En The Objective.
11.10.26
8.10.26
4.10.26
1.10.26
Baratijas de los Javis
La originalidad de La bola negra, la ya exitosa película de los Javis, no está en su potente imaginería ni en su ambición lograda, en sus ciertamente apabullantes hechuras cinematográficas, sino en que se trata de un producto rarísimo: un pastiche con autenticidad. Lo que ofrecen los Javis son baratijas que funcionan, y que por ello adquieren, sobre la marcha, un extraño valor.
Quizá la clave esté en lo que declaró uno de los Javis cuando presentaron hace meses la película: que de estudiante le habían robado a Lorca como referente homosexual. Ya anoté aquí que en 1983, un año antes del nacimiento del Javi menos joven, el profesor de 3° de BUP nos dio a leer, entre otros textos, la "Oda a Walt Whitman" de Lorca y "El joven marino" de Cernuda; además de poemas de Cavafis y Luis Antonio de Villena. Quienes se convirtieron para mí, a mis diecisiete años, no en "referentes homosexuales", que por mi heterosexualidad yo no necesitaba, sino en referentes de valentía: justo por la libertad desafiante (sobre todo Cernuda y Villena) con que vivieron su homosexualidad. La declaración del Javi, en unos tiempos en que ya no había ocultación alguna, era una confesión involuntaria de ignorancia.
Pero precisamente esta ignorancia de partida (solventada luego; y ahora completo la clave) es la que les ha permitido crear una obra de indudable poder genesíaco, pese a ser, en fin de cuentas, epigonal. Dicho de otro modo: al no tener conciencia de que incurrían en el topicazo lorquiano, lo han hecho con desparpajo y fuerza, reavivándolo. Algo que no hubiéramos podido lograr (ni se nos habría ocurrido intentarlo) los que empezamos con Lorca en el bachillerato, a los veinte ya estábamos saturados de lorquismo y siempre que intentamos volver a Lorca tenemos que quitarle antes toda la nata lorquista acumulada (y su obra resiste: así de grande es).
El resultado en mí como espectador es que con La bola negra no me aburrí en ningún momento, la admiré a ratos y me sorprendí con su despliegue, pero no me emocioné. Sí reconocí su impulso vitalista, junto con la rabia por que lo frustren las circunstancias (mayormente las políticas e históricas). Y lamenté que su visión de la guerra civil sea la usual: buenos contra malos; hay un cierto matiz entre los malos porque algunos no son del todo malos, pero entre los buenos no se insinúa maldad (algo que ya estaba en la obra de teatro de Alberto Conejero de la que parte la película). Esto edulcora el conjunto, le resta tragedia. Ya escribí también que entre los comunistas tampoco se admitía la homosexualidad: cuando Cernuda publicó su homenaje a Lorca en 1937 le obligaron a eliminar la estrofa de los "mancebos".
Hay hallazgos iconográficos: los esquiadores bajando mientras el caminante sube por la nieve en la dirección opuesta, los soldados desnudos bajo la tormenta con los relámpagos como reflectores, o Guitarrica encaramado a la estatua caída de San Sebastián. En esto último se aprecia lo mejor y lo peor: la potencia en sí de la imagen pero también su deliberación, que la desvela como mampostería. Encuentro otra cosa curiosa: los Javis alcanzan como un rejuvenecimiento del viejo Almodóvar; pero solo del viejo, sin llegar a la frescura del joven (esto sí lo conseguían en Paquita Salas). La razón es clara: la moralización. En último extremo, el vitalismo que promueve la película está lastrado por su voluntad de ser correcto. La apoteosis en este sentido es el cameo de Ian Gibson disfrazado de Glenn Close (se lo oí a Rosa Belmonte). En su escena hay una negligencia imperdonable: en la mesita del bar tienen el manuscrito de Lorca ¡junto a dos cañas de cerveza!
Los actores están formidables, en especial Guitarrica y Bernardeau; también Carlos González y Penélope Cruz. Están excelentemente dirigidos todos salvo Antonio de la Torre, para el que no hay Javi que lo abaje de su idea platónica del "actor español", con todos sus tics platónicos; Lola Dueñas, que está pasadísima; y ese Lorca que parece Ángel Garó (un hallazgo, sin embargo, es sacarlo en blanco y negro; aunque esto apunte a la pleitesía hacia el mito cultural). Me hizo gracia Albert Pla, por lo natural que les sale a los independentistas catalanes hacer de fascistas. Pero la relación entre Guitarrica y Bernardeau (quien interpreta al reivindicado Rapún) es la más notable, tal vez porque en ella consistía la obra de teatro y está más elaborada. El tratamiento del deseo abriéndose paso es un prodigio (aquí sí que me emocioné un poco), con la aproximación reticente de los cuerpos, primero visual, después tímidamente táctil y por último con ese fusilamiento que un seguidor de Freud podría interpretar como "cópula tanática".
Pero si algo está clarísimo es que La bola negra se llevará el Oscar.
* * *
En The Objective.
30.9.26
"Los diarios de un Bartleby mangacortista"
Entevista de Alejandro Bellido en su canal El rugido del tigre.
27.9.26
Las dos frustraciones de Billy Wilder
[Montanoscopia]
1. Billy Wilder se quedó con dos frustraciones: no haber dirigido a Cary Grant y no haber dirigido a los hermanos Marx. Habrían sido dos bombazos. Tenía ideas para ambos. Menudas ideas. Para el primero proyectó una comedia medieval. En la época de las Cruzadas, los varones de un pueblecito francés parten para Tierra Santa, no sin antes colocarles el cinturón de castidad a sus mujeres. Concluía la sinopsis: "Un único hombre permanece en el pueblo: el cerrajero, que es Cary Grant". Para los otros apenas dejó un título, pero es suficiente: Los hermanos Marx en la ONU. Solo de pensarlo da escalofríos (y regocijo): mucho se tendría que torcer la cosa para que la película no acabase en la Tercera Guerra Mundial.
2. La ONU de hoy es una película de los hermanos Marx pero sin los hermanos Marx; es decir, con escalofríos pero sin regocijo. He dicho "de hoy", pero en realidad es de siempre. No olvidemos que durante diez años su secretario general fue el nazi (se destapó luego) Kurt Waldheim. Cuando más tarde fue presidente de Austria, acusó a Thomas Bernhard de insultar a los austriacos en su obra de teatro Heldenplatz, en que los calificaba de nazis. El afamado "arte de la exageración" de Bernhard se revelaba aquí no solo estrictamente realista, sino también profético, porque la cosa ha ido y va a más, en Austria y en Alemania. Con la inestimable incorporación al nazismo de la izquierda global. (Esta se caracteriza ya básicamente por exhibir el antisemitismo con orgullo.)
3. La ONU, escenario de imposturas, es el escenario ideal para Sánchez. Se mueve como pez en el agua y da el pego que te cagas. Tiene las tres herramientas precisas: inglés, percha y jeta. Es el Trump perfecto, homologable gracias al elemento que le falta a Trump: el antitrumpismo. En tal sentido, Trump es un pardillo premaquiavélico en comparación con Sánchez. Este, en fin, dado el precedente de Waldheim, podría aspirar sin problema a la secretaría general de la ONU.
4. Rebeca Argudo me lió para que firmara el manifiesto de apoyo a Ariana Harwicz y contra sus inquisidoras e inquisidores antisemitas. No es que estuviese en contra de la causa (al revés): contra lo que estoy es contra los manifiestos. Ahora veo que en la lista de firmantes me escriben Montaño. Como la izquierda global y antisemita, en su rama literaria, ha empezado a hacer campaña para ponernos muy inquisitorialmente en la picota, le ruego que anote que ese Montaño soy yo. Es Montano el que debe (y quiere) llevar en esta ocasión la estrella amarilla de David.
5. En Gaza hay crímenes, brutalidad, destrucción, guerra desigual: pero no genocidio. Es el regodeo en esta palabra, contra el pueblo que sí lo sufrió, lo que delata al antisemita. Ha salido otro manifiesto, este de apoyo a la Inquisición, firmado por 500 bigotillos de Hitler. Dicen que "el campo literario debe tomar posición". Más allá de la mentalidad totalitaria, esa expresión "campo literario" los delata también como teóricos, como profesores. Son antisemitas con lecturiras.
6. No solo el festival Cultur-Alh de Granada "tomó posición" por el antisemitismo. También el llamado Festival de las Ideas de Madrid, que debería llamarse, flaubertianamente, Festival de las Ideas Recibidas. Cuando uno se asoma al programa de los festivales de este tipo, se encuentra con que solo hay tres posibilidades: que participe Remedios Zafra pero no Marina Garcés; que participe Marina Garcés pero no Remedios Zafra; y que participen tanto Remedios Zafra como Marina Garcés. No se contempla la posibilidad de que no participen ni Remedios Zafra ni Marina Garcés.
7. Maricarmen no solo ha tenido que sufrir un desahucio, que es un asesinato civil en toda regla (si en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza, que te echen de tu casa es tu destrucción), sino también que el mulo de los Bardem la llame "Paquita" y que Ana Belén le endilgue un poema de Alberti. Siempre Berlanga en España: el caso humano real, doloroso; y el circo de los aprovechones alrededor.
* * *
En The Objective.
24.9.26
Otoño tropical
Llegué a Río un 21 de marzo, el día en que empezaba el otoño tropical. En el taxi del aeropuerto de Galeão al hotel de Copacabana la radio hablaba de "la estación de los poetas", las hojas caídas, la tristeza de los cielos grises... Por la ventanilla el sol azotaba como en el mes de julio en Madrid y las playas estaban a tope. Me enternece el estado de ánimo específico que trata de imponer el almanaque sea cual sea la realidad climática, porque soy receptivo a su influjo. Además de la adoración por el almanaque está la adoración por las palabras, y la palabra "otoño" es de las más potentes. Alberga ella sola todo un programa estético.
El caso es que estoy afectado por el comienzo del otoño oficial, a pesar de que en este instante escribo ligero de ropa (lo más ligero de ropa que puedan imaginarse) y con el ventilador encendido. Tiendo a pensar que el error no está en quienes somos sensibles al almanaque y a las palabras, sino en el verano que insiste en extenderse. Llevamos años así.
El frente de batalla está en los puestos de castañas asadas, que pronto intentarán imponer el ambiente otoñal entre un gentío que atraviesa su humareda en chanclas y pantalón corto. Las castañas asadas son las grandes damnificadas climáticas. Se han convertido en un absurdo entre los helados y los polvorones, que empalman directamente entre sí, puenteándolas. Son quizá el símbolo de los que cantan a las hojas caídas (o "muertas", en francés), innecesarios ya como castañas.
También tiene potencia, por cierto, la palabra "marzo", y por eso las canciones brasileñas en que aparece (por ejemplo, la célebre Águas de março, que en Brasil están "cerrando el verano") las sentimos en España primaverales. Otras, como Outono, que no menciona el mes, sí nos infunden melancolía.
El cambio de las estaciones, que era uno de los estímulos de la vida europea, también se está perdiendo. En Vamos a tocar el agua, del costarricense Luis Chaves, en que cuenta su estancia durante un año en Berlín junto a su familia, lo que más le fascina al narrador es haber salido del verano perpetuo de su país para encontrarse con las cuatro estaciones; hasta el punto de que estructura el libro con el nombre de ellas. (Aprovecho para recordar aquí a Vivaldi y a Rohmer, que también hicieron cosas bonitas con las cuatro.)
Pese a lo que escribí hace unos pocos artículos, creo que aún voy a darme un baño otoñal. En Málaga, donde vivo, casi es un delito regirse por el almanaque y no por los placeres que la realidad nos brinda. Que sea el mar el que nos expulse, con su frío, y no los números del calendario.
Les aseguro que había pensado escribir de política, ligándola si acaso a la estación: ¡"El otoño del patriarca"! El título de García Márquez en el que involuntariamente retrataba al dictador Castro... Pero vi que ya lo usó Feijóo contra Sánchez. Pensé entonces en "El patriarca del otoño", es decir, Sánchez como Abraham de la decadencia española. ¡Pero me dio un perezón! Habrá tiempo de volver a la política, qué remedio. Hoy me he permitido un descansito (otro descansito) a cuenta del otoño tropical.
Mi ventilador, por el momento, lo que remueve son las hojas (vivas) de mis libros. Ahora el de poesía Rama desnuda, que releo veinticinco años después en el ejemplar que su autor, Andrés Trapiello, me firmó el sábado después de una comida memorable con más amigos en Los Delfines. La última comida del verano oficial (no menos tropical).
* * *
En The Objective.
20.9.26
La peor de todos vosotros
[Montanoscopia]
1. "Eso, a Vivas". Esta frase que pronunció Sánchez el miércoles, remitiendo al presidente de Ceuta, ya ha sido más que comentada, pero conviene insistir: el sanchismo está entero en ella. El sanchismo es el tinglado de un sujeto para estar en el Gobierno sin gobernar. Se inventó la "cogobernanza" para eludir sus responsabilidades. En realidad, sí que gobierna, pero justo de ese modo: irresponsablemente. Indica también su política divisora: divisora de la sociedad (el "muro" que anunció y ejecuta en todo momento) y del Estado. Este queda parcializado, segmentado en negociados: "Eso, en otra ventanilla". Por no hablar del carácter personal: su pique infantil, de narcisista de piel fina, con el hombrecillo que le dio una lección cívica durante el verano y que es querido por su pueblo. A diferencia de Sánchez.
2. Entrañables Esteban y Pradales, alarmados por lo de Ceuta. El PNV es al final la gran garantía española. Al cabo, necesita una España viable que pague las pensiones y el resto del pufo vasco.
3. Sánchez ha privatizado RTVE: la ha privatizado para sí, para su Gobierno, para su partido. Una privatización de su uso, aunque con el dinero de los españoles, que, como en el dicho aquel, ahora somos putas y pagamos la cama. Sánchez nos chulea, eso es todo. Quienes conservamos el corazón socialdemócrata no podemos sino abominar del envilecimiento de lo público que Sánchez lleva a cabo. Con el insufrible subrayado de su discurso, que predica lo público en teoría; solo en teoría.
4. Proclamé que, como muerto radiofónico, iba a dejar de escuchar la radio. Confieso que no he podido. ¡Estoy fatalmente enganchado! Escucho el segmento de Latorre en Onda Cero, naturalmente, que es el mejor de las mañanas. Aunque me lo suelo poner en podcast, cuando salgo por la tarde. Ya lo hacía con Alsina. El podcast le da al oyente un arma de la que no dispone en el directo: el botón de fast forward, que le permite saltarse la publicidad y saltarse a Marhuenda, Crespo y Bolaño; ahora también a la flamante nueva tertuliana Pérez, que en su primerísima intervención ya estaba cuestionando muy sanchistamente a Vivas. También me salto al joven Ramírez, algo de lo que debería sentirse satisfecho. Su nueva sección se llama Oneguiana, en homenaje a Ónega. Cuando este estaba con Alsina me lo saltaba también. Así que el homenaje está plenamente conseguido.
5. Ha sido un acierto que emitan en vídeo La Cultureta, al menos la de la mañana. Antes, cuando Belmonte hacía chistecillos sobre el PSOE, se oía el silencio estruendoso de Altares. Ahora se le puede ver también la cara. Impagable.
6. Creo que ya lo he contado, pero cada vez que se menciona un aniversario de Cuéntame, ahora el de los veinticinco años de su estreno, constato que, aunque nunca vi la serie, tengo un vínculo con ella: un vínculo melancólico. En 2001 yo era guionista de otra que se estaba preparando. Nuestro productor quería al director de Cuéntame y nos aseguró que lo tendríamos, porque, para cuando empezáramos a rodar, Cuéntame ya se habría estrellado y estaría libre. Quienes nos estrellamos fuimos nosotros. Hace veinticinco años.
7. La columnista Argudo es la Chikilicuatre de la política española y, a poco que se deje retratar como Rivera en su primer cartel electoral o Sweeney en su último anuncio, nuestra Cicciolina. Está haciendo campaña para las primarias de Podemos y ha dinamizado el mortecino panorama que pretendía implantar Irene. Entre sus suculentos eslóganes, me quedo con Liberté, egalité, chalé. Definitivamente, Argudo es la mejor de todos nosotros. Y la peor de todos vosotros.
* * *
En The Objective.
17.9.26
Triunfo de Landa (y Mas)
La presentación este martes en Málaga de La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, de Christian Laborde (Sr. Scott), en compañía de su traductor Sanz Irles, y la relectura de este gran poema, junto con los triunfos en la última Vuelta Ciclista a España de los habitualmente perdedores Enric Mas y Mikel Landa, me ha impulsado a reflexionar sobre esos dos impostores, que decía Kipling: el éxito y el fracaso. Y sobre cómo han de ir unidos y cómo el uno le da sentido (e incluso alumbra) al otro, y viceversa.
Impresionaron las palabras emocionadas, entrecortadas por los sollozos, de Landa tras su victoria en la etapa reina. Hacía once años que no ganaba. Años de esfuerzo sin recompensa, de mala suerte a veces. Sin embargo, siempre tuvo seguidores, que hacían de sus derrotas casi un estandarte, con algo de broma y con mucho cariño. Hasta publicaron un volumen colectivo en su honor: Landismo (Libros de Ruta). Me lo regaló una de las participantes, Txani Rodríguez, alavesa como Landa. Otro de los que escriben es Pello Ruiz Cabestany, que fue mi Landa particular (¡qué pocas alegrías ciclísticas me dio mi ídolo!). Y otro es Carlos Arribas, que concluye así su lista de razones por las que es landista: "Porque nunca ganará el Tour, el Giro o la Vuelta. Porque la derrota es el estado natural de la persona".
El mallorquín Mas, que es menos carismático que Landa, no ha suscitado escritos ni cariño (salvo los de su paisano Daniel Capó, que lo ha ensalzado siempre), sino solo risitas. He de reconocer que también las mías. El público es implacable y, aunque reconoce el esfuerzo, no suele sentir piedad por el ciclista que renquea. El reconocimiento queda sepultado por la decepción. En esta Vuelta, el perdedor Mas se ha redimido por fin. Es cierto que una piedra en el camino acabó con el imbatible Tadej Pogačar, pero Mas había demostrado antes que podía seguirle: esta credencial ha atenuado el efecto de chiripa. Con su maillot rojo en el pódium final se le notaba a la vez alegre (de hecho, muy alegre), aliviado y resentido. Tuvo que soportar, en efecto, muchas risitas durante su carrera de eterna promesa fallida.
Hay un poema precioso de Emily Dickinson (el que empieza "El éxito resulta más dulce / para quienes nunca lo alcanzan...") en que dice que el triunfador no llega a percibir su propio triunfo con la nitidez con que lo hace, desde fuera, el fracasado. Hemos visto a decenas de ciclistas prometedores que se fueron sin ganar. Los despreciábamos un poco, terminaron siendo a nuestros ojos meros rellenos del pelotón. Los desindividualizamos, sin ver que eran ellos los que tenían una plena noción del triunfo: el triunfo que jamás saborearon. Se retiraron en silencio y pasamos a otra cosa, a otros ciclistas.
Mikel Landa pudo haber sido uno de ellos. Pero ganó el otro día y, por su emoción, nos asomamos a lo que llevaba dentro: el dolor, la rabia, la resistencia que luchaba en él contra la resignación; su reivindicación feliz de repente. La percepción del triunfo desde dentro.
La crueldad del público, al final, es necesaria para que el fracaso sea poderoso: y haga poderoso al triunfo. La caída de Pogačar ha aquilatado sus victorias pasadas y futuras. La caída de Ocaña le permitió comprender, antes de ganar su Tour de Francia, lo que era ganar un Tour de Francia.
Se trata de jugar, pero en serio. Saber que el triunfo y la derrota son dos impostores, pero sin que dejemos de aceptar su valor. Al cabo, nos afectan.
* * *
En The Objective.
15.9.26
13.9.26
Bob Dylan no es un suave cantante brasileño
[Montanoscopia]
1. Carlos Mármol, que debe de escribir en chándal como su maestro Ignacio Vidal-Folch (de otro modo no se explican los maratones de escritura que se mete, de alto nivel además), combina su devoción sevillana con su devoción dylaniana. Es el tercer gran dylaniano que conozco, junto con Manuel Arias Maldonado y Eduardo Jordá. Este acaba de publicar Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Asteroide), al que Mármol le ha dedicado uno de sus estupendos artículos en The Objective. Su perspectiva es la del entendido en Dylan. La mía es la del ignorante en Dylan, que incluso ha jugado al antidylanismo: ¿cuántas veces no me habré metido con la "armónica ortopédica" de Bob? La lectura de Número cero me ha rescatado para la causa. Por el momento he dejado de ser antidylaniano. Espero ir dando pasitos hasta convertirme, si no en dylaniano, al menos en oyente de Dylan: el libro de Jordá es un excelente primer escalón. En realidad, es más que "un Dylan para principiantes", como dice Mármol: es un libro, breve pero completo, sobre el misterio y el poder del arte (de la música, de la poesía), que se sirve del artista como médium para rebasarlo y expandirlo. Jordá cita a Arthur Rimbaud: "Yo es otro". Y a John Keats sobre el poeta camaleón: "El poeta no es nada en sí mismo: no tiene yo, es el todo y la nada, no tiene carácter, goza de la luz y la oscuridad".
2. Mi trayectoria como oyente de música es muy fácil de resumir. Tras una prehistoria ominosa en que me gustaban algunos hits discotequeros más Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y hasta José Luis Perales, los ochenta me los pasé con la música clásica y la música de la Movida, española y extranjera. En 1989 me aficioné a la música brasileña y de esa burbuja no he salido desde entonces; únicamente incorporé, por influjo de mi amigo Miguel Gómez Losada, la música negra anglosajona, el funk, el jazz. Mi percepción de Bob Dylan ha sido a través de la música brasileña. Esas palabras de Dylan que cita Caetano Veloso al final de O estrangeiro: "Some may like a soft Brazilian singer, but I've given up all atempts at perfection" [Puede que a algunos les guste un suave cantante brasileño, pero yo he renunciado a todo intento de perfección]. O el chiste de Gilberto Gil en De Bob Dylan a Bob Marley, um samba provocação: "Quando Bob Dylan se tornou cristão / fez um disco de reggae por compensação / Abandonava o povo de Israel / e a ele retornava pela contramão" [Cuando Bob Dylan se volvió cristiano / hizo un disco de reggae en compensación / Abandonaba el pueblo de Israel / y a él retornaba a contramano]. Y versiones como la de Jokerman, de Veloso, o O homem que deu nome a todos animais, de Adriana Partimpim (heterónimo infantil de Calcanhotto). [Mi amigo Víctor Úbeda me indica otra: Negro amor, de Gal Costa.]
3. Hace veinte años estuve en el estreno en el Festival de Málaga de Las huellas de Dylan, de Fernando Merinero. Este pretendía hacer un documental sobre la gira de Bob Dylan por España de 2004, pero no le dejaron pasar con la cámara y decidió grabar en la entrada a los dylanianos que iban siguiendo a su ídolo. Añadía testimonios en estudio de distinguidos fans. Uno de ellos, Benjamín Prado, leía el poema que le dedicó. A la salida le dije a Merinero que me había gustado tanto el documental que hasta me había encantado el poema de Prado, cuya poesía no aprecio. Merinero: "Bah, no me hables. Quedaba demasiado largo y lo tuvimos que recortar en montaje".
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En The Objective.
10.9.26
El último baño de todos los años
He sido azote vacacional de Espada y Sánchez, pero al final yo la he tenido más larga. Me refiero a la vacación. La he metido pimpantemente en septiembre, hasta su segunda semana, en que me doy el último baño: el último baño de todos los años, con su poética singular. La sombrilla plantada, la sillita a su sombra y la sensación de que se termina hasta el verano que viene. Una fruición de crepúsculo. Pero también el airecillo inauguralista del curso nuevo. El curso: ese año encabalgado entre dos años que llevamos inscrito en el cuerpo desde infantes. Ahora es cuando empiezan de verdad las cosas.
La playa despejada, algo lenta, como para morir con elegancia de muerte natural; los turistas de septiembre parece que vienen de otra civilización (mejor dicho: de alguna civilización). En las noticias, Ceuta sin su verano y todo apunta a que sin su otoño; el escándalo impostado ante el ascenso de la ultraderecha alemana en quienes aquí vienen llamando "nazi" a cualquiera que les chiste; la lista de periodistas buenos y malos del ministro del Interior, ese Marlaska que es a Fouché lo que el bombero torero a Morante; el informe torcido de PISA, que nos muestra la continuidad entre el pueblo y sus dirigentes, con el pegamento de la ignorancia. Pero tengo ante mí el Mediterráneo, que todo lo relativiza. Me he puesto además Wave, disco de Antonio Carlos Jobim.
Y tengo mis libros, para cobijarme entre las ruinas de la inteligencia española. Me he traído el póstumo de Javier Marías, Aquí me paro, amorosa recolección de textos desperdigados (algunos por el extranjero) que está ya en el pódium de sus mejores libros de artículos, junto a Pasiones pasadas y Vidas escritas. ¡Delicia absoluta! El Marías ocasional, o en todo caso mensual, era superior al semanal. El aniversario de su muerte (otro 11-S) me pillará con él vivo entre las manos. Después volveré al Zen (budismo/taoísmo): El camino del Tao, de Alan Watts; El libro de la perfecta vacuidad, de Lie Zi; y Fundamentos de la vía media. El camino budista del vacío, de Nāgārjuna (en la edición de Juan Arnau).
Hablando de muertes, esta temporada se ha producido la mía radiofónica. Soy un muerto radiofónico y pienso extraer de esta condición todas sus ventajas. La primerísima, la ganancia en tiempo: puesto que no tendré que estar al tanto de ningún programa, me quitaré de la radio en general y de las tertulias en particular. Espero que se produzca en mí un efecto balneario (muy conveniente para un muerto). La actualidad la obtendré solo de los periódicos. Quitarle el volumen, aniquilar el sonido que emiten las jetas (las de los políticos y las de sus comentaristas) mejorará impepinablemente (¡mucho se tiene que torcer la cosa para que no sea así!) mi calidad de vida (algo también indispensable para un muerto).
Y al fin el último baño. Hace nada (la vacación ha sido larga, pero ha durado un parpadeo) escribí del renacimiento en la ingravidez la primera vez que flotamos en el mar cada verano. Pero llega la última, que simboliza la vuelta a la gravedad. El agua está perfecta, refrescante y tranquila, con olas precisas que marcan el ritmo ineludible sin atosigar, como el balanceo maternal de la cuna. El sol lo tamiza una ligerísima neblina que marca una línea de luz en el horizonte, al inicio del cielo. Me demoro lo que puedo pero llega el momento de salir. Uno siempre es un tritón cuando lo hace. Un tritón torpe, triste, pero agradecido. Atrás queda el verano y por delante la batalla.
* * *
En The Objective.
6.9.26
Crujirlos a collejas
[Montanoscopia]
1. Cuando vi a Sánchez relajado en el masaje radiofónico de Susurritos Bretos en la SER, a los diputados dejando arena y restillos de crema solar en sus escaños (¡todos y todas, en especial el oprimido Rufián, con bronceados julioiglesiescos!) y a Muñoz Molina contándonos su eclipse atrasado ya metidos en septiempre (¡jomacho!), comprendí que quienes hemos estado gloriosamente de vacaciones hemos sido los españoles. De vacaciones de ellos. (Aunque por desgracia –¡nadie es perfecto!– no de nosotros.)
2. Arcadi Espada resiste (me imagino que hasta hoy domingo, escribo antes) como último sujeto vacacional español. Le ha echado un pulso agosteño a Sánchez y lo ha machacado. Como fan de Espada (me diría discípulo, si esto no menoscabara al maestro) llevo mucho sosteniendo que sus vacaciones son el primer escándalo de la prensa nacional. Se dice que leer el periódico acompaña nuestra vida cotidiana, pero no: la funda. Sin periódico no hay vida cotidiana. Y el periódico que tiene a Espada y deja de tener periódicamente a Espada destruye la vida cotidiana de sus lectores. (Un periódico sin periodicidad, o sea.)
3. Ese periódico, por cierto, El Mundo, ha sufrido el timo de la estampita con su cambio de Trapiello (que se va a ABC/Vocento) por Pérez-Reverte. Ha sido cambiar a un prosista por otra cosa. Otra cosa que encima anda de capa caída desde el boinazo que le propinó el niño Uclés.
4. En cuanto al niño Uclés, tan antidictatorial en apariencia y tan lloriqueante por el asesinato de Lorca, corrió a abrazarse a su paso por España con el esbirro de dictadores Silvio Rodríguez, cantor de Castro, asesino de poetas (o aniquilador moral de ellos, como hizo con Heberto Padilla). Como suele decirse, no es el qué, sino el quién. El niño Uclés no está contra las dictaduras, sino solo contra las dictaduras que no sean de su cuerda ideológica. Y no está contra el asesinato o la aniquilación moral de poetas, sino solo los de aquellos que le den puntos para su carnet por puntos partidista. Por lo demás, ¿qué se podía esperar de alguien que toca el acordeón?
5. Vox y su colección de niñatos fascistas arruinaron las manifestaciones civilizadas en apoyo de Ceuta. Fueron minoritarios, pero abastecieron lo suficiente de imágenes a los cronistas del Nodo gubernamental. El Nodo siempre se ha abastecido de fascismo: en tiempos de Franco, a favor; en tiempos de Sánchez, en contra. En contra nominalmente, claro, que en la práctica el cuento viene a ser el mismo. La fortuna de Ceuta ha sido tener a Vivas, ese hombrecillo cívico que remite, como apuntó Arias Maldonado, a ciertos héroes de las películas de John Ford, por su frágil firmeza, que es la de la democracia. Los voxistas y los oficialistas hablan pomposamente de "España" (caricaturizándola en direcciones supuestamente opuestas). La España real es la de la vida real de los ceutíes que defiende Vivas, y que ha de estar protegida por la ley y el orden democráticos. ¡Viva Vivas!
6. Los cronistas del Nodo sanchista, a propósito, se pasan el día proclamando su lucha contra la desinformación y los bulos. Puesto que se cuentan (¡y de qué modo!) entre los mayores desinformadores y emisores de bulos, lo que pretenden claramente es erigirse en una posición de privilegio para blindar sus propias desinformaciones, sus propios bulos.
7. El ministro Arcadi España (¡no confundir con el vacacional Espada!) usa a Rawls y el intelectual orgánico Innerarity usa a Habermas, ambos en apoyo del Gobierno. ¡Gubernamentales con lecturitas! Ah, si Rawls y Habermas irrumpiesen, como McLuhan en Annie Hall, a crujirlos a collejas.
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En The Objective.
3.9.26
Así he hecho mi agosto
De todos mis agostos, este es el único en que he logrado lo que me había propuesto: ¡trabajar! Mi problema con los anteriores es que me proponía lo mismo, pero me los pasaba leyendo. Cuando digo trabajar quiero decir escribir. Es curioso, pero los dos polos de la literatura, escribir y leer, son en realidad opuestos: uno esforzado, otro relajado. Por eso se tiende al segundo. Ya lo advirtió Karl Kraus: "El escritor que se dedica a leer es como el camarero que se dedica a comer".
Para controlar la tendencia (divinamente) ociosa escogí solo tres libros que cronogramé para leerlos a sorbitos y que me durasen el mes entero, sin desmandarse. Solo en los últimos días, como me había portado bien, me permití dos lecturitas más, que resultaron deliciosas. Daré los cinco títulos dentro de dos párrafos.
Antes va el párrafo sobre la escritura. Colapsé en mi librito sobre Thomas Bernhard, que mis resignados lectores (¡divinamente ociosos!) conocen, por una razón elemental: en vez de actuar como (el productivo) Bernhard actué como un (improductivo) personaje de Bernhard. Hablé con mi editor de Athenaica para que lo dejáramos para la primavera del año que viene y descansé de mi proyecto con otro proyecto: la edición del segundo tomo de mi diario, Oficio pasajero 2, correspondiente a 2000-2002, que publicará Sr. Scott en noviembre. Este ha sido mi trabajo de agosto, un trabajo intenso de jardinero inglés (¡o japonés!): hacer que el bosquecillo sea un jardín sin dejar de parecer (¡y ser en el fondo!) bosquecillo. Un trabajo en buena medida de poda. Un trabajo intenso y satisfactorio, al que he dedicado muchísimas horas (todas con ventilador).
Las tres lecturas que me han acompañado cada jornada han sido: El camino del Zen, de Alan Watts; Trastorno, de Bernhard (otra relectura, y la más gozosa); y Jorge Luis Borges, de Fernando Savater (el mismo libro que se reeditó tiempo después como Borges: la ironía metafísica). Las dos lecturas extra: la novela Los antropólogos, de la autora de origen turco Ayşegül Savaş (recomendada por mi amiga Mandarina; antropología de la vida cotidiana extranjerizante), y Gente a cenar, nuevos artículos de la infalible Nora Ephron. El de Watts es extraordinario: erudito sobre el Zen y práctico; radical en lo relativo al "despertar directo", con levedad taoísta. El de Savater no se lo pierdan: resulta que es uno de sus mejores libros, ligero, hondo, chispeante, ¡una maravilla! Savater y Borges: combinación encantadora de dos escritores con encanto.
Mi estado anímico ha sido de aislamiento y misantropía, reconozco que con fruición feliz. En todo el mes solo he tenido tres cenas con amigos y dos días de playa con una amiga (¡una ex!). El resto, aplicado trabajo en casa durante todo el día y paseo con la fresca. Para fomentar el carácter meditativo de estos paseos (y para poder recurrir ahora a la hipálage) me compré una caja de meditativos puritos, que, de la brasa a la ceniza, se han ido deshaciendo en humo como agosto.
En cuanto a la rentrée, en la que ya hemos reentrado, me han coincidido dos noes: uno que yo he propinado y otro que me han propinado. Este último ha sido una enseñanza en la dirección correcta: la de la humidad. Siempre es una cura lo que te baja del pedestalito; también lo que te muestra tu irrelevancia, lección fatalmente metafísica. Con el otro he atajado el primer hilo que intentaba apresarme para arruinarme el otoño y no se sabe cuántas estaciones. Pero ambos noes, el no querido y el querido, tienen la misma consecuencia prometedora: ¡más tiempo para mí!
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En The Objective.
30.8.26
Otra crisis resuelta por Sánchez
[Montanoscopia]
1. El ministro The Puentete escribió el 1 de agosto a las 13:02h, apenas un día después del comienzo de la crisis migratoria y humanitaria de Ceuta, este tuit pelota: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Un mes después, la crisis resuelta por Sánchez es más crisis y está menos resuelta que nunca. Lo que no impide que siga ufanamente peloteando el ministrete.
2. "Vergüenza, vergüenza, vergüenza", tuitea el campanudo Del Molino ante una foto de la quema de chabolas de inmigrantes en la playa del Trampolín. Es efectivamente vergonzoso. Son repugnantes estos episodios de revancha popular, estén o no organizados (sean o no realmente populares). Solo que da grima la selección de momentos de nuestro cabreado de guardia; selección que ha de cumplir dos funciones: una, permitirle un exhibicionismo moral puro, exento de problemas; y dos, cuidar que la cosa ni roce a Sánchez. En el artículo que escribió tres días antes sobre Ceuta, Sánchez ni aparecía. Sí una critiquilla al Gobierno, aunque contrarrestada con otra a la oposición. Este equilibrismo, por otra parte, propicia que su cabreo sea más furibundo cuando por fin se produce: ya que en ese único cabreo selecto carga todas las veces en que no se cabreó, cebándolo así de magatones. Un pillo de los cabreos el amigo, en resumidas cuentas.
3. No se puede decir que el Gobierno no cuide a sus gubernamentales. No es un Gobierno previsor, pero sí provisor: justo para sus gubernamentales. Ha ido conduciendo el asunto de Ceuta de tal modo que hoy es una perita en dulce para los antifascistas. Estos, que han venido consintiéndolo todo desde el primer día, se encuentran ya con la situación podrida cuya culminación es la quema de chabolas. Solo tienen que cosechar lo sembrado: ha llegado el momento de alzarse –limpiamente, sin genealogía, sin contexto– contra el fascismo.
4. Ha sido como un experimento politológico. Aunque nuestros politólogos no se prestan a emplear sus herramientas científicas para ocuparse de ello, no vaya a salir perjudicado el PSOE. Las siguen afilando para cuando llegue el PP. Ahí también vamos a asistir a la explosión de todos los megatones que se ha venido guardando nuestra Politología. El experimento: cómo la dejación del Estado propicia que la violencia la ejerzan otros. Uno se sube por las paredes; pero claro, uno no es politólogo. (Ni cabreado de guardia, porque uno se sube por las paredes siempre, no en momentos escogidos.)
5. Cometo el error de poner la tele y está Joan Tardà, de ERC. Dice que la retórica marroquí es simplemente igual que la retórica española. No, querido: es simplemente igual que la retórica catalanista. En todo caso, que la española de Vox: que es la vuestra.
6. Otra que tal baila, María Chivite, la presidenta navarra del PSOE, se presenta como "persona educada en valores humanos y cristianos" para reprobar la obstaculización de la ayuda humanitaria a los inmigrantes en Ceuta que cometieron algunos. Yo también la repruebo. Aunque, a diferencia de Chivite, no tuve que hacer malabarismos para que esos mismos "valores humanos y cristianos" se me eclipsaran para poder pactar con los herederos de ETA.
7. Caída de Pogačar en la Vuelta a España y retirada. Solo ha podido con él un tropiezo tonto en el pelotón. Esta pausa ha de servir para valorar su concepción del ciclismo como un juego, por eso ataca y no se cansa de ganar. Es un ciclista nietzscheano, del Nietzsche alegre de la última transformación, la del niño. También, cuando ayuda a otros, se ejercita en aquello precioso del Zaratustra: "La virtud que hace regalos".
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En The Objective.
27.8.26
La legislatura del ministrete
Ahora que el ministro The Puentete se ha postulado como la Isabelita de Sánchez, que es el paso lógico para que culmine de un modo aún más grotesco el régimen de nuestro Perón vacacional, podemos contemplar la presente legislatura como una pescadilla que se muerde la cola; siendo la cola el ministrete.
Qué tándem el de Sánchez y Puente. Sánchez habló de un muro y Puente es su primer adoquín: el adoquín maestro, su piedra angular. Para la izquierda de los sesenta, debajo de los adoquines estaba la playa. Para la izquierda sanchista, debajo de la playa está el adoquín Puente, para cortar todos los puentes y edificar un muro antiplayero. Curiosamente, este muro es el trampolín de Sánchez para saltar a su playa particular, antiweberiana a tope, huidiza de la ética de la responsabilidad: me voy a la playa et pereat mundus (o si no el mundo, España por lo menos, empezando por Ceuta; bueno, con Cataluña y el País Vasco).
Este Gobierno, que se forjó gracias a la alianza del PSOE con los populistas de extrema izquierda, los herederos de ETA y los golpistas del catalanismo, indultos y amnistía mediante, necesitaba un cazurro como Puente, un Oscargután como lo ha llamado divertidísimamente Losantos (insultando, eso sí, a los nobles y simpáticos orangutanes), un monstruo de Frankenstein que encarnara unipersonalmente a la "coalición Frankenstein" (denominación de un socialista: Rubalcaba).
Desde la réplica a Feijóo en la sesión de investidura (recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Sánchez no le respondió al candidato del PP, que había ganado las elecciones, sino que le mandó con filibusterismo goebbelsiano al dóberman Puente; que cumplió obedientemente y fue nombrado ministro) hasta sus ataques al columnista Gascón, la legislatura del ministrete, que no es solo del ministrete, sino también de Sánchez y todo el PSOE, es el espectáculo político más repugnante que se ha vivido en España desde el franquismo; que enlaza directísimamente con todos los episodios políticos repugnantes que han sido frecuentes en la Historia de España.
Se ha hablado a veces del retrato de Dorian Gray en aplicación a Sánchez. En realidad, la podredumbre ya se ha desgajado del cuadro y es Puente. Van ahí los dos, un retrato de Dorian Gray simultáneo como aquellos trípticos expresionistas del pintor Francis Bacon, solo que aquí en díptico. Sánchez y Puente son como el Doctor Jekyll y Míster Hyde, pero sin bebedizo interpuesto que haga pasar de uno a otro, sino ambos a la vez. Puente vendría a ser la sombra de Sánchez. Una sombra psicoanalítica: funciona como almacén subconsciente de todas las pulsiones chungas que Sánchez trata de disimular.
Luis Antonio de Villena dedicó en su día un poema, Niñas feas, a un aristócrata inglés del XVIII que se hacía acompañar de una mujer espantosa para que su propia belleza resaltase: "Lo ejerció ya Lord Bolingbroke (un dandy) / paseándose del brazo de una naranjera horrenda. / [...] / ¿Significado. Para mí fue siempre incomprensible. / Pero se me ocurre ahora una clave al gesto. / Lo blanco brilla aún más junto a lo negro". El presidente que le paga a un nick de Twitter, Mr. Handsome, para que le diga lo guapo que es no podía dejar de juntarse con un feo para que se evidenciara el mismo mensaje.
Pero ese feo que lo acompaña exhibe, ya digo, lo que anida en su guapura. Ahí lo tiene puesto Sánchez, y ahí lo deja con sus deyecciones (útiles, por otro lado, como maniobras de distracción). Cuando The Puentete sea presidente, el sanchismo habrá alcanzado su plenitud: ya sin la máscara maquillada de Sánchez, sino con la jeta abrupta del ministrete.
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En The Objective.
23.8.26
La confesión del hijo tonto
[Montanoscopia]
1. El País debe cuidar como oro en paño a Daniel Gascón: solo por él (y pocos más) no termina de ser exactamente el BOE. Lo que no impide que el Gobierno y su tropa de Villacastines (aquí estarían desde Papell al hintelectual orgánico Innerarity, pasando naturalmente por Rosa Villacastín) lo lean como el BOE y se enfaden cuando encuentran en sus páginas alguna crítica, como el artículo de Gascón sobre The Puentete: artículo que se apresuró a ejemplificar con su oscargutanismo el ministrete. Entre los Villacastines está Máximo Pradera. Su caso es particularmente divertido. La inteligencia analítica de Gascón recuerda a la de Javier Pradera. La lacia arremetida contra Gascón del hijo funciona aquí (¡deliciosa manifestación de la psicoanalítica "novela familiar"!) como confesión de lo que le atormenta: ser el hijo tonto. Algo que siempre ha tratado de conjurar con el humor. Lamentablemente sin gracia.
2. Al pobre Federico García Lorca, el único verdadero poeta de la Generación del 27 junto a Luis Cernuda (los demás no pasaban de señoritos del verso; solo Miguel Hernández fue otro poeta de verdad, pero pertenecía a la generación siguiente), lo asesinaron los franquistas y lo mantienen embalsamado como asesinado, y como asesinado ideológico fatalmente dócil, adulterando al poeta, dificultando su lectura, los antifranquistas de profesión. El empaquetado que hacen con Lorca es en último extremo religioso y dulcifica el mundo: un mundo de buenos y malos. Desgraciadamente los buenos de ese mundo dulzón saben ser también malos. El relato del antifranquismo profesional se desmorona cuando se recuerda a sus propios asesinados. Por no salirnos del 27: el poeta José María Hinojosa. La integridad de Cernuda (siempre admirable) se volvió a manifestar aquí. En su Historial de un libro (que para mí está en el canon de la prosa en español), escribe: "José María Hinojosa, otro poeta malagueño cuya muerte terrible no se ha mencionado entre nosotros". La frase es de 1960. En el empaquetado ideológico de ahora va, por supuesto, la homosexualidad de Lorca. Pero tampoco aquí los buenos eran tan buenos. Hay que recordar una vez más que a Cernuda, inequívoco republicano, la censura estalinista le tachó en 1937 la estrofa explícitamente homosexual (tan propia de la valentía de Cernuda) de su poema-homenaje a Lorca; la que empieza: "Aquí la primavera luce ahora. / Mira los radiantes mancebos / Que vivo tanto amaste". Estas consideraciones no aminoran la vileza y la abyección del asesinato de Lorca. Pero previene contra quienes hoy lo exhiben con maniqueísmo: porque se autoungen con una especie de bondad que a estas alturas de la Historia ya sabemos que tampoco ha rehusado el crimen.
3. Emoción una de estas tardes de agosto, cuando salgo a pasear con la fresca. Llevo en los auriculares las canciones del primer disco de Loulu Gilberto. Cuando nació en 2004, de lo que su habló fue de que su padre, João Gilberto, la había tenido con 73 años (con la periodista Cláudia Faissol). Y de pronto aquel bebé es una joven delicada, maravillosa, afinadísima, que prolonga la dispensación de belleza al mundo de su padre. Tres muestras: João, Avarandado (con Tom Veloso) y Qui nem giló. Dice la primera (de Arnaldo Antunes y Cézar Mendes): "Cuando una sola persona / en silencio se perfecciona / la multitud escucha el corazón / y se torna civilización".
4. Juan Tamariz: estaban sus trucos y estaba su magia. Los trucos eran aquellos que, mediante la habilidad y el artificio, exhibían como real algo en apariencia irreal; lo que Tamariz, consumado técnico, ejecutaba magistralmente. La magia era el encanto de Tamariz, su gracia traviesa: a la vista de todos, radicalmente real.
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En The Objective.
20.8.26
La asexualización de las atletisas
Ahora no se puede sexualizar a las mujeres, aunque ellas se sexualicen a sí mismas más que nunca. Gloriosamente, he de añadir. Con excepciones religiosas e ideológicas, también pujantes por otro lado. Entre las últimas está la excepción de la excepción: las petardas ideológicas, hipersexualizadas con sus escotazos pero al mismo tiempo inquisitoriales con quienes los exaltan. No quieren ser sexualizadas, sino que se atienda a su discurso ideológico. Es decir, a su verdadera pornografía.
En el Tour de Francia femenino, que ha sido un evento extraordinario (más emocionante que el masculino), no pude dejar de fijarme en esos culos en sus culottes, ni en las uñas rojas que asomaban al término de los guantes, ni en las melenas rebasando los cascos, ni en lo guapa que estaban sudadas, ni en sus sonrisas tras el esfuerzo, ni en esos torsos ciclísticos en general planos (tan delicados como potentes); tampoco (¡el elefante en la habitación!) en la proyección de los roces pedaleantes, pura delicia duchampiana (¡Duchamp, que creó esas obras sutilmente perversas que son las "cuñas de castidad"!). Cuando subían el Mont Ventoux se imponía el dictum de Goethe: "El eterno femenino nos atrae hacia lo alto".
Después se ha celebrado el Campeonato de Europa de Atletismo, en cuyas retransmisiones televisivas se ha aplicado por primera vez la norma titulada Elevando el nivel: Pautas para una cobertura mediática respetuosa en el atletismo femenino. El listado de cosas que deben evitar los cámaras y los realizadores parece dictado por la Conferencia Episcopal, y en realidad es como una búsqueda calenturienta y viciosa de la mosca sicalíptica. Creo que era el director de cine José Luis Borau el que decía que para él un plano es un asunto moral; aquí está claro que no se permiten planos inmorales: de acuerdo con una moralidad muy mojigata (o sea, radicalmente inmoral). Otra clave está en la mención del "respeto": ¡como si las atletisas en la plenitud de su ejercicio físico no fueran respetabilísimas!
He estado liado con otras cosas y, a diferencia del Tour femenino, no he seguido el Campeonato. Solo una vez pinché y estaba el lanzamiento de martillo. Me gustan las mujeres del lanzamiento de martillo, como las del lanzamiento de jabalina y cualquier cosa que lancen; y también me gustan las del salto de longitud, de altura y con pértiga; y las gacelas de la pista: ¡me gusta toda la gama, de las grandes a las pequeñas, de las rudas a las estilizadas! ¡Me gustan las mujeres en toda su prodigiosa variedad! Pero esta vez el lanzamiento de martillo quedaba soso. En realidad, se invisibilizaba a la mujer en favor de su deporte. El martillo volaba sin mujer que lo lanzase. No dejaba de ser una depravación, pero ligada a la muerte y no a la vida. De la mente sana en cuerpo sano se ha pasado a la mente enferma sin el cuerpo.
En relación con estas cortapisas está el declive del topless: ¡luz de mi vida, fuego de mis entrañas! Desde mis diez años en que empezaron a poblar las playas, las tetas son mi genuina magdalena de Proust, que además responden a la descripción de la Recherche: "esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino". ¡Cuánto bien me hicieron! ¡Y ningún mal (salvo el deseo)! ¡Competidoras del sol, divinas tetas! Sus dueñas las exhibían con una naturalidad envidiable. Eran la felicidad para todos. Un triunfo absoluto de la vida. Pero, como decía Jünger, todo lo que atañe a la alegría de vivir parece hoy amenazado de confiscación.
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En The Objective.
16.8.26
Un bidón para quemarnos a lo bonzo
[Montanoscopia]
1. Mi eclipse fue minimalista. Como anuncié, no salí a la calle. Me quedé en casa trabajando en mis escritos, con el balcón abierto. La tele estaba puesta, pero era insufrible el aquelarre de mermelada a granel de los presentadores y le quité el volumen. Me bastaba con el disco del sol en un recuadro y el ñam-ñam de la luna, que cada vez le comía más porciones. Cuando estaba todo negro, advino a la estancia una oscuridad que no correspondía. Era esta noción abstracta, la de la oscuridad advenediza, la sustancia del eclipse. Luego regresó un poquito la luz y ya se precipitó la noche. Varios días después me emocioné con la narración radiofónica de Azpiroz: cuando ya no había ni sol ni luna, sino únicamente una voz.
2. Como The Puentete sigue empeñado en decir The Ojete, habrá que repetir desde The Objective (aunque, como siempre, a título personal) que el único cometido de ese mote fue tratar de desprestigiar al medio que investigaba, denunciaba y, por tanto, combatía la corrupción; una corrupción hoy confirmada judicialmente. De manera que, cuando dice The Ojete, lo que está diciendo es "yo defiendo la corrupción y ataco a quien la ataca" el ministrete.
3. Tan de pocas luces el ministrete, que ahora lo lanza el Gobierno como cabestro contra el Rey; en plan globo sonda, infatuado como todos los globos. Lo cual no es necesariamente mala noticia para la monarquía constitucional, baluarte ilustrado contra nuestros oscurantismos. Como el oscurantismo que encabeza (sin cabeza, purita España negra) el obtuso The Puentete.
4. Anuncian los proetarras en el País Vasco: "No solo haremos frente al fascismo, sino que, con el compromiso de construir una alternativa, los jóvenes independentistas llenaremos las calles de Donostia el 13 de septiembre. No hay otra opción que ganar. Un solo pueblo y una sola lucha elegidos". No sé si será cosa de la IA, que me traduce del euskera original, pero es un párrafo netamente fascista el de estos antifascistas. La foto del desfile con la bandera vasca también. De nuevo: en España hay una democracia, que es la española. Lo demás es otra cosa. Casi por una cuestión de pura topología: la democracia no deja fuera otro sitio que no sea antidemocrático.
5. ¡Lo que nos espera con el centenario del 27! La clase dirigente más iletrada de la Historia de España tratando de homenajear a poetas que no han leído. El pistoletazo de salida fue el del ignorante Urtasun, ministro de Cultura, cómo no, que decretó el olvido de los toreros generacionales, por muy amigos de Lorca que fueran. Ahora el Ayuntamiento de Sevilla ha puesto una baldosa en el suelo que es más bien un adoquín en la frente del gran Luis Cernuda. La baldosa pone el nombre completo del poeta: Luis Cernuda Bidón. ¡Con ese segundo apellido que Cernuda odiaba y escondía siempre! Creo que con el tiempo logró revertirlo en Bidou, que al parecer era su origen francés. Lo mejor que podemos hacer los lectores de poesía cara al 27 es agarrar ese bidón, llenarlo de gasolina y rociárnoslo a lo bonzo.
6. Alegría por el Tour femenino, que subió el Mont Ventoux, mantuvo la emoción hasta a 20 kilómetros de la última meta, con el duelo entre la alemana Vollering (que ganó) y la polaca Niewiadoma, y dejó quinta a la española Blasi. Pero en el ciclismo, como en la vida, la alegría es frágil, porque, como la vida, es trágico. En la Volta a Portugal ha muerto atropellado el galés Finlay Tarling. Con 19 años, su primer y su último titular.
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En The Objective.
13.8.26
Los numeritos del cielo
Escribo antes de que se haya producido el eclipse, pero ya les digo que no habré ido a mirarlo. Quizá me asome a la ventana para ver cómo se oscurece el día, o a lo mejor me acerco al mar para lo mismo: su opacidad a destiempo, que distraerá la tarde. Pero no alzaré los ojos: ¡no le rendiré pleitesía a ese embaucador, el cielo, con sus numeritos!
Lo que no puede ser es que el ciudadano medio, habitualmente un cretino, de repente se transforme en Carl Sagan, ese Antonio Gala de la astronomía, para volver a ser el cretino de siempre en cuanto se le haya pasado el embeleso. ¡Hasta el presidente Sánchez se ha puesto en plan poeta! ¡Solo hay que no tener gusto! Un espectáculo bajo, el del cielo...
Desde luego, no me pondré esas gafas promocionadas por el Gobierno, cuya función eminente es achicharrarles los ojos a los españoles, para que se queden aún más ciegos de lo que están bajo el sanchismo. Tal vez, cuando le llegue a usted esta columna al día siguiente del eclipse, esté ciego también y no pueda leerla. Me lo tomaré con deportividad.
Hace poco, Juan Cruz (ese lince de la vista que en 2021 declaró sentir "vergüenza" por la "saña" con que se trataba a Ábalos) conmemoró en El País el trigésimo aniversario de Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, su novela más vendida y más patata. ¡Una alegoría majarona! En ella todo el mundo se va quedando ciego menos una mujer, sin duda trasunto del autor, que conserva las anteojeras ideológicas. El plan del Gobierno es que todos los españoles se hayan quedado ciegos menos Sánchez, que no se pondrá las gafas ni loco. Solo que yo tampoco me las pondré, como digo, y seré testigo ocular de la tostada. Habrá un duelo de miradas planetario.
También se están luciendo mis colegas, que han agotado las menciones a eclipses de la historia de la literatura universal, fardando como si no se las hubiese soplado la IA. No faltan las únicas dos que a mí me vinieron espontáneamente a la memoria: la de Tintín en el templo del sol y el cuentito El eclipse de Augusto Monterroso, que es una respuesta a la historieta de Hergé.
Como saben, Tintín engaña a los incas (¡nada menos!) fingiendo durante un eclipse que es él con su poder quien oscurece el sol. Monterroso (guatemalteco) no consiente que un fraile español les haga el mismo truco a los mayas. Tras el intento tintinesco del fraile, "chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado)". Los mayas (como los incas de verdad) no se chupaban el dedo y conocían "las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares".
Por otro lado, no dejan de resultar entrañables esos malabarismos del cielo por llamar la atención. ¡Como si no fuera suficiente la aparatosa tramoya diaria de la luna, los planetas, el sol y las demás estrellas! Es ese énfasis innecesario, esa voluta churrigueresca del eclipse, lo que me pone de los nervios. Es un infantil "¡mamá, mírame!" de libro.
Solo a la luna, siempre humillada cuando aparece colgada del día como una aspirina traslúcida, le reconozco un meritillo: que se haya mostrado gamberra (igual que en los cachondos y anticlimáticos poemas lunarios de Laforgue y de Lugones) solo dos jornadas después de que el sol esté más potente y gallito, del 10 de agosto en que le consagraron la parrilla del Escorial. Fue como apagarle el fuego a Homer Simpson en plena barbacoa.
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En The Objective.
9.8.26
Combinar el descanso con las catástrofes
[Montanoscopia]
1. Las vacaciones consisten ya en combinar el descanso con las catástrofes. Algo ciertamente formativo, schopenhaueriano. Para Schopenhauer el mundo es una catástrofe siempre, así que lo mejor es tomárselo con calma. Lo que me hace gracia es cómo nuestro ambicioso presidente, que quiere estar en el poder al precio que sea (¡y menudo precio ha pagado y está pagando!), de pronto defiende sus vacaciones de agosto como un funcionario del montón. Aquí (y esto es bellísimo) se advierte la influencia de su hermano, el adorable zangolotino Azagra. Quizá Sánchez ha descubierto que su vida es un error y que el ejemplo era su hermano. Y quiere imitarlo al menos en agosto. Un mesecito al menos para, mientras España arde, nos invade Marruecos y declaramos la guerra a Italia (¡disculpen que hable con bernhardianas exageraciones!), poner a danzar las chirimoyas.
2. Pillé empezada por la radio la noticia de que Sánchez le había dado un ultimátum a un país y di por hecho que era a Marruecos. Cuando oí que era a Italia, me dije: "Claro, cómo se lo iba a dar a un país no democrático".
3. El ministro The Puentete quiso ser el adulador más rápido del Oeste y soltó un bochornoso: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Cuando la crisis de Ceuta aún estaba (y sigue estando) sin resolver. Desde su precipitado disparo (su agusanamiento ante el presidente le empuja a la eyaculación verbal precoz), más de mil niños han dormido al raso y varias niñas han sufrido agresiones sexuales. Pero estos flecos cortantes de la realidad son suavizados por la vaselina bucal que gasta el ministrete.
4. Y frente al nefasto Gobierno, y sirviéndoles de coartada y de patética justificación de sus falsedades (que han terminado encarnando con una docilidad de mayordomos), están nuestros apretaos del voxismo, efectivamente fascistas, racistas, xenófobos y de un militarismo y patrioterismo de guardarropía. ¡La de brutalidades que están soltando impunemente a cuenta de los marroquíes! Viven en un líquido amniótico hecho de mierda y por eso no perciben que apestan. Les comunico que a poco que uno esté fuera de su cámara de eco, el hedor es insoportable.
5. Lo del ático de Ayuso también se las trae. Ya dije que "con nuestros políticos no hay manera", incluida la subidita Ayuso. Aquí el espectáculo es doble. Por un lado el despliegue de la prensa gubernamental, que le dedica sábanas enteras mientras se ocupa poco de lo del Gobierno. Por otro el hecho en sí, que es deleznable; el hecho y su enredo posterior, chapucero y falaz. Al final con nuestros políticos tenemos que estar siempre con el mazo, para que les conste siquiera que al otro lado de su círculo de autocomplacencia y adulaciones hay gente que está hasta las narices.
6. Sorprendente novela Madame Vargas Llosa, del peruano Gustavo Faverón (Fulgencio Pimentel). No diré nada de la trama, para que los lectores disfruten de sus sorpresas. Pero ahora que Keiko Fujimori llega a la presidencia del Perú (a los votantes les gusta la hija de un dictador más que a un tonto un palote), pongo una frase, entre humorística y melancólica, pero certera, que el personaje de Mario Vargas Llosa dice en la novela sobre su derrota electoral con Alberto Fujimori: "unas elecciones que perdí por culpa de la izquierda, el centro y la derecha".
7. Hoy hace cincuenta años que murió el gran escritor cubano José Lezama Lima. Ernesto Hernández Busto le está haciendo el mejor homenaje con su ejemplar biografía en tres tomos (ya han salido dos y el último saldrá en noviembre) editada por Pre-Textos.
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En The Objective.
6.8.26
Toda resta le suma a Sánchez
En algún momento de su trayectoria Pedro Sánchez descubrió que, hiciera lo que hiciera, iba a contar con un retén de electores importante y con intelectuales y periodistas no necesariamente a sueldo (aunque también a sueldo) que le brindarían apoyos y coartadas sin fin. La célebre frase de un personaje de Dostoievski, "si Dios no existe, todo está permitido", la empezó a vivir desde dentro entonces. Es cierto que no podría plantarse en la Quinta Avenida con una pistola y dispararle a la gente: pero en la Gran Vía sí. No le faltarían justificadores, e incluso ensalzadores. El acto surrealista supremo ya no es hacerlo, sino aplaudir al que lo hace. Lo de España es surrealista.
La voluntad de poder de Sánchez fue implacable desde el principio. Allí donde atisbó un hueco para la trampa, la ejecutó con cuajo: plagio de su tesis, cambiazo de papeletas en el Comité Federal del PSOE... Lo primero le salió bien y lo segundo no, pero da igual: aquí figuran como indicativos de un carácter; y ya sabemos que carácter es destino.
A la hora de tantear al electorado para sacarle votos la cosa no estaba tan clara. Entonces pensaba (como pensábamos todos) que había líneas rojas que no se podrían traspasar sin debacle en las urnas. Como parecía que en aquella época los votantes se decantaban por Ciudadanos, Sánchez asumió algunos elementos de su discurso, por ver si se los llevaba: refuerzo del Estado de derecho y la separación de poderes, transparencia, lucha contra la corrupción, resistencia y combate a los discursos nacionalistas... Pese a sus turbios socios de la moción de censura contra Mariano Rajoy, aquellos elementos los mantuvo inicialmente: eran al menos la coartada discursiva para conductas dudosas. Hasta la mismísima campaña electoral de 2023 los mantuvo.
Aunque para entonces ya había comprobado, a raíz de las acciones que fue ejecutando como presidente, que las llamadas líneas rojas no eran más que, como dice Daniel Gascón, metas volantes. Desde la misma noche electoral del 23-J, con lo del "somos más" y el "muro", emprendió una carrera loca por cruzar las que le quedaban, empezando por la amnistía, que nadie de su entorno, ni él mismo, defendió hasta aquella noche. Al terminar de confirmar que no pasaba nada, Sánchez entendió que Dios no existe pero Sánchez sí, y que todo le estaba permitido.
Ahora Sánchez es lo que es: un autócrata con su guardia pretoriana de militantes, periodistas, académicos y petardas ideológicas, más esa sopa tibia de misceláneos que también le sirve de colchón. Elecciones masivas no las va a ganar nunca, pero con ese núcleo duro –indestructible terrón carpetovetónico– más los pactos con lo peorito de la nación (tan peores, que no se consideran nación y sabotean la nación: nuestra nación ilustrada, en pos de sus nacioncitas oscurantistas), aspira a alcanzar los diputados suficientes para seguir gobernando. Como ahora.
Lo último ha sido que en plena crisis de Ceuta, con un montón de muertos ya (y no han parado de crecer), el tío pone una playlist con canciones para el verano y se va de vacaciones. Alguno lo tachó de error, pero Sergio Campos tiene calado al presidente: "No. Es una excelente idea, porque lo que busca es el cabreo, la división y la violencia". Exacto. Toda división, o toda resta, le suma. Es un quemasangre que alimenta la polarización, la crispación. Se trata de arrojar a la mayor cantidad de votantes posible a Vox: para partir el voto de la oposición y para movilizar contra "el fascismo", el mismo "fascismo" que engorda. O sea, que para Sánchez cuanto peor mejor.
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En The Objective.
3.8.26
2.8.26
Cediendo a los cantos de sirena nihilistas
[Montanoscopia]
1. Algunos nos hemos acordado de Juan Goytisolo con lo de Ceuta. El reivindicador del conde don Julián se habría alegrado con el derramamiento de carne mora por territorio español. Hay quienes dicen que el nuevo don Julián es Sánchez. Yo diría que es más bien la inoperancia de Sánchez, su estolidez negligente (aunque no por ello menos rimbombante) en este y en casi todos los asuntos, incluidos los internacionales. Este último flanco lo cubre el ridículo Albares, ministro del que no se puede hacer una caricatura porque ya es una caricatura. Como dice Iñaki Ellakuría, "vamos a pagar muy caro las facturas de Sánchez".
2. En efecto, después de Sánchez vamos a ver de verdad su legado. A verlo y a sufrirlo. Con pleno merecimiento de los españoles: esos seres que festejaron a Fernando VII por sus caenas, permitieron que Franco se muriera en la cama como dictador y no le dieron una patada en el culo electoral a Sánchez hace tres veranos.
3. Mientras Mohamed VI lanzaba presumiblemente a sus súbditos sobre España sin importarle los que fuesen a morir ahogados (van 67), demasiados notables españoles (¡incluidos Felipe González y el juez Pedraz!) asistían a su Fiesta del Trono. Esta Fiesta me hace gracia porque me pilló hace años en Marruecos, en Asilah, y leí en la prensa marroquí en francés algunas lindezas que soltó el rey en su discurso. Por ejemplo esta (¡con alusión a la Odisea!): "No cedáis a los cantos de sirena nihilistas que propagan la desesperación y siembran la duda". Por fortuna yo llevaba un talismán en el bolsillo que, gozosamente, me propagaba la desesperación y me sembraba la duda: el Cahier de Talamanca de Cioran.
4. La Fiesta del Trono, por cierto, se celebra el 30 de julio, y el 31 de 1578 desembarcó en Asilah el capitán y poeta Francisco de Aldana con medio millar de soldados castellanos para unirse a la "jornada africana" del rey portugués don Sebastián. Junto a él desapareció pocos días después en la batalla de Alcazarquivir.
5. Volviendo a Juan Goytisolo y sus querencias moras, siempre recuerdo un chiste que venía en la novela de Fernando Savater El dialecto de la vida (1985). El narrador recorre Escocia en compañía de un fotógrafo joven e indocumentado. Cuando se encuentran con un castillo en ruinas, el fotógrafo aventura que lo destruyeron los moros. Réplica del narrador: "¿Los moros en Escocia? ¡Vaya noticia para Juan Goytisolo!".
6. De Goytisolo precisamente me acababa de leer una novela poco conocida que está bastante bien: La isla (1961). Me la había recomendado Arias porque está ambientada en Torremolinos y la hallé en junio en la librería de viejo madrileña Arrebato. Es una novela muy nouvelle vague, y de hecho se concibió inicialmente como guión de cine. La descripción que hace un personaje de aquel Torremolinos es maravillosa: "Se ha convertido en un lugar aparte, en una verdadera isla... Los maridos engañan a sus mujeres. Las mujeres engañan a sus maridos. El cura amenaza y nadie le hace caso. La virginidad ha desaparecido del mapa y todos los hombres son maricas. [...] Es un sitio ideal para las vacaciones. En Málaga le llaman Torre Mil Líos". Obviamente, no se pudo editar en España: los censores la consideraron "obscena y moralmente inaceptable". Se editó en México. Una novela de la misma época ambientada también en Torremolinos es Eldorado, de Fernando Sánchez Dragó. Esta permaneció inédita hasta 1984. La isla se publicó por primera vez en España en 1983.
7. Sobre el ático de Ayuso, ¿qué voy a decir? ¡Solo que con nuestros políticos no hay manera!
* * *
En The Objective.
1.8.26
Diez libros para el verano
El orden es el de mi lectura:
1. Ereignis, Carmen Palomo Pinel (Vandalia).
2. La hija, Sergio del Molino (Alfaguara).
3. De todo tiene, Andrés Trapiello (Ediciones del Arrabal).
4. La bola, Daniel Verdú (Alfaguara).
5. Qué estoy haciendo aquí, Benjamín Prado (Alfaguara).
6. António Lobo Antunes. La epopeya y la lírica, Rafael Maldonado (Confluencias).
7. Algunos cafés italianos, Patrick Mauriès, tr. Ernesto Hernández Busto (Elba).
8. La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, Christian Laborde, tr. Sanz Irles (Sr. Scott).
9. Madame Vargas Llosa, Gustavo Faverón (Fulgencio Pimentel).
10. Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025, eds. Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández (Cátedra).
* * *
En The Objective.
30.7.26
Grecian 2030, el estadista intermitente
Uno de los mejores motes que conozco se lo puso una amiga a un hombre importante de la prensa española que, cuantos más años pasaban, más negro tenía el pelo: Grecian 2000. "¿Has leído hoy lo de Grecian 2000?". Yo particularmente no creo que se lo tintara, pero el efecto del mote era en sí mismo arrasador: producía en la percepción una noción irreversible de artificialidad. El negro de su pelo ya siempre me pareció postizo. Un buen mote es un camino sin retorno.
En la comparecencia de fin de curso del presidente Sánchez, que tuvo lugar entre los incendios y sus vacaciones (no incompatibles estas con la perduración de los incendios), me acordé de Grecian 2000; no del personaje, sino del tinte. A nuestro Kennedy le ha salido un oportuno mechón blanco sobre la frente que funciona como aquellas primeras canas en las sienes de Felipe González, ya avanzado su mandato. Da peso de estadista, le va bien al disfraz.
Estoy tentado de ponerle también a Sánchez el mote de Grecian 2000; ¡o mejor, Grecian 2030! Es tan favorablemente preelectoral su mechón que en estos momentos lanzo el bulo de que no le ha salido solo: se lo tiñe de blanco. ¿No existe la moda del anal bleach? Si se puede blanquear el ano, ¿cómo no se va a poder blanquear una mechita de nada? Busco un anuncio del genuino Grecian 2000 y en realidad no se presenta como "tinte", sino como "loción anticanas". Pero bien se podría habilitar una línea alternativa del producto que fuese una "loción procanas". Para usarla poquito, solo para estadistas.
En Hollywood siempre hubo un actor para cada cosa, y el de las canas estratégicas era Stewart Granger. Eran seductoras sus irrupciones de blanco. En el caso de los estadistas, se supone que las preocupaciones por el aparato estatal y el bien común afloran en forma de canas. Las canas serían una manifestación ética del capitán de la nave.
Un estadista que ha encanecido en el poder es un estadista que se ha preocupado por ejercerlo adecuadamente, tras asomarse a su insondable abismo y ser consciente de su endiablada complejidad. Del exministro de Franco y posterior líder de la derecha Fraga Iribarne se decía que tenía el Estado en la cabeza; pero era una cabeza con escaso pelo y no le lucía. Lo suyo es tener en la cabeza pelo además del Estado; o más que el Estado, la preocupación por el Estado, que emergerá como canas resultonas. Los ciudadanos vemos así al estadista como un padre al que no paramos de darle problemas.
A Sánchez se le ve feliz con su mechón. Sea natural o artificial, su mensaje es refutar a quienes piensan que al presidente se la sopla el Estado. El mechoncito blanco indicaría la honda preocupación estatal del presidente; tal vez entremezclada, eso sí, con las preocupaciones por la situación penal de su familia, de medio PSOE y de bastante peña vinculada a su Gobierno.
Aprovechando que el mechón le da un toque extra de estadista, Sánchez se ha puesto a hablar de "pactos de Estado". Pactos que no piensa pactar con nadie, no se trata de eso: sino de esgrimirlos para acusar a quienes no "pacten".
Sánchez, en realidad, no es un estadista a tiempo completo, sino un estadista intermitente. Es a su vez un estadista contradictorio, porque habla del Estado mientras lo desmantela. Un poco como los hermanos Marx en aquel tren con cuya madera alimentaban el fuego de la locomotora. "¡Más madera!", y cada vez menos tren.
Es previsible que lo último que quede del Estado sea su mechón blanco de estadista.
* * *
En The Objective.
26.7.26
Solo nos quedarán los placeres crudos
[Montanoscopia]
1. Mi jacobinismo radical (menos guillotinesco que navajero de Ockham) me hace celebrar la plena ciudadanía española de todos los que posean el documento de ciudadano español: algo sin contenido, puramente formal. No como esos autoproclamados antirracistas que se dedican a "contar negritos".
2. Predican la diversidad, ¡pero ay como uno les salga de derechas! ¡Esa diversidad no la admiten! Solo admiten la obediencia ideológica ciega, la adhesión inquebrantable. Son, en sentido neto, falangistas.
3. Abertzales con rasgos magrebíes: al fin el nacionalismo vasco, ese movimiento tan visceralmente franquista, tiene su propia guardia mora.
4. Abertzales apaleando a un chico de 16 años y persiguiendo a un niño de 12 por llevar la camiseta de la selección española tras el triunfo en el Mundial. Fue contándolos a esos que Sánchez dijo que eran "más" con los resultados de las generales de hace tres años.
5. Nuestros gubernamentalistas no se dan cuenta de que su habitual seguidismo a machamartillo del Gobierno, cuando es del PSOE, no es esta vez como las otras veces: por la particular calaña de este Gobierno. Se han metido en una ratonera tremebunda, me temo que irreversible para su prestigio y su credibilidad. Pero no se dan cuenta.
6. Nada menos creíble que Feijóo (¡que el PP!) prometiendo regeneración. Los adormilados de su propio partido cuando lo prometía son la prueba inmediata de ello. ¡Ilusión cero! Y si encima es un Feijóo determinado por Abascal (¡por Vox!), peor que peor. Pero Feijóo y el PP (e incluso Abascal y Vox) cuentan con la bomba atómica: no ser Sánchez ni el PSOE (ni los socios de Sánchez y del PSOE). Regeneración no será, pero quitarse de encima a toda esta patulea sabrá a gloria. Esta patulea, por lo demás, ha subido al máximo su apuesta del chantaje crispador: ya no es Franco la amenaza, ¡es Hitler!
7. Divertidísima la polémica con la columna de Arcadi Espada del martes pasado en El Mundo. Solo los arcadianos, los que tenemos oído absoluto para el arcadismo, sabemos que se trata de una columna fallida, no adornada por la gracia. Pero no, desde luego, por la razón estólida que le achacaron los mentecatos: esos increíbles seres que se agusanaban exhibiendo su inferioridad. Por otra parte, como comentamos Arias y yo, el hecho de que fuese una columna fallida incrementó su potencial performativo. O sea, que realmente, pese a todos, nosotros incluidos, funcionó.
8. Encontré en el Rastro de Fuengirola Amar en Madrid, de Francisco Umbral, libro que ha resultado perfecto como lectura de playa. Publicado en 1972, recoge artículos madrileños de los años anteriores. ¡Qué gran Umbral de pronto! En él está la potencia de lo que va a desplegar después, pero con una fuerza contenida, sin defectos ni revenimiento aún. Se habla del estilo tardío, que está bien. Pero debería hablarse además del estilo temprano: ese momento del autor en que estaba todo ahí, brotando, tensando, reventando de fecundidad.
9. La Odisea de Nolan es una historia majareta de aventuras. Como la Odisea de Homero. Me lo pasé pipa en el cine. Único consejo: no vayan a ver una adaptación, sino una película.
10. Hubo un momento de julio en que estaban a la vez el Mundial, Wimbledon, los Sanfermines y el Tour. De uno en uno se fueron despidiendo. El domingo pasado el penúltimo que quedaba, el Mundial; hoy el Tour. Mañana estaremos ya desnudos, con el verano a plomo y sin tener donde agarrarnos. Y todavía no es agosto. Solo nos quedarán los placeres crudos, que no dejan de ser ascéticos: leer, ver películas, bañarse en la playa, follar.
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En The Objective.
23.7.26
Descendimiento de Ocaña, exaltación de Laborde y Sanz Irles
El proceso ha sido rápido y maravilloso. En abril nos avisó Juanjo Jambrina de la publicación en Francia de un poema largo sobre ciclismo: La chute de Luis Ocaña dans le col de Menté, de Christian Laborde. Sanz Irles y yo lo pedimos de inmediato. Mi menesteroso francés no me impidió apreciar la magnitud del poema, su alta calidad, su sistema de imágenes, su tensión sonora. Sanz Irles, que domina el idioma, se puso a traducir pasajes por jugar. El juego se transformó en pasión y decidió traducirlo entero. Alberto Beceiro, el editor de Sr. Scott, se interesó, negoció con Gallimard y, con la ilustración formidable de Sr. Bermúdez (¡estamos entre señores!), acaba de salir tres meses después en España, bellísimo, en edición bilingüe.
La caída de Luis Ocaña en el col de Menté, ahora sí leído plenamente por mí, es un portento. Sanz Irles ha sabido trasladar los versos de Laborde a nuestra lengua, de manera que el poema funciona también en español: transmite su ritmo, su fuerza, su imaginería, su emoción, su estupor dramático, su deslumbramiento trágico, su abismo existencial; con una belleza dinámica, afilada, apabullante. La transformación alquímica del ciclismo en poesía (de acuerdo con la "alquimia del verbo" de Arhur Rimbaud, aludido en los versos del color de las vocales: "una O azul / una A negra") vuelve a extraer oro metafórico de este deporte que debería ser considerado como una de las bellas artes. No en vano, Marcel Duchamp habló del "ciclista ético" en la descripción de su dibujo Tener el aprendiz al sol, y el mexicano Julio Torri comparó a los ciclistas con los ángeles, puesto que avanzan como volando, sin pisar el suelo.
Laborde, escritor y cronista deportivo, nacido en los Pirineos y amante de su paisaje, escoge un episodio central de la carrera de Luis Ocaña y de la historia del Tour: el ciclista español criado en Francia logra vencer al belga Eddy Merckx, imbatible hasta ese jueves 8 de julio de 1971, día de pleno sol ("hay sol por todas partes y sombra en ninguna"), en la etapa alpina que acaba en la ascensión a Orcières-Merlette. Ocaña alcanza el maillot amarillo y parece tener asegurada la victoria final. Pero cuatro días después, el lunes 12 de julio, ya en los Pirineos, se cae en la bajada al col de Menté, cuando perseguía a Merckx en mitad de la tormenta que de súbito se había desatado. Intentó levantarse, pero otro ciclista chocó con él, y luego otro; este último, Joop Zoetemelk, hizo que ya no se levantara.
Al comienzo de la edición española se incluye la foto del Ocaña yacente de ese momento, como Cristo descendido de la cruz, un Cristo no muerto sino vivo y doliente: "el cuerpo resguardado del frío por una gabardina / Luis que pareciera descendido de la cruz / yace al pie de la roca / su espalda hecha pedazos su maillot jirones / enredado en su pelo / el barro pardo del puerto lo corona de espinas". Ocaña no ganó ese Tour, y ahí lo deja Laborde (al modo de Borges: "Alto lo dejo en su épico universo / y casi no tocado por el verso"). Lo conquistó en 1973, ya sin Merckx en liza.
También Borges escribió en su poema sobre el tango: "una canción de gesta se ha perdido / en sórdidas noticias policiales". Laborde hace lo contrario con el ciclismo: lo eleva a cantar de gesta, a canto homérico, a tragedia shakespeariana, con toques litúrgicos de auto sacramental. El poema, escrito sin signos de puntuación y en minúsculas (salvo los nombres propios), tiene 734 versos y está dividido, a modo de sinfonía, en cuatro movimientos.
El primero evoca el origen familiar de Ocaña en Priego (Cuenca), las carencias y el hambre, el esfuerzo de los padres: "encorvados los dos sobre la tierra sin agua / [la luz] molía a palos las libélulas de párpados / de aluminio". El segundo movimiento narra (y poetiza) la jornada triunfal del 8 de julio de 1971, que acabó donde la etapa de hoy, 23 de julio de 2026: "Luis / las cimas te querían te tienen / sobre su lomo te mueves y ya sois sólo uno / cielo curvas bicicleta todo es lo mismo / todo se confunde todo es apoteosis / [...] el amarillo de Coppi y de Bahamontes / espolvorea centellas sobre tu pecho". El tercer movimiento da cuenta de la ya mencionada etapa del 12 de julio de 1971, con la caída en el col de Menté. Y el cuarto y último, situado en agosto de aquel año, recrea una conversación de Ocaña con Dios en la capilla de Nuestra Señora de los Ciclistas. Dios le dice que cometió "el pecado de orgullo" (¡la hybris griega!) y Ocaña le dice que no: da otra razón emocionante, que pone los pelos de punta y que no revelaré, para dejarle la sorpresa al lector.
En la tradición de Zona, de Guillaume Apollinaire, que termina con "Adiós adiós // Sol cuello cortado", La caída de Luis Ocaña en el col de Menté concluye con dos versos que descolocan y que son sugerentes y perfectos: "perseguido por el viento y las defensas / de los elefantes".
Esta edición de Sr. Scott se completa con un estupendo prólogo (o Calentamiento) del traductor Sanz Irles, quien añade además algunas notas contextualizadoras. Hace un trazo de época, de aquel verano en que sonaban My Sweet Lord, Brown Sugar, L.A. Woman, Mediterráneo y Borriquito como tú, nos explica lo que significaba el ciclismo entonces para los españoles y se exalta con el poema de Laborde (su propia traducción es exaltante), del que nos presenta sus claves temáticas y sus impulsos estéticos. Acerca del poema, que tiene 300 versos más que La tierra baldía de T.S. Eliot (cuya mejor traducción en español es también la de Sanz Irles), escribe: "Es largo como el ascenso al terrible Tourmalet, pero se nos hace corto a los lectores, que llegamos al final exhaustos por la tensión y la emoción y, a la vez, con muchas ganas de seguir pedaleando, porque aquí, leer es pedalear". Pedaleemos.
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En The Objective.
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