. He establecido un protocolo cuando ocurre. Los bloqueo un instante para que dejen de seguirme (en modo póstumo ya) y yo deje de seguirles también: así libero sus hilos, en lo que a mí respecta. Es mi manera cerrarles los ojos. A veces, pasado el tiempo, me asomo a ver cosas que dijeron cuando entonces. Hay casos tristísimos, de amigas que iban a entrar en una operación y ya no salieron. En otras ocasiones, la muerte llegó inadvertida. Hay tuits muy bellos como últimos tuits, los mejores son los que trazan un último gesto de cotidianeidad. En ellos perdurará siempre una potencia de vida como trilobite.

Al cabo, aquí hemos vivido y seguimos viviendo. En forma de palabras, de frases adosadas a un nombre real o ficticio (todo nombre real es igualmente ficticio). Es en verdad una vida intensificada. Y sobre todo es vida, aunque sin cuerpos. El éxito de Twitter frente a otras redes es que aquí siempre hay alguien. En mi Timeline tampoco se pone nunca el sol, porque cuando es de noche en España es de día en Brasil. Siempre tengo brasileños, brasileñas, a deshoras.

Pero vuelvo a los muertos. O a los que supieron irse a la vida de fuera. Con algunos hablé muchísimo y jamás los conocí en persona. Incluso nos cruzamos confidencias. Somos marcianos de nosotros mismos, posados en este planeta electrónico con palabras que nos transmiten, tras una danza de dedos. Pura magia cotidiana. Algún día los dedos no pulsarán las teclas y no aparecerán palabras bajo nuestro nombre real o ficticio. 

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10.5.26

Apuesta pascaliana por Juanma

[Montanoscopia]  
 
1. No pienso volver a desvelar jamás mi voto. Lo hice en las generales de 2019 y todavía me lo recuerdan. En realidad no fue un voto, sino una abstención: mi abstención de castigo a Rivera por la peperización de Ciudadanos. La consecuencia de mi abstención (bueno, y de la de un millón de votantes de Ciudadanos más) fue la desaparición del partido. Desde entonces mi amigo Arias, por ejemplo, dedica la mitad de sus artículos a exigirle responsabilidad al votante, y la otra mitad a meterse con el único votante que ha sido responsable en toda la historia electoral de España: ¡yo!  
 
2. A estas alturas ya tengo decidido (¡en secreto!) mi voto (¿o mi abstención?) para las elecciones andaluzas del domingo que viene. Los candidatos son todos lamentables. Los miraba uno a uno en el debate electoral de TVE, que pillé empezado, y consideraba que no se podía ser más lamentable. Pero apareció el moderador Fortes y respiré: al menos ninguno de los candidatos era lo más lamentable.  
 
3. La célebre apuesta de Pascal no me ha hecho creer en Dios, pero es brillante su planteamiento: la creencia en Dios es una apuesta segura, porque si Dios existe la recompensa al morir es infinita; y si no existe, el apostante habrá llevado en todo caso la vida mejor que, según Pascal, la creencia en Dios proporciona. La alternativa: el infierno o una vida peor. Me convierto por un momento en un Iván Redondo (es decir, en un botarate con ínfulas) para el PP y le brindo una apuesta pascaliana por Juanma: votar a Juanma es una apuesta segura, porque si consigue mayoría absoluta el alivio es infinito; y si no la consigue y tiene que pactar con Vox, el votante podrá llevar en todo caso una vida mejor que con María Jesús Montero. La alternativa: el infierno del PSOE y una vida peor.  
 
4. Con El País no hay manera. Pensaba terminar la semana de su 50º aniversario con algo positivo y hablé el viernes en Onda Cero del glorioso suplemento Libros. Pero llega el sábado y me encuentro en el Babelia un elogio de Altares de "la valentía de decir no". ¡Cuando viene de decir "sí" en la conmemoración en que todos los del "no" estuvieron ausentes! Definitivamente, no se ven a sí mismos. No ven que ya no representan lo que proclaman, sino aproximadamente lo contrario.  
 
5. La menesterosa alimaña Idafe pide en un tuit que los otros "se respeten un poquito". Al menos no pide algo inalcanzable: que lo respetemos un poquito a él.  
 
6. El ridículo de Ayuso en México (sin duda asesorada por el prestigioso historiador Nacho Cano) al menos ha servido para que algunos columnistas del régimen dispongan de ese canapé en la bandeja de canapés de la actualidad para poder seguir poniéndose campanudos con asuntos menores mientras en el régimen está cayendo la que está cayendo (en la misma bandeja estaban el canapé del juicio de las mascarillas, el del desvío de dinero europeo y el del perverso sectarismo de la fiscal Peramato). 
 
7. Sórdidas reapariciones. La de Fernando Simón, nuestra magdalena proustiana de la pandemia. Y la de Pau Marí-Klose, el Fernando Simón de la pobreza infantil.  
 
8. Nuestro Ignacio Vidal-Folch (o sea, el Vidal-Folch bueno) ha publicado un punzante artículo contra las camisetas. Yo, como usuario de las mismas, me he sentido interpelado, si no agredido. Me veo obligado a sacar mi artillería en defensa propia, recordándole al lector aquello que destapó hace unos meses la prensa (o quizá la máquina del fango): que nuestro Ignacio Vidal-Folch escribe en chándal. 
 
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8.5.26

El glorioso suplemento 'Libros' de 'El País'

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:44
 
Buenas noches. Sobre los cincuenta años de El País en general me he expresado en otro sitio. Aquí quiero hacerlo sobre algo en particular de ese periódico: el suplemento Libros, que salía los domingos y se mantuvo desde 1979 hasta 1991, en que fue sustituido por el Babelia. El cambio resultó catastrófico, porque el Babelia, en fin de cuentas, no era más que un suplemento cultural. Es decir, una cosa inferior, como el ABC Cultural o El Cultural a secas. La célebre frase de Goebbels "cuando oigo la palabra cultura desenfundo el revólver" yo la aplico a los suplementos culturales; aunque lo que desenfundo es el matasuegras. Detesto tales suplementos, que se ocupan de libros, sí, pero también de música, de arte, de teatro ¡e incluso de ciencia! Todas estas materias las considero simples divertimentos, porque para mí la cultura son los libros y punto. En un suplemento se puede hablar de música, arte o lo que sea, ¡pero si hay libro! Los libros, ¡y solo los libros!, son lo serio. Por eso aquel suplemento Libros de El País, que hablaba solo de libros, era glorioso. ¡Ahí me eduqué, domingo tras domingo! Era el complemento ideal del buen bachillerato de entonces. Se dice pronto, pero en las páginas de Libros me enteré de la existencia de Pessoa, de Leopardi, de Cioran, hasta de Savater, cuando publicó La tarea del héroe e Invitación a la ética. De Pessoa recuerdo una página entera de los ochenta con pasajes del Libro del desasosiego, cuya imantación aún no he dejado de sentirla. Así que me olvido ahora de lo secundario, es decir, de todas las noticias que ha sacado El País en sus cincuenta años, y me quedo con la tipografía perfecta en que, en el glorioso suplemento Libros, un domingo descubrí a Pessoa.

7.5.26

Los réprobos de 'El País'

Me gusta estar donde estoy: en The Objective, con los réprobos de El País. De Savater y Azúa a Cebrián, pasando por Caño, Calvo, Prados, Pardo, Rico, nuestro director Nieto y algunos otros. Yo nunca estuve en El País, pero, como recuerdo con demasiada frecuencia, es el único periódico con el que he tenido una relación sentimental. Me desgarra que hoy esté roto, y que el peor pedazo sea el que se ha quedado dentro. En The Objective, por otra parte, me hago la ilusión de que estoy en un islote de exiliados, los mejores del país: pura historia de España.

En la celebración por los 50 años (que ha tenido la triste coda de la muerte de la exdirectora Gallego-Díaz; DEP) se han echado en falta a esos réprobos; algunos, como Cebrián y Savater, importantísimos desde la fundación del periódico. Pero lo cierto es que no podían estar. La mermelada ambiental se habría estropeado. Es un dato devastador: El País es un periódico herido que no podía ni mostrar sus cicatrices. La "memoria histórica" que tanto exhibe la elude aquí, como en otras cosas comprometidas. Me hizo gracia, por pasar a un asunto menor, que Jabois y Lindo se inventaran una fantasía sobre cómo se conocieron, quizá para no decir que los presentó un chico malo de The Objective. La genealogía ha de ser de sangre limpia, aunque ese chico sea socialdemócrata (el único, de hecho, que queda: su antisanchismo es justo por esa causa).

El País que yo amé fue el de "El País, con la Constitución". Aunque mis ejemplares inaugurales los hojeé ya a finales de los setenta, cuando algunos domingos los traía a casa un primo mayor (el primer universitario de la familia), lo empecé a leer y comprar justo después del golpe de Tejero. Aquel constitucionalismo heroico era lo que impregnaba mi lectura de la actualidad, que es la historia del presente mientras se está haciendo. Todavía cuando el golpe del independentismo catalán El País supo estar con la Constitución. Hoy en día lo hace solo nominalmente. Su trayectoria se ha quebrado por el seguidismo del turbio Sánchez, cuyas maniobras judiciales y demás filibusterismos no ha dejado de apoyar.

El principal problema con El País se deriva de la que es su principal virtud: esa tipografía y esa disposición límpida de las páginas que invitan a la racionalidad. Espada nos hizo ser conscientes de esto años después. Esa sobria parrilla diseñada para transmitir la verdad impone una alta exigencia, una altísima responsabilidad: justamente decir la verdad. Cuando se ha usado para otra cosa, incluso a veces para lo contrario, la irresponsabilidad es suprema: porque la mentira emitida va con el traje que mejor la camufla.

Por El País hemos aprendido desoladoramente que el Trump perfecto, aquel que no recibirá las justas críticas que recibe Trump, sino permisividad, cuando no elogios, ha de presentarse como antitrumpista. Y trufar su discurso no de bravuconadas fascistoides, sino de nobles ideales... mientras se actúa en sentido contrario. El que socava el Estado de derecho invocando el Estado de derecho, el que dice enfrentrarse a los bulos cuando es el primer emisor de bulos, el que aboga por combatir la polarización cuando es el máximo polarizador, el que habla de la verdad cuando su carrera política está construida sobre la mentira, es un Trump más nocivo para la democracia que Trump. Entre otras cosas, porque puede contar con el apoyo de un periódico como El País.

La situación es particularmente grave por esto. Es el Washington Post sosteniendo a Nixon. Los que se opusieron son los réprobos de El País

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3.5.26

El sanchismo mea sentado

[Montanoscopia] 

1. En La Cultureta tratan de encumbrar a Ángel Antonio Herrera como poeta, a propósito de su antología personal Oler a loco. Pero cometen un error de pardillos: leen algunos de sus versos.

2. Paco Marhuenda inaugura su primera exposición de pintura, Centro, generosamente cubierta por medios afines. Veo, por las fotos, algunos cuadros. Preferiría no haberlos visto.

3. Los tertulianos naufragan por la parte estética, indigente en casi todos (mis amigos, gente cultivada, son una excepción). En el libro Tertulianos, de Antonio Villarreal, venía un caso sintomático, no poco descacharrante. Antonio Herrero le encargó a un pintor un cuadro sobre su tertulia radiofónica. La selección de los doce que aparecen con Herrero fue un vodevil en sí mismo, de gente que entra y que sale, como bien narra Villarreal. Una vez acabado, Herrero se encuentra con que el tercio superior del cuadro está vacío. Dado que hay tantos personajes, el pintor ha querido "darle aire". Pero Herrero no comprende: "¡Lo voy a cortar!". Esto por un lado. Por el otro, Ramón Tamames, propietario actual del cuadro, dice que solo se lo cederá al Reina Sofía si lo coloca junto al de la tertulia del Pombo de José Gutiérrez Solana. Entre ambos extremos de patanismo estético están los tertulianos, si no en los dos a la vez.

4. Babelia publica la lista de "los 25 libros más esperados de mayo". No está De todo tiene, el nuevo tomo del diario de Andrés Trapiello: el único libro realmente esperado.

5. Aquelarre por el 50º aniversario del diario El País, que se cumple mañana. Tiene algo de rito funerario, porque se trata de la celebración de un periódico que ya no existe: a los buenos los han echado todos. Un genio les queda, sin embargo: el que ha decidido que el evento sea en el Matadero. De Fernando Savater ni mu, naturalmente. En esta semana solo he visto una mencioncilla de Juan Cruz, pasando rápido. De Félix de Azúa igual: solo figura en un artículo de Jordi Gracia como autor de Historia de un idiota contada por él mismo. ¡Y entre aquellos a los que criticó el Defensor del Lector Carlos Yárnoz! Al menos han entrevistado al fundador y primer director, Juan Luis Cebrián. Esto ha impedido que El País haya alcanzado la cota del argentino Página 12, en cuyo 25º aniversario no fue invitado ni mencionado Jorge Lanata. Este se vengó después rompiendo y tirando el primer cartel del periódico en su programa de televisión.

6. En su debut en La Sexta, Aimar Bretos planteó, en formato reducido, un dilema como los de La cena de los idiotés de la Ser, para mí el Consultorio de Elena Francis del sanchismo: "¿Mear sentado o de pie?". Llevó a una experta (¡que nunca falten!) que aconsejó mear sentado. A Elvira Lindo se le escapó que en casa todos lo hacían así. De manera que en el sanchismo va a misa la postura. (Sobre la de cagar no se han pronunciado aún.)

7. En la impresionante entrevista que le hizo Rafa Latorre a Ketty Garat en La Brújula, para hablar de su libro Todos los hombres de Sánchez, lo más demoledor fue la conducta de muchos de sus, así llamados, compañeros de la prensa. Estos se han dedicado esta semana a denunciar el acoso de Vito Quiles a Begoña Gómez, la mujer del presidente. De las nocivas mamarrachadas de Quiles no hay más que añadir. Pero tiene bemoles que las críticas se centren en que no es un verdadero periodista, cuando por Ketty acabamos de corroborar cómo son verdaderamente justo esos que dicen serlo.

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1.5.26

Caetano Histórico


He hecho la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda la obra de Caetano Veloso en 200 canciones (por orden alfabético de discos). Está disponible en YouTube y en Spotify.

30.4.26

Uclés, que derrotó a Reverte, es derrotado por Octavio Paz

David Uclés, un escritor que hubo hace unos meses y del que ya nadie se acuerda (su tarea de saturación llegó a buen puerto), rehusó participar en las jornadas 1936: La guerra que todos perdimos, organizadas para febrero en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte, por dos razones: el lema y no querer juntarse con algunos del "otro bando". Su renuncia provocó la suspensión de las jornadas. Me hizo gracia que Goliat Reverte fuese derrotado por otro David y lo festejé. Pero fui dejando pasar las semanas sin ocuparme del asunto fundamental: el hecho de que para Uclés la guerra civil siga viva.

Ricardo Cayuela escribió aquellos días un artículo extraordinario sobre las lecciones que, acerca de nuestra guerra, nos puede dar Paz. Otro reciente del también mexicano Enrique Krauze en que habla de Paz y España me anima a volver ahora a aquello. Porque en el Congreso de Intelectuales de Valencia de 1987, presidido por Paz, se produjo un amago en la línea de lo de Uclés, que no pasó a mayores pero que resultó significativo. El Uclés de entonces fue Manuel Vázquez Montalbán.

Yo me había apasionado por Octavio Paz (sus ensayos y sus poemas) justo en la primavera de 1987, por lo que estuve muy pendiente de aquel congreso celebrado en junio, en conmemoración del de Escritores Anfifascistas de cincuenta años antes. Releo el discurso de inauguración, recogido por Danubio Torres Fierro en Octavio Paz en España, 1937 (FCE, 2007). Dice Paz, por ejemplo: "No buscamos una respuesta total, definitiva: buscamos luces, vislumbres, indicios, sugerencias. Queremos comprender y para comprender se requieren intrepidez y claridad de espíritu. Además y esencialmente: piedad e ironía. Son las formas gemelas y supremas de la comprensión. La sonrisa no aprueba ni condena: simpatiza, participa; la piedad no es lástima ni conmiseración: es fraternidad". No quisiera aplastar a nuestro David con Goliat Paz, pero obsérvese cómo nada de ese párrafo hay en Uclés.

Sigue Paz: "La pregunta a que nos enfrentamos puede formularse de varias maneras. Una de ellas es la siguiente: ¿conmemoramos una victoria o una derrota? En otros términos: ¿quién ganó la guerra?". A continuación va un breve repaso histórico, que desemboca aquí: "¿Ganaron Franco y sus partidiarios? Aunque triunfaron en los campos de batalla, conquistaron el poder y rigieron a España durante muchos años, su victoria se ha transformado en derrota. La España de hoy no se reconoce en la que intentaron edificar Franco y sus partidarios; incluso puede decirse que es su negación".

Como tampoco ganó el Frente Popular ("no solo perdió la guerra sino que muchas de sus ideas, concepciones y proyectos tienen hoy poca vigencia histórica"), concluye Paz: "Entonces, ¿nadie ganó? La respuesta es sorprendente: los verdaderos vencedores fueron otros. En 1937 dos instituciones parecían heridas de muerte, aniquiladas primero por la violencia ideológica de unos y otros, después por la fuerza bruta: las dos resucitaron y son hoy el fundamento de la vida política y social de los pueblos de España. Me refiero a la democracia y a la monarquía constitucional".

Reconozco que hay una cierta prestidigitación en estas palabras, en aras del brillo retórico. Siempre me hizo gracia lo que dijo Jaime Gil de Biedma sobre Octavio Paz: "Es tan brillante que a veces su brillantez va por delante de sus ideas y le juega malas pasadas". Pero hay que ser malintencionado (y obtuso) para no apreciar con nitidez lo que significan en este caso. Ocurre lo mismo con lo de "la guerra que todos perdimos". Pues bueno, esto fue lo que respondió Vázquez Montalbán: "Durante 36 años he estado pensando que la guerra la ganó Franco" (lo corroboro en la crónica de Roger Bartra en Letras Libres). Aunque la frase no dejaba de tener humor, era un humor quejica. Ese tipo de humor alentador de las discordias insalvables.

Lo decisivo de Paz, como escriben Cayuela y Bartra, era su noción de "los otros". Esos enemigos a los que oyó hablar y reír al otro lado del frente. "Había descubierto de pronto –y para siempre– que los enemigos también tienen voz humana", son las últimas palabras del discurso. Esto y la importancia moral de la autocrítica (Bernanos en el bando franquista, Orwell en el republicano) son, en efecto, dos lecciones radicales de Octavio Paz que hoy escasean aún más que en 1987. No es anecdótico que quien combate esas muestras sofisticadas de civilización se calce una boina.

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