18.1.26

El enemigo siempre fue el literalista

[Montanoscopia] 

1. Premios Zenda: penosísima la sumisión de la Literatura al Establishment. Hay que tener estómago para compartir espacio con el ministro The Puentete, ariete degradante del degradante sanchismo. Con lo de "la Literatura" he dicho un sofisma para redondear la frase. No existe una Literatura platónica, como entidad independiente y pura. No hay más literatura que la que hacen los literatos, esos que menean el culito ante el Poder a ver si este tiene a bien enchufársela, con la ilusión de que se derramen unos eurillos en el proceso. Reconozco que no deja de ser igualmente sofístico este cuadro. Pero detrás de todo ello hay algo sólido: si me aficioné a leer, y luego a escribir, fue para escapar de los sitios (físicos y mentales) en que pudiera haber un ministrete. 

2. Maravillosa performance de María Corina Machado entregándole la medalla de su Nobel de la Paz a Donald Trump. Gesto que la fortalece a ella y lo debilita a él, aunque él tenga la fuerza. En términos morales, el Nobel ya sin medalla se aquilata en Machado, mientras que la medalla se vuelve chatarra en manos de Trump. Son muy graciosos los poderosos y los ricos, con frecuencia ansiosos de valores que su poder y riqueza refutan. 

3. Ya definí lo de Juan Manuel de Prada como "medievalismo podemita". Ahora escribe a favor de la masacre de mujeres iraníes (como mal menor: le encuentra asidero bíblico) porque los ayatolás le han dedicado una estación de metro a la Virgen María "con relieves y murales en las paredes de una rara delicadeza". 

4. Mi interés vital por Julio Iglesias duró lo que mi lectura de la biografía que le consagró Ignacio Peyró en Libros del Asteroide. Fue para mí un personaje levantado con su prosa. Luego ha seguido la vida y de ello ni la editorial ni el autor son responsables. De ahí que fuera torpe y absurdo el comunicado sobre futuras ediciones corregidas después de las acusaciones contra el cantante. El libro debe quedarse como está, como una cápsula deliciosa de ligereza. Son los lectores quienes, si acaso, pueden añadirle desde fuera esta reflexión borgiana: "Todo poema, con el tiempo, es una elegía". 

5. ¿Cómo ha podido el cine español perpetrar una película como Rondallas? El director ha contado que fue un encargo del productor. ¡Un productor encargando una película sobre grupos regionales! Con trasfondo humano, eso sí. En realidad, Rondallas es la culminación del cine español: los grupos regionales son las tunas bendecidas por el nacionalismo, que es el incuestionado dogma religioso de nuestro Estado laico. O sea, los grupos regionales son la tuna incuestionada. Otro más de los flecos franquistas vigentes, con su semilla sembrada de "coros y danzas" hoy blindada por el nacionalismo. Si se le añade el mencionado trasfondo humano, ya tenemos el cine español en pleno. 

6. Pedí en un tuit no ser jamás uno de esos risibles zoquetes que se habían puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. En ese instante yo me había puesto Al final de la escapada para ver después Nouvelle vague. Twitter me lo he tomado siempre para estos juegos, con frecuencia irónicos; y, por supuesto, contra acusicas y campanudos. En Twitter me ejercito en el carnaval, simplemente. Y para desatar, yo que soy un mar de dudas (corrosivas de mí mismo no se pueden imaginar hasta qué extremos), "opiniones contundentes" a lo Nabokov, ya que me gusta y hace gracia esa retórica. El enemigo siempre fue el literalista. De quien es hoy el imperio. Un día de estos te estrangulará con tus propias ironías. 

* * * 

15.1.26

El manifiesto de yo solito

¿Qué vamos a hacer con el PSOE? Hasta los críticos andan como vaca sin cencerro. El manifiesto presentado por Jordi Sevilla es fallido: fallido en todo... salvo en una cosa, no poco importante, que diré en el último párrafo. Digo ahora a propósito que Jordi Sevilla siempre me ha parecido un nombre disruptivo. Algo así como Dídac Trebujena, Oriol Écija o Valentí Matalascañas. Empiezo mal, con una mención ad hominem (o, como diría Carmen Calvo, ad nominem). ¡Pero así funciono!

Los militantes del PSOE (más los votantes que le quedan, con El País y la Ser) se resisten a darse cuenta de una cosa: de que su partido es ya un partido plenamente antisocialdemócrata; de hecho, la gran amenaza para la socialdemocracia en este país. Si no su matarife: un matarife con la labor cumplida. Así que manifiestos como el de Jordi Sevilla llegan tarde: son tristemente póstumos. Un estertor entrañable e inútil. Los socialdemócratas de verdad, no militantes y por ello aún socialdemócratas, solo aguardamos el hundimiento del PSOE: ese partido que ya únicamente podría ser mejorado mediante su pasokización.

Jordi Sevilla ha tenido que recordárselo a esa peña: Socialdemocracia 21 es la bandera de uno del PSOE contra el PSOE de Pedro Sánchez, que es todo el PSOE. Uno de los errores del manifiesto, además de pedirle socialdemocracia al PSOE como el que le pide peras al olmo, es decir que tras ese impulso hay "una mayoría ciudadana". No, Jordi, no. De mayoría, nanai de la China. Sois habas contadas. Con un solo dedo además, el tuyo. Dedo sobre el que pende, como cuchillo de Damocles, la amenaza yakuza de Sánchez. Te podría conceder algunos dedos más: sin que alcancen para rebasar una mano y todos yakuzables.

Lo que ha hecho el PSOE estos años es sordidísimo. Yo, que (¡como socialdemócrata antisanchista!) no votaré al PP justamente por sus pactos con Vox y me refugiaré en el voto en blanco, me siento autorizado para proclamar que el PSOE ha hecho sus pactos (y en parte sus Gobernos) con los únicos que son aún peores que Vox: populistas y nacionalistas (independentistas todos ya, sin excluir golpistas y proetarras). Los repulsivos pactos del PP están y estarán más que legitimados: ¡se los ha legitimado el PSOE con sus aún más repulsivos pactos!

Hay una canción brasileña tristísima y bellísima: O bloco de eu sozinho [El bloque de yo solito], en que un individuo (que existió) integra en solitario una agrupación de carnaval. Así que el manifiesto de Jordi Sevilla ha sido el Manifiesto de yo solito. Desde que empecé a leer la prensa de adolescente, me aficioné a los manifiestos y a curiosear entre los "abajofirmantes". Este ha sido el primero que me he encontrado sin abajofirmantes, o con apenas un abajofirmante. Del Yo acuso inagural de Zola hemos venido a dar en este en que Jordi Sevilla podría haber prescindido de su disruptivo nombre para firmar como Zolo.

Y así llegamos a lo único para lo que ha valido el manifiesto, una utilidad no constructiva sino destructiva, de pura denuncia. No tanto por lo que dice como por lo que ha pasado con él. La ausencia de adhesiones lo dice todo del partido que es hoy el PSOE: un partido entre unánime y de terror, con una disidencia escasa y asustada. También, si bien se mira, el PSOE es el bloque de otro yo solito: Sánchez, acariciado por miles de dedos en miles de manos dispuestas a aplaudir. El PSOE se dice socialdemócrata, pero es tan manifiestamente antisocialdemócrata que nadie se atreve a firmar un manifiesto por la socialdemocracia. 

* * * 

11.1.26

Gazpacho no, horchata sí

[Montanoscopia]  
 
1. El lenguaje es maravilloso. Ahora nos hemos enamorado de la palabra "extracción". La extracción de Maduro. Como la extracción del petróleo. (O su sustracción.) Quién no quiere, para acabar con el tirano, que baje un Deus ex machina y se lo lleve, como ha ocurrido en Venezuela. Lo hubiéramos querido en España con Franco. Solo que Trump es un Deus que no está en sus cabales. Se parece más bien al "genio maligno" de Descartes, dispuesto a volvernos locos.  
 
2. El asesinato policial de la mujer de Mineápolis, propiciado por el trumpismo y aplaudido o excusado por el trumpismo, prueba que Trump es el Maduro de Estados Unidos. Es un presidente bananero del otrora país de la libertad. Está empequeñeciendo "América" hasta la irrisión. 
 
3. El inconfundible aroma de la libertad es el que se da en Irán estos días con las mujeres alegres quemando sus velos y quemando, como desafiantes actrices bellísimas, las fotos de los clérigos feísimos: se los fuman fastuosamente. ¡Las persas! Mujeres alegres y trágicas: también mueren, junto con los hombres rebeldes, a manos de las fuerzas represivas de los ayatolas. ¿Y con quién está nuestra izquierda mamarracha? ¡Con los clérigos asesinos! Igual que estaba con el asesino Maduro.  
 
4. Es la misma izquierda que ve en Rufián a su próximo líder: el Rufián de la destrucción de la igualdad en España, por medio de la "ordinalidad" fiscal que ha firmado su conmilitón Junqueras con Sánchez. Sánchez: el sujeto que ha convertido al PSOE en un partido antisocialdemócrata. Y el PSOE encantado.  
 
5. Mi lectura definitiva de 2025 ha sido la biografía Jorge Luis Borges. Un destino literario, de Lucas Adur (Cátedra). Y no lo ha sido además Pessoa. Una biografía, de Richard Zenith (Acantilado), traducida por nuestro Vidal-Folch en su ya míticas jornadas (¡maratonianas!) en chándal, porque aún no la he leído. Espero hacerlo este 2026. El Borges de Adur es riguroso académicamente (el autor es profesor en la Universidad de Buenos Aires) y además es una lectura estupenda, por la escritura, por la disposición de los materiales y por las reflexiones sobre la vida y la literatura de Borges. Lo mejor es tal vez asistir a cómo Borges se construye a sí mismo: él, su figura, es otra de sus obras. En cuanto a la política, es admirable la integridad de Borges: se pronunció y expuso siempre, arriesgándose, sobre todo contra el pringoso peronismo. Pero, ay, esta fidelidad antiperonista le jugó una mala pasada: no supo distinguir la vileza de la dictadura que lo derrocó, inercia que le llevó asimismo a aprobar al infecto Pinochet. Luego, cuando fue consciente de los crímenes y las torturas, se espantó y rectificó, pero ya era tarde. Aunque en el fondo del fondo se podría decir de Borges lo que Borges dijo de Verlaine: era "inocente como los pájaros".  
6. A veces no me creo que durante media hora yo fuera estricto contemporáneo de Borges. El Loco de la Colina lo entrevistó en directo en septiembre de 1984 y yo estaba, envuelto en la noche, con el transistor encendido, como todas las noches. En la entrevista Borges cita la definición de la noche que dio Chesterton: "una nube mayor que el mundo". Cuando Quintero le pregunta por algo que no le guste de España, dice Borges: "probé con escasa fortuna el gazpacho". Pero a continuación afirma que le gusta la horchata: "gazpacho no, horchata sí". Borges estaba en Sevilla. Al día siguiente apareció su foto con Torrente Ballester y la Giralda, en El País. Se me ha ocurrido buscar el audio de la entrevista y aquí está
 
* * * 

9.1.26

Fases del 'revival' católico (y el incomprendido Dios)

[La Brújula (Opiniones ultramontanas), 1:11

Buenas noches. Con la aceleración de nuestro tiempo, el revival católico al que asistimos ha atravesado a velocidad supersónica todos los periodos de la Historia del Arte. Por remontarnos al trazo originario, el de la Grecia antigua, primero estuvo la fase arcaica, después la clásica y finalmente la helenística o alejandrina, es decir, la de la disgregación autorreferencial y la decadencia. Aplicado al mencionado revival católico, podríamos asociar al periodo arcaico la restauración del Ecce homo de Borja, al periodo clásico la película Los domingos y el disco Lux de Rosalía, y al periodo helenístico la canción que nos propinó La Oreja de Van Gogh en Nochevieja, con ese "Yo creo en Dios" que parecía una estricta operación mercantil. Cómo no recordar el chiste de Billy Wilder contra un músico pésimo: "Tiene el oído de Van Gogh para la música" (en inglés ear es tanto oído como oreja). Pero hay algo que me ha impresionado del periodo arcaico, que suele ser el más recio, el más profundo. Estas Navidades murió Cecilia Giménez, la "restauradora" del Ecce homo de la que tanto nos reímos, y Ricardo hizo en El Mundo una viñeta genial, de gran calado teológico. Cuando ella llega al Cielo, San Pedro le dice: "Querida Cecilia, te presento a Jesucristo". ¡Y este tiene la cara de su Ecce homo! Recordé los versos de Borges en su poema Cristo en la cruz: "El rostro no es el rostro de las láminas. / Es áspero y judío". Y conjeturé borgianamente que ella lo hubiese visto de verdad y, contradiciendo a la tradición, y al propio fresco que restauraba, lo plasmó exactamente así. Como los profetas bíblicos, o la profetisa Casandra, se expuso al oprobio de sus contemporáneos, a sus burlas, a su falta de fe. Pero el suyo era el incomprendido Dios.

8.1.26

El pasivista

He aquí otra vez el tiempo de los asesinos. Y de los canallas. El repliegue es impepinable. Me hacen gracia los autodenominados activistas, ufanos granitos (¡gallitos!) en el vendaval de la historia. Serán aplastados igualmente en el mejor de los casos; en el peor, se contarán entre los aplastadores. Yo soy o aspiro a ser, por el contrario, un pasivista. Que la historia la hagan otros; contra mí, evidentemente: ¡soy de los que se resignan a padecerla! André Breton pintó la situación con un verso memorable: "La historia cae fuera, como la nieve". Ese es nuestro desprecio. Supongo que hasta que la policía dé la patada en nuestra puerta.

Mi único hacer (es un hacer, después de todo) es la escritura. Aquí hay que concentrarlo todo, la dinamita incluso. Nietzsche escribió, en un aforismo en el que está Cioran entero: "Procurarse las ventajas de un difunto – nadie se preocupa ya de nosotros, ni en favor ni en contra. Imaginarse separado de la humanidad, desaprender los deseos de todo género: ¡y aplicar a la contemplación todo el exceso de fuerza! ¡Ser el espectador invisible!". El espectador que escribe, eso sí. De nuevo mi archicitado Ricardo Reis, el pessoano estoico-epicúreo: "Sabio el que se contenta con el espectáculo del mundo". Saramago pretendió cuestionarlo en El año de la muerte de Ricardo Reis, pero le salió (por eso era un buen novelista) el retrato de un aristócrata del espíritu. Que dio en la cárcel también, naturalmente.

Cuando leí 1914, el libro en que Margaret MacMillan analizaba los hilos que desembocarían en la Primera Guerra Mundial, me espantó la calaña de los gobernantes mundiales del momento. Entonces me formulé: "¡Parecen nuestros presidentes autonómicos!". Hoy me bastaría decir: "¡Parecen nuestros políticos nacionales!". Con semejante casting lo raro era que la guerra no hubiese estallado antes. Luego vino la Segunda Guerra Mundial, y fue estrictamente su catástrofe, como una onda expansiva, la que civilizó más o menos el mundo. Ahí hemos vivido y seguimos viviendo, con la onda expansiva ya notablemente debilitada. No se va a llegar ni al siglo de la última gran guerra para que se haya desaprendido su lección.

Los enternecedores activistas están ahora haciendo malabarismos verbales con la realpolitik. Se lo regalan todo a los poderosos, desgraciados como son también (los activistas). Su irrelevancia la ponen al servicio (¡con qué ardor en Twitter y en las sobremesas!) de los patanes que mandan. Tratan de desentrañarles razones a los miserables, de convertir en Churchill a Trump. O a Sánchez mismamente. Los reyes y presidentes van más en pelotas que nunca, pero nunca hubo tantos cubriendo sus cuerpos con tejidos de ficción. Algunos, más finos, nos obligan a decidir: hay que optar por males menores o pasar la mano sobre realidades que nos asquean. Pero algunos somos del "no es no" real; es decir, somos capaces de habitar en la frontera misma del conflicto, donde se ve lo malo de aquí y de allá (no a Maduro, pero con derecho internacional; no a Sánchez, pero tampoco a Feijóo con Vox) y no hay descanso en sofá mental posible.

La acción, terrible cosa. Recuerdo que con veinte años anoté en mi ejemplar de Macbeth (estaba influidísimo por El aciago demiurgo): "Toda acción es demoniaca". El que actúa es siempre un aprendiz de brujo. No se sabe lo que puede salir de ahí. A mí, con solo escribir, también me puede pasar de todo. Pero la página es mi único campo de acción, mi único campo de batalla. En lo demás soy (no niego que con orgullo y arrogancia; una arrogancia cansada, sin ilusión) el pasivista.

* * * 

4.1.26

El delfín de año nuevo

[Montanoscopia] 

1. El 1 de enero un delfín gigante quedó varado en una playa malagueña, la de Puerto Marina. En vez de atacar al "monstruo", como quizá habrían hecho antiguamente, los vecinos lo ayudaron a volver al mar. Emplearon tres horas en ello. Buen augurio para el nuevo año. He recordado que Antonio Machado contaba en el Juan de Mairena algo que les ocurrió a sus padres: se encontraron cuando acudieron, con la muchedumbre, a asomarse al Guadalquivir para ver unos delfines que habían remontado el río hasta la Torre del Oro. "Fue una tarde de sol", concluye Mairena/Machado, "que yo he creído o he soñado recordar alguna vez". 

2. Mi año comenzó con la preparación de mi agenda y mi cuaderno, a la música de un disco: Secrets, de Herbie Hancock, en el que mi favorito es un tema de estupendo rollo, "Gentle thoughts". Hace mucho que paso de los valses vieneses y los saltos de esquí, ese reverso supuestamente prestigioso de las sórdidas campanadas, a las que sin embargo sí asisto por no montar el numerito familiar: trago con las uvas. En algún momento de la mañana inaugural abrí la prensa aterrorizado por las primeras bofetadas efectivas de 2026. Y ahí estaban las "decenas de muertos" en el incendio de la fiesta de Nochevieja en Suiza. El fuego lo desataron, parece, botellas de champán con bengalas. 

3. Los totalitarios de Izquierda Unida, con el bienintencionado Maíllo a la cabeza, celebran el 67 aniversario de la dictadura cubana. A la que no llaman así: asumirlo les impediría dar lecciones, como hacen en España todo el santo día, de democracia. Y el día 3, la caída del dictador Maduro en Venezuela por el ataque de Trump. Noticia buena y noticia mala al mismo tiempo. Por lo primero y por lo segundo, respectivamente. Así somos los complicaditos procedimentalistas. Pero, claro, con nosotros nunca se hará nada: ¡lo asumimos con deportividad! Aunque me alegro por la alegría de los amigos venezolanos en el exilio. 

4. Fenomenal respuesta, exquisitamente razonada, de Manuel Toscano en Letras Libres a los apretaos del voxismo que abogan por un catolicismo incompatible con el liberalismo. Toscano no se ocupa de la religión ("doctores tiene la Iglesia"), sino de perfilar el liberalismo, deshaciendo malentendidos. Me ha impresionado esta caracterización exacta del constitucionalismo liberal: "la separación de poderes, la independencia judicial, el Estado de derecho, el parlamentarismo, las libertades individuales, los derechos de las minorías y el pluralismo". Me ha impresionado porque, de esos siete puntos, cinco los incumple, los adultera o los tensiona Sánchez. Ese Sánchez del que no se bajan las cheerleaders del sanchismo, que llevan semanas ocupándose solo de política internacional: ¡Trump! Con la de puntos que el patán estadounidense comparte con su idolatrado... 

5. Sabía que Venecia. Un asedio en espiral de Ignacio Jáuregui (Athenaica) iba a ser bueno, pero resulta que es aún mejor. Imponente libro, escrito con la precisión, la ductilidad y la belleza de un poseedor de oído absoluto para la prosa. Pensaba dejármelo para cuando fuese a Venecia, en la que nunca he estado, pero lo empecé y de pronto estuve en Venecia y no la quise dejar: Jáuregui la recrea y nos la pone delante en sus páginas (que incluyen fotos). Ayudan las palabras italianas de lugares y otros elementos, tan estimulantes, pero sobre todo su narración apasionada. Es la obra de una vida y se nota, y lo transmite. No sé cuándo iré a Venecia de una vez, pero ya sé que lo primero que pondré en mi equipaje será Venecia. Un asedio en espiral, para leerlo de nuevo allí. 

* * * 

1.1.26

Jueves milagro

Nuestro tiempo es la síntesis del círculo y la línea; o quizá, más que una síntesis, un cruce dialéctico, conflictivo. La línea que va del nacimiento a la muerte; el círculo del año y de los meses, que vuelven periódicamente al 1, de la semana que vuelve al lunes, del día que vuelve a la mañana. "Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio", agradeció una vez Borges. Dio las gracias también "por la costumbre, / que nos repite y nos confirma como un espejo". Hoy volvemos a la costumbre de empezar otra vez, ilusoriamente.

No me resisto a añadir la mejor definición que conozco del amor, que va igualmente en ese Otro poema de los dones: "Por el amor, que nos deja ver a los otros / como los ve la divinidad". Hay un hilo ahí con esto que he leído hace poco de Susan Sontag: "Haz cosas. Mantente concentrado, curioso. No esperes el empujón de la inspiración ni el beso de la sociedad en la frente. Presta atención. Se trata de prestar atención. La atención es vitalidad. Te conecta con los demás. Te llena de entusiasmo". Entusiasmo: estar poseído por la divinidad.

En su librito Sobre el tiempo, Safranski habla de la "escasez escatológica de tiempo" en el cristianismo primitivo. Y cuando quedó desengañada la esperanza inminente en el Reino de Dios y se pasó a una incierta prolongación del plazo: "También bajo estas circunstancias había que utilizar el tiempo de la vida en orden a la salvación del alma. Para ello, el tiempo es siempre escaso, pues no sabemos cuándo le toca el final a cada uno en persona". Esta "economía de la salvación" la llevaron al extremo los presbiterianos americanos, que consideraban que perder el tiempo era el pecado más grave.

En Proust, el tiempo perdido es también el tiempo derrochado, desperdiciado. Su busca trata de ser asimismo una restitución, aun al borde de la muerte. En El tiempo recobrado escribe: "Pero, en vez de trabajar, viví en la pereza, en la disipación de los placeres, en la enfermedad, en los cuidados, en las manías, y ahora emprendía mi obra en vísperas de morir, sin saber nada de mi oficio". Páginas antes: "Sí, esta idea del Tiempo que yo acababa de formarme decía que ya era hora de ponerme a la obra. Ya era hora, desde luego; pero, y esto justificaba la ansiedad que se había apoderado de mí desde que entré en el salón, cuando las muecas de los rostros me dieron la noción del tiempo perdido, ¿tenía todavía tiempo y me encontraba además en estado de hacerla?". Y esta idea impresionante: "Afortunados aquellos a los que, por cercana que se halle la una de la otra, les suene antes la hora de la verdad que la hora de la muerte".

Volviendo al círculo y la línea, me parece que una clave de funcionamiento estaría en saber combinar a Nietzsche con Montaigne. Nietzsche: "Fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta". Montaigne: "Todo es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto". Y (también con Pla): "La vida es ondulante". La meta de Zaratustra, por cierto, no era la felicidad, sino la creación. Ir ofreciendo obras en el curso de la vida ondulante: esta sí puede ser una síntesis.

El lunes de mi vida fue un jueves, día de la semana en que nací. Un jueves milagro. Moriremos, claro, pero lo extraño, lo milagroso, fue nacer. Y seguir aquí por el momento. Hoy, jueves 1 de enero, la "luz no usada" (salvo sus primeras briznas) de este 2026.

* * *