24.4.21

Dietario: Completando el juego

Buda en Semana Santa. Paso la Semana Santa en Torrequebrada. Vida social cero, salvo una comida con amigos que vienen a ver cómo me las gasto de ermitaño. El resto del tiempo me dedico a leer, a pasear por la costa y a tomar cañas en el Yucas mirando el mar. Una tarde decido coger el autobús hasta la estupa tibetana de Benalmádena pueblo. Es un sitio asombroso, con el encanto de las atracciones del Tívoli World, pero en serio. El budismo es una religión relajada. Subo la escalinata y me asomo a ver al Buda, sin entrar. Tampoco hago fotos del interior: me limito a sentir su paz, un poco de juguete, por unos segundos. Luego me asomo al formidable mirador y decido bajar caminando por la carretera. Tardo una hora en llegar a la playa. Ha sido una especie de peregrinación a la inversa: introspectiva y fácil. Como las bajadas en bicicleta, pero a pie.

Luz de Agosto. A la comida de Torrequebrada, Rafael García Maldonado nos trajo ejemplares de Benito Cereno, de Herman Melville, que ha traducido y publicado en la editorial que ha montado con Mariló Rubio: Luz de Agosto. Quieren sacar libros exquisitos y con este primero lo han logrado. García Maldonado es farmacéutico (en Coín) y escritor. Le gusta combinar su vocación literaria (estos días sale su libro de cuentos Si yo de ti me olvidara, Jerusalén) con una profesión que le da independencia y conocimiento de la naturaleza humana. Era el único de nosotros que se había vacunado ya y hubo discretas maniobras por sentarse a su lado.

Turismo de librerías. Siempre visito tres librerías de la costa, que, además de heroicas, son realmente buenas: Pérgamo (Torremolinos), Lorca (Arroyo de la Miel) y Teseo (Fuengirola). Así al turismo de playa (que para mí es más de paseos marítimos) le sumo el turismo de librerías. Nunca se hablará lo bastante de cómo ennoblecen una población las librerías. Torremolinos, Arroyo de la Miel y Fuengirola son mejores gracias a Pérgamo, Lorca y Teseo.

Completando el juego. Lo he visto ya varias veces: niños y niñas que posan con mucha fiesta para sus padres y luego corren a ver cómo han quedado en la foto. La alegría de los dos momentos indica que se trata del mismo juego. Con el segundo lo completan.

Corazón y cerebro. Asisto a un cursillo de prevención del envejecimiento cognitivo (¡más vale prevenir que curar!). La profesora dice que debemos quedarnos con esta idea: "Todo lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro". La memorizo al tiempo que me digo: no todo, no todo...

Clavos. Un amigo está contentísimo porque ha tenido un ligue que le ha hecho olvidar un amor que le dolía. Y además el ligue no le ha durado, por lo que se siente más aliviado aún. Hace este resumen: "Ha sido un clavo que saca otro clavo... y además se saca a sí mismo".

En el reino de las penumbras. Voy a Churriana a ver la exposición de Chema Cobo en la Casa Gerald Brenan, In the twilight kingdom. En el reino de las penumbras. Es un verso de Los hombres huecos de T.S. Eliot. Antes de entrar, me asomo al mirador que da al aeropuerto. Habitualmente no paran de despegar y aterrizar aviones, pero la pandemia ha frenado el tráfico. En veinte minutos solo veo uno, que corre por la pista y se alza en el cielo gris. Luego, visitando la exposición, me fijo en el cuadro de Cobo que muestra los escuadrones que bombardeaban Málaga durante la Guerra Civil y el humo negro que sube. En primer plano, delante del humo, también ascendente, está un jarrón con flores. La vista era desde la casa de Brenan, según contaba Gamel Woolsey en El otro reino de la muerte, o Málaga en llamas. La exposición de Cobo, brillante, se adentra en “el laberinto español”, con borricos y fantoches a cachiporrazos, que conjuga con la elevación mística, tortuosa, de san Juan de la Cruz, que era también del interés de Brenan. Como siempre ocurre con la obra de Cobo, las estancias en que se muestra son un espacio imantado de imágenes e ideas. Crudamente lúcidas, pero con escapes líricos: luces, caminos que se pierden, promesas. En el última pared están los delicados retratos caleidoscópicos de Brenan y Woolsey. Esta, la mejor para mí, bellísima como nunca.

Usos de un mismo bigote. Hablo con Arias y Toscano del debate electoral de Telemadrid. Nos apena el profesor Gabilondo, por las contorsiones a que le obliga la política y por los ataques bajos que recibe. Dice Arias: "Se habría librado de estas sevicias de haberse limitado a pelear por los sexenios". Toscano recuerda que en su día compitió por la cátedra con el malagueño Julio Quesada. Creo que la ganó este, pero se fue enseguida a México detrás de una mexicana. Les digo que Quesada pertenece a la clase más entrañable de nietzscheanos: la de los que se dejan el bigote de Nietzsche. Concluye Toscano: "Eso facilitaría el aterrizaje en México". 

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