25.6.22

Espontaneidad ensayada

[Dietario]

Saltimbanqui. La academia Malaca cumple cincuenta años. Hace treinta me rechazaron en la primera entrevista de trabajo de mi vida. Fui un poco porque algo había que hacer después de haber terminado la carrera, aunque mi sueño no era ser profesor de español para extranjeros. Yo era un esteta entonces (bueno, casi lo sigo siendo) y no estaba dispuesto a ciertas cosas. Así me fue, así me ha ido. Recuerdo la subida al Cerrado de Calderón y la búsqueda de la academia. Recuerdo la entrevista, en que el entrevistador dijo que un profesor de idiomas tenía que ser simpático, divertido, dinámico. Y recuerdo mi respuesta: "Mire usted, yo no soy un saltimbanqui". Pero lo que define al que yo era entonces no es tanto esa respuesta como que saliese pensando que me iban a llamar.

En La Odisea. Tenía ganas de cenar en la mesa grande del patio de La Odisea y Arias consigue reservarla para después de la conferencia de Josu de Miguel en La Malagueta, para nosotros y los demás catacumbistas. El sitio es perfecto y la velada estupenda. Josu es una especie exótica en nuestro país: un constitucionalista que defiende la Constitución, algo que no está bien visto en su gremio. Nos habla de su jornada en la ciudad: "He visto tantos museos en Málaga que me he mareado. En el Picasso nadie me pidió ticket y entré sin más. Luego vi a un vigilante y le comenté que qué bien que fuera gratis. ¿Cómo que gratis?, me dijo. ¡Usted se ha colado! Otro vigilante que lo oyó le echó la bronca. Me dijeron que tenía que pagar. Me llevaron a taquilla y como tengo el carnet de profesor me salió a cero euros. Me miraron con ganas de asesinarme, pero yo ya había visto el museo y lo que hice fue salir a fumarme un purito".

La Málaga de Losada. Mi amigo el pintor cordobés Miguel Gómez Losada ha escrito un libro, Diario de pintura, y es muy bueno: el libro de un maestro; de un maestro libre. Lo presentamos en Luces. Quedamos por la mañana en el Rastro de Fuengirola, comemos en La Carihuela Chica y en Málaga nos tomamos una copa en el Only You. Llegamos a la librería animados aunque nerviosos. La presentación, que hacemos a modo de diálogo, queda bien, espontánea. Dice Losada, feliz: "Y no la habíamos ensayado". Y yo: "Bueno, llevamos veintinueve años ensayándola". Es el tiempo que hace que nos conocemos. Fue en Madrid a finales de 1993, y en el verano de 1994 ya vino a pasar unos días a Málaga. Él, por su parte, conocía muy bien la Costa del Sol, sobre la que tiene una mirada enriquecedora que me ha transmitido. También sobre la ciudad, en la que más tarde vivió unos años, que culminaron en su gran exposición en el CAC de 2018, Romanza. Nuestro sitio malagueño de los noventa era el Dr. Funk.

Picante. Después de Luces vamos al Tano de Huelin, el más cercano al mar. Losada pide el mítico picante y le dice a la camarera: "Venimos de muy lejos por este picante". La camarera: "Si supierais lo simple que es. Lo hacemos los mismos camareros". Le pedimos que nos dé la fórmula. "Nos cortan el cuello".

Domingo electoral. Voy con mi madre a votar al colegio del barrio. A partir de este día, los carteles que han poblado la ciudad en junio empezarán a ponerse viejos. Retirarán la mayoría, pero quedarán unos cuantos con los candidatos ilusionados aún, ignorantes del batacazo que se iban a pegar casi todos. Mi hermana me manda una foto de mi sobrino mayor votando: es la primera vez que puede hacerlo. Al día siguiente miro cuántos votaron lo que yo: diez. Solo diez en el barrio.

Cine furtivo. Ir al cine es ya una actividad decadente pero entrañable, con algo de furtiva. Más si se va solo. Es sábado por la tarde y voy al Albéniz a ver Tenéis que venir a verla, la última de Jonás Trueba. La puerta está cerrada. Llamo como si estuviera de visita en una casa. Abren y me dicen que el pase se ha retrasado veinte minutos. Hago tiempo por la zona. Me asomo al espacio donde estuvieron los cines Astoria y Victoria: a esos les fue peor. Vuelvo y entro por fin. Somos cuatro en la sala, como son cuatro los personajes de la película. Es una delicia rohmeriana, con el toque propio que sabe darle el director: conversaciones intrascendentes con la abrumadora vida de fondo, un piano, un libro, un viaje en tren, dos casas, un paseo por el Madrid nocturno y otro por el campo... A la salida me cruzo con Toscano y Julia, que van a ver Cinco lobitos. Entro con ellos y me monto de repente una sesión doble como las de los buenos tiempos.

Ética. Cenando en Los Delfines (¡este dietario siempre desemboca en el pulpo frito!), tenemos una conversación como las de la película de Jonás Trueba. Bromeamos con Toscano, que es profesor de ética en la universidad, sobre las cosas que no puede hacer por su trabajo. Él se queja entre risas: "¡Los profesores de ética vivimos con una mano atada a la espalda!". 

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