Buenas noches. El mejor libro de 2004 fue la biografía de Jaime Gil de Biedma que publicó Miguel Dalmau en Circe. Será también el mejor libro de 2026, porque lo vuelve a editar Tusquets, con un importante trabajo de actualización y reelaboración por parte del autor. Este recibió hace veintidós años devastadores ataques del círculo de Gil de Biedma. Dalmau cometió el pecado de sacar al muerto demasiado vivo. Exactamente en aquello que más vidilla da: el sexo. Escribí entonces que resultaba patético que lo único que había hecho bien la gauche divine barcelonesa, fornicar, fuese de aquello de lo que renegara, cuando estaba claro hasta dónde había llegado su porquería política; porquería que no ha hecho más que incrementarse. El poder literario de esa gente opacó el libro, que, si no recuerdo mal, desapareció pronto de las librerías. Lo recomiendo ahora encendidísimamente, porque Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta (así se titula) es un libro vibrante no solo por el sexo, sino también por todo lo demás: por el resto de aspectos de la historia personal de Gil de Biedma, muy bien contados; por su asombroso perfil como alto ejecutivo de la Compañía de Tabacos de Filipinas; y, sobre todo, por el seguimiento de su vocación poética, su realización en sus libros (obras maestras los tres que escribió, reunidos en Las personas del verbo), y el vacío de su temprano abandono de la poesía, que se mezcla después con sus depresiones, su reconocimiento literario en los ochenta y su enfermedad y muerte por el sida. Para mí fue el mejor poeta de su generación, y el que más quiero. Le ocurre igual a Dalmau, que dice al término de su nuevo prólogo: "Sigue siendo el único autor de mi tiempo que todavía me conmueve hasta las lágrimas".