23.7.26

Descendimiento de Ocaña, exaltación de Laborde y Sanz Irles

El proceso ha sido rápido y maravilloso. En abril nos avisó Juanjo Jambrina de la publicación en Francia de un poema largo sobre ciclismo: La chute de Luis Ocaña dans le col de Menté, de Christian Laborde. Sanz Irles y yo lo pedimos de inmediato. Mi menesteroso francés no me impidió apreciar la magnitud del poema, su alta calidad, su sistema de imágenes, su tensión sonora. Sanz Irles, que domina el idioma, se puso a traducir pasajes por jugar. El juego se transformó en pasión y decidió traducirlo entero. Alberto Beceiro, el editor de Sr. Scott, se interesó, negoció con Gallimard y, con la ilustración formidable de Sr. Bermúdez (¡estamos entre señores!), acaba de salir tres meses después en España, bellísimo, en edición bilingüe.
 
La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, ahora sí leído plenamente por mí, es un portento. Sanz Irles ha sabido trasladar los versos de Laborde a nuestra lengua, de manera que el poema funciona también en español: transmite su ritmo, su fuerza, su imaginería, su emoción, su estupor dramático, su deslumbramiento trágico, su abismo existencial; con una belleza dinámica, afilada, apabullante. La transformación alquímica del ciclismo en poesía (de acuerdo con la "alquimia del verbo" de Arhur Rimbaud, aludido en los versos del color de las vocales: "una O azul / una A negra") vuelve a extraer oro metafórico de este deporte que debería ser considerado como una de las bellas artes. No en vano, Marcel Duchamp habló del "ciclista ético" en la descripción de su dibujo Tener el aprendiz al sol, y el mexicano Julio Torri comparó a los ciclistas con los ángeles, puesto que avanzan como volando, sin pisar el suelo.
 
Laborde, escritor y cronista deportivo, nacido en los Pirineos y amante de su paisaje, escoge un episodio central de la carrera de Luis Ocaña y de la historia del Tour: el ciclista español criado en Francia logra vencer al belga Eddy Merckx, imbatible hasta ese jueves 8 de julio de 1971, día de pleno sol ("hay sol por todas partes y sombra en ninguna"), en la etapa alpina que acaba en la ascensión a Orcières-Merlette. Ocaña alcanza el maillot amarillo y parece tener asegurada la victoria final. Pero cuatro días después, el lunes 12 de julio, ya en los Pirineos, se cae en la bajada al col de Menté, cuando perseguía a Merckx en mitad de la tormenta que de súbito se había desatado. Intentó levantarse, pero otro ciclista chocó con él, y luego otro; este último, Joop Zoetemelk, hizo que ya no se levantara.
 
Al comienzo de la edición española se incluye la foto del Ocaña yacente de ese momento, como Cristo descendido de la cruz, un Cristo no muerto sino vivo y doliente: "el cuerpo resguardado del frío por una gabardina / Luis que pareciera descendido de la cruz / yace al pie de la roca / su espalda hecha pedazos su maillot jirones / enredado en su pelo / el barro pardo del puerto lo corona de espinas". Ocaña no ganó ese Tour, y ahí lo deja Laborde (al modo de Borges: "Alto lo dejo en su épico universo / y casi no tocado por el verso"). Lo conquistó en 1973, ya sin Merckx en liza.
 
También Borges escribió en su poema sobre el tango: "una canción de gesta se ha perdido / en sórdidas noticias policiales". Laborde hace lo contrario con el ciclismo: lo eleva a cantar de gesta, a canto homérico, a tragedia shakespeariana, con toques litúrgicos de auto sacramental. El poema, escrito sin signos de puntuación y en minúsculas (salvo los nombres propios), tiene 734 versos y está dividido, a modo de sinfonía, en cuatro movimientos.
 
El primero evoca el origen familiar de Ocaña en Priego (Cuenca), las carencias y el hambre, el esfuerzo de los padres: "encorvados los dos sobre la tierra sin agua / [la luz] molía a palos las libélulas de párpados / de aluminio". El segundo movimiento narra (y poetiza) la jornada triunfal del 8 de julio de 1971, que acabó donde la etapa de hoy, 23 de julio de 2026: "Luis / las cimas te querían te tienen / sobre su lomo te mueves y ya sois sólo uno / cielo curvas bicicleta todo es lo mismo / todo se confunde todo es apoteosis / [...] el amarillo de Coppi y de Bahamontes / espolvorea centellas sobre tu pecho". El tercer movimiento da cuenta de la ya mencionada etapa del 12 de julio de 1971, con la caída en el col de Menté. Y el cuarto y último, situado en agosto de aquel año, recrea una conversación de Ocaña con Dios en la capilla de Nuestra Señora de los Ciclistas. Dios le dice que cometió "el pecado de orgullo" (¡la hybris griega!) y Ocaña le dice que no: da otra razón emocionante, que pone los pelos de punta y que no revelaré, para dejarle la sorpresa al lector.
 
En la tradición de Zona, de Guillaume Apollinaire, que termina con "Adiós adiós // Sol cuello cortado", La caída de Luis Ocaña en el col de Menté concluye con dos versos que descolocan y que son sugerentes y perfectos: "perseguido por el viento y las defensas / de los elefantes".
 
Esta edición de Sr. Scott se completa con un estupendo prólogo (o Calentamiento) del traductor Sanz Irles, quien añade además algunas notas contextualizadoras. Hace un trazo de época, de aquel verano en que sonaban My Sweet Lord, Brown Sugar, L.A. Woman, Mediterráneo y Borriquito como tú, nos explica lo que significaba el ciclismo entonces para los españoles y se exalta con el poema de Laborde (su propia traducción es exaltante), del que nos presenta sus claves temáticas y sus impulsos estéticos. Acerca del poema, que tiene 300 versos más que La tierra baldía de T.S. Eliot (cuya mejor traducción en español es también la de Sanz Irles), escribe: "Es largo como el ascenso al terrible Tourmalet, pero se nos hace corto a los lectores, que llegamos al final exhaustos por la tensión y la emoción y, a la vez, con muchas ganas de seguir pedaleando, porque aquí, leer es pedalear". Pedaleemos.
 
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19.7.26

Un trámite hasta la final del Mundial

[Montanoscopia]  
 
1. Las horas de este domingo son un trámite hasta que empiece la final del Mundial. Incluso estaremos pendientes los que no somos aficionados al fútbol. Salvo algún héroe que se meta a las nueve a ver La Odisea de Nolan en un cine vacío.  
 
2. Nada parece tan grande como un Mundial. El primero que ganó Brasil, en 1958, retrasó un año el éxito de la bossa nova. La canción Chega de saudade, en la interpretación de João Gilberto, se lanzó justo cuando Brasil celebraba la copa y nadie le hizo caso. Solo en su segundo intento, en 1959, triunfó. En realidad, la música y el fútbol fueron juntos en la internacionalización de Brasil. De su último Mundial hace ya 24 años. Lo viví en el mejor sitio posible de España: la Casa do Brasil, el colegio mayor de Madrid donde yo estudiaba portugués en 2002. Al término, se formó una comitiva carnavalesca en la que fuimos bailoteando hasta llegar a la calle Jacometrezo, donde estaba el bar brasileño Oba-Oba. Los brasileños soñaban este 2026 con ser hexa. Pero vamos a ser los españoles los que seamos bi. Todos tenemos amigos argentinos, y ciertamente nos da pena la pésima noche que van a pasar.  
 
3. Por otra parte, el Argentina-España se puede interpretar como un traspaso de poderes corruptos. Nuestro Sánchez ha innovado en el peronismo: es un Perón sin carisma, al que no quiere el pueblo. En esto el pueblo español se diferencia de los hispanistas y corresponsales extranjeros, que adoran a Sánchez. Es adorado en el extranjero en general. Lo que indica que las valoraciones son siempre por el envoltorio y solo por el envoltorio. Y que el Trump perfecto, así Sánchez, ha de presentarse como antitrumpista. El "fascismo" que viene es este y no otro. Creo que ya lo dijo Pasolini.  
 
4. Quién nos iba a decir que el guardia civil de la retórica franquista era el sanchista. Aunque en verdad no debería extrañarnos a los que vemos el sanchismo como lo que es.  
 
5. Lo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el tétrico TJUE, es otro motivo para la desafección europeísta. ¡Ahora alienta golpes de Estado regionales! O corrobora su impunidad. De nuevo los buenos chicos que siempre creímos en la Constitución española y en la utopía realizada de Europa nos vamos con el rabo entre las piernas. Tiempo de derrotas impepinables. Lo más patético es que en esta ocasión el TJUE repite la mentira (¡la "reconciliación"!) de esa maldita ley delincuencial. Si parte de una mentira, ¿qué verdad puede haber en el despliegue?  
 
6. La humorada de aquel Pujols que decía lo de que "allá adonde vayan los catalanes, todos sus gastos les serán pagados" se ha cumplido finalmente. Los españoles no catalanes lo notamos en el bolsillo.  
 
7. Se despidió Alsina del primer tramo de Más de Uno, que ocupará Latorre, quien se despidió de La Brújula. El discurso de hace unas semanas de Alsina sobre su autorrelegación concuerda con los versos de Ricardo Reis que yo tengo como emblema: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". 
 
8. Mi traducción favorita de la Odisea de Homero es la que hizo en hexámetros Fernando Gutiérrez. Estaba editada en Clásicos Planeta y ahora la ha rescatado Penguin Clásicos. El mismo traductor hizo también la Ilíada, y las dos se ofrecen en un pack. La traducción más reciente de la Odisea es la de Juan Manuel Macías, en La Oficina. Ha sido muy celebrada, pero aún no la ha leído. La de Gutiérrez era un placer con ritmo, y plenamente narrativo. 
 
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17.7.26

Crepúsculo con Goytisolos

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:30

Ya que estamos hoy un poco crepusculares, me ocuparé del tema crepuscular por antonomasia: la extinción de una saga. Esta vez ha sido la de los Goytisolo, con la desaparición del último, Luis Goytisolo, que era el menor pero ha alcanzado a ser el mayor, puesto que ha muerto con 91 años, cuando sus hermanos Juan y José Agustín murieron, respectivamente, con 86 y con 70. Toda la vida la literatura española estuvo llena de Goytisolos y ya no queda ninguno. Siempre me llamó la atención esa repetición del apellido en tres hombres que se dedicaban a lo mismo: escribir. Los escritores aspiran a la singularidad, pero cada Goytisolo debía resignarse a la idea de que había otros dos Goytisolos. Seguro que hubieran preferido estar goytisolos que mal acompañados (este chiste es un homenaje a Vigalondo). Pero lo compensaron con egos descomunales; al menos los novelistas, Juan y Luis, que José Agustín, el poeta, parecía más frágil. José Agustín fue mi primer Goytisolo, porque era un invitado frecuente del Loco de la Colina. Era un formidable poeta radiofónico. Por aquel tiempo publicó su libro de poemas A veces gran amor, que llevaba esta cita deliciosa del Arcipreste de Hita: "Yo, como soy humano y, por tal, pecador, / sentí por las mujeres, a veces, gran amor". Juan Goytisolo fue el más famoso, y también el más arisco. Nos reíamos de él por esto, pero ahora lo echo de menos, porque ya no hay nadie arisco. A Luis Goytisolo le preguntaron una vez por el mejor novelista de su generación y respondió que Luis Goytisolo. Puse esto en Twitter también para reírme... pero dos buenos lectores (Schultz y Torné) me aseguran que tenía razón. Confieso que de Luis Goytisolo no he leído nada, pero habrá que leer su monumental Antagonía. Inauguramos un mundo raro, ya sin Goytisolos.

Bueno, y sin Rafa Latorre en La Brújula; aunque con Rafa Latorre en Más de uno. Gracias por todo y mucha suerte.

16.7.26

El navajero de Ockham

En los tiempos en que el bachillerato era aún digno de ese nombre (mi generación lo pilló un poco), a los estudiantes se les dotaba de una fabulosa arma pendenciera: la navaja de Ockham. Con ella se convertían en navajeros y podían meterse en peleas discursivas con posibilidades de ganar, o al menos hacerles daño a los rivales. Estos solían ser pesados curas, que con los años derivarían en pesados curas ideológicos. Son los que imperan hoy, aunque enfrente tienen a estudiantes desarmados.
 
El monje nominalista franciscano del siglo XIV Guillermo de Ockham, a cuyo trasunto en El nombre de la rosa, Guillermo de Baskerville (también con cualidades sherlockholmesianas), interpretó Sean Connery, estableció como principio de conocimiento que la explicación más simple tiene mayores probabilidades de ser la verdadera. Por ello "no hay que multiplicar los entes sin necesidad". Esta multiplicación innecesaria es la que debe rebanar la navaja, como metafóricamente se le llama a su principio.
 
En este verano calurosísimo me aburro, pese a las euforias mundialistas, y he decidido sacar la vieja navaja estudiantil para, cual navajero de Ockham, y a diferencia de los pánfilos toros de los Sanfermines, pegar algunos tajos en la actualidad.
 
Podemos empezar precisamente por el asunto de las selecciones nacionales. La bobada de Rajoy (que en la selección de Francia no había franceses) ha dado pie a que políticos y tertulianos se pongan campanudos. Yo creo en la ciudadanía universal, formal, sin contenido, pero eso no me impide soltar mis chistecillos también. Así, tras la derrota de Francia en la semifinal escribí: "Ahora sí que se les ha quedado cara de franceses". Lo patético de España es que bastantes comentaristas indignados serían incapaces de afirmar que todos los jugadores de la selección española son españoles. No por jugadores como Yamal o Williams, sino por los catalanes y los vascos. Ahí están los artificiosos nacionalistas para hacer el mohín. Lo que pretenden es multiplicar las selecciones sin necesidad.
 
Otra cuestión deliciosa es la súbita apología del enchufismo a la que estamos asistiendo tras la condena del hermano del presidente Sánchez (mi por otra parte admirado Azagra, al que le gustan la música y no trabajar tanto como a mí). Gracias a la navaja de Ockham desbrozamos una verdad simplicísima: la defensa de lo público que hace nuestra izquierda es porque en lo público encuentra su mina para las colocaciones a dedo.
 
En cuanto al impostado énfasis del Gobierno contra el juicio (en el que no ha habido afectación gubernamental y del que, por otra parte, el entrañable Azagra no ha salido tan mal parado), Caño ha dado con el motivo simple y certero: se trata de ir "preparando el camino –y educando a su tropa– para deslegitimar sentencias futuras que sí afectarán directamente al PSOE y a Sánchez".
 
El presidente es el que está en el fondo de todos los desbroces. Si utilizáramos la navaja de Ockham para afeitar, debajo de la barba estaría Sánchez, con su sonrisa de Pepe Sonrisas. Precisamente el amigo profesor de Filosofía que me informa de que en el instituto ya no se estudia a Ockham fue el que me dijo hace unos meses, a propósito de los escándalos del sanchismo: "Desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática".
 
En fin, que si, en esto de la corrupción y las maniobras propagandísticas encubridoras, el PSOE y el Gobierno andan como un pato, nadan como un pato y hacen cuá cuá (¡y Cué Cué!) como un pato, a lo mejor el que manda en el PSOE y en el Gobierno es el capo. ¡Lo dice Ockham!
 
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12.7.26

Estamos vivos de milagro

[Montanoscopia]  
 
1. Con sus pactos inicuos con Vox y sus torpes majaderías retrógradas (prioridad nacional, pucherazo, bajas laborales, aborto, ¡ducha posorgásmica!), el PP ha decidido que el combate contra el sanchismo no sea institucionalista, sino partidista. Un asunto exclusivo de la derecha. Los progresistas antisanchistas (es decir, los verdaderos progresistas frente al reaccionario y corrupto sanchismo) quedamos, pues, descabalgados. Hundidos en el pozo inútil (aunque oxigenado) de la abstención. En las próximas elecciones generales veremos los toros desde la barrera. Aunque sin librarnos de ellos, porque los toros del poder son de los que saltan y se ponen a pisotear y cornear a los espectadores. Desde este punto de vista, la política vendría a ser un encierro de San Fermín con los toros sueltos por los tendidos repletos de ciudadanos.  
 
2. Viene clamando Espada en su podcast por que lo prioritario en las próximas elecciones sea el repudio al nefasto Sánchez, más allá de las posturas ideológicas concretas. Lo suscribo. Salvo en que no entiendo por qué la concesión la tienen que hacer los votantes y no los partidos. Ante esta emergencia nacional, ¿por qué la derecha no afloja, para que podamos votarla los de izquierdas? Por el contrario, fuerza las cosas, se extrema, nos chantajea. Pues, en lo que a mí respecta, va a ser que no. ¡Espero le salgan las cuentas sin mí!  
 
3. Por otra parte, es falsa la turra de que esta derecha no es democrática y ha dejado de ser "la de la Transición", como dice el aristócrata comunista Nicolás Sartorius (quien, al decirlo, ha dejado de ser el de la Transición). O ese miedo al "fascismo" de la torturadora de niños Rosa León (¡a mí me torturó de niño con sus canciones!), que es un miedo estrictamente antidemocrático a la alternancia en el poder. Hay una ola alucinante de antipluralistas que se perciben a sí mismos como lo contrario exactamente de lo que son. En fin de cuentas, son ventajistas y conocen muy bien de dónde les vienen los privilegios.  
 
4. Me estuve refugiando varios años de los problemas de España en los de Argentina, comparados con los cuales los nuestros parecían llevaderos. Lo hacía por el programa de televisión Periodismo para todos, de Jorge Lanata, que se empezó a emitir en 2012. El festival de corrupción política, económica e institucional del kirchnerismo me dejaba cada semana pasmado. Allí vi cómo desde el gobierno se llamaba "golpista" a la oposición (y al propio Lanata que investigaba y denunciaba), y se hablaba de "lawfare" para desacreditar a los jueces que juzgaban a los corruptos. Hoy todo esto es habitual en España: Sánchez lo ha traído. Como las repulsivas exhibiciones peronistas con sus consejos para el sol y los eclipses, o el anuncio de ¡una colección de ropa gubernamental! Ya no hay ningún sitio bananero en el que refugiarse de los problemas de España.  
 
5. La elusión de responsabilidades de Sánchez ante la ya larguísima huelga de médicos, remitiéndoles a Mónica García, indica que el presidente practica la cuca "cogobernanza" también con sus ministros.  
 
6. España en las semifinales del Mundial, que jugará el martes contra Francia. Quienes no sabemos nada de fútbol sí nos asomamos a estos duelos a muerte como si fueran peleas de boxeo, con una pelota dando botes por ahí. Los comentaristas, mientras tanto, hablan de cosas que no logramos ver, salvo cuando cantan gol. No deja de ser lo nuestro la observación de un misterio, el misterio del fútbol. Lo mejor es que después leemos las crónicas y nos gustan.  
 
7. Terremotos, incendios. Olvidamos con demasiada frecuencia que estamos vivos de milagro. 
 
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9.7.26

Paradoja del antifascismo español

El antifascismo español lleva años postulando un fascismo que nunca llega. Esto podría considerarse un fracaso personal del antifascismo español, dada la ansiedad con que lo aguarda. Al modo de los bárbaros de Cavafis, para el antifascismo español el fascismo, al fin y al cabo, es una solución.
 
Una solución, antes que nada, para camuflar, excusar e incluso justificar las pulsiones inequívocamente fascistas del antifascismo español. Lo último ha sido esa llamada de Arnaldo Otegi a levantar "un muro antifascista". Un muro, ya lo dijimos, que, si tiene a Otegi como aparejador, solo podrá ser construido con piedras fascistas. Nada ha habido más fascista en España, desde el final de la dictadura de Franco, que el nacionalismo vasco. Bueno, solo el nacionalismo catalán. En general, los nacionalismos: como lo fue el franquista.
 
La farsa del antifascismo español se ve en cosas como que (¡recuérdalo tú y recuérdalo a otros!) ya llamaba fascista a Albert Rivera, al que le puso el apodo de Falangito. Cuando surgió y cuajó Vox, que, a diferencia de Ciudadanos, sí era y es de ultraderecha (es decir, un partido espejo de los partidos nacionalistas vascos y catalanes; para Vox, España es su autonomía), el antifascismo español experimentó una euforia delatora. En efecto, si Ciudadanos ya era fascista, ¿a qué venía aquel énfasis con Vox? ¿A qué aquella "alerta antifascista" de repente?
 
Recuerdo un intercambio que tuve entonces con un antifascista español que se escandalizaba, decía, de que lo que hasta entonces habían sido conversaciones de bar hubiesen llegado al Parlamento. Yo le respondí que hasta que no había logrado sacarlas del bar no había parado el antifascismo español. Como si le fuese la vida en ello, como ciertamente le iba: mucho tiempo estuvo el antifascismo español sin fascismo enfrente. Durante lustros, el único "¡Viva España!" que se oía era el de las parodias (cargantes) del Gran Wyoming.
 
Vox, ya digo, es de ultraderecha. Y mi repulsión por este partido (una repulsión estomacal) me ha llevado a denostarlo y combatirlo (en la medida de mis menguadas e ineficaces posibilidades) desde que asomó. No han dejado de lloverme improperios por parte de los apretaos del voxismo; improperios que luzco como orgullosas condecoraciones, igual que Oscar Wilde los escupitajos que le lanzaban. Pero, desde el corazón mismo de mi repugnancia, no pierdo de vista dos cosas: una, que Vox no es el peor partido español, porque los hay peores; y dos, que por muy ultraderechista que sea, su ultraderechismo se verá limitado por el Estado de derecho, siempre que este se mantenga activo.
 
A propósito de esto último, lo que da miedo es que el antifascismo español, por medio del presidente Sánchez, le ha allanado el camino al fascismo español, al corroer el Estado de derecho y mostrar lo que se puede hacer con la infiltración partidista en las instituciones. Ha sido, una vez más, una sucia operación interesada.
 
En lugar de mantener activo y firme el Estado de derecho para que contuviera y limitase al fascismo español, lo que ha hecho el antifascismo español ha sido convertirlo en un trapo, en un castillo de cartón mojado con el que se pueda hacer lo que se quiera, despóticamente. Así (esta es la paradoja), el antifascismo español se presenta, muy cucamente, como el único bastión contra el fascismo español. Ya que no podrá serlo el Estado de derecho que ha estropeado.
 
Por otra parte, no sé qué cosas fascistas le quedarán por hacer al fascismo español cuando llegue al poder, en el caso de que algún día llegue. ¡Si todas las cosas fascistas ya las ha hecho el antifascismo español!
 
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5.7.26

La observación perezosa del esfuerzo ajeno

[Montanoscopia]  
 
1. El que los pactos del PP con Vox estén más que legitimados por el PSOE, por los pactos del PSOE con quienes son peores que Vox, no los hace menos repulsivos.  
 
2. En el estólido ping-pong nacional, las fechorías de cada partido son la coartada para las fechorías del otro, y viceversa. Cuando digo "partido" incluyo, además de a la militancia y a la dirigencia, al periodismo afín, y a los intelectuales, académicos y demás ralea que recalan partidistamente en los periódicos. Es asfixiante. Desde mi repulsión prácticamente universal a estas alturas, no sé cómo pueden los hunos enardecerse contra los hotros, cuando han defendido exactamente lo mismo que atacan ahora, y viceversa.  
 3. Este sistema semafórico de la indignación (¡rojo, no te indignes; verde, indígnate! ¡y ante las mismas cosas!) me saca de quicio. Al final uno es empujado a un energumenismo que no deja de formar parte del lamentable panorama también. La política española es una quemasangre. Estamos condenados aquellos a los que nos queman la sangre todos, sin que hallemos refugio. No deja de haber diversión en el espectaculito antropológico, en la gran pantomima. Pero a qué precio. Con qué amargura. 
 
4. Ya hablé en su día del sistema español de calefacciones parciales. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, le advertía Machado al españolito que viene al mundo. Pero la otra España se lo calentará y tan contentos. El problema lo tenemos aquellos a quienes nos hielan el corazón las dos (¡y hasta la tercera, que se sabe poner muy pesadita!).  
 
5. Juanma Moreno ha mentido como un Sánchez cualquiera. El votante del PP en las pasadas elecciones andaluzas que no era de derechas pero quería frenar (este sí, efectivamente) a Vox era un tonto fatal. Y lo sabía. Sabía que si se quedaba corto el voto al PP, este gobernaría junto a Vox también con su voto. Le aguardan ahora cuatro años con la cara de tonto. Y por la eminente razón de que es un tonto.  
 
6. Su decisión para las próximas generales está por lo demás clara: a Feijóo lo va a votar Perico el de los Palotes. Si la derecha es incapaz de consentir ser votada por la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista, que se las apañe solita la derecha.  
 
7. Por otra parte, no me parece un mal negocio electoral. Los de la izquierda (o el centroizquierda) antisanchista somos cuatro gatos. Con nosotros no se va a ninguna parte. Pero tampoco pensamos ir nosotros a ninguna parte con la derecha. Nos queda esta dignidad: una dignidad plenamente consciente del desastre antidemocrático de Sánchez. Contra el que no podemos hacer nada, salvo hablar y escribir.  
 
8. El asunto es que los españoles se han metido en el agujero más estúpido en el que se podían meter. Ese agujero, del que ya estaban casi fuera, se llama Historia de España. Tal vez, en concreto, Historia Decimonónica de España. Un hatajo de políticos mediocres e irresponsables ha metido de nuevo ahí a los españoles, con el atolondramiento cómplice de estos. Al fin y al cabo, la Historia de España es así porque los españoles son asá.  
 
9. Llama Arnaldo Otegi a la construcción de "un muro antifascista". Un muro que, promovido por él, solo podrá ser construido con piedras fascistas.  
 
10. Pero ha empezado el Tour y este sí será una buena escapatoria para las calurosas sobremesas de julio, con las ruedas rodando en Francia igual que los ventiladores en las casas. Una de las delicias del mayor acontecimiento ciclístico es la observación perezosa del esfuerzo ajeno. 
 
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3.7.26

Saramago no, Lobo Antunes sí

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:22
 
Buenas noches. Se aproxima el final de estas opiniones ultramontanas y veo que me he dejado fuera a mi escritor más detestado de todos los tiempos: José Saramago, que era un piernas y lo que escribió lo hizo dos piernas, sin que por ello lograse caminar. Suelo decir que tiene una novela buena: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero es buena justamente porque no es suya, sino de Antonio Tabucchi; por más que la escribiera Saramago. Su indigencia literaria, por la que le dieron el premio Nobel de Literatura, es más palpable si se la compara con la excelencia de su gran oponente portugués: António Lobo Antunes, una de cuyas mayores virtudes es que abominaba de su compatriota Saramago. Como los españoles son perezosos, se quedaron de Portugal, además de con Pessoa, con Saramago; cuando tendrían que haberse quedado con Lobo Antunes. Aquí se le lee poco, pese a que sus obras están admirablemente traducidas en Siruela por Mario Merlino y esta editorial publicó en 2001 Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco. Ahora los lectores tienen otra oportunidad de engancharse a este gran autor con un espléndido libro introductorio que acaba de llegar a las librerías: António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, de Rafael Maldonado (editorial Confluencias). Maldonado logra presentar con pasión y seducción al difícil Lobo Antunes, hablándonos de su interesantísima vida (fue aristócrata, psiquiatra, médico en la guerra colonial de Angola, jugador en el casino de Estoril, complicado amante de muchas mujeres y mil cosas más) y también de su obra, de la que se nos va dando claves mediante la recreación de un paseo crepuscular por Lisboa, ciudad a la que también se homenajea. Si estragaron su gusto leyendo a Saramago, recompónganlo con el Lobo Antunes de Rafael Maldonado. 
 
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PD.– La obra de Lobo Antunes está actualmente editada en Penguin Random House.

2.7.26

A favor del verano

Con mis ventiladores en estéreo estoy como en el ojo del huracán. Me acarician vientos frescos, mientras la ciudad hierve o se calcina. La diferencia con el aire acondicionado es que este proporciona un frío abstracto. Los ventiladores son sensuales: te llevan el frescor a la piel. Y proporcionan un zumbido sedoso que anula el mundo. Suena el piano de Keith Jarrett interpretando a Carl Philipp Emanuel Bach (sonatas Württemberg) y la música tiene que acoplarse al rumor, encauzándolo en su melodía y su ritmo.
 
Carl Philipp Emanuel Bach es para mí el símbolo de la siesta feliz. Felicidad por disolución. ¿Cuántos años tendría, diecisiete, dieciocho? Me había echado tras la comida. En Radio 2 (hoy Radio Clásica) había un ciclo de CPE Bach a esa hora. No era verano, sino otoño. Me adormilé con la música, perdí la noción del tiempo. Una luz filtrada por la cortina me daba en la cara. Su jugueteo me provocaba un embeleso que se entretenía. Era la fusión de las notas con el sol, y la insinuación de una región aérea a la que yo había sido transportado. Aunque no a un pasado, como el tema de Vinteuil de En busca del tiempo perdido, sino hacia un futuro. Desperté por fin, habiendo experimentado la verdad metafísica de que la sustancia de las cosas es alegre.
 
Esto se desata en verano. Tuve la misma percepción el sábado, en mi primer día de playa. Me había dado el baño inaugural, bautismal siempre: la flotación en el líquido amniótico del Mediterráneo, ese azul que es reflejo del cielo, la reacomodación gravitatoria de los órganos y la circulación de la sangre como un delfín por las arterias, el aligeramiento de las preocupaciones. Después me puse la gorra, las gafas de sol y eché a caminar por la orilla. No sé cuánto estuve, debí de hacer kilómetros. Era como penetrar en una masa palpitante que no se terminaba nunca, hecha de cuerpos, risas, chapoteos, charlas, colores, carreras, saltos, también pasividad en las toallas, abrazos, besos, lectura, con el sol arriba y las olas al lado, su vaivén físico y sonoro. Un estruendo sostenido que era el de la alegría.
 
Me acordé de los versos sin puntuación de Apollinaire: "He aquí que viene el verano la estación violenta / Y mi juventud ha muerto como la primavera / Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente". En otra playa Octavio Paz (quien, por cierto, tituló un libro La estación vilenta) se puso fino con nostalgias apolíneas: "Hay turistas también en esta playa, / hay la muerte en bikini y alhajada, // nalgas, vientres, cecinas, lomos, bofes, / la cornucopia de fofos horrores". Pero mi impresión fue gozosamente dionisíaca, con horrores y con bellezas (¡tetas, espaldas, piernas, hombros, bocas, ombligos, culos!), todo revuelto y todo vivo.
 
El componente lúgubre, bajo el sol, tampoco faltaba. Por detrás de mi paseo vitalista, a cada paso, se producía la lección de Ricardo Reis: "Si aquí de un manso mar mi honda huella / tres olas la borran, / ¿qué me hará el mar que en la atra playa / es eco de Saturno?". Atra es un latinismo que significa "negra, oscura, sombría". Lo de Javier Marías también: Negra espalda del tiempo. Pero el paseo era de frente. Sin ignorarlo, avanzar.
 
Otro verano por delante, con la sintonía del Samba de verão (¡o El nadador!). A favor, naturalmente, de la vida crepitante y tropical. Su estética calurosa. Su tiempo que se ensancha. Sus noches de terraza cuando hay brisa. Y la brisa perpetua en la cama que suscita el ventilador. Que tampoco falta en el escritorio, donde refresca ahora mi prosa.
 
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28.6.26

Abominable semana sanchista (¡y Schopenhauer!)

[Montanoscopia]  
 
1. Había, hasta hace no tanto, como una humildad de época. Tal vez fuese la famosa posmodernidad, irónica, descreída de las grandes palabras y los grandes relatos, dolorosamente consciente en el fondo de las matanzas que habían provocado estos. Entonces, la frase "en el lado correcto de la historia" solo se utilizaba como arma arrojadiza: para endosársela a algún pomposo y reírnos de él; era ante todo una defensa, o una conjura de a lo que ese pomposo remitía. Una vez se la solté a una novia inteligente ("¡estás en el lado correcto de la historia!") y me dejó de hablar. Se entendía como burla, como acusación: aun en la pelea, los dos entendíamos lo mismo. Hoy ha cambiado. Son los propios pomposos los que se la aplican, con una ufanía insufrible, no menor que su estolidez: "Estoy en el lado correcto de la historia". O sea, que ya se vienen enfilando las nuevas matanzas.  
 
2. Abominable semana sanchista, entre la corrupción a chorros del PSOE (de la que forma parte la corrupción retórica), la despectiva mediocridad autocrática de Sánchez y el espectaculito de sus consentidores, que va de la adhesión sonrojante al silencio temeroso. Para que haya un franquismo hace falta que haya franquistas.  
 
3. Los ciudadanos que visitan el Congreso suelen decir que ven el hemiciclo más pequeño de como aparece en televisión. Dudo que en adelante pueda verse más pequeño de como ha aparecido estos días en televisión.  
 
4. Una oscurantista Rocío Palacios del PSOE de Almuñécar (¡de Almuñécar!) jalea en un tuit el vídeo de la proetarra Mertxe Aizpurua en el Congreso: "Pedazo de intervención que deja al PP en el lugar que le corresponde". Afortunadamente, Ampudia y Mercutio le hacen un sándwich ilustrado con sendas respuestas exactísimas. Ampudia: "Hace nada se mataban entre ellos, ahora hacen negocios. Como las familias de la mafia". Mercutio: "En una investidura de Frankenstein alguien tiene que ser el ano".  
 
5. El equilibrado Tsevan Rabtan también está que trina: "El PSOE ya solo merece su desaparición". En efecto, cada elección futura en la que los españoles no pasokicen al PSOE, no solo será una indignidad política, intelectual y estética de los españoles, sino un error que pagarán más temprano que tarde.  
 
6. Y en este contexto de degradación, el PP no es la contraparte seria, institucionalista, senatorial, sino que lanza vídeos histéricos (¡de pijos pichacortas!) como el de Nuevas Generaciones tras la retirada del pasaporte a la mujer del presidente por el juez Peinado.  
 
7. En su estupendo último podcast, Arcadi Espada, además de leer un espectacular párrafo de Bret Stephens sobre Estados Unidos y Trump (de aplicación calcada a España y Sánchez), dice que Schopenhauer es el autor con el que anda ahora. Cita una de sus grandes sentencias: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer [en el sentido de elegir] lo que quiere". Relacionada íntimamente con ella, cito yo otra, mi favorita (precisa y fulgurante; y refutadora de aplazadores como yo): "Solo la ejecución sella el propósito". 
 
 8. El mejor artículo sobre el terremoto de Venezuela lo escribió Savater en 1985, cuando el terremoto de México de aquel año. Se titulaba Finisterre, el nombre del hotel mexicano en que se había alojado en su anterior viaje. Al marcharse, se le olvidó devolver la llave de su habitación. Ahora la llave no era de ninguna puerta: el hotel se había derrumbado en el terremoto. Entre otras reflexiones (y emociones) recordaba, a propósito de la llave, el poema de Borges sobre Las cosas: "Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido". 
 
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25.6.26

La máscara profunda de Mar de Marchis

Uno de los efectos divertidos de La bola, de Daniel Verdú, es que muchos se han puesto a escribir sobre Jot Down para resaltar la irrelevancia de Jot Down. La avalancha ha terminado produciendo un salto cualitativo y la revista se ha convertido por fin en el New Yorker español.

Como mis simpatías están con Jot Down, para la que escribí y que publicó mi primer libro, empecé La bola (Alfaguara) con prevención. Pero me ocurrió esa cosa maravillosa de que, pese a mí, me conquistara. Su escritura es estupenda, cuenta muy bien una historia y te deja con un montón de incitaciones para la vida. Supongo que no les ha agradado a la familia ni al fundador y actual editor Ángel L. Fernández porque ellos tienen demasiado presente la realidad y ven ante todo las carencias (y puede que tergiversaciones) del libro; y que la perspectiva del autor sea la del poder prisaico actual, con contaminaciones de Enric González. Pero el libro es bueno en sí, funciona y, en lo que a mí respecta, no es incompatible con la experiencia que tuve; al contrario, la realza.

Ha crecido mi cariño por Mar de Marchis y se ha agigantado su figura. Recuerdo la primera vez que me llamó. Yo venía de malas experiencias en otras publicaciones digitales y lo primero que le solté fue que no pensaba participar en otra. "Pero a ti te gusta escribir", me dijo. "Mi problema", le respondí, "es que me gusta escribir tanto como no escribir". Me fue ganando en la conversación, aprecié que su cabeza fuese distinta a la de los mastuerzos anteriores y al final llegamos a un compromiso: como yo iba a seguir con mi blog en cualquier caso, le ofrecí la primicia de las entradas que me salieran más largas. Por el momento no tenían dinero, pero me prometió que al cabo de un año empezarían a pagar. Una de las sorpresas de mi vida fue que al cabo de un año empezaron a pagar.

Colaboré siempre desde fuera y nunca supe de las interioridades de su funcionamiento, cuyo arranque ha contado ahora Javier Bilbao. Como lector, antes de que Mar me llamase, conocía Jot Down porque había publicado largas entrevistas con algunos de mis ídolos: Fernando Savater, Félix de Azúa, Arcadi Espada... (entrevistas precisamente firmadas por Bilbao). Del blog de Espada, por cierto, hubo una afluencia de colaboradores (Tsevan Rabtan, Manuel Jabois, Juanjo Jambrina, yo mismo) por la recomendación de Pechelingue, el único que estaba tanto en La Página Definitiva (germen de la revista) como en el Nickjournal. (Estos días me ha dicho Bigote Prusiano que él también me recomendó.)

El asunto es que para mí fue un gustazo verme de pronto en la publicación de moda, que logró serlo porque estaba haciendo las cosas bien. En un encuentro sobre revistas culturales que hubo en La Térmica de Málaga, Ángel L. Fernández sembró el pánico entre los posturitas de las demás al hablar, con un pragmatismo deslumbrante, de cómo Jot Down estaba consiguiendo la "monetización". Con cuatro frases, ejemplo de otra manera de pensar, desterró a los otros a un pasado inútil del que ya no se recuperaron el resto de la mesa redonda (ni creo que de sus vidas). El "socio sevillano" del que se habla en La bola, pues, fue la otra pata imprescindible del proyecto, que caminó porque estaban los dos, Ángel y Mar.

Con ella era con la que trataba de mis artículos. Las pocas veces que me sugirió cambios eran buenos cambios: sabía editar. Cuando empezaron a publicar libros en Jot Down Books, se empeñó en publicarme uno. Como yo no se lo escribía, me dijo que le preparara uno que estuviera escrito. Así salió Inspiración para leer, hecho con textos que ya tenía. Mientras trabajábamos en la edición, de la que se ocupó Rubén Díaz Caviedes, hablé con frecuencia con ella. Llegó a leer el manuscrito (sobre el que me hizo otro par de sugerencias buenas) y el prólogo en que le daba las gracias. Luego entró en coma. Habíamos hablado dos días antes. Me contó que le había sostenido la mirada al Inocencio X de Velázquez en el palacio Doria-Pamphili. Durante los meses que siguieron pensé que solo él podía devolverla a este mundo. No lo logró.

Exceptuando ciertos toques moralistas, muy de su casa (ese moralismo de El País y la SER), Verdú indaga con acierto en el juego de máscaras que internet potencia, desatando los laberintos latentes del yo y lo real. Fueron formidables los años salvajes del invento, aunque solo algunos operaron más allá de la pantalla (quitando los encuentros personales que se terminaban produciendo, para los que internet no era más que un preparativo). El personaje de La bola me recuerda al de otro libro que triunfó como novela hace unos años y que yo sabía que se basaba en hechos reales (aunque su tratamiento literario resultaba extraordinario: por eso triunfó). Eran seres nietzscheanos, que se atrevían a ejercer el poder que tenían al alcance. Esto los dotaba de densidad trágica, algo abismal.

Precisamente Mar me llamó una tarde para que le explicara un aforismo de Nietzsche que yo había citado en un artículo: "Todo lo que es profundo ama la máscara". La lectura de La bola me ha emocionado porque he comprendido que era exactamente así en su caso. Aunque ella fingía que no se enteraba, para que hablásemos más. Si se lee sin moralismo, en favor de la vida, de la tragedia y la comedia de la vida, la Mar de Marchis de La bola era una verdadera artista, una princesa que exploraba, que intentaba no solo no desplomarse, sino también construir.

Después de su muerte todavía escribí un par de artículos para Jot Down, los más tristes de mi vida. Pero sin ella ya no tenía sentido. Quizá mi homenaje tendría que haber sido seguir, pero mi homenaje fue dejarlo. Y tomarme un negroni con mi amiga Dolores, una de las pocas personas que la conoció. 

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21.6.26

El culo de la paloma

[Montanoscopia]  
 
1. Escribí el artículo "Muerte por amor" a propósito de la de Marjane Satrapi. No había leído aún Pollo con ciruelas, su segunda mejor novela gráfica tras Persépolis. Me la recomendó una lectora, porque al protagonista le pasa lo mismo que le ha pasado a Satrapi, o que ella hizo que le pasara; es decir, ella tenía ya interiorizada esa conducta. Tal vez fue simplemente un diagnóstico que se confirmó como autodiagnóstico. El protagonista es un músico de tar (especie de laúd de origen persa) al que le rompen su instrumento. Busca otro, pero ninguno suena igual: no lo puede sustituir. Así funciona el amor único. Tras varios intentos vanos, abandona: "Dado que ningún tar podía devolverle el placer de tocar, decidió dejarse morir".  
 
2. Está bien el libro La bola, de Daniel Verdú (Alfaguara). Si nada se interpone, le dedicaré mi columna del jueves (al libro, a Jot Down y a Mar de Marchis). Pero quiero traer aquí un mojoncillo desgajado. En el contexto del 15-M, escribe el autor: "Y de repente, por la derecha, crecía un nuevo partido amamantado en el rencor contra el nacionalismo catalán y fundamentado en la nada con burbujas de sifón de su líder". El rencor contra el nacionalismo catalán. Otra muestra de la aberración de la patética izquierda española que ve progresismo en lo más reaccionario. Félix Ovejero la llamó muy justamente "la izquierda reaccionaria".  
 
3. Ovejero ha seguido profundizando en esto último en La invención del agravio. Nacionalismo y crisis de la democracia española (Alianza). Lo presentó en Málaga la semana pasada con Manuel Toscano y Guillermo Díaz. Estaba también Inés Arrimadas, a la que le dije que, cuando salió con el pelo revuelto tras su victoria en Cataluña, cité la imagen de un poema de Jaime Gil de Biedma: "despeinada / por un viento solo tuyo". Luego en la cena le solté a Ovejero eso que le reprocha Arcadi Espada de que siempre escribe democracia entre comillas. Respuesta de Ovejero: "A lo mejor es porque yo sé de democracia".  
 
4. Mi amigo Arias dedicó su última columna en The Objective a cuestionar a los votantes acríticos de los partidos, aunque de paso cuestionó a los únicos votantes críticos que ha habido en toda la historia electoral española: los de Ciudadanos, cuyo voto crítico de 2019 tuvo la desdichada consecuencia de acabar con el partido. En el lado opuesto están los fieles votantes del PSOE, que lo siguen votando haga lo que haga el PSOE. Ese tercio fijo de electores constituye ya un auténtico lastre predemocrático en España. Se podría cambiar "predemocrático" por "acrítico", precisamente. De fondo está la cuestión de los suelos de los partidos: el grupo de votantes que nunca dejará de votarlos y que les da a los partidos consistencia. Ciudadanos carecía de suelo porque sus votantes venían de ser críticos con otros partidos; y terminaron siéndolo, mortalmente, también con Ciudadanos.  
 
5. Después de su concierto en Madrid, en el que cantó una vez más la para mí insufrible "Cucurrucucú paloma", Caetano Veloso reveló una cosa divertidísima sobre la canción. Dijo que a un brasileño le cuesta mucho trabajo cantarla sin partirse de risa. Es que en portugués cu es culo. La transcripción española vendría a ser: Culoculorruculoculo paloma. Me imagino que en las retransmisiones brasileñas y portuguesas del Mundial también se troncharán cada vez que tengan que hablar de nuestro Cucurella.  
 
6. Hoy 21 de junio empieza el verano y, como siempre, me pego un atracón sonoro de "Samba de verão" (o "Summer samba" o "So nice"). Para quienes quieran sumarse, he hecho una lista de reproducción con versiones. 
 
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19.6.26

Mi Generación del 27

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:17
 
Buenas noches. El centenario de la Generación del 27 se conmemorará el próximo año. Falta mucho, pero el que golpea primero golpea dos veces. Así que voy a soltar unas cuantas opiniones ultramontanas sobre esa generación. Para empezar, es un grupo sobrevalorado en cuanto a la cantidad y calidad de sus componentes. Yo solo contabilizo a dos poetas. O como mucho, por traer esa expresión de Clarín que Trapiello suele recordar, a dos poetas y medio. Los dos poetas son Lorca y Cernuda. El medio sería Guillén. Los demás no son más que señoritos del verso. Tienen poemas pintones, claro, pero podrían ser cruasanes. De mis paisanos Prados y Altolaguirre mejor no hablar: siempre se les ha mantenido en un justo segundo plano. El burgués Salinas solo se animó un poco cuando se echó una amante y puso en marcha aquello que Gil de Biedma definió como "la poética del lío". De su título La voz a ti debida decía Juan Ramón: "¡Me la debe a mí!". Aleixandre fue un abuelete desde los veinte años, y para no meterse en problemas hablaba en femenino de sus amores homoeróticos; a diferencia del valiente Cernuda. De Gerardo Diego, eso: como decía Borges, ¿en qué quedamos, en Gerardo o en Diego? En cuanto a Alberti, yo tengo la teoría de que él debió haber sido el fusilado en vez de Lorca. Al fin y al cabo, Lorca estaba en plena progresión fulgurante en 1936, mientras que Alberti ya no era más que, como él mismo reconoció diez años después, el "coplero del partido". A la altura de Lorca y Cernuda solo está otro poeta algo más joven, ya de la siguiente generación: Miguel Hernández. Así que yo celebraré el centenario del 27 leyendo a Lorca y Cernuda, y medio leyendo a Guillén. ¡Punto!

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PD.– Me olvidé en la radio de Dámaso Alonso. Pero también tengo para él: fue el animal más feo del mundo (y murió el mismo día que Ava Gardner, el más bello).

18.6.26

Zapatero, bluf moral

Confieso que me ha sorprendido la cara de Zapatero en su reaparición para declarar ante el juez un mes después de que se descubriera su tomate. Era una cara normal. Me imaginaba una devastación facial a lo Topuria, como si la vergüenza y la conciencia de que todo se ha acabado se la hubiera puesto como una remolacha. Aunque la remolacha irá por dentro.
 
A los de la izquierda nietzscheana no nos ha sorprendido que el predicador resultara un maleante. Las maniobras del exhibicionismo bondadosista, con efectos inquisidores, ya nos las conocíamos por La genealogía de la moral, del maestro; ese agudo psicólogo por que Nietzsche se tenía. Al fin y al cabo, los crímenes de cursilería en que Zapatero siempre ha incurrido eran signos de falta de piedad. Solían presentarse chantajísticamente: si no te plegabas a su sentimentalidad, eras un desalmado. Fue uno de sus mecanismos de poder.
 
Todo suele estar a la vista, como la manoseada carta de Poe. A la vista, o a poca distancia si se escarba o se busca la conexión. Aquel dibujo que Zapatero hacía de sí mismo como "supervisor de nubes" remitía al Yo, inspector de alcantarillas del falangista (y vanguardista tostonazo) Giménez Caballero. Las únicas nubes que ha supervisado ZP han sido las reflejadas en sus joyas. Sus delitos peores, por lo demás, no son penales en sentido estricto, pero sí de una gravedad obscena: la resurrección del guerracivilismo en España, el aliento al nacionalismo, la complicidad (ahora sabemos que interesada) con dictaduras.
 
Un problema para el enjuiciamiento global de Zapatero es su aparente división en dos. Estuvo el Zapatero de su primera legislatura como presidente y el Zapatero de la segunda. Se dice que el primero fue el bueno y el segundo el malo; siendo para mí el primero el más reprobable (exceptuando sus reconocidos aciertos de la ley del matrimonio homosexual y la antitabaco). Eso ha impedido el repudio completo entre los suyos, y en esa sombra ha prosperado. Con él me acuerdo de la lección del instituto en que el profesor de filosofía nos explicaba por qué se decía "primer Wittgenstein" y "segundo Wittgenstein". Hay pensadores tan grandes, explicaba, que dan para dos filosofías diferentes.
 
Yo a Zapatero lo veo bastante unificado, aunque la gente no suele verlo así. He encontrado ahora el vídeo en que el PSOE pide perdón por Zapatero. Es de noviembre de 2012. El nombre de Zapatero en realidad no aparece, porque el vídeo se titula Militantes del PSOE piden perdón. Lo hacen, eso sí, por cosas que ejecutó Zapatero, el segundo Zapatero. El vídeo es cutrísimo y los militantes en cuestión unos mataos. ¿Habrá prosperado alguno? Parece el pleistoceno de la comunicación. Tampoco debemos olvidar que es de ahí de donde sacó Sánchez al PSOE.
 
Me acuerdo también de los de la ceja, aquellos que daban la turra con el poema de Benedetti: "Defender la alegría como una trinchera". A los que se oponían los acusaban de cenizos.
 
El primer Zapatero fue el angelito que destruyó el país, económica y moralmente. El sanchismo no es más que la prolongación descarnada, desinhibida, con todas sus posibilidades optimizadas a tope, del zapaterismo.
 
Habría que contemplar su caída nietzscheanamente, es decir, sin resentimiento. Con interés de entomólogo. Tratando de revertir todo el pus hacia la vida, hacia la alegría de vivir (esta vez sí) contra estos sórdidos moralistas delincuenciales. También la vida triunfó en ZP, por otro lado: operando con su salvaje materialidad (bueno, en la medida en que sea material el dinero, esa abstracción) por debajo de toda la pútrida mermelada pestilente con que nos atufaba. 
 
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14.6.26

Las guerras civiles que deja atrás el Papa

[Montanoscopia]  
 
1. Se va el Papa dejando atrás un reguero de guerras civiles en España. No nuevas, sino reactivadas. Y no por el Papa en particular, sino por los ufanos españoles con la excusa del Papa, como con la excusa de cualquier cosa que les echen. A los españoles les va la marcha guerracivilista, eso es todo. Y permítanme que hable en tercera persona, porque yo soy demasiado fino para ser español. A lo que diga mi carnet no le hagan caso. De los sermones del Papa se han servido las izquierdas y las derechas para tomar el trozo de la redonda pizza papal que les convenía y apedrear con él a los de enfrente. El efecto ha sido el de un mensaje fragmentado, como el espejo del que habla Eliot en La tierra baldía: "un montón de imágenes rotas donde golpea el sol" (traducción de Irles). Esta ha sido la guerra civil ideológica o partidista. También ha estado la guerra civil geográfica, con los apedreamientos entre Madrid y Barcelona, es decir, entre la cosa populachera y la cosa burguesa. Mi tesis es que resultan equiparables, porque la Sagrada Familia viene a ser un Himno a la Alegría cantado por Bustamante de piedra; pero qué más da. Y por último la guerra civil entre católicos y ateos, en la que los católicos les han lanzado a los ateos la pizza papal completa; teniendo los ateos para lanzar apenas sus lecturitas y su envalentonamiento ante la nada. Yo estaría aquí, pero también da lo mismo. Solo han sido felices de verdad –felices y ecuménicos– mis amigos Peláez y Bustos, que han vivido como niños su semana Disneylandia, traduciéndola en fabulosas crónicas papales.  
 
2. Otros amigos como Garrocho, Mejía, Arias y Ovejero se han esforzado en filosofar, el primero con el Papa y los otros contra el Papa, pero productivamente todos. Aparte están los del ateísmo parroquial, esos autoproclamados ateos (habitualmente apacentados en El País o la Ser) que, a pesar de lo rumbosos que se ven a sí mismos, no son más que unos obedientes beatos de comunión diaria en la religión sanchista, bajo la vigilancia de una Inquisición de muerte a la que no osan incomodar. Lo humano, lo único excusable, es que su prioridad son los negocios.  
 
3. Conforme más se evidencia la podredumbre corrupta y criminal del sanchismo, más me pasman los misceláneos de los miércoles, el jomacho de los sábados y las cheerleaders de los domingos: ratas que no saltan, paralizadas como conejos ante los faros del camión. Solo tienen un problema técnico, aunque lo van sorteando con pericia: el de la búsqueda del tema del que hablar para no hablar de lo que tendrían que hablar. Al cabo, son misceláneos todos y nada humano les es ajeno, salvo (como puntualizaba Toscano) las fechorías de Sánchez. 
 
 4. Feijóo, por su parte, trata de difundir un mensaje regeneracionista que no cuela. ¡Que lo dice desde el PP, macho! ¡El partido al que tumbaron por corrupción! Será menos malo que gobierne el PP, incluso en tétrica alianza con Vox, solo porque detendrá la entropía del sanchismo, que nos lleva a un agujero negro. Pero ni hay proyecto, ni hay ilusión ni hay nada. Y entre los votantes, únicamente hastío hacia (contra) esta generación de políticos mediocres; que, eso sí, vaya si les representan. ¡Hipócrita elector, su semejante, su hermano!  
 
5. Premio Princesa de Asturias de las Letras a Julian Barnes. Un autor agradable y menor al que los autores españoles adoran porque han aprendido de él cómo ser menores. Algo que logran con facilidad. No así lo de ser agradables. 
 
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11.6.26

Muerte por amor

"¿Pero cuál es la causa médica?", preguntaban los botarates ante el comunicado de la familia de la autora de Persépolis: "Marjane Satrapi murió de tristeza un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida". Tristeza, amor: palabras que exceden a los cientificistas. Claro que habría elementos cardiovasculares y otro tipo de objetivaciones médicas, como explican ahora los puntillosos artículos sobre la posibilidad de una "muerte por amor"; pero lo que había ante todo era el amor, o la tristeza tras su pérdida. Especies raras en los periódicos.
 
Me he puesto la película, tan buena como el cómic, y allí la autora narra su deriva en Viena tras una primera decepción amorosa. En el punto más bajo dice: "Había vivido una revolución que me había quitado a una parte de mi familia. Había sobrevivido a una guerra. Y por poco me mata una banal historia de amor". Ahora la ha matado a los 56 años una historia de amor no banal. En 2020 le preguntó Marc Bassets para El País si pensaba volver a Irán y respondió: "No es buena idea. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión. Si me encerrasen, moriría a las dos semanas". El amor y la libertad. Y, si no, la muerte.
 
No deja de resultar emocionante desde el punto de vista del surrealismo, el último coletazo profundo del romanticismo. Octavio Paz lo sintetizaba bien en su artículo sobre el movimiento recogido en Las peras del olmo: "En Arcano 17, André Breton habla de una estrella que hace palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su luz la forman tres elementos: la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para formar una estrella única". Satrapi, que ya había luchado auténticamente por la libertad (lucha que entre nosotros es casi cosmética, pero que en ella fue real, brutal, contra la teocracia iraní) y había ejercido con brillantez la poesía (mediante su manera de vivir y su obra), certifica con su muerte lo que para ella era el amor: todo.
 
Algo que, por otra parte, prueba su naturaleza de enfermedad mortal. Una enfermedad paradójica: puesto que es también la que otorga una vida que merezca llamarse vida. Como le escribía Cernuda a su amado: "Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido". Satrapi ha muerto radicalmente porque vivió radicalmente. Una variante quizá más cruel es la supervivencia en una vida sin vida. Savater, que siempre estuvo alegre, ha dicho que tras la muerte de su amada descubrió que se puede vivir con tristeza.
 
El milagro del amor es que, como escribió Borges, "nos deja ver a los otros como los ve la divinidad". Es también un culto de idolatría ("a lo que es temporal llamar eterno" –Lope de Vega), que lleva la penitencia en su pecado. Concentrar la potencia de la vida y el sentido del mundo en otra persona expone completamente al amante y lo deja inerme. Se cabalga un relámpago que puede durar un día o un siglo, y después nada.
 
Hay otra modalidad nefasta, casi más dolorosa que la de la pérdida por muerte: la del amor no correspondido. El dolor por la muerte es profundo, inconsolable, devastador; pero limpio: es un dolor puro, sin adherencias. El del amor no correspondido mantiene la felicidad y el alivio de fondo de que la persona amada está bien, pero lo enturbia su rechazo y la conciencia de que la vida preferida sería posible aún pero va por otro camino inalcanzable, mientras se agota el tiempo.
 
El amor, en fin de cuentas, es una trampa: quien lo prueba está condenado. Con suerte, su condena la pasará en la "dulce cárcel" de que hablaban los trovadores y habló el petrarquismo. Pero siempre con la amenaza de la separación, que se termina consumando. Y en el caso del amor no correspondido, ya lo he apuntado, la cárcel amarga de la vida doliente. Como en el clásico de Ary Barroso "Na Baixa do Sapateiro", que cuenta un flechazo fatal en esa calle de Bahía: "Oh, amor, ai / amor bobagem / que a gente não explica, ai, ai / prova um bocadinho, ô / fica envenenado, ô / e pro resto da vida é um tal de sofrer / ôlará, ôleré". Ese veneno, al cabo, es una causa médica.
 
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7.6.26

Un perdedor neto del sanchismo

[Montanoscopia] 

1. Yo no quiero que haya elecciones anticipadas. No quiero perderme el retrato de Dorian Gray en lo mejor. 

2. Estas ansias absurdas del PP por pactar con el PNV y con Junts, aunque sea una moción de censura "instrumental", nos recuerda que en el PP no se han enterado de nada. Como cuando pacta (esto fatalmente consumado) con Vox. En los tres casos por lo mismo: por consentir a la reacción, cuando se pretende de centro (de "centro-derecha"). El PP es el único partido institucionalista que queda (el institucionalismo es ya la fase más modesta, casi irrisoria, del constitucionalismo) y no da la talla. Aunque puede que termine ganando justo por esto: el pueblo español tampoco da la talla. 

3. Un amigo posibilista reprueba reflexiones (o posturas) mías como la anterior. "¿Pero entonces qué hacer?". Es verdad que la política es "el arte de lo posible". Lo percibo con crudeza en nuestra situación. Pero algunos estamos en otra cosa, reconozco que irreal. Lo posible no lo es todo. Me resisto a rendirme al arte de la política. 

4. El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa. La lástima es que él se irá, pero seguirá ya toda la vida ese porcentaje inasumible de españoles a los que les he perdido el respeto. 

5. Un perdedor neto del sanchismo es Antonio Muñoz Molina. Porque es tal vez el único que llegó con prestigio previo. 

6. Hay un elemento que permite calibrar si un escritor tiene o no fibra moral (y, como consecuencia de ello, tensión y valor en su mundo, en su estética): si se arriesga a la segmentación de su mercado. Al que no se arriesga lo podemos calificar, además de comercial, de pancista. 

7. Camino por la Feria del Libro de Madrid erguido, rápido, con aprensión. Llevo meses metiéndome con escritores y temo que alguno me dispare desde su caseta. Al contrario que el tiro al pato en las casetas, esta vez el pato va por fuera y soy yo. Pero encuentro amigos: Carlos Hortelano, Francisco Lapuerta, Jorge Mínguez (firmando Miro pasar el río), Daniel Gascón (firmando Los nuevos Bartleby), Pablo de Lora en ropa deportiva (le digo que quiere competir con la camiseta de Uclés) y el editor Alfonso Crespo, al que le he prometido mi Bernhard para Athenaica (lo tendrá). 

8. Caetano Veloso es la figura más importante de las que pasan estos días por Madrid. Su concierto en el Movistar Arena me sorprendió: me esperaba algo crepuscular, vitalista pero en estilo tardío (que era lo que yo necesitaba), pero decidió no ser un "soft Brazilian singer". Metió tralla con canciones reivindicativas ("Podres poderes", "Anjos tronchos", "Um índio", "Fora da ordem") y una banda ruidosa, con sonido confuso cuando se ponía a tope. Fue una exhibición enérgica, con Caetano no queriendo dejar entrar al viejo que Clint Eastwood ya ha dejado entrar. Había muchísimos brasileños, pero al final no pidieron el bis con el grito unánime de hace años: "Você parou! Parou por quê?". He comprendido que era un grito generacional. Pero a veces la banda se refrenaba y se producían ráfagas del Caetano (que por lo demás cantó extraordinariamente) que yo quería. No faltaron varias de mis canciones favoritas de siempre: "Sozinho", ·Não enche", "Queixa", "Desde que o samba é samba", "Odara". Ni por el tono ni por la actitud fue un concierto de despedida. ¿Volverá? Por si acaso, miré cómo se metía entre bambalinas, pequeño ya, desdibujándose con la niebla de los focos y perdiéndose como si fuese la última vez. Lo que nos ha regalado es muy grande. 

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4.6.26

Caetano antes

Caetano Veloso canta en Madrid este jueves 4 de junio. Decidí no ir a verlo y así lo proclamé. Del concierto anterior salí algo decaído. Pero al cabo de diez días (¡otra de mis fluctuaciones!) me dio un ataque agudo de caetanovelosidad y saqué una entrada. Escribo antes de asistir.

Será la décima vez que lo vea en España, la primera fue en Málaga y en Madrid el resto. Lo vi una más en el carnaval de Bahía. Caetano iba en el trío eléctrico de Gilberto Gil, con este y con Ney Matogrosso. Bailábamos detrás del camión con bafles que los llevaba, con nuestra lata de cerveza, sudados de tanta noche por el trayecto Barra-Ondina, cuando Caetano empezó a cantar "Chuva, suor e cerveja" y justo entonces se puso a llover. Qué momento de plenitud: era una felicidad de la que formaba parte cierta guasa meteorológica.

El trío eléctrico se creó en los cincuenta, pero al cabo de un tiempo pasó de moda. Fue Caetano el que lo rescató con la canción "Atrás do trio elétrico" en 1969. Sucedió que mientras los bahianos celebraban el reavivado invento en aquel carnaval, Caetano estaba preso junto a Gilberto Gil. Tras unos meses en la cárcel y otros cuantos confinados en Salvador, la dictadura militar los mandaría al exilio. Yo me aficioné a la música brasileña veinte años después, con los casetes de la colección Personalidade preparada por Roberto Menescal. El de Caetano Veloso empezaba, muy apropiadamente, con "Beleza pura".

Eso lo desató todo, y desde ahí más casetes, discos, conciertos, el programa de radio de Carlos Galilea (y en menor medida el de Rodolfo Poveda), las partituras con letras traídas de Río de Janeiro y los libros, entre los cuales destaca Verdad tropical, de Caetano Veloso, uno de mis tres favoritos, junto con Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro, que traduje para Turner, y Noites tropicais, de Nelson Motta. Y los viajes a Brasil. El último no lo hice porque lo impidió la pandemia. Y por supuesto, desde hace dos décadas, la totalidad de internet, con su música, sus vídeos, sus entrevistas, su información absoluta.

Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Lo mejor es que, incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de tristeza de calidad. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora general, cotidiana. Llevo dos tercios de mi edad escuchándola a diario. Me gusta recordar el aforismo de Nietzsche: "Sin música la vida sería un error". Y adaptármelo: "Sin música brasileña mi vida sería un error".

Es difícil que este no sea el último concierto de Caetano Veloso en España. Pronto cumplirá 84 y se reconoce cansado. Después de comprar mi entrada, y aún en pleno ataque de caetanovelosidad, hice la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda su obra. Se puede escuchar en Spotify (con 200 canciones) y en YouTube (ya perfecta, con 212). Es tal el nivel, la delicia, la emoción, la modernidad, la delicadeza, la (en efecto) belleza pura que creo que esta lista es lo mejor que he hecho en mi vida. Llevo un mes poniéndomela en todos los paseos de esta primavera que se va volviendo verano, con el mar en casi todas las ocasiones, o al menos la brisa y el sol, el calor cuasitropical también, o las luces nocturnas, y he experimentado una resurrección vitalista.

La vida no siempre ha estado en la vida, pero siempre ha estado en las canciones de Caetano Veloso. 

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31.5.26

Entiendo la corrupción pichaloca, pero no la corrupción pichatriste

[Montanoscopia] 

1. Lo de las joyas de Zapatero (feísimas, por cierto) me ha recordado una cosa que le escuché a Antonio Gala. En una conferencia que dio en Málaga en los noventa, uno del público le preguntó si no había contradicción entre su aspecto lujoso y sus predicaciones en favor de los pobres. Gala le agradeció la pregunta, porque a él mismo le había causado conflicto íntimo. "Hasta que un labrador de Antequera", explicó, "se me acercó un día y me dijo: don Antonio, a uzté lo queremo enjoyao, como loz zanto". 

2. La sorpresa por las ambiciones plutocráticas de Zapatero viene de que no se sabe para qué quería tantos billetes alguien como él. Aparte de la enfermedad abstracta de la posesión en sí, y de que quizá deseara dejarles el futuro resuelto a sus hijas, que no parecen muy espabiladas (en esto me identifico plenamente con ellas, como con el hermano zangolotino de Sánchez), no hay nada por lo que Zapatero necesitase ser rico. No es, para entendernos, un Ábalos, que se gastaba (¡gloriosamente!) la pasta en vida. Entiendo la corrupción pichaloca, pero no la corrupción pichatriste. La acumulación de capital, incluso en forma de joyas, es eso: una ilusión abstracta. Estuvo y ya no está: un sueño vano. En cambio, el modo que tenía Ábalos de fundirse el dinero le proporcionó grandes momentos que ya no le pueden quitar. Ha sido el Dioni del PSOE, pero sin tener que irse a Brasil a montarse el paraíso, sino que se lo montaba en el parador de Teruel. En mi declaración de Hacienda de este año no he marcado (no lo hago nunca) la casilla de la Iglesia. Pero si me hubiesen puesto una casilla para la corrupción de Ábalos, la habría marcado con alegría. Yo pago impuestos para la Sanidad, para la Educación y para el placer de Ábalos. A veces siento un remoto calambrito en el pene y me gusta pensar que es el retorno de mi cuotaparte. 

3. Mientras Sánchez ande en sus enjuagues con el Papa la semana que se avecina, traigamos de nuevo a Ábalos: el papa Borgia (otro cohetero valenciano) debió de ser como él. Hay un pasaje divertidísimo de El Anticristo de Nietzsche en que este celebra cómo gracias a los Borgia la Iglesia resucitó el paganismo: retornó la carne, el vicio, Dionisos finalmente triunfó en Roma. "Pero entonces", berrea, "llegó ese paleto alemán y todo volvió al principio". Lo cito de memoria, pero el cabreo con Lutero era más o menos así. En cuanto a la historia de España, también hemos vuelto al principio: corrupción y curas. El fin de semana que viene el cielo de España será un palio descomunal bajo el que se cobijarán todos nuestros putrefactos. 

4. La conversión de Ernestito Castro al catolicismo dos semanas antes de la visita del Papa es la cumbre carnavalesca del gran carnavalesco Castro, que lleva quince años con su vara de zahorí filosófica a ver si por alguna parte le sale agua. Siempre supe que terminaría siendo el nuevo Donoso Cortés. 

5. El surrealismo me educó en el amor loco. ¿Cómo no ver en Sánchez, de repente, ese amor? Para defender a su mujer, o por vengarla, se convirtió en Al Capone. De su encierro amoroso en 2024, deudor de la literatura pastoril (y de su parodia quijotesca), salieron partidas de bandoleros para socavar los fundamentos del Estado. Me recuerda un poco a Hitler, cuyo contrariado amor por la pintura tuvo el efecto tremendo de la Segunda Guerra Mundial. Por este desastre podemos calibrar las dimensiones de su amor. Como en Sánchez. 

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28.5.26

Vivir en el diario de Trapiello

Ahora cada año de Andrés Trapiello es especial, porque no sucede todos los años. Me refiero a sus años diarísticos, que son los que vivimos con él. En otros tiempos formaban parte de nuestra felicidad anual garantizada, pues no había año en que no se publicara un nuevo tomo del Salón de pasos perdidos. Félix Ovejero escribió en 2009 que todo 1 de enero sabíamos que nos aguardaban al menos tres alegrías antes de que llegase el 31 de diciembre: el Tour de Francia, la película de Woody Allen y el diario de Trapiello. El Tour se mantiene; a Woody se lo han cargado, aunque no del todo (actualmente prepara su prometedora película ambientada en Madrid); y Trapiello ha bajado el ritmo de publicación de su diario por el éxito que está teniendo con sus otros libros.

Algunos de estos libros son de encargo. Los editores son esos tipos que distraen al autor de lo que tiene que escribir. Tales libros son buenos, claro, y completan la novela de la vida; de hecho, al lector de los diarios le ha gustado leer El Rastro, Madrid y Próspero viento, además de la joyita que es La Fuente del Encanto, porque a su manera son extensiones del Salón de pasos perdidos. Pero es este en sentido estricto el que nos parece excepcional y del que quisiéramos leer más, al ritmo de antes. Querríamos ser la enfermera de Misery y encerrar al autor para que se pusiera al día con su obra. Aunque también entendemos que prefiera ocuparse de otros libros. Su diario, por otra parte, tiene una curiosa cualidad: podría haberse detenido ya, o hace un montón de tomos, sin que dejase de ser una obra maestra. Pero el que no lo haya hecho lo engrandece más aún: la extensión, como la de la Muralla China, ha pasado a ser un elemento de la obra. Al diario, en fin, le pasa como a la vida: queremos más, siempre más. Nietzscheanamente más.

La dilación con que ha salido el vigesimoquinto tomo del diario, De todo tiene (Ediciones del Arrabal), propicia por otro lado un placer extra: la percepción nítida del regreso a casa, al no tenerla fresca. Abrimos el libro y lo de siempre –la cita de Galdós ("Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela"), el prólogo y la primera anotación del año, en su primer día– se ha intensificado como todo placer que se demora. Y enseguida, otra vez, lo dicho: la casa. La dicha de haber vuelto adonde queríamos estar como lectores, con sosiego en estas páginas que suscitan sosiego. La impaciencia cesa y nos echamos a vivir otra temporadita en la obra en marcha.

De todo tiene es el diario de 2011. El lector contemporáneo de unos diarios puede evocar también sus propias fechas. Al hacerlo en este con las mías, me he dado cuenta del mucho tiempo que hace ya. Un tiempo que sigue latiendo aquí. De hecho, esta es la clave particular del género: el tiempo y la vida de ese tiempo. Al principio hay unas disquisiciones sobre la verdad y la mentira, y sobre creer o descreer en lo que sean o no. Pero lo importante, hecha de verdad o de mentira, de creencia o descreencia, es la vida: cómo en estas páginas está la vida; o una representación de la vida que está viva. Por eso con la lectura se la vive.

Nunca falta el lector que quiere saber por qué tomo del Salón de pasos perdidos comenzar. La respuesta es fácil: por cualquiera de los veinticinco. Por ejemplo, por De todo tiene

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24.5.26

Sin las detestaciones me faltaría vidilla

[Montanoscopia] 

1. Zapatero quedó ya sentenciado políticamente hace medio año con la disección que hizo del zapaterismo el historiador Julio Ponce Alberca en La ilusión traicionada. El principio del fin de la socialdemocracia española (Sr. Scott). Escribí sobre el libro aquí. Copio mi final: "La conclusión del autor es que la política de Zapatero se resumió en humo: no hubo avance en igualdad socioeconómica y ni siquiera en igualdad de género, no se abordaron reformas, empeoró la integración territorial, la sociedad se dividió. Todo fue una gran representación que terminó en el agujero de la crisis. Pura España (añado yo): puro barroco". La corrupción destapada ahora únicamente lo rubrica. Aunque en la política de Zapatero hubo algo que tiene más delito aún: la resurrección del guerracivilismo. En él seguimos: si no físicamente (por fortuna), sí retóricamente. 

2. En guerracivilismo incurren los Javis con su matraca de que solo ahora es cuando se habla de la homosexualidad de Lorca. ¡Si hasta Ansón publicó en el Abc los Sonetos del amor oscuro! El Javi más viejo nació aquel año: 1984. En 1983 yo estudié en 3° de Bup, en mi instituto público, Poeta en Nueva York, con especial atención a la "Oda a Walt Whitman". También leímos "El joven marino" de Cernuda. A Cernuda, por cierto, la censura comunista le obligó a eliminar de su poema en homenaje a Lorca, tras su asesinato, la estrofa en que habla de los "mancebos" cuando lo publicó en Hora de España en 1937. Lo peor no es la ignorancia, que siempre se puede solventar, sino cómo desde ella se pontifica y se predica. Siempre, naturalmente, con propósitos inquisitoriales. 

3. Lamento la marcha de Àngels Barceló de la cadena Ser. Siempre quiero que mis detestados estén en sus puestos (y vivos y con buena salud): justamente para que yo pueda detestarlos. Mi ánimo no es aniquilador (puede que sí en ciertas proyecciones mentales, pero no en la realidad). Las detestaciones son mi salsa. Sin ellas me faltaría algo: ¡vidilla! 

4. Almodóvar está donde estamos todos: en la detestación (también) de nosotros mismos. Anda buscando a alguien con quien escribir, olvidadizo de que ya lo buscó. Me acuerdo de Jesús Ferrero para Matador y de Ray Loriga para Carne trémula. Pero nunca más se supo. Escribir con alguien porque uno no se soporta es condenar a ese alguien a que no te soporte. Yo le aconsejaría a Almodóvar que siguiera escribiendo solo: su aislamiento le lleva a rodar películas abstractas (de "abstracción de la vida") muy interesantes. 

5. Lo que le está haciendo Jabois al género novelístico es lo que le hizo Hitler a Polonia (chiste de Lubitsch). Ha logrado convertirse en el peor novelista de España, con la competencia que hay: desbancando, no es poco mérito, a Suso de Toro. Malaherba estaba bien, quizá porque era lírica y no la abarataba una trama (¡y un costumbrismo!) como del mal cine español, que es lo que les pasa a las siguientes. Miss Marte, Mirafiori y la recién publicada La víspera (todas en Alfaguara) son, en efecto, como novelizaciones de películas del cine español que no existen, cada una más floja que la precedente. Confieso que le he cogido manía al muchacho y que la he leído (encima en diagonal) con mala intención. Pero así leí La hija, de Del Molino, al que también le he cogido manía, y me pareció muy buena: la obra me derrotó. Me gusta que las obras me derroten, porque soy un cretino que merece ser derrotado. No ha sido el caso de La víspera, que me ha reafirmado (cosa chunguísima) en mi desprecio. 

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22.5.26

Por la camiseta con chaqueta

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:35
 
Buenas noches. Las elecciones andaluzas han supuesto una revolución. No me refiero a la política, que no es tema del Nanosegundo, sino a la estética. El candidato de Adelante Andalucía nos ha devuelto el look de camiseta con chaqueta, y su éxito electoral lo ha propulsado. Este look pasaba por un malísimo momento, porque tras su uso abundante en otras épocas, como en los noventa, últimamente solo lo llevaba Pedro Vallín, con lo que su desprestigio era máximo. A nadie, realmente, le apetecía ir como Vallín. (A los oyentes que no sepan quién es Vallín les aconsejo que sigan sin saberlo. ¡No lo busquen en Twitter!) En cuanto al candidato José Ignacio García, al ponerse camiseta con chaqueta, pulsó una tecla sepultada en muchos potenciales votantes. La verdad es que cuando llevábamos camiseta con chaqueta éramos felices sin saberlo. Ya sé que decir esto va contra la línea editorial del programa, férreamente impuesta por Rafa Latorre, pero la camiseta con chaqueta es un modo de vestir, además de estético, filosófico. El otro día, Ignacio Vidal-Folch (es decir, el Vidal-Folch bueno) arremetió contra la camiseta llamándola "prenda informe". Pero aquí está la clave: si esa prenda informe la embutimos en una chaqueta, entonces adquirimos una forma dentro de la cual flota lo informe. Es como combinar a Parménides con Heráclito, o a Confucio con Lao-Tsé. Es el vaso el que le da forma al agua. De igual modo es la chaqueta la que le da forma a la camiseta. Pero en ambos casos, el elemento flexible conserva su flexibilidad. Tanto el agua al vaso como la camiseta a la chaqueta están diciéndole: "¡Eh, que sigo siendo libre en tu jaula!" Esta es la clave maravillosa de su éxito. Quien lleva camiseta con chaqueta transmite el mensaje: "Soy un tigre, pero formal".

21.5.26

El zen de los sesenta

Acabo de cumplir sesenta años: una edad catastrófica, absolutamente anticlimática. Sé que peor que cumplir años sería no cumplirlos, pero el azote no duele menos por ello. La crisis, en verdad, se va renovando década tras década. Yo creo que estoy tocado desde que cumplí los diez. Pero aquello no era nada: después vinieron los veinte, los treinta, los cuarenta, los cincuenta. Como si un gánster me estuviese dando un puñetazo cada vez en una mejilla, con oscilación de la cabeza igual que en los tebeos o en el cine. A los sesenta se está irrevocablemente sonado.

Cabe tomárselo con cierta deportividad, como Cioran en uno de sus mejores aforismos: "Mi misión es matar el tiempo. La misión del tiempo es matarme a mí. Se está perfectamente a gusto entre asesinos". Pero en ese navajeo solo podemos hacer chistes que caducan. Terminaremos fatalmente con el íntimo cuchillo en la garganta. Sea cual sea la mitad del camino, con sesenta ya se está en el declive. Como el esquiador de Moreno Villa: "Por el silencio voy, por su inmensa ladera, / en un fino deslice veloz y sin cesura."

Lo que tengo es la urgencia de trabajar. Yo he vivido la vida al revés: la empecé por la jubilación, en la que gasté mi juventud y mi prolongada madurez adolescente; con una indolencia por lo demás fastuosa (aunque sin un duro). Ahora se trata de currar un poco. Una senectud productiva es mi aspiración. Total, lo demás ya da igual. Hay que dejar al menos algunos frutos. En mi caso solo pueden ser frutos escritos. Lo concibo como una tarea de origen ético pero con efectos estéticos, o esteticistas: escribir ahora que ya no hay lectores.

Cuando cumplí cincuenta años tuve conciencia de que se trataba de una edad histórica. La unidad de medida de la historia es, por convención, el siglo. Con medio siglo uno puede hacerse cargo de la historia por su propia experiencia, por su propio cuerpo. Proyecta una duplicación y ya sabe lo que es el siglo IV, el siglo XV o el siglo XIX. O ajusta una porción que ya conoce: lo que dura una guerra, lo que dura una dictadura, lo que dura una revolución. Se puede establecer paralelismos vitales. Años de cárcel o de exilio uno comprende lo que son en términos de vida.

Con sesenta ya no se está para bromas. La historia casi parece una frivolidad: luchas de poder, asaltos, matanzas, exterminios; cosas todas de gente baja. Es la ocasión de asumir el consejo de Ricardo Reis: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". Es una edad que llama a la superación de la historia en uno, a darles prioridad a otras cuestiones. Aunque la historia siga actuando y en general fastidiando. Pero definitivamente uno tiene que dejarle la historia a sus criados. (Estos no existen, pero lo importante es la actitud.)

Mi pesadumbre ante el fatídico cumpleaños logré aligerarla con una fórmula que me vino en una de mis contemplaciones marítimas: el zen de los sesenta. Frase eufónica además. Hay que aprovechar esta cifra ominosa (¡la cifra de los relojes!) para salir del círculo vicioso del tiempo. Del tiempo marcado, quiero decir: cambiar el acribillamiento de fechas y horas por el flow (un fluir no incompatible con la tarea).

Simplemente, ya no hay que contar más. Se acabó lo de contar. El resto de vida o posvida hay que vivirlo (o posvivirlo) de otro modo. Hay un haiku de Shiki que lo dice muy bien, muy zen: "Yo las barría, / y al fin no las barrí: / las hojas secas". 

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