31.8.14

Muy a gusto

Hoy mi querido Manuel Jabois me dedica un párrafo muy bonito en su diario Unplugged de El Mundo. El envanecimiento es inevitable en estos casos... aunque lo reconfortante es cómo uno percibe, desde su vanidad, que lo que más agradece es el gesto a secas, el cariño.

Hace cinco años Mario Circe decía esto que escribió, en El Mundo, Berta González de Vega: «Montano. Luego decís de mí, de mi escasa ambición y productividad, pero, ¿y él? Podría estar entre los mejores articulistas y, auguro, novelistas, pero huye de las relaciones profesionales provechosas y lo sigue haciendo todo por amor al arte, nunca mejor dicho, desde el piso familiar de barriada. No se vende. A nadie». Este verano celebramos tertulia en Combarro Rafa Latorre y Jorge Bustos, y Latorre, devoto como yo, destacó de José Antonio Montano su faceta de generador de decepciones; un tipo que atrae a sus lectores y, cuando éstos se confían, los deja en la estacada de una forma ruidosa, a veces de tal forma que impide la reconciliación del lector con su autor. Yo siempre he pensado que tiene una verdadera conciencia artística. Y que al contrario de lo que ha ocurrido con muchos de los de entonces, y va para 10 años, no se ha dejado amedrentar siquiera un poco por su personaje. Quizás porque siempre lo ha antepuesto a su persona, blindando la última a salvo de gente de escasa inteligencia. Es un escritor en continuo roce, pura tangencialidad, algo que sólo se consigue desde una consideración artística del pensamiento. Cuando en el segundo párrafo piensas que sigue escribiendo desde el desfiladero, ya está enfrentándose otra vez, cara a cara, al vacío.
Lo celebro con un disco estupendo de João Donato que he descubierto hace poco: Muito à vontade (1962). El título, que es también el del primer tema (que yo conocía por la versión de Ivan Lins en el Songbook de João Donato), significa "Muy a gusto".

29.8.14

Miguel, el de Catalina

Ayer se publicó en el diario Sur la necrológica de mi padre que ha escrito mi hermana Lina. Justo hoy es el cumpleaños de mi otro hermano, Miguel Ángel, su tercer y último hijo. Mi padre nació en Almogía (Málaga) el 25 de junio de 1933 y murió en Málaga el 9 de agosto de 2014. Hace veinte días. La copio:
Querido papá. Definitivamente, se te apagó la voz. Ha sido un año muy duro para ti y para los que te queremos. A ti, que siempre has sido una persona alegre, con gran sentido del humor y con ganas de conversar con todo el mundo, hemos tenido que verte triste y sin poder expresarte. Eso ha sido muy doloroso.

Nos queda la satisfacción de haber visto cuánta gente ha lamentado tu pérdida y las palabras tan sentidas que te han dedicado. Tu familia, la familia de mamá, tus amigos, vecinos, paisanos, en fin, todos los que te conocían e, inevitablemente, te querían.

Siempre has presumido de tu pueblo, Almogía, y te has sentido orgulloso de tus orígenes. Has sido un hombre luchador, trabajador, servicial y, sobre todo, bueno. Solo te quedó una frustración, la de no haber podido realizar estudios superiores. Capacidad intelectual te sobraba, desde luego; solo te faltaron los medios económicos. Por eso te esforzaste tanto para que tus hijos pudiéramos alcanzar nuestro sueño.

Durante años te reproché que me pusieras de nombre Catalina. Con el tiempo entendí que me tenía que llamar como abuela, no podía ser de otra manera. Y tus hermanas. No creo exagerar si digo que te adoraban, y esa adoración se la transmitieron a sus hijos, tus sobrinos. Gracias a todos por quererte tanto. Cuando estuviste hospitalizado el año pasado, uno de ellos, al despedirse te dijo "¡No te pongas viejo, tito!" Y esa expresión, cargada de simbología, a tus ochenta años, me llegó al alma.

Hace unas semanas mamá y tú hicisteis cuarenta y nueve años de casados. Yo te pregunté si volverías a casarte con ella. Tú asentiste con la cabeza y sonreíste. Pensé que estarías recordando a aquella bellísima jovencita de largas trenzas de la que te enamoraste nada más verla. No te preocupes por ella, la cuidaremos, aunque será difícil superar su nivel de entrega y dedicación.

La última década de tu vida la has consagrado por entero a tus nietos. Tu cartera repleta de fotos suyas se quedó en la mesita de noche. Ahora nos peleamos por sentarnos un rato en tu sillón. El trono del abuelo, lo llamamos. Ya no podréis pasear juntos cogidos de la mano, pero te llevarán siempre en sus corazones.

¡Ay, papá, qué triste se me hace imaginar el resto de mi vida sin ti! He llorado mucho en estos meses pero, como dijo el poeta, tengo en mi tristeza una alegría… ¡Sé que aún me quedan lágrimas!

Allá donde estés, ¡no te pongas viejo, papá! Te queremos.