Buenas noches. Antes que nada quiero adherirme desde estas Opiniones ultramontanas al Alguien tenía que decirlo del pasado martes, en que José Ignacio Wert vindicó la denostada Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. ¡A mí también me gusta! Dicho lo cual, paso a lo de hoy, en lo que puede que me encuentre más solo aún, sin ni siquiera la compañía de Wert: la crítica a Manuel Vicent. Sé que Vicent es amigo de esta casa, en la que Carlos Alsina le ha hecho estupendas entrevistas, que por otro lado yo no me he privado de disfrutar. En realidad, siempre escucho con gusto a Vicent. Desde que, a principios de los ochenta, dijo en televisión que su cabeza (ya calva) tenía forma de pene. Ese gamberrismo captó la atención del gamberro que yo era y que en buena medida sigo siendo. Luego empecé a leer la columna de Vicent en El País y me hice fan de su escritura sensorial, mediterránea y con algo de diamantino, como tallada en la hoja del periódico. Lo que ocurre es que han pasado más de cuarenta años y la columna es idéntica. Esto le ha permitido mantenerse cómodamente en el Establishment mientras otros, más arriesgados, han pagado sus osadías. Así Félix de Azúa, Fernando Savater o nuestro Andrés Trapiello. La otra noche homenajearon a Vicent en el Café Varela y entre los asistentes estaba el turbio presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido. Esto significa que el Establishment le da a Vicent su certificado de buena conducta. También acudieron numerosos columnistas, que quieren ser como Vicent. Claro, su sueño es tirarse cuarenta años escribiendo la misma columna del aceite que se derrama en la ensalada, refulgiendo al sol. ¡El cara al sol del aceite en la ensalada! Vicent es el Pemán de las ensaladas.