[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:17]
Buenas noches. El centenario de la Generación del 27 se conmemorará el próximo año. Falta mucho, pero el que golpea primero golpea dos veces. Así que voy a soltar unas cuantas opiniones ultramontanas sobre esa generación. Para empezar, es un grupo sobrevalorado en cuanto a la cantidad y calidad de sus componentes. Yo solo contabilizo a dos poetas. O como mucho, por traer esa expresión de Clarín que Trapiello suele recordar, a dos poetas y medio. Los dos poetas son Lorca y Cernuda. El medio sería Guillén. Los demás no son más que señoritos del verso. Tienen poemas pintones, claro, pero podrían ser cruasanes. De mis paisanos Prados y Altolaguirre mejor no hablar: siempre se les ha mantenido en un justo segundo plano. El burgués Salinas solo se animó un poco cuando se echó una amante y puso en marcha aquello que Gil de Biedma definió como "la poética del lío". De su título La voz a ti debida decía Juan Ramón: "¡Me la debe a mí!". Aleixandre fue un abuelete desde los veinte años, y para no meterse en problemas hablaba en femenino de sus amores homoeróticos; a diferencia del valiente Cernuda. De Gerardo Diego, eso: como decía Borges, ¿en qué quedamos, en Gerardo o en Diego? En cuanto a Alberti, yo tengo la teoría de que él debió haber sido el fusilado en vez de Lorca. Al fin y al cabo, Lorca estaba en plena progresión fulgurante en 1936, mientras que Alberti ya no era más que, como él mismo reconoció diez años después, el "coplero del partido". A la altura de Lorca y Cernuda solo está otro poeta algo más joven, ya de la siguiente generación: Miguel Hernández. Así que yo celebraré el centenario del 27 leyendo a Lorca y Cernuda, y medio leyendo a Guillén. ¡Punto!
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PD.– Me olvidé en la radio de Dámaso Alonso. Pero también tengo para él: fue el animal más feo del mundo (y murió el mismo día que Ava Gardner, el más bello).