En The Objective.
22.3.26
19.3.26
'Torrente' y la función crítica del arte
Me relacioné un poco con Santiago Segura al principio de su carrera. Era carismático, inteligente, listo, calculador, de trato entretenido, con gracia. Gustaba estar con él. Lo conocí antes de todo, cuando participaba en El peor programa de la semana y movía su cortometraje Evilio, personaje que deja en bragas, en cuanto a subversión, a Torrente y hoy sería impracticable; como su genial doblaje de Heidi, de una irreverencia mayúscula con la que te partías de risa.
En seguida te sentías en su círculo, gracias a tres trucos que llevaba a rajatabla: se aprendía tu nombre y lo retenía aunque no volvierais a cruzaros hasta meses después ("¡hombre, José Antonio!"); al minuto te llamaba "amiguete"; y te preguntaba cosas ("¿cuál es tu favorita de Woody, amiguete?"). Era a finales de 1993.
En él presencié el espectáculo de la fama, que irrumpe y crece; no sin cultivo por el súbito famoso. Volví a observar el fenómeno en Manuel Jabois. Los dos compartían algo: cuidaban a sus fans de uno en uno, como si cada uno de ellos fuese el fractal de la multitud. Así tenían como base una cadena tejida de agradecidos directos, que contagiaban su fidelidad a otros.
Lo gracioso de Segura es que no tenía nada que ver con sus seguidores, salvo en el aspecto. La fama, conseguida con el personaje heavy de El día de la bestia e incrementada con su Torrente, le acarreaba mayormente muchachos frikis y más o menos desubicados. Segura, en cambio, tenía claro lo que quería, era muy educado, iba siempre limpísimo y creo que hasta se echaba perfume. Con el primer dinero gordo que ganó se compró el cofre Gold de Frank Sinatra.
Asistí a la gestación del primer Torrente y aún estuve en el estreno del segundo. Siempre recordaré cuando en la fiesta posterior me acerqué al inolvidable Íñigo de Gran Hermano, que participaba en la película, y le dije que lo admiraba. Su respuesta, con cara de estupor, fue ejemplar: "¿Por qué?".
No recuerdo si llegué a ver el tercer Torrente, y el cuarto y el quinto seguro que no. Pero disfruté los que vi y ahora, como a todo el mundo, me apetecía muchísimo el sexto, que no podía llegar más oportunamente. Entre tanto, Segura se hizo también con el cine familiar con la saga Padre no hay más que uno, logrando, como ha escrito Rafa Latorre, ir "de Papá Noel a Torrente sin inmutarse y siempre forrándose". Tampoco se puede ignorar la coherencia de Segura a la hora de homenajear el cine que ama, efectuando rescates bellísimos como el de Tony Leblanc, que le alegró al legendario actor los últimos años de su vida.
Las ganas de ver Torrente Presidente se explican en parte por lo que ocurrió el mismo fin de semana en que arrasaba en taquilla: mientras el público se lo pasaba teta con las coñas amorales del detective desastroso, en el Festival de Málaga se premiaba películas que, sean buenas o malas (habrá que verlas), tratan de los asuntos dictados por el tedioso catecismo ideológico del momento: el alzhéimer, la identidad trans, la migración, la precariedad de los jóvenes... Tostonazos de antemano frente a los cuales una película como la de Segura es un vendaval fresco y jocoso.
Me he pasado la primera mitad larga de la película retorciéndome en la butaca y llorando: la sucesión de gags era perfecta, con la brillantez y la precisión de la comedia que funciona (algo dicicilísimo siempre). El único spoiler que voy a hacer (no argumental), para no privarles a los espectadores del disfrute, es el de que Torrente no ha cambiado en todos estos años: sus chistes son los mismos, no los ha comedido ni refrenado; solo que ahora tienen un efecto catártico que antes, aunque fueran igual de divertidos, no tenían. De pronto las carcajadas son catárticas: con ellas nos quitamos de encima la costra que se ha impuesto.
El resto de la película también entretiene, con estupendas gamberradas violentas en las secuencias de acción; aunque la intensidad cómica se afloja. Descansito que el organismo casi agradece, para volver a la carga de hilaridad compulsiva del último tramo. En resumidas cuentas: me lo he pasado en el cine como hacía mucho que no me lo pasaba. Completado por el hecho de que la sala estuviese casi llena un miércoles a las cinco de la tarde, el efecto a la salida era de pura felicidad.
La felicidad se prolonga con algunas reacciones. Por ejemplo la de Jordi Évole: "Es el traje más chungo que se le ha hecho a la ultraderecha". Correcto. Pero no solo. O la inefable crítica de El País: "la acidez de la película se devalúa por su necesidad algo forzada de equilibrar los palos". Y: "una sátira que nutre su visión de la derecha populista de esa fuente inagotable que son el cuñadismo y la cutrez patria". Es puro intento de exorcismo, porque también le da duro a la autodenominada izquierda, no menos cuñada y cutre: y de un modo nada "forzado", sino con una naturalidad que encaja a la perfección en el realismo satírico de la película.
De modo que una comedia popular cumple con la función crítica del arte que tanto cine de prestigio, pero adocenado, abandona en nuestros días. ¡Bravo por José Luis Torrente y Santiago Segura!
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En The Objective.
15.3.26
Medición de tu odio inoculado
[Montanoscopia]
1. ¡Qué gran parodia que Sánchez se presente ante el mundo como el defensor de "los principios y las reglas"! ¡Y que el mundo se lo compre! Mientras Trump sigue desatado con su palabrería y sus misiles, Sánchez insinúa otro peligro más sutil: los Trumps del futuro se camuflarán de antitrumpistas. Se parecerán más a Sánchez.
2. El anuncio de Sánchez de que combatirá el odio es un nuevo ejemplo de la guerra de posiciones. Solo por anunciarlo, postula que él está donde el amor. Lo que no te dice Sánchez es que te medirá el odio justo después de inoculártelo.
3. De pronto nos reclaman patriotismo y sacan banderonas de España los de la amnistía a los golpistas catalanistas y los pactos con los proetarras vasquistas, los arruinadores y envilecedores de lo público, los promotores de la inequidad fiscal, los desmanteladores del ferrocarril. No se han enterado de que siempre estuvimos contra la porquería nacionalista, incluida la que ellos esparcen hoy.
4. En Castilla-León (¡me niego a decir Castilla y León!) votar a Mañueco será votar su verruga. Mañueco lo sabe, pero se enfrenta al dilema de todos los políticos con verruga, cuya verruga es la clave alquímica de su éxito electoral.
Pasó con el mítico Pacheco en Jerez, que fue ganando y ganando hasta que se extirpó la verruga y perdió. Antes sus maquilladores se esforzaban por atenuarla en los carteles electorales. En el mundo del cine, también Almodóvar se quitó la verruga y sus películas se resintieron. Mañueco, de momento, la exhibe. La luz de su cartel electoral acentúa la protuberancia. El éxito de su verruga (y de Mañueco, arrastrado por ella) parece impepinable. Y esto es todo lo que tengo que decir sobre las elecciones de Castilla-León.
5. Mi incomodidad con las pompas por Raúl del Pozo. El hombre me caía simpático, pero no lo admiraba. No me gustaba su estilo, y menos el de sus discípulos. Desdeño el barroquismo de periódico, y desdeño el columnismo que es desatadamente columnístico. Sé que es cabrón ahora decir esto, por el dolor real de tantos. Pero si no lo digo ahora, ¿cuándo lo voy a decir? Uno también apuntala su estética a la contra. Y yo estoy contra esos grumos resultones. Por otra parte, el factor humano siempre me puede. Si yo hubiera conocido personalmente a Del Pozo, quizá pensaría otra cosa, o al menos no escribiría esta. Por eso termina siendo una ventaja, aunque se añore, no vivir en Madrid.
6. Lo peor de escribir libros es que luego los tienes que vender. Y hay ventas lamentables. Ahí va el pobre Vilas con Islandia, contando una y otra vez en las entrevistas la desgracia que desató su escritura. "Cuando escuchas la frase 'ya no estoy enamorada de ti', ocurre un cataclismo", repite en la última. Estuvo bien que lo escribiera, fue valiente, y más en una sociedad pacata como la española. Pero el destinatario es el lector a solas con el libro. La materia del libro, fuera del libro, produce rubor. (Aunque puede que se escriba para los improbables lectores póstumos, cuando todo lo demás haya sido borrado.)
7. A propósito de lo anterior, tiene gracia que hace pocos años tuve un amago de novia que era escritora y que me gustaba lo que escribía. Al final esto era casi lo que más me gustaba de ella: ¡no tener que fingir con su escritura! Por amor se hace todo, claro: habría fingido. Como se finge con los amigos (otra vez el factor humano). ¡Pero no tener que fingir! ¡Admirarla como escritora de verdad! ¡Cómo me enamoraba eso!
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En The Objective.
13.3.26
Un 'win-win' con Sergio del Molino
[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:21]
Buenas noches. Llevo tiempo metiéndome con Sergio del Molino y cuestionando ciertas actitudes suyas, que he llamado "acomodaticias". Por eso, cuando le conté a un amigo que me disponía a leer su nuevo libro, La hija, editado por Alfaguara, me dijo: "¡Lo tuyo es masoquismo!". Le contesté: "Es un win-win: si no me gusta, le lanzaré pullitas; si me gusta, exhibiré mi magnanimidad". ¡Así funciono! Al final resulta que he hecho las dos cosas: no programáticamente, sino porque así se han dado. Al principio no me convenció la lectura, hasta la abandoné. Pero algo me empujó a retomarla y me fue ganando entre los sarcasmitos que seguí soltando en Twitter por inercia. Al final me conquistó del todo y me ha parecido muy buena. Me ha pasado otras veces y he de reconocer que es glorioso cuando soy derrotado por un libro cuya excelencia se me impone. El disfrute lector es superior. La hija trata de Rosario Weiss, artista de la que muchos piensan (entre ellos el autor) que fue hija de Goya. La obra se divide en dos partes: la primera es una novela sobre la vida corta (murió con 28 años) de Rosario Weiss; la segunda es un ensayo sobre ella y su época, la primera mitad del tormentoso siglo XIX español, con reflexiones también sobre la obra de Goya y el arte en general. La novela me pareció que estaba bien, pero que podría estar mejor. Esta mejoría, sin embargo, se produce antes de cerrar el libro: el ensayo, que es extraordinario, impregna retrospectivamente la novela, apasionándola. El efecto es maravilloso. La hija deja un poso emocionante, de gran belleza. En lo que a mí respecta, me alegra la convicción que retorna en casos como este: lo importante es la literatura. El resto: ¡pelillos a la mar!
12.3.26
Bryce Echenique: gastar la vida en vivir
Alfredo Bryce Echenique fue mi escritor favorito desde la adolescencia hasta bien entrada la juventud. La vida exagerada de Martín Romaña es el libro que más he recomendado y regalado, aunque hace ya mucho de la última vez. También hace mucho que lo leí. ¡Más de cuarenta años! Pero me vienen tantas cosas: el sillón Voltaire (mi primer sillón literario, antes que el de orejas), la bizquerita de Inés ("luz de donde el sol la toma"), la hondonada en la cama, los muchachos del hotel sin baños, la novela sobre los sindicatos pesqueros, la manifestación de mayo del 68, el vía crucis rectal, Pigalle, Perugia, Ribeyro (que parecía su personaje, como Bioy de Borges), los escritores disfrazados de Hemingway, la crisis positiva, "detesto molestar"...
La manera de crear complicidad de esa novela era portentosa. Y daba tanta felicidad, te lo pasabas tan bien, que hay una genealogía agradecida de las recomendaciones. Nunca olvidaré al profesor del instituto que nos contagió a unos cuantos el entusiasmo, ni me olvidarán quienes la leyeron por el mío. Antes de mi pasión brasileñista, "lo peruano" era mi ideal vital. Formaban parte el taciturno Julio Ramón Ribeyro y esa máquina de funcionar que era Mario Vargas Llosa, pero el centro estaba en la mezcla de humor y melancolía de Bryce Echenique, que combinaba los éxtasis y los desastres. "Especie de Woody Allen peruano", lo calificaban en la solapa de Tantas veces Pedro, la novela que antecedió al Martín Romaña.
Fue muy expresivo que, para contestar al título que el impetuoso Varguitas le había puesto a su recopilación de artículos, Contra viento y marea, Bryce titulara la suya A trancas y barrancas. El sino del Perú lo ejemplificó con una gracia que nos hacía partirnos de risa una tarde de finales del verano de 1985 en el Ateneo de Málaga. Contó la única batalla que, en la guerra contra Ecuador, ganó Perú. La aviación peruana hizo una incursión en territorio ecuatoriano y bombardeó la primera casa que vio. En esa casa vivía un peruano. (La historia es perfecta, pero lo he mirado ahora y aquella guerra la ganó Perú: Bryce estaba haciendo un esbozo de su literatura.)
En la Semana de Autor que se le dedicó en Madrid en 1987 hubo una discusión muy divertida: Agustín García Calvo se enfadó con Bryce Echenique, por lo poco en serio que este se tomaba Mayo del 68 y, sobre todo, porque el personaje de los mocasines del Martín Romaña era una parodia de García Calvo, como entonces supieron los asistentes. Esta falta de seriedad revolucionaria propició que lo dejara su amor parisino. Del cual, por cierto, tuve noticia azarosa tiempo después, ya que conocí al hijo afrancesado que ella había tenido con el hombre por el que lo dejó: uno de los socialistas más poderosos (y prósperos) del equipo de Felipe González.
La literatura de Alfredo Bryce Echenique tiene un alto valor por su ligereza, por su fluidez, por su manera proustiana de enroscarse muy saltarinamente, provocando emociones y risas. Los estudiosos han destacado siempre su oralidad, que es un prodigio. Sus obras maestras son para mí Un mundo para Julius, el cuento (largo) "Baby Schiaffino" y el Martín Romaña. Me aseguran que también sus memorias, cuyo primer tomo se titula muy oportunamente Permiso para vivir: el que Bryce se tomó a lo grande, obteniendo algunos triunfos y millones de fracasos, que se convertían en nuevos triunfos cuando los narraba.
Su retiro peruano de los últimos años, inactivo, contemplativo, deshecho, fue ejemplar a su modo: se trataba de entregarle a la muerte un cuerpo gastado. Gastado en vivir.
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En The Objective.
8.3.26
Quedaba un fleco del año Franco
[Montanoscopia]
1. "El cine español naufraga en océanos de autocomplacencia provocados por la cocaína", dijo hará unos veinte años el director Cuerda. Hoy podría haber dicho que los provoca la ideología. Aunque ya era así entonces.También.
2. Hace solo siete años decirle a alguien que estaba en el lado correcto de la historia se consideraba una burla o un insulto. A mí me costó una novia decirlo. Aún había discernimiento. Hoy se paladea como un elogio, que es como se emite. Se acabó el tiempo de la duda, del titubeo sobre lo que se hace (cuando se presume de ello es mera duda cosmética). Hay que actuar rápido y bendecirlo al momento. O mejor, bendecirlo antes: las justificaciones son preventivas. No dependen del qué, sino del quién. Quienes están en el lado correcto de la historia pueden hacer lo que quieran. Y están en ese lado no por lo que hagan, sino por definición. Es una burda maniobra totalitaria del ego. Susan Sarandon no te dice más que lo que tú quieres que te diga. ¿Cómo no te lo ibas a creer?
3. "Es ingenuo practicar un seguidismo servil", dice Sánchez. Se refiere a los que siguen servilmente a Trump, pero eso no les ha evitado el sobresalto a los que siguen servilmente a Sánchez.
4. Mismamente Siouxsie, la ministra de Igualdad, que justo después le dijo a su papichulo: "Gracias por tu compromiso con la paz, con el no a la guerra, y con todos los valores y derechos humanos que nos hacen dignos". Y ayer, para rematar: "Eres el superhéroe de la democracia".
5. El Año Franco no se conmemoró al final con los cien actos programados, sino con un único acto continuo: la suplantación del franquismo, con su caudillo y todo. Pero el perfeccionista Sánchez era consciente de que le quedaba un último fleco, que cubre ahora: ¡la autarquía!
6. Terrorífica imagen del mamarracho Trump bendecido piramidalmente por pastores evangélicos. Vuelven las guerras de religión y Trump es otro ayatola que nos toca la pirola.
7. Decir que el PP anda como vaca sin cencerro es decir demasiado del PP: el PP sencillamente no anda.
8. Qué distintas despedidas han tenido (lo observó alguien en Twitter) Gregorio Morán y Fernando Ónega. Es la diferencia entre el outsider y el insider. En realidad, la despedida de cada uno ha sido la justa: la que estaba acorde con lo que era. Un libro sobre ambos se podría titular: La Transición y su sombra. De lo único que leí del primero, El cura y los mandarines, recuerdo el episodio de los abanicos. En cuanto a Ónega, toda la vida me formulé su apellido sin tilde: Onega. La transmisión para mí fue oral, lo que lo certifica como hombre de radio. Pero antes de que zarpe este viaje, se ha subido a la barca de Caronte el portugués Lobo Antunes, que tuvo el acierto de no ser Saramago. Lo que le dio calidad y honestidad, pero le quitó el Nobel.
9. Que una mujer tan producida como Santaolalla sea el emblema del 8-M me parece un paso adelante. Mejor la artificialidad aquí que la siempre sospechosa naturalidad. Es cierto que podrían haber elegido a las mujeres iraníes que luchan contra el patriarcado, el deseo de algunas de las cuales sería justo poder presentarse como Santaolalla. Pero hay cosas (en la pseudoizquierda) que no pueden ser.
10. Soy otro de los enganchados al monito Punch, que arrastra su intento de salvación en forma de peluche naranja. Todos arrastramos el nuestro. Podríamos decir lo que dijo Melville de Bartleby: "¡Ah, Punch! ¡Ah, humanidad!".
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En The Objective.
5.3.26
La última chapa de los Goya
Yo no estoy para la historia, la verdad. En los follones históricos (y los bélicos son los follones históricos por antonomasia) lo que me sale es el grito cionaresco: "¡Abominable Clío!". Clío era la musa griega de la historia. Y la historia es eso que les dejo a mis criados. O que les dejaría, si los tuviera. Como no los tengo, yo mismo debo manejarme con la historia desde mi sillón. Hasta que mi sillón estalle con alguna de las bombas que lanza la historia.
Lo llamativo es que no nos hemos movido ni un milímetro de las guerras médicas. Los griegos y los persas sí se han movido, sin embargo. Al mando de los otrora racionales griegos está hoy el alocado Trump, sin Leónidas alguno en lontananza. Al mando de los persas unos Jerjes muy raros, verdugos de Alá. Por otra parte, entre los griegos hay quienes piensan como los persas; y entre los persas quienes piensan como los griegos y quisieran vivir igual. No falta el Efialtes de turno, que esta vez ha caído en nuestro país. Como uno de sus ministerios da un millón, los bardos españoles han empezado a cantar el patriotismo del vendepatrias. Se ha adelantado el acomodaticio Del Molino, rápido como el rayo.
También el que da el millón, o sea, The Puentete, ha desplegado una bandera de España en su perfil de Twitter. No falla lo del patriotismo como último refugio de quienes ya saben. Ahora se muere por España el que ha destruido su sistema ferroviario, impidiendo que los españoles puedan transitar por ella. Es un retorno tácito a la España de los cantones la promovida por el ministrete.
Yo no soy neutral, pero soy escéptico y estoy cansado. Me posiciono con los iraníes (sobre todo con las iraníes) que han estado luchando contra los ayatolas y querrían quitárselos de encima: lo que a ellos (sobre todo a ellas) les parezca bien. No confío en las soluciones posibles que vengan de fuera, sobre todo si vienen del patán Trump empujado por el patán Netanyahu. También estoy con los israelíes que se defienden de los ayatolas y quieren eliminar su régimen, si eso fuera posible. Estoy con unos y estoy contra otros, pero sin operatividad. Por eso me limito a observar la historia desde mi sillón, lanzando únicamente cables emocionales y sé que inútiles.
En cuanto al patriota, según el acomodaticio Del Molino, Sánchez: qué hastío ya del sujeto. Ahora resucita el No a la guerra, o sea, se pone la última chapa de los Goya, la traca final en cuestión de chapas: volviendo a darnos la de 2003, precursora del resucitado guerracivilismo. Qué cortedad de miras más irrisoria la suya. Alguien ha tenido una iluminación en su entorno (tal vez él mismo) y se ha dado cuenta de aquello que atisbó Errejón con sus iniciales discursos falangistas: que el populismo sin nacionalismo no va a ninguna parte. El propio PSOE pudo haber sido aquel Podemos-Vox que reventase las urnas. Pero de la misma manera que la imposibilidad en España de aquella combinación nos libró de ella, para el PSOE es demasiado tarde ya. Salvo que los españoles sean más tontos aún de lo que han demostrado.
En algo tiene razón el acomodaticio Del Molino: la derecha española siempre fue la traidora efectiva de lo que proclamaba pomposamente. Lo que no ve (¡se lo tapan las anteojeras acomodaticias, y puede que ya el sueño del millón!) es que la izquierda española es hoy la que exactamente ocupa aquel lugar. Sin que la derecha española haya terminado de desocuparlo del todo. ¿Entienden mi derrotismo?
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En The Objective.
1.3.26
El millón literario del ministrete
[Montanoscopia]
1. Qué gran idea la de la conferencia que dio Gascón en el Club Tocqueville: Billy Wilder y la política. Es una delicia, por lo que dice del tema y por lo que dice de Wilder a secas. Se podría añadir algo de Traidor en el infierno que hoy está más vigente que nunca. Cuando los demás presos le echan una manta encima a William Holden y le dan una paliza por creerlo el traidor, narra con la voz en off Holden (cito de memoria): "No podía verlo, pero sabía que el traidor era el que me pegaba más fuerte".
2. Islandia, de Vilas: un libro eminentemente antiburgués, y por eso rechazado por los paladares burgueses, que son todos los paladares españoles menos el mío y el de Manolo Kabezabolo. Tiene una gran virtud, como todo lo de Vilas: la voz, solo suya, singular, interesante. Y un gran defecto, como todo lo de Vilas: que después de varios párrafos ya no sabe qué hacer con esa voz, salvo repetir los mismos párrafos pero sin el arte de la repetición que tenía Bernhard para que siguiera teniendo interés.
3. "El arte es un modo de desobediencia", dice Millás. ¡Millás! Y se lo dice a Évole. ¡A Évole!
4. El ministro de Transportes que ha destruido el sistema ferroviario español, ejemplo para el mundo entero hasta que llegó él, se saca ahora un millón de euros de la chistera (una chistera conectada al bolsillo del contribuyente) para premiar a un literato presumiblemente oficialista, o sea, de García Montero para abajo (o para arriba, según se mire). Como el premio se dará en nombre de AENA, a nuestros literatos ya no les bastará gritar: "¡Vivan las caenas!". Ahora deberán gritar también: "¡Vivan las aenas!".
5. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: los dos mejores escritores españoles vivos, Azúa y Savater, escriben en el periódico al que el dispensador de millones literarios The Puentete llama The Ojete. O sea, que su "aportación" a la literatura ya la tenía hecha el ministrete.
6. He visto los dos documentales sobre Luis Cernuda que hay en TVE (uno de 1986 y otro de 2022). Los dos son mediocres, pero se aguantan por el gran Cernuda y los textos que se leen, y por los escenarios que aparecen. En el primer documental sale algo que hoy resultaría inconcebible y que no diré, porque lo quitarían. Manifiesta la moral laxa de la época, que tenía asidero grecolatino. El segundo está absurdamente recargado de canturreos andaluces, anticernudianos. Resulta llamativo que en los dos se recite el extraordinario poema Si el hombre pudiera decir, pero omitiendo ambos el final, que es lo mejor: "Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido".
7. Para escapar de Manu Sánchez e incluso de Juanma Moreno (de Marichús Montero no era necesario, porque ya había escapado ella preventivamente), paso el 28-F releyendo las traducciones que hizo Cernuda de Hölderlin. Mi Andalucía es la que lee a Hölderlin. Todo lo demás es la Pantoja. Tiene gracia, por cierto, que Cernuda se equivocase y tradujese como "restallan las banderas" lo que tenía que ser (él mismo lo corrigió luego) "rechinan las veletas".
8. Leo un profundo libro de poemas, que tiene aires de Rilke, Hölderlin y Heidegger, de quien sale el título: Ereignis (o "el acontecimiento"), de Carmen Palomo Pinel (Vandalia). Los versos "Pues jamás se ama tanto la vida / como antes de morir" me provocan una epifanía. Anoto: una sola cosa la vida – una sola cosa (que es todo) lo que se deja.
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En The Objective.
26.2.26
El 23-F y los periódicos
Siempre que llega el aniversario del golpe (o "la intentona golpista") del 23 de febrero de 1981, yo celebro otro: el de mi debut como lector de prensa. Alguna vez lo he contado, pero como la actualidad es recurrente, yo también lo soy. No quiero estar en inferioridad de condiciones con la actualidad. Al igual que mi maestro el brasileño Nelson Rodrigues, "me repito con límpido impudor".
El 23-F me conmocionó a mis catorce años, porque hasta entonces la historia parecía avanzar por raíl riguroso. Yo era un niño espontáneamente historicista, en la acepción de Popper. Habían tenido lugar acontecimientos importantes (muerte de Franco, coronación de Juan Carlos I, aprobación de la Constitución, elecciones, debates parlamentarios...), pero todo como un trasfondo sin alteraciones de los juegos infantiles. En el despuntar de la adolescencia, de repente, la quiebra del golpe: el aprendizaje de que la historia es contingente.
Empecé a leer el periódico, quiero decir El País, aquellos días. En casa solo comprábamos el Teleprograma, signo de la prevalencia de la televisión. Por mi cuenta me había aficionado a la radio; por eso asistí, mientras estudiaba para un examen de Biología que finalmente se suspendió, a la célebre noche de los transistores, hasta que salió el Rey. Los primeros periódicos que adquirí fueron los especiales sobre el 23-F; el inaugural, un monográfico en blanco y negro del Interviú, sin desnudos. Desde entonces compré El País los domingos y los demás días lo leía en la biblioteca del barrio (frente a cuya puerta, por cierto, ETA asesinaría años después a Martín Carpena). También comencé a curiosear la revista Cambio 16.
Me doy cuenta ahora de cuánto hubo, en mi interés, de historia del presente; o sea, de la historia que no está hecha, sino que se está haciendo. El lector de periódicos tiene la perspectiva indeterminista que le recomendaba Huizinga al historiador, quien "debe situarse constantemente en un punto del pasado en el que los factores conocidos parezcan permitir desarrollos diferentes. Si se ocupa de la batalla de Salamina, debe hacerlo como si los persas pudieran ganarla aún". Por esto es tan apasionante asomarse a la hemeroteca.
Fueron veinte años de lectura de periódicos en papel. Hitos estupendos: cuando en el Johnny me encontré con que ponían a diario cinco o seis en cada planta y en la biblioteca de Periodismo estaban aquellas fastuosas mesas con todos, los nacionales y los locales, más los que podías recoger en las pilas de los pasillos. A amigas de Colombia y Brasil les pedía que me trajeran ejemplares de sus países. ¡Qué desayunos con el periódico, qué tardes con solecito! ¡El placer del viaje en tren con el que te daban, más algún otro que birlabas de algún asiento! ¡Y los tirados en las papeleras! ¡Y los hojeados de pie en el Vips o el OpenCor!
Mi paso a la lectura en digital tuvo una transición simpática. Durante un tiempo, si algún artículo me había gustado mucho, sentía la necesidad de mirarlo luego en papel. Pero eso se terminó, como todo lo antedicho. Ahora solo leo en el ordenador o el móvil y el periódico de papel me parece una medusa enorme y seca, inmanejable.
Dos sorpresas biográficas posteriores: el conocimiento de amigos de la burguesía que se jactan de que en sus casas jamás entró El País; y se les nota en un último reducto casposillo. Y mi decepción actual con el periódico, que pasó del exaltante "El País, con la Constitución" al deprimente (y tácito) "El País, con Sánchez". Aunque hoy podría repetir el del 23-F; total, si la Constitución es de Pumpido...
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En The Objective.
22.2.26
Tezanos no nos engaña
[Montanoscopia]
1. Una mujer que llama de parte del CIS me pregunta amablemente si le puedo dedicar quince minutos. "Con dos segundos basta", le digo, "ponga en todo no sabe/no contesta y que me cago en Tezanos". Y cuelgo. Se lo estoy contando entre risas a los amigotes cuando caigo en que Tezanos, en realidad, no nos engaña. Lo que ocurre es que los antisanchistas no respondemos, por lo que sus resultados solo pueden ser sanchistas.
2. Esos "pocholos". Las pozas de la derecha española. Los de izquierda que estamos en el antisanchismo nos vemos rodeados de gente turbia, empujando supuestamente en la misma dirección. Aunque no sé por qué hablo en plural: en la izquierda antisanchista estoy yo solo, y más solo que la una. Con la sensibilidad a flor de piel: una sensibilidad que me expulsa de todo y de todos. Cada día se incrementa mi misantropía. Algunos me sugieren pragmatismo (un pragmatismo que no he aplicado a mi vida). "El mal menor", dicen. Y sí, reconozco que es menor, comparado con lo que hay. Pero aun así sigue siendo muy malo. Que no cuenten conmigo.
3. Lo de la izquierda (¡Patxi López, Antonio Maestre!) defendiendo el burka ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Una victoria que consistía para empezar (¡vivan los griegos!) en no llevar burka. Aunque el tiempo sí que le ocultó la cabeza, se la cortó con su cimitarra.
4. Pisarello será el candidato de los Comuns a la alcaldía de Barcelona. Le ha ganado las primarias a Bob Pop. Así que los comunes prefieren como alcalde a uno de Tucumán antes que a uno de Madrid... Aunque tal vez haya predominado el sesgo "capacitista", por recurrir a la turra del propio Bob Pop. En cualquier caso, esta derrota nos ha privado, como tuitea Argudo, de que concurra un Chikilicuatre.
5. Gracias a las maniobras de Trump contra el Tribunal Supremo nuestros sanchistas han encontrado la ocasión de predicar contra las maniobras de un presidente contra el Tribunal Supremo. Ocasión que nunca encuentran cuando es Sánchez el que maniobra contra el Tribunal Supremo.
6. Llenazo en el Centro Cultural La Malagueta para la charla de Manuel Arias Maldonado con Fernando Jiménez Sánchez sobre La corrupción en la democracia. El Aula de Pensamiento Político lleva una racha inmejorable, con especialistas que analizan con precisión, sin énfasis, lo que pasa. No incurrir en el oficialismo deja impolutas sus herramientas epistemológicas. Con la corrupción particularmete lo que pasa ante todo es que produce desmoralización.
7. Hojeando el nuevo libro de Juan Gabriel Vásquez, de artículos, me fijo en la dedicatoria: "A Jordi Gracia". Con eso está dicho todo, le digo a un amigo. Él lo redondea: "En la dedicatoria está su epitafio".
8. Uno de los mejores ciclos diarísticos de nuestra literatura es el de Juan Gracia Armendáriz, que con el anclaje de su enfermedad renal escribe de todo: la presencia de la enfermedad acentúa el carácter trágico y milagroso de la vida. Después de Diario del hombre pálido y Piel roja, publica Diario de la frontera (Demipage). Termina con el trasplante de riñón, tras el cual escribe: "A mi alrededor todo se difumina en una abstracción. Y, sin embargo, cobra una dimensión más vívida. Se diría que la brisa está henchida de una profunda ternura. Todo se aligera". Me he acordado de este aforismo de Nietzsche: "La salud se anuncia: 1) por un pensamiento con un vasto horizonte; 2) por sentimientos de reconciliación, de consuelo, de perdón; 3) por el melancólico reírse de la pesadilla con que hemos estado peleando".
9. Viajo en autobús a Sevilla para la nueva exposición de Miguel Gómez Losada, Prēlune (Di Gallery, hasta el 4 de abril). Escribe el pintor: "Hasta donde he podido saber, la palabra Prēlune no tiene traducción. Me atrevo a definirla como oscuridad entre lunas. Prēlune es ese intervalo, una metáfora de la noche cerrada, un vacío semántico donde la pintura pone visión". La conjución entre la fantasía (sutil) y la maestría (sin alardes) produce unos cuadros de muchos quilates pero sin relumbrón. Me recuerda de nuevo a Nietzsche: "No todo lo que es oro reluce. El brillo suave es propio del metal más noble".
* * *
En The Objective.
20.2.26
Contra el espíritu de la pesadez
[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:23]
Buenas noches. Me gustó, querido Rafa Latorre, que dijeras en El Ambigú de David Mejía que yo soy nietzscheano. En efecto, Nietzsche es mi filósofo favorito. Pero hay varios Nietzsches y el mío es el de la alegría y la ligereza. El que escribió, por ejemplo, este aforismo precioso: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar". Es el Nietzsche que dijo que solo creería en dioses que supieran bailar y reír, y el que advirtió contra "el espíritu de la pesadez", que aplasta la vida y la estropea. Hoy es el espíritu de la pesadez el que manda, aniquilando todo brote de espontaneidad; o agriándolo, que viene a ser lo mismo. Hemos vuelto a asistir a esta expansión deprimente con la respuesta (¡cargadísima!) de Sarah Santaolalla al chistecillo de Rosa Belmonte, que no era más que eso: un chistecillo, gracioso además. Belmonte, que es, como escribió Borges de Verlaine, "inocente como los pájaros", vuela también como ellos, o revolotea, soltando frases inteligentes y gamberras, y sobre todo ligeras, que tienen la cortesía de disiparse al poco de surgir, como una pompa colorida de jabón. Pero Santaolalla ha atrapado una que la aludía y la ha inflado, la ha paralizado y la ha convertido en un pedrusco que se ha colgado al cuello para exhibirse como víctima de una (¡agárrense!) "agresión". Lleva días con ello, pesadísimamente. Con el aplauso de muchos, como es natural, que también han sucumbido al espíritu de la pesadez, convirtiéndose en unos pesados. Una vez que el espíritu de la pesadez se pone en marcha, no hay nada que hacer. Porque no merece la pena el chiste que se soltaba con levedad, por diversión, si a cambio te caen una almidonada quejándose y un chaparrón de pesados. ¡Huyamos a las catacumbas! ¡El único sitio donde puede haber ligereza ya!
19.2.26
Dificultades semánticas con la política española
En estas columnas me suelo dedicar al entretenimiento porque en realidad estoy fuera de la, así llamada, conversación pública española. Y esto debido a sus desplazamientos semánticos. O a sus adulteraciones semánticas. Las palabras se utilizan como meros recursos de poder, en su sentido más bajo: de poder partidista. Volvemos a los sofistas y a Nietzsche, un Nietzsche rudimentario. Esto permite una cierta diversión boxeística, pero sin mayor recorrido. Se agota y yo me he agotado ya.
Se supone que los componentes semánticos esenciales de nuestro sistema los fija la Constitución, pero también esto ha caducado a estas alturas. La de 1978 llevaba en su título IX, "Del Tribunal Constitucional", una instancia falsificadora. Por ello hemos aprendido tristemente que el texto constitucional no dice lo que dice, sino lo que dice que dice el Consejo de Brujos, encabezado hoy por el brujo mayor Pumpido, que dirá que la Constitución dice lo que diga Sánchez. Obviamente, esto siempre estuvo así: solo había que atreverse a hacerlo. En lo sucesivo, bastará con que se atrevan también los nuevos Pumpido y Sánchez, del mismo partido o de otros partidos. La Constitución que hemos defendido durante largos años, y que esta ha semana ha celebrado su récord de años, albergaba un bicho.
Lo mismo sucede, en cuanto a mis dificultades semánticas con la política española, con la matraca incansable de "izquierda" y "derecha", que desde hace un tiempo nos asalta cotidianamente todavía más que el (¡insufrible!) fútbol.
La derecha, cierta derecha, insiste en llamar "centro derecha" a la ultraderechista Vox, por ejemplo. O "liberal" a lo que es episcopal. En cuanto a la izquierda, le llama "izquierda" a lo más reaccionario que tenemos, que es ella misma. Nuestra izquierda es la reacción pura y se llama izquierda. Ha desalojado el componente semántico de la palabra. Lo que no le impide usarla inflacionariamente. Y para atacar; es decir, para llamarles a sus críticos lo que ellos son.
El asunto Rufián es la piedra angular de este despiporre. Que un reaccionario como es todo nacionalista, rozando el fascismo por definición, se presente no solo como de izquierda, sino como la solución para toda la izquierda, sin que estalle el país en carcajadas prueba el éxito tergiversador de estos cuatreros semánticos. Culmine o no su aventura, es su simple propuesta el síntoma. El síntoma de esa enfermedad que hace que la izquierda se vea, no solo compatible, sino idealmente fusionada con el nacionalismo. ¡Y con el nacionalismo de los ricos además, en España!
Al final, en la política española hay adscripción partidista y punto. Si un partido como el PSOE es supuestamente de izquierda, él define lo que es o no la izquierda. La izquierda es entonces, tautológicamente, lo que diga y haga el PSOE. Impera el "patriotismo de partido", o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga. Muchos se dicen de izquierda y lo único efectivo que están diciendo es: soy del PSOE (o de cualquier otro partido autodenominado de izquierda).
La cúspide del dislocamiento semántico (dislocamiento que nos vuelve locos) es la manía actual de hablar de la verdad y los bulos. ¡Hasta firman manifiestos! Por lo general, hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar (y prestigiar) sus fechorías. Una vez más, no se atiende a los significados reales, sino que se tiende a imponer otros falsos.
Por todo esto oigo la, así llamada, conversación pública española como quien oye llover. Llover sapos. O besugos, en este diálogo de besugos.
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En The Objective.
15.2.26
Un concentrado pétreo de lo peor
[Montanoscopia]
1. En el nuevo episodio de Yira Yira, podcast que nunca me pierdo, Arcadi Espada le pregunta a Yaiza Santos por la última comparecencia de Pedro Sánchez. Ella le dice que no la vio, que no puede con él. Espada le reprocha que sea una sentimental. Pero no es una cuestión sentimental: es una cuestión estomacal. Si no eres cronista parlamentario ni periodista que deba estar informado al segundo de las evoluciones del presidente, atenderlo es una manera fulminante de estropearte el día. Ya casi lo es con que te pille una ráfaga, como inevitablemente termina sucediendo. La desgracia democrática que esto implica no hay ni que explicarla. Pero el hombre se ha convertido en un concentrado pétreo de lo peor: mediocridad intelectual (y actoral), falsedad, fullería, ventajismo, matonismo, ineficacia para cualquier cosa que no sea retener su poder (su poder vacío), cortoplacismo, sectarismo, narcisismo, ¡hasta victimismo! Asistir a ello me pone malo. Si algo hemos aprendido en el sanchismo es que hay que quitarle a la política lo que se quiere comer, y quiere ensuciar, de nuestra vida. Por eso todo minuto hurtado a Sánchez será un buen minuto; o al menos un minuto mejor que si se lo concediéramos. (El de esta entrada, en consecuencia, ha sido un mal minuto.)
2. El aluvión moralista contra Rosa Belmonte por su frase "la mitad tonta, la mitad tetas" se explica en este contexto de inmoralidad desatada. Esa misma mañana la proetarra Aizpurua osó pronunciar la palabra "víctimas" en el Congreso ("al PP no le importan las víctimas", en referencia a las de Adamuz), con el aplauso de la pseudoizquierda, incluida la gubernamental. Si te tragas estas obscenidades, te tienes que indignar por un chiste. La desvergüenza tiene sus leyes, relacionadas, además de con la parcialidad y la degradación de las proporciones, con la sobreactuación. El chiste encima era una cita; o sea, que se trataba de una frase tamizada, indirecta, ¡con bibliografía! El problema de la aludida Sarah Santaolalla no es la calidad de su "intelecto", palabra que ella misma ha utilizado, ni su supuesto implante de tetas. El problema es su implante ideológico, mejor dicho, partidista; y su ínfimo nivel.
3. Lo que el PSOE no le perdona a Felipe González es que con él sí funcionasen los trenes.
4. Lo del premio de Ayuso a Trump, además de ridículo, es deprimente. Una de las pulsiones más incomprensibles de la derecha española es cómo se empeña en ajustarse a los trajes que le confecciona la izquierda. Empeño que los transforma en profecías, puesto que lo que empieza como insidia termina como descripción.
5. "El fascismo no se ha ido", dice el aporreador de guitarras Raimon. ¡Pero cómo se iba a ir, si los cantautores lo habéis conservado en salmuera! En realidad sí que se fue, por breve lapso: durante la Movida, en la que bailamos sobre su tumba; su tumba efectiva. Pero la Movida murió, regresaron los cantautores y trajeron de la manito a Franco, cuya vida es la razón de ser de los cantautores. La explicación es muy sencilla: si el antifascismo que siguen proclamando no es contra Franco, entonces solo puede ser... ¡contra nuestra democracia! Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: el antifascismo de hoy es contra la democracia.
6. He visto la serie de 1980, dirigida por Fassbinder, Berlin Alexanderplatz. La adaptación de la novela de Alfred Döblin es portentosa: tan cinematográfica como literaria; nunca había tenido con una película tal sensación de estar leyendo, con la complejidad de la lectura y el dominio de la palabra. La serie, oscura, descarnada, tremenda, retrata el abigarrado Berlín de 1928, con todas sus tensiones, incluida la del naciente nazismo, a flor de piel. El actor Günter Lamprecht sostiene la historia con su Franz Biberkopf, al que se lo debe todo (lo supiera o no) James Gandolfini. Lo acompañan magníficamente los demás, en especial Hannah Schygulla, Barbara Sukowa y Gottfried John.
7. Pero no hay que ver series. La propia idea de serie activa el demonio aritmético: uno empieza a verlas y ya no puede hacer otra cosa que ponerse capítulo tras capítulo, y vivir exclusivamente para ello, porque hasta que no acabe el último no se quedará tranquilo.
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En The Objective.
12.2.26
Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente
Desde que dejé de ser columnista de domingo (con conciencia de lunes), gano todas las elecciones. Escribir en domingo era una rutina grata, resultaba más descansado; salvo los días de votación, en que se alteraba todo: había que estar pendiente de las noticias, con agonía, aguantar hasta ultimísima hora y por fin trabajar muy entrada la noche, a veces sin conocer el resultado preciso.
Esto en lo que a mi vida personal se refiere, que ha mejorado en los domingos electorales, ahora de churros, paseítos, algún polvete, películas y lectura, hasta la tertulia de Alsina con mi vinito, mis patatitas y Varela desmenuzando los datos sobre los que no tendré que improvisar conclusiones. Este domingo aragonés también estuvo, anticlimáticamente, el acomodaticio Del Molino, pero esa es otra historia. En cuanto a mi vida política, que es la del país entero, va de desastre en desastre. Hablo desde mi punto de vista, como es natural, que es el del votante fino, hoy fatalmente abstencionista.
En esto último, Felipe González ha declarado que confluye conmigo: votará en blanco en las próximas generales. En realidad, son dos cosas distintas votar en blanco y abstenerse, es decir, no votar. Una tercera posibilidad, más expresiva, es el voto nulo: pintar un cipote en la papeleta o algo así. Aún no sé por cuál de las tres decantarme. Coinciden en la vocación de pureza (reconozco que huerfanita, como nos acusan los sartrianos de las "manos sucias"); pero desde la pureza habría que afilar el daño. No me escondo: cuando llegue el momento, le preguntaré a la IA qué perjudicaría más a Sánchez, si el blanco, la abstención o el nulo, y ahí me tiraré. (A ciegas va ganando lo del cipote.)
Para el votante fino votar a Vox está descartado, así como votar al PP que va a pactar con Vox. La posibilidad de votar a Izquierda Española, que me tentó cuando surgió, se ha disipado debido a su putinismo (o a su no explícito antiputinismo) y a alguna que otra majadería tan izquierdista como española. Algunos electores (según mis cuentas, solo tres o cuatro) tenemos la peculiaridad de ser a un tiempo antisanchistas y antivoxistas, lo que nos ata las manos electorales (salvo para dibujar cipotes en las papeletas).
En el fondo, nuestro antisanchismo y nuestro antivoxismo es lo mismo. Vemos con irrefutable clarividencia que el voto voxista es un voto sanchista. Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán. Vox es simultáneamente la piedra angular (argumental al menos) y la guinda del asqueroso pastel del sanchismo.
Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente. Por eso el panorama nacional es tétrico; desde luego, no pasa el corte del votante fino. En las elecciones del pasado domingo, Vox duplicó sus escaños. La explicación no deja de ser simple: es lo simple. También es lo simple votar al otro partido que subió, la Chunta Aragonesista, de cuyos miembros y votantes esto es lo más suave que se podría decir: ¡hay que ser muy aragonés para ser aragonesista!
Podemos y Alvise fueron eliminados, lo que es la única noticia excelente (una única noticia, porque van en el mismo lote pútrido). Izquierda Unida-Sumar sigue. Aragón Existe pierde, pero mantiene a Guitarte (¡ya le vale a Aragón, coexistir con Guitarte!). El PP, que anda como vaca sin cencerro, baja, aunque ganando. Pero lo más triste de todo es que el PSOE (¡el PSOE de Alegría!) mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la pasokización del PSOE.
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En The Objective.
8.2.26
Hoy nos quedaremos sin Alegría
[Montanoscopia]
1. Con un poco de suerte hoy nos quedaremos sin Alegría. En el fondo es una pena, porque era una cara agradable. Pero todo agrado posible e imposible se convierte en desagrado (incluso en desagrado máximo) si está relacionado con el tétrico sanchismo. Y Alegría ha formado parte del sanchismo hasta las heces; ha estado muy en el rollo dirty de Sánchez. Que sea borrada del mapa Alegría nos producirá mucha alegría.
2. Hasta en los instantes de mayor descontento con la política, esta tiene algo muy bueno cuando es democrática (por eso la democracia es insuperable): procede a la eliminación periódica de jetas. Este bien tiene como contrapartida un mal: la llegada de jetas nuevas. Pero nadie es perfecto. Al menos se les cambia el agua a las aceitunas.
3. La verdadera pena de Telediario la sufrimos los ciudadanos comunes y es tener que afrontar cotidianamente las jetas triunfantes de la política. Esas jetas, con frecuencia estólidas, que nos encontraremos hasta en la sopa todos los años y todas las horas de su vida política activa. Pero un día se borrarán. Y con un poco de suerte las olvidaremos por completo. Todas aquellas jetas ya borradas de la UCD, y luego las del PSOE de González y el de Zapatero, y las del PP de Aznar y el de Rajoy. Y las jetas de todos los partidos menores, autonómicos y nacionales. Convivencia (¡o conllevancia!) cotidiana con jetas insufribles. Pero un día caen, o porque las quita el jefe o porque las quitan los votantes, que otro día quitarán también al jefe. Si no existiera la democracia, habría que inventarla: al menos como máquina de laminar jetas. (Aunque ni siquiera sin democracia hay que perder el optimismo, porque en este caso siempre llega venturosamente "el hecho biológico"; o, como decía Rubén Darío, "Ella".)
4. Me mondo con los profesores, los periodistas y los ucleses de la literatura escandalizados con los alumnos que cantan en clase el Cara al sol. No se dan cuenta de que no lo cantan por Franco, sino por ellos. No se ven a sí mismos ni tienen idea de lo que representan: el Poder y la Iglesia realmente existentes. Son los predicadores e inquisidores de nuestra época; un coñazo para los chavales. Hoy no hay, técnicamente, más Franco que ellos.
5. Tras el desastre de los trenes y las carreteras y las pertinaces lluvias del momento, dijo uno que pronto vendrán los ascensores y otro que los pantanos, que se resquebrajan. Al leer este último pronóstico tuve una fantasía macabra: tal vez Franco fue un terrorista que dejó el país sembrado de pantanos con obsolescencia programada, para atentar décadas después contra la democracia que le sucedería. ¡Franco como catastrofista activo, en plan etarra supremo! O tal vez todo se debe, como Losantos asegura, a la maldición de Tutanfranko.
6. Llevo ya un par de semanas con una felicidad interior, con una dulzura adentro como hacía tiempo que no tenía. Es que vi una película que me metió en una burbuja de reconciliación con la vida, y ahí sigo más o menos (aunque tarde o temprano explotará). La película es la japonesa de hace diez años Nuestra hermana pequeña, del director Hirokazu Kore-eda, con música (fundamental) de la compositora Yoko Kanno. La nota de Filmin la emparenta con Mujercitas y algo de eso tiene. Y acaba en la playa como Los 400 golpes de François Truffaut. Pero aquí los golpes de la vida (que no se omiten) están amortiguados por el amor entre las hermanas, que es delicado y bellísimo, de una ligereza envidiable. Como la película.
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En The Objective.
6.2.26
La boina avanzada de Fernando Esteso
[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:57]
Buenas noches. Quienes sigan estas opiniones ultramontanas se habrán dado cuenta de que yo soy muy bellotero pop. De ahí que la muerte de Fernando Esteso haya sido también la de mi retratista. He de confesar que a mí Esteso nunca me hizo gracia ni como cómico ni como actor. Y que me perdone Rosa Belmonte, que le regañó a David Jiménez Torres donde Alsina por no haber visto Los bingueros: en su afán por separarse del cine fino, Belmonte es capaz de fundar un Cahiers du Cinéma solo para ensalzar las películas de Esteso y Pajares. En lo que sí me gustó a mí Esteso, y mucho, fue en la música: ¡el Esteso compositor y cantante es el mío! Aparte de la sofisticadísima Bellotero pop, que es el puente prealmodovariano entre el casticismo y la Movida (resultaba, en fin de cuentas, más pop que bellotero), están indiscutibles hits como: El zurriagazo, una crítica (pese a su disfraz jocoso, bueno, tal vez demasiado jocoso) de la violencia machista; Los niños con los niños y las niñas con las niñas, que abraza la separación de los sexos, tan en boga hoy ("yo no me casaré con ninguna mujer, ¡chínchate!"); o La Ramona, que, como ha escrito nuestro Narváez, es un canto a los cuerpos "no normativos", con su recurrente "Ramona, te quiero". Como se ve, Esteso era mucho más avanzado de lo que parece. Sobre todo, era muy avanzada su boina. En comparación, la boina de Uclés (¡tenía que salir Uclés!) es retrógrada. Uclés se planta la boina, sobre lecho de pelos, con impostura neorruralista, corroborada por el complemento del cordel en lugar del cinturón. Esteso, en cambio, usaba la boina corrosivamente: su atuendo ruralista era una parodia del ruralismo. Por eso Uclés nos hace retroceder, mientras que Esteso nos hizo avanzar.
5.2.26
Defensa de Uclés
Hay tantos asuntos en torno a Uclés que para abordarlos se necesitaría una novela-río de las de Uclés. Haré lo que pueda en mi columna de 600 palabras (de las que ya he gastado 36: ¡gran cifra para Uclés!; bueno, ahora son 44).
Lo primero es justamente la cantidad de asuntos en juego: David Uclés tiene él solo a todo el país en danza, es como el chino de los cien platillos. Creo que esto no se vivía en España desde Chiquito de la Calzada. En sí mismo es un mérito.
También lo es el haber vendido tantísimas ediciones de La península de las casas vacías, con lo difícil que es vender libros aquí. Un dato que, a su vez, asesta un golpe mortífero al prestigio del público lector español, que ya andaba tocado por su irredenta afición a las novelas de Arturo Pérez-Reverte.
Al margen de las masas lectoras (cuyo disfrute con lo que han pagado es por lo demás incuestionable, en esto son soberanas), entre los entendidos tanto uclesistas como antiuclesistas hay unanimidad en un aspecto al menos: lo de Uclés no es la literatura. La crítica a la novela ganadora del Nadal que ha perpetrado para Babelia Jordi Gracia es una escabechina. Tal vez Uclés se haya dado cuenta ahora de lo corteses que son sus denostadores "fachas", que le brindan esta condición para que no se los tome en serio. Pero con Gracia, que es el mismísimo Sánchez encarnado en crítico, ¿qué va a hacer?
El desplante de Sevilla resulta apoteósico. La no celebración del congreso ha sido el gran triunfo del congreso, puesto que corrobora su tesis del desastre guerracivilista: todos perdimos la guerra y lo que nos queda. En ello estoy de acuerdo con Reverte, cuya visión es más antropológica e histórica que ideológica. También ética. Muchas veces escribió Borges que, en un sentido profundo, metafísico casi, es peor ser el verdugo que la víctima.
En cuanto al chaval Uclés, su guerracivilismo ha aflorado, más que en su renuncia a coincidir con dos sujetos (algo que yo habría hecho, aunque no solo con esos dos, sino también con todos los demás, incluido Uclés: mi misantropía está en máximos), en su brindis por la cancelación del evento. Aquí se ha visto que es un matador de cuidado (para conocer su mecanismo les remito a La genealogía de la moral de Nietzsche).
Pero, dejando de lado la baja ideología y su farfolla verbal, tan barata: ¡qué mérito, de nuevo, el de Uclés el haber tumbado al valentón Reverte! ¡Ha ensartado a Alatriste, ni más ni menos! ¡Le ha hecho morder la lona! Para huevines, contraintuitivamente, los del chavalín. No se lo podía esperar nadie.
A partir de este hontanar de simpatía que ha manado en mí (¡yo he sido el primer sorprendido, y le rindo homenaje léxico!), he pensado en lo que Uclés tiene de maldito y de dandy. Maldito en el sentido del Lorca, poeta maldito de Umbral: no en la convención sino en el efecto; en Uclés anticipadamente, porque se huele el juguete roto a la legua. Dandy tal como lo caracterizaba Villena en su Corsarios de guante amarillo: alguien que se viste y se comporta no para atraer sino para repeler.
Uclés es además un quijote pastoril: está como salido de La Galatea, y de tal guisa marcha por nuestro mundo adverso, tropezando y hostigado pero singularizándose de una manera asombrosa. De repente, nuestros liberales (¡tan adocenadamente predicadores del individualismo!) se escandalizan ante la presencia de algo que no habían visto jamás: ¡un individuo!
Y con esto concluyo, llegado a la palabra 600.
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En The Objective.
1.2.26
La libertad os hará verdaderos
[Montanoscopia]
1. De cuántas cosas está haciendo cómplices Trump a nuestros trumpistas, que siguen bovinamente a esa mezcla de Nerón, Ubú y el Yeti, con algo de Manolo Gómez Bur. Ahora estamos viendo, a cuenta de los crímenes a manos de los camisas pardas de (precisamente) Bovino, que les gusta un asesinato policial más que a un tonto un palote. Son los proetarras de enfrente.
2. Nuestros sanchistas también se las traen. Siguen a Sánchez en lo que este dicte, aunque resulte contradictorio tanto sucesiva como simultáneamente. Ahora simultáneamente le brinda a Podemos la regularización de medio millón de inmigrantes y a Junts el control de la inmigración en Cataluña. Si Zapatero se inventó la geometría variable, Sánchez se ha inventado la moralidad variable.
3. Estoy en desacuerdo con quienes critican a Sánchez por no haber asistido al funeral en Huelva por las víctimas del accidente de Adamuz. En un rapto de dignidad y de generosidad, el presidente ofreció lo mejor que tiene, lo único bueno que le queda: su ausencia.
4. A propósito de las elecciones autonómicas de Aragón del próximo domingo, dijo el socialista Urquizu donde Alsina que, aunque los aragoneses son mayoritariamente de izquierdas, votarán mayoritariamente al PP. Dio razonables explicaciones posibles, pero le faltó la principal: que el PSOE ya no es de izquierdas.
5. El candidato aragonés del PP, Azcón, dice que nunca habrá trasvase del Ebro. La desdichada España invertebrada de Ortega seguirá siempre así, por los dos grandes partidos: el PP invertebrante (por los ríos) y el PSOE invertebrante (por los trenes y todo lo demás).
6. Una señora le pregunta en Lugo a Cayetana Álvarez de Toledo que cómo se puede confiar en las reformas prometidas por el PP si no las acometió ni con la mayoría absoluta de Aznar ni con la mayoría absoluta de Rajoy. Respuesta (única) de Álvarez de Toledo: "Créame". Es para mondarse.
7. Como le dije en el turno de preguntas al catedrático Ruiz Robledo tras la espléndida charla mantenida con Arias Maldonado en La Malagueta, yo he sido siempre un buen chico constitucionalista que se ha desafectado al ver que el texto íntegro de la Constitución no dice lo que dice, sino lo que diga el Consejo de Brujos (encabezado por el brujo mayor Pumpido, añado aquí). Así que se acabó. Obviamente, como responde Robledo, hay que acatarlo, porque no vamos a estar para aventuras anticonstitucionales, que serían siempre peores. Pero se acabó.
8. También el aplauso nauseabundo al exfiscal general del Estado en el Ateneo por parte de muchos de sus colegas contribuye a la degradación y a la desmoralización. Por esto vuelvo al anarquismo de mi adolescencia. No como actitud activa sino como actitud pasiva (defensiva): que comienza por la consideración de todos los poderosos como enemigos.
9. El malagueño Joaquín Campos, que ahora se ha hecho famoso por los sucesos que cubre desde el Sudeste Asiático, lleva ya, junto con varias novelas y libros de poemas, tres tomos de su diario, que van de 2017 a 2024: Ajuste de cuentas, Pedagogía y Hemisferio Grof, publicados en Sr. Scott. Son adictivos por su carácter impúdico, libre, transgresor, salvaje. Es un diario rápido, nervioso, que no se calla nada: ni de sexo, ni de relaciones afectivas, ni de escabrosidades, ni de la lucha por el dinero, ni del tinglado político ni literario con nombres y apellidos. En el segundo de los tomos pone como cita la frase evangélica: "La verdad os hará libres". Recuerdo que Dragó, del que Campos fue amigo, le dio una vuelta extraordinaria: "La libertad os hará verdaderos". Campos la practica a tope.
* * *
En The Objective.
31.1.26
29.1.26
El entierro de Tierno
La semana pasada tenía pensado escribir sobre Enrique Tierno Galván, en el cuarenta aniversario de su muerte, pero necesité ocuparme de la catástrofe ferroviaria. Lo escribo ahora.
Tengo algunos recuerdos de aquel 19 de enero de 1986. Veo que era domingo. Cristóbal, Jurdao y yo habíamos salido a dar nuestro primer paseo juntos tras las vacaciones de Navidad. Solíamos tirarnos horas charlando y caminando, incluidas la ida y la vuelta al colegio mayor. Fue justo aquel anochecer (qué curioso que tenga situado el momento) cuando cumplimos el canónico ritual bohemio de mear en la puerta de la Academia; tal vez porque habíamos leído La novela de un literato, en la que todos los fracasados eran malagueños. Otra imagen situada: mientras cruzábamos un semáforo, el transeúnte verde mutó en el hombre ámbar intermitente y Jurdao se puso a imitarlo dando saltitos con los pies juntos y las manos pegadas al cuerpo. Creo que hicimos como él. Ya en la Ciudad Universitaria, antes de recogernos, entramos a tomar una cerveza en el Isabel de España, entre las chicas, y allí, en la tele del bar, nos enteramos de que se había muerto el alcalde.
Nos habíamos ido a Madrid en parte por él. Todavía en 1983 la ciudad en la que hubiese querido vivir era Barcelona, pero desde 1984 ya fue Madrid. Tierno Galván pertenecía al paquete atractivo, con la Movida. Cristóbal imitaba sus celebrados bandos de retórica arcaizante. Se dijo que cuando llegó el papa Juan Pablo II, poco después de la primera victoria socialista en 1982, Tierno le habló en latín. Su foto junto a la teta al aire de Susana Estrada señalaba el cambio de los tiempos. Y encima había traducido el Tractatus de Wittgenstein.
Solo me recuerdo sintiendo una simpatía acrítica por él: de antemano, como una premisa. Sin él la ciudad perdía encanto, nos parecía. Algo se quedaba hueco, con una ligera sensación de estafa, como si Madrid valiese menos de repente. Aunque, en verdad, de la Movida solo restaban las crestas de colores de los punkis en la Gran Vía y Malasaña, los conciertos gratis del Paseo de Camoens, el fluorescente de La Vía Láctea y las postales en los quioscos con las leyendas "Madrid me mata" y "De Madrid al cielo".
El martes 21 fuimos a ver el cortejo. Venía con nosotros Checa, el único compañero con vocación periodística. En los noventa nos dijeron que trabajaba en el Teletexto y no supimos más de él. Nos colocamos en el parterre que hay frente al Banco de España, con la Cibeles a nuestra izquierda. Aguantamos entre la multitud hasta que pasó el coche fúnebre. Entre los que caminaban detrás destacaba el presidente Felipe González: más alto, más cetrino. Lo miré con desprecio porque me parecía un traidor. Hoy me costaría explicar a qué, quizá a la pulcritud política. Solo lo vi de nuevo en un mitin.
En un lateral que no alcanzábamos a ver, creo que al comienzo del Paseo del Prado, hablaron algunos, entre ellos su sucesor en la alcaldía, Juan Barranco. Y luego emprendimos la marcha hacia la Almudena, recorriendo la larguísima calle Alcalá hasta el cementerio, adonde no he vuelto nunca. Había una sensación de acontecimiento histórico, que es lo que queríamos sentir.
Muchos años después supe que todo había sido una farsa. Tierno Galván era un maniobrero que se había fabricado el personaje de "viejo profesor" por cálculo. El PSOE no podía con él. Alfonso Guerra, el mejor motejador de España junto con Federico Jiménez Losantos, le puso un mote invencible: "víbora con cataratas". Y encima su traducción del Tractatus era defectuosa.
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En The Objective.
25.1.26
Lo mejor de España ya lo hemos vivido
[Montanoscopia]
1. Lo mejor de España ya lo hemos vivido. No pasa nada. No todo es España.
2. La relanzada lucha de Moncloa contra la desiformación y los bulos me recuerda, aparte de al hombre que fue Jueves de Chesterton (jefe de la policía y de los anarquistas a la vez), el artículo tronchante que escribió Pessoa cuando el Gobierno de Portugal, para combatir a la masonería, promulgó una ley que prohibía las sociedades secretas. Pessoa repasaba el texto y concluía que el Gobierno se ajustaba a la definición de sociedad secreta y por tanto había que prohibirlo.
3. La indignidad sustancial de The Puentete: fungiendo de técnico de pronto, pero también escamoteando por ver si se salvaba. Su ruina es tanto política como moral: tampoco servía para reconfortar tras el accidente. Su mera presencia era chusca, ofensiva. Él no estaba para eso, sino para chulear, para soltar mamporros verbales al servicio del "puto amo". Si eres todos los días un hampón, no puedes ser otra cosa cuando llega el día decisivo. Pero aun así (o justo por ello) se envalentona. No parece haberse dado cuenta de la fosa en la que está el ministrete.
4. Impresiona el cuajo con el que Sánchez habla todavía de la "verdad". O es un tahúr o su narcisismo está ciertamente blindado. Cabe otra opción, no incompatible con las anteriores (es posible que se estén dando las tres al mismo tiempo): simplemente les lanza cables a sus partidarios. A estos les basta un hilillo emanado del líder al que agarrarse. El espectáculo de esta semana ha sido obsceno: los sanchistas se han echado los cuarenta y cinco muertos a la espalda sin pestañear; empezando por la sincronizada, que es ya la guardia mora de Sánchez.
5. Trump, gran jibarizador de "América" (hasta el Anschluss de Groenlandia la empequeñecería aún más), ha propiciado en España dos grupos aparentemente antagónicos pero igual de patéticos. Uno: el de los trumpistas españoles, esos insufribles apretaos que escupen su energumenismo con una suficiencia que no se corresponde con sus mermadas capacidades. Otro: el de los sanchistas antitrumpistas, que le critican a Trump todo lo que le apoyan a Sánchez. En el ámbito del columnismo se están luciendo particularmente; sobre todo el sermoneador de los sábados y las cheerleaders de los domingos, junto con el misceláneo más campanudo de los miércoles. Siempre que hay problemas con Sánchez, callan sonoramente y se ocupan de Trump. Su comodín delator.
6. El documental por el que Filmin ha sido atacada por los nacionalistas catalanes, Ícaro: la semana en llamas, es muy bueno. Cuenta lo que se propone contar y lo cuenta bien. Angustia la violencia de los independentistas, irracional, fascistoide, pero enorgullece la dignidad de la policía constitucional: su serenidad, su articulación intelectual y humana. En El País, el triste Delclós habla de "elogio desvergonzado" a la policía. El antifranquismo anquilosado de estos putrefactos les ha conducido a figurar contra la democracia y junto a los genuinos franquistas de hoy.
7. Jamás vi a nadie comprar un libro en Tipos Infames, pero era guay estar allí. Yo nunca entré por mí mismo, porque me intimidaban los hipsters del escaparate, sentados con su portátil y su vinito como si nadie los mirara. Sí fui en compañía a algunas presentaciones. Estuve en las de Arias, Del Molino, Jabois, Loriga y hasta en una mía, que me hizo Latorre. En esa librería hablé por última vez con Gistau. Y le di la mano, empujado por las circunstancias, a Víctor Manuel. Al final se me quedan un montón de recuerdos en ella, ahora que va a cerrar.
* * *
En The Objective.
23.1.26
¡Gloria a Els Joglars!
[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 2:02]
Buenas noches. Una gran experiencia cultural y festiva en nuestra cada vez más estirada y desastrada España es asistir a una representación de Els Joglars. Ha vuelto a suceder en Málaga, adonde vinieron a presentar su producción El retablo de las maravillas, adaptación del entremés de Cervantes. Lo hicieron en el Teatro Cervantes precisamente, que homenajeó a Els Joglars por sus sesenta y cinco años. Fundada en 1961 por Albert Boadella, es hoy la compañía teatral privada más longeva de Europa. En mi memoria están Teledeum, Ubú president, Daaalí o la de Pla; y más recientemente las de Rusiñol, Aristófanes o el exrey Juan Carlos. Todos estos personajes interpretados por el inmenso Ramon Fontserè, que les da comicidad, alma y un poquito de tragedia. El efecto en la butaca es siempre de descompresión, de liberación. El aire vuelve a correr; regresa la antigua libertad, su inconfundible cosquilleo. La taladradora humorística en su día se ocupó del franquismo y el militarismo, después de la Iglesia, posteriormente del nacionalismo catalán: variantes todas del mismo ceporrismo engolado y opresor. En El retablo de las maravillas la diana va mudando: la fatuidad del mundo artístico, lo woke como nueva Iglesia (con la vieja Iglesia contra lo woke) y la pompa vacía de los gourmets, que en esta obra degustan "aire crudo". En el entremés de Cervantes, el público fingía ver maravillas en la nada del retablo, ya que se había advertido que el que no las viera era hijo ilegítimo o tenía sangre judía. Hoy hay miedo de ser acusado de muchas otras cosas, como muestra la actualización de Els Joglars. Con el teatro a tope, se produjo la catarsis de las risas. Vivimos apresados por un montón de plastas. Últimamente el teatro también brinda tales plastas. Els Joglars no. ¡Gloria a Els Joglars!
22.1.26
Compañeros de viaje
Hay que dar un paso atrás, salir del politiqueo en el que yo también me he metido, porque es un fango infecto, y volver a lo importante: la muerte y la vida.
El domingo viajé en un tren como el accidentado, pero un poco antes y en la dirección opuesta. Mi Iryo llegó a Málaga desde Madrid a las 17:49 y el accidentado (¿otro, el mismo?) salió de Málaga hacia Madrid a las 18:40. El viaje de ida lo hice el jueves. Ni en la ida ni en la vuelta noté vibraciones ni nada anormal.
En el andén de Atocha el jueves al mediodía, una señora vino corriendo a devolverme el cargador del móvil, que se me había olvidado en el asiento. Gestos como ese no pudieron suceder en Atocha el domingo por la noche. El azar me había sentado junto a Arias, a cuya presentación de Letras Libres iba a asistir al final de esa tarde. De camino pasamos por una librería y hojeamos novelas del mexicano Ibargüengoitia, que murió en el "avionazo" de 1983, junto a otros escritores.
Se trata ahora de eso: de los hilos que pudieron haberse interrumpido. Y de intentar recordar a mis compañeros de viaje, los que hubieran venido conmigo en el accidente si se llega a adelantar. Se trata de entrever la sacudida del caos en el orden del tren.
El grado de mi misantropía es acusado últimamente, como vengo proclamando por aquí. Mantengo amabilidad y cortesía con el prójimo, pero para que me deje en paz. Tampoco quiero imponerle mi misantropía a nadie. En el tren no empujo, no protesto, dejo pasar educadamente; si bien, lo de ayudar a las mujeres con sus maletas, salvo que me lo pidan, se acabó: no quiero correr el riesgo de que me acusen de machismo. Y me permito poner cara de desagrado, o emitir algún gruñido, si el que tengo al lado desenvuelve un bocadillo pringoso.
Los niños son un considerable engorro, aunque por delante van los tratantes de ganado a grito pelado con el móvil. Cuando viajaba en el Ave me pedía el Vagón Silencio, en el que seguía habiendo tratantes de ganado a grito pelado con el móvil, pero ya no niños: el secreto de ese vagón es que no admite a menores de catorce años. Desde que opto por el Iryo, los niños han vuelto. Y en el viaje a Málaga tenía uno cerca; mejor dicho, una niña.
Pero era tan graciosa. Me incomodó al principio, por mi inercia misantrópica, pero me conquistó. El padre y la madre eran ejemplares, por cómo hablaban con ella. No debía de llegar a los cuatro años. Estaba fascinada con el viaje en tren, y con decir "mi sitio" cada vez que cambiaba para sentarse en otro. Era revoltosilla. Pero luego se apaciguó y pasó mucho tiempo dormida en los brazos de su padre. Solo se despertó para hablar por teléfono con la abuela, que la esperaba en Málaga.
El viaje fue bueno, después de todo. Entraba el solecito por las ventanas. Yo también me adormilé. Nos bajamos en Málaga, llegué a mi casa. A las nueve de la noche, preocupado por mí, Toscano me dio la noticia del accidente, y enseguida me preguntaron más amigos y amigas. Mis sensaciones recientes alborotadas de pronto.
Durante la noche y la mañana, el número de muertos y heridos, las imágenes de los trenes destrozados, los primeros esbozos de historias. Y la niña de seis años caminando sola por la vía tras haber perdido a sus padres, su hermano y un primo, de la que ha hablado Peláez. Pudo haber sido la mía, con dos o tres años más, pudieron haber sido sus padres, pude haber sido yo, pudo haber sido cualquiera.
Pero la niña de mi tren está a salvo, con sus padres. Estos sin duda más conmocionados aún que yo. Fui un par de veces al servicio por el pasillo en que iba viendo las caras de los demás pasajeros: la musulmana, la monja, la pareja oriental, el chico en chándal, el señor que roncaba. Luego me rocé con ellos al salir y emprendimos la carrera siempre rara del andén. Algunos familiares esperaban fuera, alcancé a ver una cara iluminada por el reencuentro. Aún era de día. Después se haría de noche.
* * *
En The Objective.
18.1.26
El enemigo siempre fue el literalista
[Montanoscopia]
1. Premios Zenda: penosísima la sumisión de la Literatura al Establishment. Hay que tener estómago para compartir espacio con el ministro The Puentete, ariete degradante del degradante sanchismo. Con lo de "la Literatura" he dicho un sofisma para redondear la frase. No existe una Literatura platónica, como entidad independiente y pura. No hay más literatura que la que hacen los literatos, esos que menean el culito ante el Poder a ver si este tiene a bien enchufársela, con la ilusión de que se derramen unos eurillos en el proceso. Reconozco que no deja de ser igualmente sofístico este cuadro. Pero detrás de todo ello hay algo sólido: si me aficioné a leer, y luego a escribir, fue para escapar de los sitios (físicos y mentales) en que pudiera haber un ministrete.
2. Maravillosa performance de María Corina Machado entregándole la medalla de su Nobel de la Paz a Donald Trump. Gesto que la fortalece a ella y lo debilita a él, aunque él tenga la fuerza. En términos morales, el Nobel ya sin medalla se aquilata en Machado, mientras que la medalla se vuelve chatarra en manos de Trump. Son muy graciosos los poderosos y los ricos, con frecuencia ansiosos de valores que su poder y riqueza refutan.
3. Ya definí lo de Juan Manuel de Prada como "medievalismo podemita". Ahora escribe a favor de la masacre de mujeres iraníes (como mal menor: le encuentra asidero bíblico) porque los ayatolás le han dedicado una estación de metro a la Virgen María "con relieves y murales en las paredes de una rara delicadeza".
4. Mi interés vital por Julio Iglesias duró lo que mi lectura de la biografía que le consagró Ignacio Peyró en Libros del Asteroide. Fue para mí un personaje levantado con su prosa. Luego ha seguido la vida y de ello ni la editorial ni el autor son responsables. De ahí que fuera torpe y absurdo el comunicado sobre futuras ediciones corregidas después de las acusaciones contra el cantante. El libro debe quedarse como está, como una cápsula deliciosa de ligereza. Son los lectores quienes, si acaso, pueden añadirle desde fuera esta reflexión borgiana: "Todo poema, con el tiempo, es una elegía".
5. ¿Cómo ha podido el cine español perpetrar una película como Rondallas? El director ha contado que fue un encargo del productor. ¡Un productor encargando una película sobre grupos regionales! Con trasfondo humano, eso sí. En realidad, Rondallas es la culminación del cine español: los grupos regionales son las tunas bendecidas por el nacionalismo, que es el incuestionado dogma religioso de nuestro Estado laico. O sea, los grupos regionales son la tuna incuestionada. Otro más de los flecos franquistas vigentes, con su semilla sembrada de "coros y danzas" hoy blindada por el nacionalismo. Si se le añade el mencionado trasfondo humano, ya tenemos el cine español en pleno.
6. Pedí en un tuit no ser jamás uno de esos risibles zoquetes que se habían puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. En ese instante yo me había puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. Twitter me lo he tomado siempre para estos juegos, con frecuencia irónicos; y, por supuesto, contra acusicas y campanudos. En Twitter me ejercito en el carnaval, simplemente. Y para desatar, yo que soy un mar de dudas (corrosivas de mí mismo no se pueden imaginar hasta qué extremos), "opiniones contundentes" a lo Nabokov, ya que me gusta y hace gracia esa retórica. El enemigo siempre fue el literalista. De quien es hoy el imperio. Un día de estos te estrangulará con tus propias ironías.
* * *
En The Objective.
15.1.26
El manifiesto de yo solito
¿Qué vamos a hacer con el PSOE? Hasta los críticos andan como vaca sin cencerro. El manifiesto presentado por Jordi Sevilla es fallido: fallido en todo... salvo en una cosa, no poco importante, que diré en el último párrafo. Digo ahora a propósito que Jordi Sevilla siempre me ha parecido un nombre disruptivo. Algo así como Dídac Trebujena, Oriol Écija o Valentí Matalascañas. Empiezo mal, con una mención ad hominem (o, como diría Carmen Calvo, ad nominem). ¡Pero así funciono!
Los militantes del PSOE (más los votantes que le quedan, con El País y la Ser) se resisten a darse cuenta de una cosa: de que su partido es ya un partido plenamente antisocialdemócrata; de hecho, la gran amenaza para la socialdemocracia en este país. Si no su matarife: un matarife con la labor cumplida. Así que manifiestos como el de Jordi Sevilla llegan tarde: son tristemente póstumos. Un estertor entrañable e inútil. Los socialdemócratas de verdad, no militantes y por ello aún socialdemócratas, solo aguardamos el hundimiento del PSOE: ese partido que ya únicamente podría ser mejorado mediante su pasokización.
Jordi Sevilla ha tenido que recordárselo a esa peña: Socialdemocracia 21 es la bandera de uno del PSOE contra el PSOE de Pedro Sánchez, que es todo el PSOE. Uno de los errores del manifiesto, además de pedirle socialdemocracia al PSOE como el que le pide peras al olmo, es decir que tras ese impulso hay "una mayoría ciudadana". No, Jordi, no. De mayoría, nanai de la China. Sois habas contadas. Con un solo dedo además, el tuyo. Dedo sobre el que pende, como cuchillo de Damocles, la amenaza yakuza de Sánchez. Te podría conceder algunos dedos más: sin que alcancen para rebasar una mano y todos yakuzables.
Lo que ha hecho el PSOE estos años es sordidísimo. Yo, que (¡como socialdemócrata antisanchista!) no votaré al PP justamente por sus pactos con Vox y me refugiaré en el voto en blanco, me siento autorizado para proclamar que el PSOE ha hecho sus pactos (y en parte sus Gobernos) con los únicos que son aún peores que Vox: populistas y nacionalistas (independentistas todos ya, sin excluir golpistas y proetarras). Los repulsivos pactos del PP están y estarán más que legitimados: ¡se los ha legitimado el PSOE con sus aún más repulsivos pactos!
Hay una canción brasileña tristísima y bellísima: O bloco de eu sozinho [El bloque de yo solito], en que un individuo (que existió) integra en solitario una agrupación de carnaval. Así que el manifiesto de Jordi Sevilla ha sido el Manifiesto de yo solito. Desde que empecé a leer la prensa de adolescente, me aficioné a los manifiestos y a curiosear entre los "abajofirmantes". Este ha sido el primero que me he encontrado sin abajofirmantes, o con apenas un abajofirmante. Del Yo acuso inagural de Zola hemos venido a dar en este en que Jordi Sevilla podría haber prescindido de su disruptivo nombre para firmar como Zolo.
Y así llegamos a lo único para lo que ha valido el manifiesto, una utilidad no constructiva sino destructiva, de pura denuncia. No tanto por lo que dice como por lo que ha pasado con él. La ausencia de adhesiones lo dice todo del partido que es hoy el PSOE: un partido entre unánime y de terror, con una disidencia escasa y asustada. También, si bien se mira, el PSOE es el bloque de otro yo solito: Sánchez, acariciado por miles de dedos en miles de manos dispuestas a aplaudir. El PSOE se dice socialdemócrata, pero es tan manifiestamente antisocialdemócrata que nadie se atreve a firmar un manifiesto por la socialdemocracia.
* * *
En The Objective.
11.1.26
Gazpacho no, horchata sí
[Montanoscopia]
1. El lenguaje es maravilloso. Ahora nos hemos enamorado de la palabra "extracción". La extracción de Maduro. Como la extracción del petróleo. (O su sustracción.) Quién no quiere, para acabar con el tirano, que baje un Deus ex machina y se lo lleve, como ha ocurrido en Venezuela. Lo hubiéramos querido en España con Franco. Solo que Trump es un Deus que no está en sus cabales. Se parece más bien al "genio maligno" de Descartes, dispuesto a volvernos locos.
2. El asesinato policial de la mujer de Mineápolis, propiciado por el trumpismo y aplaudido o excusado por el trumpismo, prueba que Trump es el Maduro de Estados Unidos. Es un presidente bananero del otrora país de la libertad. Está empequeñeciendo "América" hasta la irrisión.
3. El inconfundible aroma de la libertad es el que se da en Irán estos días con las mujeres alegres quemando sus velos y quemando, como desafiantes actrices bellísimas, las fotos de los clérigos feísimos: se los fuman fastuosamente. ¡Las persas! Mujeres alegres y trágicas: también mueren, junto con los hombres rebeldes, a manos de las fuerzas represivas de los ayatolas. ¿Y con quién está nuestra izquierda mamarracha? ¡Con los clérigos asesinos! Igual que estaba con el asesino Maduro.
4. Es la misma izquierda que ve en Rufián a su próximo líder: el Rufián de la destrucción de la igualdad en España, por medio de la "ordinalidad" fiscal que ha firmado su conmilitón Junqueras con Sánchez. Sánchez: el sujeto que ha convertido al PSOE en un partido antisocialdemócrata. Y el PSOE encantado.
5. Mi lectura definitiva de 2025 ha sido la biografía Jorge Luis Borges. Un destino literario, de Lucas Adur (Cátedra). Y no lo ha sido además Pessoa. Una biografía, de Richard Zenith (Acantilado), traducida por nuestro Vidal-Folch en su ya míticas jornadas (¡maratonianas!) en chándal, porque aún no la he leído. Espero hacerlo este 2026. El Borges de Adur es riguroso académicamente (el autor es profesor en la Universidad de Buenos Aires) y además es una lectura estupenda, por la escritura, por la disposición de los materiales y por las reflexiones sobre la vida y la literatura de Borges. Lo mejor es tal vez asistir a cómo Borges se construye a sí mismo: él, su figura, es otra de sus obras. En cuanto a la política, es admirable la integridad de Borges: se pronunció y expuso siempre, arriesgándose, sobre todo contra el pringoso peronismo. Pero, ay, esta fidelidad antiperonista le jugó una mala pasada: no supo distinguir la vileza de la dictadura que lo derrocó, inercia que le llevó asimismo a aprobar al infecto Pinochet. Luego, cuando fue consciente de los crímenes y las torturas, se espantó y rectificó, pero ya era tarde. Aunque en el fondo del fondo se podría decir de Borges lo que Borges dijo de Verlaine: era "inocente como los pájaros".
6. A veces no me creo que durante media hora yo fuera estricto contemporáneo de Borges. El Loco de la Colina lo entrevistó en directo en septiembre de 1984 y yo estaba, envuelto en la noche, con el transistor encendido, como todas las noches. En la entrevista Borges cita la definición de la noche que dio Chesterton: "una nube mayor que el mundo". Cuando Quintero le pregunta por algo que no le guste de España, dice Borges: "probé con escasa fortuna el gazpacho". Pero a continuación afirma que le gusta la horchata: "gazpacho no, horchata sí". Borges estaba en Sevilla. Al día siguiente apareció su foto con Torrente Ballester y la Giralda, en El País. Se me ha ocurrido buscar el audio de la entrevista y aquí está.
* * *
En The Objective.
9.1.26
Fases del 'revival' católico (y el incomprendido Dios)
[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:11]
Buenas noches. Con la aceleración de nuestro tiempo, el revival católico al que asistimos ha atravesado a velocidad supersónica todos los periodos de la Historia del Arte. Por remontarnos al trazo originario, el de la Grecia antigua, primero estuvo la fase arcaica, después la clásica y finalmente la helenística o alejandrina, es decir, la de la disgregación autorreferencial y la decadencia. Aplicado al mencionado revival católico, podríamos asociar al periodo arcaico la restauración del Ecce homo de Borja, al periodo clásico la película Los domingos y el disco Lux de Rosalía, y al periodo helenístico la canción que nos propinó La Oreja de Van Gogh en Nochevieja, con ese "Yo creo en Dios" que parecía una estricta operación mercantil. Cómo no recordar el chiste de Billy Wilder contra un músico pésimo: "Tiene el oído de Van Gogh para la música" (en inglés ear es tanto oído como oreja). Pero hay algo que me ha impresionado del periodo arcaico, que suele ser el más recio, el más profundo. Estas Navidades murió Cecilia Giménez, la "restauradora" del Ecce homo de la que tanto nos reímos, y Ricardo hizo en El Mundo una viñeta genial, de gran calado teológico. Cuando ella llega al Cielo, San Pedro le dice: "Querida Cecilia, te presento a Jesucristo". ¡Y este tiene la cara de su Ecce homo! Recordé los versos de Borges en su poema Cristo en la cruz: "El rostro no es el rostro de las láminas. / Es áspero y judío". Y conjeturé borgianamente que ella lo hubiese visto de verdad y, contradiciendo a la tradición, y al propio fresco que restauraba, lo plasmó exactamente así. Como los profetas bíblicos, o la profetisa Casandra, se expuso al oprobio de sus contemporáneos, a sus burlas, a su falta de fe. Pero el suyo era el incomprendido Dios.
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