5.7.09

Cabras de Perejil



Querido Arcadi:

¿Has visto ya a las cabras de Perejil? Euskadi, en efecto, no es Perejil: pero éstos son incontestablemente cabras. Por lo montaraz y por el balido lastimero y palurdo. Dudo que ayer ocurriera algo más patético en Europa. El PNV ya, todo él, una inmensa ensaimada capilar de Anasagasti, sin resquicios de capilaridad sana o no ridícula, o simplemente presentable.

Un abrazo, J. A.

4.7.09

Incongruencia geológica



Este año tengo ganas de Tour. Desayunando con el Double Rainbow de Joe Henderson y el ventilador, me he quedado prendado de la expresión incongruencia geológica que venía en la crónica de Carlos Arribas en El País. Entonces he decidido elaborar durante su transcurso El Poema del Tour, como hace tres años El Poema de 2006. Las "reglas del juego" serán las mismas; con la única diferencia de que, en vez de estrofas de un canto, de cada jornada sacaré un poemita monoestrófico que llevará por título el titular de la crónica, tal cual. En ese título-titular, por cierto, enlazaré el mármol original de Arribas. El Poema del Tour lo iré realizando a diario en un blog específico. Cuando ya esté terminado, lo colgaré entero aquí, en orden. Quizá no esté de más añadir que no se trata de recrear poéticamente el Tour, sino de utilizar el Tour (las crónicas del Tour) como surtidor de poesía.

El aliciente de esta edición de 2009 es que se decidirá en el Mont Ventoux, final de la penúltima etapa. El Ventoux ya salía en el canto VII del Poema de 2006:

Tom Simpson
en el Mont Ventoux
exhausto encima
de la bicicleta
la muerte
era como ganar
la carrera espacial
la caída del telón
supuso la cima
También en el primer poemita del Poema del Tour aparece el Mont Ventoux. He seguido escuchando a Joe Henderson; además de Double Rainbow, el tema "Blue Bossa" que me ha mandado Losada. Pertenece al álbum Page One; y eso es: página uno.

1.7.09

La pulcritud del arte

Segunda mitad del año. Para el fetichista de las fechas el 1 de julio es un día importante, porque se le ofrece otra oportunidad; al menos, para el juego de los propósitos. (Hoy, además, es el cumpleaños de mi hermana.) Me he levantado temprano. Con el desayuno escucho una canción enviada en la noche tropical por mi amigo Úbeda. No están mal los regalos: casa, comida e um milhão por mês... Me he tomado unos días de playa con Curro y Almudena, en la nudista de Almayate (¡el placer de la tumbona, con la brisa en los huevos!); pero no lo repetiré mucho este verano: debo trabajar duro. Lectura: Las vidas de Joseph Conrad. Acerca de ciertos ajustes que hace Conrad en su Crónica personal, dice el biógrafo Stape algo que también se me puede aplicar a mí, y a este blog: "sus memorias están más guiadas por imperativos de concisión e impacto dramático que por consideraciones estrictamente biográficas, y Conrad alimentaba una preferencia racional por la pulcritud del arte frente a la confusión de la vida".

27.6.09

Estrategia fracasada

Detesto esa costumbre (¡esa manía!) que hay ahora entre muchas escritoras (¡y cada vez entre más escritores!) de omitir la fecha de nacimiento en las solapas de sus libros. Menudo coñazo. Se trata de una coquetería literariamente delictiva: primero, porque entorpece la contextualización biográfica, histórica y generacional de la obra; y segundo, porque ese gesto arroja la sospecha nefasta de que la autora parece dispuesta a darnos gato por liebre también en lo demás. Una autora que borra su edad no está en la literatura (¡ese arte del tiempo!), sino en otra cosa. Pero conmigo les fracasa la estrategia. Para empezar, yo tales libros ni me los leo; y además, en venganza, gusto de echarles a esas autoras (¡apoyándome en la foto de la solapa, que no quitan ni a tiros: para eso sí están!) muchísimos más años de los que seguramente tienen. ¡Que lo sepan nuestras falsas jóvenes!

23.6.09

Bayón en Irán, 1979

Hace treinta años Félix Bayón se encontraba en Teherán, cubriendo la revolución islámica de Jomeini para el diario El País. En estos días de nuevas agitaciones iraníes es un gusto releer aquellas crónicas. Copio tres:

Un general de la policía, linchado en Teherán

FELIX BAYON ENVIADO ESPECIAL - Teherán
EL PAÍS - Internacional - 30-01-1979

El general Latiffi, jefe de las fuerzas policiales de Teherán, fue linchado y después degollado ayer por los manifestantes frente a la Universidad de la capital después de que éstos le reconocieran como el responsable de la matanza del domingo, en la que unas cuarenta personas resultaron muertas por los disparos del Ejército y la policía. El abortado diálogo Bajtiar-Jomeini hace entrar a Irán en una crisis que puede ser definitiva. Ayer por la mañana, el primer ministro, Shapur Bajtiar, declaró a todos los periodistas presentes en Teherán que «por el momento», no irá a Francia a entrevistarse con el ayatollah Jomeini.

El primer ministro se reunió ayer con la prensa en una amplia sala cercana a su residencia. Testigos mudos de la reunión eran un busto y dos retratos del sha y otro de Farah Diva. Pudorosamente, poco antes del inicio de la conferencia de prensa, el retrato del sha que estaba situado justo detrás del sillón que habría de ocupar Bajtiar fue cubierto con una pantalla de proyección cinematográfica. Shapur Bajtiar trató de dar una imagen relajada y optimista. Abundó en las extrapolaciones de procesos políticos de otros países aplicados a Irán y utilizó con generosidad, y casi exclusivamente, la primera persona.

Sobre los disturbios de los últimos días, Bajtiar afirmó «que están provocados por gentes que no quieren la libertad, sino la anarquía». Añadió que eran «una provocación llevada a cabo por gentes entrenadas y venidas de fuera de Irán». «Si no hay provocaciones, no habrá más muertos», dijo.

En un duro ataque a sus adversarios, Bajtiar afirmó que, además de la Savak (policía política del sha), que está en trace de disolución, existen dos savak más: «Una religiosa y otra más, que es el poder rojo

Sobre la posibilidad de que Jomeini regrese a Irán dijo: «Le he dicho varias veces al ayatollah que es libre de volver.» Más adelante aclaró: «Un tema que previamente habría que arreglar es ver quién establece las medidas de seguridad, si el Gobierno o los partidarios de Jomeini.»

Jomeini puede volver hoy

Hoy, al amanecer, está previsto que se abra el aeropuerto. Es posible que Jomeini trate de entrar en el país. Ayer noche, sus partidarios, con cierto sigilo, tomaban contacto con algunos periodistas extranjeros para ir repartiendo los asientos de los autobuses en los que los informadores acreditados habrían de acudir al aeropuerto.

Mientras tanto sigue aumentanto la violencia y se confirman los indicios de fuertes divisiones en el Ejército: 172 técnicos de la aviación militar han sido detenidos el pasado fin de semana.

Un nueva ola de xenofobia se ha desatado. Aumentan los casos de ciudadanos extranjeros atacados. La exigua colonia española que ha continuado aquí después de la evacuación se encuentra perfectamente. La noticia publicada el domingo por El Periódico, de Madrid y Barcelona, y reproducida por Journal de Tehenjan y Ettela At, en la que se hablaba de venta de armas de España a Irán, han producido cierta inquietud. De no aclararse pronto esta cuestión, se teme que los españoles y sus intereses en Teherán puedan correr peligro.

* * *
Teherán recobra una calma desconocida durante meses

FÉLIX BAYÓN ENVIADO ESPECIAL - Teherán
EL PAÍS - Internacional - 03-02-1979

Ayer, un día después de la vuelta de Jomeini, Teherán estaba en completa calma. Sólo ocasionalmente se veía un helicóptero en el cielo o un camión militar en las calles. Tras semanas de tensión, la ciudad parecía sumida en un profundo relax. Las anchas avenidas estaban desiertas.

Sin embargo, en un humilde barrio del sureste se vivía una auténtica kermesse tercermundista. Las estrechas calles estaban llenas de gente y cualquier excusa era buena para formar un corro: un niño que hace una pintada sobre un muro, o alguien que pregunta una dirección. Por todos lados, carteles, pancartas, guirnaldas de flores y grandes retratos del líder recién llegado. En este pequeño barrio de casas bajas vive Jomeini estos días. La primera jornada de Jomeini en Teherán ha sido muy sencilla. Por la mañana dirigió las preces de las mujeres. Entretanto, se sentó sobre un tapiz, en el rincón de una gran habitación vacía de muebles, y dejó pasar ante sí a varios miles de sus seguidores.

Fuera del edificio que alberga la escuela coránica que habita el líder chiita está la camioneta Chevrolet que le condujo desde el aeropuerto a la ciudad. Tiene varios cristales rotos, la carrocería completamente abollada y los dos retrovisores exteriores arrancados. Todo ello producto del fervor de sus seguidores.

Frente a la escuela, colgados de la alambrada que rodea un solar, una serie de mensajes de bienvenida emitidos por diferentes grupos y organizaciones. Por todos lados, niños que corren y cantan: «Jomeini es el imán, Jomeini es el imán...»

Ayer, el líder del Frente Nacional, Sandjabi, atacó al primer ministro, Bajtiar, quien hasta hace pocos meses había sido su correligionario. Sandjabi vino a decir: «El recibimiento a Jomeini fue un voto de confianza de la nación hacia su líder. Si Bajtiar es tan demócrata como dice, tendrá que dimitir.»

Administración paralela

El día anterior a las declaraciones de Sandjabi, Bajtiar había mostrado nuevamente sus deseos de entrevistarse con Jomeini. Pero esta vez, el primer ministro iraní parece empeñado en que la iniciativa parta del propio líder chiita, cosa, en cualquier caso, bastante improbable. Mientras Bajtiar se encuentra a la cabeza de una Administración paralizada por las huelgas, los seguidores de Jomeini organizan toda una Administración paralela que, por el momento, funciona mejor que la otra. Al servicio de orden de las manifestaciones se le llama ya «policía islámica». El sistema de telecomunicaciones, por ejemplo, se arregla instantáneamente en cuanto los chiitas se empeñan.

Durante todas estas semanas, el problema de las transmisiones fue el drama de todos los enviados especiales en Teherán: los télex no funcionaban y era casi imposible llamar desde Teherán al extranjero. El día de la llegada de Jomeini, inesperadamente, los periodistas radiofónicos pudieron improvisar relatos en directo desde el aeropuerto, y todos, al llegar al cementerio en el que Jomeini se dirigió a sus fieles, quedamos absolutamente sorprendidos con algo que parecía irreal: en pleno cementerio había sido instalada una batería de doce télex que funcionaban perfectamente.

* * *
Los hombres que juraron dar la vida por el sha se entregan sin disparar un tiro

FELIX BAYON ENVIADO ESPECIAL - Teherán
EL PAÍS - Última - 13-02-1979

Al palacio de Niavaran (residencia del sha) los ruidos llegan muy amortiguados y llenos de ecos. Todavía se escuchan los disparos de las últimas escaramuzas: cada vez las ráfagas son más breves y distantes. En primer plano queda el piar de los pájaros, el graznido de los cuervos y el ruido constante de las acequias y fuentes del jardín. Los hombres del sha se han entregado.

Las montañas de Tuchal están muy cerca y aún se puede ver la nieve cuidadosamente amontonada a los lados de los senderos que llevan a palacio. Dentro todo está intacto. Trescientos inmortales de la Guardia Imperial han esperado durante semanas la vuelta del sha. La residencia del emperador fue uno de los últimos objetivos de los guerrilleros. La rendición sin resistencia estaba decidida ya el domingo por la noche. Quedaban por negociar las formas. Ayer, al amanecer, había banderas blancas en los cañones de los tanques que protegían el palacio. A las nueve de la mañana, el mullah de la mezquita más próxima, Mohammed Hakim, ha entrado en el recinto con un Mercedes negro para concluir las conversaciones. Han bastado dos horas.

Poco después, los inmortales formaban en la explanada de la fachada principal. La edad media alcanza unos veinticinco años, pero hay también algún soldado barbilampiño. Son las tropas de élite, los hombres que habían jurado dar la vida por el sha, el último recurso del emperador. No ha habido combate. Sus uniformes están impecables. Sólo alguno tiene las hombreras rasgadas: los galones han desaparecido para ocultar los rangos.

En la negociación se ha decidido dejarles libres y proveerles de ropas civiles para que puedan marcharse en paz. De pronto, un soldado rompe a llorar y a dar gritos: «¡Hemos jurado dar la vida por el palacio!, ¡es nuestra casa!» Inmediatamente, los gritos se contagian y los inmortales van rompiendo la formación. Alguno se abraza a un árbol, otro se golpea la cabeza con los puños. Todavía no se han hecho cargo de su situación y hay incluso palabras severas para un periodista: «¡Aquí no quiero fotos!, ¿eh?»

La rendición de los "hermanos"

Un oficial se dirige a la tropa, tratando de contener el torrente de lágrimas: «No debéis llorar. No somos prisioneros. Los que esperan fuera son vuestros hermanos.» Al otro lado de la verja algunos guerrilleros contemplan la escena con los ojos enrojecidos. Sobre el escudo imperial de la gran puerta hay ya una foto del ayatollah Jomeini. Quinientos metros más allá, al otro lado de las barricadas, un viejo prepara un brasero con incienso, que han de aspirar los inmortales. «Es para alejar los diablos», dice. El coronel Yusefi Neyat trata de no ver la escena. Espera conseguir una comunicación telefónica en la oficina del cuerpo de guardia. Es un hombre bronceado y deportivo de foulard al cuello y mirada altiva. Durante muchos años Neyat dio las novedades diariamente al emperador. Era, pues, un hombre clave de la sociedad de Teherán. Entre los guerrilleros hay también gente de su casta. Mezclado con los desheredados se encuentra un joven que recoge su guerrera con un cinturón de Jean Courreges, calza finas botas italianas y habla un inglés de acento refinado. Otro, que no ha conseguido una metralleta, lleva como únicas defensas un palo de golf y un casco de rugby.

Por fin, Neyat consigue hablar con el exterior: «Estoy bien. Ahora vamos a salir. Voy para casa.» En la oficina del cuerpo de guardia están todavía los retratos del sha, de la emperatriz y de su hijo mayor. En un armario funcionan aún los monitores de televisión de rayos infrarrojos que vigilaban el palacio. Sobre un sillón ha quedado una revista deportiva. En el suelo hay papeles destrozados: los inmortales han sentido de pronto la necesidad de romper su reciente pasado.

En medio, los guerrilleros posan divertidos para un fotógrafo. Neyat lleva aún su pistola al cinto: continúa fingiendo que no se ha rendido, sino que, simplemente, ha hecho la paz con sus hermanos.
[P.S.— Ignacio Martínez ha puesto en su blog una entrevista de Bayón a Jomeini (noviembre de 1979).]

20.6.09

Muerte y vida

Ayer por la mañana, antes de meterme en los periódicos, volví a poner, después de muchos años, La bella molinera de Schubert. Es un ciclo que escuché muchísimo en su tiempo, hasta llegármelo a saber casi de memoria; pero ayer la emoción me afectó especialmente, y era además más honda, más irrevocable: Ihr Blümlein alle,/ die sie mir gab,/ Euch soll man legen/ mit mir ins Grab... Luego me conecté y vi ya la noticia del crimen. El día se quedó manchado, pero —ésa es su miseria, y su gloria; su ley— siguió. Hay que llorar a los muertos. Y combatir a los criminales. Y desmontar el magma en que éstos se cuecen. Pero seguir. Por eso, por la tarde, salí con Galería de charcos (ed. Polibea), que acababa de recibir de José Ángel Cilleruelo. En él ha reunido textos de su primoroso blog (con algunos inéditos): un auténtico cofre de joyitas. Como ya los había venido leyendo en casa, en la pantalla, decidí aprovechar la ventaja de tenerlos en papel para llevármelos a un banco del paseo marítimo. ¡Ah, qué placer multiplicado! Los textos son poemas en prosa de cien palabras exactas cada uno. Todos me parecen impecables, pero, por hacer una miniantología, señalo siete: "Un manojillo de quebrantos", "Episodio de la vida de Joaquim Mª Machado de Assis", "Caligrafía de la mañana", "La paseante", "Carta a Montano" (que sacó de un mail que me mandó en febrero), "El sentido del paisaje" e "Ibiza". Este año Cilleruelo ha publicado también la novela Al oeste de Varsovia; aún no la he leído, pero a propósito de su experiencia como novelista (que, por lo demás, no es nueva) está publicando una deliciosa serie en su blog. En fin, cerré el libro, regresé a casa y el día, la noche, aún me reservaba una hermosura: el diálogo final de la cuarta temporada de A dos metros bajo tierra. De nuevo la muerte. Y la vida.

[P.S.— Cilleruelo ha puesto en su blog, y con dedicatoria, uno de los inéditos de Galería de charcos, que es otro de mis favoritos: "Los tranvías".]

19.6.09

Menos risitas

Hace cuatro días el Follonero estaba de risitas con Otegui. Ya hay otro "cadáver sobre la mesa". Basta de buenrollismo roussoniano: el hombre es malo por naturaleza. Y, si se le da cuartelillo, mata. Hay que huir de Rousseau como de la peste. No para ir a Hobbes, sino para ir a Spinoza, que es Hobbes más democracia. O, lo que es lo mismo, democracia menos risitas.

13.6.09

Corrección del corrector

Lo que escribí la semana pasada sobre el 11-M no me dejó satisfecho ("¡son sólo pespuntes!", me recriminó Curro, con razón); pero al menos vale como atisbo de la complejidad de lo que sucedió entonces: la poza de infamias cruzadas que se acopló sobre la masacre. No es nada nuevo, por lo demás, ni soy el primero que lo dice: por fortuna, junto con las respectivas visiones sectarias, que son las que han abundado, ha persistido un hilillo de sensatez, nutrido por las reflexiones de los observadores imparciales, o que al menos han intentado serlo. Yo pensaba que una novela como El corrector, de Ricardo Menéndez Salmón, escrita con distancia y supongo que con un propósito de amplitud de miras, estaría en este último grupo. Me equivoqué. El corrector es una obra obtusamente parcial, tendenciosa, manipuladora. Como su tema central es justo ése —la parcialidad, la tendenciosidad, la manipulación—, constituye en sí misma un espectacular equívoco: es un ejemplo flagrante de lo que denuncia. Pese a ello, aún le quedaba una oportunidad artística: la de ser deliberadamente un artefacto autorrefutante, concebido para dejar en evidencia al lector. Algo que, por cierto, posibilitaban las citas de Thomas Bernhard que abren y cierran el volumen. Pero las declaraciones de Salmón, en las que ha hecho suyo el discurso político del narrador de su novela, han desbaratado tal salida. El corrector sigue siendo un artefacto autorrefutante: pero con Salmón dentro.

Me sorprende que esté pasando por ser una novela valiente. A mí me ha parecido cobarde y adocenada: cobarde por adocenada. Es decir, creo que es cobarde no porque el autor haya carecido de valor, sino porque ha sido incapaz de mirar la realidad con limpieza y con hondura. Su libro se ajusta, con docilidad pasmosa, a una de las dos versiones ya catalogadas: exactamente, a la del Gobierno actual. Esto no le impide emitir frases tan campanudas como: "Un gran libro es siempre una mala noticia para el poder". (Por supuesto, el poder son los otros.) Las consideraciones generales que contiene el libro no están mal, sobre todo las referidas a la literatura y al amor. Pecan de cierto engolamiento para mi gusto, pero tienen dignidad artística. Ahora bien, las concreciones políticas son infectas. Para empezar, los asesinos apenas aparecen, y cuando lo hacen es de un modo muy difuso. El gran malo de la historia, el gran culpable, es Aznar (lo que regocijó a Rioyo). A los socialistas, ni se les menciona: no aparece ninguno en la novela. Tampoco se dice (incomprensiblemente) que los atentados ocurrieron tres días antes de las elecciones. Y hay un momento particularmente abyecto, en el que el narrador confiesa sentir "alivio" de que la causante no haya sido ETA. El relato del corrector flota en un estólido magma de irrealidad, prejuicios ideológicos, sufrimiento falso (vanidoso, estético) y autocomplacencia moral. Sin duda, hay que leer El corrector: es una de esas obras (escasean, no se crean) que resultan instructivas por lo malo.

12.6.09

Pentalogía autobiográfica

He aquí una de esas cosas absurdas, yo diría que patéticas, que tienen los editores. En este caso Herralde, el de Anagrama. Reúne en un volumen precioso la pentalogía autobiográfica de Thomas Bernhard, que es, en términos absolutos, lo mejor de Thomas Bernhard (su obra más perfecta es Corrección, la más divertida y salvaje Tala; pero la pentalogía autobiográfica las supera —en quíntuple salto mortal/vital); y, en vez de ponerle ese título con empaque, Pentalogía autobiográfica, va y le encasqueta el igualador y achicador de Relatos autobiográficos. En fin. Si me lo compro (¡me lo terminaré comprando!), le pondré encima una pegatina con lo de Pentalogía autobiográfica. O quizá, para que vaya en letras de molde, le endose una de esas abyectas y repulsivas advertencias que traen las cajas de puritos: Fumar obstruye las arterias y provoca cardiopatías y accidentes cerebrovasculares, o, en plan más cachondón, Fumar reduce la calidad de su esperma. Sí, le pegaré esta última. Cualquier cosa antes que ese Relatos autobiográficos incomprensible, monigotesco y, en fin de cuentas, antibernhardiano.

11.6.09

Sangre con burbujas

¡Ah, qué alivio sería tener una mente anglosajona! Sigo con los capítulos de A dos metros bajo tierra (tras una ligera crisis inicial, me ha terminado enganchando la serie) y me seduce esa filosofía práctica, la facilidad para concretar, argumentadamente, las situaciones vitales. Es un modo de pensar directo, sin erudición (o sin que la erudición se interponga), y volviendo una y otra vez a lo esencial, o a lo inmediato: como los primeros filósofos. Uno ve trampas, se sonríe ante ciertas ingenuidades, detecta cárceles que los personajes quizá no atisban: pero el caso es que el discurso de cada uno se roza con su vida, con la sustancia de su vida; está atado y no se escapa. Es un lenguaje ejercitándose con limpieza. Libre de ese peso europeo (continental) que tan bien expresó Baudelaire en sus poemas sobre el brumoso spleen: "Albergo más recuerdos que si tuviera siglos...". Ahora encuentro una vez más ese tono en el librito que me compré ayer: Las razones del amor, de Harry G. Frankfurt; autor del que ya nos ocupamos aquí a propósito de Sobre la verdad y On Bullshit. Habla del amor, pero sin romanticismo, sin agonía: es sólo la electricidad de nuestro apego al mundo. La del enamorado es una sangre con burbujas. Lo universaliza no ciñéndose al amor de pareja, sino a todos los amores: el amor de padres e hijos, el amor a un país, el amor a un oficio o una tarea; y, como fundamento moral, el amor a uno mismo. En este punto menciona a Spinoza, como hacía Savater en su Ética como amor propio. Spinoza. No hay que alejarse demasiado de Spinoza. Lo mejor de la mentalidad anglosajona está también en Spinoza.

8.6.09

Turbulencias en aire claro



La poesía, ya lo sabemos, viene incrustada en los textos de prosa. De este resumen de prensa sobre el accidente del Airbus que volaba de Río a París (¡el viaje perfecto!) puede entresacarse esta perlita:

Turbulencias en aire claro
son
las turbulencias propias
de alturas muy elevadas.

6.6.09

Busquen el limón

Daba melancolía pensar que David Carradine tuvo un suicidio melancólico en un cuarto de hotel de Bangkok. Saber que se ha tratado de un "accidente sexual" nos alivia y nos salva. Precisamente acababa de ver yo un episodio de A dos metros bajo tierra (el séptimo de la segunda temporada) que empieza con una muerte similar. El personaje, un ejecutivo, mete el cuello en un cinturón atado a un aparato de gimnasia, pone una película porno y empieza a masturbarse. Antes, se había colocado en la boca una rodaja de limón, que en el curso del pajote se le cae. Luego nos enteramos de que eso fue fatal: cuando le llega la asfixia orgásmica, el sujeto debe morder el limón para volver en sí. Por eso le recomiendo a la policía tailandesa (y espero que no se ofendan sus oídos orientales): ¡busquen el limón!

También me he quedado pensando en qué accidente sexual podría acabar con mi vida. Tras un repaso pormenorizado, he concluido que, hoy por hoy, sólo uno: morir aplastado en un sesenta y nueve.

¡Y he evocado al Kung Fu de mi infancia, por supuesto! ¿Cómo no? Aquellos planos polvorientos, de seres solitarios y (¡sí!) melancólicos... En la barbería del barrio, puesto que el barbero más joven le llamaba al mayor "maestro", mi padre y yo nos referíamos a él como "el pequeño saltamontes"; volvíamos a casa y mi madre nos preguntaba "¿hoy quién os ha pelado, el maestro o el pequeño saltamontes?". Sí, Kung Fu vagando, forastero perpetuo (aquella palabra: forastero); y los extraños recuerdos de su juventud shaolín. En un capítulo (supongo que el primero, donde recibe el apodo) van por el campo y el maestro le pide que se detenga. "Vas a pisar un saltamontes". Kung Fu mira y, en efecto, había un saltamontes.
.....—Maestro, ¿cómo lo sabía, si no puede verlo?
.....—Lo he oído.
.....—Pero maestro, ¿cómo ha podido oírlo?
.....—Y tú, ¿cómo has podido no oírlo?
Oh sí, la policía tailandesa tiene que encontrar un limón. No puede no encontrar un limón. Señores agentes de la policía tailandesa: David Carradine no quiso suicidarse; ¿cómo pueden no ver el limón?

[P.S. (11-VI).— Una expresión más jugosa aún que "accidente sexual": "accidente masturbatorio".]