8.11.14

Dieciséis pintores actuales



Hace un mes le pedí a Miguel Gómez Losada que me hiciera una lista con los doce mejores pintores actuales, para ir mirando su obra por internet y estar pendiente. La comparto para quien le pudiera interesar. Copio su mail (del que salen en total catorce vivos y uno muerto), insertando los enlaces de Google Imágenes y añadiendo las fechas:

No te pongo a Alex Katz (1927) y Neo Rauch (1960) porque ya los conoces, ni tampoco pintores fallecidos como Sigmar Polke (1941-2010).
Luc Tuymans (1958)
Michaël Borremans (1963)
Peter Doig (1959)
Wilhem Sasnal (1972)
Mamma Andersson (1962)
Victor Man (1974)
Caroline Walker (1982)
Justin Mortimer (1970)
Hurvin Anderson (1965)
Eberhard Havekost (1967)
Jules de Balincourt (1972)
Gerhard Richter (1932).

4.11.14

La indignación de Bosé

La imagen de Javier Marías comiéndose un filete empanado. Me la indica Álvaro Quintana en el artículo de Pérez-Reverte, como esas puñaladas mortales (o a lo mejor solo es broma) que se dan entre sí los escritores amigos. Nuestro autor más prestigioso alimentándose de escalope. A mí también me gusta el escalope, pero mi prestigio es nulo. La estampa sobrevuela ya toda la prensa del domingo, como en A la sombra de las muchachas rojas, de Umbral, odiador de Marías pero que nunca dijo nada tan cruel contra él, sobrevolaba Madrid el coche de Carrero Blanco.

Es un paisaje de devastación que a mí, mientras Marías se come su filete, me deja extrañamente el ánimo calmado. Depende de la mañana, sin duda. Por la tarde quizá esté otra vez hasta las narices. Hay que irse administrando. No se puede ser indignado sin interrupción. Prolifera la discordia. Guerra entre El País y Libertad Digital. Guerra entre el exdirector y el director de El Mundo. Guerra (sin tanques) entre antinacionalistas y nacionalistas. Guerra contra la corrupción; o la guerra de la corrupción. Todos golpearon el árbol y Podemos recoge las nueces.

Bajo el filete empanado de Javier Marías, la empanada de las encuestas: votará masivamente a Podemos el mismo electorado que durante décadas ha seguido votando, sin castigo, a los corruptos; el mismo del prime time televisivo, que prima la basura. Hay españoles que lo saben todo de Pablo Iglesias y de Alberto Isla. El programa La Tuerka es el Gran Hermano ideológico: ideas encerradas en una pecera. La del PCE realmente existente. Contra Izquierda Unida, y contra el PCE.

Dije que Podemos huele a viejo, pero no por ello los demás huelen a nuevo. En los demás se ha hecho más visible que nunca su momificación. La ventaja de Podemos no es en términos de novedad, sino en términos de vitalidad. Rajoy, Soraya, Cospedal, Pedro Sánchez, Susana Díaz, Cayo Lara son, como escribió Ricardo Reis, "bultos solemnes, de repente antiguos". Y también "cadáveres aplazados". Tenían el sistema y lo tenían fácil. Pero arruinaron el negocio por avaricia. Mataron la gallina de los huevos de oro. Ahora el rey del corral es un espantapájaros.

Y entonces el filete empanado de Javier Marías sobrevuela la reaparición de Miguel Bosé, empanado en maquillaje. Entrevistas en El País y en El Mundo. Está indignado, ("cabreado, como cualquiera"): "De pronto te encuentras con una España que nunca imaginaste. En un año y medio se privatiza todo, y unos que se llaman patriotas desahucian a sus compatriotas. Es un crimen". En parte tiene razón, pero en parte tiene también la culpa (parte de la culpa): apoyó al presidente que negó la crisis, en contra de los que la afirmaban; al presidente que ha contribuido como casi ninguno a la ruina del país, económica e institucional. Equivocarse tiene excusa; hacer como que no ha pasado nada, e insistir, no. Bosé se pone ahora la indignación como antes se puso la ceja o se ponía la falda. Siempre lo mismo: la autoindulgencia, lo que vende. Y eso también es corrupción.

[Publicado en Zoom News]

30.10.14

Historia mínima de un siglo corto

He tenido la suerte (¡el privilegio!) de traducir un libro para la colección Historias mínimas de la editorial Turner, que ya tiene varias obras maestras en su aún breve catálogo: la Historia mínima de España, de Juan Pablo Fusi; la Historia mínima del País Vasco, de Jon Juaristi; y la Historia mínima de la literatura española, de José-Carlos Mainer. Son como meterse en un cofre de tiempo comprimido: mucho tiempo en poco espacio. Los autores logran atinadas síntesis, y a la vez consiguen abrirse algo de sitio para ensayar. En el libro en cuestión, la Historia mínima del siglo XX, de John Lukacs, estas cualidades se dan acentuadas.

John Lukacs, estadounidense de origen húngaro (nació en Budapest en 1924), sin parentesto –que yo sepa– con el filósofo marxista Georg Lukács (al que una hermana de nuestra Magdalena Álvarez citó en un congreso de filosofía como "George Lucas"), comparte con Hobsbawm la idea de que el siglo XX fue un siglo corto, que empezó en 1914 y terminó en 1989. Incluso se plantea si no fue más corto aún y terminó realmente en 1945. Para Lukacs los dos acontecimientos definitorios del siglo XX son las dos guerras mundiales, y la guerra fría (de 1945 a 1989) no sería más que un epílogo.

Su mirada de larga perspectiva percibe que nos encontramos en el final de la edad moderna. Una de las cualidades de esta edad es precisamente la conciencia histórica. El título de su admirado Huizinga, El otoño de la Edad Media, no hubiera sido entendido por los medievales; en cambio los modernos sí tenemos conciencia de este "otoño de la Edad Moderna". Para Lukacs, la Edad Moderna es sinónimo de Edad Europea. Y una de las características del corto siglo XX es que las dos guerras mundiales, cuyo escenario principal fue Europa, se resolvieron con la intervención de Estados Unidos: demostración de que el siglo marcaba, en la práctica, el final de la Edad Europea. La edad que vendrá después de este siglo de transición, ni Lukacs ni nadie puede saberlo aún.

El libro da para mucho en sus 267 páginas, y no puedo ocuparme aquí de sus originales consideraciones sobre la Unión Soviética, China o el llamado "Tercer Mundo", por ejemplo. Pero sí debo señalar que durante las semanas que pasé traduciéndolo y revisándolo, la actualidad española ofrecía sus propias ilustraciones preocupantes; por medio, naturalmente, del nacionalismo. Anteayer dijo Arcadi Espada en Málaga, en un acto organizado por el Círculo Mercantil en el que intervinieron también Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro León Gross (se trataba de explicar en qué consiste la plataforma Libres e Iguales): "La Unión Europea se ha construido sobre ochenta millones de cadáveres, la mayoría de los cuales, por no decir todos, se han debido al nacionalismo".

Lukacs establece una interesante distinción entre el patriotismo y el nacionalismo, a partir de la sintomática frase de Adolf Hitler con que titula el capítulo que le está dedicado: "Yo era nacionalista, pero no patriota". Escribe Lukacs: "El nacionalismo podía ser (como de hecho era habitualmente) agresivo y, al menos en potencia, revolucionario; el patriotismo, en cambio, era defensivo, anticuado y tradicionalista". Y termino con la frase definitiva, con nuestros nacionalistas catalanes y vascos en la cabeza (¡qué le vamos a hacer!), como podrían estar los franquistas: "Cuando el nacionalismo sustituyó a las versiones antiguas del patriotismo (todo patriota tiene algo de nacionalista, pero pocos nacionalistas son verdaderos patriotas), se buscó enemigos entre los conciudadanos".

[Publicado en Zoom News]