28.12.25

Sánchez y su familia navideña: ¡inocentes!

[Montanoscopia] 

1. Hay que salvar al soldado Sánchez, porque lo que viene es peor. Me he caído del caballo y he visto que trazó adecuadamente el muro: en un lado, las fuerzas progresistas; en el otro, la fachosfera. Los españoles no podemos permitir que el franquismo se adueñe de nuevo de la política española, en la que Sánchez es el único baluarte antifranquista. La familia navideña, acosada por las fuerzas oscuras, es exactamente la de Sánchez: su mujer, su hermano y sus hijos, que somos todos los españoles de buena voluntad. El resto de los españoles, los de mala voluntad, votantes del PP y de Vox, se merecen la intemperie. Una socialdemocracia parcial, que proteja a los buenos y expulse a los malos: eso nos da y debe dar Sánchez. 

2. Arriesgado el discurso de Nochebuena del Rey: al clamar contra los populismos y extremismos, ha clamado prácticamente contra el Parlamento. Muy apropiado que tras Felipe VI estuviera la estatua de Carlos V dominando el Furor. 

3. No doy la batalla cultural (que ya la tengo ganada) ni la batalla darwinista (que ya la tengo perdida). 

4. Cuando era guionista me interesaba el mecanismo de las comedias sentimentales y las estuve analizando. El elemento esencial es aquello que impide en cada caso que la pareja se una. El impedimento más original es quizá el de Cuando Harry encontró a Sally, de Rob Reiner: lo que se interpone entre los protagonistas y el amor es que ellos se han propuesto demostrar que es posible la amistad entre un hombre y una mujer sin la interferencia amorosa. Cuando se enamoran lo rechazan, porque eso contradice su propósito. En ello andarán enredado, y de ello se habrán de desenredar para que triunfe el amor como debe hacerlo en las comedias sentimentales. La memoria feliz de esta película y de las demás de Reiner ha sufrido ahora, como señala Jiménez Torres, la inoculación amarga del horrible asesinato del director y su mujer. Pero en sus películas persistirá la felicidad empaquetada que se guardaba en ellas, como regalos para siempre. 

5. Se ha muerto Alejandro Reyes, el del Club de Jazz del Johnny. El primer concierto que me pilló allí (¡hace cuarenta años!) fue el de Bobby McFerrin. Luego vinieron Steve Lacy, Toots Thieleman, Memphis Slim y los conjuntos espirituales The Stars of Faith y Jubilee Spirituals. En uno de estos me vi bailoteando junto a Ceesepe, mi cumbre en la Movida. En el curso siguiente, Los Angeles Jubilee Singers, Chicago Blues Festival 86, Michel Portal, Tete Montoliu, Jorge Pardo, Magic Slim, McCoy Tyner y Stéphane Grappelli. Había una multitud para ver a este, el antiguo colega de Django Reinhardt, y solo pude entrar con el concierto empezado. Tras las apreturas y los empujones, una inesperada paz. El viejecillo con su violín tocaba la música del paraíso. La prueba de que estábamos salvados la había dado McFerrin cuando le pidió al público que lo acompañara y esperé un efecto horrendo, pero me encontré con que todos, yo también, pasamos a formar parte de la armonía. Qué hermoso haber pasado por la vida, así Alejandro Reyes, como benefactor puro. 

6. En mi lista de los diez mejores libros de 2025 que me pide The Objective he querido ser fiel al que, según Juan Bonilla, es el ismo más importante de la literatura: ¡el amiguismo

7. Con el que me la he jugado es con el mejor libro de 2024, que, pese a mis encendidos argumentos, no cuenta con unanimidad. Un amigo va diciendo por ahí que en el periódico se equivocaron y me publicaron el jueves el artículo que mandé para hoy domingo, Día de los Inocentes. 

8. Pero mi inocentada la he puesto en esta Montanoscopia: es el punto 1. 

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