29.8.15

La ruta natural

En mi pausa proustiana (he terminado el cuarto tomo esta semana y empezaré el quinto la que viene), he leído el libro que había que leer: La ruta natural, de Ernesto Hernández Busto (ed. Vaso Roto), perfecto para acabar agosto; perfecto para acabar y empezar de nuevo. Es un libro de fragmentos sobre el fragmento, entre diarístico y ensayístico, en prosa precisa y sugerente: un libro que ejemplifica lo que cuenta, que se integra en lo que dice. Me lo mandó el autor en abril y ahí lo he tenido desde entonces, hasta que en una noche de desvelo (la del miércoles) me puse a leerlo y me ha estado acompañando estas jornadas, como acompañan los libros necesarios: manteniéndome en estado de recepción, de reflexión y de complicidad. De pronto, con Proust, inesperadamente, ha sido mi gran lectura del verano. Dejo tres fragmentos, en las fotos que tomé para Twitter (allí ya no están):