12.9.20

Jot Down 32

Ha salido el nuevo Jot Down en papel, núm. 32, especial Decadencia. Incluye una (¡preciada!) entrevista a Iñaki Uriarte. En cuanto a mi colaboración, se titula "El pecador nietzscheano" y empieza así:
Todo iba demasiado rápido. Me aficioné a la revista Estetas y decadentes. Poco después me soltó un amigo al que me acababan de presentar –era nuestra primera conversación–: “Estoy hasta los huevos de estetas y decadentes”. Eran los ochenta. Él tenía dieciocho años y yo diecinueve. Yo había escrito un poemita que terminaba con estos dos versos: “Soy un anciano / de diecinueve años invividos”. Pero la frase de mi nuevo amigo me hizo estar también hasta los huevos de estetas y decadentes.

10.9.20

Cuestionario Proust (2020)

Los principales rasgos de mi carácter
Diré el que los resume todos: la improductividad.

La cualidad que prefiero en un hombre
Que se sepa distanciar de su máscara.

La cualidad que prefiero en una mujer
Que sea ella.

Lo que más aprecio de mis amigos
La cortés intermitencia.

Mi principal defecto
El aplazamiento infinito.

Mi ocupación favorita
Últimamente leer (supongo que para no escribir).

Mi sueño de felicidad
¡Ay!

Lo que para mí sería la mayor desgracia
Seguir así.

Quién me gustaría ser
El que me gustaría ser.

Dónde me gustaría vivir
Siempre me ha gustado vivir entre Málaga y Madrid. Ahora vivo solo en Málaga.

Mi color preferido
Dos: el rojo y el negro.

La flor que más me gusta
El girasol.

Mi ave favorita
Ahora los cormoranes (cuando los veo volar desde el mirador metafísico).

Mis autores preferidos
Tucídides, Montaigne, Cervantes, Nietzsche, Conrad, Proust, Borges, Jünger, Lispector, Bernhard.

Mis poetas favoritos
Petrarca, Aldana, Baudelaire, Dickinson, Pessoa, Apollinaire, Breton, Cernuda, Paz, Szymborska.

Mis héroes de ficción
Los galos de Astérix y los vikingos de Vicky.

Mis heroínas de ficción
Las malagueñas que follan.

Mis compositores preferidos
Bach, Schubert, Brahms, Jobim, Donato, Calcanhotto.

Mis artistas favoritos
Lorrain, Duchamp, Taro, Rohmer, Katz, Gómez Losada.

Mis héroes en la vida real
Los que consiguen follar con malagueñas.

Mis heroínas históricas
Las mujeres de Atenas.

Los nombres que más me gustan
Estos años: Torrequebrada y Aravaca.

Lo que más odio
Este coñazo.

Los personajes históricos que menos me gustan
Los populistas y los nacionalistas.

La campaña militar que más admiro
La de Proust en su lecho de muerte (durante quince años).

La reforma que más aprecio
La silenciosa.

El don de la naturaleza que me gustaría tener
El del renacer primaveral.

Cómo me gustaría morir
Tarde y bien.

El estado actual de mi espíritu
Inquieto.

Las faltas que puedo soportar
Las de puntualidad.

Mi lema
"¡Esta vez sí!"

* * *
Anteriores respuestas: 2006, 2012 y 2017.

7.9.20

Marketing

Quienes no incurrieron en indignación ante el cartel de HBO de la serie Patria se han acomodado, para justificar su flema, en la explicación de que solo es marketing. El propio Fernando Aramburu lo ha dicho, aunque poniendo “márquetin”, que para eso es escritor: “Atribuyo el cartel a una estrategia de márquetin que no comparto”.

No la comparte, pero en la comprensión hay una cierta justificación. Es interesante cómo lo que tiene que ver con el comercio, con el dinero, tiende a justificarse por sí mismo: es una estación final de los razonamientos. “Ah, si es marketing entonces ya no hay nada más que decir”. Se cierra así, con la explicación, una línea que podría resultar fecunda.

Evidentemente, el cartel de HBO es marketing, puro marketing. Un marketing exitoso (su éxito ha llegado hasta esta culumna), aunque no por ello menos abyecto y repulsivo. La inicua simetría que establece entre los asesinados por ETA y los torturados por las fuerzas policiales es su estrategia de venta. La yuxtaposición de los dos fotogramas insinúa una sintáxis: lo uno conduce a lo otro. Y postula un equilibrio: ambas violencias se sostienen.

Podría servir también como estrategia de venta o de justificación tanto para los policías que torturaban como para los terroristas que asesinaban: “hacíamos lo de este fotograma porque estaba lo del otro”. Los comerciales de la HBO, pues, además de vender la serie, les habrían dispensado su marketing a terroristas y a torturadores. Un marketing aún más abyecto y repulsivo.

Encuetro en las memorias de Fernando Savater, Mira por dónde (2003), estas reflexiones sobre la impresión que produciría leer la prensa de finales de los ochenta: “basta con que el firmante del artículo sea semiprogre o seminacionalista y ya resulta imposible determinar claramente cuál es el grupo terrorista, si ETA o la Guardia Civil. Otros, en cambio, se entregaban patrióticamente a la apología apenas encubierta de la tortura ‘por la buena causa’ y del asesinato paramilitar, ‘para que prueben su propia medicina’. Se diría que todo el mundo confiaba en los crímenes y casi nadie en las instituciones democráticas...”.

Precisamente de la conculcación de la democracia por parte de ETA en los pueblos en que dominaba (y por extensión en el País Vasco) es de lo que trata la novela de Aramburu. El marketing de ETA, en cambio, se empeñaba (como siguen haciendo sus herederos) en lo contrario: es la España nacida de la Constitución de 1978 la que no es democrática. La miseria del cartel de HBO está en que suscribe exactamente este marketing.

* * *
En El Español.

2.9.20

Suplemento de bicicletas

Este año me he desentendido del ciclismo. Solo he visto, por avisos sueltos, algunas etapas menores. La primera creo que fue de la Vuelta a Burgos. Qué subidón volver a ver a los ciclistas, tras estos tortuosos meses. Había bastante público en las carreteras y en los pueblos: todos con mascarillas, que no contenían el entusiasmo. Me pareció un precioso ejercicio de resurrección; algo así como la respiración artificial. Cada aplauso apuntalaba un trozo de la vida anterior.

Y de pronto el Tour, la formidable locomotora. Llega en las fechas de la Vuelta y el efecto es el que tenía la Vuelta antes, cuando empezaba en abril: una irrupción arrasadora, que tiraba de las tres semanas siguientes.

Recuerdo que cuando aún no era aficionado y no sabía qué día empezaba la Vuelta, ni estaba al tanto de las vueltas pequeñas ni las clásicas, llegaba un momento en que el televisor se llenaba de bicicletas; y también, por contagio, la calle. En aquel tiempo la televisión se derramaba fácilmente en la calle: después de Tambores lejanos salíamos haciendo el semínola, y después de El luchador manco el karateca. Al ver a los ciclistas en la tele, nos acordábamos de nuestras bicis. O bien montábamos carreras de chapas.

Veo ahora la cuarta etapa, la primera con final en subida. El pelotón discurre por un valle con luz inusual para el Tour: no la intensidad abrasadora de julio, sino una nitidez líquida, languideciente. Son emociones nuevas, de orden cromático.

Ya empiezan a subir. No sé si es por sugestión, pero también veo las sombras de los ciclistas más alargadas que nunca: pedalean notablemente duplicados. El sol se tiende en la cuesta, como para que asciendan por su miel doliente. Hay competición, uno arranca y gana. Pero también ahora priman los aspectos plásticos.

Comienza una temporada político-periodística que se presume salvaje. Se exige pelea en un momento en que lo que menos me apetece es pelear. Hay acopio artillero, básicamente para usarlo entre ruinas. En tal ambiente, qué alivio este suplemento de bicicletas. Cuando todo se derrumba, ahí están los ciclistas: elevándose y elevándonos.

* * *
En The Objective.

31.8.20

Región luciente

Leí el último día de playa, en mi toalla amarilla, el capítulo de Pisando ceniza que Manuel Arroyo-Stephens dedica a José Bergamín y me acordé de cuando leí los aforismos de este en otro día de playa de mis dieciocho años. Toda la vida en medio, entre dos tumbadas en la arena. Temprano aprendizaje el de aquel verano de 1984: “¿Para qué saber a qué carta quedarte, si de todos modos no te vas a quedar?”, escribió en El cohete y la estrella Bergamín. El final de agosto es propicio a la melancolía. De pronto se acabó, con su sol y su tiempo limpio.

El editor y escritor Arroyo ha sido una de sus bajas. Una semana antes de su muerte por cáncer se desató un incendio en los alrededores de El Escorial, donde tenía su casa (“una biblioteca en mitad del bosque”), y se quiso quedar dentro. El fuego finalmente no llegó. La enfermedad culminó su trabajo. Pisando ceniza lo leí cuando lo publicó Turner en 2015 y me pareció una obra maestra, como a Félix de Azúa, Arcadi Espada o Andrés Trapiello. Al releerlo ahora me ha impresionado el tema acuciante de la muerte. Y lo importante que era para Arroyo el acompañamiento a los muertos. Él murió acompañado, bien acompañado. (Como no han podido hacerlo tantos en estos meses del virus.)

Él también acompañó. El capítulo sobre Bergamín, “Región luciente” (tomado de la oda al cielo de Fray Luis de León), es la historia de su acompañamiento al poeta desde que regresó de su segundo exilio hasta que murió en 1983. Emociona su servicio al anciano que se ha quedado solo, peleado con casi todo el mundo, por disconformidad con las circunstancias históricas, por su carácter indócil.

La entereza de Bergamín causa admiración; su fidelidad a la república, su empecinamiento antiborbónico. Aunque la trampa de su oposición a lo que al fin y al cabo era una democracia se ve en la alternativa que tuvo que buscar: su acercamiento al mundo abertzale, ETA incluida. Supongo que a él le regocijaba la paradoja: alguien tan español pasando por antiespañol. Como escribió Fernando Savater en su despedida (“Bergamín levanta el vuelo”): “Es la única persona que he conocido a la que se le podía hacer rabiar con solo darle la razón. O le contradecías tú, o se contradecía él”.

Arroyo le da vida con su escritura natural, precisa. Como le ha dado vida a Arroyo, después de muerto, su amiga y editora Pilar Álvarez: “Adoraba a sus hijas, Trilce y Elisa, rodeó su casa de El Escorial de fuentes japonesas por el placer de que todos los pajaritos de la sierra fueran allí a bañarse por las tardes y nunca permitió que una mujer, amiga, novia o editora pagara un café ni se sirviera agua en la mesa ni abriera la puerta del coche”.

Arroyo ha muerto con setenta y cinco años. Bergamín murió con ochenta y siete. Había escrito mucho de la muerte, pero cuando le llegaba la hora se sorprendió: “¡Qué agonía más espantosa! Esto sí que no me lo esperaba. Esta agonía tan larga, tan espantosa. No me lo esperaba”. Al final muere, algo que todo el mundo termina haciendo bien. Arroyo concluye: “Solía decir que no se moría porque no tenía donde caerse muerto, y que no creía en la resurrección de la carne, porque él solo tenía huesos. Ya no tenía ni una cosa ni otra, era puro verso y memoria”. A mí todo esto me ha dejado encendido. Pisando brasas.

* * *
En El Español.

25.8.20

Entrevista: "En democracia, el derecho de autodeterminación no tiene sentido"

Por Óscar Benítez

Procedente del mundo televisivo, José Antonio Montano (Málaga, 1966), es conocido en la actualidad por sus columnas en cabeceras como Jot Down, El Español y The Objective, así como por las irreverentes reflexiones que suele desgranar en su cuenta de Twitter. El Liberal ha charlado con él sobre asuntos tales como la destitución de Álvarez de Toledo, la marcha del Rey Emérito al extranjero o la gestión de Sánchez de la pandemia, al que Montano considera «el peor presidente para la peor crisis».

La destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP ha sido interpretada por medios como El País como un giro a la moderación por parte de Casado. ¿Es una interpretación correcta?
Es una interpretación correcta de acuerdo con la caricatura vigente: esa que dice que el reaccionario nacionalismo es progresista y el progresista antinacionalismo es reaccionario. Una caricatura en cuya autoría ha participado notablemente El País (con la excepción, por cierto, de sus mejores articulistas: Fernando Savater, Félix de Azúa y Daniel Gascón). Que un periódico que apoya al gobierno Sánchez-Iglesias hable de “moderación” es de risa. Por otra parte, me parece que Cayetana Álvarez de Toledo no era una buena portavoz: era demasiado superior a su partido (y me temo que al electorado español). Creo que en política ella solo podría ser lideresa o nada.

Recientemente, Íñigo Errejón ha reivindicado el escrache como «forma de protesta puntual que visibiliza una problemática social» al tiempo que condenaba el «acoso» y «persecución ideológica» que sufren Pablo Iglesias e Irene Montero. ¿Es una actitud coherente?
Claro que es coherente. Para Errejón es una pura herramienta ideológica, y por lo tanto es buena si la aplican los suyos y mala si se la aplican a los suyos. No está en el “qué”, sino en el “quién” y “a quién”. En el embrutecido ámbito civil que propone hay buenos y malos, que además no lo son según lo que hagan, sino según la ideología que profesen. Errejón es un necio que no ha aprendido nada de la historia. Esto vale también para Monedero y los Iglesias.

En el periodo 2017-2019, la inversión extranjera en Cataluña cayó un 83% respecto al trienio anterior. ¿Por qué datos como éste no parecen hacer mella en el electorado nacionalista?
Porque el nacionalista, para ser nacionalista, ya tuvo que prescindir previamente de la realidad. Todo lo que esta haga a continuación es, como quien dice, un llover sobre mojado. Aun así, nos quedaba la duda de si la fe de los nacionalistas catalanes se retraería ante las pruebas más crudas de la realidad. Pero ya hemos visto que no: era una fe sólida. Son unos buenos nacionalistas, y como buenos nacionalistas hundirán a su “nación”.

Por otro lado, parte del separatismo, con Puigdemont a la cabeza, ha aprovechado el aniversario de los atentados en las Ramblas para alimentar teorías conspirativas semejantes a las que prosperaron tras el 11M. ¿Le sorprende?
Es lo mismo que lo anterior. Lo bueno, para mí, es que siempre me sorprende: nunca termino de acostumbrarme a la bellaquería.

Según el último CEO, el 50% de los catalanes rechaza ahora la secesión. Sin embargo, el 78,3% sigue creyendo que Cataluña tiene derecho a decidir su futuro como país en un referéndum. Pero, ¿es lícito el derecho de autodeterminación en democracia?
No creo que sea lícito. Pero sobre todo me parece absurdo. En un país democrático ese derecho no tiene sentido. La motivación, además, es sórdida: en la medida en que lo piden los ricos y se fundamenta en pulsiones oscuras, como la de extranjerizar a conciudadanos.

Los escándalos del Rey emérito han situado a la monarquía en el centro del debate. ¿Sería la republicana plurinacional que proponen algunos preferible a la actual monarquía constitucional?
En absoluto. En lo de “plurinacional” está el truco del almendruco. Yo estaría por la república, pero una república tan parecida en la práctica a nuestra monarquía constitucional que no sé si merecería la pena el trastorno. Ya he dicho muchas veces que el principal obstáculo para la república en España son nuestros republicanos vociferantes: esos que pretenden un régimen sectario, no uno para todos como el que tenemos en la actualidad. Por contra, el que sí está trabajando con solvencia en favor de la república es el rey emérito. El que haya escogido como país de retiro los Emiratos Árabes es otro importante aldabonazo.

En una ocasión, escribió que uno de los hechos más sintomáticos de la política española era el odio a Ciudadanos, al que no se le perdonaba su «antinacionalismo fundacional». ¿Qué opina del giro impuesto por Inés Arrimadas a la formación, abriéndose a pactar con el PSOE?
Lo de Arrimadas creo que ya da un poco igual. Ciudadanos es un partido póstumo. Tuvo su gran momento y lo dejó pasar. No creo que haya otro. En cualquier caso, le seguiré dando, por cortesía, tratamiento de partido todavía vivo. Esos pactos con el PSOE me parecen bien en la medida en que sean buenos para el país, es decir, que tengan amplitud de miras; y en la medida en que no respalde las majaderías en que el PSOE anda metido (que es el otro aspecto del propósito anterior). Un signo prometedor de esos pactos es el berrinche que se pillan los populistas y los nacionalistas. Berrinche que habría sido épico si Rivera no hubiese tirado a la basura la fuerza que alcanzó Ciudadanos.

Vox ha anunciado para septiembre un moción de censura a Pedro Sánchez, en un movimiento que según PP y Cs solo beneficiará al actual presidente. ¿Es así?
Por supuesto. Los dos presidentes más inanes que hemos tenido, Rajoy y Sánchez, gozaron de la inmensa fortuna de disponer de un poderoso argumento externo cuando ellos mismos carecían de argumentos. El argumento de Rajoy fue Podemos. El argumento de Sánchez es Vox. En ambos casos, el único argumento. Bueno, con el tiempo hay que reconocer que Rajoy sí que disponía de un argumento suplementario en su favor, pero esto solo podíamos saberlo después (en el grado brutal en que ya lo sabemos): no ser Sánchez.

La OMS atribuye las restricciones de viaje a España a las dudas sobre la gestión de los rebrotes por parte del Gobierno. ¿Cómo valora usted la gestión de Sánchez?
Nefasta, ¿no? Ahí están los números fúnebres, sanitarios y económicos, incontestables. Ha sido el peor presidente para la peor crisis. Cuando decretó el primer estado de alarma dispuso de un momento de adhesión general, como si la gravedad de las circunstancias lo hubiese investido de gravitas, e incluso auctoritas. Pero ese momento lo dilapidó en poquísimos días. Es un hombre que ha llegado al poder para dividir y no para unir. Si eso se suma a que no sabe nada, concluimos que solo le queda la propaganda, el Nodo. Y en eso está, con su Goebbelsito de cabecera. Pero hay una apostilla más pesimista: aunque el principal responsable es Sánchez, es el país entero el que ha fallado. España se ha revelado como un país que no funciona.

La actriz Rose McGowan ha desvelado en su cuenta de Twitter que el cineasta Alexander Payne mantuvo relaciones sexuales con ella cuando tenía 15 años, por lo que le ha exigido que se disculpe públicamente. ¿Cree que los artistas acusados de actitudes inmorales deben ser censurados o ninguneados por el público como defiende parte de la izquierda contemporánea?
¡La cultura de la cancelación! Llevo semanas intentando no escribir una columna sobre el tema, como ya han hecho todos mis colegas columnistas. Pretendía singularizarme y ser “el columnista que no ha escrito su columna sobre la cultura de la cancelación”. Y ahora va usted y me hace esta pregunta con la que me tengo que pronunciar. Bien, me pronunciaré: estoy en contra de la cultura de la cancelación. Pero sobre todo estoy en contra de que en español se utilice con ese sentido la palabra “cancelación”.

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En El Liberal.

24.8.20

La nada adornada

Las vacaciones del presidente Sánchez, “suspendidas” cuando ya estaban a punto de concluir, han tenido más que ver con el relato que con la realidad. En este sentido, han sido unas merecidas vacaciones. Porque el relato es lo que cuenta.

Hay un articulista que me tiene fascinado por la precisión de su sintonía con el Gobierno: viene escribiendo cada semana exactamente lo que este necesita. Cuando se criticaba la inacción de Sánchez, él defendía su denodado trabajo (entorpecido por “la derecha”). Este agosto, en correspondencia con aquel denodado trabajo, ha defendido sus vacaciones (entorpecidas por “la derecha”). Es una lástima que dicho articulista no se haya ido también de vacaciones, porque se las merecía como ninguno.

Lo cierto es que la acción o inacción del Gobierno ha sido nefasta: ahí están los números, los peores de Europa. Nos encontramos, sin duda, ante un monumental fracaso colectivo, puesto que ha fallado el país en todos sus niveles; pero el máximo responsable es Sánchez. Su Gobierno, sencillamente, no ha sabido.

Lo espeluznante es cómo se intenta tapar el desastre con triunfalismo. “Hemos vencido al virus”, dijo Sánchez. “Salimos más fuertes”, sigue diciendo la cartelería gubernamental. Sus ministros y sus parlamentarios lo aplauden. Como la realidad va a ser cada vez peor, me temo que va a ser cada vez mayor la cobertura entusiasta. Hay que tapar que Sánchez está desnudo, que no es nada. Hay que tapar su nada con ‘Nodo’.

Sánchez no sabe nada, es solo un tecnócrata del poder (y hasta esto necesita que se lo hagan). Lo llamativo es cómo adorna esa nada, su impostación. Ahora que sabemos que el comité científico de que habló en pleno estado de alarma no existía, podemos recrearnos en sus fabulaciones. Dijo, por ejemplo: “En las reuniones del comité científico, que se reúne una vez a la semana y en el que yo tengo el honor de poder participar y escuchar a gente que sabe mucho de estos temas, y por tanto también aprendo, porque lógicamente esta no es mi formación, la de la ciencia y la epidemiología...”.

He limado las redundancias y titubeos de las declaraciones literales, tremendamente delatoras, pero ahí está todo: el honor de participar en un comité que no existe y de escuchar a gente que sabe mucho que no existe; gente de la que, por supuesto, aprende mucho, no se sabe si pese a su inexistencia o debido a ella. En todo caso, fue un aprendizaje a su medida.

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En El Español.

19.8.20

El triunfo de la caricatura

La política española vive en estado de irrealidad, una de cuyas manifestaciones es la autonomía de ciertas caricaturas. Su origen se reparte entre el partidismo, la rentabilidad y la pereza. Y se desarrolla así: un comentarista crea una caricatura, y a partir de ese momento opera con ella y solo con ella. No solo al margen, sino en contra de la realidad.

Lo volvemos a ver ahora con la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP. Aquellos que la metían en el saco extremista de Vox dicen ahora que se irá a Vox. Ignoran que nadie en el PP ha criticado más a Vox que ella. Pero crearon su caricatura sobre esa ignorancia (deliberada) y de la caricatura ya no salen.

Técnicamente es una automamada ideológica. El comentarista (pongamos que Gerardín Tecé) se lo inventa y luego se chupa lo que se inventa. Lo más grimoso es cuando se corre. Esa autosatisfacción.

No es la de Álvarez de Toledo la única caricatura que circula, pero es muy significativa. Al cabo, es la expresión particular de una caricatura general: la de que toda contestación al nacionalismo es “facha”. O sea, la caricatura de que lo verdaderamente progresista es lo reaccionario en este país. Y viceversa: es una caricatura con dos sentidos; siendo el primero la coartada del segundo. El resultado es la impunidad con que en este país se puede ser verdaderamente reaccionario. Con un efecto sociológico apabullante: en ningún sitio hay tantos fascistas percibiéndose a sí mismos como antifascistas.

Esta caricatura era anterior al surgimiento de Vox. Surgimiento que, a un tiempo, la desenmascaró y la consolidó.

La desenmascaró porque el énfasis ante Vox probaba que hasta entonces habían estado operando con una caricatura y lo sabían: si ya acusaban de facha 'antes', ¿a qué venía el énfasis 'ahora'? (Se podría pensar que porque se les daba la razón, pero era justo lo contrario.)

Y la consolidó porque, por supuesto, siguieron con ella: no era fácil renunciar a semejante bicoca. Ser reaccionario y pasar por progresista debe de producir un gusto enorme, además de tener incontables ventajas.

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En The Objective.

17.8.20

Nuestros antepasados

He escrito alguna vez (me repito, pero la realidad se repite y no quiero tener menos armas) que el gran logro de Zapatero fue volver a meternos en nuestra historia, de la que por fin nos estábamos escapando. Éramos españoles descarriados y nos recondujo. Esto ha supuesto un fastidio tremendo, a cambio de una ganancia impagable: hemos restablecido el hilo con la tradición española.

Nuestros antepasados, que durante la Transición nos parecían unos seres extrañísimos, unos inútiles incomprensibles a los que les aplicábamos una mirada antropológica, se han vuelto nítidos de pronto. Venimos de ellos y somos ellos: volvemos a ser ellos. La desastrosa historia que hicieron es la que estamos volviendo a hacer.

Lo raro fue la Transición. Pero tuvo tanto éxito que nos precipitamos a decretar el fin de la historia de España, como Fukuyamas castizos. El famoso pronóstico de Gil de Biedma (“de todas las historias de la Historia, / la más triste sin duda es la de España, / porque termina mal”) nos parecía entrañable por equivocado. Habíamos logrado milagrosamente darle esquinazo a nuestro destino.

Era, lo vemos ahora, una ficción. Historiadores como Fusi habían creído en el final feliz, y por eso se sintieron descolocados cuando empezó a incumplirse. Otro de mis clásicos es citar lo que Fusi escribió de Zapatero en su Historia mínima de España (Turner, 2012), pero es que es fabuloso que el expresidente haya entrado en los libros de historia como el responsable de “la ruptura de consensos básicos vigentes, tácita o explícitamente, desde la Transición”. Tarea que han proseguido Podemos, Vox y Sánchez.

La contrapartida, como digo, es que ahora entendemos por qué hubo guerra civil, por qué la historia de España ha sido la que ha sido: es exactamente la que estamos viviendo, con esta descomposición en plena pandemia. En la cuarentena algunos se pusieron con los Episodios nacionales de Galdós para leer sobre la España actual. Yo acabo de terminar la excelente biografía de Valle-Inclán escrita por Alberca (Tusquets) y qué agobio de país (agobio, por cierto, que no remite cuando hay república).

Naturalmente, si todo se ha descosido es porque estuvo mal cosido. Pero habrá que admitir el mérito que tuvo coser aquello, que es esto que ahora se nos descose... Por lo demás, los que conocimos la dulzura de vivir la brecha con nuestros antepasados no podemos dejar de mirar a los españoles que hoy vuelven a las andadas como seres póstumos. (Los otros, los muertos.)

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En El Español.

10.8.20

La parrilla

Hoy es 10 de agosto, el epicentro del verano: al menos simbólicamente. Ese día (del año 258) quemaron a San Lorenzo en la parrilla como a un asado humano, convirtiéndose así en el patrón de los futuros bañistas, que van a la playa a asarse. Quevedo lo adelantó milagrosamente en un soneto en el que aprecia el placer de la operación: “Arde Lorenzo y goza en las parrillas...”. Con el tiempo se le empezó a llamar Lorenzo al mismísimo sol, que siempre está asándose.

Yo sigo en mi veraneo costasoleño, con el mar en el ventanal prestado. Es una mascota inmensa, reconfortante. No me acostumbro a que esté siempre ahí. A veces me descuido y cuando lo veo de nuevo, por ejemplo desde el salón, me llevo una sorpresa. Son muchas a lo largo del día, como estar en ese estado poético que descubre la maravilla cotidiana. Me advino un pensamiento: hay que tener amor, pero a falta de amor hay que tener mar; solo el mar puede paliar esa falta.

Para ver a los bañistas tengo que bajar, mi ventanal da al mar pero no a la arena. Es el verano de la mascarilla, la distancia social, el hidrogel y el miedo, pero creo que se apelotonan como todos los veranos. En algunos la procesión irá por dentro, pero es desde fuera desde donde se percibe la carcasa. Más versos proféticos. Los de Octavio Paz: “Hay turistas también en esta playa, / hay la muerte en bikini y alhajada”. Los de Pere Gimferrer: “mientras en una bocanada ardiente / la muerte ocupa un puesto bajo los parasoles”.

Puede que por compensación o por venganza, noto una explosión del topless. Que lo que se lleven los gusanos sea glorioso: esta es la ética elemental de la carne. Hacía tiempo que no había tantas tetas al sol, y se merecerían más que Lorenzo que las pintase Tiziano. En el agua golpetean en ellas las olas, como en la “bunda” de la “menina preta de biquini amarelo” de Caetano Veloso (que cumplió setenta y ocho años el viernes).

Un 10 de agosto (de 1557) fue también la batalla de San Quintín, que ganó Felipe II. En honor de aquel día de San Lorenzo se construyó El Escorial, cuya primera piedra se colocó un 23 de abril (de 1563), fiesta de San Jorge y futuro Día del Libro. Lo leo en un libro apasionante, Arquitectura y magia, de René Taylor, donde se dice además que el monasterio está orientado hacia la puesta de sol del 10 de agosto. O sea, la de esta tarde: aunque la puesta la tapan las montañas.

Al pensar en esa “parrilla de granito”, me acuerdo de lo que Iñaki Uriarte (según me contó Txani Rodríguez) dijo de cierto escritor: que escribía bien pero le quedaba “poner toda la carne en el asador”. Ese puede ser un buen propósito para este día, puesto que la carne ya la tenemos y el asador también.

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En El Español.