[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:35]
Buenas noches. Las elecciones andaluzas han supuesto una revolución. No me refiero a la política, que no es tema del Nanosegundo, sino a la estética. El candidato de Adelante Andalucía nos ha devuelto el look de camiseta con chaqueta, y su éxito electoral lo ha propulsado. Este look pasaba por un malísimo momento, porque tras su uso abundante en otras épocas, como en los noventa, últimamente solo lo llevaba Pedro Vallín, con lo que su desprestigio era máximo. A nadie, realmente, le apetecía ir como Vallín. (A los oyentes que no sepan quién es Vallín les aconsejo que sigan sin saberlo. ¡No lo busquen en Twitter!) En cuanto al candidato José Ignacio García, al ponerse camiseta con chaqueta, pulsó una tecla sepultada en muchos potenciales votantes. La verdad es que cuando llevábamos camiseta con chaqueta éramos felices sin saberlo. Ya sé que decir esto va contra la línea editorial del programa, férreamente impuesta por Rafa Latorre, pero la camiseta con chaqueta es un modo de vestir, además de estético, filosófico. El otro día, Ignacio Vidal-Folch (es decir, el Vidal-Folch bueno) arremetió contra la camiseta llamándola "prenda informe". Pero aquí está la clave: si esa prenda informe la embutimos en una chaqueta, entonces adquirimos una forma dentro de la cual flota lo informe. Es como combinar a Parménides con Heráclito, o a Confucio con Lao-Tsé. Es el vaso el que le da forma al agua. De igual modo es la chaqueta la que le da forma a la camiseta. Pero en ambos casos, el elemento flexible conserva su flexibilidad. Tanto el agua al vaso como la camiseta a la chaqueta están diciéndole: "¡Eh, que sigo siendo libre en tu jaula!" Esta es la clave maravillosa de su éxito. Quien lleva camiseta con chaqueta transmite el mensaje: "Soy un tigre, pero formal".
