7.12.09

Acabemos con esta charlotada

Cuando a una Constitución se le ha perdido el respeto, ya no hay nada que hacer. Los dos jóvenes del vídeo, el larguirucho supuestamente de derechas y el de las gafitas supuestamente de izquierdas, la usan como papel higiénico. Naturalmente, sólo imitan lo que vienen viendo hacer a sus mayores. Esa vicepresidenta del Gobierno regañando en público a la presidenta del Tribunal Constitucional. Ese Tribunal Constitucional que no se respeta a sí mismo. Esos políticos pinchando y cortando y presionando sin pausa. Esos Estatutos barrocos, horteras y, sí, digan lo que digan los amanuenses, dudosamente constitucionales. El viernes se murió Jordi Solé Tura. Es el segundo “padre de la Constitución” que nos deja. Al ver juntos, el sábado, los nombres de los demás, me dio la impresión de que estaban en una de esas películas de miedo, en que la van palmando uno tras otro. ¿Quién será el siguiente? Pero ahora se añade un elemento de intriga: a alguno a lo mejor le toca ver cómo la palma antes la propia Constitución. Yo he sido siempre, desde mis catorce años, constitucionalista. Es normal: la primera vez que me fijé en la política fue a raíz del golpe del 23-F. Los primeros periódicos que compré fueron los de los días que siguieron. La proclama, la consigna, era la defensa de la Constitución. Me volví sensible a aquella retórica, a aquella épica. Me volví un puntilloso del, así llamado, formalismo democrático. Mis primeras broncas políticas fueron contra los niñatos tejeristas del instituto. Luego también me tocó abroncarme con algún trotskista. Yo me consideraba de izquierdas, pero mi convicción más arraigada, que mantengo, es que lo fundamental son las formas: el sistema democrático. Si impera verdaderamente el estado de derecho, da un poco igual el partido que gobierne. Podrán ser mejores o peores entre ellos, pero ninguno, por bueno que sea, puede dar más libertad (¡ni decencia!) que el que ofrece el marco democrático en sí mismo. No es la mayoría lo esencial de la democracia: eso es lo segundo más importante. Lo primero es la preservación de los derechos y de la legalidad. En una palabra: la limitación del poder; incluso del poder de las mayorías. Éstas, si quieren hacer algo, ha de ser sin violar los derechos; y ateniéndose estrictamente a la ley. Por eso me dan ganas de vomitar cuando ahora no hago más que oír hablar de mayorías (¡y de mayorías sentimentales, encima!) que “no pueden” ser “ignoradas” por el Tribunal Constitucional. De pronto, muchos de nuestros políticos y muchísimos de nuestros periodistas (¡y hasta algún que otro constitucionalista!) parecen no haber leído jamás a Montesquieu. Qué bien les vendría seguir un curso intensivo (¡forzoso!) de Educación para la Ciudadanía. Esas mayorías, si de verdad son tales, lo único que pueden hacer, constitucionalmente, es cambiar la Constitución. O incluso derogarla entera. Es algo legítimo: pero ha emprenderse por los cauces constitucionales. Por los cauces constitucionales, y de manera explícita. Si se cambia la Constitución, que se sepa que se ha cambiado. Lo que no se puede es mantenerla de nombre, pero desvirtuándola en la práctica. Eso sería lo peor; y eso (lo peor) es justo lo que nos está empezando a pasar y hacia donde, me temo, nos dirigimos desaforadamente. Si se tiene que cambiar, que se cambie. Y si no se cambia, que se cumpla. Pero ya está bien, por favor. Acabemos con esta charlotada. [Publicado en Frontera D]

30.11.09

Conciencia de lunes

Hoy ha empezado Conciencia de lunes, mi colaboración semanal en Frontera D. El primer articulito me ha salido flojo; habrá que esperar al próximo lunes.

* * *
La batalla de la realidad

La gran frase de la semana la dijo mi amigo Curro. Lo vi el jueves, día del editorial conjunto de la prensa catalana del movimiento, y me soltó: “¡La realidad es una batalla perdida!”. Se acababa de comprar un libro de Étienne Gilson, El espíritu de la Edad Media, con la intención de refugiarse en él y pasar del resto. Me pareció un plan encomiable; pero esta derrota de la realidad en todos los frentes es un espectáculo mucho más divertido. Lo pienso seguir desde aquí en primera fila. El ser humano es un bicho prodigioso: con lo sencillitas que son las cosas, y en los líos que se mete. Definitivamente, le va la marcha. (Con respecto a los famosos doce periódicos, lo risible no fue la conjunción, claro, sino la obediencia; esa sonrisita agradecida de Montilla.)

Quiero mezclar en esta página el jolgorio y la adustez. A eso responde el título. Lo he tomado de una autodefinición de Wallace Stevens que hizo suya Jaime Gil de Biedma: “Soy un poeta de domingo con conciencia de lunes”. Yo seré un articulista (un bloguero) de domingo con conciencia de lunes. El efecto inmediato de mi nueva obligación será arruinarme el fin de semana; pero lo doy por bueno. Si, como dijo el propio Gil de Biedma, “tienen razón los días laborables”, esa razón se extenderá a mis domingos.

Lo que observo es que predomina la tendencia opuesta: el espíritu festivo que se desborda por el lunes y llega al viernes, convirtiendo la semana entera en una ondulación insensata. La población trabaja (salvo la que está en el paro), pero detecto unas generalizadas vacaciones mentales.

Detecto también un exceso de buena conciencia. Todo el mundo parece satisfechísimo de lo que es y de lo que hace. Se ha perdido la figura del hombre apesadumbrado. Sobre todo, se ha perdido la figura del hombre apesadumbrado de izquierdas. Aquel tic moral tan saludable, la mala conciencia, ha desaparecido por completo. El resultado es que el personal se exhibe sin ningún pudor.

Debe de estar bien El espíritu de la Edad Media. Aunque yo tampoco me quedo manco en lecturas. He empezado la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, que no es una evasión de la realidad sino todo lo contrario. Menudas perlas: “Muchos fueron los horrores que sufrieron las ciudades en las revoluciones, horrores que suceden y sucederán siempre, mientras sea la misma la naturaleza humana”. Sí, me temo que por el momento la naturaleza humana seguirá siendo la misma. El espectáculo está garantizado.

25.11.09

El libro sobre Poe



Acaba de publicarse el libro colectivo sobre Edgar Allan Poe en el que participo con mi artículo "La muerte en Poe". Se titula Misterio e imaginación: Edgar Allan Poe, de la literatura al cine, lo edita el Cedma junto con la Universidad de Málaga y el Festival de Cine Fantástico, y lo han coordinado Juan Antonio Perles Rochel y Sara Robles Ávila. Los autores, además de los coordinadores y de mí mismo, son: Antonio Nadales, Lorenzo Silva, Juan Antonio Vigar, Jean-Pierre Castellani, Antonio Ballesteros, Alicia Hernández, Eduardo Jordá, Raquel Ruiz, Miguel Ángel Oeste y Álvaro García. Ayer lo presentamos en el Rectorado y después tuvimos una agradable cena. Eso de hablar en público lo voy sobrellevando: es cuestión de rodaje. Pero lo cierto es que, baudelerianamente, dije una cosa que me había propuesto no decir, y no dije algunas otras que me había propuesto decir. Además, me alargué un poco. Queda el libro, de hermosa factura. Las ilustraciones de cubierta y contracubierta se han hecho a partir del daguerrotipo "Última Thule", con duplicación simétrica de cada lado del rostro: salen dos Poes. Les confesaré que una de las gracias de mi ensayito –que, por lo demás, me resultó un tanto penoso de escribir– fue el empleo de las notas al pie, bibliográficas, un recurso que no es de mi predilección pero en el que me apliqué en esta ocasión para no desentonar en el carnaval universitario.

9.11.09

Mejor el fuego

[Cuelgo aquí el artículo que, como anuncié, he publicado en la revista Boronía, dirigida por mi amigo Hervás. Ya he tenido ocasión de verla en papel: espléndida. Me ha emocionado ver mi texto impreso; aunque he tenido la sensación de que funcionaba peor que en pantalla. Por otra parte, caigo ahora en que, en esa condición, podría verse físicamente presa del fuego mencionado. Lo escribí a principios de septiembre.]

* * *
No sé cuánto llevan con la matraca del 2016 en Málaga, mi ciudad; pero cuando Hervás me invitó a participar en Boronía, pensé que una venganza perfecta sería defender la capitalidad cultural de Córdoba. Al fin y al cabo, la matraca cordobesa no me toca a mí. Y si le dan la capitalidad a Córdoba, es algo de lo que nos habremos librado los malagueños. Málaga, por lo demás, no debería permitirse lujos culturales: todo excedente presupuestario tendría que destinarlo en exclusiva a la contratación de barrenderos y basureros; más barrenderos y basureros. No hay ciudad más sucia que Málaga. Si merece un título, es el de capital europea de la basura (y, ya puestos, también de los escombros).

En ésas estaba, recreándome en el juego de la traición, cuando una amiga segoviana me dijo que Segovia optaba a su vez a la capitalidad cultural del 2016. Divertido, se lo conté a una amiga asturiana, quien me indicó que Asturias se presentaba igualmente, con una candidatura conjunta de Gijón, Oviedo y Avilés. No me lo podía creer. Fui al Google para confirmarlo, ¡y salieron diez más: Alcalá de Henares, Burgos, Cáceres, Cuenca, Palma de Mallorca, Pamplona, San Sebastián, Santander, Tarragona y Zaragoza! Esto era el camarote de los hermanos Marx de las capitalidades culturales...

El asunto, pese a lo risible, dejaba de ser una broma: se ponía en verdad interesante. Para empezar, lo obvio: el espectáculo grotesco de que casi todas las ciudades del país más cazurro de Europa (el de los bajísimos índices de lectura y el desastre educativo) se postulen como capitales europeas de la cultura... Con esto está dicho todo, pero se puede decir más. De puertas para adentro, nos encontramos ante un síntoma gordo de uno de nuestros males crecientes: el localismo. Había catorce candidaturas, pero yo sólo conocía dos: las que me pillaban más cerca; y si conocí otras dos, fue por boca de amigas de esas ciudades. Lo de la “capitalidad europea de la cultura”, por lo tanto, con lo cosmopolita que suena, es principalmente un ropaje para el consumo interno, para la autopropaganda local. Cada ciudad se repite a sí misma que merece ser la capital cultural de Europa, siquiera por la temporada asignada. Se echa mano de lo que se tiene —Picassos, Mezquitas, Acueductos— para ensalzarlo hasta la extenuación, en una suerte de apoteosis del narcisismo provinciano.

Está además el impagable espectáculo de las firmas. Las webs habilitadas, los pliegos. Es una invitación, naturalmente: sólo que, por unánime y ubicua, resulta intimidatoria (“una oferta que no se podrá rechazar”). No se llega al extremo de las amenazas (la cultura no da para tanto), pero, por ejemplo, conozco el caso de que a los participantes en un acto celebrado en una de las ciudades candidatas, se les pasó el pliego de firmas antes de serles entregados los cheques que les correspondían por su intervención. Es algo así de suave, sin violencia; y por supuesto que uno firma: ¿por qué no iba a hacerlo? Pero es en estas ocasiones amables donde mejor puede apreciarse la coacción. Una coacción que, por otra parte, resulta innecesaria: los artistas y “gentes de la cultura” de cada ciudad apoyan sin fisuras su 2016, por si les cae algo (que seguramente les caerá). Es un interés legítimo, aunque estéticamente un tanto deplorable. Y la ausencia de crítica hace que la propuesta se convierta en dogma.

Al final, no nos engañemos, el invento de la capitalidad cultural no es más que la construcción de un escenario al que el político se aupará para exhibirse. De ahí el énfasis, y de ahí lo arriesgado de la disidencia. Cuando vemos que hay cosas necesarias que no se hacen, mientras que hay otras innecesarias que sí se hacen, el criterio que suele aclararlo todo es el de la posibilidad que ofrecen para el lucimiento del político. El dinero que se va a gastar en la capitalidad cultural del 2016 resultaría mucho más provechoso, desde el punto de vista estrictamente cultural, si se destinase a la construcción de bibliotecas, o a becas, o al simple adecentamiento de las escuelas: pero daría para menos fotos. Cada año, cuando llegan los incendios, se repite la misma lamentación: “los incendios del verano empiezan a apagarse en el invierno”. Es en los trabajos poco lucidos del invierno donde está la clave: pero no se ejecutan, porque no son glamourosos. Siempre me acuerdo de lo que decía Félix Bayón: que lo más útil para prevenir el fuego son los rebaños de cabras por el monte, para que se coman los rastrojos; y que una de las causas de la proliferación de los incendios es que los políticos no se ven inaugurando rebaños de cabras...

Los incendios, la cultura. Las imágenes de este verano del fuego cercando la Acrópolis de Atenas. Precisamente esos días escuchaba yo conferencias sobre la Grecia clásica, de las que hay disponibles en la web (maravillosa) de la Fundación Juan March. Los conferenciantes, Rodríguez Adrados, García Gual, Lledó, insisten todos en lo mismo: que el fundamento de la democracia ateniense era la educación, la paideia. Sin paideia, literalmente, no hay democracia. La metáfora es fácil, pero exacta: la Acrópolis a punto de arder porque se ha descuidado lo esencial, el trabajo oscuro del invierno. Sin paideia, las capitalidades culturales son un mero festejo de verano: una pantomima.

La cultura, los incendios. Quizá lo que se merece una cultura que ha abandonado la educación y que, en consecuencia, se ha convertido en hojarasca, es eso: arder. Escribe Jünger: “La etapa museística es la etapa previa al mundo del fuego”. Las capitalidades culturales como algo esencialmente museístico. En su poema “Limbo” , Luis Cernuda cuenta la visita a una casa burguesa donde diletantes adinerados hablan y presumen entre obras de arte ya desactivadas. El poeta se siente extraño, aborrecido, y reflexiona sobre el artista que las creó: “Su vida ya puede excusarse, / Porque ha muerto del todo; / Su trabajo ahora cuenta, / Domesticado para el mundo de ellos, / Como otro objeto vano, / Otro ornamento inútil”. Me da la impresión de que el 2016, sea cual sea la ciudad elegida, va a ser eso: otro ornamento inútil. Como la Semana Santa, la Feria o los Juegos Olímpicos que se celebrarán ese mismo año y que otro político anhela como escenario para su exhibicionismo faraónico. El poema de Cernuda termina con este verso memorable: “Mejor la destrucción, el fuego”. No se trata de quemar ningún museo, ni ninguna ciudad convertida en museo: entre otras cosas, porque la quema de museos (el vanguardismo mecánico) es ya también un acto museístico. Pero queda el anhelo, la imaginación purificadora. Sólo en mi mente: sí, mejor el fuego.

27.7.09

El Poema del Tour

Poema realizado a lo largo del Tour 2009 con palabras y frases entresacadas (sin alterar su orden) de las crónicas de Carlos Arribas en El País.

"No tengo nada que demostrar"
cremallera de los años
por un pasado inexistente
encajonado entre bloques
de ciudad dormitorio
aún resiste el Mont Ventoux
incongruencia
geológica de la Provenza
aliciente balizado
no hay sorpresa que me ayude
a limpiar de minas la rampa
instalada en la frustración

Contador dibuja su territorio
tiempos intermedios
pedales que valen
su peso en brisa
alma en pena Piolín
ante el cero doloroso

Los sudorosos abrazos de Cavendish
Biblia del culotte
para desclavarla
aguantar la cornisa
tiempos malos son ahora
un cutis amarillo
para el sprinter no rigen
las leyes que ahorman
al pelotón infausto
desvío provenzal quemaba
el asfalto en la meta
se quejó Cancellara
como soy más grande
y tengo más motor
me cuesta más refrigerar

El corte del bordillo
camino de Nîmes
el viento acumulaba
dos horas de retraso
algunos genios pintan
relojes blandos otros
han hecho del reloj
contra el reloj el duro
corazón de su vida

La justicia divina viste un casco amarillo
Tour exterminador
adrenalina para arrasar
veletas lenticulares
varios huesos se salieron
en la misma curva
caótico Silence banda
de pollos sin cabeza

La afrenta Voeckler
recuperación del tiempo
perdido cruzar
en bicicleta una frontera

La fiesta inunda Barcelona
nómada antidoping
Thor el favorito
del caos desbordado
por amantes aerodinámicas

La gota malaya en los picos rocosos
chop chop chop cada
segundo autobiográfico chop
chop chop cada
segundo resucitado chop
chop chop cada
pedalada cada
chispa marcando el ritmo
de la recuperación

La sangre fría de Luis León
tatuado en la cicatriz
sictransitgloriamundi
avituallamiento de ironía
al ver que no iba a ningún sitio

Al desdén con el desdén
encontrar el clic
que abra los minutos
dardo prestidigitador
bajo la mesa
el doliente Hautacam

"Un asunto cansino, repetitivo"
sustancia dialéctica
donde nunca hay brisa
gorra blanca logotipo
de la normalidad

Un regalo para Cavendish
girasoles en los hangares

Los labios de Armstrong y Andy Schleck
lo que aguanta la hoja
de un periódico al sol de julio
sin amarillear en la cuneta
rotondas del salchichón
mensajes encriptados
por la brecha del abanico

Al tran tran de Armstrong
canícula de la culpa
empeñado en mantener
la cuota de pantalla
el sol viejo diesel
parece acumular
viento machacado

Armstrong resopla, tirita y se aburre
desesperado por encontrarse
con una montaña de verdad
situada donde Dios manda
desencantado de que ningún
rival haga caso a sus súplicas
venga atacad venga moved
la carrera matad el tran tran
ha llegado a pensar que su Tour
es una pesadilla en la que en bucle
cada etapa se perpetuará
sin apenas cambios en la siguiente
en manga corta bajo el diluvio
resignación al tedio comprimido

La frustración de Armstrong
fabricar metáforas
la realidad es un zar
en transición estruendosa
boa constrictor hipnotizando
a su víctima antes
de machacarle los huesos

Contador marca el fin de Armstrong
tortilla de pinganillos
en un santiamén a sabiendas
de que sería un calvario

El 'pelotón' de Contador
inmolarse entre los viñedos
encadenar Tours matar
al padre por la puerta
que abrió con su ágil
pedalada se colaron
otros críos Bradley
Wiggins Vincenzo Nibali
Andy Schleck Frank
Schleck y por encima
Contador quien como Indurain
con Bugno y Chiappucci
se tendrá que jugar las lentejas
y las victorias con ellos

El ciclismo español, en la Luna
el fugado se cayó el viernes
se hizo un agujero en la carne
a la altura de la rodilla
por el que se podía ver el hueso
el médico le preguntó ¿qué
piensas hacer mañana? y el otro
pues qué voy a hacer seguir
resistiendo la criba inevitable
tras las gafas oscuras pedaladas
grandes para él pequeñas
para la humanidad

Solo e incomprendido, Contador reina
el mal sprintando
en todas direcciones
la dinamita de sus piernas

En otra dimensión
Lancelot en su twitter
hasta chocar con el vacío
toc toc toc el cuarto
clavo en su ataúd
cerró los dientes
con rabia complicados
días de julio el deseo
fue el combustible decisivo

Ciclistas generosos a 46 por hora
sangre orina de su alma
como diría el feriante
no una no dos sino tres veces
el mistral barrió ayer
Provenza y limpió
de brumas el Ventoux
el monte donde las piedras
blancas montan
el decorado del suplicio

El puño de Contador en la cima del Tour
en el Ventoux el flashback
de su vida de honrado
ciclista superviviente
de la fuga matinal
le frenaba el aliento
de una lejana sombra
se paró
dejó que el viento
le atravesara y esperó
parapetado a su rueda
luego todo fue fácil
un interior en la última
curva la que desemboca
en el observatorio y pone
fin al sufrimiento
con dos copas de champaña

El segundo Tour del más fuerte
canibalismo sin apenas
preparación
chunda-chunda con chistes
en el París de las provocaciones.

12.6.08

Fórmulas de la longevidad

No sé si es que ahora se habla más de la longevidad, de las fórmulas para alcanzarla, o si yo estoy más pendiente de lo que se dice al respecto; pero el caso es que en este último mes he escuchado varias. La primera me la dijo Calonje: "Comer poco, dormir mucho y pasar frío". Luego leí la de Francisco Ayala (que tiene ya ciento dos años): "Un whisky y dos manzanas antes de acostarse" (hay la variante, más apetecible, de "dos whiskys y una manzana"). Y Arcadi Espada citó el sábado la del científico Reijo Pera: "Dieta, ejercicio y levantarse cada mañana con un propósito". Todas estas fórmulas parecen buenas, aunque da un poco de repelús lo del frío. Jünger, cuando aún no sospechaba que él mismo iba a llegar casi a los ciento tres, refirió en sus diarios de la Segunda Guerra Mundial la que le dijo en Francia un campesino centenario: "Una cagadita cada mañana, un polvete cada semana y una cogorza cada mes". Jünger le hizo el comentario cómplice de que una de esas tres cosas ya no la podría hacer, ¿no? A lo que el campesino respondió: "Ya, pero eso es porque ahora con la guerra no se encuentra aguardiente". Con el tiempo Jünger fue estableciendo su propia fórmula, que consistía, más o menos, en darse un baño de agua fría por la mañana y tomarse una copa de Burdeos por la tarde. Mi amigo Andújar se propuso una vez ser longevo con esa fórmula y lo primero que hizo fue comprarse una botella de Burdeos... que se bebió sin darse ni un solo baño frío. Aun así, le deseo larga vida. Como a mí. Como a todos. (Bueno, casi todos.)

[Publicado en El Malpensante]

21.4.08

Prueba

Julie Ordon


En homenaje a Octavio Paz, que murió hace diez años, copio este poema de Árbol adentro titulado "Prueba", que recrea el argumento antiontológico del budista Dharmakirti:
La piel es azafrán al sol tostado,
son de gacela sus sedientos ojos.

—Ese dios que la hizo, ¿cómo pudo
dejar que lo dejase? ¿Estaba ciego?

—No es hechura de ciego este prodigio:
es mujer y es sinuosa enredadera.

La doctrina del Buda así se prueba:
nada en este universo fue creado.
Transcribo igualmente la nota relativa, y así homenajeo también al Octavio Paz ensayista. Los dos son admirables, luminosos:
En la antología de poesía sánscrita del monje budista Vidyakara (vivió a finales del siglo XI, en Bengala), traducida hace algún tiempo al inglés por el profesor David H. Ingalls (An Anthology of Sanskrit Court Poetry, Harvard Oriental Series, Vol. 44, Cambridge, Mass. 1965) aparecen muchos versos de un poeta llamado Dharmakirti, a veces precedido por esta mención: El Venerable. Al leer este nombre me froté los ojos: ¿sería posible que el autor de esos poemas eróticos fuese el severo lógico budista del mismo nombre? El profesor Ingalls disipó mis dudas: casi seguramente son una y la misma persona el poeta apasionado, sensual e irónico y el filósofo de mente afilada y razones estrictas. Ingalls señala que el estilo del poeta Dharmakirti —agudo, tajante, económico, ingenioso— presenta más de una afinidad con el estilo del lógico Dharmakirti. Pensar que el autor de tratados sobre la percepción y la dialéctica no pudo escribir poemas de amor sensual, dice Ingalls, es como negar que el teólogo John Donne fue también el poeta que escribió "I can love both faire and browne". Añado que en la India casi todos los filósofos de importancia también fueron poetas. Comparten la opinión de Ingalls sobre la identidad de Dharmakirti, otros eruditos como S. N. Dasgupta y S. K. De (History of Sanskrit Literature, Calcuta, 1947). La lectura del poema, por lo demás, desvanece las dudas: el filósofo Dharmakirti reduce al absurdo todos los razonamientos; el poeta Dharmakirti, ante un cuerpo de mujer, reduce al absurdo la dialéctica. El cuerpo que exalta el poeta es otra prueba, lógica viviente, de la negación universal... Conozco dos traducciones del poema, ambas al inglés. Una es la del profesor Ingalls y otra, preciosa y en metro, de John Brough (Poems from the Sanskrit, London, 1968). 
Dharmakirti vivió a fines del siglo VII. Nació en Trimalaya, en el sur de la India, y estudió probablemente en el célebre monasterio y universidad de Nalanda. Dejó siete tratados de lógica, varios comentarios sobre los Sutras y un puñado de poemas, casi todos eróticos. Dharmakirti negó la autoridad de las escrituras budistas, no la del Buda; sostuvo que el hombre percibe la realidad pero que esa percepción es instantánea e inefable; con los restos de esas percepciones la mente construye entidades fantasmales que llamamos pasado y futuro, yo y tú.

27.2.08

Biblioteca austrohúngara



La alusión austrohúngara la ha traído a la actualidad Francisco Sosa Wagner, en su estudio El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España (Javier Caraballo lo reseñó convenientemente en su blog, y el prólogo de Joaquín Leguina puede leerse en Kiliedro). Por cierto, que los chicos de Astrud demostraron una vez más lo listos que son al ponerle a su sello discográfico precisamente ese nombre: Austrohúngaro. Los amigos del Nickjournal, al sacar yo el tema tras el debate electoral del lunes, fueron citando obras austrohúngaras, que he recogido en esta (pequeña) Biblioteca. Dicen los comentaristas que Zapatero y Rajoy no hablaron del futuro. Y eso es justo lo que está en estos libros: el futuro, nuestro futuro austrohúngaro.

1. Los últimos días de la humanidad, Karl Kraus (Tusquets).
2. El hombre sin atributos, Robert Musil (Seix Barral).
3. Las tribulaciones del estudiante Törless, Robert Musil (Seix Barral).
4. La marcha Radetzky, Joseph Roth (Edhasa).
5. La filial del infierno en la tierra, Joseph Roth (Acantilado).
6. El busto del emperador, Joseph Roth (Acantilado).
7. El mundo de ayer, Stefan Zweig (Acantilado).
8. Fouché: el genio tenebroso, Stefan Zweig (Debate).
9. La lucha contra el demonio: Hölderlin, Kleist, Nietzsche, Stefan Zweig (Acantilado).
10. La Viena de Wittgenstein, Allan S. Janik y Stephen E. Toulmin (Taurus).
11. Ludwig Wittgenstein, Ray Monk (Anagrama).
12. Memorias de un antisemita, Gregor von Rezzori (Anagrama).
13. Diarios (1910-1923), Franz Kafka (Tusquets).
14. El otro proceso de Kafka, Elias Canetti (Alianza).
15. La lengua absuelta, Elias Canetti (Alianza).
16. La antorcha al oído, Elias Canetti (Alianza).
17. El juego de ojos, Elias Canetti (Alianza).
18. El Danubio, Claudio Magris (Anagrama).
19. Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, Jaroslav Hasek (Destino).
20. El palacio de Gripsholm, Kurt Tucholsky (Punto de Lectura).
21. Poesía lírica, seguida de "Carta de Lord Chandos", Hugo von Hofmannsthal (Igitur).
22. Un armiño en Chernopol, Gregor von Rezzori (Anagrama).
23. La lección de lengua muerta, Andrej Kusniewicz (Anagrama).
24. Nadie es perfecto, Billy Wilder, Hellmuth Karasek (Grijalbo).
25. Billy Wilder, Ed Sikov (Tusquets).
26. Pequeña pornografía húngara, Peter Esterhazy (Alfaguara).
27. Introducción al psicoanálisis, Sigmund Freud (Alianza).
28. El maleficio, Hermann Broch (Adriana Hidalgo).
29. Trastorno, Thomas Bernhard (Alfaguara).
30. Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal (Destino).
31. El tiempo de los regalos, Patrick Leigh Fermor (Península).
32. El último encuentro, Sándor Marai (Salamandra).
33. Divorcio de Buda, Sándor Marai (Salamandra).
34. La señorita Else, Arthur Schnitzler (Acantilado).
35. El regreso de Casanova, Arthur Schnitzler (Acantilado).
36. Relato soñado, Arthur Schnitzler (Acantilado).
37. Errata: el examen de una vida, George Steiner (Siruela).
38. Presencias reales, George Steiner (Destino).
39. Sexo y carácter, Otto Weininger (Losada).
40. Ornamento y delito, Adolf Loos (Gustavo Gili).
41. Quiero dar testimonio hasta el final (Diarios 1933-1945), Victor Klemperer (Galaxia Gutenberg).
42. La otra parte, Alfred Kubin (Siruela).
43. El Sanatorio de la Clepsidra, Bruno Schulz (Maldoror).
44. El país tenebroso, Bruno Schulz (Círculo de Bellas Artes).
45. Acontecimientos de la irrealidad inmediata / La guarida iluminada (diario de sanatorio), Max Blecher (Aletheia).
46. Sebastián en sueños, Georg Trakl (Pre-textos).
47. Mi Lvov, Josef Wittlin (Pre-textos).
48. Libro de Réquiems, Mauricio Wiesenthal (Edhasa).
49. El castillo alto, Stanislav Lem (Funambulista).
50. Cordero negro, halcón gris. Viaje al interior de Yugoslavia, Rebecca West (Ediciones B).

24.10.07

El canon de Montano

Me he animado a rellenar yo también el cuestionario que el 4 de octubre le pasó Arcadi Espada a Martín de Riquer en el suplemento cultural de El Mundo para que estableciera (o esbozara) su canon literario. He decidido (por nada, sólo por aligerarme de compromisos) cancelar mi colaboración con Kiliedro, y ésta me parece una buena forma de despedida. Sólo he cambiado de orden las dos últimas preguntas, para concluir con la memorable frase de Cervantes.

1. Mejor libro de caballerías. Los únicos que he leído (exceptuando el Quijote) son los libros de caballerías de Fernando Savater: El juego de los caballos y A caballo entre milenios. Los he disfrutado muchísimo, a pesar de que no me gusta la hípica. Me parecen particularmente deliciosas las crónicas del Derby de Epsom.

2. Mejor poema de amor. Diré cinco: "La unión libre" de André Breton (que incluye el verso "Mi mujer de sexo de algas y de bombones antiguos"); "Pilares" de Octavio Paz (que incluye "Yo me pierdo en tus ojos/ y al perderme te miro/ en mis ojos perdida" y "con los ojos cerrados,/ con mi tacto y mi lengua,/ deletreo en tu cuerpo/ la escritura del mundo"); el soneto XII del Cancionero de Petrarca (el que empieza "Si del tormento áspero mi vida"); el "Poema leído en la boda de André Salmon" de Apollinaire (que incluye el adorable "el Amor hoy quiere que mi amigo André Salmon se case"); y "A una transeúnte" de Baudelaire ("Fugitiva belleza / cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer").

3. Mejor poema épico. En la tradición escrita: las crónicas ciclísticas de Carlos Arribas en El País. En la tradición oral: las retransmisiones radiofónicas de Javier Ares. Un ejemplo de estas últimas: "¡Ataca Pantani! ¡El Elefantito! ¡El Divino Caaalvo!".

4. El mejor verso. Van diez: "cesó todo y dejéme" (San Juan de la Cruz); "entre las azucenas olvidado" (ídem); "Só mornos ao sol quente" [sólo tibios al sol caliente] (Ricardo Reis); "que el viento mueve, esparce y desordena" (Garcilaso de la Vega); "en nuestros labios, de chupar cansados" (Francisco de Aldana); "El mar, y nada más" (Luis Cernuda); "I have measured out my life with coffee spoons" [He medido mi vida con cucharillas de café] (T. S. Eliot); "en la mutilación de la metralla" (Ramón López Velarde); "Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos" (Pere Gimferrer); "No basta ser cruel. Eres el último" (Jorge Luis Borges).

5. La mejor traducción. Las que hizo Andrés Sánchez Pascual de Nietzsche y de Jünger, y las que hizo Miguel Sáenz de Thomas Bernhard. Ya dije alguna vez que me parecen obras maestras del español.

6. Mejor cuento infantil. Sin duda, Pinocho. Me impresionó especialmente una versión televisiva que emitieron a mediados de los setenta. Era muy descarnada, casi traumática, hecha con actores de carne y hueso (a Pinocho lo interpretaba un niño peloncete llamado Andrea: me inquietó que un niño tuviese nombre de niña). Hace poco reviví el cuento gracias a las reflexiones que le dedica Paul Auster en La invención de la soledad.

7. La mejor novela policíaca. Las de mis dos detectives favoritos: Sherlock Holmes y Hércules Poirot. Más otra de Agatha Christie sin Poirot: Diez negritos.

8. La mejor biografía. Don Ramón María del Valle-Inclán de Gómez de la Serna, Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía de Safranski, Gustave Flaubert de Herbert Lottman, Noel Rosa: uma biografia de João Máximo y Carlos Didier, y O anjo pornográfico: a vida de Nelson Rodrigues de Ruy Castro.

9. La mejor novela de aventuras. La línea de sombra de Joseph Conrad, que cuenta la aventura del paso de la primera juventud a la (primera) madurez. El eje es la lucha contra un enemigo insondable e insidioso: la calma chicha en alta mar. Y otra de Conrad: El espejo del mar (en la traducción de Javier Marías), que habla de la aventura del mar a pelo, sin novela.

10. Las mejores memorias. Las de Nietzsche: Ecce homo. Un libro injustamente calificado de ególatra, cuando es un puro chisporroteo humorístico. Nietzsche se nos muestra más entrañable que nunca, y su autoironía es total. Incluye además unas sublimes páginas sobre la inspiración y el símbolo, a propósito de Así habló Zaratustra. En esa línea juguetonamente petulante siempre he adorado "La confesión desdeñosa" de André Breton (incluida en Los pasos perdidos). Otras memorias excelentes, y cuya escritura constituye un ejemplo de castellano diáfano, son las de Luis Cernuda: Historial de un libro. Y, por supuesto, la pentalogía autobiográfica de Thomas Bernhard. ¡Y el Mira por dónde de Savater!

11. El mejor himno. El "Himno a la Luna" de Leopoldo Lugones (incluido en Lunario sentimental). Si hubiera que escoger el de algún país, el brasileño, que dice la palabra "retumbante": "Ouviram do Ipiranga às margens plácidas/ de um povo heróico o brado retumbante". Ivan Lins tiene una versión del himno. Aunque él mismo compuso un himno mucho mejor, la canción "Meu país": "Aqui é o meu país/ nos seios da minha amada". ("Seios" significa, patrióticamente, "senos").

12. La mejor crónica o reportaje. La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, en cuyo prólogo hace la siguiente declaración: "y a esta causa, digo y afirmo que lo que en este libro se contiene es muy verdadero, que como testigo de vista me hallé en todas las batallas y reencuentros de guerra; y no son cuentos viejos, ni Historias de Romanos de más de setecientos años, porque a manera de decir, ayer pasó lo que verán en mi historia, y cómo y cuándo, y de qué manera". Destaco también el informe que escribió Vargas Llosa sobre la matanza de Uchuraccay, en los Andes (que leí en uno de los tomos de Contra viento y marea). Y la historia de la bossa nova escrita por Ruy Castro, Chega de saudade. História e histórias da Bossa Nova: un magnífico reportaje de cuatrocientas páginas.

13. La mejor obra sobre Barcelona. Sin duda, los poemas de Jaime Gil de Biedma. En especial "Barcelona ja no és bona", con sus irresistibles pasajes: "Oh mundo de mi infancia, cuya mitología/ se asocia -bien lo veo-/ con el capitalismo de empresa familiar!". Y si tuviese que decir la mejor sobre Málaga: El otro reino de la muerte, titulado en otra edición Málaga en llamas, de Gamel Woolsey (que era muchísimo mejor escritora que su marido Gerald Brenan).

14. El libro más útil. Apariencia desnuda de Octavio Paz y Duchamp. El amor y la muerte, incluso de Juan Antonio Ramírez: ambos son utilísimos para aproximarse a la comprensión de una de las cosas fundamentales de esta vida, como es el Gran Vidrio de Marcel Duchamp.

15. La mejor novela psicológica. Por el camino de Swann, de Marcel Proust, que es el único tomo que he leído (¡por ahora!) de En busca del tiempo perdido: por las evocaciones de su infancia, las reflexiones sobre la magdalenesca memoria y el estudio, más que sobre los celos, sobre el amor no correspondido; con aquella inolvidable conclusión: "¡Y pensar que he malgastado los mejores años de mi vida por una mujer que no era mi tipo!". Aunque mi mayor descubrimiento literario relacionado con la psicología no me lo dio una novela, sino el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa: en él encontré que podía escribirse sobre la intimidad de un modo que yo jamás había sospechado.

16. La mejor fantasía. Las de Borges, en Ficciones y El Aleph. Y los cuatro primeros libros (hasta Relatos de poder inclusive: ni uno más) de Carlos Castaneda.

17. El mejor drama. Escogeré dos guiones de cine, y sus películas: Breve encuentro de David Lean y El apartamento de Billy Wilder. Las dos están relacionadas: cuando Wilder vio Breve encuentro, se fijó en el personaje que le presta el apartamento a la pareja de amantes. ¿Qué hará él mientras tanto?, pensó. Y ese fue el origen de su futura película. En Breve encuentro, por cierto, hay una frase memorable, cuando el protagonista le dice a la protagonista, para animarla a que acepte su invitación: "Vamos, la mediana edad sólo se vive una vez". (El drama, o la tragedia, es la disyuntiva entre el Orden y la Aventura.)

18. El mejor libro científico. La evolución del deseo de David M. Buss, que es como una operación de cataratas románticas para el corazón. También experimenté un gran placer científico con el desenmarañamiento que hace Dámaso Alonso del Polifemo de Góngora. Añado un ensayito de ciencia psicoanalítica: "Duelo y melancolía" de Freud (incluido en El malestar en la cultura).

19. El mejor tratado político. La Historia de Roma de Indro Montanelli: ahí está todo, pasado, presente y porvenir. Y también Jünger: Radiaciones (sólo los tomos de la Segunda Guerra Mundial) y La emboscadura.

20. La mejor obra cómica. Leyendo me he sonreído muchas veces, pero apenas me han salido carcajadas. Éstas se han producido, por ejemplo, con Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosa, La vida exagerada de Martín Romaña de Bryce Echenique y casi todos los libros de Thomas Bernhard (en especial Tala, El imitador de voces y los pasajes contra Stifter y Heidegger de Maestros antiguos).

21. La mejor frase de Cervantes. Esta del admirable prólogo del Quijote, tan justamente repetida: "procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando, en todo lo que alcanzáredes y fuere posible, vuestra intención; dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos". (Vale.)

[Publicado en Kiliedro]

8.9.07

La actualidad como relato

Voy a ensayar yo también (a lo teatral, y a lo Montaigne) esta fórmula que se está imponiendo en el Nickjournal de ofrecer pildoritas más o menos engarzadas.

La rabiosa actualidad.— La actualidad como ente. Es un auténtico bicho. Rabioso: lo de "la rabiosa actualidad" es una acuñación exacta. Pero la actualidad es uno de esos fantasmas (perfectamente berkeleyanos) que desaparecen en cuanto uno deja de mirarlos. Eso ocurre en los días de apagón informativo. Uno pretende liberarse, ante todo, de una ansiedad. Justo esta que señala Jünger en La emboscadura: "La simple necesidad que la gente siente de absorber varias veces al día noticias es ya un signo de angustia; la imaginación gira y gira y de esa manera va creciendo y paralizándose. A lo que se asemejan todas esas antenas que hay en las ciudades gigantescas es al cabello erizado." Borges, otro intempestivo, decía que "el periodismo se basa en la falsa creencia de que todos los días sucede algo nuevo". En realidad, siempre sucede lo de siempre. El énfasis en la novedad (en la noticia) es un rasgo plebeyo. Siempre me hizo gracia aquella epiquilla a lo Lou Grant por dar la primicia; todas aquellas puñaladas y correteos del "periodista de raza". Como el bueno de Alejo García, llegando desfondado al micrófono para dar la noticia de que había sido legalizado el PCE. Lo de Alejo, ahora que lo pienso, es una buena metáfora: llegar al micrófono sin voz, por las prisas. La actualidad completamente esfumada en la precipitación.

El relato de la jornada.— Desde que el periodismo se convirtió en carrera universitaria no puede decirse que haya mejorado su calidad; pero sí que los periodistas tienen ya también su jerga académica. Todas aquellas monsergas sobre "el relato informativo" que nos daban en la Facultad de Ciencias de la Información. Se ha llegado a extremos grotescos, como el de ese presentador de telediario que al despedir suelta el latiguillo de "este ha sido el relato de la jornada". Podría pensarse que ese desvelamiento de la actualidad como relato tuvo un origen ilustrado, algo así como un paso más en el desenmascaramiento de las "astucias de la imaginación" para dar gato por liebre. Lo coherente hubiera sido, entonces, esmerar la higiene y los cuidados; estar más atentos ante las falsedades que se colaban, justamente para que se dejasen de colar. Pero ha ocurrido justo lo contrario: lo del "relato de la actualidad" se ha tomado como coartada para que cada uno arme, en efecto, el relato que más le interesa. Tiene cierta equivalencia con el dostoyevskiano "si Dios no existe, todo está permitido". La reacción antirrelatística de los nuevos defensores de la objetividad, como Arcadi Espada, parece a veces nostálgica de los tiempos en que Dios (sive La Verdad) existía. Pero es más sofisticada: la melancolía por las debilidades de la razón y los agujereamientos de la verdad no debería servir para lanzarse desbocadamente por los paraísos de la ficción; sino, más modestamente, para cortarse un poco. Para caminar con las precauciones del que sabe que va por terreno movedizo.

Faltan elementos narrativos.— En cualquier caso, puestos a aceptar la actualidad como relato, se pediría al menos cierta coherencia narrativa; cierto equilibrio a la hora de presentar los hechos y los personajes. Pero no. Abundan el escamoteo y la elipsis, vacíos que intentan ser cubiertos con brochazos propagandísticos. El "relato de la actualidad" es, en efecto, el "relato de la jornada": la flor de un solo día. Una planta flotante, a modo de nenúfar, cuando el pasado desmiente el interés actual del medio en cuestión; o una planta bien arraigada cuando el pasado le conviene. En la Cope y en la Ser se aprecia con frecuencia. Ante una afirmación de ZP, por ejemplo, que esté en contradicción con otra suya anterior, nos encontraremos en la Ser con un abrumador silencio con respecto al pasado; mientras en la Cope echarán mano exhaustivamente de hemerotecas y archivos sonoros. Actitud que se invierte cuando es una declaración de Rajoy o de Aznar la contradictoria: silencio abrumador en la Cope y hemerotecas y archivos sonoros a punta pala en la Ser. Los documentalistas de una y otra emisora son galeotes que han demostrado que saben remar... pero sólo lo hacen cuando el patrón les azuza. Este uso a conveniencia del pasado (de todo el material narrativo que constituye el pasado) resulta más descarado cuando se trata del pasado recentísimo: apenas el del día anterior. Recuerdo, por ejemplo, cuando la Comisión del 11-M. Aznar había estado un montón de horas declarando y los tertulianos de la Cope se felicitaban de su fortaleza y añadían: "A ver mañana lo que aguanta ZP. Ese a la media hora ya está fundido". Pues bien: al día siguiente ZP estuvo declarando más tiempo aún que Aznar... y aquellos mismos tertulianos ya no dijeron ni mú al respecto. Faltan continuamente, en uno y otro bando, elementos narrativos. Apenas se oyen frases como "a pesar de que ayer dijimos esto, hoy ha ocurrido esto otro". No hay elementos de enlace, ni confesión de fallas, ni titubeos. Todo es una insistente, incesante adición.

Indicios audiovisuales.— El espectador de la actualidad no percibe realmente la actualidad, sino lo que los medios le muestran de ella. El espectador no tiene acceso a las fuentes y puede que tampoco sea muy ducho a la hora de aclararse con el aluvión de datos que le caen encima. Pero cuenta con un elemento secundario que puede permitirle sacar ciertas conclusiones: el de los "indicios audiovisuales". Éstos son aquellos elementos de la realidad que se cuelan en bruto en los medios, sin elaboración. Mejor dicho: aquellos elementos que, siendo audiovisuales, nos permiten hacernos una idea de lo que se está cociendo en la trastienda. La ventaja de los indicios audiovisuales es que, a diferencia del acontecimiento en cuestión, a ellos sí los conocemos de primera mano. Son esquirlas audiovisuales de la realidad, por decirlo así: esquirlas que alcanzan directamente al espectador. Pondré dos ejemplos. Yo no si Felipe González organizó los Gal o estuvo al tanto de los mismos. No he tenido acceso a las fuentes y, ciertamente, soy incapaz de manejar los datos que se ofrecieron al respecto. Pero, como espectador audiovisual, sí vi a Felipe González defendiendo con argumentos dudosos, y excusando, a los implicados en los Gal: lo que me pareció de una gravedad suficiente. Tampoco si el Gobierno de Aznar mintió durante el 11-M. Pero, como espectador audiovisual, vi a Acebes cerúleo y sudoroso en las ruedas de prensa de aquel día: con un nerviosismo que no parecía sólo el del que está "abatido por la catástrofe" o "superado por los acontecimientos".

El relato como actualidad.— Hay otra forma de contemplar el relato de la actualidad. Y es la de contemplar el relato en tanto actualidad: contemplar el relato en tanto trozo de realidad que se nos ofrece. El espectador no se encuentra primeramente ante la realidad de la actualidad, sino ante la realidad del telediario. Ante la noticia de un terremoto, ¿cuál es la realidad principal a la que estamos asistiendo? No al terremoto en sí, que nos llega como relato y no como realidad. Sino más bien a la realidad de la presentadora maquillada que nos lo cuenta, que normalmente sonríe a pesar de la catástrofe. Y sonríe (su sonrisa es más real en ese momento que las ciudades desmoronadas) por dos razones: porque el terremoto, al fin y al cabo, le ha animado el telediario, en especial si es verano o finde; y, sobre todo, porque la presentadora en cuestión está trabajando, porque acabó Periodismo y logró abrirse paso en la jungla y ahora está con curro y colocada en la tele, cosa que le produce una explicable satisfacción. Puede apreciarse que cuanto más crudo se pone el mercado laboral para el licenciado en Ciencias de la Información, más sonríen los presentadores de telediario, por bestial que sea la catástrofe. De unos años a esta parte, prácticamente lo cuentan todo a carcajadas.

[Publicado en Nickjournal]

8.8.07

Sin esfuerzo

Este es un artículo perezoso. Hecho sin hacer –por picoteo. Es verano. Se anuncia un azote de calor del Sáhara y yo tengo puesto el ventilador. Escucho el último disco de Caetano Veloso, . He perdido el hilo, el de mi vida; pero aún se mantiene cerquita. Me bastaría con hacer un fácil esfuerzo con la mano. La tierra rebosa de felicidad. Por eso solemos caminar unos palmos por encima. Estamos en las etapas montañosas del Tour: por las laderas, centenares de ready-mades –ruedas de Duchamp (sin taburete) tomándose a sí mismas demasiado en serio.

Quería haber escrito sobre Octavio Paz. Sobre la pasión que tuve por él hace veinte años. Entonces solía encontrárseme con los pies en las piscinas –sentado en los bordes mientras leía sus poemas. Era una experiencia erótica. Creo que nunca ha habido un lector mejor de Semillas para un himno: "Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, / bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma, / cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, / boca del horno donde se hacen las hostias, / sonrientes labios entreabiertos y atroces, / nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible / (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)." Veo ahora que la sección donde está ese poema, "Cuerpo a la vista", se titula El girasol. En el que le dedicó a Luis Cernuda había todo un programa (ético y poético): "Con letra clara el poeta escribe / sus verdades obscuras / Sus palabras / no son un monumento público / ni la Guía del camino recto / Nacieron del silencio / se abren sobre tallos de silencio / las contemplamos en silencio". Octavio Paz decía cosas que no decía nadie. En "La palabra edificante" por ejemplo, también sobre Cernuda, que era "el poeta menos cristiano" de la literatura española. Cernuda, a su vez, le dedicó el poema "Limbo" a Octavio Paz, que termina con aquel verso insuperable: "Mejor la destrucción, el fuego". Ayer en el telediario salió que un tipo había robado un tanque no sé dónde y con él se había dedicado a destruir una fábrica. Hace años se produjo otro suceso en que se aliaron "la destrucción y el amor". Un hombre se subió a una excavadora y avanzó en línea recta hasta la casa en la que vivía su amada, arrasando todo lo que encontró a su paso (vallas, jardines, coches, otras casas). Recuerdo que Savater dijo a propósito que habría que hacer algo así al menos una vez en la vida.

Fue por Savater por quien me aficioné a Octavio Paz. Al principio a éste, antes de haberle prestado atención, lo veía como uno más de los "autores iberoamericanos" que nos soltaban sus monsergas retóricas en 300 millones. Eran todos como variaciones de Pepe Domingo Castaño, que los presentaba. Aquello era como un programa religioso en que siempre estaban predicando la tabarra de la Hispanidad. Engolamiento a lo Joaquín Soler Serrano que, es cierto, los superaba a todos. Un día me interesó algo que Octavio Paz dijo en la radio, sobre las diferencias entre la amistad y el amor; pero no fue suficiente. Hasta que no supe que era amigo de Savater (por una alusión de éste en Sobre vivir), no me decidí a leerlo. Sí, así es como funciono: necesito que el personal me llegue con avales. Empecé por Pasión crítica y la antología de Júcar (¡amarilla, que leí sobre el verde césped del campus de Letras, como prefigurando mi afición brasileñista!). Luego devoré todo lo demás, ensayos y poemas, en una chisporroteante hoguera de admiración. Eso es lo que hubiera querido contar aquí, explicando mis razones; pero de nuevo me canso. En cuanto me aplico para adoptar un tono riguroso, me invade la pereza. El calor centrifuga la profundidad. Aunque no hace calor en mi escritorio: el ventilador emite una incesante brisilla artificial. Caetano Veloso sigue en el equipo de música, aportando su tropicalismo. Yo podría ser un detective de Rubem Fonseca, o mejor el Espinosa de Garcia-Roza, instalado en un cuartucho de Río de Janeiro. Escribo tratando de aclarar el caso. El caso es que el mundo es un resorte criminal (confuso). Y también es que he estado leyendo el Afterpop de Eloy Fernández Porta y me siento "un bulto solemne, de repente antiguo".

Luis Cernuda le dedicó un poemita al cacharro: "Aún queda, brusca delicia, / La que abre tu caricia, / Oh ventilador cautivo". La diferencia con el aire acondicionado es que éste no acaricia. Refresca pero sin tocar: es más socialdemócrata. Muchos suicidios en Suecia se evitarían con ventiladores. Aunque allí no existe el ventilador, porque no hace falta. Puede que los suecos se vengan al Sur no en busca de nuestro sol sino de nuestros (acariciantes) ventiladores. En verdad, dos cosas quedan en el litoral mediterráneo, dos únicas cosas: la luz y la brisa. Todo lo demás es horror. Fealdad, ruido, abyección, corrupción, asesinato. Pero, entre los horripilantes montones de detritus, aún circula la brisa. Y se cuela la luz o cae (a veces aplastando, qué euforia, sin piedad). Hay un tercer elemento, pero hay que asomarse al horizonte: el azul del mar; el azul flotante, ya separado o abstraído del mar. Un azul con frecuencia rayado por el cretino de la moto acuática, pero en permanente proceso de autorrestitución. La nada es azul. Un día el azul nos tragará y seremos felices (o al menos puros). Podría modificarse el último verso del "Limbo" de Cernuda: "Mejor la destrucción, el azul". El azul del cielo. En lo de "ir al cielo" lo sustancial es "ir al azul". Al fin y al cabo, el azul del mar es un azul prestado del cielo. En cuanto al horrendo litoral: sólo la brisa nos absuelve. Y la brisa, la fresca brisa que suscita el ventilador es una absolución doméstica, pequeñita. (Me vale para echar la mañana.)

El aspecto adocenado de Octavio Paz, si se mira bien, era un logro. Llevar una vida literaria de premios, congresos, conferencias y presentaciones es una de las posibles vías purgativas para la iluminación. Él mismo contaba que, cuando le dieron el primer premio importante, dudó si aceptarlo o no. En un lado, pensaría, están los capitostes huecos de la literatura; en el otro, Baudelaire, Rimbaud y los demás rebeldes vivos. Fue a consultarle sus dudas a un santón (se encontraba en la India) y éste le dijo: "Sea humilde, acepte el premio". Hay un momento en que lo ridículo es el aspaviento. Salinger, por ejemplo, dándole el manotazo a la cámara y encerrado en su búnker de uralita. Nietzsche, una vez más, indicó el camino sabio (y socarrón): "Un oficio es algo bueno: lo interponemos entre nosotros y los demás y así tenemos un escondite tranquilo y artero y podemos hacer y decir lo que todo el mundo considera que tiene derecho a aguardar de nosotros. También puede utilizarse de ese modo una fama precoz: suponiendo que, detrás de ella, pueda nuestro yo, sin que se lo oiga, volver a jugar libremente consigo y a reírse de sí mismo". Suponiendo eso último, por supuesto. En el otro extremo: los malditos sin humor, que llevan su malditismo con docilidad de oficinistas (léase la biografía de Haro Ibars al respecto).

Me gustó saber que Octavio Paz era amigo de Cioran: ese fue el aval definitivo, en los comienzos. Según contaba Savater, a Cioran le gustaba el soneto que termina "Y nada queda sino el goce impío / de la razón cayendo en la inefable / y helada intimidad de su vacío". Ahora, repasando la Breve historia del ensayo hispanoamericano de José Miguel Oviedo para ver si me animaba a escribir sesudamente sobre Octavio Paz, doy justo con un Cioran colombiano cuya existencia desconocía: Nicolás Gómez Dávila, que es con quien Oviedo concluye su libro. Este Gómez Dávila, nacido en 1914 como Paz y que no sé si aún vive (el Google lo abriré después), es autor de un único libro: Escolios a un texto implícito, que publicó muy tarde ya en su vida, en 1977. Dice Oviedo: "El título contiene una irónica alusión a ese largo silencio: el libro es el epílogo a una obra que no existe, que se omitió para dar vida sólo a unos fragmentos". Vienen unos cuantos y son, en verdad, cioranescos: "Nuestra última esperanza es la injusticia de Dios"; "Las verdades convergen hacia una sola verdad -pero las rutas han sido cortadas"; "La historia sepulta, sin resolverlos, los problemas que plantea". ¡Hay que conseguir ese libro! Y vaya con los colombianos: tenían a su Bernhard (Fernando Vallejo) y ahora resulta que también a su Cioran. Y el mundo dándole atención al mentecato de Macondo.

Me he pasado ya en unas líneas de la extensión habitual. Al final he despachado este artículo como yo quería, sin esfuerzo (creo que no he gastado ni una sola neurona). Caetano Veloso canta ahora "Homem" ("Hombre"), en que cuenta qué es todo aquello que no envidia de la mujer: ni la maternidad ni la lactancia ni la adiposidad ni la menstruación ni la sagacidad ni la intuición ni la fidelidad ni el disimulo. Sólo tiene envidia de dos cosas: "da longevidade e dos orgasmos múltiplos". "Eu sou homem", apostilla melancólicamente. Yo también.

[Publicado en Kiliedro]

1.8.07

Curso de filosofía para ceporros

Del mito al logos.- La Filosofía nace cuando un tipo dice que a la porra con los dioses y que "el agua es el origen de todas las cosas". Eso está clarísimo, ¿no? El menda, Tales de Mileto, siguió caminando y se cayó en una zanja.

Parménides.- Éste alzó la voz para decir: "¡Eh, quieto ahí!". E inventó la metafísica.

Heráclito.- A éste en cambio no le gustaba nada la quietud y se puso a berrear: "¡Moverse, moverse!". También dijo que nadie se quema dos veces con el mismo fuego, o algo así. Le llamaban El Oscuro, porque solía decir enigmas en plan Pedrito Ruiz.

Sócrates.- Dijo "sólo sé que no sé nada", y me temo que con acierto. Todos coinciden en que era más feo que el Fary chupando limón.

Platón.- Tenía pinta y vozarrón de Constantino Romero. Su filosofía consiste en que vivimos en una caverna y que hay que salir de ella para que nos dé el solecito. Sus herederos son los dependientes de las agencias de viaje.

Aristóteles.- Este tío se creía, al igual que Goethe, una especie de Adriansens que lo sabía todo. En el fondo tenía el cerebro patético del aficionado a los crucigramas.

Epicuro.- Éste sí que se lo montó bien. Su filosofía es muy simple: "Vosotros seguid pensando, que yo voy a tomarme unas aceitunitas".

Filosofía cristiana.- San Agustín, Santo Tomás y toda esa panda lo tenían clarísimo: "Sí, sí, vosotros dadle al coco... pero la Luz la tenemos nosotros porque nos sale de los melifluos y algodonosos cojoncillos". En este sentido, el más coherente fue Duns Escroto.

Descartes.- Este tío se inventó la "duda metódica" y el "pienso, luego existo", que para un filósofo es como ganar el festival de Benidorm. Su fama fue tal que la reina Cristina de Suecia lo invitó a su cama, y por el camino René se resfrió. Se parecía a Clark Gable, pero sin las orejas de soplillo.

Leibniz.- Dijo que todo es una monada y "vivimos en el mejor de los mundos posibles". Enigmática frase que sólo llegaron a comprender los psocialistas cuando llegaron al poder en el 82 y se pusieron a descabezar gambas.

Spinoza.- Hizo una Ética según el orden geométrico. Si la entendí bien, consiste en pensar en triángulos y rectángulos para evitar hacer el mal. A causa de esta revolucionaria filosofía, lo expulsaron de la sinagoga.

Hume.- El primer filósofo con falda, puesto que era escocés (bueno, también lo fue Duns Escroto). Cansado de los racionalistas, dijo: "¡Alto ahí! ¡Los sentidos! ¡Ante todo los sentidos!". Y se puso a comer salchichones hasta engordar tremendamente.

Kant.- Del triste Inmanuel sólo nos ha quedado eso de que, a su paso, la gente ponía los relojes en hora. Lo del fenómeno y el noúmeno y las aporías es muy complicado para vosotros y ni siquiera voy a esbozároslo. Pero sí es muy importante lo del imperativo categórico. Consiste en que debemos actuar siempre como si fuésemos Milikito.

Hegel.- El tío vio a Beethoven y se dijo: "Voy a hacer lo mismo, pero en filosofía". Su tragedia es que luego no vino un Mike Ríos a hacernos digeribles sus empanadas (mentales, por supuesto). A otro colega idealista, sin embargo, sí le dedicaron un hit en los setenta: "Saca el whisky, Schelling".

Marx.- Menudo pillo. Dijo: "Yo digo lo mismo que Hegel, pero dándole la vuelta, y me hago el rey". La operación funcionó y se convirtió en un filósofo tipo Mili Vanilli, que movía la boca pero no cantaba (el que cantaba era Hegel). Años después hizo de Doctor Infierno en la serie Mazinger Z.

Schopenhauer.- Alguien le habló del budismo y éste dijo: "Uy, uy, esto me lo adapto yo y triunfo". Y así fue: exactamente como cuando Ana Belén se puso a cantar en español canciones de Chico Buarque.

Nietzsche.- Con ese bigotón, se equivocó de trabajo: tenía que haberse puesto a cantar rancheras. Con lo del Eterno Retorno tuvo un vislumbre de lo que serían los programas de cotilleos.

Filosofía del siglo XX.- Tras muchos galimatías, llegó el hombre que lo puso todo en claro, enciclopédicamente: Adriansens.

Filosofía del siglo XXI.- Por fortuna Adriansens sigue vivo, con lo que tenemos garantizada la luz por otra temporada.

[Publicado en Nickjournal]