22.5.26

Por la camiseta con chaqueta

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:35
 
Buenas noches. Las elecciones andaluzas han supuesto una revolución. No me refiero a la política, que no es tema del Nanosegundo, sino a la estética. El candidato de Adelante Andalucía nos ha devuelto el look de camiseta con chaqueta, y su éxito electoral lo ha propulsado. Este look pasaba por un malísimo momento, porque tras su uso abundante en otras épocas, como en los noventa, últimamente solo lo llevaba Pedro Vallín, con lo que su desprestigio era máximo. A nadie, realmente, le apetecía ir como Vallín. (A los oyentes que no sepan quién es Vallín les aconsejo que sigan sin saberlo. ¡No lo busquen en Twitter!) En cuanto al candidato José Ignacio García, al ponerse camiseta con chaqueta, pulsó una tecla sepultada en muchos potenciales votantes. La verdad es que cuando llevábamos camiseta con chaqueta éramos felices sin saberlo. Ya sé que decir esto va contra la línea editorial del programa, férreamente impuesta por Rafa Latorre, pero la camiseta con chaqueta es un modo de vestir, además de estético, filosófico. El otro día, Ignacio Vidal-Folch (es decir, el Vidal-Folch bueno) arremetió contra la camiseta llamándola "prenda informe". Pero aquí está la clave: si esa prenda informe la embutimos en una chaqueta, entonces adquirimos una forma dentro de la cual flota lo informe. Es como combinar a Parménides con Heráclito, o a Confucio con Lao-Tsé. Es el vaso el que le da forma al agua. De igual modo es la chaqueta la que le da forma a la camiseta. Pero en ambos casos, el elemento flexible conserva su flexibilidad. Tanto el agua al vaso como la camiseta a la chaqueta están diciéndole: "¡Eh, que sigo siendo libre en tu jaula!" Esta es la clave maravillosa de su éxito. Quien lleva camiseta con chaqueta transmite el mensaje: "Soy un tigre, pero formal".

21.5.26

El zen de los sesenta

Acabo de cumplir sesenta años: una edad catastrófica, absolutamente anticlimática. Sé que peor que cumplir años sería no cumplirlos, pero el azote no duele menos por ello. La crisis, en verdad, se va renovando década tras década. Yo creo que estoy tocado desde que cumplí los diez. Pero aquello no era nada: después vinieron los veinte, los treinta, los cuarenta, los cincuenta. Como si un gánster me estuviese dando un puñetazo cada vez en una mejilla, con oscilación de la cabeza igual que en los tebeos o en el cine. A los sesenta se está irrevocablemente sonado.

Cabe tomárselo con cierta deportividad, como Cioran en uno de sus mejores aforismos: "Mi misión es matar el tiempo. La misión del tiempo es matarme a mí. Se está perfectamente a gusto entre asesinos". Pero en ese navajeo solo podemos hacer chistes que caducan. Terminaremos fatalmente con el íntimo cuchillo en la garganta. Sea cual sea la mitad del camino, con sesenta ya se está en el declive. Como el esquiador de Moreno Villa: "Por el silencio voy, por su inmensa ladera, / en un fino deslice veloz y sin cesura."

Lo que tengo es la urgencia de trabajar. Yo he vivido la vida al revés: la empecé por la jubilación, en la que gasté mi juventud y mi prolongada madurez adolescente; con una indolencia por lo demás fastuosa (aunque sin un duro). Ahora se trata de currar un poco. Una senectud productiva es mi aspiración. Total, lo demás ya da igual. Hay que dejar al menos algunos frutos. En mi caso solo pueden ser frutos escritos. Lo concibo como una tarea de origen ético pero con efectos estéticos, o esteticistas: escribir ahora que ya no hay lectores.

Cuando cumplí cincuenta años tuve conciencia de que se trataba de una edad histórica. La unidad de medida de la historia es, por convención, el siglo. Con medio siglo uno puede hacerse cargo de la historia por su propia experiencia, por su propio cuerpo. Proyecta una duplicación y ya sabe lo que es el siglo IV, el siglo XV o el siglo XIX. O ajusta una porción que ya conoce: lo que dura una guerra, lo que dura una dictadura, lo que dura una revolución. Se puede establecer paralelismos vitales. Años de cárcel o de exilio uno comprende lo que son en términos de vida.

Con sesenta ya no se está para bromas. La historia casi parece una frivolidad: luchas de poder, asaltos, matanzas, exterminios; cosas todas de gente baja. Es la ocasión de asumir el consejo de Ricardo Reis: "Siéntate al sol. Abdica / y sé rey de ti mismo". Es una edad que llama a la superación de la historia en uno, a darles prioridad a otras cuestiones. Aunque la historia siga actuando y en general fastidiando. Pero definitivamente uno tiene que dejarle la historia a sus criados. (Estos no existen, pero lo importante es la actitud.)

Mi pesadumbre ante el fatídico cumpleaños logré aligerarla con una fórmula que me vino en una de mis contemplaciones marítimas: el zen de los sesenta. Frase eufónica además. Hay que aprovechar esta cifra ominosa (¡la cifra de los relojes!) para salir del círculo vicioso del tiempo. Del tiempo marcado, quiero decir: cambiar el acribillamiento de fechas y horas por el flow (un fluir no incompatible con la tarea).

Simplemente, ya no hay que contar más. Se acabó lo de contar. El resto de vida o posvida hay que vivirlo (o posvivirlo) de otro modo. Hay un haiku de Shiki que lo dice muy bien, muy zen: "Yo las barría, / y al fin no las barrí: / las hojas secas". 

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17.5.26

Optar por el crimen estético menor

[Montanoscopia]  
 
1. No me he querido poner el vídeo de Juanma Moreno, el barón cantante, porque me temo lo peor. Lo peor incluye saber que, si me lo pongo, será definitivamente peor que todo lo que me haya imaginado. Siempre hay impedimentos para el votante fino, incluso en las convocatorias acuciantes. Las elecciones no están hechas para el votante fino. Las elecciones son también un espectáculo de masas que impone su rebaja estética. Aunque lo que hace Juanma Moreno en un vídeo es lo que hace María Jesús Montero en todos sus vídeos (y no vídeos). Más que optar por el mal menor, se opta por el crimen estético menor.
 
2. La fatalidad de las elecciones autonómicas es que no pueden dejar de incurrir en regionalismo; regionalismo que, en los casos exacerbados y enfermos, es nacionalismo. Hasta Vox tiene que modular en Andalucía su "prioridad nacional" como "prioridad andaluza". Su "prioridad nacional", en fin de cuentas, tenía algo de autonómico. El nacionalismo español, actualmente, no es más que la consideración de España como una autonomía: con la habitual matraca autonómica (regionalista, nacionalista) aplicada a España.
 
3. Se podría hacer una defensa de ese eufemismo, o desvío, que es decir "el Estado", o "el Estado español", en vez de "España". España sería en tal caso exactamente ese ámbito libre de autonomismos, de matraca autonómica. Una limpia instancia administrativa, neutral, universal: para todos de un modo higiénico. España es hoy la patria exacta de la ciudadanía, sin adherencias espurias. Salvo cuando se inflama, como en Vox o Ayuso, justamente en una dirección inferior, autonómica.
 
4. Me lo pasé pipa con el artículo antitaurino de Arias. Por un lado, por ver cómo superaba en su terreno al amacetado Vicent; por el otro, por las reacciones taurinas, tan divertidas retóricamente: esos tangos verbales bailados en un charco de sangre animal. Yo no soy antitaurino, pero en mi concepción de los toros (menos artística que existencial) no se puede soslayar la brutalidad que suponen. Lo más gracioso fue ver cómo los taurinos respondían adocenadamente en manada, con su palabrería recalentada de cabestros, mientras Arias permanecía solo en el centro de la plaza con sobriedad torera. En un salto supongo que desmesurado, me recordó al joven socialdemócrata de La emboscadura, que abatió en el portal a varios nazis que intentaban acceder a su domicilio. Escribe Jünger: "Aquel hombre continuaba siendo partícipe de la libertad sustancial, de la antigua libertad germánica que sus adversarios ensalzaban en teoría". También se podría remedar a Walter Benjamin ante esas insoportables tiradas culturalistas de los taurinos, en las que siempre termina apareciendo Jean Cocteau (¡Jean Cocteau!): "No hay documento de tauromaquia que no lo sea a la vez de barbarie".
 
5. En la querella entre el Orden y la Aventura que poetizó Apollinaire, ocupan un lugar admirable aquellos que profesan el orden exterior y la aventura interior. Un buen ejemplo es David Delfín, poeta de Málaga que se llama igual que aquel modisto que ya murió (y al que conocí, por cierto, diez años antes de su fama, cuando era camarero en el Corazón Negro, mítico bar de Madrid). Este mismo solapamiento nominal contribuye a la discreción del David Delfín poeta, que para la vida externa guarda amabilidad, cierta grisura, atención contenida hacia los otros, y que para la interna, cuando escribe, desata laberintos de explorador radical. Su nuevo libro, Oqueruela Tékne (Maclein y Parker) sitúa al lector en un territorio inestable que suscita proyecciones íntimas. En su indagación de lo que el poeta quiere decir (mejor dicho: dice), uno se adentra en esas otras posibilidades de mundo que lanza la poesía.
 
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14.5.26

La muerte en Twitter

Soy ante todo un fetichista de las fechas, pero tampoco les hago ascos a los números sin más. No incurro en numerología, simplemente acojo el aire poético que me viene de los dígitos, a veces suscitado por sentimentalidades biográficas. Contra Vila-Matas, me gustan los números redondos. Y, pese a la advertencia de Borges, no me importa sucumbir a las reconocidas arbitrariedades del sistema decimal: acepto el castillo de pureza edificado sobre el hecho de que tenemos diez dedos (salvo Lula da Silva y el fundador de la estirpe Seisdedos, habitantes de una aritmética ajena.)

En Twitter siempre me ha gustado tener una cifra fija de seguidos, por ponerle puertas a mi campo: funciona como cifra de control. Durante años fue 666, que podía subir a 667 pero no más. Si me faltaba, añadía a alguien; si me sobraba, eliminaba: siempre hay fluctuaciones, con frecuencia ocasionadas por quienes cierran su cuenta cuando salen y la reabren al volver. Hace pocos meses decidí, sin una razón específica, bajar a 600. Tenía que cargarme peña. ¿A qué peña? Me puse a repasar a mis followed de uno en uno para quitar a los inactivos; a los que llevasen, establecí, un mínimo de quince meses sin tuitear.

Lo que iba a ser una tarea burocrática, de sobrio barrido, se convirtió en un empeño melancólico. Me fijé en muchos, en muchas, con quienes tuve en el pasado conversaciones fluidas y frecuentes. Ahora estaban congelados, congeladas, en un último tuit de 2021, 2019, 2016, 2015 o 2011. Como no tenía noticias por otros medios, me asaltó una pregunta insidiosa: ¿estarían muertos? En Twitter hay amigos, amigas, que solo conocemos de aquí, sin ningún nexo común en la vida de fuera, nadie que avise si les ha pasado algo. Desaparición puede ser igual a muerte. Y en cualquier caso es la muerte en Twitter. Gente que ya no está.

De otros sí nos enteramos de que han muerto, lo anuncian sus próximos (cuando no viene en la prensa, si tienen fama). Son muchos ya en todos estos años. He establecido un protocolo cuando ocurre. Los bloqueo un instante para que dejen de seguirme (en modo póstumo ya) y yo deje de seguirles también: así libero sus hilos, en lo que a mí respecta. Es mi manera cerrarles los ojos. A veces, pasado el tiempo, me asomo a ver cosas que dijeron cuando entonces. Hay casos tristísimos, de amigas que iban a entrar en una operación y ya no salieron. En otras ocasiones, la muerte llegó inadvertida. Hay tuits muy bellos como últimos tuits, los mejores son los que trazan un último gesto de cotidianeidad. En ellos perdurará siempre una potencia de vida como trilobite.

Al cabo, aquí hemos vivido y seguimos viviendo. En forma de palabras, de frases adosadas a un nombre real o ficticio (todo nombre real es igualmente ficticio). Es en verdad una vida intensificada. Y sobre todo es vida, aunque sin cuerpos. El éxito de Twitter frente a otras redes es que aquí siempre hay alguien. En mi Timeline tampoco se pone nunca el sol, porque cuando es de noche en España es de día en Brasil. Siempre tengo brasileños, brasileñas, a deshoras.

Pero vuelvo a los muertos. O a los que supieron irse a la vida de fuera. Con algunos hablé muchísimo y jamás los conocí en persona. Incluso nos cruzamos confidencias. Somos marcianos de nosotros mismos, posados en este planeta electrónico con palabras que nos transmiten, tras una danza de dedos. Pura magia cotidiana. Algún día los dedos no pulsarán las teclas y no aparecerán palabras bajo nuestro nombre real o ficticio. 

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10.5.26

Apuesta pascaliana por Juanma

[Montanoscopia]  
 
1. No pienso volver a desvelar jamás mi voto. Lo hice en las generales de 2019 y todavía me lo recuerdan. En realidad no fue un voto, sino una abstención: mi abstención de castigo a Rivera por la peperización de Ciudadanos. La consecuencia de mi abstención (bueno, y de la de un millón de votantes de Ciudadanos más) fue la desaparición del partido. Desde entonces mi amigo Arias, por ejemplo, dedica la mitad de sus artículos a exigirle responsabilidad al votante, y la otra mitad a meterse con el único votante que ha sido responsable en toda la historia electoral de España: ¡yo!  
 
2. A estas alturas ya tengo decidido (¡en secreto!) mi voto (¿o mi abstención?) para las elecciones andaluzas del domingo que viene. Los candidatos son todos lamentables. Los miraba uno a uno en el debate electoral de TVE, que pillé empezado, y consideraba que no se podía ser más lamentable. Pero apareció el moderador Fortes y respiré: al menos ninguno de los candidatos era lo más lamentable.  
 
3. La célebre apuesta de Pascal no me ha hecho creer en Dios, pero es brillante su planteamiento: la creencia en Dios es una apuesta segura, porque si Dios existe la recompensa al morir es infinita; y si no existe, el apostante habrá llevado en todo caso la vida mejor que, según Pascal, la creencia en Dios proporciona. La alternativa: el infierno o una vida peor. Me convierto por un momento en un Iván Redondo (es decir, en un botarate con ínfulas) para el PP y le brindo una apuesta pascaliana por Juanma: votar a Juanma es una apuesta segura, porque si consigue mayoría absoluta el alivio es infinito; y si no la consigue y tiene que pactar con Vox, el votante podrá llevar en todo caso una vida mejor que con María Jesús Montero. La alternativa: el infierno del PSOE y una vida peor.  
 
4. Con El País no hay manera. Pensaba terminar la semana de su 50º aniversario con algo positivo y hablé el viernes en Onda Cero del glorioso suplemento Libros. Pero llega el sábado y me encuentro en el Babelia un elogio de Altares de "la valentía de decir no". ¡Cuando viene de decir "sí" en la conmemoración en que todos los del "no" estuvieron ausentes! Definitivamente, no se ven a sí mismos. No ven que ya no representan lo que proclaman, sino aproximadamente lo contrario.  
 
5. La menesterosa alimaña Idafe pide en un tuit que los otros "se respeten un poquito". Al menos no pide algo inalcanzable: que lo respetemos un poquito a él.  
 
6. El ridículo de Ayuso en México (sin duda asesorada por el prestigioso historiador Nacho Cano) al menos ha servido para que algunos columnistas del régimen dispongan de ese canapé en la bandeja de canapés de la actualidad para poder seguir poniéndose campanudos con asuntos menores mientras en el régimen está cayendo la que está cayendo (en la misma bandeja estaban el canapé del juicio de las mascarillas, el del desvío de dinero europeo y el del perverso sectarismo de la fiscal Peramato). 
 
7. Sórdidas reapariciones. La de Fernando Simón, nuestra magdalena proustiana de la pandemia. Y la de Pau Marí-Klose, el Fernando Simón de la pobreza infantil.  
 
8. Nuestro Ignacio Vidal-Folch (o sea, el Vidal-Folch bueno) ha publicado un punzante artículo contra las camisetas. Yo, como usuario de las mismas, me he sentido interpelado, si no agredido. Me veo obligado a sacar mi artillería en defensa propia, recordándole al lector aquello que destapó hace unos meses la prensa (o quizá la máquina del fango): que nuestro Ignacio Vidal-Folch escribe en chándal. 
 
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8.5.26

El glorioso suplemento 'Libros' de 'El País'

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:44
 
Buenas noches. Sobre los cincuenta años de El País en general me he expresado en otro sitio. Aquí quiero hacerlo sobre algo en particular de ese periódico: el suplemento Libros, que salía los domingos y se mantuvo desde 1979 hasta 1991, en que fue sustituido por el Babelia. El cambio resultó catastrófico, porque el Babelia, en fin de cuentas, no era más que un suplemento cultural. Es decir, una cosa inferior, como el ABC Cultural o El Cultural a secas. La célebre frase de Goebbels "cuando oigo la palabra cultura desenfundo el revólver" yo la aplico a los suplementos culturales; aunque lo que desenfundo es el matasuegras. Detesto tales suplementos, que se ocupan de libros, sí, pero también de música, de arte, de teatro ¡e incluso de ciencia! Todas estas materias las considero simples divertimentos, porque para mí la cultura son los libros y punto. En un suplemento se puede hablar de música, arte o lo que sea, ¡pero si hay libro! Los libros, ¡y solo los libros!, son lo serio. Por eso aquel suplemento Libros de El País, que hablaba solo de libros, era glorioso. ¡Ahí me eduqué, domingo tras domingo! Era el complemento ideal del buen bachillerato de entonces. Se dice pronto, pero en las páginas de Libros me enteré de la existencia de Pessoa, de Leopardi, de Cioran, hasta de Savater, cuando publicó La tarea del héroe e Invitación a la ética. De Pessoa recuerdo una página entera de los ochenta con pasajes del Libro del desasosiego, cuya imantación aún no he dejado de sentirla. Así que me olvido ahora de lo secundario, es decir, de todas las noticias que ha sacado El País en sus cincuenta años, y me quedo con la tipografía perfecta en que, en el glorioso suplemento Libros, un domingo descubrí a Pessoa.

7.5.26

Los réprobos de 'El País'

Me gusta estar donde estoy: en The Objective, con los réprobos de El País. De Savater y Azúa a Cebrián, pasando por Caño, Calvo, Prados, Pardo, Rico, nuestro director Nieto y algunos otros. Yo nunca estuve en El País, pero, como recuerdo con demasiada frecuencia, es el único periódico con el que he tenido una relación sentimental. Me desgarra que hoy esté roto, y que el peor pedazo sea el que se ha quedado dentro. En The Objective, por otra parte, me hago la ilusión de que estoy en un islote de exiliados, los mejores del país: pura historia de España.

En la celebración por los 50 años (que ha tenido la triste coda de la muerte de la exdirectora Gallego-Díaz; DEP) se han echado en falta a esos réprobos; algunos, como Cebrián y Savater, importantísimos desde la fundación del periódico. Pero lo cierto es que no podían estar. La mermelada ambiental se habría estropeado. Es un dato devastador: El País es un periódico herido que no podía ni mostrar sus cicatrices. La "memoria histórica" que tanto exhibe la elude aquí, como en otras cosas comprometidas. Me hizo gracia, por pasar a un asunto menor, que Jabois y Lindo se inventaran una fantasía sobre cómo se conocieron, quizá para no decir que los presentó un chico malo de The Objective. La genealogía ha de ser de sangre limpia, aunque ese chico sea socialdemócrata (el único, de hecho, que queda: su antisanchismo es justo por esa causa).

El País que yo amé fue el de "El País, con la Constitución". Aunque mis ejemplares inaugurales los hojeé ya a finales de los setenta, cuando algunos domingos los traía a casa un primo mayor (el primer universitario de la familia), lo empecé a leer y comprar justo después del golpe de Tejero. Aquel constitucionalismo heroico era lo que impregnaba mi lectura de la actualidad, que es la historia del presente mientras se está haciendo. Todavía cuando el golpe del independentismo catalán El País supo estar con la Constitución. Hoy en día lo hace solo nominalmente. Su trayectoria se ha quebrado por el seguidismo del turbio Sánchez, cuyas maniobras judiciales y demás filibusterismos no ha dejado de apoyar.

El principal problema con El País se deriva de la que es su principal virtud: esa tipografía y esa disposición límpida de las páginas que invitan a la racionalidad. Espada nos hizo ser conscientes de esto años después. Esa sobria parrilla diseñada para transmitir la verdad impone una alta exigencia, una altísima responsabilidad: justamente decir la verdad. Cuando se ha usado para otra cosa, incluso a veces para lo contrario, la irresponsabilidad es suprema: porque la mentira emitida va con el traje que mejor la camufla.

Por El País hemos aprendido desoladoramente que el Trump perfecto, aquel que no recibirá las justas críticas que recibe Trump, sino permisividad, cuando no elogios, ha de presentarse como antitrumpista. Y trufar su discurso no de bravuconadas fascistoides, sino de nobles ideales... mientras se actúa en sentido contrario. El que socava el Estado de derecho invocando el Estado de derecho, el que dice enfrentrarse a los bulos cuando es el primer emisor de bulos, el que aboga por combatir la polarización cuando es el máximo polarizador, el que habla de la verdad cuando su carrera política está construida sobre la mentira, es un Trump más nocivo para la democracia que Trump. Entre otras cosas, porque puede contar con el apoyo de un periódico como El País.

La situación es particularmente grave por esto. Es el Washington Post sosteniendo a Nixon. Los que se opusieron son los réprobos de El País

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3.5.26

El sanchismo mea sentado

[Montanoscopia] 

1. En La Cultureta tratan de encumbrar a Ángel Antonio Herrera como poeta, a propósito de su antología personal Oler a loco. Pero cometen un error de pardillos: leen algunos de sus versos.

2. Paco Marhuenda inaugura su primera exposición de pintura, Centro, generosamente cubierta por medios afines. Veo, por las fotos, algunos cuadros. Preferiría no haberlos visto.

3. Los tertulianos naufragan por la parte estética, indigente en casi todos (mis amigos, gente cultivada, son una excepción). En el libro Tertulianos, de Antonio Villarreal, venía un caso sintomático, no poco descacharrante. Antonio Herrero le encargó a un pintor un cuadro sobre su tertulia radiofónica. La selección de los doce que aparecen con Herrero fue un vodevil en sí mismo, de gente que entra y que sale, como bien narra Villarreal. Una vez acabado, Herrero se encuentra con que el tercio superior del cuadro está vacío. Dado que hay tantos personajes, el pintor ha querido "darle aire". Pero Herrero no comprende: "¡Lo voy a cortar!". Esto por un lado. Por el otro, Ramón Tamames, propietario actual del cuadro, dice que solo se lo cederá al Reina Sofía si lo coloca junto al de la tertulia del Pombo de José Gutiérrez Solana. Entre ambos extremos de patanismo estético están los tertulianos, si no en los dos a la vez.

4. Babelia publica la lista de "los 25 libros más esperados de mayo". No está De todo tiene, el nuevo tomo del diario de Andrés Trapiello: el único libro realmente esperado.

5. Aquelarre por el 50º aniversario del diario El País, que se cumple mañana. Tiene algo de rito funerario, porque se trata de la celebración de un periódico que ya no existe: a los buenos los han echado todos. Un genio les queda, sin embargo: el que ha decidido que el evento sea en el Matadero. De Fernando Savater ni mu, naturalmente. En esta semana solo he visto una mencioncilla de Juan Cruz, pasando rápido. De Félix de Azúa igual: solo figura en un artículo de Jordi Gracia como autor de Historia de un idiota contada por él mismo. ¡Y entre aquellos a los que criticó el Defensor del Lector Carlos Yárnoz! Al menos han entrevistado al fundador y primer director, Juan Luis Cebrián. Esto ha impedido que El País haya alcanzado la cota del argentino Página 12, en cuyo 25º aniversario no fue invitado ni mencionado Jorge Lanata. Este se vengó después rompiendo y tirando el primer cartel del periódico en su programa de televisión.

6. En su debut en La Sexta, Aimar Bretos planteó, en formato reducido, un dilema como los de La cena de los idiotés de la Ser, para mí el Consultorio de Elena Francis del sanchismo: "¿Mear sentado o de pie?". Llevó a una experta (¡que nunca falten!) que aconsejó mear sentado. A Elvira Lindo se le escapó que en casa todos lo hacían así. De manera que en el sanchismo va a misa la postura. (Sobre la de cagar no se han pronunciado aún.)

7. En la impresionante entrevista que le hizo Rafa Latorre a Ketty Garat en La Brújula, para hablar de su libro Todos los hombres de Sánchez, lo más demoledor fue la conducta de muchos de sus, así llamados, compañeros de la prensa. Estos se han dedicado esta semana a denunciar el acoso de Vito Quiles a Begoña Gómez, la mujer del presidente. De las nocivas mamarrachadas de Quiles no hay más que añadir. Pero tiene bemoles que las críticas se centren en que no es un verdadero periodista, cuando por Ketty acabamos de corroborar cómo son verdaderamente justo esos que dicen serlo.

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1.5.26

Caetano Histórico


He hecho la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda la obra de Caetano Veloso en 200 canciones (por orden alfabético de discos). Está disponible en YouTube y en Spotify.

30.4.26

Uclés, que derrotó a Reverte, es derrotado por Octavio Paz

David Uclés, un escritor que hubo hace unos meses y del que ya nadie se acuerda (su tarea de saturación llegó a buen puerto), rehusó participar en las jornadas 1936: La guerra que todos perdimos, organizadas para febrero en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte, por dos razones: el lema y no querer juntarse con algunos del "otro bando". Su renuncia provocó la suspensión de las jornadas. Me hizo gracia que Goliat Reverte fuese derrotado por otro David y lo festejé. Pero fui dejando pasar las semanas sin ocuparme del asunto fundamental: el hecho de que para Uclés la guerra civil siga viva.

Ricardo Cayuela escribió aquellos días un artículo extraordinario sobre las lecciones que, acerca de nuestra guerra, nos puede dar Paz. Otro reciente del también mexicano Enrique Krauze en que habla de Paz y España me anima a volver ahora a aquello. Porque en el Congreso de Intelectuales de Valencia de 1987, presidido por Paz, se produjo un amago en la línea de lo de Uclés, que no pasó a mayores pero que resultó significativo. El Uclés de entonces fue Manuel Vázquez Montalbán.

Yo me había apasionado por Octavio Paz (sus ensayos y sus poemas) justo en la primavera de 1987, por lo que estuve muy pendiente de aquel congreso celebrado en junio, en conmemoración del de Escritores Anfifascistas de cincuenta años antes. Releo el discurso de inauguración, recogido por Danubio Torres Fierro en Octavio Paz en España, 1937 (FCE, 2007). Dice Paz, por ejemplo: "No buscamos una respuesta total, definitiva: buscamos luces, vislumbres, indicios, sugerencias. Queremos comprender y para comprender se requieren intrepidez y claridad de espíritu. Además y esencialmente: piedad e ironía. Son las formas gemelas y supremas de la comprensión. La sonrisa no aprueba ni condena: simpatiza, participa; la piedad no es lástima ni conmiseración: es fraternidad". No quisiera aplastar a nuestro David con Goliat Paz, pero obsérvese cómo nada de ese párrafo hay en Uclés.

Sigue Paz: "La pregunta a que nos enfrentamos puede formularse de varias maneras. Una de ellas es la siguiente: ¿conmemoramos una victoria o una derrota? En otros términos: ¿quién ganó la guerra?". A continuación va un breve repaso histórico, que desemboca aquí: "¿Ganaron Franco y sus partidiarios? Aunque triunfaron en los campos de batalla, conquistaron el poder y rigieron a España durante muchos años, su victoria se ha transformado en derrota. La España de hoy no se reconoce en la que intentaron edificar Franco y sus partidarios; incluso puede decirse que es su negación".

Como tampoco ganó el Frente Popular ("no solo perdió la guerra sino que muchas de sus ideas, concepciones y proyectos tienen hoy poca vigencia histórica"), concluye Paz: "Entonces, ¿nadie ganó? La respuesta es sorprendente: los verdaderos vencedores fueron otros. En 1937 dos instituciones parecían heridas de muerte, aniquiladas primero por la violencia ideológica de unos y otros, después por la fuerza bruta: las dos resucitaron y son hoy el fundamento de la vida política y social de los pueblos de España. Me refiero a la democracia y a la monarquía constitucional".

Reconozco que hay una cierta prestidigitación en estas palabras, en aras del brillo retórico. Siempre me hizo gracia lo que dijo Jaime Gil de Biedma sobre Octavio Paz: "Es tan brillante que a veces su brillantez va por delante de sus ideas y le juega malas pasadas". Pero hay que ser malintencionado (y obtuso) para no apreciar con nitidez lo que significan en este caso. Ocurre lo mismo con lo de "la guerra que todos perdimos". Pues bueno, esto fue lo que respondió Vázquez Montalbán: "Durante 36 años he estado pensando que la guerra la ganó Franco" (lo corroboro en la crónica de Roger Bartra en Letras Libres). Aunque la frase no dejaba de tener humor, era un humor quejica. Ese tipo de humor alentador de las discordias insalvables.

Lo decisivo de Paz, como escriben Cayuela y Bartra, era su noción de "los otros". Esos enemigos a los que oyó hablar y reír al otro lado del frente. "Había descubierto de pronto –y para siempre– que los enemigos también tienen voz humana", son las últimas palabras del discurso. Esto y la importancia moral de la autocrítica (Bernanos en el bando franquista, Orwell en el republicano) son, en efecto, dos lecciones radicales de Octavio Paz que hoy escasean aún más que en 1987. No es anecdótico que quien combate esas muestras sofisticadas de civilización se calce una boina.

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26.4.26

El ruedo ibérico otra vez

[Montanoscopia] 
 
1. La actualidad española, punteada por cornadas a toreros (Morante, Roca Rey), vuelve a ser la de Valle-Inclán, si alguna vez dejó de serlo. El esperpento de su teatro cuajó aún mejor en prosa, en las novelas de El ruedo ibérico, cuyas exageraciones grotescas esgrimían el más adecuado realismo ante la realidad que afrontaba. Así también la España de hoy, que no ha cambiado nada en lo sustancial. En este sentido, lo de la "prioridad nacional" es como el refocilarse del cerdo en sus propios excrementos: "primero nosotros, los peores", es su exacto significado.
 
2. En la valleinclanesca cumbre de Sánchez en Barcelona "en defensa de la democracia" no podía faltar, junto a la oscurantista definición de la democracia como "amor" (sic), la defensa de la dictadura cubana. En fin de cuentas, la democracia estaba en otra parte. Concretamente en Madrid, donde se encontraba María Corina Machado. Los esbirros de Sánchez, que son los mismos que los de Maduro y Delcy, la llaman "golpista", en una retorsión completa de los argumentos. Retorsión sintomática, por lo demás: hay que llamarla algo muy gordo, como "golpista", para justificar que le robaran las elecciones (a ella y a Edmundo González, que fue el que se presentó porque a ella no la dejaron presentarse).
 
3. Las retorsiones y elusiones dejan siempre rastro. Hay algo bellísimo ahí. Todo está en el texto: lo que está y lo que no está; esto último, en forma de resto culpable. Un ejemplo de estos días en El Mundo. En su columna Pedro vuelve a Ferraz, por otro lado buena, el amigo Bustos omite por no sé qué vericuetos mentales suyos que el vídeo del Comité Federal del PSOE de octubre de 2016 lo ha publicado The Objective. La belleza está en cómo lo dice, y cómo en ello está también lo que no dice: "la exclusiva de Ketty Garat poniendo imagen y sonido al intento de pucherazo". ¡Poniendo imagen y sonido! En la manera alambicadita de decirlo, con la elusión de la palabra "vídeo" (que obligaría más a decir dónde se publicó), está el resto culpable; la indicación de que ha habido una maniobra.
 
4. Hay algo más letal aún para el PSOE que las trampas de Sánchez en 2016: que la Adenauer del partido fuese... ¡Susana Díaz!
 
5. Tampoco se puede olvidar que el PSOE era entonces un partido perdedor. Y lo sigue siendo, solo que en el poder. Tal vez esto defina el sanchismo: es la política de un partido perdedor en el poder. En el poder gracias a los pactos con los más turbios del parlamento, con la merma y la vileza que eso implica.
 
6. La respuesta de los sanchistas ante el vídeo está siendo de traca. Conforme más obsceno se revela el Poder, más risibles son las contorsiones humillantes de sus mayordomos.
 
7. La imagen (¡y el sonido!) del intento de pucherazo, más lo de que el Peugeot era también mentira, me trae de nuevo aquella frase de un amigo filósofo sobre Sánchez: "desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática".
 
8. Y M. Rajoy, que se llama E. Satie, como todo el mundo. No se trata de hacer ahora una equiparación mecánica con Sánchez para compensar. Sánchez es inequiparable. Pero cuánta culpa tuvo Rajoy en lo que estamos padeciendo. Su personaje medio bobalicón, zumbón, pasota, es igualmente un resto culpable. Como son un cepo sus chistosas tautologías: con ellas solo dice lo que ya ha dicho para no decir otra cosa. Lo que queda fuera de su discurso es justamente la pornografía del Poder, también por él ejercido.
 
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24.4.26

'Jaime Gil de Biedma': mejor libro de 2004 y 2026

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:44

Buenas noches. El mejor libro de 2004 fue la biografía de Jaime Gil de Biedma que publicó Miguel Dalmau en Circe. Será también el mejor libro de 2026, porque lo vuelve a editar Tusquets, con un importante trabajo de actualización y reelaboración por parte del autor. Este recibió hace veintidós años devastadores ataques del círculo de Gil de Biedma. Dalmau cometió el pecado de sacar al muerto demasiado vivo. Exactamente en aquello que más vidilla da: el sexo. Escribí entonces que resultaba patético que lo único que había hecho bien la gauche divine barcelonesa, fornicar, fuese de aquello de lo que renegara, cuando estaba claro hasta dónde había llegado su porquería política; porquería que no ha hecho más que incrementarse. El poder literario de esa gente opacó el libro, que, si no recuerdo mal, desapareció pronto de las librerías. Lo recomiendo ahora encendidísimamente, porque Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta (así se titula) es un libro vibrante no solo por el sexo, sino también por todo lo demás: por el resto de aspectos de la historia personal de Gil de Biedma, muy bien contados; por su asombroso perfil como alto ejecutivo de la Compañía de Tabacos de Filipinas; y, sobre todo, por el seguimiento de su vocación poética, su realización en sus libros (obras maestras los tres que escribió, reunidos en Las personas del verbo), y el vacío de su temprano abandono de la poesía, que se mezcla después con sus depresiones, su reconocimiento literario en los ochenta y su enfermedad y muerte por el sida. Para mí fue el mejor poeta de su generación, y el que más quiero. Le ocurre igual a Dalmau, que dice al término de su nuevo prólogo: "Sigue siendo el único autor de mi tiempo que todavía me conmueve hasta las lágrimas".

23.4.26

Últimas noticias sobre Thomas Bernhard

 

 

Gracias al traductor de Google, he podido añadir a mi bibliografía sobre Thomas Bernhard libros en alemán. A estas alturas yo sería un erudito bernhardiano si mi memoria no fuese un coladero. Pero solo puedo aspirar a erudiciones fugaces sobre lo más reciente que he leído. Al igual que aquel personaje de Borges que se había propuesto leer la Encyclopaedia Britannica por orden alfabético y una tarde, y solo esa tarde, lo supo todo de los druidas, de los drusos y de Dryden, yo ahora, y solo ahora, lo sé todo de ciertos aspectos de la vida de Bernhard que actualizan o corrigen lo que sabía; en especial de su estancia última en Torremolinos.
 
Antes debo decir que también he leído estos días el mejor texto que se ha escrito en español sobre el autor austriaco: "Bernhard: el exilio póstumo", de Juan Villoro (en Efectos personales). Es una extraordinaria síntesis total de Bernhard, que culminaría la magnífica colección de escritos en nuestro idioma compuesta, entre otros, por los de Azúa, Marías, Savater, Sánchez-Andrade, Schifino, Espinosa, Baqués, Fortea y, por supuesto, Miguel Sáenz.
 
En cuanto al alemán, están los dos magnos libros del salzburgués Manfred Mittermayer, capo de los estudios bernhardianos: Thomas Bernhard (1995), análisis pormenorizado de su obra, y Thomas Bernhard. Eine Biografie (2015), la más completa biografía hasta hoy. Y los volúmenes espléndidos del dibujante Nicolas Mahler (que ya había adaptado a cómic la novela Maestros Antiguos y la obra de teatro El reformador del mundo): Thomas Bernhard. Die unkorrekte Biografie (2021) y Thomas Bernhards Salzburg (2022). Obsérvese que estos dos son ya libros pospandémicos, como si el imperio de la enfermedad hubiese reavivado el interés por Bernhard. También lo son los de sus hermanastros: Ein Leben an der Seite von Thomas Bernhard (2021), de Peter Fabjan; y Drei Wochen mit Thomas Bernhard in Torremolinos (2025) de Susanne Kuhn, este con ilustraciones de Mahler y entrevista de Mittermayer a la hermanastra. Finalmente, he conseguido el libro de viajes con Bernhard Seteais (1992), de su amiga Gerda Maleta; inmejorable apellido para una compañera de viaje.
 
En este último, se da la noticia de que en 1987 Bernhard se cruzó con el entonces príncipe Carlos y Diana de Gales en Sintra; de lo que salió la idea de su penúltima obra teatral (estrenada póstumamente), Isabel II. En ella, los curiosos que se apelotonan en un balcón para ver pasar a la reina de Inglaterra mueren al desplomarse el balcón. Otro cruce: con Brézhnev, nada menos, en Berlín Oriental, cuando Bernhard y Maleta pasaron el Muro en 1973 para ver una representación de El ignorante y el demente. El presidente de la Unión Soviética estaba de visita en la ciudad y se encontraron entre la multitud que recibía su saludo desde el coche blindado.
 
En la biografía de Mittermayer están las cuatro cosas que supe por Adan Kovacsics en su excelente conferencia sobre El malogrado: que el padre de Bernhard no solo abandonó a la madre cuando la dejó embarazada, sino que esto fue por una violación; que la tía de Bernhard, Hedwig Stavianicek, era tacaña; que su director de orquesta favorito era Carl Schuricht; y cuál es el comienzo, lo único que tenía escrito, de la que iba a ser su nueva novela, Terranova. Hay algunos detalles más: que el joven Bernhard fue durante un tiempo, al volante de un camión, repartidor de cerveza Gösser (que desde este instante pasa a ser la cerveza bernhardiana). O el amor que por él tuvo Grete Hufnagl, quien dejó a su marido por Bernhard y, cuando entendió que este solo quería amistad, volvió con el marido, para sumirse en la depresión y el silencio cuando murió Bernhard, hasta su propia muerte.
 
Pero la joyita de mis lecturas en alemán es la de la hermana Susanne Kuhn, cuyo libro sobre la estancia de Bernhard en Torremolinos salió el verano pasado. Yo recopilé lo que se sabía hasta 2017 en el artículo "El turista cero", publicado en el especial sobre Torremolinos de la revista Litoral (recogido en mi libro Inspiración para leer). Hay sustanciales modificaciones. La primera, que Bernhard no llegó a Torremolinos el 18 de diciembre de 1988, como escribe Sáenz en Thomas Bernhard. Una biografía, sino tres semanas antes, el 27 de noviembre. Lo que ocurrió fue que la hermana estuvo con Bernhard hasta el 18 de diciembre, y ese día vino a relevarla el hermano Peter Fabjan, quien, dado el mal estado de Bernhard, volvió con él a Austria el 30 de diciembre. La idea inicial de Bernhard era quedarse más tiempo. De hecho, tenía concertada una cita con Sáenz el 10 de enero de 1989.
 
En el libro de Kuhn se reproduce un documento sorprendente: la reserva del viaje que hizo Bernhard en la agencia Siesta Reisen de Viena, en la que justo el 18 de diciembre se trasladaba del hotel Barracuda al hotel Flamingo (hasta el 6 de enero). Todas las informaciones sobre la estancia de Bernhard en Torromolinos lo sitúan en el hotel Barracuda, que se encuentra en la playa de La Carihuela. El hotel Flamingo está arriba, en el centro. Actualmente se llama Costa Málaga. Fui a preguntar pero no sabían nada. Lo más seguro es que cuando llegó Fabjan, que era médico, desaconsejara el cambio de hotel. En su propio libro, por cierto, añade otro dato sobre la estancia de Bernhard en Málaga: en un coche alquilado por Fabjan, hicieron una excursión a Ronda en compañía de la actriz Marianne Hoppe, amiga de Bernhard. Aparecen comiendo en una foto. También cuenta Fabjan que el encuentro con Max Frisch en el aeropuerto de Málaga fue en el regreso. Lo que tiene más delito y confirma mi tesis de que Frisch fue el asesino de Bernhard, por permitir que este, estando ya en las últimas, le llevara una maleta que resultó muy pesada: ¡contenía, no botellas de moscatel como nos maliciábamos los bernhardianos malagueños, sino "bolas de bolos"!
 
Volviendo a Tres semanas con Thomas Bernhard en Torremolinos, el relato de la hermana es precioso. Se alojan en el hotel La Barracuda, él en una habitación de la novena planta (la 912, según Sáenz) y ella, que le tiene aprensión a los ascensores, en una de la segunda, con vistas a la piscina y el mar. Ella sabía un poco de español, porque de niña pasó un tiempo con una familia de acogida en Zaragoza. Está tensa, porque es la primera vez que pasa tanto tiempo a solas con su hermano, irritable, caprichoso y además enfermo. Él solo puede dormir medio sentado, porque se afixia. Ella le apaña la cama, que es desplegable, metiendo el cajón de un mueble bajo el colchón. Pero cada mañana las limpiadoras se lo deshacen y tiene que montarlo de nuevo.
 
Todos los días salen del hotel, buscando el sol porque a la sombra hace frío. Compran zapatos, una obsesión de Bernhard. Y compran montones de periódicos, que carga la hermana. Un día llega a recepción un paquete con la traducción española de Tala en Alianza. Tal vez por esta publicación, su nombre aparece en el periódico, lo que Bernhard le muestra a la hermana con orgullo. Otro día cantan juntos In the Summertime, de Mungo Jerry. Bernhard le pide a la hermana que nade para él en la piscina, mientras la mira desde su balcón. El agua está helada.
 
El 6 de diciembre van a de compras a Marbella, pero lo encuentran todo cerrado. Lo atribuyen a que es el día de San Nicolás. Es a la vuelta de Marbella, y no de Gibraltar como se pensaba (la excursión a Gibraltar la harían unos días después), cuando se pasan de parada y se bajan del autobús en plena autopista entre Torremolinos y Málaga. Para coger un taxi en la dirección opuesta tienen que cruzar la autopista llena de tráfico, saltando la mediana. Es Bernhard el que asombrosamente anima a la arriesgada carrerita. Otra jornada va ella sola a la Alhambra en un viaje organizado por el hotel. Bernhard no la acompaña.
 
Un dato importante para el bernhardianismo malagueño: es en el Barracuda donde Bernhard firma con el editor de Residenz la edición de su primera novela (casi poema), escrita en 1959 y que permanecía inédita: En las alturas. Sería el último libro suyo que vería publicado. El contrato, según otra fuente, se firmó el 13 de diciembre.
 
Una noche Bernhard se siente muy mal y le pide ayuda a la hermana, que sube corriendo a su habitación. "Ya está, no tengo pulso", le dice. Ella le aplica un espray de nitroglicerina para que respire mejor y logra recuperarlo. Al rato, Bernhard le pide que salga con él al balcón. "Quiero oír el sonido del mar una vez más". Es lo que quería, escribe la hermana con emoción, "justo después de creer que todo había terminado". Aquella noche el mar estaba tempestuoso.
 
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19.4.26

La semana Orbán del PSOE y el PP

[Montanoscopia]  
 
1. Cae Orbán en Hungría, pero le siguen creciendo las uñas y los pelos en España. Las uñas de las declaraciones antijudiciales del PSOE; los pelos de los acuerdos xenófobos del PP. Vaya semanita. Somos plenamente Kakania. Sin la recompensa austriaca del esplendor cultural.  
 
2. He desconectado del discurso oficial, como se hacía en el franquismo. Simplemente, a lo que Sánchez llama "progresista" no lo es. Ni a lo que llama "democracia", "igualdad" o "verdad". La cumbre que ha montado es una farsa, tanto más risible cuanto más pomposa. En defensa de la democracia, la titula. Y tras haber sido agasajado en China. Y con María Corina Machado ausente. Ni siquiera podemos ser ya enfáticos en contra: suena ridículo. Lo último es su vídeo como George Clooney. Nos deja secos, paralizados. Mantener un hilillo racional si acaso, un recordatorio de la realidad. Todo esto se pagará, naturalmente. La realidad es implacable. Todo se lo cobrará, en forma de ruina o guerra, de empobrecimiento de la vida. No por ley moral, sino por pura ley física: los desajustes del discurso y la negligencia impiden tarde o temprano que las cosas funcionen. Y como no es por ley moral lo pagaremos todos.  
 
3. Escribe Ainhoa Martínez: "Patria y religión: las banderas que Sánchez quiere arrebatar a la derecha como ariete electoral". Para su proyecto de convertirse en Franco son imprescindibles, desde luego. Son, de hecho, los últimos flecos que le quedan.  
 
4. El sujeto ese de Vox que subió a increpar al presidente sustituto del Congreso de los Diputados comparte cara con Edu Galán; un Edu Galán con pelo. Degradante espectáculo, pero plenamente en la línea del parlamentarismo que ha instaurado Sánchez. Ya destaqué una observación aguda de Sergio del Molino en Un tal González: gracias a que los españoles habíamos presenciado las sesiones parlamentarias de la Transición, pudimos calibrar la agresión que suponía la irrupción de los guardias civiles de Tejero. Hoy, francamente, me daría igual que cualquiera, hombre o mujer, se subiera en la tribuna y se pusiese a mear todo aquello que su chorro alcanzara. O incluso arrojar "monedas de moka", que diría Gimferrer. ¿Antipolítica? No, lo siguiente. ¡Los del patriotismo constitucional hemos tirado la toalla de las formas (que por lo demás era la única que teníamos)! 
 
5. El fasciocatalanismo no se supera, sino que se ajusta en sí mismo: ha organizado una quema de libros de Eduardo Mendoza. El novelista, una mezcla rara de pancista y de gamberro, se puso a tirar petardos en todas direcciones con la promoción de su nueva novela. Entre otras cosas, dijo que la crispación estaba en Madrid, para regocijo de su entrevistador Claudi Pérez. Pero no es en Madrid donde le van a montar la hoguera.  
 
6. Se anuncia de repente un "concierto histórico" de Caetano Veloso en Madrid el 4 de junio. Me ilusiono en un primerísimo instante, pero en seguida renuncio a ir. Necesitaría hacer un viaje ferroviario de precisión, algo ya imposible en la España de The Puentete. Será sin duda el último concierto de Caetano aquí. Cumplirá 84 años en agosto. He hecho memoria y lo he visto diez veces en total: una en Málaga, ocho en Madrid, una en el carnaval de Bahía. Los cipayos malagueños del PSOE le quitan importancia al corte ferroviario, pero cuántas historias han menoscabado de personas que vivían entre Málaga y Madrid: historias de amor, de trabajo, de estudios, de mero capricho. Son una fuente de melancolía, como las dead letters para Bartleby (melancolía fatal en su caso). Pero qué le importará todo esto a un patán inoperante como el ministrete. 
 
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16.4.26

La industria salchichera de las tertulias

El primer acierto de Antonio Villarreal en su libro titulado escuetamente Tertulianos (Península) es haberle puesto como subtítulo: Un viaje a la industria de la opinión en España. La noción de viaje es exacta, porque el autor, que se confiesa no oyente asiduo de tertulias, se desplaza hacia el fenómeno (tanto desde su casa como en los propios estudios) con ojos y oídos de explorador: con una distancia que le permite una objetividad superior a la que se estila y una inocencia que le hace reparar en detalles que a los más habituados se les escapan.
 
Y la palabra industria sitúa el asunto en una dimensión potente, jugosa. Entre la mecánica y el comercio, con la interferencia perpetua de la política, las tertulias pasan de entretenimiento confrontativo a entramado de poder; con una expansión que las convierte en cosa seria. Es una industria parecida a la salchichera. En el sentido de la famosa sentencia de que, si quieres comer salchichas, no sepas cómo se hacen. Un efecto del libro de Villarreal, por lo bien que explica cómo se hacen, es que las tertulias pasan a ser aborrecidas. Pero como, al igual que las salchichas, las tertulias son un vicio, el lector aficionado las seguirá consumiendo.
 
Por su parte, la lectura de Tertulianos es en sí deliciosa, por el estilo ameno del autor, que combina el escrúpulo profesional del periodista (reforzado por el rigor de sus años en el periodismo científico) con el interés narrativo del escritor de reportajes, salpimentado con frecuentes golpes humorísticos. Como, además del análisis del tertulianismo presente, Villarreal se ocupa de la historia de las tertulias en España desde la muerte de Franco, el libro nos proporciona una visión paralela de nuestro discurrir político: desde la opinión obtenemos el esbozo de aquello sobre lo que se opinaba.
 
La primera vez que oí la palabra tertulia, y asistí a una representación de su significado, fue en la que tuvo Fernando Fernán Gómez en TVE a finales de los setenta. El decorado imitaba el salón de su casa, al que iban llegando invitados famosos que se echaban un whisky y se ponían a charlar. El otro modelo era La Clave de Balbín, aunque la palabra que aquí se utilizaba era "debate". De esta diferencia también se ocupa Villarreal en Tertulianos. Curiosamente, en la reciente biografía de Borges de Lucas Adur se habla de las dos tertulias principales del Madrid de los años veinte, la de Cansinos Assens y la de Gómez de la Serna. Cansinos exigía un único tema, mientras que en el Pombo se burbujeaba: lo primero se parecía más a un debate y lo segundo era una tertulia.
 
Lo bueno es que Balbín tuvo después la mejor tertulia de radio, la de Hora Cero en Antena 3. Era un ejemplo exacto de lo que Villarreal caracteriza como "tertulia de los años ochenta", con periodistas, pero además con ilustres de otras áreas. Junto con Manuel Martín Ferrand, Consuelo Sánchez Vicente o Víctor Márquez Reviriego, estaban el gran Chicho Sánchez Ferlosio y el catedrático especializado en poesía renacentista Antonio Prieto. Recuerdo que un viernes terminaron hablando de Petrarca.
 
También se recoge en Tertulianos aquellos aquelarres que montaba Hermida con un montón de participantes, a los que les correspondían apenas uno o dos turnos. Mi ídolo será siempre Fernán Gómez, que una noche intervino el último y dijo: "He escuchado con atención a los que me han precedido, que han manifestado opiniones enfrentadas las unas a las otras. Pero yo me encuentro ahora con la papeleta de que no sé qué decir, porque resulta que estoy de acuerdo con todos".
 
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12.4.26

La corrupción aspiracional de los españoles

[Montanoscopia] 

1. Kitchen (PP) y mascarillas (PSOE): estaba la mano incorrupta de Santa Teresa y están las dos piernas corruptas del bipartidismo español, que roban más que dos manos. No hay alivio: a la vez que aprendemos que lo que no es bipartidismo es peor que el bipartidismo, no podemos desaprender que el bipartidismo es también un sistema de coartadas mutuas para la corrupción. 

2. En España no tiene coste electoral la corrupción porque la corrupción es aspiracional: todo votante espera poder ejercerla un día. 

3. El País manda ahora a su cronista más guay para que haga sus cucamonas en el juicio a Ábalos y Koldo. Cuando empezaron a aparecer las informaciones en The Objective, lo que hizo El País fue poner al matón Idafe a hablar de la "fachosfera". En la misma línea está el insulto que nos endilgó The Puentete (así llamo desde entonces al ministrete). Lo de The Ojete es un signo doble: primero, de las maniobras gubernamentales para encubrir la corrupción; segundo, del precio que han tenido que pagar (en este caso, en forma de risitas de suficiencia) quienes de verdad la combatían. Volviendo a El País: como en otras ocasiones, sus lectores se encuentran con un juicio sobre hechos de los no se les informó. Y de repente: ¡cucamonas! 

4. Pobres periodistas. A ellos no va el millón de la literatura, sino que les llega la noticia en persona (Aldama) a dejarles una caja de cruasancitos. Y los periodistas se la aceptan y se los comen. ¿Qué otra cosa podían hacer? En el mundillo de la televisión los guionistas ocupábamos el mismo puesto. Me ha recordado a cuando los guionistas de una serie fuimos a una fiesta de postín, con champán, ibérico y marisco, que ofrecía el productor en su chalet de la Moraleja. En cuanto nos vio entrar, va y les dice a los camareros del catering: "¡Tapita de cocido, que llegaron los guionistas!". 

5. Detesto el Guernica: más que cuadro, mamotreto cuadrístico. No porque no lo entienda: lo entiendo perfectamente. Lecturas y documentales aparte, en la Complutense asistí a una conferencia de varias horas de Santiago Amón, el padre de Rubén, en que explicó todos sus pormenores, con un discurso algo descabalgado (¡cubista!), pero que dejaba el cuadro clarinete. Como niño de la Transición, visité cientos de casas en que colgaba el Guernica; era un elemento más de las paredes empapeladas de entonces: para mí, más que una obra sobre los horrores de la guerra, es una obra sobre los horrores de la decoración de los años setenta. Y además, a Picasso no lo reconozco como genio. Mi único genio malagueño es Chiquito. 

6. Chico Buarque es grande en todo menos en su castrismo, que lo devuelve al tamaño de su nombre. Ahora viaja a Cuba a solidarizarse con su amigo Silvio Rodríguez y con la dictadura que ha defendido siempre. El pesimismo antropológico rebrota aquí, porque Chico es el autor de la mejor canción contra un dictador jamás compuesta: Apesar de você. En 1970 burló la censura militar del dictador Médici, porque adujo que la letra hablaba de las quejas de un marido contra su mujer mandona. La canción prendió de inmediato en Brasil. Para cuando los militares se dieron cuenta y la prohibieron, ya era demasiado tarde. Y el pobre Chico, mientras tanto, apoyando durante décadas a otro dictador, Castro, y a sus sucedáneos. [Hay una grabación posterior de 1978, que es la clásica de Apesar de você. También existe una olvidable versión española.]

7. Los más idiotas del trumpismo han sido siempre los trumpistas españoles. Por eso, cuando a Trump ya no le queden ni los trumpistas de su país (va camino de ello), le seguirán quedando los trumpistas españoles. 

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10.4.26

Una modesta proposición para el traslado del 'Guernica' al País Vasco

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:56
 
Buenas noches. Quisiera hacer una modesta proposición, a la manera del clásico irlandés Jonathan Swift. Este utilizó la truculencia y el humor negro para la suya, que tenía que ver con el hambre en Irlanda. Yo me acogeré a los mismos rasgos para la mía, que se refiere al traslado del Guernica al País Vasco. Mi modesta proposición no contempla el cuidado de la obra. Al revés, conforme al literalismo vigente, si el lienzo antibélico sufriera daños, se completaría su mensaje. En cuanto a la historia, remito al reciente artículo de Trapiello "La verdad sobre el Guernica". Ahí se recuerda que, desde que acabó la guerra civil, las bombas han sido mayoritariamente las autóctonas de ETA, cuyo balance de muertos (incluyendo los de pistola) supera al de 1937. Inspirándome en esto y en la frase de Arzalluz "ellos sacuden el árbol y nosotros recogemos las nueces", aquí va, en fin, mi modesta proposición para el traslado del Guernica al País Vasco. Una vez allí, con los previsibles desperfectos, el cuadro se deberá colgar en el Guggenheim Bilbao (cuya directora, a propósito, es la hija de Arzalluz) bajo las siguientes condiciones, que además actualizarán la obra, puesto que le darán un aspecto de instalación, que es lo que se lleva. En el centro del lienzo ha de adherirse una txapela invertida, a modo de canasta de baloncesto, con una nuez en su interior. En el extremo izquierdo del cuadro habrá un proetarra y en el derecho un nacionalista vasco, ambos de pie y formalitos. Cada hora, cual reloj de cuco, el proetarra sacudirá la txapela hasta que caiga la nuez. Entonces, el nacionalista vasco se agachará a recogerla y la encestará de nuevo. Solo queda resaltar la circularidad sostenible del proceso, que se mantendrá ininterrumpidamente los meses que dure la exposición.

9.4.26

La turra andalucista

El pasado domingo se juntaron la Semana Santa, los toros y el PNV: ¡apoteosis de la España retrógrada! Lo más retrógrado (y español) es el PNV, que ni siquiera tiene la recompensa estética de la Semana Santa y los toros; aunque sí la religiosa de la "nación", lo que no es moco de pavo. El nacionalismo es la bicoca electoral en aquellas regiones cuyos votantes padecen la mengua de preferirlo. Hasta el punto de que los políticos de las otras procuran estimularlo o potenciarlo. Todos los partidos, en resumidas cuentas, quisieran ser el PNV.
 
Incluso en Andalucía, que es de la que me quiero ocupar en esta columna. El abrasivo ciclo que va del 28 de febrero (Día de Andalucía) hasta la Semana Santa, con el previo carnaval de Cádiz y la posterior feria de Sevilla, este 2026 intensificado además con la convocatoria de las elecciones autonómicas para el 17 de mayo, deja turulato de identidades a un andaluz descastado como yo, que prefiere escaparse a Lisboa a melancolizarse con Pessoa; aunque allí también se melancoliza fatalmente con las hordas turísticas andaluzas (y españolas), de las que en verdad no hay modo de escaparse.
 
El mejor conocedor de la política andaluza, mi amigo Carlos Mármol, sostiene que con el PP en la Junta no ha habido cambio, sino sustitución. Mármol ya le adjudicó al PSOE de Susana Díaz la imborrable acuñación de "peronismo rociero". Que a Juanma Moreno le va igualmente como un guante. Ser el PNV, ser el peronismo: eso es lo que quieren todos y todas. No hay bicoca electoral mayor.
 
Aunque me hubiese gustado un cambio en dirección al pragmatismo, la contención expresiva y la sosa Ilustración, confieso que me lo estoy pasando pipa con la pugna del PP-A y el PSOE-A por el colorido folclórico, que es en realidad lo único para lo que están capacitados. Lo único para lo que tienen nivel.
 
En este sentido, el presidente Moreno lo está clavando. Se ha adueñado del discurso andalucista del PSOE-A, con el Día de la Bandera, la ofrenda a Blas Infante, la defensa del habla andaluza (sic, ¡con el apoyo de Alejandro Rojas-Marcos!) y demás turras regionales; dejando al PSOE-A literalmente en bragas y con la sensación de que le han birlado el juguete. María Jesús Montero, con su lastre sanchista (privilegios a Cataluña incluidos), no lo va a mejorar. Por el contrario, se pronostica empeoramiento catastrófico.
 
Cuando Pedro Sánchez la designó como candidata el año pasado, ella acudió a la celebración del Día de Andalucía y allí Moreno, que es más listo que el hambre, la asesinó en directo: le dio la bienvenida y le deseó con la mejor de sus sonrisas toda la suerte del mundo. La cara de la candidata recibiendo los beneplácitos era un poema. Este año Montero ha excusado su asistencia y Moreno aprovechó para exhibirse como padrecito: ¡hasta soltó lágrimas por Adamuz!
 
De manera que Moreno tiene el campo libre (con la única amenaza de los apretaos de Vox, que pueden desactivarle la sonrisa asesina) para que el PP-A no sea solo el PNV-A, sino incluso el PRI-A. Un régimen blindado y duradero, con los del PSOE-A subiéndose eternamente por las paredes. Solo faltaría saber si Moreno tiene sucesor. Por ahora sigue siendo el tapado de sí mismo.
 
Pero en fin, para mí (¡andaluz cernudiano!) Andalucía tiene singularidades de sobra como para que deban enfatizarse con políticas o actitudes andalucistas. Mi ideal, ya que soy de aquí, es que los andaluces debemos restarnos Andalucía. A sabiendas de que, por más que nos restemos, aún nos quedará mucha, tal vez demasiada.
 
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5.4.26

Días santos en Lisboa

[Montanoscopia]  
 

1. Lunes. Pisar Lisboa. Los primeros pasos por sus adoquincitos son siempre regeneradores, como cuando uno entra por primera vez en el mar cada verano. Es volver a casa en un sentido profundo: al sitio de la felicidad. Nos alojamos en la rua das Flores. La ventana da al jardincito con la estatua de Eça de Queiroz. Después de comer conseguimos la mejor mesita del mirador de Sta. Catarina, con vistas al Tajo y al puente. Tras la puesta de sol, bajamos al río nocturno. Las pasarelas vacías de los ferrys crujen y gimen: son el canto de las sirenas lisboetas. Llegamos a las dos columnas que se abren al río-mar. Seguimos callejeando y a última hora nos tomamos una copa en el fastuoso Pavilhão Chinês. Me dice mi acompañante: "No sé qué hacemos en España". Al menos hemos huido esta Semana Santa: a procurar días santos a nuestra manera.
 
2. Martes. Nunca había vivido una primavera tan deliciosa en Lisboa: manga corta durante todo el día, sol y brisita atlántica, sin la fastidiosa lluvia intermitente de los anteriores viajes. Bebiendo en terrazas: plaza de Camões, jardín del Príncipe Real al mediodía (con música brasileña ao vivo) y al atardecer Ribeira das Naus. Visita a la Travessa, la librería de Ipanema en Lisboa, donde compro libros sobre Río de Janeiro y de poemas de Adriana Calcanhotto y Antonio Cicero. Culmina el toque brasileño con cena en Acarajé da Carol, restaurante de Bahía. Mi acompañante se pone en la muñeca una cinta de Bonfim, formulándose un deseo con cada uno de los tres nudos que le ato. Como le quedan demasiado largas las dos tiras sobrantes, le pide a la camarera baiana que se las corte. Le digo: "Perdeu dois desejos". Y la baiana, sonriendo: "Não perdeu não, ficam os três".
 
3. Miércoles. Después de tres días en Lisboa, la actualidad política española se ha esfumado. Me asomo a la prensa, pero es lo mismo: todo aparece fantasmal, ajeno; los personajes han perdido sustancia. Como tampoco sé nada de la actualidad portuguesa, renovada tras las últimas elecciones (quedan carteles pasados en las calles), la vida se presenta como una apoteosis continua de lo concreto, sin extensiones periodísticas. Hoy hemos tomado el tren para Estoril y Cascais. Iba abarrotado. Allí, con verdadero calor, ambiente de verano en las calles y las playas. Damos con una librería de viejo fabulosa: Galileu. Compro un montón de libros brasileños, entre ellos la novela que lleva uno de los mejores títulos de la literatura: O homem que matou Getúlio Vargas, de Jô Soares. En Brasil todos saben quién mató a Getúlio Vargas, porque se suicidó. En la vuelta, el sol atlántico en la cara. Adormilamiento feliz.
 
4. Jueves. Museos: el del Chiado el otro día, el Gulbenkian hoy, ambos de pintura contemporánea. Reconozco que, más que las obras, me gustan las chicas de las salas, tan formalitas y amables. Hay una sensualidad específica portuguesa, distinta de la brasileña pero también dulce. Por ejemplo, en la entonación en que dicen a veces "obrigada" (algo así como óbrigaaada). Nos tomamos un café en el jardín del Gulbenkian y luego vamos, atravesando el parque Eduardo VII, a la librería Buchholz, cerca del marqués de Pombal. Mis nuevas adquisiciones han de ser pocas y delgadas, o no me cabrán en el vuelo de vuelta. Desde la comida, en Casa da Índia, notamos la multiplicación de turistas de ayer a hoy. En Senhora do Monte está imposible acceder al barecito brasileño, casi secreto hasta hace nada. Tomarse una caipirinha con vistas a Lisboa se acabó. Por la noche, enorme luna roja.
 
5. Viernes. Para escapar de la avalancha turística cogemos el tranvía a Estrela: jardín da Estrela, basílica da Estrela. Caminamos por las calles vacías de Lapa y Pampulha. Es el tercer día de calor: parece verano. Conseguimos una mesa a la sombra en el Catch Me, el restaurante con ventanales al puente. Después atravesamos Alcântara para llegar hasta él. Me habría gustado subir, pero el ascensor sigue estropeado y mi acompañante no quiere pegarse los más de veinte pisos de escaleras. El año pasado viajé solo y lo hice. La atracción está consignada como Ponte 25 de Abril: Experiência Pilar 7. Y es una verdadera experiencia: de lo sublime. El ascenso por la estructura traqueteante hasta lo alto, con el zumbido del tráfico y el viento. Luego LX Factory y de noche caña en el bar Jobim, cena en la terraza de Príncipe Real y copas en el Pavilhão Chinês.
 
6. Sábado. Última jornada. No anoté anoche que se nos acercó el jefe y nos contó que en 1998 abrió un Pavilhão Chinês en Madrid. Tampoco anoté nuestras visitas de esta semana a Espaço Chiado, el centro comercial semiabandonado que, entre sus pocas tiendas, cuenta con varias de discos viejos. Hablamos con el dj Barbosa. Hoy, con el sol eterno de todos los días, vamos a la Feira da Ladra, el Rastro lisboeta. Al pie del Panteão afluyen los desechos portugueses, entre los que rebuscamos con fruición. Me hago con un libro más, poco y delgado: Trocar de rosa, traducciones de Eugénio de Andrade. Incluye a Luis Cernuda, delicado poeta de Lisboa: "A própria névoa ri: um riso branco no vento. / Obscuridade ou luz, ali são belezas iguais". Lo hojeo, mientras mi acompañante se demora en el mercadillo, en una mesita del jardín en declive Botto Machado, encima del río-mar.
 
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2.4.26

Bartleby: el desasimiento de la vida

La primera vez que leí Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, anoté: "Bartleby: el desasimiento de la vida". Lector de Pessoa y Cioran, asiduo al spleen de Baudelaire y a la abulia decadentista, no tanto al absurdo programático de Kafka y Beckett ni a la náusea epiléptica de Sartre, que me cargaban, acogí al oficinista del "preferiría no hacerlo" como un emblema despojado de la vida sin vida.
 
El significado último de la frase era obviamente: "preferiría no vivir"; sin por ello querer matarse. Se preferiría no estar vivo, o estar ya muerto, pero sin actuar para alcanzarlo. Así, sin el impulso suicida, siempre extremo, aparatoso (sospechoso, como supo ver Schopenhauer), se sigue en la vida sin vida. Uno se certifica como cadáver que no está muerto.
 
Bartleby hace eso: desasirse, desligarse, desatarse, desprenderse de la vida. Un hacer que es un deshacer o deshacerse; asumido más bien como fatalidad. Deambula como un fantasma. Es un santo sin iluminación. Un místico cuya ascesis es anodina y sin propósito. No busca liberarse. Simplemente constata que todo se acabó. Sin pasiones ya, sin intereses, sin excitaciones ni alteraciones. Maniquí metafísico del otro lado en este lado.
 
El personaje de Melville no se mata, pero sí se deja morir. Al "cadáver aplazado", que decía Ricardo Reis, le llega el momento del ajuste. Se lo encuentran "acurrucado de un modo extraño al pie del muro" del patio en que concluye; como el muro al que daba su ventana del escritorio.
 
El epiloguillo de las cartas no reclamadas, o "cartas muertas", con las comunicaciones y los objetos que no llegaron a sus destinatarios, expande el caso de Bartleby a una melancolía común, la melancolía (por el tiempo, la incomunicación y las pérdidas) de todos. "¡Ah, Bartleby! ¡Ah, humanidad!", son las célebres últimas palabras del relato.
 
Esta ha sido siempre mi lectura, reconozco que un tanto enclaustrada, de Bartleby, el escribiente. La que hace Daniel Gascón en Los nuevos Bartleby. Crónica de un cansancio colectivo, que ha editado Rosamerón con la obrita de Melville en el mismo volumen, tiene la virtud de abrirme la perspectiva, sin por ello hacerme abandonar la que está arraigada en mí: me la completa y enriquece. Desvía además la mirada hacia el narrador, el jefe de Bartleby, empático, justo, estupefacto, al que las circunstancias empujan a resultar igualmente cómico.
 
Con su perspicacia habitual, con su estilo recto (claro) y con su humor, Gascón recorre manifestaciones actuales que se corresponderían con el personaje de Melville. Cuando arrancaba el milenio, Enrique Vila-Matas se ocupó en Bartleby y compañía del "preferiría no hacerlo" relacionado con la escritura. Con el milenio lanzado, Gascón se ocupa (tras una primera parte literaria, muy instructiva, sobre el autor y su obra) de los Bartleby pandémicos, laborales, familiares, sentimentales, generacionales, políticos, decrecentistas, tecnológicos; sin eludir el asunto del nihilismo y el pesimismo.
 
Recoge lo que han dicho sobre Bartleby otros autores, como Deleuze, Negri, Žižek o José Luis Pardo. Me he asomado a los textos de Deleuze y Agamben y me han sonado a galimatías que preferiría no leer; junto a Žižek y Negri, proyectan en Bartleby actitudes de resistencia ideológica: con una retórica que a Bartleby abrumaría y de la que también preferiría desentenderse.
 
Vuelvo a mi Bartleby, al del desasimiento de la vida. Su existencia es, por la razón que sea (la desconocemos), ese raro impasse en que ya no hay vida pero aún hay tiempo. A Bartleby hay que reconocerle la dignidad con que lo lleva. Es casi una tauromaquia lo suyo, a lo Michel Leiris; la compostura en la nada. Por eso es un mito. 
 
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29.3.26

Entiendo su urgencia por salir

[Montanoscopia]  
 
1. La gran comedia mundial con Sánchez. Ahora es líder antitrumpista del mundo el gobernante que más se parece a Trump. Un Trump joven, guapo y con el componente que le falta a Trump para ser el Trump perfecto: el antitrumpismo. Los que hemos asistido, por ser españoles, a la génesis del equívoco estamos pasmados. ¡Cómo se forman las farsas! Naturalmente, nuestros sanchistas disfrutan con engolosinamiento esta inesperada aprobación del mundo. No es de extrañar: desde el principio estuvieron entre los comediantes. La pega es que nuestro paisito da para poco. Mucho se tiene que torcer la cosa para que no se termine convirtiendo en el payaso mundial de las bofetadas. Así fue siempre la historia de España, al fin y al cabo. Sánchez no es más que su último fantoche.  
 
2. El joven fotógrafo de Europa Press con nombre de poeta, César Vallejo, colocó en las principales portadas de la prensa española su foto del Congreso en que salen del hemiciclo María Jesús Montero y Carlos Cuerpo, en su relevo vicepresidencial, con Bolaños y The Puentete detrás de ellos, más una señora despeinada que no conozco. La foto podría titularse perfectamente Freaks (o La parada de los monstruos), por la película de Tod Browning. La cámara también pudo haberla manejado Goya: es La familia de Carlos IV del sanchismo.  
 
3. Para mí hay tres tipos de tertulianos: 1) aquellos por los que me quedo; 2) aquellos que dependen de quienes les acompañen para que me quede o no; y 3) aquellos por los que, en cuanto oigo su nombre, me lanzo en plancha a apagar el transistor, les acompañen quienes les acompañen.  
 
4. Curiosamente, en el libro Tertulianos, de Antonio Villarreal (Península), que presentaremos en Málaga el 17 de abril, se dice que las tertulias están compuestas por "tres tercios": el primero serían los elegidos libremente por el director de la tertulia; el segundo, los impuestos por la empresa o corporación; el tercero, los impuestos por los partidos. Esta división se correspondería más o menos con la de mi punto anterior; con la salvedad de que algunos de mi tipo 3 son los corporativos.  
 
5. Al terminar de leer En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Anagrama), logro formularme algo que venía acariciando mentalmente desde hacía mucho: los novelistas actuales procuran en sus novelas una virtud política que arruina (cuando no aborta) todas las demás posibles virtudes. Es tal el empeño por ser virtuosos ideológicamente, que sus libros nacen muertos, embalsamados. La ideología es hoy el agujero negro de la literatura; o la sombra que la aplasta: su mortaja siniestra. Su teología. 
 
6. Hace unos años pusieron en la radio tres canciones del Gino Paoli crepuscular. Me tocaron porque eran un homenaje a la vida vivida, que ya no volverá pero que allí sigue, degustable en la memoria. La manera de cantar de Paoli, con la voz envejecida, como dejándose, abandonándose, acariciando desganadamente las palabras, apuntándolas tan solo, era otro ejemplo del estilo tardío. Tenía algo proustiano: la intensidad vital estaba allí, pero alejada en el tiempo. Transmitía agradecimiento, nostalgia y aceptación. Eran canciones del pasado cantadas como del pasado. Ahora que Paoli se ha muerto, me las he vuelto a poner: Sapore di sale, Che cosa c'é, Senza fine.  
 
7. Esta vida gloriosa que para algunos, incluso muchos, puede ser una estafa. Así para la pobre Noelia Castillo. Todo fue mal y malo con ella, sin que ella tuviera la culpa. Entiendo su urgencia por salir. Lo de aquí (con todos nosotros dentro, incluidísimos sus aprovechados defensores) para ella era peor. 
 
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27.3.26

Shakespeare: ser o no ser un piernas

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:14
 
Buenas noches. Mi trayectoria como opinador ultramontano ha sido osada. Llamé "piernas" a Kafka y a Tolstói. Dije que los hermanos Machado son los hermanos Calatrava de la poesía. Antes, que Nabokov no es más que un crucigramero: el Ocón de Oro de la literatura. Que Faulkner es un Marcial Lafuente Estefanía con subordinadas. Que García Márquez es Antonio Gala con gallinazos. Y pregunté quién demonios había metido en el canon a Chejov. Pero una última cobardía me atenazaba: no me atrevía a meterme con William Shakespeare, quizá un gigante demasiado poderoso para mis bromitas. Pero nuestro querido Javier Gomá me abrió el camino hace unas semanas en La Brújula, cuando se atrevió a ponerle reparos al cisne de Avon. En efecto, Shakespeare está sobrevalorado. Es retórico, desordenado, efectista. Sus obras tienen más trucos que Juan Tamariz, pero además son un peñazo. Romeo y Julieta es un anuncio de perfume. Macbeth es una escabechina sin sentido, como un spaghetti western. El sueño de una noche de verano es como los Morancos de Triana disfrazándose para el carnaval. Otelo es una historia vulgar de celos, como los de Shakira por Piqué. La fierecilla domada es el discurso sobre el "hombre blandengue" del Fary. Antonio y Cleopatra es una mala canción de Pimpinela. Lo de "pero Bruto es un hombre honrado" (de Julio César) es como una frase de la política española. Y lo de "mi reino por un caballo" (de Ricardo III) no es más que la historia del actual rey Carlos de Inglaterra, que obtuvo el reino y además el caballo. En cuanto a su obra más célebre, Hamlet, está claro el dilema que a Shakespeare le preocupaba de verdad, porque eso es lo que se sentía en el fondo: "Ser o no ser un piernas". He ahí la cuestión.

26.3.26

Almodóvar y la vida abstracta

En la misma semana he visto Torrente Presidente y Amarga Navidad, y las dos me han encantado. ¡Soy el cinéfilo transversal de pronto! Naturalmente, no me lo he propuesto: se ha dado así. Con Carlos Boyero comparto el estilo de crítica, que es lo que yo llamo "crítica de alcance": me llega/no me llega. Aunque a mí me llegan cosas que a él no, como la película de Pedro Almodóvar. De la de Santiago Segura ya me ocupé aquí. De Amarga Navidad me dispongo a hacerlo ahora.

Con Almodóvar me pasa que me gusta asomarme a su mundo. Por eso soy almodovariano. Cada película me puede gustar más o menos, pero (salvo en casos catastróficos como Los amantes pasajeros o La mala educación) siempre la disfruto. Amarga Navidad no es de las mejores, ni tampoco de las peores. Estaría en la franja intermedia, pero con una virtud: su singularidad. Es una obra de lo que se ha dado en llamar estilo tardío: crepuscular, imperfecta, pero con encanto (un pelín rugoso) y con honduras sutiles. De una autoconciencia no demasiado agónica, algo complaciente: sabia.

En Amarga Navidad, Almodóvar juega un poco consigo mismo, con el almodovarismo. Es a un tiempo autocrítica y autoexcusa. Y autoanálisis, un tanto melodramático pero en el fondo guasón. El personaje director Sbaraglia, trasunto del director Almodóvar, escribe sin inspiración y su guión no inspirado es lo que vemos en la subpelícula de la película. Contiene torpezas, como esas dos canciones casi seguidas de Chavela Vargas, o la emotividad instantánea que provocan. El espectador listillo, Boyero de sí mismo, pensará que ha cazado a Almodóvar. Pero es Almodóvar (como vemos en el tramo final) el que lo ha cazado a él.

Increíblemente, algún crítico catedrático dice que, como no le estaba saliendo la película, Almodóvar le añade la justificación como un pegote. ¡Cráneo privilegiado! Por el contrario, el guión es tan férreo que incluye su aparente sabotaje. Pero no está hecha la miel cinéfila para la boca del catedrático cinéfilo.

El asunto con Almodóvar es que desde hace ya muchas películas no transmite la vida, como en la fase inicial de su carrera, sino la abstracción de la vida. Dejó la calle y el contacto con la gente, vive aislado y sus historias son ya solo sobre la vida abstracta. Pero esta estilización, este despojamiento, a mí me gusta también. Hay una concentración artística. La artificiosidad no elude lo elemental, sino que lo intensifica: la enfermedad, el dolor, la pérdida. Lo que es común a toda vida, sin costumbrismos (salvo los apuntes con fines cómicos) que distraigan la mirada.

En el autor aislado, junto con los universales de la existencia (el paso del tiempo y el don de cada instante, la sensibilidad, la ocasional pasión, los rencores, el envejecimiento, la muerte), está en primer plano la épica (o el naufragio) de la escritura. Por eso es natural que se ocupe de ella. Y que incurra en la vampirización de las vidas ajenas para su obra. Todo esto está en Amarga Navidad, logradísimo. Pero a los pejigueras de la cinefilia se les suele escapar lo importante.

No puedo terminar sin hablar de los actores: sensacionales Aitana Sánchez-Gijón y Quim Gutiérrez, bien Patrick Criado, Vicky (¡me niego a decir Victoria!) Luengo, Milena Smit y Leonardo Sbaraglia. ¡Y extraordinaria Bárbara Lennie! ¡Más guapa que nunca! ¡Esa sonrisa o semisonrisa! ¡Ese estar y moverse! ¡Esa mirada! ¡La ficción de una ficción y ella tan maravillosa, la tía! Pasaban las horas desde que salí de Amarga Navidad y no se me quitaba de los ojos. Aún no se me ha quitado.

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