30.8.26

Otra crisis resuelta por Sánchez

[Montanoscopia]  
 
1. El ministro The Puentete escribió el 1 de agosto a las 13:02h, apenas un día después del comienzo de la crisis migratoria y humanitaria de Ceuta, este tuit pelota: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Un mes después, la crisis resuelta por Sánchez es más crisis y está menos resuelta que nunca. Lo que no impide que siga ufanamente peloteando el ministrete.  
 
2. "Vergüenza, vergüenza, vergüenza", tuitea el campanudo Del Molino ante una foto de la quema de chabolas de inmigrantes en la playa del Trampolín. Es efectivamente vergonzoso. Son repugnantes estos episodios de revancha popular, estén o no organizados (sean o no realmente populares). Solo que da grima la selección de momentos de nuestro cabreado de guardia; selección que ha de cumplir dos funciones: una, permitirle un exhibicionismo moral puro, exento de problemas; y dos, cuidar que la cosa ni roce a Sánchez. En el artículo que escribió tres días antes sobre Ceuta, Sánchez ni aparecía. Sí una critiquilla al Gobierno, aunque contrarrestada con otra a la oposición. Este equilibrismo, por otra parte, propicia que su cabreo sea más furibundo cuando por fin se produce: ya que en ese único cabreo selecto carga todas las veces en que no se cabreó, cebándolo así de magatones. Un pillo de los cabreos el amigo, en resumidas cuentas.  
 
3. No se puede decir que el Gobierno no cuide a sus gubernamentales. No es un Gobierno previsor, pero sí provisor: justo para sus gubernamentales. Ha ido conduciendo el asunto de Ceuta de tal modo que hoy es una perita en dulce para los antifascistas. Estos, que han venido consintiéndolo todo desde el primer día, se encuentran ya con la situación podrida cuya culminación es la quema de chabolas. Solo tienen que cosechar lo sembrado: ha llegado el momento de alzarse –limpiamente, sin genealogía, sin contexto– contra el fascismo
 
4. Ha sido como un experimento politológico. Aunque nuestros politólogos no se prestan a emplear sus herramientas científicas para ocuparse de ello, no vaya a salir perjudicado el PSOE. Las siguen afilando para cuando llegue el PP. Ahí también vamos a asistir a la explosión de todos los megatones que se ha venido guardando nuestra Politología. El experimento: cómo la dejación del Estado propicia que la violencia la ejerzan otros. Uno se sube por las paredes; pero claro, uno no es politólogo. (Ni cabreado de guardia, porque uno se sube por las paredes siempre, no en momentos escogidos.) 
 
5. Cometo el error de poner la tele y está Joan Tardà, de ERC. Dice que la retórica marroquí es simplemente igual que la retórica española. No, querido: es simplemente igual que la retórica catalanista. En todo caso, que la española de Vox: que es la vuestra.  
 
6. Otra que tal baila, María Chivite, la presidenta navarra del PSOE, se presenta como "persona educada en valores humanos y cristianos" para reprobar la obstaculización de la ayuda humanitaria a los inmigrantes en Ceuta que cometieron algunos. Yo también la repruebo. Aunque, a diferencia de Chivite, no tuve que hacer malabarismos para que esos mismos "valores humanos y cristianos" se me eclipsaran para poder pactar con los herederos de ETA. 
 
7. Caída de Pogačar en la Vuelta a España y retirada. Solo ha podido con él un tropiezo tonto en el pelotón. Esta pausa ha de servir para valorar su concepción del ciclismo como un juego, por eso ataca y no se cansa de ganar. Es un ciclista nietzscheano, del Nietzsche alegre de la última transformación, la del niño. También, cuando ayuda a otros, se ejercita en aquello precioso del Zaratustra: "La virtud que hace regalos". 
 
* * * 

27.8.26

La legislatura del ministrete

Ahora que el ministro The Puentete se ha postulado como la Isabelita de Sánchez, que es el paso lógico para que culmine de un modo aún más grotesco el régimen de nuestro Perón vacacional, podemos contemplar la presente legislatura como una pescadilla que se muerde la cola; siendo la cola el ministrete.
 
Qué tándem el de Sánchez y Puente. Sánchez habló de un muro y Puente es su primer adoquín: el adoquín maestro, su piedra angular. Para la izquierda de los sesenta, debajo de los adoquines estaba la playa. Para la izquierda sanchista, debajo de la playa está el adoquín Puente, para cortar todos los puentes y edificar un muro antiplayero. Curiosamente, este muro es el trampolín de Sánchez para saltar a su playa particular, antiweberiana a tope, huidiza de la ética de la responsabilidad: me voy a la playa et pereat mundus (o si no el mundo, España por lo menos, empezando por Ceuta; bueno, con Cataluña y el País Vasco).
 
Este Gobierno, que se forjó gracias a la alianza del PSOE con los populistas de extrema izquierda, los herederos de ETA y los golpistas del catalanismo, indultos y amnistía mediante, necesitaba un cazurro como Puente, un Oscargután como lo ha llamado divertidísimamente Losantos (insultando, eso sí, a los nobles y simpáticos orangutanes), un monstruo de Frankenstein que encarnara unipersonalmente a la "coalición Frankenstein" (denominación de un socialista: Rubalcaba).
 
Desde la réplica a Feijóo en la sesión de investidura (recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Sánchez no le respondió al candidato del PP, que había ganado las elecciones, sino que le mandó con filibusterismo goebbelsiano al dóberman Puente; que cumplió obedientemente y fue nombrado ministro) hasta sus ataques al columnista Gascón, la legislatura del ministrete, que no es solo del ministrete, sino también de Sánchez y todo el PSOE, es el espectáculo político más repugnante que se ha vivido en España desde el franquismo; que enlaza directísimamente con todos los episodios políticos repugnantes que han sido frecuentes en la Historia de España.
 
Se ha hablado a veces del retrato de Dorian Gray en aplicación a Sánchez. En realidad, la podredumbre ya se ha desgajado del cuadro y es Puente. Van ahí los dos, un retrato de Dorian Gray simultáneo como aquellos trípticos expresionistas del pintor Francis Bacon, solo que aquí en díptico. Sánchez y Puente son como el Doctor Jekyll y Míster Hyde, pero sin bebedizo interpuesto que haga pasar de uno a otro, sino ambos a la vez. Puente vendría a ser la sombra de Sánchez. Una sombra psicoanalítica: funciona como almacén subconsciente de todas las pulsiones chungas que Sánchez trata de disimular.
 
Luis Antonio de Villena dedicó en su día un poema, Niñas feas, a un aristócrata inglés del XVIII que se hacía acompañar de una mujer espantosa para que su propia belleza resaltase: "Lo ejerció ya Lord Bolingbroke (un dandy) / paseándose del brazo de una naranjera horrenda. / [...] / ¿Significado. Para mí fue siempre incomprensible. / Pero se me ocurre ahora una clave al gesto. / Lo blanco brilla aún más junto a lo negro". El presidente que le paga a un nick de Twitter, Mr. Handsome, para que le diga lo guapo que es no podía dejar de juntarse con un feo para que se evidenciara el mismo mensaje.
 
Pero ese feo que lo acompaña exhibe, ya digo, lo que anida en su guapura. Ahí lo tiene puesto Sánchez, y ahí lo deja con sus deyecciones (útiles, por otro lado, como maniobras de distracción). Cuando The Puentete sea presidente, el sanchismo habrá alcanzado su plenitud: ya sin la máscara maquillada de Sánchez, sino con la jeta abrupta del ministrete.
 
* * * 

23.8.26

La confesión del hijo tonto

[Montanoscopia]  
 
1. El País debe cuidar como oro en paño a Daniel Gascón: solo por él (y pocos más) no termina de ser exactamente el BOE. Lo que no impide que el Gobierno y su tropa de Villacastines (aquí estarían desde Papell al hintelectual orgánico Innerarity, pasando naturalmente por Rosa Villacastín) lo lean como el BOE y se enfaden cuando encuentran en sus páginas alguna crítica, como el artículo de Gascón sobre The Puentete: artículo que se apresuró a ejemplificar con su oscargutanismo el ministrete. Entre los Villacastines está Máximo Pradera. Su caso es particularmente divertido. La inteligencia analítica de Gascón recuerda a la de Javier Pradera. La lacia arremetida contra Gascón del hijo funciona aquí (¡deliciosa manifestación de la psicoanalítica "novela familiar"!) como confesión de lo que le atormenta: ser el hijo tonto. Algo que siempre ha tratado de conjurar con el humor. Lamentablemente sin gracia. 
 
2. Al pobre Federico García Lorca, el único verdadero poeta de la Generación del 27 junto a Luis Cernuda (los demás no pasaban de señoritos del verso; solo Miguel Hernández fue otro poeta de verdad, pero pertenecía a la generación siguiente), lo asesinaron los franquistas y lo mantienen embalsamado como asesinado, y como asesinado ideológico fatalmente dócil, adulterando al poeta, dificultando su lectura, los antifranquistas de profesión. El empaquetado que hacen con Lorca es en último extremo religioso y dulcifica el mundo: un mundo de buenos y malos. Desgraciadamente los buenos de ese mundo dulzón saben ser también malos. El relato del antifranquismo profesional se desmorona cuando se recuerda a sus propios asesinados. Por no salirnos del 27: el poeta José María Hinojosa. La integridad de Cernuda (siempre admirable) se volvió a manifestar aquí. En su Historial de un libro (que para mí está en el canon de la prosa en español), escribe: "José María Hinojosa, otro poeta malagueño cuya muerte terrible no se ha mencionado entre nosotros". La frase es de 1960. En el empaquetado ideológico de ahora va, por supuesto, la homosexualidad de Lorca. Pero tampoco aquí los buenos eran tan buenos. Hay que recordar una vez más que a Cernuda, inequívoco republicano, la censura estalinista le tachó en 1937 la estrofa explícitamente homosexual (tan propia de la valentía de Cernuda) de su poema-homenaje a Lorca; la que empieza: "Aquí la primavera luce ahora. / Mira los radiantes mancebos / Que vivo tanto amaste". Estas consideraciones no aminoran la vileza y la abyección del asesinato de Lorca. Pero previene contra quienes hoy lo exhiben con maniqueísmo: porque se autoungen con una especie de bondad que a estas alturas de la Historia ya sabemos que tampoco ha rehusado el crimen.  
 
3. Emoción una de estas tardes de agosto, cuando salgo a pasear con la fresca. Llevo en los auriculares las canciones del primer disco de Loulu Gilberto. Cuando nació en 2004, de lo que su habló fue de que su padre, João Gilberto, la había tenido con 73 años (con la periodista Cláudia Faissol). Y de pronto aquel bebé es una joven delicada, maravillosa, afinadísima, que prolonga la dispensación de belleza al mundo de su padre. Tres muestras: João, Avarandado (con Tom Veloso) y Qui nem giló. Dice la primera (de Arnaldo Antunes y Cézar Mendes): "Cuando una sola persona / en silencio se perfecciona / la multitud escucha el corazón / y se torna civilización".  
 
4. Juan Tamariz: estaban sus trucos y estaba su magia. Los trucos eran aquellos que, mediante la habilidad y el artificio, exhibían como real algo en apariencia irreal; lo que Tamariz, consumado técnico, ejecutaba magistralmente. La magia era el encanto de Tamariz, su gracia traviesa: a la vista de todos, radicalmente real. 
 
* * * 

20.8.26

La asexualización de las atletisas

Ahora no se puede sexualizar a las mujeres, aunque ellas se sexualicen a sí mismas más que nunca. Gloriosamente, he de añadir. Con excepciones religiosas e ideológicas, también pujantes por otro lado. Entre las últimas está la excepción de la excepción: las petardas ideológicas, hipersexualizadas con sus escotazos pero al mismo tiempo inquisitoriales con quienes los exaltan. No quieren ser sexualizadas, sino que se atienda a su discurso ideológico. Es decir, a su verdadera pornografía.
 
En el Tour de Francia femenino, que ha sido un evento extraordinario (más emocionante que el masculino), no pude dejar de fijarme en esos culos en sus culottes, ni en las uñas rojas que asomaban al término de los guantes, ni en las melenas rebasando los cascos, ni en lo guapa que estaban sudadas, ni en sus sonrisas tras el esfuerzo, ni en esos torsos ciclísticos en general planos (tan delicados como potentes); tampoco (¡el elefante en la habitación!) en la proyección de los roces pedaleantes, pura delicia duchampiana (¡Duchamp, que creó esas obras sutilmente perversas que son las "cuñas de castidad"!). Cuando subían el Mont Ventoux se imponía el dictum de Goethe: "El eterno femenino nos atrae hacia lo alto".
 
Después se ha celebrado el Campeonato de Europa de Atletismo, en cuyas retransmisiones televisivas se ha aplicado por primera vez la norma titulada Elevando el nivel: Pautas para una cobertura mediática respetuosa en el atletismo femenino. El listado de cosas que deben evitar los cámaras y los realizadores parece dictado por la Conferencia Episcopal, y en realidad es como una búsqueda calenturienta y viciosa de la mosca sicalíptica. Creo que era el director de cine José Luis Borau el que decía que para él un plano es un asunto moral; aquí está claro que no se permiten planos inmorales: de acuerdo con una moralidad muy mojigata (o sea, radicalmente inmoral). Otra clave está en la mención del "respeto": ¡como si las atletisas en la plenitud de su ejercicio físico no fueran respetabilísimas!
 
He estado liado con otras cosas y, a diferencia del Tour femenino, no he seguido el Campeonato. Solo una vez pinché y estaba el lanzamiento de martillo. Me gustan las mujeres del lanzamiento de martillo, como las del lanzamiento de jabalina y cualquier cosa que lancen; y también me gustan las del salto de longitud, de altura y con pértiga; y las gacelas de la pista: ¡me gusta toda la gama, de las grandes a las pequeñas, de las rudas a las estilizadas! ¡Me gustan las mujeres en toda su prodigiosa variedad! Pero esta vez el lanzamiento de martillo quedaba soso. En realidad, se invisibilizaba a la mujer en favor de su deporte. El martillo volaba sin mujer que lo lanzase. No dejaba de ser una depravación, pero ligada a la muerte y no a la vida. De la mente sana en cuerpo sano se ha pasado a la mente enferma sin el cuerpo.
 
En relación con estas cortapisas está el declive del topless: ¡luz de mi vida, fuego de mis entrañas! Desde mis diez años en que empezaron a poblar las playas, las tetas son mi genuina magdalena de Proust, que además responden a la descripción de la Recherche: "esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino". ¡Cuánto bien me hicieron! ¡Y ningún mal (salvo el deseo)! ¡Competidoras del sol, divinas tetas! Sus dueñas las exhibían con una naturalidad envidiable. Eran la felicidad para todos. Un triunfo absoluto de la vida. Pero, como decía Jünger, todo lo que atañe a la alegría de vivir parece hoy amenazado de confiscación.
 
* * * 

16.8.26

Un bidón para quemarnos a lo bonzo

[Montanoscopia]
 
1. Mi eclipse fue minimalista. Como anuncié, no salí a la calle. Me quedé en casa trabajando en mis escritos, con el balcón abierto. La tele estaba puesta, pero era insufrible el aquelarre de mermelada a granel de los presentadores y le quité el volumen. Me bastaba con el disco del sol en un recuadro y el ñam-ñam de la luna, que cada vez le comía más porciones. Cuando estaba todo negro, advino a la estancia una oscuridad que no correspondía. Era esta noción abstracta, la de la oscuridad advenediza, la sustancia del eclipse. Luego regresó un poquito la luz y ya se precipitó la noche. Varios días después me emocioné con la narración radiofónica de Azpiroz: cuando ya no había ni sol ni luna, sino únicamente una voz. 
 
2. Como The Puentete sigue empeñado en decir The Ojete, habrá que repetir desde The Objective (aunque, como siempre, a título personal) que el único cometido de ese mote fue tratar de desprestigiar al medio que investigaba, denunciaba y, por tanto, combatía la corrupción; una corrupción hoy confirmada judicialmente. De manera que, cuando dice The Ojete, lo que está diciendo es "yo defiendo la corrupción y ataco a quien la ataca" el ministrete.  
 
3. Tan de pocas luces el ministrete, que ahora lo lanza el Gobierno como cabestro contra el Rey; en plan globo sonda, infatuado como todos los globos. Lo cual no es necesariamente mala noticia para la monarquía constitucional, baluarte ilustrado contra nuestros oscurantismos. Como el oscurantismo que encabeza (sin cabeza, purita España negra) el obtuso The Puentete.  
 
4. Anuncian los proetarras en el País Vasco: "No solo haremos frente al fascismo, sino que, con el compromiso de construir una alternativa, los jóvenes independentistas llenaremos las calles de Donostia el 13 de septiembre. No hay otra opción que ganar. Un solo pueblo y una sola lucha elegidos". No sé si será cosa de la IA, que me traduce del euskera original, pero es un párrafo netamente fascista el de estos antifascistas. La foto del desfile con la bandera vasca también. De nuevo: en España hay una democracia, que es la española. Lo demás es otra cosa. Casi por una cuestión de pura topología: la democracia no deja fuera otro sitio que no sea antidemocrático.  
 
5. ¡Lo que nos espera con el centenario del 27! La clase dirigente más iletrada de la Historia de España tratando de homenajear a poetas que no han leído. El pistoletazo de salida fue el del ignorante Urtasun, ministro de Cultura, cómo no, que decretó el olvido de los toreros generacionales, por muy amigos de Lorca que fueran. Ahora el Ayuntamiento de Sevilla ha puesto una baldosa en el suelo que es más bien un adoquín en la frente del gran Luis Cernuda. La baldosa pone el nombre completo del poeta: Luis Cernuda Bidón. ¡Con ese segundo apellido que Cernuda odiaba y escondía siempre! Creo que con el tiempo logró revertirlo en Bidou, que al parecer era su origen francés. Lo mejor que podemos hacer los lectores de poesía cara al 27 es agarrar ese bidón, llenarlo de gasolina y rociárnoslo a lo bonzo.  
 
6. Alegría por el Tour femenino, que subió el Mont Ventoux, mantuvo la emoción hasta a 20 kilómetros de la última meta, con el duelo entre la alemana Vollering (que ganó) y la polaca Niewiadoma, y dejó quinta a la española Blasi. Pero en el ciclismo, como en la vida, la alegría es frágil, porque, como la vida, es trágico. En la Volta a Portugal ha muerto atropellado el galés Finlay Tarling. Con 19 años, su primer y su último titular. 
 
* * *

13.8.26

Los numeritos del cielo

Escribo antes de que se haya producido el eclipse, pero ya les digo que no habré ido a mirarlo. Quizá me asome a la ventana para ver cómo se oscurece el día, o a lo mejor me acerco al mar para lo mismo: su opacidad a destiempo, que distraerá la tarde. Pero no alzaré los ojos: ¡no le rendiré pleitesía a ese embaucador, el cielo, con sus numeritos!

Lo que no puede ser es que el ciudadano medio, habitualmente un cretino, de repente se transforme en Carl Sagan, ese Antonio Gala de la astronomía, para volver a ser el cretino de siempre en cuanto se le haya pasado el embeleso. ¡Hasta el presidente Sánchez se ha puesto en plan poeta! ¡Solo hay que no tener gusto! Un espectáculo bajo, el del cielo...
 
Desde luego, no me pondré esas gafas promocionadas por el Gobierno, cuya función eminente es achicharrarles los ojos a los españoles, para que se queden aún más ciegos de lo que están bajo el sanchismo. Tal vez, cuando le llegue a usted esta columna al día siguiente del eclipse, esté ciego también y no pueda leerla. Me lo tomaré con deportividad.
 
Hace poco, Juan Cruz (ese lince de la vista que en 2021 declaró sentir "vergüenza" por la "saña" con que se trataba a Ábalos) conmemoró en El País el trigésimo aniversario de Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, su novela más vendida y más patata. ¡Una alegoría majarona! En ella todo el mundo se va quedando ciego menos una mujer, sin duda trasunto del autor, que conserva las anteojeras ideológicas. El plan del Gobierno es que todos los españoles se hayan quedado ciegos menos Sánchez, que no se pondrá las gafas ni loco. Solo que yo tampoco me las pondré, como digo, y seré testigo ocular de la tostada. Habrá un duelo de miradas planetario.
 
También se están luciendo mis colegas, que han agotado las menciones a eclipses de la historia de la literatura universal, fardando como si no se las hubiese soplado la IA. No faltan las únicas dos que a mí me vinieron espontáneamente a la memoria: la de Tintín en el templo del sol y el cuentito El eclipse de Augusto Monterroso, que es una respuesta a la historieta de Hergé.
 
Como saben, Tintín engaña a los incas (¡nada menos!) fingiendo durante un eclipse que es él con su poder quien oscurece el sol. Monterroso (guatemalteco) no consiente que un fraile español les haga el mismo truco a los mayas. Tras el intento tintinesco del fraile, "chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado)". Los mayas (como los incas de verdad) no se chupaban el dedo y conocían "las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares".
 
Por otro lado, no dejan de resultar entrañables esos malabarismos del cielo por llamar la atención. ¡Como si no fuera suficiente la aparatosa tramoya diaria de la luna, los planetas, el sol y las demás estrellas! Es ese énfasis innecesario, esa voluta churrigueresca del eclipse, lo que me pone de los nervios. Es un infantil "¡mamá, mírame!" de libro.
 
Solo a la luna, siempre humillada cuando aparece colgada del día como una aspirina traslúcida, le reconozco un meritillo: que se haya mostrado gamberra (igual que en los cachondos y anticlimáticos poemas lunarios de Laforgue y de Lugones) solo dos jornadas después de que el sol esté más potente y gallito, del 10 de agosto en que le consagraron la parrilla del Escorial. Fue como apagarle el fuego a Homer Simpson en plena barbacoa.
 
* * *

9.8.26

Combinar el descanso con las catástrofes

[Montanoscopia]    

1. Las vacaciones consisten ya en combinar el descanso con las catástrofes. Algo ciertamente formativo, schopenhaueriano. Para Schopenhauer el mundo es una catástrofe siempre, así que lo mejor es tomárselo con calma. Lo que me hace gracia es cómo nuestro ambicioso presidente, que quiere estar en el poder al precio que sea (¡y menudo precio ha pagado y está pagando!), de pronto defiende sus vacaciones de agosto como un funcionario del montón. Aquí (y esto es bellísimo) se advierte la influencia de su hermano, el adorable zangolotino Azagra. Quizá Sánchez ha descubierto que su vida es un error y que el ejemplo era su hermano. Y quiere imitarlo al menos en agosto. Un mesecito al menos para, mientras España arde, nos invade Marruecos y declaramos la guerra a Italia (¡disculpen que hable con bernhardianas exageraciones!), poner a danzar las chirimoyas.  
 
2. Pillé empezada por la radio la noticia de que Sánchez le había dado un ultimátum a un país y di por hecho que era a Marruecos. Cuando oí que era a Italia, me dije: "Claro, cómo se lo iba a dar a un país no democrático". 
 
3. El ministro The Puentete quiso ser el adulador más rápido del Oeste y soltó un bochornoso: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Cuando la crisis de Ceuta aún estaba (y sigue estando) sin resolver. Desde su precipitado disparo (su agusanamiento ante el presidente le empuja a la eyaculación verbal precoz), más de mil niños han dormido al raso y varias niñas han sufrido agresiones sexuales. Pero estos flecos cortantes de la realidad son suavizados por la vaselina bucal que gasta el ministrete. 
 
4. Y frente al nefasto Gobierno, y sirviéndoles de coartada y de patética justificación de sus falsedades (que han terminado encarnando con una docilidad de mayordomos), están nuestros apretaos del voxismo, efectivamente fascistas, racistas, xenófobos y de un militarismo y patrioterismo de guardarropía. ¡La de brutalidades que están soltando impunemente a cuenta de los marroquíes! Viven en un líquido amniótico hecho de mierda y por eso no perciben que apestan. Les comunico que a poco que uno esté fuera de su cámara de eco, el hedor es insoportable.  
 
5. Lo del ático de Ayuso también se las trae. Ya dije que "con nuestros políticos no hay manera", incluida la subidita Ayuso. Aquí el espectáculo es doble. Por un lado el despliegue de la prensa gubernamental, que le dedica sábanas enteras mientras se ocupa poco de lo del Gobierno. Por otro el hecho en sí, que es deleznable; el hecho y su enredo posterior, chapucero y falaz. Al final con nuestros políticos tenemos que estar siempre con el mazo, para que les conste siquiera que al otro lado de su círculo de autocomplacencia y adulaciones hay gente que está hasta las narices. 
 
6. Sorprendente novela Madame Vargas Llosa, del peruano Gustavo Faverón (Fulgencio Pimentel). No diré nada de la trama, para que los lectores disfruten de sus sorpresas. Pero ahora que Keiko Fujimori llega a la presidencia del Perú (a los votantes les gusta la hija de un dictador más que a un tonto un palote), pongo una frase, entre humorística y melancólica, pero certera, que el personaje de Mario Vargas Llosa dice en la novela sobre su derrota electoral con Alberto Fujimori: "unas elecciones que perdí por culpa de la izquierda, el centro y la derecha".  
 
7. Hoy hace cincuenta años que murió el gran escritor cubano José Lezama Lima. Ernesto Hernández Busto le está haciendo el mejor homenaje con su ejemplar biografía en tres tomos (ya han salido dos y el último saldrá en noviembre) editada por Pre-Textos
 
* * * 

6.8.26

Toda resta le suma a Sánchez

En algún momento de su trayectoria Pedro Sánchez descubrió que, hiciera lo que hiciera, iba a contar con un retén de electores importante y con intelectuales y periodistas no necesariamente a sueldo (aunque también a sueldo) que le brindarían apoyos y coartadas sin fin. La célebre frase de un personaje de Dostoievski, "si Dios no existe, todo está permitido", la empezó a vivir desde dentro entonces. Es cierto que no podría plantarse en la Quinta Avenida con una pistola y dispararle a la gente: pero en la Gran Vía sí. No le faltarían justificadores, e incluso ensalzadores. El acto surrealista supremo ya no es hacerlo, sino aplaudir al que lo hace. Lo de España es surrealista.
 
La voluntad de poder de Sánchez fue implacable desde el principio. Allí donde atisbó un hueco para la trampa, la ejecutó con cuajo: plagio de su tesis, cambiazo de papeletas en el Comité Federal del PSOE... Lo primero le salió bien y lo segundo no, pero da igual: aquí figuran como indicativos de un carácter; y ya sabemos que carácter es destino.
 
A la hora de tantear al electorado para sacarle votos la cosa no estaba tan clara. Entonces pensaba (como pensábamos todos) que había líneas rojas que no se podrían traspasar sin debacle en las urnas. Como parecía que en aquella época los votantes se decantaban por Ciudadanos, Sánchez asumió algunos elementos de su discurso, por ver si se los llevaba: refuerzo del Estado de derecho y la separación de poderes, transparencia, lucha contra la corrupción, resistencia y combate a los discursos nacionalistas... Pese a sus turbios socios de la moción de censura contra Mariano Rajoy, aquellos elementos los mantuvo inicialmente: eran al menos la coartada discursiva para conductas dudosas. Hasta la mismísima campaña electoral de 2023 los mantuvo.
 
Aunque para entonces ya había comprobado, a raíz de las acciones que fue ejecutando como presidente, que las llamadas líneas rojas no eran más que, como dice Daniel Gascón, metas volantes. Desde la misma noche electoral del 23-J, con lo del "somos más" y el "muro", emprendió una carrera loca por cruzar las que le quedaban, empezando por la amnistía, que nadie de su entorno, ni él mismo, defendió hasta aquella noche. Al terminar de confirmar que no pasaba nada, Sánchez entendió que Dios no existe pero Sánchez sí, y que todo le estaba permitido.
 
Ahora Sánchez es lo que es: un autócrata con su guardia pretoriana de militantes, periodistas, académicos y petardas ideológicas, más esa sopa tibia de misceláneos que también le sirve de colchón. Elecciones masivas no las va a ganar nunca, pero con ese núcleo duro –indestructible terrón carpetovetónico– más los pactos con lo peorito de la nación (tan peores, que no se consideran nación y sabotean la nación: nuestra nación ilustrada, en pos de sus nacioncitas oscurantistas), aspira a alcanzar los diputados suficientes para seguir gobernando. Como ahora.
 
Lo último ha sido que en plena crisis de Ceuta, con un montón de muertos ya (y no han parado de crecer), el tío pone una playlist con canciones para el verano y se va de vacaciones. Alguno lo tachó de error, pero Sergio Campos tiene calado al presidente: "No. Es una excelente idea, porque lo que busca es el cabreo, la división y la violencia". Exacto. Toda división, o toda resta, le suma. Es un quemasangre que alimenta la polarización, la crispación. Se trata de arrojar a la mayor cantidad de votantes posible a Vox: para partir el voto de la oposición y para movilizar contra "el fascismo", el mismo "fascismo" que engorda. O sea, que para Sánchez cuanto peor mejor.
 
* * *

2.8.26

Cediendo a los cantos de sirena nihilistas

[Montanoscopia] 

1. Algunos nos hemos acordado de Juan Goytisolo con lo de Ceuta. El reivindicador del conde don Julián se habría alegrado con el derramamiento de carne mora por territorio español. Hay quienes dicen que el nuevo don Julián es Sánchez. Yo diría que es más bien la inoperancia de Sánchez, su estolidez negligente (aunque no por ello menos rimbombante) en este y en casi todos los asuntos, incluidos los internacionales. Este último flanco lo cubre el ridículo Albares, ministro del que no se puede hacer una caricatura porque ya es una caricatura. Como dice Iñaki Ellakuría, "vamos a pagar muy caro las facturas de Sánchez". 

2. En efecto, después de Sánchez vamos a ver de verdad su legado. A verlo y a sufrirlo. Con pleno merecimiento de los españoles: esos seres que festejaron a Fernando VII por sus caenas, permitieron que Franco se muriera en la cama como dictador y no le dieron una patada en el culo electoral a Sánchez hace tres veranos. 

3. Mientras Mohamed VI lanzaba presumiblemente a sus súbditos sobre España sin importarle los que fuesen a morir ahogados (van 67), demasiados notables españoles (¡incluidos Felipe González y el juez Pedraz!) asistían a su Fiesta del Trono. Esta Fiesta me hace gracia porque me pilló hace años en Marruecos, en Asilah, y leí en la prensa marroquí en francés algunas lindezas que soltó el rey en su discurso. Por ejemplo esta (¡con alusión a la Odisea!): "No cedáis a los cantos de sirena nihilistas que propagan la desesperación y siembran la duda". Por fortuna yo llevaba un talismán en el bolsillo que, gozosamente, me propagaba la desesperación y me sembraba la duda: el Cahier de Talamanca de Cioran. 

4. La Fiesta del Trono, por cierto, se celebra el 30 de julio, y el 31 de 1578 desembarcó en Asilah el capitán y poeta Francisco de Aldana con medio millar de soldados castellanos para unirse a la "jornada africana" del rey portugués don Sebastián. Junto a él desapareció pocos días después en la batalla de Alcazarquivir. 

5. Volviendo a Juan Goytisolo y sus querencias moras, siempre recuerdo un chiste que venía en la novela de Fernando Savater El dialecto de la vida (1985). El narrador recorre Escocia en compañía de un fotógrafo joven e indocumentado. Cuando se encuentran con un castillo en ruinas, el fotógrafo aventura que lo destruyeron los moros. Réplica del narrador: "¿Los moros en Escocia? ¡Vaya noticia para Juan Goytisolo!". 

6. De Goytisolo precisamente me acababa de leer una novela poco conocida que está bastante bien: La isla (1961). Me la había recomendado Arias porque está ambientada en Torremolinos y la hallé en junio en la librería de viejo madrileña Arrebato. Es una novela muy nouvelle vague, y de hecho se concibió inicialmente como guión de cine. La descripción que hace un personaje de aquel Torremolinos es maravillosa: "Se ha convertido en un lugar aparte, en una verdadera isla... Los maridos engañan a sus mujeres. Las mujeres engañan a sus maridos. El cura amenaza y nadie le hace caso. La virginidad ha desaparecido del mapa y todos los hombres son maricas. [...] Es un sitio ideal para las vacaciones. En Málaga le llaman Torre Mil Líos". Obviamente, no se pudo editar en España: los censores la consideraron "obscena y moralmente inaceptable". Se editó en México. Una novela de la misma época ambientada también en Torremolinos es Eldorado, de Fernando Sánchez Dragó. Esta permaneció inédita hasta 1984. La isla se publicó por primera vez en España en 1983. 

7. Sobre el ático de Ayuso, ¿qué voy a decir? ¡Solo que con nuestros políticos no hay manera! 

* * * 

1.8.26

Diez libros para el verano

El orden es el de mi lectura: 

1. Ereignis, Carmen Palomo Pinel (Vandalia). 
2. La hija, Sergio del Molino (Alfaguara). 
3. De todo tiene, Andrés Trapiello (Ediciones del Arrabal). 
4. La bola, Daniel Verdú (Alfaguara). 
5. Qué estoy haciendo aquí, Benjamín Prado (Alfaguara).
6. António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, Rafael Maldonado (Confluencias). 
7. Algunos cafés italianos, Patrick Mauriès, tr. Ernesto Hernández Busto (Elba). 
8. La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, Christian Laborde, tr. Sanz Irles (Sr. Scott). 
9. Madame Vargas Llosa, Gustavo Faverón (Fulgencio Pimentel). 
10. Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025, eds. Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández (Cátedra). 

* * *

30.7.26

Grecian 2030, el estadista intermitente

Uno de los mejores motes que conozco se lo puso una amiga a un hombre importante de la prensa española que, cuantos más años pasaban, más negro tenía el pelo: Grecian 2000. "¿Has leído hoy lo de Grecian 2000?". Yo particularmente no creo que se lo tintara, pero el efecto del mote era en sí mismo arrasador: producía en la percepción una noción irreversible de artificialidad. El negro de su pelo ya siempre me pareció postizo. Un buen mote es un camino sin retorno.
 
En la comparecencia de fin de curso del presidente Sánchez, que tuvo lugar entre los incendios y sus vacaciones (no incompatibles estas con la perduración de los incendios), me acordé de Grecian 2000; no del personaje, sino del tinte. A nuestro Kennedy le ha salido un oportuno mechón blanco sobre la frente que funciona como aquellas primeras canas en las sienes de Felipe González, ya avanzado su mandato. Da peso de estadista, le va bien al disfraz.
 
Estoy tentado de ponerle también a Sánchez el mote de Grecian 2000; ¡o mejor, Grecian 2030! Es tan favorablemente preelectoral su mechón que en estos momentos lanzo el bulo de que no le ha salido solo: se lo tiñe de blanco. ¿No existe la moda del anal bleach? Si se puede blanquear el ano, ¿cómo no se va a poder blanquear una mechita de nada? Busco un anuncio del genuino Grecian 2000 y en realidad no se presenta como "tinte", sino como "loción anticanas". Pero bien se podría habilitar una línea alternativa del producto que fuese una "loción procanas". Para usarla poquito, solo para estadistas.
 
En Hollywood siempre hubo un actor para cada cosa, y el de las canas estratégicas era Stewart Granger. Eran seductoras sus irrupciones de blanco. En el caso de los estadistas, se supone que las preocupaciones por el aparato estatal y el bien común afloran en forma de canas. Las canas serían una manifestación ética del capitán de la nave.
 
Un estadista que ha encanecido en el poder es un estadista que se ha preocupado por ejercerlo adecuadamente, tras asomarse a su insondable abismo y ser consciente de su endiablada complejidad. Del exministro de Franco y posterior líder de la derecha Fraga Iribarne se decía que tenía el Estado en la cabeza; pero era una cabeza con escaso pelo y no le lucía. Lo suyo es tener en la cabeza pelo además del Estado; o más que el Estado, la preocupación por el Estado, que emergerá como canas resultonas. Los ciudadanos vemos así al estadista como un padre al que no paramos de darle problemas.
 
A Sánchez se le ve feliz con su mechón. Sea natural o artificial, su mensaje es refutar a quienes piensan que al presidente se la sopla el Estado. El mechoncito blanco indicaría la honda preocupación estatal del presidente; tal vez entremezclada, eso sí, con las preocupaciones por la situación penal de su familia, de medio PSOE y de bastante peña vinculada a su Gobierno.
 
Aprovechando que el mechón le da un toque extra de estadista, Sánchez se ha puesto a hablar de "pactos de Estado". Pactos que no piensa pactar con nadie, no se trata de eso: sino de esgrimirlos para acusar a quienes no "pacten".
 
Sánchez, en realidad, no es un estadista a tiempo completo, sino un estadista intermitente. Es a su vez un estadista contradictorio, porque habla del Estado mientras lo desmantela. Un poco como los hermanos Marx en aquel tren con cuya madera alimentaban el fuego de la locomotora. "¡Más madera!", y cada vez menos tren.
 
Es previsible que lo último que quede del Estado sea su mechón blanco de estadista.
 
* * * 

26.7.26

Solo nos quedarán los placeres crudos

[Montanoscopia]  
 
1. Mi jacobinismo radical (menos guillotinesco que navajero de Ockham) me hace celebrar la plena ciudadanía española de todos los que posean el documento de ciudadano español: algo sin contenido, puramente formal. No como esos autoproclamados antirracistas que se dedican a "contar negritos".  
 
2. Predican la diversidad, ¡pero ay como uno les salga de derechas! ¡Esa diversidad no la admiten! Solo admiten la obediencia ideológica ciega, la adhesión inquebrantable. Son, en sentido neto, falangistas.  
 
3. Abertzales con rasgos magrebíes: al fin el nacionalismo vasco, ese movimiento tan visceralmente franquista, tiene su propia guardia mora. 
 
4. Abertzales apaleando a un chico de 16 años y persiguiendo a un niño de 12 por llevar la camiseta de la selección española tras el triunfo en el Mundial. Fue contándolos a esos que Sánchez dijo que eran "más" con los resultados de las generales de hace tres años. 
 
5. Nuestros gubernamentalistas no se dan cuenta de que su habitual seguidismo a machamartillo del Gobierno, cuando es del PSOE, no es esta vez como las otras veces: por la particular calaña de este Gobierno. Se han metido en una ratonera tremebunda, me temo que irreversible para su prestigio y su credibilidad. Pero no se dan cuenta. 
 
6. Nada menos creíble que Feijóo (¡que el PP!) prometiendo regeneración. Los adormilados de su propio partido cuando lo prometía son la prueba inmediata de ello. ¡Ilusión cero! Y si encima es un Feijóo determinado por Abascal (¡por Vox!), peor que peor. Pero Feijóo y el PP (e incluso Abascal y Vox) cuentan con la bomba atómica: no ser Sánchez ni el PSOE (ni los socios de Sánchez y del PSOE). Regeneración no será, pero quitarse de encima a toda esta patulea sabrá a gloria. Esta patulea, por lo demás, ha subido al máximo su apuesta del chantaje crispador: ya no es Franco la amenaza, ¡es Hitler!  
 
7. Divertidísima la polémica con la columna de Arcadi Espada del martes pasado en El Mundo. Solo los arcadianos, los que tenemos oído absoluto para el arcadismo, sabemos que se trata de una columna fallida, no adornada por la gracia. Pero no, desde luego, por la razón estólida que le achacaron los mentecatos: esos increíbles seres que se agusanaban exhibiendo su inferioridad. Por otra parte, como comentamos Arias y yo, el hecho de que fuese una columna fallida incrementó su potencial performativo. O sea, que realmente, pese a todos, nosotros incluidos, funcionó.  
 
8. Encontré en el Rastro de Fuengirola Amar en Madrid, de Francisco Umbral, libro que ha resultado perfecto como lectura de playa. Publicado en 1972, recoge artículos madrileños de los años anteriores. ¡Qué gran Umbral de pronto! En él está la potencia de lo que va a desplegar después, pero con una fuerza contenida, sin defectos ni revenimiento aún. Se habla del estilo tardío, que está bien. Pero debería hablarse además del estilo temprano: ese momento del autor en que estaba todo ahí, brotando, tensando, reventando de fecundidad. 
 
9. La Odisea de Nolan es una historia majareta de aventuras. Como la Odisea de Homero. Me lo pasé pipa en el cine. Único consejo: no vayan a ver una adaptación, sino una película.  
 
10. Hubo un momento de julio en que estaban a la vez el Mundial, Wimbledon, los Sanfermines y el Tour. De uno en uno se fueron despidiendo. El domingo pasado el penúltimo que quedaba, el Mundial; hoy el Tour. Mañana estaremos ya desnudos, con el verano a plomo y sin tener donde agarrarnos. Y todavía no es agosto. Solo nos quedarán los placeres crudos, que no dejan de ser ascéticos: leer, ver películas, bañarse en la playa, follar. 
 
* * * 

23.7.26

Descendimiento de Ocaña, exaltación de Laborde y Sanz Irles

El proceso ha sido rápido y maravilloso. En abril nos avisó Juanjo Jambrina de la publicación en Francia de un poema largo sobre ciclismo: La chute de Luis Ocaña dans le col de Menté, de Christian Laborde. Sanz Irles y yo lo pedimos de inmediato. Mi menesteroso francés no me impidió apreciar la magnitud del poema, su alta calidad, su sistema de imágenes, su tensión sonora. Sanz Irles, que domina el idioma, se puso a traducir pasajes por jugar. El juego se transformó en pasión y decidió traducirlo entero. Alberto Beceiro, el editor de Sr. Scott, se interesó, negoció con Gallimard y, con la ilustración formidable de Sr. Bermúdez (¡estamos entre señores!), acaba de salir tres meses después en España, bellísimo, en edición bilingüe.
 
La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, ahora sí leído plenamente por mí, es un portento. Sanz Irles ha sabido trasladar los versos de Laborde a nuestra lengua, de manera que el poema funciona también en español: transmite su ritmo, su fuerza, su imaginería, su emoción, su estupor dramático, su deslumbramiento trágico, su abismo existencial; con una belleza dinámica, afilada, apabullante. La transformación alquímica del ciclismo en poesía (de acuerdo con la "alquimia del verbo" de Arhur Rimbaud, aludido en los versos del color de las vocales: "una O azul / una A negra") vuelve a extraer oro metafórico de este deporte que debería ser considerado como una de las bellas artes. No en vano, Marcel Duchamp habló del "ciclista ético" en la descripción de su dibujo Tener el aprendiz al sol, y el mexicano Julio Torri comparó a los ciclistas con los ángeles, puesto que avanzan como volando, sin pisar el suelo.
 
Laborde, escritor y cronista deportivo, nacido en los Pirineos y amante de su paisaje, escoge un episodio central de la carrera de Luis Ocaña y de la historia del Tour: el ciclista español criado en Francia logra vencer al belga Eddy Merckx, imbatible hasta ese jueves 8 de julio de 1971, día de pleno sol ("hay sol por todas partes y sombra en ninguna"), en la etapa alpina que acaba en la ascensión a Orcières-Merlette. Ocaña alcanza el maillot amarillo y parece tener asegurada la victoria final. Pero cuatro días después, el lunes 12 de julio, ya en los Pirineos, se cae en la bajada al col de Menté, cuando perseguía a Merckx en mitad de la tormenta que de súbito se había desatado. Intentó levantarse, pero otro ciclista chocó con él, y luego otro; este último, Joop Zoetemelk, hizo que ya no se levantara.
 
Al comienzo de la edición española se incluye la foto del Ocaña yacente de ese momento, como Cristo descendido de la cruz, un Cristo no muerto sino vivo y doliente: "el cuerpo resguardado del frío por una gabardina / Luis que pareciera descendido de la cruz / yace al pie de la roca / su espalda hecha pedazos su maillot jirones / enredado en su pelo / el barro pardo del puerto lo corona de espinas". Ocaña no ganó ese Tour, y ahí lo deja Laborde (al modo de Borges: "Alto lo dejo en su épico universo / y casi no tocado por el verso"). Lo conquistó en 1973, ya sin Merckx en liza.
 
También Borges escribió en su poema sobre el tango: "una canción de gesta se ha perdido / en sórdidas noticias policiales". Laborde hace lo contrario con el ciclismo: lo eleva a cantar de gesta, a canto homérico, a tragedia shakespeariana, con toques litúrgicos de auto sacramental. El poema, escrito sin signos de puntuación y en minúsculas (salvo los nombres propios), tiene 734 versos y está dividido, a modo de sinfonía, en cuatro movimientos.
 
El primero evoca el origen familiar de Ocaña en Priego (Cuenca), las carencias y el hambre, el esfuerzo de los padres: "encorvados los dos sobre la tierra sin agua / [la luz] molía a palos las libélulas de párpados / de aluminio". El segundo movimiento narra (y poetiza) la jornada triunfal del 8 de julio de 1971, que acabó donde la etapa de hoy, 23 de julio de 2026: "Luis / las cimas te querían te tienen / sobre su lomo te mueves y ya sois sólo uno / cielo curvas bicicleta todo es lo mismo / todo se confunde todo es apoteosis / [...] el amarillo de Coppi y de Bahamontes / espolvorea centellas sobre tu pecho". El tercer movimiento da cuenta de la ya mencionada etapa del 12 de julio de 1971, con la caída en el col de Menté. Y el cuarto y último, situado en agosto de aquel año, recrea una conversación de Ocaña con Dios en la capilla de Nuestra Señora de los Ciclistas. Dios le dice que cometió "el pecado de orgullo" (¡la hybris griega!) y Ocaña le dice que no: da otra razón emocionante, que pone los pelos de punta y que no revelaré, para dejarle la sorpresa al lector.
 
En la tradición de Zona, de Guillaume Apollinaire, que termina con "Adiós adiós // Sol cuello cortado", La caída de Luis Ocaña en el col de Menté concluye con dos versos que descolocan y que son sugerentes y perfectos: "perseguido por el viento y las defensas / de los elefantes".
 
Esta edición de Sr. Scott se completa con un estupendo prólogo (o Calentamiento) del traductor Sanz Irles, quien añade además algunas notas contextualizadoras. Hace un trazo de época, de aquel verano en que sonaban My Sweet Lord, Brown Sugar, L.A. Woman, Mediterráneo y Borriquito como tú, nos explica lo que significaba el ciclismo entonces para los españoles y se exalta con el poema de Laborde (su propia traducción es exaltante), del que nos presenta sus claves temáticas y sus impulsos estéticos. Acerca del poema, que tiene 300 versos más que La tierra baldía de T.S. Eliot (cuya mejor traducción en español es también la de Sanz Irles), escribe: "Es largo como el ascenso al terrible Tourmalet, pero se nos hace corto a los lectores, que llegamos al final exhaustos por la tensión y la emoción y, a la vez, con muchas ganas de seguir pedaleando, porque aquí, leer es pedalear". Pedaleemos.
 
* * * 

19.7.26

Un trámite hasta la final del Mundial

[Montanoscopia]  
 
1. Las horas de este domingo son un trámite hasta que empiece la final del Mundial. Incluso estaremos pendientes los que no somos aficionados al fútbol. Salvo algún héroe que se meta a las nueve a ver La Odisea de Nolan en un cine vacío.  
 
2. Nada parece tan grande como un Mundial. El primero que ganó Brasil, en 1958, retrasó un año el éxito de la bossa nova. La canción Chega de saudade, en la interpretación de João Gilberto, se lanzó justo cuando Brasil celebraba la copa y nadie le hizo caso. Solo en su segundo intento, en 1959, triunfó. En realidad, la música y el fútbol fueron juntos en la internacionalización de Brasil. De su último Mundial hace ya 24 años. Lo viví en el mejor sitio posible de España: la Casa do Brasil, el colegio mayor de Madrid donde yo estudiaba portugués en 2002. Al término, se formó una comitiva carnavalesca en la que fuimos bailoteando hasta llegar a la calle Jacometrezo, donde estaba el bar brasileño Oba-Oba. Los brasileños soñaban este 2026 con ser hexa. Pero vamos a ser los españoles los que seamos bi. Todos tenemos amigos argentinos, y ciertamente nos da pena la pésima noche que van a pasar.  
 
3. Por otra parte, el Argentina-España se puede interpretar como un traspaso de poderes corruptos. Nuestro Sánchez ha innovado en el peronismo: es un Perón sin carisma, al que no quiere el pueblo. En esto el pueblo español se diferencia de los hispanistas y corresponsales extranjeros, que adoran a Sánchez. Es adorado en el extranjero en general. Lo que indica que las valoraciones son siempre por el envoltorio y solo por el envoltorio. Y que el Trump perfecto, así Sánchez, ha de presentarse como antitrumpista. El "fascismo" que viene es este y no otro. Creo que ya lo dijo Pasolini.  
 
4. Quién nos iba a decir que el guardia civil de la retórica franquista era el sanchista. Aunque en verdad no debería extrañarnos a los que vemos el sanchismo como lo que es.  
 
5. Lo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el tétrico TJUE, es otro motivo para la desafección europeísta. ¡Ahora alienta golpes de Estado regionales! O corrobora su impunidad. De nuevo los buenos chicos que siempre creímos en la Constitución española y en la utopía realizada de Europa nos vamos con el rabo entre las piernas. Tiempo de derrotas impepinables. Lo más patético es que en esta ocasión el TJUE repite la mentira (¡la "reconciliación"!) de esa maldita ley delincuencial. Si parte de una mentira, ¿qué verdad puede haber en el despliegue?  
 
6. La humorada de aquel Pujols que decía lo de que "allá adonde vayan los catalanes, todos sus gastos les serán pagados" se ha cumplido finalmente. Los españoles no catalanes lo notamos en el bolsillo.  
 
7. Se despidió Alsina del primer tramo de Más de Uno, que ocupará Latorre, quien se despidió de La Brújula. El discurso de hace unas semanas de Alsina sobre su autorrelegación concuerda con los versos de Ricardo Reis que yo tengo como emblema: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". 
 
8. Mi traducción favorita de la Odisea de Homero es la que hizo en hexámetros Fernando Gutiérrez. Estaba editada en Clásicos Planeta y ahora la ha rescatado Penguin Clásicos. El mismo traductor hizo también la Ilíada, y las dos se ofrecen en un pack. La traducción más reciente de la Odisea es la de Juan Manuel Macías, en La Oficina. Ha sido muy celebrada, pero aún no la ha leído. La de Gutiérrez era un placer con ritmo, y plenamente narrativo. 
 
* * * 

17.7.26

Crepúsculo con Goytisolos

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:30

Ya que estamos hoy un poco crepusculares, me ocuparé del tema crepuscular por antonomasia: la extinción de una saga. Esta vez ha sido la de los Goytisolo, con la desaparición del último, Luis Goytisolo, que era el menor pero ha alcanzado a ser el mayor, puesto que ha muerto con 91 años, cuando sus hermanos Juan y José Agustín murieron, respectivamente, con 86 y con 70. Toda la vida la literatura española estuvo llena de Goytisolos y ya no queda ninguno. Siempre me llamó la atención esa repetición del apellido en tres hombres que se dedicaban a lo mismo: escribir. Los escritores aspiran a la singularidad, pero cada Goytisolo debía resignarse a la idea de que había otros dos Goytisolos. Seguro que hubieran preferido estar goytisolos que mal acompañados (este chiste es un homenaje a Vigalondo). Pero lo compensaron con egos descomunales; al menos los novelistas, Juan y Luis, que José Agustín, el poeta, parecía más frágil. José Agustín fue mi primer Goytisolo, porque era un invitado frecuente del Loco de la Colina. Era un formidable poeta radiofónico. Por aquel tiempo publicó su libro de poemas A veces gran amor, que llevaba esta cita deliciosa del Arcipreste de Hita: "Yo, como soy humano y, por tal, pecador, / sentí por las mujeres, a veces, gran amor". Juan Goytisolo fue el más famoso, y también el más arisco. Nos reíamos de él por esto, pero ahora lo echo de menos, porque ya no hay nadie arisco. A Luis Goytisolo le preguntaron una vez por el mejor novelista de su generación y respondió que Luis Goytisolo. Puse esto en Twitter también para reírme... pero dos buenos lectores (Schultz y Torné) me aseguran que tenía razón. Confieso que de Luis Goytisolo no he leído nada, pero habrá que leer su monumental Antagonía. Inauguramos un mundo raro, ya sin Goytisolos.

Bueno, y sin Rafa Latorre en La Brújula; aunque con Rafa Latorre en Más de uno. Gracias por todo y mucha suerte.

16.7.26

El navajero de Ockham

En los tiempos en que el bachillerato era aún digno de ese nombre (mi generación lo pilló un poco), a los estudiantes se les dotaba de una fabulosa arma pendenciera: la navaja de Ockham. Con ella se convertían en navajeros y podían meterse en peleas discursivas con posibilidades de ganar, o al menos hacerles daño a los rivales. Estos solían ser pesados curas, que con los años derivarían en pesados curas ideológicos. Son los que imperan hoy, aunque enfrente tienen a estudiantes desarmados.
 
El monje nominalista franciscano del siglo XIV Guillermo de Ockham, a cuyo trasunto en El nombre de la rosa, Guillermo de Baskerville (también con cualidades sherlockholmesianas), interpretó Sean Connery, estableció como principio de conocimiento que la explicación más simple tiene mayores probabilidades de ser la verdadera. Por ello "no hay que multiplicar los entes sin necesidad". Esta multiplicación innecesaria es la que debe rebanar la navaja, como metafóricamente se le llama a su principio.
 
En este verano calurosísimo me aburro, pese a las euforias mundialistas, y he decidido sacar la vieja navaja estudiantil para, cual navajero de Ockham, y a diferencia de los pánfilos toros de los Sanfermines, pegar algunos tajos en la actualidad.
 
Podemos empezar precisamente por el asunto de las selecciones nacionales. La bobada de Rajoy (que en la selección de Francia no había franceses) ha dado pie a que políticos y tertulianos se pongan campanudos. Yo creo en la ciudadanía universal, formal, sin contenido, pero eso no me impide soltar mis chistecillos también. Así, tras la derrota de Francia en la semifinal escribí: "Ahora sí que se les ha quedado cara de franceses". Lo patético de España es que bastantes comentaristas indignados serían incapaces de afirmar que todos los jugadores de la selección española son españoles. No por jugadores como Yamal o Williams, sino por los catalanes y los vascos. Ahí están los artificiosos nacionalistas para hacer el mohín. Lo que pretenden es multiplicar las selecciones sin necesidad.
 
Otra cuestión deliciosa es la súbita apología del enchufismo a la que estamos asistiendo tras la condena del hermano del presidente Sánchez (mi por otra parte admirado Azagra, al que le gustan la música y no trabajar tanto como a mí). Gracias a la navaja de Ockham desbrozamos una verdad simplicísima: la defensa de lo público que hace nuestra izquierda es porque en lo público encuentra su mina para las colocaciones a dedo.
 
En cuanto al impostado énfasis del Gobierno contra el juicio (en el que no ha habido afectación gubernamental y del que, por otra parte, el entrañable Azagra no ha salido tan mal parado), Caño ha dado con el motivo simple y certero: se trata de ir "preparando el camino –y educando a su tropa– para deslegitimar sentencias futuras que sí afectarán directamente al PSOE y a Sánchez".
 
El presidente es el que está en el fondo de todos los desbroces. Si utilizáramos la navaja de Ockham para afeitar, debajo de la barba estaría Sánchez, con su sonrisa de Pepe Sonrisas. Precisamente el amigo profesor de Filosofía que me informa de que en el instituto ya no se estudia a Ockham fue el que me dijo hace unos meses, a propósito de los escándalos del sanchismo: "Desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática".
 
En fin, que si, en esto de la corrupción y las maniobras propagandísticas encubridoras, el PSOE y el Gobierno andan como un pato, nadan como un pato y hacen cuá cuá (¡y Cué Cué!) como un pato, a lo mejor el que manda en el PSOE y en el Gobierno es el capo. ¡Lo dice Ockham!
 
* * *

12.7.26

Estamos vivos de milagro

[Montanoscopia]  
 
1. Con sus pactos inicuos con Vox y sus torpes majaderías retrógradas (prioridad nacional, pucherazo, bajas laborales, aborto, ¡ducha posorgásmica!), el PP ha decidido que el combate contra el sanchismo no sea institucionalista, sino partidista. Un asunto exclusivo de la derecha. Los progresistas antisanchistas (es decir, los verdaderos progresistas frente al reaccionario y corrupto sanchismo) quedamos, pues, descabalgados. Hundidos en el pozo inútil (aunque oxigenado) de la abstención. En las próximas elecciones generales veremos los toros desde la barrera. Aunque sin librarnos de ellos, porque los toros del poder son de los que saltan y se ponen a pisotear y cornear a los espectadores. Desde este punto de vista, la política vendría a ser un encierro de San Fermín con los toros sueltos por los tendidos repletos de ciudadanos.  
 
2. Viene clamando Espada en su podcast por que lo prioritario en las próximas elecciones sea el repudio al nefasto Sánchez, más allá de las posturas ideológicas concretas. Lo suscribo. Salvo en que no entiendo por qué la concesión la tienen que hacer los votantes y no los partidos. Ante esta emergencia nacional, ¿por qué la derecha no afloja, para que podamos votarla los de izquierdas? Por el contrario, fuerza las cosas, se extrema, nos chantajea. Pues, en lo que a mí respecta, va a ser que no. ¡Espero le salgan las cuentas sin mí!  
 
3. Por otra parte, es falsa la turra de que esta derecha no es democrática y ha dejado de ser "la de la Transición", como dice el aristócrata comunista Nicolás Sartorius (quien, al decirlo, ha dejado de ser el de la Transición). O ese miedo al "fascismo" de la torturadora de niños Rosa León (¡a mí me torturó de niño con sus canciones!), que es un miedo estrictamente antidemocrático a la alternancia en el poder. Hay una ola alucinante de antipluralistas que se perciben a sí mismos como lo contrario exactamente de lo que son. En fin de cuentas, son ventajistas y conocen muy bien de dónde les vienen los privilegios.  
 
4. Me estuve refugiando varios años de los problemas de España en los de Argentina, comparados con los cuales los nuestros parecían llevaderos. Lo hacía por el programa de televisión Periodismo para todos, de Jorge Lanata, que se empezó a emitir en 2012. El festival de corrupción política, económica e institucional del kirchnerismo me dejaba cada semana pasmado. Allí vi cómo desde el gobierno se llamaba "golpista" a la oposición (y al propio Lanata que investigaba y denunciaba), y se hablaba de "lawfare" para desacreditar a los jueces que juzgaban a los corruptos. Hoy todo esto es habitual en España: Sánchez lo ha traído. Como las repulsivas exhibiciones peronistas con sus consejos para el sol y los eclipses, o el anuncio de ¡una colección de ropa gubernamental! Ya no hay ningún sitio bananero en el que refugiarse de los problemas de España.  
 
5. La elusión de responsabilidades de Sánchez ante la ya larguísima huelga de médicos, remitiéndoles a Mónica García, indica que el presidente practica la cuca "cogobernanza" también con sus ministros.  
 
6. España en las semifinales del Mundial, que jugará el martes contra Francia. Quienes no sabemos nada de fútbol sí nos asomamos a estos duelos a muerte como si fueran peleas de boxeo, con una pelota dando botes por ahí. Los comentaristas, mientras tanto, hablan de cosas que no logramos ver, salvo cuando cantan gol. No deja de ser lo nuestro la observación de un misterio, el misterio del fútbol. Lo mejor es que después leemos las crónicas y nos gustan.  
 
7. Terremotos, incendios. Olvidamos con demasiada frecuencia que estamos vivos de milagro. 
 
* * * 

9.7.26

Paradoja del antifascismo español

El antifascismo español lleva años postulando un fascismo que nunca llega. Esto podría considerarse un fracaso personal del antifascismo español, dada la ansiedad con que lo aguarda. Al modo de los bárbaros de Cavafis, para el antifascismo español el fascismo, al fin y al cabo, es una solución.
 
Una solución, antes que nada, para camuflar, excusar e incluso justificar las pulsiones inequívocamente fascistas del antifascismo español. Lo último ha sido esa llamada de Arnaldo Otegi a levantar "un muro antifascista". Un muro, ya lo dijimos, que, si tiene a Otegi como aparejador, solo podrá ser construido con piedras fascistas. Nada ha habido más fascista en España, desde el final de la dictadura de Franco, que el nacionalismo vasco. Bueno, solo el nacionalismo catalán. En general, los nacionalismos: como lo fue el franquista.
 
La farsa del antifascismo español se ve en cosas como que (¡recuérdalo tú y recuérdalo a otros!) ya llamaba fascista a Albert Rivera, al que le puso el apodo de Falangito. Cuando surgió y cuajó Vox, que, a diferencia de Ciudadanos, sí era y es de ultraderecha (es decir, un partido espejo de los partidos nacionalistas vascos y catalanes; para Vox, España es su autonomía), el antifascismo español experimentó una euforia delatora. En efecto, si Ciudadanos ya era fascista, ¿a qué venía aquel énfasis con Vox? ¿A qué aquella "alerta antifascista" de repente?
 
Recuerdo un intercambio que tuve entonces con un antifascista español que se escandalizaba, decía, de que lo que hasta entonces habían sido conversaciones de bar hubiesen llegado al Parlamento. Yo le respondí que hasta que no había logrado sacarlas del bar no había parado el antifascismo español. Como si le fuese la vida en ello, como ciertamente le iba: mucho tiempo estuvo el antifascismo español sin fascismo enfrente. Durante lustros, el único "¡Viva España!" que se oía era el de las parodias (cargantes) del Gran Wyoming.
 
Vox, ya digo, es de ultraderecha. Y mi repulsión por este partido (una repulsión estomacal) me ha llevado a denostarlo y combatirlo (en la medida de mis menguadas e ineficaces posibilidades) desde que asomó. No han dejado de lloverme improperios por parte de los apretaos del voxismo; improperios que luzco como orgullosas condecoraciones, igual que Oscar Wilde los escupitajos que le lanzaban. Pero, desde el corazón mismo de mi repugnancia, no pierdo de vista dos cosas: una, que Vox no es el peor partido español, porque los hay peores; y dos, que por muy ultraderechista que sea, su ultraderechismo se verá limitado por el Estado de derecho, siempre que este se mantenga activo.
 
A propósito de esto último, lo que da miedo es que el antifascismo español, por medio del presidente Sánchez, le ha allanado el camino al fascismo español, al corroer el Estado de derecho y mostrar lo que se puede hacer con la infiltración partidista en las instituciones. Ha sido, una vez más, una sucia operación interesada.
 
En lugar de mantener activo y firme el Estado de derecho para que contuviera y limitase al fascismo español, lo que ha hecho el antifascismo español ha sido convertirlo en un trapo, en un castillo de cartón mojado con el que se pueda hacer lo que se quiera, despóticamente. Así (esta es la paradoja), el antifascismo español se presenta, muy cucamente, como el único bastión contra el fascismo español. Ya que no podrá serlo el Estado de derecho que ha estropeado.
 
Por otra parte, no sé qué cosas fascistas le quedarán por hacer al fascismo español cuando llegue al poder, en el caso de que algún día llegue. ¡Si todas las cosas fascistas ya las ha hecho el antifascismo español!
 
* * * 

5.7.26

La observación perezosa del esfuerzo ajeno

[Montanoscopia]  
 
1. El que los pactos del PP con Vox estén más que legitimados por el PSOE, por los pactos del PSOE con quienes son peores que Vox, no los hace menos repulsivos.  
 
2. En el estólido ping-pong nacional, las fechorías de cada partido son la coartada para las fechorías del otro, y viceversa. Cuando digo "partido" incluyo, además de a la militancia y a la dirigencia, al periodismo afín, y a los intelectuales, académicos y demás ralea que recalan partidistamente en los periódicos. Es asfixiante. Desde mi repulsión prácticamente universal a estas alturas, no sé cómo pueden los hunos enardecerse contra los hotros, cuando han defendido exactamente lo mismo que atacan ahora, y viceversa.  
 3. Este sistema semafórico de la indignación (¡rojo, no te indignes; verde, indígnate! ¡y ante las mismas cosas!) me saca de quicio. Al final uno es empujado a un energumenismo que no deja de formar parte del lamentable panorama también. La política española es una quemasangre. Estamos condenados aquellos a los que nos queman la sangre todos, sin que hallemos refugio. No deja de haber diversión en el espectaculito antropológico, en la gran pantomima. Pero a qué precio. Con qué amargura. 
 
4. Ya hablé en su día del sistema español de calefacciones parciales. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, le advertía Machado al españolito que viene al mundo. Pero la otra España se lo calentará y tan contentos. El problema lo tenemos aquellos a quienes nos hielan el corazón las dos (¡y hasta la tercera, que se sabe poner muy pesadita!).  
 
5. Juanma Moreno ha mentido como un Sánchez cualquiera. El votante del PP en las pasadas elecciones andaluzas que no era de derechas pero quería frenar (este sí, efectivamente) a Vox era un tonto fatal. Y lo sabía. Sabía que si se quedaba corto el voto al PP, este gobernaría junto a Vox también con su voto. Le aguardan ahora cuatro años con la cara de tonto. Y por la eminente razón de que es un tonto.  
 
6. Su decisión para las próximas generales está por lo demás clara: a Feijóo lo va a votar Perico el de los Palotes. Si la derecha es incapaz de consentir ser votada por la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista, que se las apañe solita la derecha.  
 
7. Por otra parte, no me parece un mal negocio electoral. Los de la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista somos cuatro gatos. Con nosotros no se va a ninguna parte. Pero tampoco pensamos ir nosotros a ninguna parte con la derecha. Nos queda esta dignidad: una dignidad plenamente consciente del desastre antidemocrático de Sánchez. Contra el que no podemos hacer nada, salvo hablar y escribir.  
 
8. El asunto es que los españoles se han metido en el agujero más estúpido en el que se podían meter. Ese agujero, del que ya estaban casi fuera, se llama Historia de España. Tal vez, en concreto, Historia Decimonónica de España. Un hatajo de políticos mediocres e irresponsables ha metido de nuevo ahí a los españoles, con el atolondramiento cómplice de estos. Al fin y al cabo, la Historia de España es así porque los españoles son asá.  
 
9. Llama Arnaldo Otegi a la construcción de "un muro antifascista". Un muro que, promovido por él, solo podrá ser construido con piedras fascistas.  
 
10. Pero ha empezado el Tour y este sí será una buena escapatoria para las calurosas sobremesas de julio, con las ruedas rodando en Francia igual que los ventiladores en las casas. Una de las delicias del mayor acontecimiento ciclístico es la observación perezosa del esfuerzo ajeno. 
 
* * *

3.7.26

Saramago no, Lobo Antunes sí

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:22
 
Buenas noches. Se aproxima el final de estas opiniones ultramontanas y veo que me he dejado fuera a mi escritor más detestado de todos los tiempos: José Saramago, que era un piernas y lo que escribió lo hizo dos piernas, sin que por ello lograse caminar. Suelo decir que tiene una novela buena: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero es buena justamente porque no es suya, sino de Antonio Tabucchi; por más que la escribiera Saramago. Su indigencia literaria, por la que le dieron el premio Nobel de Literatura, es más palpable si se la compara con la excelencia de su gran oponente portugués: António Lobo Antunes, una de cuyas mayores virtudes es que abominaba de su compatriota Saramago. Como los españoles son perezosos, se quedaron de Portugal, además de con Pessoa, con Saramago; cuando tendrían que haberse quedado con Lobo Antunes. Aquí se le lee poco, pese a que sus obras están admirablemente traducidas en Siruela por Mario Merlino y esta editorial publicó en 2001 Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco. Ahora los lectores tienen otra oportunidad de engancharse a este gran autor con un espléndido libro introductorio que acaba de llegar a las librerías: António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, de Rafael Maldonado (editorial Confluencias). Maldonado logra presentar con pasión y seducción al difícil Lobo Antunes, hablándonos de su interesantísima vida (fue aristócrata, psiquiatra, médico en la guerra colonial de Angola, jugador en el casino de Estoril, complicado amante de muchas mujeres y mil cosas más) y también de su obra, de la que se nos va dando claves mediante la recreación de un paseo crepuscular por Lisboa, ciudad a la que también se homenajea. Si estragaron su gusto leyendo a Saramago, recompónganlo con el Lobo Antunes de Rafael Maldonado. 
 
* * *
PD.– La obra de Lobo Antunes está actualmente editada en Penguin Random House.

2.7.26

A favor del verano

Con mis ventiladores en estéreo estoy como en el ojo del huracán. Me acarician vientos frescos, mientras la ciudad hierve o se calcina. La diferencia con el aire acondicionado es que este proporciona un frío abstracto. Los ventiladores son sensuales: te llevan el frescor a la piel. Y proporcionan un zumbido sedoso que anula el mundo. Suena el piano de Keith Jarrett interpretando a Carl Philipp Emanuel Bach (sonatas Württemberg) y la música tiene que acoplarse al rumor, encauzándolo en su melodía y su ritmo.
 
Carl Philipp Emanuel Bach es para mí el símbolo de la siesta feliz. Felicidad por disolución. ¿Cuántos años tendría, diecisiete, dieciocho? Me había echado tras la comida. En Radio 2 (hoy Radio Clásica) había un ciclo de CPE Bach a esa hora. No era verano, sino otoño. Me adormilé con la música, perdí la noción del tiempo. Una luz filtrada por la cortina me daba en la cara. Su jugueteo me provocaba un embeleso que se entretenía. Era la fusión de las notas con el sol, y la insinuación de una región aérea a la que yo había sido transportado. Aunque no a un pasado, como el tema de Vinteuil de En busca del tiempo perdido, sino hacia un futuro. Desperté por fin, habiendo experimentado la verdad metafísica de que la sustancia de las cosas es alegre.
 
Esto se desata en verano. Tuve la misma percepción el sábado, en mi primer día de playa. Me había dado el baño inaugural, bautismal siempre: la flotación en el líquido amniótico del Mediterráneo, ese azul que es reflejo del cielo, la reacomodación gravitatoria de los órganos y la circulación de la sangre como un delfín por las arterias, el aligeramiento de las preocupaciones. Después me puse la gorra, las gafas de sol y eché a caminar por la orilla. No sé cuánto estuve, debí de hacer kilómetros. Era como penetrar en una masa palpitante que no se terminaba nunca, hecha de cuerpos, risas, chapoteos, charlas, colores, carreras, saltos, también pasividad en las toallas, abrazos, besos, lectura, con el sol arriba y las olas al lado, su vaivén físico y sonoro. Un estruendo sostenido que era el de la alegría.
 
Me acordé de los versos sin puntuación de Apollinaire: "He aquí que viene el verano la estación violenta / Y mi juventud ha muerto como la primavera / Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente". En otra playa Octavio Paz (quien, por cierto, tituló un libro La estación vilenta) se puso fino con nostalgias apolíneas: "Hay turistas también en esta playa, / hay la muerte en bikini y alhajada, // nalgas, vientres, cecinas, lomos, bofes, / la cornucopia de fofos horrores". Pero mi impresión fue gozosamente dionisíaca, con horrores y con bellezas (¡tetas, espaldas, piernas, hombros, bocas, ombligos, culos!), todo revuelto y todo vivo.
 
El componente lúgubre, bajo el sol, tampoco faltaba. Por detrás de mi paseo vitalista, a cada paso, se producía la lección de Ricardo Reis: "Si aquí de un manso mar mi honda huella / tres olas la borran, / ¿qué me hará el mar que en la atra playa / es eco de Saturno?". Atra es un latinismo que significa "negra, oscura, sombría". Lo de Javier Marías también: Negra espalda del tiempo. Pero el paseo era de frente. Sin ignorarlo, avanzar.
 
Otro verano por delante, con la sintonía del Samba de verão (¡o El nadador!). A favor, naturalmente, de la vida crepitante y tropical. Su estética calurosa. Su tiempo que se ensancha. Sus noches de terraza cuando hay brisa. Y la brisa perpetua en la cama que suscita el ventilador. Que tampoco falta en el escritorio, donde refresca ahora mi prosa.
 
* * * 

28.6.26

Abominable semana sanchista (¡y Schopenhauer!)

[Montanoscopia]  
 
1. Había, hasta hace no tanto, como una humildad de época. Tal vez fuese la famosa posmodernidad, irónica, descreída de las grandes palabras y los grandes relatos, dolorosamente consciente en el fondo de las matanzas que habían provocado estos. Entonces, la frase "en el lado correcto de la historia" solo se utilizaba como arma arrojadiza: para endosársela a algún pomposo y reírnos de él; era ante todo una defensa, o una conjura de a lo que ese pomposo remitía. Una vez se la solté a una novia inteligente ("¡estás en el lado correcto de la historia!") y me dejó de hablar. Se entendía como burla, como acusación: aun en la pelea, los dos entendíamos lo mismo. Hoy ha cambiado. Son los propios pomposos los que se la aplican, con una ufanía insufrible, no menor que su estolidez: "Estoy en el lado correcto de la historia". O sea, que ya se vienen enfilando las nuevas matanzas.  
 
2. Abominable semana sanchista, entre la corrupción a chorros del PSOE (de la que forma parte la corrupción retórica), la despectiva mediocridad autocrática de Sánchez y el espectaculito de sus consentidores, que va de la adhesión sonrojante al silencio temeroso. Para que haya un franquismo hace falta que haya franquistas.  
 
3. Los ciudadanos que visitan el Congreso suelen decir que ven el hemiciclo más pequeño de como aparece en televisión. Dudo que en adelante pueda verse más pequeño de como ha aparecido estos días en televisión.  
 
4. Una oscurantista Rocío Palacios del PSOE de Almuñécar (¡de Almuñécar!) jalea en un tuit el vídeo de la proetarra Mertxe Aizpurua en el Congreso: "Pedazo de intervención que deja al PP en el lugar que le corresponde". Afortunadamente, Ampudia y Mercutio le hacen un sándwich ilustrado con sendas respuestas exactísimas. Ampudia: "Hace nada se mataban entre ellos, ahora hacen negocios. Como las familias de la mafia". Mercutio: "En una investidura de Frankenstein alguien tiene que ser el ano".  
 
5. El equilibrado Tsevan Rabtan también está que trina: "El PSOE ya solo merece su desaparición". En efecto, cada elección futura en la que los españoles no pasokicen al PSOE, no solo será una indignidad política, intelectual y estética de los españoles, sino un error que pagarán más temprano que tarde.  
 
6. Y en este contexto de degradación, el PP no es la contraparte seria, institucionalista, senatorial, sino que lanza vídeos histéricos (¡de pijos pichacortas!) como el de Nuevas Generaciones tras la retirada del pasaporte a la mujer del presidente por el juez Peinado.  
 
7. En su estupendo último podcast, Arcadi Espada, además de leer un espectacular párrafo de Bret Stephens sobre Estados Unidos y Trump (de aplicación calcada a España y Sánchez), dice que Schopenhauer es el autor con el que anda ahora. Cita una de sus grandes sentencias: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer [en el sentido de elegir] lo que quiere". Relacionada íntimamente con ella, cito yo otra, mi favorita (precisa y fulgurante; y refutadora de aplazadores como yo): "Solo la ejecución sella el propósito". 
 
 8. El mejor artículo sobre el terremoto de Venezuela lo escribió Savater en 1985, cuando el terremoto de México de aquel año. Se titulaba Finisterre, el nombre del hotel mexicano en que se había alojado en su anterior viaje. Al marcharse, se le olvidó devolver la llave de su habitación. Ahora la llave no era de ninguna puerta: el hotel se había derrumbado en el terremoto. Entre otras reflexiones (y emociones) recordaba, a propósito de la llave, el poema de Borges sobre Las cosas: "Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido". 
 
* * * 

25.6.26

La máscara profunda de Mar de Marchis

Uno de los efectos divertidos de La bola, de Daniel Verdú, es que muchos se han puesto a escribir sobre Jot Down para resaltar la irrelevancia de Jot Down. La avalancha ha terminado produciendo un salto cualitativo y la revista se ha convertido por fin en el New Yorker español.

Como mis simpatías están con Jot Down, para la que escribí y que publicó mi primer libro, empecé La bola (Alfaguara) con prevención. Pero me ocurrió esa cosa maravillosa de que, pese a mí, me conquistara. Su escritura es estupenda, cuenta muy bien una historia y te deja con un montón de incitaciones para la vida. Supongo que no les ha agradado a la familia ni al fundador y actual editor Ángel L. Fernández porque ellos tienen demasiado presente la realidad y ven ante todo las carencias (y puede que tergiversaciones) del libro; y que la perspectiva del autor sea la del poder prisaico actual, con contaminaciones de Enric González. Pero el libro es bueno en sí, funciona y, en lo que a mí respecta, no es incompatible con la experiencia que tuve; al contrario, la realza.

Ha crecido mi cariño por Mar de Marchis y se ha agigantado su figura. Recuerdo la primera vez que me llamó. Yo venía de malas experiencias en otras publicaciones digitales y lo primero que le solté fue que no pensaba participar en otra. "Pero a ti te gusta escribir", me dijo. "Mi problema", le respondí, "es que me gusta escribir tanto como no escribir". Me fue ganando en la conversación, aprecié que su cabeza fuese distinta a la de los mastuerzos anteriores y al final llegamos a un compromiso: como yo iba a seguir con mi blog en cualquier caso, le ofrecí la primicia de las entradas que me salieran más largas. Por el momento no tenían dinero, pero me prometió que al cabo de un año empezarían a pagar. Una de las sorpresas de mi vida fue que al cabo de un año empezaron a pagar.

Colaboré siempre desde fuera y nunca supe de las interioridades de su funcionamiento, cuyo arranque ha contado ahora Javier Bilbao. Como lector, antes de que Mar me llamase, conocía Jot Down porque había publicado largas entrevistas con algunos de mis ídolos: Fernando Savater, Félix de Azúa, Arcadi Espada... (entrevistas precisamente firmadas por Bilbao). Del blog de Espada, por cierto, hubo una afluencia de colaboradores (Tsevan Rabtan, Manuel Jabois, Juanjo Jambrina, yo mismo) por la recomendación de Pechelingue, el único que estaba tanto en La Página Definitiva (germen de la revista) como en el Nickjournal. (Estos días me ha dicho Bigote Prusiano que él también me recomendó.)

El asunto es que para mí fue un gustazo verme de pronto en la publicación de moda, que logró serlo porque estaba haciendo las cosas bien. En un encuentro sobre revistas culturales que hubo en La Térmica de Málaga, Ángel L. Fernández sembró el pánico entre los posturitas de las demás al hablar, con un pragmatismo deslumbrante, de cómo Jot Down estaba consiguiendo la "monetización". Con cuatro frases, ejemplo de otra manera de pensar, desterró a los otros a un pasado inútil del que ya no se recuperaron el resto de la mesa redonda (ni creo que de sus vidas). El "socio sevillano" del que se habla en La bola, pues, fue la otra pata imprescindible del proyecto, que caminó porque estaban los dos, Ángel y Mar.

Con ella era con la que trataba de mis artículos. Las pocas veces que me sugirió cambios eran buenos cambios: sabía editar. Cuando empezaron a publicar libros en Jot Down Books, se empeñó en publicarme uno. Como yo no se lo escribía, me dijo que le preparara uno que estuviera escrito. Así salió Inspiración para leer, hecho con textos que ya tenía. Mientras trabajábamos en la edición, de la que se ocupó Rubén Díaz Caviedes, hablé con frecuencia con ella. Llegó a leer el manuscrito (sobre el que me hizo otro par de sugerencias buenas) y el prólogo en que le daba las gracias. Luego entró en coma. Habíamos hablado dos días antes. Me contó que le había sostenido la mirada al Inocencio X de Velázquez en el palacio Doria-Pamphili. Durante los meses que siguieron pensé que solo él podía devolverla a este mundo. No lo logró.

Exceptuando ciertos toques moralistas, muy de su casa (ese moralismo de El País y la SER), Verdú indaga con acierto en el juego de máscaras que internet potencia, desatando los laberintos latentes del yo y lo real. Fueron formidables los años salvajes del invento, aunque solo algunos operaron más allá de la pantalla (quitando los encuentros personales que se terminaban produciendo, para los que internet no era más que un preparativo). El personaje de La bola me recuerda al de otro libro que triunfó como novela hace unos años y que yo sabía que se basaba en hechos reales (aunque su tratamiento literario resultaba extraordinario: por eso triunfó). Eran seres nietzscheanos, que se atrevían a ejercer el poder que tenían al alcance. Esto los dotaba de densidad trágica, algo abismal.

Precisamente Mar me llamó una tarde para que le explicara un aforismo de Nietzsche que yo había citado en un artículo: "Todo lo que es profundo ama la máscara". La lectura de La bola me ha emocionado porque he comprendido que era exactamente así en su caso. Aunque ella fingía que no se enteraba, para que hablásemos más. Si se lee sin moralismo, en favor de la vida, de la tragedia y la comedia de la vida, la Mar de Marchis de La bola era una verdadera artista, una princesa que exploraba, que intentaba no solo no desplomarse, sino también construir.

Después de su muerte todavía escribí un par de artículos para Jot Down, los más tristes de mi vida. Pero sin ella ya no tenía sentido. Quizá mi homenaje tendría que haber sido seguir, pero mi homenaje fue dejarlo. Y tomarme un negroni con mi amiga Dolores, una de las pocas personas que la conoció. 

* * *