10.4.26

Una modesta proposición para el traslado del 'Guernica' al País Vasco

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:56
 
Buenas noches. Quisiera hacer una modesta proposición, a la manera del clásico irlandés Jonathan Swift. Este utilizó la truculencia y el humor negro para la suya, que tenía que ver con el hambre en Irlanda. Yo me acogeré a los mismos rasgos para la mía, que se refiere al traslado del Guernica al País Vasco. Mi modesta proposición no contempla el cuidado de la obra. Al revés, conforme al literalismo vigente, si el lienzo antibélico sufriera daños, se completaría su mensaje. En cuanto a la historia, remito al reciente artículo de Trapiello "La verdad sobre el Guernica". Ahí se recuerda que, desde que acabó la guerra civil, las bombas han sido mayoritariamente las autóctonas de ETA, cuyo balance de muertos (incluyendo los de pistola) supera al de 1937. Inspirándome en esto y en la frase de Arzalluz "ellos sacuden el árbol y nosotros recogemos las nueces", aquí va, en fin, mi modesta proposición para el traslado del Guernica al País Vasco. Una vez allí, con los previsibles desperfectos, el cuadro se deberá colgar en el Guggenheim Bilbao (cuya directora, a propósito, es la hija de Arzalluz) bajo las siguientes condiciones, que además actualizarán la obra, puesto que le darán un aspecto de instalación, que es lo que se lleva. En el centro del lienzo ha de adherirse una txapela invertida, a modo de canasta de baloncesto, con una nuez en su interior. En el extremo izquierdo del cuadro habrá un proetarra y en el derecho un nacionalista vasco, ambos de pie y formalitos. Cada hora, cual reloj de cuco, el proetarra sacudirá la txapela hasta que caiga la nuez. Entonces, el nacionalista vasco se agachará a recogerla y la encestará de nuevo. Solo queda resaltar la circularidad sostenible del proceso, que se mantendrá ininterrumpidamente los meses que dure la exposición.

9.4.26

La turra andalucista

El pasado domingo se juntaron la Semana Santa, los toros y el PNV: ¡apoteosis de la España retrógrada! Lo más retrógrado (y español) es el PNV, que ni siquiera tiene la recompensa estética de la Semana Santa y los toros; aunque sí la religiosa de la "nación", lo que no es moco de pavo. El nacionalismo es la bicoca electoral en aquellas regiones cuyos votantes padecen la mengua de preferirlo. Hasta el punto de que los políticos de las otras procuran estimularlo o potenciarlo. Todos los partidos, en resumidas cuentas, quisieran ser el PNV.
 
Incluso en Andalucía, que es de la que me quiero ocupar en esta columna. El abrasivo ciclo que va del 28 de febrero (Día de Andalucía) hasta la Semana Santa, con el previo carnaval de Cádiz y la posterior feria de Sevilla, este 2026 intensificado además con la convocatoria de las elecciones autonómicas para el 17 de mayo, deja turulato de identidades a un andaluz descastado como yo, que prefiere escaparse a Lisboa a melancolizarse con Pessoa; aunque allí también se melancoliza fatalmente con las hordas turísticas andaluzas (y españolas), de las que en verdad no hay modo de escaparse.
 
El mejor conocedor de la política andaluza, mi amigo Carlos Mármol, sostiene que con el PP en la Junta no ha habido cambio, sino sustitución. Mármol ya le adjudicó al PSOE de Susana Díaz la imborrable acuñación de "peronismo rociero". Que a Juanma Moreno le va igualmente como un guante. Ser el PNV, ser el peronismo: eso es lo que quieren todos y todas. No hay bicoca electoral mayor.
 
Aunque me hubiese gustado un cambio en dirección al pragmatismo, la contención expresiva y la sosa Ilustración, confieso que me lo estoy pasando pipa con la pugna del PP-A y el PSOE-A por el colorido folclórico, que es en realidad lo único para lo que están capacitados. Lo único para lo que tienen nivel.
 
En este sentido, el presidente Moreno lo está clavando. Se ha adueñado del discurso andalucista del PSOE-A, con el Día de la Bandera, la ofrenda a Blas Infante, la defensa del habla andaluza (sic, ¡con el apoyo de Alejandro Rojas-Marcos!) y demás turras regionales; dejando al PSOE-A literalmente en bragas y con la sensación de que le han birlado el juguete. María Jesús Montero, con su lastre sanchista (privilegios a Cataluña incluidos), no lo va a mejorar. Por el contrario, se pronostica empeoramiento catastrófico.
 
Cuando Pedro Sánchez la designó como candidata el año pasado, ella acudió a la celebración del Día de Andalucía y allí Moreno, que es más listo que el hambre, la asesinó en directo: le dio la bienvenida y le deseó con la mejor de sus sonrisas toda la suerte del mundo. La cara de la candidata recibiendo los beneplácitos era un poema. Este año Montero ha excusado su asistencia y Moreno aprovechó para exhibirse como padrecito: ¡hasta soltó lágrimas por Adamuz!
 
De manera que Moreno tiene el campo libre (con la única amenaza de los apretaos de Vox, que pueden desactivarle la sonrisa asesina) para que el PP-A no sea solo el PNV-A, sino incluso el PRI-A. Un régimen blindado y duradero, con los del PSOE-A subiéndose eternamente por las paredes. Solo faltaría saber si Moreno tiene sucesor. Por ahora sigue siendo el tapado de sí mismo.
 
Pero en fin, para mí (¡andaluz cernudiano!) Andalucía tiene singularidades de sobra como para que deban enfatizarse con políticas o actitudes andalucistas. Mi ideal, ya que soy de aquí, es que los andaluces debemos restarnos Andalucía. A sabiendas de que, por más que nos restemos, aún nos quedará mucha, tal vez demasiada.
 
* * * 

5.4.26

Días santos en Lisboa

[Montanoscopia]  
 

1. Lunes. Pisar Lisboa. Los primeros pasos por sus adoquincitos son siempre regeneradores, como cuando uno entra por primera vez en el mar cada verano. Es volver a casa en un sentido profundo: al sitio de la felicidad. Nos alojamos en la rua das Flores. La ventana da al jardincito con la estatua de Eça de Queiroz. Después de comer conseguimos la mejor mesita del mirador de Sta. Catarina, con vistas al Tajo y al puente. Tras la puesta de sol, bajamos al río nocturno. Las pasarelas vacías de los ferrys crujen y gimen: son el canto de las sirenas lisboetas. Llegamos a las dos columnas que se abren al río-mar. Seguimos callejeando y a última hora nos tomamos una copa en el fastuoso Pavilhão Chinês. Me dice mi acompañante: "No sé qué hacemos en España". Al menos hemos huido esta Semana Santa: a procurar días santos a nuestra manera.
 
2. Martes. Nunca había vivido una primavera tan deliciosa en Lisboa: manga corta durante todo el día, sol y brisita atlántica, sin la fastidiosa lluvia intermitente de los anteriores viajes. Bebiendo en terrazas: plaza de Camões, jardín del Príncipe Real al mediodía (con música brasileña ao vivo) y al atardecer Ribeira das Naus. Visita a la Travessa, la librería de Ipanema en Lisboa, donde compro libros sobre Río de Janeiro y de poemas de Adriana Calcanhotto y Antonio Cicero. Culmina el toque brasileño con cena en Acarajé da Carol, restaurante de Bahía. Mi acompañante se pone en la muñeca una cinta de Bonfim, formulándose un deseo con cada uno de los tres nudos que le ato. Como le quedan demasiado largas las dos tiras sobrantes, le pide a la camarera baiana que se las corte. Le digo: "Perdeu dois desejos". Y la baiana, sonriendo: "Não perdeu não, ficam os três".
 
3. Miércoles. Después de tres días en Lisboa, la actualidad política española se ha esfumado. Me asomo a la prensa, pero es lo mismo: todo aparece fantasmal, ajeno; los personajes han perdido sustancia. Como tampoco sé nada de la actualidad portuguesa, renovada tras las últimas elecciones (quedan carteles pasados en las calles), la vida se presenta como una apoteosis continua de lo concreto, sin extensiones periodísticas. Hoy hemos tomado el tren para Estoril y Cascais. Iba abarrotado. Allí, con verdadero calor, ambiente de verano en las calles y las playas. Damos con una librería de viejo fabulosa: Galileu. Compro un montón de libros brasileños, entre ellos la novela que lleva uno de los mejores títulos de la literatura: O homem que matou Getúlio Vargas, de Jô Soares. En Brasil todos saben quién mató a Getúlio Vargas, porque se suicidó. En la vuelta, el sol atlántico en la cara. Adormilamiento feliz.
 
4. Jueves. Museos: el del Chiado el otro día, el Gulbenkian hoy, ambos de pintura contemporánea. Reconozco que, más que las obras, me gustan las chicas de las salas, tan formalitas y amables. Hay una sensualidad específica portuguesa, distinta de la brasileña pero también dulce. Por ejemplo, en la entonación en que dicen a veces "obrigada" (algo así como óbrigaaada). Nos tomamos un café en el jardín del Gulbenkian y luego vamos, atravesando el parque Eduardo VII, a la librería Buchholz, cerca del marqués de Pombal. Mis nuevas adquisiciones han de ser pocas y delgadas, o no me cabrán en el vuelo de vuelta. Desde la comida, en Casa da Índia, notamos la multiplicación de turistas de ayer a hoy. En Senhora do Monte está imposible acceder al barecito brasileño, casi secreto hasta hace nada. Tomarse una caipirinha con vistas a Lisboa se acabó. Por la noche, enorme luna roja.
 
5. Viernes. Para escapar de la avalancha turística cogemos el tranvía a Estrela: jardín da Estrela, basílica da Estrela. Caminamos por las calles vacías de Lapa y Pampulha. Es el tercer día de calor: parece verano. Conseguimos una mesa a la sombra en el Catch Me, el restaurante con ventanales al puente. Después atravesamos Alcântara para llegar hasta él. Me habría gustado subir, pero el ascensor sigue estropeado y mi acompañante no quiere pegarse los más de veinte pisos de escaleras. El año pasado viajé solo y lo hice. La atracción está consignada como Ponte 25 de Abril: Experiência Pilar 7. Y es una verdadera experiencia: de lo sublime. El ascenso por la estructura traqueteante hasta lo alto, con el zumbido del tráfico y el viento. Luego LX Factory y de noche caña en el bar Jobim, cena en la terraza de Príncipe Real y copas en el Pavilhão Chinês.
 
6. Sábado. Última jornada. No anoté anoche que se nos acercó el jefe y nos contó que en 1998 abrió un Pavilhão Chinês en Madrid. Tampoco anoté nuestras visitas de esta semana a Espaço Chiado, el centro comercial semiabandonado que, entre sus pocas tiendas, cuenta con varias de discos viejos. Hablamos con el dj Barbosa. Hoy, con el sol eterno de todos los días, vamos a la Feira da Ladra, el Rastro lisboeta. Al pie del Panteão afluyen los desechos portugueses, entre los que rebuscamos con fruición. Me hago con un libro más, poco y delgado: Trocar de rosa, traducciones de Eugénio de Andrade. Incluye a Luis Cernuda, delicado poeta de Lisboa: "A própria névoa ri: um riso branco no vento. / Obscuridade ou luz, ali são belezas iguais". Lo hojeo, mientras mi acompañante se demora en el mercadillo, en una mesita del jardín en declive Botto Machado, encima del río-mar.
 
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2.4.26

Bartleby: el desasimiento de la vida

La primera vez que leí Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, anoté: "Bartleby: el desasimiento de la vida". Lector de Pessoa y Cioran, asiduo al spleen de Baudelaire y a la abulia decadentista, no tanto al absurdo programático de Kafka y Beckett ni a la náusea epiléptica de Sartre, que me cargaban, acogí al oficinista del "preferiría no hacerlo" como un emblema despojado de la vida sin vida.
 
El significado último de la frase era obviamente: "preferiría no vivir"; sin por ello querer matarse. Se preferiría no estar vivo, o estar ya muerto, pero sin actuar para alcanzarlo. Así, sin el impulso suicida, siempre extremo, aparatoso (sospechoso, como supo ver Schopenhauer), se sigue en la vida sin vida. Uno se certifica como cadáver que no está muerto.
 
Bartleby hace eso: desasirse, desligarse, desatarse, desprenderse de la vida. Un hacer que es un deshacer o deshacerse; asumido más bien como fatalidad. Deambula como un fantasma. Es un santo sin iluminación. Un místico cuya ascesis es anodina y sin propósito. No busca liberarse. Simplemente constata que todo se acabó. Sin pasiones ya, sin intereses, sin excitaciones ni alteraciones. Maniquí metafísico del otro lado en este lado.
 
El personaje de Melville no se mata, pero sí se deja morir. Al "cadáver aplazado", que decía Ricardo Reis, le llega el momento del ajuste. Se lo encuentran "acurrucado de un modo extraño al pie del muro" del patio en que concluye; como el muro al que daba su ventana del escritorio.
 
El epiloguillo de las cartas no reclamadas, o "cartas muertas", con las comunicaciones y los objetos que no llegaron a sus destinatarios, expande el caso de Bartleby a una melancolía común, la melancolía (por el tiempo, la incomunicación y las pérdidas) de todos. "¡Ah, Bartleby! ¡Ah, humanidad!", son las célebres últimas palabras del relato.
 
Esta ha sido siempre mi lectura, reconozco que un tanto enclaustrada, de Bartleby, el escribiente. La que hace Daniel Gascón en Los nuevos Bartleby. Crónica de un cansancio colectivo, que ha editado Rosamerón con la obrita de Melville en el mismo volumen, tiene la virtud de abrirme la perspectiva, sin por ello hacerme abandonar la que está arraigada en mí: me la completa y enriquece. Desvía además la mirada hacia el narrador, el jefe de Bartleby, empático, justo, estupefacto, al que las circunstancias empujan a resultar igualmente cómico.
 
Con su perspicacia habitual, con su estilo recto (claro) y con su humor, Gascón recorre manifestaciones actuales que se corresponderían con el personaje de Melville. Cuando arrancaba el milenio, Enrique Vila-Matas se ocupó en Bartleby y compañía del "preferiría no hacerlo" relacionado con la escritura. Con el milenio lanzado, Gascón se ocupa (tras una primera parte literaria, muy instructiva, sobre el autor y su obra) de los Bartleby pandémicos, laborales, familiares, sentimentales, generacionales, políticos, decrecentistas, tecnológicos; sin eludir el asunto del nihilismo y el pesimismo.
 
Recoge lo que han dicho sobre Bartleby otros autores, como Deleuze, Negri, Žižek o José Luis Pardo. Me he asomado a los textos de Deleuze y Agamben y me han sonado a galimatías que preferiría no leer; junto a Žižek y Negri, proyectan en Bartleby actitudes de resistencia ideológica: con una retórica que a Bartleby abrumaría y de la que también preferiría desentenderse.
 
Vuelvo a mi Bartleby, al del desasimiento de la vida. Su existencia es, por la razón que sea (la desconocemos), ese raro impasse en que ya no hay vida pero aún hay tiempo. A Bartleby hay que reconocerle la dignidad con que lo lleva. Es casi una tauromaquia lo suyo, a lo Michel Leiris; la compostura en la nada. Por eso es un mito. 
 
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29.3.26

Entiendo su urgencia por salir

[Montanoscopia]  
 
1. La gran comedia mundial con Sánchez. Ahora es líder antitrumpista del mundo el gobernante que más se parece a Trump. Un Trump joven, guapo y con el componente que le falta a Trump para ser el Trump perfecto: el antitrumpismo. Los que hemos asistido, por ser españoles, a la génesis del equívoco estamos pasmados. ¡Cómo se forman las farsas! Naturalmente, nuestros sanchistas disfrutan con engolosinamiento esta inesperada aprobación del mundo. No es de extrañar: desde el principio estuvieron entre los comediantes. La pega es que nuestro paisito da para poco. Mucho se tiene que torcer la cosa para que no se termine convirtiendo en el payaso mundial de las bofetadas. Así fue siempre la historia de España, al fin y al cabo. Sánchez no es más que su último fantoche.  
 
2. El joven fotógrafo de Europa Press con nombre de poeta, César Vallejo, colocó en las principales portadas de la prensa española su foto del Congreso en que salen del hemiciclo María Jesús Montero y Carlos Cuerpo, en su relevo vicepresidencial, con Bolaños y The Puentete detrás de ellos, más una señora despeinada que no conozco. La foto podría titularse perfectamente Freaks (o La parada de los monstruos), por la película de Tod Browning. La cámara también pudo haberla manejado Goya: es La familia de Carlos IV del sanchismo.  
 
3. Para mí hay tres tipos de tertulianos: 1) aquellos por los que me quedo; 2) aquellos que dependen de quienes les acompañen para que me quede o no; y 3) aquellos por los que, en cuanto oigo su nombre, me lanzo en plancha a apagar el transistor, les acompañen quienes les acompañen.  
 
4. Curiosamente, en el libro Tertulianos, de Antonio Villarreal (Península), que presentaremos en Málaga el 17 de abril, se dice que las tertulias están compuestas por "tres tercios": el primero serían los elegidos libremente por el director de la tertulia; el segundo, los impuestos por la empresa o corporación; el tercero, los impuestos por los partidos. Esta división se correspondería más o menos con la de mi punto anterior; con la salvedad de que algunos de mi tipo 3 son los corporativos.  
 
5. Al terminar de leer En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Anagrama), logro formularme algo que venía acariciando mentalmente desde hacía mucho: los novelistas actuales procuran en sus novelas una virtud política que arruina (cuando no aborta) todas las demás posibles virtudes. Es tal el empeño por ser virtuosos ideológicamente, que sus libros nacen muertos, embalsamados. La ideología es hoy el agujero negro de la literatura; o la sombra que la aplasta: su mortaja siniestra. Su teología. 
 
6. Hace unos años pusieron en la radio tres canciones del Gino Paoli crepuscular. Me tocaron porque eran un homenaje a la vida vivida, que ya no volverá pero que allí sigue, degustable en la memoria. La manera de cantar de Paoli, con la voz envejecida, como dejándose, abandonándose, acariciando desganadamente las palabras, apuntándolas tan solo, era otro ejemplo del estilo tardío. Tenía algo proustiano: la intensidad vital estaba allí, pero alejada en el tiempo. Transmitía agradecimiento, nostalgia y aceptación. Eran canciones del pasado cantadas como del pasado. Ahora que Paoli se ha muerto, me las he vuelto a poner: Sapore di sale, Che cosa c'é, Senza fine.  
 
7. Esta vida gloriosa que para algunos, incluso muchos, puede ser una estafa. Así para la pobre Noelia Castillo. Todo fue mal y malo con ella, sin que ella tuviera la culpa. Entiendo su urgencia por salir. Lo de aquí (con todos nosotros dentro, incluidísimos sus aprovechados defensores) para ella era peor. 
 
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27.3.26

Shakespeare: ser o no ser un piernas

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:14
 
Buenas noches. Mi trayectoria como opinador ultramontano ha sido osada. Llamé "piernas" a Kafka y a Tolstói. Dije que los hermanos Machado son los hermanos Calatrava de la poesía. Antes, que Nabokov no es más que un crucigramero: el Ocón de Oro de la literatura. Que Faulkner es un Marcial Lafuente Estefanía con subordinadas. Que García Márquez es Antonio Gala con gallinazos. Y pregunté quién demonios había metido en el canon a Chejov. Pero una última cobardía me atenazaba: no me atrevía a meterme con William Shakespeare, quizá un gigante demasiado poderoso para mis bromitas. Pero nuestro querido Javier Gomá me abrió el camino hace unas semanas en La Brújula, cuando se atrevió a ponerle reparos al cisne de Avon. En efecto, Shakespeare está sobrevalorado. Es retórico, desordenado, efectista. Sus obras tienen más trucos que Juan Tamariz, pero además son un peñazo. Romeo y Julieta es un anuncio de perfume. Macbeth es una escabechina sin sentido, como un spaghetti western. El sueño de una noche de verano es como los Morancos de Triana disfrazándose para el carnaval. Otelo es una historia vulgar de celos, como los de Shakira por Piqué. La fierecilla domada es el discurso sobre el "hombre blandengue" del Fary. Antonio y Cleopatra es una mala canción de Pimpinela. Lo de "pero Bruto es un hombre honrado" (de Julio César) es como una frase de la política española. Y lo de "mi reino por un caballo" (de Ricardo III) no es más que la historia del actual rey Carlos de Inglaterra, que obtuvo el reino y además el caballo. En cuanto a su obra más célebre, Hamlet, está claro el dilema que a Shakespeare le preocupaba de verdad, porque eso es lo que se sentía en el fondo: "Ser o no ser un piernas". He ahí la cuestión.

26.3.26

Almodóvar y la vida abstracta

En la misma semana he visto Torrente Presidente y Amarga Navidad, y las dos me han encantado. ¡Soy el cinéfilo transversal de pronto! Naturalmente, no me lo he propuesto: se ha dado así. Con Carlos Boyero comparto el estilo de crítica, que es lo que yo llamo "crítica de alcance": me llega/no me llega. Aunque a mí me llegan cosas que a él no, como la película de Pedro Almodóvar. De la de Santiago Segura ya me ocupé aquí. De Amarga Navidad me dispongo a hacerlo ahora.

Con Almodóvar me pasa que me gusta asomarme a su mundo. Por eso soy almodovariano. Cada película me puede gustar más o menos, pero (salvo en casos catastróficos como Los amantes pasajeros o La mala educación) siempre la disfruto. Amarga Navidad no es de las mejores, ni tampoco de las peores. Estaría en la franja intermedia, pero con una virtud: su singularidad. Es una obra de lo que se ha dado en llamar estilo tardío: crepuscular, imperfecta, pero con encanto (un pelín rugoso) y con honduras sutiles. De una autoconciencia no demasiado agónica, algo complaciente: sabia.

En Amarga Navidad, Almodóvar juega un poco consigo mismo, con el almodovarismo. Es a un tiempo autocrítica y autoexcusa. Y autoanálisis, un tanto melodramático pero en el fondo guasón. El personaje director Sbaraglia, trasunto del director Almodóvar, escribe sin inspiración y su guión no inspirado es lo que vemos en la subpelícula de la película. Contiene torpezas, como esas dos canciones casi seguidas de Chavela Vargas, o la emotividad instantánea que provocan. El espectador listillo, Boyero de sí mismo, pensará que ha cazado a Almodóvar. Pero es Almodóvar (como vemos en el tramo final) el que lo ha cazado a él.

Increíblemente, algún crítico catedrático dice que, como no le estaba saliendo la película, Almodóvar le añade la justificación como un pegote. ¡Cráneo privilegiado! Por el contrario, el guión es tan férreo que incluye su aparente sabotaje. Pero no está hecha la miel cinéfila para la boca del catedrático cinéfilo.

El asunto con Almodóvar es que desde hace ya muchas películas no transmite la vida, como en la fase inicial de su carrera, sino la abstracción de la vida. Dejó la calle y el contacto con la gente, vive aislado y sus historias son ya solo sobre la vida abstracta. Pero esta estilización, este despojamiento, a mí me gusta también. Hay una concentración artística. La artificiosidad no elude lo elemental, sino que lo intensifica: la enfermedad, el dolor, la pérdida. Lo que es común a toda vida, sin costumbrismos (salvo los apuntes con fines cómicos) que distraigan la mirada.

En el autor aislado, junto con los universales de la existencia (el paso del tiempo y el don de cada instante, la sensibilidad, la ocasional pasión, los rencores, el envejecimiento, la muerte), está en primer plano la épica (o el naufragio) de la escritura. Por eso es natural que se ocupe de ella. Y que incurra en la vampirización de las vidas ajenas para su obra. Todo esto está en Amarga Navidad, logradísimo. Pero a los pejigueras de la cinefilia se les suele escapar lo importante.

No puedo terminar sin hablar de los actores: sensacionales Aitana Sánchez-Gijón y Quim Gutiérrez, bien Patrick Criado, Vicky (¡me niego a decir Victoria!) Luengo, Milena Smit y Leonardo Sbaraglia. ¡Y extraordinaria Bárbara Lennie! ¡Más guapa que nunca! ¡Esa sonrisa o semisonrisa! ¡Ese estar y moverse! ¡Esa mirada! ¡La ficción de una ficción y ella tan maravillosa, la tía! Pasaban las horas desde que salí de Amarga Navidad y no se me quitaba de los ojos. Aún no se me ha quitado.

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22.3.26

Una inesperada ventaja de ser de izquierda

[Montanoscopia]  
 
1. Los griegos no podían imaginar que, muchos siglos después, los persas encontrarían sus propias Termópilas: el estrecho de Ormuz.  
 
2. Una inesperada ventaja de ser de izquierda: no estar metido en la agonía del debate sobre la derecha. Y como soy un izquierdista ilustrado, defensor ante todo de la democracia formal, tampoco me toca la de la actual izquierda: esa majadera que ve en el reaccionario (por independentista) Rufián un camarada.  
 
3. Quienes alguna vez pensamos que Cataluña era una vía para la europeización de España, vamos de refutación en refutación desde hace décadas. Lo último ha sido el ultracateto espectáculo de Laporta bailoteando tras haber sido abrazado frente con frente por el ministro Urtasun y haber llevado de la mano hasta las urnas del Barça al corrupto Pujol. Una sociedad enferma; que, desde luego, ha contagiado su enfermedad al resto de España, catalanizada ya hasta las heces. Al final por Cataluña no salió a Europa, sino que se despeñó en sí misma. 
 
4. "El comodín de ETA", te sueltan en cuanto les recuerdas el pasado criminal a los que hoy se ponen campanudos. Estas críticas que hacemos están más que justificadas. El verdadero comodín, que intenta neutralizarlas, es justamente decir "el comodín de ETA".  
 
5. Zapatero no se conformó con que sus hijas estuvieran "convidadas a la vida". Él se ha encargado personalmente de que hayan estado además, vía Plus Ultra, convidadas a la vidorra. 
 
6. Hay que tener cuidado con lo que se dice, porque lo que se dice, aunque vaya referido a otros, bien puede estar hablando de uno mismo. Así The Puentete, cuando para acusar al PP ha dicho que él de niño se pegaba unos berrinches tremendos cuando quitaban los dibujos animados. Exactamente como de adulto: se pega unos berrinches tremendos cuando quitan los dibujos animados el ministrete.  
 
7. Veo a dos personas que eran intimísimas discutir agriamente en Twitter. La causa es que una se hizo sanchista y se envileció. Sánchez lo ha destruido todo. En primer lugar, a los sanchistas. Cuando les oigas hablar de polarización y de odio, no te quepa ninguna duda: ellos son la polarización; ellos son el odio. De ellos es la vileza.  
 
8. La novelista Sara Barquinero: “En la universidad siempre hay profesores de los que te dicen 'este es un guarro', es algo sistémico”. La recuperación de la categoría de "guarro", tan de la sociología franquista: ese otro exitazo de nuestra, así llamada, izquierda.  
 
9. He tenido una epifanía: Almodóvar no ha perdido la frivolidad de los ochenta; simplemente la aplica ahora a la política.  
 
10. Silvio Rodríguez, cantor de la dictadura cubana entre melifluos efluvios unicórnicos, lamedor de la bota militar que lleva 67 años aplastando a su pueblo, pide "un fusil AKM" para usarlo si Estados Unidos invade la isla. Aún pretende tener un final épico el genuino gusano. Y no se le ocurre nada mejor que fungir de guerrillero de Castro Rey.  
 
11. Suele anidar el nihilismo en el asunto este de la Conquista. Los países latinoamericanos que se revuelven rechazan la condición (sin duda brutal) de su existencia. El paraíso que añoran simplemente los excluye. Igual de patéticos son los nacionalistas españoles que ven una Disneylandia en la masacre. Más que encuentro fue encontronazo, no elegido por los de allí. Pero que funda lo que hoy son todos. Sin aquello no serían. Habría otros, pero no ellos: son por aquello. No aceptarlo (o no reconocerlo) es nihilismo puro.  
 
12. Rosalía en su plenitud, Morrissey en su decrepitud. Pero si se observa bien, Morrissey conserva su aura, mientras que Rosalía empieza a perderla. 
 
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19.3.26

'Torrente' y la función crítica del arte

Me relacioné un poco con Santiago Segura al principio de su carrera. Era carismático, inteligente, listo, calculador, de trato entretenido, con gracia. Gustaba estar con él. Lo conocí antes de todo, cuando participaba en El peor programa de la semana y movía su cortometraje Evilio, personaje que deja en bragas, en cuanto a subversión, a Torrente y hoy sería impracticable; como su genial doblaje de Heidi, de una irreverencia mayúscula con la que te partías de risa.

En seguida te sentías en su círculo, gracias a tres trucos que llevaba a rajatabla: se aprendía tu nombre y lo retenía aunque no volvierais a cruzaros hasta meses después ("¡hombre, José Antonio!"); al minuto te llamaba "amiguete"; y te preguntaba cosas ("¿cuál es tu favorita de Woody, amiguete?"). Era a finales de 1993.

En él presencié el espectáculo de la fama, que irrumpe y crece; no sin cultivo por el súbito famoso. Volví a observar el fenómeno en Manuel Jabois. Los dos compartían algo: cuidaban a sus fans de uno en uno, como si cada uno de ellos fuese el fractal de la multitud. Así tenían como base una cadena tejida de agradecidos directos, que contagiaban su fidelidad a otros.

Lo gracioso de Segura es que no tenía nada que ver con sus seguidores, salvo en el aspecto. La fama, conseguida con el personaje heavy de El día de la bestia e incrementada con su Torrente, le acarreaba mayormente muchachos frikis y más o menos desubicados. Segura, en cambio, tenía claro lo que quería, era muy educado, iba siempre limpísimo y creo que hasta se echaba perfume. Con el primer dinero gordo que ganó se compró el cofre Gold de Frank Sinatra.

Asistí a la gestación del primer Torrente y aún estuve en el estreno del segundo. Siempre recordaré cuando en la fiesta posterior me acerqué al inolvidable Íñigo de Gran Hermano, que participaba en la película, y le dije que lo admiraba. Su respuesta, con cara de estupor, fue ejemplar: "¿Por qué?".

No recuerdo si llegué a ver el tercer Torrente, y el cuarto y el quinto seguro que no. Pero disfruté los que vi y ahora, como a todo el mundo, me apetecía muchísimo el sexto, que no podía llegar más oportunamente. Entre tanto, Segura se hizo también con el cine familiar con la saga Padre no hay más que uno, logrando, como ha escrito Rafa Latorre, ir "de Papá Noel a Torrente sin inmutarse y siempre forrándose". Tampoco se puede ignorar la coherencia de Segura a la hora de homenajear el cine que ama, efectuando rescates bellísimos como el de Tony Leblanc, que le alegró al legendario actor los últimos años de su vida.

Las ganas de ver Torrente Presidente se explican en parte por lo que ocurrió el mismo fin de semana en que arrasaba en taquilla: mientras el público se lo pasaba teta con las coñas amorales del detective desastroso, en el Festival de Málaga se premiaba películas que, sean buenas o malas (habrá que verlas), tratan de los asuntos dictados por el tedioso catecismo ideológico del momento: el alzhéimer, la identidad trans, la migración, la precariedad de los jóvenes... Tostonazos de antemano frente a los cuales una película como la de Segura es un vendaval fresco y jocoso.

Me he pasado la primera mitad larga de la película retorciéndome en la butaca y llorando: la sucesión de gags era perfecta, con la brillantez y la precisión de la comedia que funciona (algo dicicilísimo siempre). El único spoiler que voy a hacer (no argumental), para no privarles a los espectadores del disfrute, es el de que Torrente no ha cambiado en todos estos años: sus chistes son los mismos, no los ha comedido ni refrenado; solo que ahora tienen un efecto catártico que antes, aunque fueran igual de divertidos, no tenían. De pronto las carcajadas son catárticas: con ellas nos quitamos de encima la costra que se ha impuesto.

El resto de la película también entretiene, con estupendas gamberradas violentas en las secuencias de acción; aunque la intensidad cómica se afloja. Descansito que el organismo casi agradece, para volver a la carga de hilaridad compulsiva del último tramo. En resumidas cuentas: me lo he pasado en el cine como hacía mucho que no me lo pasaba. Completado por el hecho de que la sala estuviese casi llena un miércoles a las cinco de la tarde, el efecto a la salida era de pura felicidad.

La felicidad se prolonga con algunas reacciones. Por ejemplo la de Jordi Évole: "Es el traje más chungo que se le ha hecho a la ultraderecha". Correcto. Pero no solo. O la inefable crítica de El País: "la acidez de la película se devalúa por su necesidad algo forzada de equilibrar los palos". Y: "una sátira que nutre su visión de la derecha populista de esa fuente inagotable que son el cuñadismo y la cutrez patria". Es puro intento de exorcismo, porque también le da duro a la autodenominada izquierda, no menos cuñada y cutre: y de un modo nada "forzado", sino con una naturalidad que encaja a la perfección en el realismo satírico de la película. 

De modo que una comedia popular cumple con la función crítica del arte que tanto cine de prestigio, pero adocenado, abandona en nuestros días. ¡Bravo por José Luis Torrente y Santiago Segura! 

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15.3.26

Medición de tu odio inoculado

[Montanoscopia]  
 
1. ¡Qué gran parodia que Sánchez se presente ante el mundo como el defensor de "los principios y las reglas"! ¡Y que el mundo se lo compre! Mientras Trump sigue desatado con su palabrería y sus misiles, Sánchez insinúa otro peligro más sutil: los Trumps del futuro se camuflarán de antitrumpistas. Se parecerán más a Sánchez. 
 
2. El anuncio de Sánchez de que combatirá el odio es un nuevo ejemplo de la guerra de posiciones. Solo por anunciarlo, postula que él está donde el amor. Lo que no te dice Sánchez es que te medirá el odio justo después de inoculártelo.  
 
3. De pronto nos reclaman patriotismo y sacan banderonas de España los de la amnistía a los golpistas catalanistas y los pactos con los proetarras vasquistas, los arruinadores y envilecedores de lo público, los promotores de la inequidad fiscal, los desmanteladores del ferrocarril. No se han enterado de que siempre estuvimos contra la porquería nacionalista, incluida la que ellos esparcen hoy.  
 
4. En Castilla-León (¡me niego a decir Castilla y León!) votar a Mañueco será votar su verruga. Mañueco lo sabe, pero se enfrenta al dilema de todos los políticos con verruga, cuya verruga es la clave alquímica de su éxito electoral. Pasó con el mítico Pacheco en Jerez, que fue ganando y ganando hasta que se extirpó la verruga y perdió. Antes sus maquilladores se esforzaban por atenuarla en los carteles electorales. En el mundo del cine, también Almodóvar se quitó la verruga y sus películas se resintieron. Mañueco, de momento, la exhibe. La luz de su cartel electoral acentúa la protuberancia. El éxito de su verruga (y de Mañueco, arrastrado por ella) parece impepinable. Y esto es todo lo que tengo que decir sobre las elecciones de Castilla-León.  
 
5. Mi incomodidad con las pompas por Raúl del Pozo. El hombre me caía simpático, pero no lo admiraba. No me gustaba su estilo, y menos el de sus discípulos. Desdeño el barroquismo de periódico, y desdeño el columnismo que es desatadamente columnístico. Sé que es cabrón ahora decir esto, por el dolor real de tantos. Pero si no lo digo ahora, ¿cuándo lo voy a decir? Uno también apuntala su estética a la contra. Y yo estoy contra esos grumos resultones. Por otra parte, el factor humano siempre me puede. Si yo hubiera conocido personalmente a Del Pozo, quizá pensaría otra cosa, o al menos no escribiría esta. Por eso termina siendo una ventaja, aunque se añore, no vivir en Madrid.  
 
6. Lo peor de escribir libros es que luego los tienes que vender. Y hay ventas lamentables. Ahí va el pobre Vilas con Islandia, contando una y otra vez en las entrevistas la desgracia que desató su escritura. "Cuando escuchas la frase 'ya no estoy enamorada de ti', ocurre un cataclismo", repite en la última. Estuvo bien que lo escribiera, fue valiente, y más en una sociedad pacata como la española. Pero el destinatario es el lector a solas con el libro. La materia del libro, fuera del libro, produce rubor. (Aunque puede que se escriba para los improbables lectores póstumos, cuando todo lo demás haya sido borrado.)  
 
7. A propósito de lo anterior, tiene gracia que hace pocos años tuve un amago de novia que era escritora y que me gustaba lo que escribía. Al final esto era casi lo que más me gustaba de ella: ¡no tener que fingir con su escritura! Por amor se hace todo, claro: habría fingido. Como se finge con los amigos (otra vez el factor humano). ¡Pero no tener que fingir! ¡Admirarla como escritora de verdad! ¡Cómo me enamoraba eso! 
 
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13.3.26

Un 'win-win' con Sergio del Molino

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:21
 
Buenas noches. Llevo tiempo metiéndome con Sergio del Molino y cuestionando ciertas actitudes suyas, que he llamado "acomodaticias". Por eso, cuando le conté a un amigo que me disponía a leer su nuevo libro, La hija, editado por Alfaguara, me dijo: "¡Lo tuyo es masoquismo!". Le contesté: "Es un win-win: si no me gusta, le lanzaré pullitas; si me gusta, exhibiré mi magnanimidad". ¡Así funciono! Al final resulta que he hecho las dos cosas: no programáticamente, sino porque así se han dado. Al principio no me convenció la lectura, hasta la abandoné. Pero algo me empujó a retomarla y me fue ganando entre los sarcasmitos que seguí soltando en Twitter por inercia. Al final me conquistó del todo y me ha parecido muy buena. Me ha pasado otras veces y he de reconocer que es glorioso cuando soy derrotado por un libro cuya excelencia se me impone. El disfrute lector es superior. La hija trata de Rosario Weiss, artista de la que muchos piensan (entre ellos el autor) que fue hija de Goya. La obra se divide en dos partes: la primera es una novela sobre la vida corta (murió con 28 años) de Rosario Weiss; la segunda es un ensayo sobre ella y su época, la primera mitad del tormentoso siglo XIX español, con reflexiones también sobre la obra de Goya y el arte en general. La novela me pareció que estaba bien, pero que podría estar mejor. Esta mejoría, sin embargo, se produce antes de cerrar el libro: el ensayo, que es extraordinario, impregna retrospectivamente la novela, apasionándola. El efecto es maravilloso. La hija deja un poso emocionante, de gran belleza. En lo que a mí respecta, me alegra la convicción que retorna en casos como este: lo importante es la literatura. El resto: ¡pelillos a la mar!

12.3.26

Bryce Echenique: gastar la vida en vivir

Alfredo Bryce Echenique fue mi escritor favorito desde la adolescencia hasta bien entrada la juventud. La vida exagerada de Martín Romaña es el libro que más he recomendado y regalado, aunque hace ya mucho de la última vez. También hace mucho que lo leí. ¡Más de cuarenta años! Pero me vienen tantas cosas: el sillón Voltaire (mi primer sillón literario, antes que el de orejas), la bizquerita de Inés ("luz de donde el sol la toma"), la hondonada en la cama, los muchachos del hotel sin baños, la novela sobre los sindicatos pesqueros, la manifestación de mayo del 68, el vía crucis rectal, Pigalle, Perugia, Ribeyro (que parecía su personaje, como Bioy de Borges), los escritores disfrazados de Hemingway, la crisis positiva, "detesto molestar"...

La manera de crear complicidad de esa novela era portentosa. Y daba tanta felicidad, te lo pasabas tan bien, que hay una genealogía agradecida de las recomendaciones. Nunca olvidaré al profesor del instituto que nos contagió a unos cuantos el entusiasmo, ni me olvidarán quienes la leyeron por el mío. Antes de mi pasión brasileñista, "lo peruano" era mi ideal vital. Formaban parte el taciturno Julio Ramón Ribeyro y esa máquina de funcionar que era Mario Vargas Llosa, pero el centro estaba en la mezcla de humor y melancolía de Bryce Echenique, que combinaba los éxtasis y los desastres. "Especie de Woody Allen peruano", lo calificaban en la solapa de Tantas veces Pedro, la novela que antecedió al Martín Romaña.

Fue muy expresivo que, para contestar al título que el impetuoso Varguitas le había puesto a su recopilación de artículos, Contra viento y marea, Bryce titulara la suya A trancas y barrancas. El sino del Perú lo ejemplificó con una gracia que nos hacía partirnos de risa una tarde de finales del verano de 1985 en el Ateneo de Málaga. Contó la única batalla que, en la guerra contra Ecuador, ganó Perú. La aviación peruana hizo una incursión en territorio ecuatoriano y bombardeó la primera casa que vio. En esa casa vivía un peruano. (La historia es perfecta, pero lo he mirado ahora y aquella guerra la ganó Perú: Bryce estaba haciendo un esbozo de su literatura.)

En la Semana de Autor que se le dedicó en Madrid en 1987 hubo una discusión muy divertida: Agustín García Calvo se enfadó con Bryce Echenique, por lo poco en serio que este se tomaba Mayo del 68 y, sobre todo, porque el personaje de los mocasines del Martín Romaña era una parodia de García Calvo, como entonces supieron los asistentes. Esta falta de seriedad revolucionaria propició que lo dejara su amor parisino. Del cual, por cierto, tuve noticia azarosa tiempo después, ya que conocí al hijo afrancesado que ella había tenido con el hombre por el que lo dejó: uno de los socialistas más poderosos (y prósperos) del equipo de Felipe González.

La literatura de Alfredo Bryce Echenique tiene un alto valor por su ligereza, por su fluidez, por su manera proustiana de enroscarse muy saltarinamente, provocando emociones y risas. Los estudiosos han destacado siempre su oralidad, que es un prodigio. Sus obras maestras son para mí Un mundo para Julius, el cuento (largo) "Baby Schiaffino" y el Martín Romaña. Me aseguran que también sus memorias, cuyo primer tomo se titula muy oportunamente Permiso para vivir: el que Bryce se tomó a lo grande, obteniendo algunos triunfos y millones de fracasos, que se convertían en nuevos triunfos cuando los narraba.

Su retiro peruano de los últimos años, inactivo, contemplativo, deshecho, fue ejemplar a su modo: se trataba de entregarle a la muerte un cuerpo gastado. Gastado en vivir. 

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8.3.26

Quedaba un fleco del año Franco

[Montanoscopia] 

1. "El cine español naufraga en océanos de autocomplacencia provocados por la cocaína", dijo hará unos veinte años el director Cuerda. Hoy podría haber dicho que los provoca la ideología. Aunque ya era así entonces.También. 

2. Hace solo siete años decirle a alguien que estaba en el lado correcto de la historia se consideraba una burla o un insulto. A mí me costó una novia decirlo. Aún había discernimiento. Hoy se paladea como un elogio, que es como se emite. Se acabó el tiempo de la duda, del titubeo sobre lo que se hace (cuando se presume de ello es mera duda cosmética). Hay que actuar rápido y bendecirlo al momento. O mejor, bendecirlo antes: las justificaciones son preventivas. No dependen del qué, sino del quién. Quienes están en el lado correcto de la historia pueden hacer lo que quieran. Y están en ese lado no por lo que hagan, sino por definición. Es una burda maniobra totalitaria del ego. Susan Sarandon no te dice más que lo que tú quieres que te diga. ¿Cómo no te lo ibas a creer? 

3. "Es ingenuo practicar un seguidismo servil", dice Sánchez. Se refiere a los que siguen servilmente a Trump, pero eso no les ha evitado el sobresalto a los que siguen servilmente a Sánchez. 

4. Mismamente Siouxsie, la ministra de Igualdad, que justo después le dijo a su papichulo: "Gracias por tu compromiso con la paz, con el no a la guerra, y con todos los valores y derechos humanos que nos hacen dignos". Y ayer, para rematar: "Eres el superhéroe de la democracia". 

5. El Año Franco no se conmemoró al final con los cien actos programados, sino con un único acto continuo: la suplantación del franquismo, con su caudillo y todo. Pero el perfeccionista Sánchez era consciente de que le quedaba un último fleco, que cubre ahora: ¡la autarquía! 

6. Terrorífica imagen del mamarracho Trump bendecido piramidalmente por pastores evangélicos. Vuelven las guerras de religión y Trump es otro ayatola que nos toca la pirola. 

7. Decir que el PP anda como vaca sin cencerro es decir demasiado del PP: el PP sencillamente no anda. 

8. Qué distintas despedidas han tenido (lo observó alguien en Twitter) Gregorio Morán y Fernando Ónega. Es la diferencia entre el outsider y el insider. En realidad, la despedida de cada uno ha sido la justa: la que estaba acorde con lo que era. Un libro sobre ambos se podría titular: La Transición y su sombra. De lo único que leí del primero, El cura y los mandarines, recuerdo el episodio de los abanicos. En cuanto a Ónega, toda la vida me formulé su apellido sin tilde: Onega. La transmisión para mí fue oral, lo que lo certifica como hombre de radio. Pero antes de que zarpe este viaje, se ha subido a la barca de Caronte el portugués Lobo Antunes, que tuvo el acierto de no ser Saramago. Lo que le dio calidad y honestidad, pero le quitó el Nobel. 

9. Que una mujer tan producida como Santaolalla sea el emblema del 8-M me parece un paso adelante. Mejor la artificialidad aquí que la siempre sospechosa naturalidad. Es cierto que podrían haber elegido a las mujeres iraníes que luchan contra el patriarcado, el deseo de algunas de las cuales sería justo poder presentarse como Santaolalla. Pero hay cosas (en la pseudoizquierda) que no pueden ser. 

10. Soy otro de los enganchados al monito Punch, que arrastra su intento de salvación en forma de peluche naranja. Todos arrastramos el nuestro. Podríamos decir lo que dijo Melville de Bartleby: "¡Ah, Punch! ¡Ah, humanidad!". 

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5.3.26

La última chapa de los Goya

Yo no estoy para la historia, la verdad. En los follones históricos (y los bélicos son los follones históricos por antonomasia) lo que me sale es el grito cionaresco: "¡Abominable Clío!". Clío era la musa griega de la historia. Y la historia es eso que les dejo a mis criados. O que les dejaría, si los tuviera. Como no los tengo, yo mismo debo manejarme con la historia desde mi sillón. Hasta que mi sillón estalle con alguna de las bombas que lanza la historia.

Lo llamativo es que no nos hemos movido ni un milímetro de las guerras médicas. Los griegos y los persas sí se han movido, sin embargo. Al mando de los otrora racionales griegos está hoy el alocado Trump, sin Leónidas alguno en lontananza. Al mando de los persas unos Jerjes muy raros, verdugos de Alá. Por otra parte, entre los griegos hay quienes piensan como los persas; y entre los persas quienes piensan como los griegos y quisieran vivir igual. No falta el Efialtes de turno, que esta vez ha caído en nuestro país. Como uno de sus ministerios da un millón, los bardos españoles han empezado a cantar el patriotismo del vendepatrias. Se ha adelantado el acomodaticio Del Molino, rápido como el rayo.

También el que da el millón, o sea, The Puentete, ha desplegado una bandera de España en su perfil de Twitter. No falla lo del patriotismo como último refugio de quienes ya saben. Ahora se muere por España el que ha destruido su sistema ferroviario, impidiendo que los españoles puedan transitar por ella. Es un retorno tácito a la España de los cantones la promovida por el ministrete.

Yo no soy neutral, pero soy escéptico y estoy cansado. Me posiciono con los iraníes (sobre todo con las iraníes) que han estado luchando contra los ayatolas y querrían quitárselos de encima: lo que a ellos (sobre todo a ellas) les parezca bien. No confío en las soluciones posibles que vengan de fuera, sobre todo si vienen del patán Trump empujado por el patán Netanyahu. También estoy con los israelíes que se defienden de los ayatolas y quieren eliminar su régimen, si eso fuera posible. Estoy con unos y estoy contra otros, pero sin operatividad. Por eso me limito a observar la historia desde mi sillón, lanzando únicamente cables emocionales y sé que inútiles.

En cuanto al patriota, según el acomodaticio Del Molino, Sánchez: qué hastío ya del sujeto. Ahora resucita el No a la guerra, o sea, se pone la última chapa de los Goya, la traca final en cuestión de chapas: volviendo a darnos la de 2003, precursora del resucitado guerracivilismo. Qué cortedad de miras más irrisoria la suya. Alguien ha tenido una iluminación en su entorno (tal vez él mismo) y se ha dado cuenta de aquello que atisbó Errejón con sus iniciales discursos falangistas: que el populismo sin nacionalismo no va a ninguna parte. El propio PSOE pudo haber sido aquel Podemos-Vox que reventase las urnas. Pero de la misma manera que la imposibilidad en España de aquella combinación nos libró de ella, para el PSOE es demasiado tarde ya. Salvo que los españoles sean más tontos aún de lo que han demostrado.

En algo tiene razón el acomodaticio Del Molino: la derecha española siempre fue la traidora efectiva de lo que proclamaba pomposamente. Lo que no ve (¡se lo tapan las anteojeras acomodaticias, y puede que ya el sueño del millón!) es que la izquierda española es hoy la que exactamente ocupa aquel lugar. Sin que la derecha española haya terminado de desocuparlo del todo. ¿Entienden mi derrotismo? 

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1.3.26

El millón literario del ministrete

[Montanoscopia] 
 
1. Qué gran idea la de la conferencia que dio Gascón en el Club Tocqueville: Billy Wilder y la política. Es una delicia, por lo que dice del tema y por lo que dice de Wilder a secas. Se podría añadir algo de Traidor en el infierno que hoy está más vigente que nunca. Cuando los demás presos le echan una manta encima a William Holden y le dan una paliza por creerlo el traidor, narra con la voz en off Holden (cito de memoria): "No podía verlo, pero sabía que el traidor era el que me pegaba más fuerte".  
 
2. Islandia, de Vilas: un libro eminentemente antiburgués, y por eso rechazado por los paladares burgueses, que son todos los paladares españoles menos el mío y el de Manolo Kabezabolo. Tiene una gran virtud, como todo lo de Vilas: la voz, solo suya, singular, interesante. Y un gran defecto, como todo lo de Vilas: que después de varios párrafos ya no sabe qué hacer con esa voz, salvo repetir los mismos párrafos pero sin el arte de la repetición que tenía Bernhard para que siguiera teniendo interés. 
 
3. "El arte es un modo de desobediencia", dice Millás. ¡Millás! Y se lo dice a Évole. ¡A Évole!  
 
4. El ministro de Transportes que ha destruido el sistema ferroviario español, ejemplo para el mundo entero hasta que llegó él, se saca ahora un millón de euros de la chistera (una chistera conectada al bolsillo del contribuyente) para premiar a un literato presumiblemente oficialista, o sea, de García Montero para abajo (o para arriba, según se mire). Como el premio se dará en nombre de AENA, a nuestros literatos ya no les bastará gritar: "¡Vivan las caenas!". Ahora deberán gritar también: "¡Vivan las aenas!".  
 
5. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: los dos mejores escritores españoles vivos, Azúa y Savater, escriben en el periódico al que el dispensador de millones literarios The Puentete llama The Ojete. O sea, que su "aportación" a la literatura ya la tenía hecha el ministrete.  
 
6. He visto los dos documentales sobre Luis Cernuda que hay en TVE (uno de 1986 y otro de 2022). Los dos son mediocres, pero se aguantan por el gran Cernuda y los textos que se leen, y por los escenarios que aparecen. En el primer documental sale algo que hoy resultaría inconcebible y que no diré, porque lo quitarían. Manifiesta la moral laxa de la época, que tenía asidero grecolatino. El segundo está absurdamente recargado de canturreos andaluces, anticernudianos. Resulta llamativo que en los dos se recite el extraordinario poema Si el hombre pudiera decir, pero omitiendo ambos el final, que es lo mejor: "Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido".  
 
7. Para escapar de Manu Sánchez e incluso de Juanma Moreno (de Marichús Montero no era necesario, porque ya había escapado ella preventivamente), paso el 28-F releyendo las traducciones que hizo Cernuda de Hölderlin. Mi Andalucía es la que lee a Hölderlin. Todo lo demás es la Pantoja. Tiene gracia, por cierto, que Cernuda se equivocase y tradujese como "restallan las banderas" lo que tenía que ser (él mismo lo corrigió luego) "rechinan las veletas".  
 
8. Leo un profundo libro de poemas, que tiene aires de Rilke, Hölderlin y Heidegger, de quien sale el título: Ereignis (o "el acontecimiento"), de Carmen Palomo Pinel (Vandalia). Los versos "Pues jamás se ama tanto la vida / como antes de morir" me provocan una epifanía. Anoto: una sola cosa la vida – una sola cosa (que es todo) lo que se deja
 
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26.2.26

El 23-F y los periódicos

Siempre que llega el aniversario del golpe (o "la intentona golpista") del 23 de febrero de 1981, yo celebro otro: el de mi debut como lector de prensa. Alguna vez lo he contado, pero como la actualidad es recurrente, yo también lo soy. No quiero estar en inferioridad de condiciones con la actualidad. Al igual que mi maestro el brasileño Nelson Rodrigues, "me repito con límpido impudor".
 
El 23-F me conmocionó a mis catorce años, porque hasta entonces la historia parecía avanzar por raíl riguroso. Yo era un niño espontáneamente historicista, en la acepción de Popper. Habían tenido lugar acontecimientos importantes (muerte de Franco, coronación de Juan Carlos I, aprobación de la Constitución, elecciones, debates parlamentarios...), pero todo como un trasfondo sin alteraciones de los juegos infantiles. En el despuntar de la adolescencia, de repente, la quiebra del golpe: el aprendizaje de que la historia es contingente.
 
Empecé a leer el periódico, quiero decir El País, aquellos días. En casa solo comprábamos el Teleprograma, signo de la prevalencia de la televisión. Por mi cuenta me había aficionado a la radio; por eso asistí, mientras estudiaba para un examen de Biología que finalmente se suspendió, a la célebre noche de los transistores, hasta que salió el Rey. Los primeros periódicos que adquirí fueron los especiales sobre el 23-F; el inaugural, un monográfico en blanco y negro del Interviú, sin desnudos. Desde entonces compré El País los domingos y los demás días lo leía en la biblioteca del barrio (frente a cuya puerta, por cierto, ETA asesinaría años después a Martín Carpena). También comencé a curiosear la revista Cambio 16.
 
Me doy cuenta ahora de cuánto hubo, en mi interés, de historia del presente; o sea, de la historia que no está hecha, sino que se está haciendo. El lector de periódicos tiene la perspectiva indeterminista que le recomendaba Huizinga al historiador, quien "debe situarse constantemente en un punto del pasado en el que los factores conocidos parezcan permitir desarrollos diferentes. Si se ocupa de la batalla de Salamina, debe hacerlo como si los persas pudieran ganarla aún". Por esto es tan apasionante asomarse a la hemeroteca.
 
Fueron veinte años de lectura de periódicos en papel. Hitos estupendos: cuando en el Johnny me encontré con que ponían a diario cinco o seis en cada planta y en la biblioteca de Periodismo estaban aquellas fastuosas mesas con todos, los nacionales y los locales, más los que podías recoger en las pilas de los pasillos. A amigas de Colombia y Brasil les pedía que me trajeran ejemplares de sus países. ¡Qué desayunos con el periódico, qué tardes con solecito! ¡El placer del viaje en tren con el que te daban, más algún otro que birlabas de algún asiento! ¡Y los tirados en las papeleras! ¡Y los hojeados de pie en el Vips o el OpenCor!
 
Mi paso a la lectura en digital tuvo una transición simpática. Durante un tiempo, si algún artículo me había gustado mucho, sentía la necesidad de mirarlo luego en papel. Pero eso se terminó, como todo lo antedicho. Ahora solo leo en el ordenador o el móvil y el periódico de papel me parece una medusa enorme y seca, inmanejable.
 
Dos sorpresas biográficas posteriores: el conocimiento de amigos de la burguesía que se jactan de que en sus casas jamás entró El País; y se les nota en un último reducto casposillo. Y mi decepción actual con el periódico, que pasó del exaltante "El País, con la Constitución" al deprimente (y tácito) "El País, con Sánchez". Aunque hoy podría repetir el del 23-F; total, si la Constitución es de Pumpido...
 
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22.2.26

Tezanos no nos engaña

[Montanoscopia] 
 
1. Una mujer que llama de parte del CIS me pregunta amablemente si le puedo dedicar quince minutos. "Con dos segundos basta", le digo, "ponga en todo no sabe/no contesta y que me cago en Tezanos". Y cuelgo. Se lo estoy contando entre risas a los amigotes cuando caigo en que Tezanos, en realidad, no nos engaña. Lo que ocurre es que los antisanchistas no respondemos, por lo que sus resultados solo pueden ser sanchistas.  
 
2. Esos "pocholos". Las pozas de la derecha española. Los de izquierda que estamos en el antisanchismo nos vemos rodeados de gente turbia, empujando supuestamente en la misma dirección. Aunque no sé por qué hablo en plural: en la izquierda antisanchista estoy yo solo, y más solo que la una. Con la sensibilidad a flor de piel: una sensibilidad que me expulsa de todo y de todos. Cada día se incrementa mi misantropía. Algunos me sugieren pragmatismo (un pragmatismo que no he aplicado a mi vida). "El mal menor", dicen. Y sí, reconozco que es menor, comparado con lo que hay. Pero aun así sigue siendo muy malo. Que no cuenten conmigo.  
 
3. Lo de la izquierda (¡Patxi López, Antonio Maestre!) defendiendo el burka ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Una victoria que consistía para empezar (¡vivan los griegos!) en no llevar burka. Aunque el tiempo sí que le ocultó la cabeza, se la cortó con su cimitarra.  
 
4. Pisarello será el candidato de los Comuns a la alcaldía de Barcelona. Le ha ganado las primarias a Bob Pop. Así que los comunes prefieren como alcalde a uno de Tucumán antes que a uno de Madrid... Aunque tal vez haya predominado el sesgo "capacitista", por recurrir a la turra del propio Bob Pop. En cualquier caso, esta derrota nos ha privado, como tuitea Argudo, de que concurra un Chikilicuatre.  
 
5. Gracias a las maniobras de Trump contra el Tribunal Supremo nuestros sanchistas han encontrado la ocasión de predicar contra las maniobras de un presidente contra el Tribunal Supremo. Ocasión que nunca encuentran cuando es Sánchez el que maniobra contra el Tribunal Supremo. 
 
6. Llenazo en el Centro Cultural La Malagueta para la charla de Manuel Arias Maldonado con Fernando Jiménez Sánchez sobre La corrupción en la democracia. El Aula de Pensamiento Político lleva una racha inmejorable, con especialistas que analizan con precisión, sin énfasis, lo que pasa. No incurrir en el oficialismo deja impolutas sus herramientas epistemológicas. Con la corrupción particularmete lo que pasa ante todo es que produce desmoralización.  
 
7. Hojeando el nuevo libro de Juan Gabriel Vásquez, de artículos, me fijo en la dedicatoria: "A Jordi Gracia". Con eso está dicho todo, le digo a un amigo. Él lo redondea: "En la dedicatoria está su epitafio".  
 
8. Uno de los mejores ciclos diarísticos de nuestra literatura es el de Juan Gracia Armendáriz, que con el anclaje de su enfermedad renal escribe de todo: la presencia de la enfermedad acentúa el carácter trágico y milagroso de la vida. Después de Diario del hombre pálido y Piel roja, publica Diario de la frontera (Demipage). Termina con el trasplante de riñón, tras el cual escribe: "A mi alrededor todo se difumina en una abstracción. Y, sin embargo, cobra una dimensión más vívida. Se diría que la brisa está henchida de una profunda ternura. Todo se aligera". Me he acordado de este aforismo de Nietzsche: "La salud se anuncia: 1) por un pensamiento con un vasto horizonte; 2) por sentimientos de reconciliación, de consuelo, de perdón; 3) por el melancólico reírse de la pesadilla con que hemos estado peleando".  
 
9. Viajo en autobús a Sevilla para la nueva exposición de Miguel Gómez Losada, Prēlune (Di Gallery, hasta el 4 de abril). Escribe el pintor: "Hasta donde he podido saber, la palabra Prēlune no tiene traducción. Me atrevo a definirla como oscuridad entre lunas. Prēlune es ese intervalo, una metáfora de la noche cerrada, un vacío semántico donde la pintura pone visión". La conjución entre la fantasía (sutil) y la maestría (sin alardes) produce unos cuadros de muchos quilates pero sin relumbrón. Me recuerda de nuevo a Nietzsche: "No todo lo que es oro reluce. El brillo suave es propio del metal más noble". 
 
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20.2.26

Contra el espíritu de la pesadez

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:23
 
Buenas noches. Me gustó, querido Rafa Latorre, que dijeras en El Ambigú de David Mejía que yo soy nietzscheano. En efecto, Nietzsche es mi filósofo favorito. Pero hay varios Nietzsches y el mío es el de la alegría y la ligereza. El que escribió, por ejemplo, este aforismo precioso: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar". Es el Nietzsche que dijo que solo creería en dioses que supieran bailar y reír, y el que advirtió contra "el espíritu de la pesadez", que aplasta la vida y la estropea. Hoy es el espíritu de la pesadez el que manda, aniquilando todo brote de espontaneidad; o agriándolo, que viene a ser lo mismo. Hemos vuelto a asistir a esta expansión deprimente con la respuesta (¡cargadísima!) de Sarah Santaolalla al chistecillo de Rosa Belmonte, que no era más que eso: un chistecillo, gracioso además. Belmonte, que es, como escribió Borges de Verlaine, "inocente como los pájaros", vuela también como ellos, o revolotea, soltando frases inteligentes y gamberras, y sobre todo ligeras, que tienen la cortesía de disiparse al poco de surgir, como una pompa colorida de jabón. Pero Santaolalla ha atrapado una que la aludía y la ha inflado, la ha paralizado y la ha convertido en un pedrusco que se ha colgado al cuello para exhibirse como víctima de una (¡agárrense!) "agresión". Lleva días con ello, pesadísimamente. Con el aplauso de muchos, como es natural, que también han sucumbido al espíritu de la pesadez, convirtiéndose en unos pesados. Una vez que el espíritu de la pesadez se pone en marcha, no hay nada que hacer. Porque no merece la pena el chiste que se soltaba con levedad, por diversión, si a cambio te caen una almidonada quejándose y un chaparrón de pesados. ¡Huyamos a las catacumbas! ¡El único sitio donde puede haber ligereza ya!

19.2.26

Dificultades semánticas con la política española

En estas columnas me suelo dedicar al entretenimiento porque en realidad estoy fuera de la, así llamada, conversación pública española. Y esto debido a sus desplazamientos semánticos. O a sus adulteraciones semánticas. Las palabras se utilizan como meros recursos de poder, en su sentido más bajo: de poder partidista. Volvemos a los sofistas y a Nietzsche, un Nietzsche rudimentario. Esto permite una cierta diversión boxeística, pero sin mayor recorrido. Se agota y yo me he agotado ya.

Se supone que los componentes semánticos esenciales de nuestro sistema los fija la Constitución, pero también esto ha caducado a estas alturas. La de 1978 llevaba en su título IX, "Del Tribunal Constitucional", una instancia falsificadora. Por ello hemos aprendido tristemente que el texto constitucional no dice lo que dice, sino lo que dice que dice el Consejo de Brujos, encabezado hoy por el brujo mayor Pumpido, que dirá que la Constitución dice lo que diga Sánchez. Obviamente, esto siempre estuvo así: solo había que atreverse a hacerlo. En lo sucesivo, bastará con que se atrevan también los nuevos Pumpido y Sánchez, del mismo partido o de otros partidos. La Constitución que hemos defendido durante largos años, y que esta ha semana ha celebrado su récord de años, albergaba un bicho.

Lo mismo sucede, en cuanto a mis dificultades semánticas con la política española, con la matraca incansable de "izquierda" y "derecha", que desde hace un tiempo nos asalta cotidianamente todavía más que el (¡insufrible!) fútbol.

La derecha, cierta derecha, insiste en llamar "centro derecha" a la ultraderechista Vox, por ejemplo. O "liberal" a lo que es episcopal. En cuanto a la izquierda, le llama "izquierda" a lo más reaccionario que tenemos, que es ella misma. Nuestra izquierda es la reacción pura y se llama izquierda. Ha desalojado el componente semántico de la palabra. Lo que no le impide usarla inflacionariamente. Y para atacar; es decir, para llamarles a sus críticos lo que ellos son.

El asunto Rufián es la piedra angular de este despiporre. Que un reaccionario como es todo nacionalista, rozando el fascismo por definición, se presente no solo como de izquierda, sino como la solución para toda la izquierda, sin que estalle el país en carcajadas prueba el éxito tergiversador de estos cuatreros semánticos. Culmine o no su aventura, es su simple propuesta el síntoma. El síntoma de esa enfermedad que hace que la izquierda se vea, no solo compatible, sino idealmente fusionada con el nacionalismo. ¡Y con el nacionalismo de los ricos además, en España!

Al final, en la política española hay adscripción partidista y punto. Si un partido como el PSOE es supuestamente de izquierda, él define lo que es o no la izquierda. La izquierda es entonces, tautológicamente, lo que diga y haga el PSOE. Impera el "patriotismo de partido", o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga. Muchos se dicen de izquierda y lo único efectivo que están diciendo es: soy del PSOE (o de cualquier otro partido autodenominado de izquierda).

La cúspide del dislocamiento semántico (dislocamiento que nos vuelve locos) es la manía actual de hablar de la verdad y los bulos. ¡Hasta firman manifiestos! Por lo general, hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar (y prestigiar) sus fechorías. Una vez más, no se atiende a los significados reales, sino que se tiende a imponer otros falsos.

Por todo esto oigo la, así llamada, conversación pública española como quien oye llover. Llover sapos. O besugos, en este diálogo de besugos.

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15.2.26

Un concentrado pétreo de lo peor

[Montanoscopia] 

1. En el nuevo episodio de Yira Yira, podcast que nunca me pierdo, Arcadi Espada le pregunta a Yaiza Santos por la última comparecencia de Pedro Sánchez. Ella le dice que no la vio, que no puede con él. Espada le reprocha que sea una sentimental. Pero no es una cuestión sentimental: es una cuestión estomacal. Si no eres cronista parlamentario ni periodista que deba estar informado al segundo de las evoluciones del presidente, atenderlo es una manera fulminante de estropearte el día. Ya casi lo es con que te pille una ráfaga, como inevitablemente termina sucediendo. La desgracia democrática que esto implica no hay ni que explicarla. Pero el hombre se ha convertido en un concentrado pétreo de lo peor: mediocridad intelectual (y actoral), falsedad, fullería, ventajismo, matonismo, ineficacia para cualquier cosa que no sea retener su poder (su poder vacío), cortoplacismo, sectarismo, narcisismo, ¡hasta victimismo! Asistir a ello me pone malo. Si algo hemos aprendido en el sanchismo es que hay que quitarle a la política lo que se quiere comer, y quiere ensuciar, de nuestra vida. Por eso todo minuto hurtado a Sánchez será un buen minuto; o al menos un minuto mejor que si se lo concediéramos. (El de esta entrada, en consecuencia, ha sido un mal minuto.) 

2. El aluvión moralista contra Rosa Belmonte por su frase "la mitad tonta, la mitad tetas" se explica en este contexto de inmoralidad desatada. Esa misma mañana la proetarra Aizpurua osó pronunciar la palabra "víctimas" en el Congreso ("al PP no le importan las víctimas", en referencia a las de Adamuz), con el aplauso de la pseudoizquierda, incluida la gubernamental. Si te tragas estas obscenidades, te tienes que indignar por un chiste. La desvergüenza tiene sus leyes, relacionadas, además de con la parcialidad y la degradación de las proporciones, con la sobreactuación. El chiste encima era una cita; o sea, que se trataba de una frase tamizada, indirecta, ¡con bibliografía! El problema de la aludida Sarah Santaolalla no es la calidad de su "intelecto", palabra que ella misma ha utilizado, ni su supuesto implante de tetas. El problema es su implante ideológico, mejor dicho, partidista; y su ínfimo nivel. 

3. Lo que el PSOE no le perdona a Felipe González es que con él sí funcionasen los trenes. 

4. Lo del premio de Ayuso a Trump, además de ridículo, es deprimente. Una de las pulsiones más incomprensibles de la derecha española es cómo se empeña en ajustarse a los trajes que le confecciona la izquierda. Empeño que los transforma en profecías, puesto que lo que empieza como insidia termina como descripción. 

5. "El fascismo no se ha ido", dice el aporreador de guitarras Raimon. ¡Pero cómo se iba a ir, si los cantautores lo habéis conservado en salmuera! En realidad sí que se fue, por breve lapso: durante la Movida, en la que bailamos sobre su tumba; su tumba efectiva. Pero la Movida murió, regresaron los cantautores y trajeron de la manito a Franco, cuya vida es la razón de ser de los cantautores. La explicación es muy sencilla: si el antifascismo que siguen proclamando no es contra Franco, entonces solo puede ser... ¡contra nuestra democracia! Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: el antifascismo de hoy es contra la democracia. 

6. He visto la serie de 1980, dirigida por Fassbinder, Berlin Alexanderplatz. La adaptación de la novela de Alfred Döblin es portentosa: tan cinematográfica como literaria; nunca había tenido con una película tal sensación de estar leyendo, con la complejidad de la lectura y el dominio de la palabra. La serie, oscura, descarnada, tremenda, retrata el abigarrado Berlín de 1928, con todas sus tensiones, incluida la del naciente nazismo, a flor de piel. El actor Günter Lamprecht sostiene la historia con su Franz Biberkopf, al que se lo debe todo (lo supiera o no) James Gandolfini. Lo acompañan magníficamente los demás, en especial Hannah Schygulla, Barbara Sukowa y Gottfried John. 7. Pero no hay que ver series. La propia idea de serie activa el demonio aritmético: uno empieza a verlas y ya no puede hacer otra cosa que ponerse capítulo tras capítulo, y vivir exclusivamente para ello, porque hasta que no acabe el último no se quedará tranquilo. 

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12.2.26

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente

Desde que dejé de ser columnista de domingo (con conciencia de lunes), gano todas las elecciones. Escribir en domingo era una rutina grata, resultaba más descansado; salvo los días de votación, en que se alteraba todo: había que estar pendiente de las noticias, con agonía, aguantar hasta ultimísima hora y por fin trabajar muy entrada la noche, a veces sin conocer el resultado preciso. 

Esto en lo que a mi vida personal se refiere, que ha mejorado en los domingos electorales, ahora de churros, paseítos, algún polvete, películas y lectura, hasta la tertulia de Alsina con mi vinito, mis patatitas y Varela desmenuzando los datos sobre los que no tendré que improvisar conclusiones. Este domingo aragonés también estuvo, anticlimáticamente, el acomodaticio Del Molino, pero esa es otra historia. En cuanto a mi vida política, que es la del país entero, va de desastre en desastre. Hablo desde mi punto de vista, como es natural, que es el del votante fino, hoy fatalmente abstencionista. 

En esto último, Felipe González ha declarado que confluye conmigo: votará en blanco en las próximas generales. En realidad, son dos cosas distintas votar en blanco y abstenerse, es decir, no votar. Una tercera posibilidad, más expresiva, es el voto nulo: pintar un cipote en la papeleta o algo así. Aún no sé por cuál de las tres decantarme. Coinciden en la vocación de pureza (reconozco que huerfanita, como nos acusan los sartrianos de las "manos sucias"); pero desde la pureza habría que afilar el daño. No me escondo: cuando llegue el momento, le preguntaré a la IA qué perjudicaría más a Sánchez, si el blanco, la abstención o el nulo, y ahí me tiraré. (A ciegas va ganando lo del cipote.)

Para el votante fino votar a Vox está descartado, así como votar al PP que va a pactar con Vox. La posibilidad de votar a Izquierda Española, que me tentó cuando surgió, se ha disipado debido a su putinismo (o a su no explícito antiputinismo) y a alguna que otra majadería tan izquierdista como española. Algunos electores (según mis cuentas, solo tres o cuatro) tenemos la peculiaridad de ser a un tiempo antisanchistas y antivoxistas, lo que nos ata las manos electorales (salvo para dibujar cipotes en las papeletas).

En el fondo, nuestro antisanchismo y nuestro antivoxismo es lo mismo. Vemos con irrefutable clarividencia que el voto voxista es un voto sanchista. Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán. Vox es simultáneamente la piedra angular (argumental al menos) y la guinda del asqueroso pastel del sanchismo.

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente. Por eso el panorama nacional es tétrico; desde luego, no pasa el corte del votante fino. En las elecciones del pasado domingo, Vox duplicó sus escaños. La explicación no deja de ser simple: es lo simple. También es lo simple votar al otro partido que subió, la Chunta Aragonesista, de cuyos miembros y votantes esto es lo más suave que se podría decir: ¡hay que ser muy aragonés para ser aragonesista!

Podemos y Alvise fueron eliminados, lo que es la única noticia excelente (una única noticia, porque van en el mismo lote pútrido). Izquierda Unida-Sumar sigue. Aragón Existe pierde, pero mantiene a Guitarte (¡ya le vale a Aragón, coexistir con Guitarte!). El PP, que anda como vaca sin cencerro, baja, aunque ganando. Pero lo más triste de todo es que el PSOE (¡el PSOE de Alegría!) mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la pasokización del PSOE.

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8.2.26

Hoy nos quedaremos sin Alegría

[Montanoscopia] 

1. Con un poco de suerte hoy nos quedaremos sin Alegría. En el fondo es una pena, porque era una cara agradable. Pero todo agrado posible e imposible se convierte en desagrado (incluso en desagrado máximo) si está relacionado con el tétrico sanchismo. Y Alegría ha formado parte del sanchismo hasta las heces; ha estado muy en el rollo dirty de Sánchez. Que sea borrada del mapa Alegría nos producirá mucha alegría. 

2. Hasta en los instantes de mayor descontento con la política, esta tiene algo muy bueno cuando es democrática (por eso la democracia es insuperable): procede a la eliminación periódica de jetas. Este bien tiene como contrapartida un mal: la llegada de jetas nuevas. Pero nadie es perfecto. Al menos se les cambia el agua a las aceitunas. 

3. La verdadera pena de Telediario la sufrimos los ciudadanos comunes y es tener que afrontar cotidianamente las jetas triunfantes de la política. Esas jetas, con frecuencia estólidas, que nos encontraremos hasta en la sopa todos los años y todas las horas de su vida política activa. Pero un día se borrarán. Y con un poco de suerte las olvidaremos por completo. Todas aquellas jetas ya borradas de la UCD, y luego las del PSOE de González y el de Zapatero, y las del PP de Aznar y el de Rajoy. Y las jetas de todos los partidos menores, autonómicos y nacionales. Convivencia (¡o conllevancia!) cotidiana con jetas insufribles. Pero un día caen, o porque las quita el jefe o porque las quitan los votantes, que otro día quitarán también al jefe. Si no existiera la democracia, habría que inventarla: al menos como máquina de laminar jetas. (Aunque ni siquiera sin democracia hay que perder el optimismo, porque en este caso siempre llega venturosamente "el hecho biológico"; o, como decía Rubén Darío, "Ella".) 

4. Me mondo con los profesores, los periodistas y los ucleses de la literatura escandalizados con los alumnos que cantan en clase el Cara al sol. No se dan cuenta de que no lo cantan por Franco, sino por ellos. No se ven a sí mismos ni tienen idea de lo que representan: el Poder y la Iglesia realmente existentes. Son los predicadores e inquisidores de nuestra época; un coñazo para los chavales. Hoy no hay, técnicamente, más Franco que ellos. 

5. Tras el desastre de los trenes y las carreteras y las pertinaces lluvias del momento, dijo uno que pronto vendrán los ascensores y otro que los pantanos, que se resquebrajan. Al leer este último pronóstico tuve una fantasía macabra: tal vez Franco fue un terrorista que dejó el país sembrado de pantanos con obsolescencia programada, para atentar décadas después contra la democracia que le sucedería. ¡Franco como catastrofista activo, en plan etarra supremo! O tal vez todo se debe, como Losantos asegura, a la maldición de Tutanfranko. 

6. Llevo ya un par de semanas con una felicidad interior, con una dulzura adentro como hacía tiempo que no tenía. Es que vi una película que me metió en una burbuja de reconciliación con la vida, y ahí sigo más o menos (aunque tarde o temprano explotará). La película es la japonesa de hace diez años Nuestra hermana pequeña, del director Hirokazu Kore-eda, con música (fundamental) de la compositora Yoko Kanno. La nota de Filmin la emparenta con Mujercitas y algo de eso tiene. Y acaba en la playa como Los 400 golpes de François Truffaut. Pero aquí los golpes de la vida (que no se omiten) están amortiguados por el amor entre las hermanas, que es delicado y bellísimo, de una ligereza envidiable. Como la película. 

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6.2.26

La boina avanzada de Fernando Esteso

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:57

Buenas noches. Quienes sigan estas opiniones ultramontanas se habrán dado cuenta de que yo soy muy bellotero pop. De ahí que la muerte de Fernando Esteso haya sido también la de mi retratista. He de confesar que a mí Esteso nunca me hizo gracia ni como cómico ni como actor. Y que me perdone Rosa Belmonte, que le regañó a David Jiménez Torres donde Alsina por no haber visto Los bingueros: en su afán por separarse del cine fino, Belmonte es capaz de fundar un Cahiers du Cinéma solo para ensalzar las películas de Esteso y Pajares. En lo que sí me gustó a mí Esteso, y mucho, fue en la música: ¡el Esteso compositor y cantante es el mío! Aparte de la sofisticadísima Bellotero pop, que es el puente prealmodovariano entre el casticismo y la Movida (resultaba, en fin de cuentas, más pop que bellotero), están indiscutibles hits como: El zurriagazo, una crítica (pese a su disfraz jocoso, bueno, tal vez demasiado jocoso) de la violencia machista; Los niños con los niños y las niñas con las niñas, que abraza la separación de los sexos, tan en boga hoy ("yo no me casaré con ninguna mujer, ¡chínchate!"); o La Ramona, que, como ha escrito nuestro Narváez, es un canto a los cuerpos "no normativos", con su recurrente "Ramona, te quiero". Como se ve, Esteso era mucho más avanzado de lo que parece. Sobre todo, era muy avanzada su boina. En comparación, la boina de Uclés (¡tenía que salir Uclés!) es retrógrada. Uclés se planta la boina, sobre lecho de pelos, con impostura neorruralista, corroborada por el complemento del cordel en lugar del cinturón. Esteso, en cambio, usaba la boina corrosivamente: su atuendo ruralista era una parodia del ruralismo. Por eso Uclés nos hace retroceder, mientras que Esteso nos hizo avanzar.

5.2.26

Defensa de Uclés

Hay tantos asuntos en torno a Uclés que para abordarlos se necesitaría una novela-río de las de Uclés. Haré lo que pueda en mi columna de 600 palabras (de las que ya he gastado 36: ¡gran cifra para Uclés!; bueno, ahora son 44).

Lo primero es justamente la cantidad de asuntos en juego: David Uclés tiene él solo a todo el país en danza, es como el chino de los cien platillos. Creo que esto no se vivía en España desde Chiquito de la Calzada. En sí mismo es un mérito.

También lo es el haber vendido tantísimas ediciones de La península de las casas vacías, con lo difícil que es vender libros aquí. Un dato que, a su vez, asesta un golpe mortífero al prestigio del público lector español, que ya andaba tocado por su irredenta afición a las novelas de Arturo Pérez-Reverte.

Al margen de las masas lectoras (cuyo disfrute con lo que han pagado es por lo demás incuestionable, en esto son soberanas), entre los entendidos tanto uclesistas como antiuclesistas hay unanimidad en un aspecto al menos: lo de Uclés no es la literatura. La crítica a la novela ganadora del Nadal que ha perpetrado para Babelia Jordi Gracia es una escabechina. Tal vez Uclés se haya dado cuenta ahora de lo corteses que son sus denostadores "fachas", que le brindan esta condición para que no se los tome en serio. Pero con Gracia, que es el mismísimo Sánchez encarnado en crítico, ¿qué va a hacer?

El desplante de Sevilla resulta apoteósico. La no celebración del congreso ha sido el gran triunfo del congreso, puesto que corrobora su tesis del desastre guerracivilista: todos perdimos la guerra y lo que nos queda. En ello estoy de acuerdo con Reverte, cuya visión es más antropológica e histórica que ideológica. También ética. Muchas veces escribió Borges que, en un sentido profundo, metafísico casi, es peor ser el verdugo que la víctima.

En cuanto al chaval Uclés, su guerracivilismo ha aflorado, más que en su renuncia a coincidir con dos sujetos (algo que yo habría hecho, aunque no solo con esos dos, sino también con todos los demás, incluido Uclés: mi misantropía está en máximos), en su brindis por la cancelación del evento. Aquí se ha visto que es un matador de cuidado (para conocer su mecanismo les remito a La genealogía de la moral de Nietzsche).

Pero, dejando de lado la baja ideología y su farfolla verbal, tan barata: ¡qué mérito, de nuevo, el de Uclés el haber tumbado al valentón Reverte! ¡Ha ensartado a Alatriste, ni más ni menos! ¡Le ha hecho morder la lona! Para huevines, contraintuitivamente, los del chavalín. No se lo podía esperar nadie.

A partir de este hontanar de simpatía que ha manado en mí (¡yo he sido el primer sorprendido, y le rindo homenaje léxico!), he pensado en lo que Uclés tiene de maldito y de dandy. Maldito en el sentido del Lorca, poeta maldito de Umbral: no en la convención sino en el efecto; en Uclés anticipadamente, porque se huele el juguete roto a la legua. Dandy tal como lo caracterizaba Villena en su Corsarios de guante amarillo: alguien que se viste y se comporta no para atraer sino para repeler.

Uclés es además un quijote pastoril: está como salido de La Galatea, y de tal guisa marcha por nuestro mundo adverso, tropezando y hostigado pero singularizándose de una manera asombrosa. De repente, nuestros liberales (¡tan adocenadamente predicadores del individualismo!) se escandalizan ante la presencia de algo que no habían visto jamás: ¡un individuo!

Y con esto concluyo, llegado a la palabra 600.

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1.2.26

La libertad os hará verdaderos

[Montanoscopia]  
 
1. De cuántas cosas está haciendo cómplices Trump a nuestros trumpistas, que siguen bovinamente a esa mezcla de Nerón, Ubú y el Yeti, con algo de Manolo Gómez Bur. Ahora estamos viendo, a cuenta de los crímenes a manos de los camisas pardas de (precisamente) Bovino, que les gusta un asesinato policial más que a un tonto un palote. Son los proetarras de enfrente.  
 
2. Nuestros sanchistas también se las traen. Siguen a Sánchez en lo que este dicte, aunque resulte contradictorio tanto sucesiva como simultáneamente. Ahora simultáneamente le brinda a Podemos la regularización de medio millón de inmigrantes y a Junts el control de la inmigración en Cataluña. Si Zapatero se inventó la geometría variable, Sánchez se ha inventado la moralidad variable.  
 
3. Estoy en desacuerdo con quienes critican a Sánchez por no haber asistido al funeral en Huelva por las víctimas del accidente de Adamuz. En un rapto de dignidad y de generosidad, el presidente ofreció lo mejor que tiene, lo único bueno que le queda: su ausencia.  
 
4. A propósito de las elecciones autonómicas de Aragón del próximo domingo, dijo el socialista Urquizu donde Alsina que, aunque los aragoneses son mayoritariamente de izquierdas, votarán mayoritariamente al PP. Dio razonables explicaciones posibles, pero le faltó la principal: que el PSOE ya no es de izquierdas.  
 
5. El candidato aragonés del PP, Azcón, dice que nunca habrá trasvase del Ebro. La desdichada España invertebrada de Ortega seguirá siempre así, por los dos grandes partidos: el PP invertebrante (por los ríos) y el PSOE invertebrante (por los trenes y todo lo demás).  
 
6. Una señora le pregunta en Lugo a Cayetana Álvarez de Toledo que cómo se puede confiar en las reformas prometidas por el PP si no las acometió ni con la mayoría absoluta de Aznar ni con la mayoría absoluta de Rajoy. Respuesta (única) de Álvarez de Toledo: "Créame". Es para mondarse.  
 
7. Como le dije en el turno de preguntas al catedrático Ruiz Robledo tras la espléndida charla mantenida con Arias Maldonado en La Malagueta, yo he sido siempre un buen chico constitucionalista que se ha desafectado al ver que el texto íntegro de la Constitución no dice lo que dice, sino lo que diga el Consejo de Brujos (encabezado por el brujo mayor Pumpido, añado aquí). Así que se acabó. Obviamente, como responde Robledo, hay que acatarlo, porque no vamos a estar para aventuras anticonstitucionales, que serían siempre peores. Pero se acabó.  
 
8. También el aplauso nauseabundo al exfiscal general del Estado en el Ateneo por parte de muchos de sus colegas contribuye a la degradación y a la desmoralización. Por esto vuelvo al anarquismo de mi adolescencia. No como actitud activa sino como actitud pasiva (defensiva): que comienza por la consideración de todos los poderosos como enemigos.  
 
9. El malagueño Joaquín Campos, que ahora se ha hecho famoso por los sucesos que cubre desde el Sudeste Asiático, lleva ya, junto con varias novelas y libros de poemas, tres tomos de su diario, que van de 2017 a 2024: Ajuste de cuentas, Pedagogía y Hemisferio Grof, publicados en Sr. Scott. Son adictivos por su carácter impúdico, libre, transgresor, salvaje. Es un diario rápido, nervioso, que no se calla nada: ni de sexo, ni de relaciones afectivas, ni de escabrosidades, ni de la lucha por el dinero, ni del tinglado político ni literario con nombres y apellidos. En el segundo de los tomos pone como cita la frase evangélica: "La verdad os hará libres". Recuerdo que Dragó, del que Campos fue amigo, le dio una vuelta extraordinaria: "La libertad os hará verdaderos". Campos la practica a tope. 
 
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