Ya que estamos hoy un poco crepusculares, me ocuparé del tema crepuscular por antonomasia: la extinción de una saga. Esta vez ha sido la de los Goytisolo, con la desaparición del último, Luis Goytisolo, que era el menor pero ha alcanzado a ser el mayor, puesto que ha muerto con 91 años, cuando sus hermanos Juan y José Agustín murieron, respectivamente, con 86 y con 70. Toda la vida la literatura española estuvo llena de Goytisolos y ya no queda ninguno. Siempre me llamó la atención esa repetición del apellido en tres hombres que se dedicaban a lo mismo: escribir. Los escritores aspiran a la singularidad, pero cada Goytisolo debía resignarse a la idea de que había otros dos Goytisolos. Seguro que hubieran preferido estar goytisolos que mal acompañados (este chiste es un homenaje a Vigalondo). Pero lo compensaron con egos descomunales; al menos los novelistas, Juan y Luis, que José Agustín, el poeta, parecía más frágil. José Agustín fue mi primer Goytisolo, porque era un invitado frecuente del Loco de la Colina. Era un formidable poeta radiofónico. Por aquel tiempo publicó su libro de poemas A veces gran amor, que llevaba esta cita deliciosa del Arcipreste de Hita: "Yo, como soy humano y, por tal, pecador, / sentí por las mujeres, a veces, gran amor". Juan Goytisolo fue el más famoso, y también el más arisco. Nos reíamos de él por esto, pero ahora lo echo de menos, porque ya no hay nadie arisco. A Luis Goytisolo le preguntaron una vez por el mejor novelista de su generación y respondió que Luis Goytisolo. Puse esto en Twitter también para reírme... pero dos buenos lectores (Schultz y Torné) me aseguran que tenía razón. Confieso que de Luis Goytisolo no he leído nada, pero habrá que leer su monumental Antagonía. Inauguramos un mundo raro, ya sin Goytisolos.
Bueno, y sin Rafa Latorre en La Brújula; aunque con Rafa Latorre en Más de uno. Gracias por todo y mucha suerte.