24.9.26
20.9.26
17.9.26
15.9.26
13.9.26
Bob Dylan no es un suave cantante brasileño
[Montanoscopia]
1. Carlos Mármol, que debe de escribir en chándal como su maestro Ignacio Vidal-Folch (de otro modo no se explican los maratones de escritura que se mete, de alto nivel además), combina su devoción sevillana con su devoción dylaniana. Es el tercer gran dylaniano que conozco, junto con Manuel Arias Maldonado y Eduardo Jordá. Este acaba de publicar Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Asteroide), al que Mármol le ha dedicado uno de sus estupendos artículos en The Objective. Su perspectiva es la del entendido en Dylan. La mía es la del ignorante en Dylan, que incluso ha jugado al antidylanismo: ¿cuántas veces no me habré metido con la "armónica ortopédica" de Bob? La lectura de Número cero me ha rescatado para la causa. Por el momento he dejado de ser antidylaniano. Espero ir dando pasitos hasta convertirme, si no en dylaniano, al menos en oyente de Dylan: el libro de Jordá es un excelente primer escalón. En realidad, es más que "un Dylan para principiantes", como dice Mármol: es un libro, breve pero completo, sobre el misterio y el poder del arte (de la música, de la poesía), que se sirve del artista como médium para rebasarlo y expandirlo. Jordá cita a Arthur Rimbaud: "Yo es otro". Y a John Keats sobre el poeta camaleón: "El poeta no es nada en sí mismo: no tiene yo, es el todo y la nada, no tiene carácter, goza de la luz y la oscuridad".
2. Mi trayectoria como oyente de música es muy fácil de resumir. Tras una prehistoria ominosa en que me gustaban algunos hits discotequeros más Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y hasta José Luis Perales, los ochenta me los pasé con la música clásica y la música de la Movida, española y extranjera. En 1989 me aficioné a la música brasileña y de esa burbuja no he salido desde entonces; únicamente incorporé, por influjo de mi amigo Miguel Gómez Losada, la música negra anglosajona, el funk, el jazz. Mi percepción de Bob Dylan ha sido a través de la música brasileña. Esas palabras de Dylan que cita Caetano Veloso al final de O estrangeiro: "Some may like a soft Brazilian singer, but I've given up all atempts at perfection" [Puede que a algunos les guste un suave cantante brasileño, pero yo he renunciado a todo intento de perfección]. O el chiste de Gilberto Gil en De Bob Dylan a Bob Marley, um samba provocação: "Quando Bob Dylan se tornou cristão / fez um disco de reggae por compensação / Abandonava o povo de Israel / e a ele retornava pela contramão" [Cuando Bob Dylan se volvió cristiano / hizo un disco de reggae en compensación / Abandonaba el pueblo de Israel / y a él retornaba a contramano]. Y versiones como la de Jokerman, de Veloso, o O homem que deu nome a todos animais, de Adriana Partimpim (heterónimo infantil de Calcanhotto). [Mi amigo Víctor Úbeda me indica otra: Negro amor, de Gal Costa.]
3. Hace veinte años estuve en el estreno en el Festival de Málaga de Las huellas de Dylan, de Fernando Merinero. Este pretendía hacer un documental sobre la gira de Bob Dylan por España de 2004, pero no le dejaron pasar con la cámara y decidió grabar en la entrada a los dylanianos que iban siguiendo a su ídolo. Añadía testimonios en estudio de distinguidos fans. Uno de ellos, Benjamín Prado, leía el poema que le dedicó. A la salida le dije a Merinero que me había gustado tanto el documental que hasta me había encantado el poema de Prado, cuya poesía no aprecio. Merinero: "Bah, no me hables. Quedaba demasiado largo y lo tuvimos que recortar en montaje".
* * *
En The Objective.
10.9.26
El último baño de todos los años
He sido azote vacacional de Espada y Sánchez, pero al final yo la he tenido más larga. Me refiero a la vacación. La he metido pimpantemente en septiembre, hasta su segunda semana, en que me doy el último baño: el último baño de todos los años, con su poética singular. La sombrilla plantada, la sillita a su sombra y la sensación de que se termina hasta el verano que viene. Una fruición de crepúsculo. Pero también el airecillo inauguralista del curso nuevo. El curso: ese año encabalgado entre dos años que llevamos inscrito en el cuerpo desde infantes. Ahora es cuando empiezan de verdad las cosas.
La playa despejada, algo lenta, como para morir con elegancia de muerte natural; los turistas de septiembre parece que vienen de otra civilización (mejor dicho: de alguna civilización). En las noticias, Ceuta sin su verano y todo apunta a que sin su otoño; el escándalo impostado ante el ascenso de la ultraderecha alemana en quienes aquí vienen llamando "nazi" a cualquiera que les chiste; la lista de periodistas buenos y malos del ministro del Interior, ese Marlaska que es a Fouché lo que el bombero torero a Morante; el informe torcido de PISA, que nos muestra la continuidad entre el pueblo y sus dirigentes, con el pegamento de la ignorancia. Pero tengo ante mí el Mediterráneo, que todo lo relativiza. Me he puesto además Wave, disco de Antonio Carlos Jobim.
Y tengo mis libros, para cobijarme entre las ruinas de la inteligencia española. Me he traído el póstumo de Javier Marías, Aquí me paro, amorosa recolección de textos desperdigados (algunos por el extranjero) que está ya en el pódium de sus mejores libros de artículos, junto a Pasiones pasadas y Vidas escritas. ¡Delicia absoluta! El Marías ocasional, o en todo caso mensual, era superior al semanal. El aniversario de su muerte (otro 11-S) me pillará con él vivo entre las manos. Después volveré al Zen (budismo/taoísmo): El camino del Tao, de Alan Watts; El libro de la perfecta vacuidad, de Lie Zi; y Fundamentos de la vía media. El camino budista del vacío, de Nāgārjuna (en la edición de Juan Arnau).
Hablando de muertes, esta temporada se ha producido la mía radiofónica. Soy un muerto radiofónico y pienso extraer de esta condición todas sus ventajas. La primerísima, la ganancia en tiempo: puesto que no tendré que estar al tanto de ningún programa, me quitaré de la radio en general y de las tertulias en particular. Espero que se produzca en mí un efecto balneario (muy conveniente para un muerto). La actualidad la obtendré solo de los periódicos. Quitarle el volumen, aniquilar el sonido que emiten las jetas (las de los políticos y las de sus comentaristas) mejorará impepinablemente (¡mucho se tiene que torcer la cosa para que no sea así!) mi calidad de vida (algo también indispensable para un muerto).
Y al fin el último baño. Hace nada (la vacación ha sido larga, pero ha durado un parpadeo) escribí del renacimiento en la ingravidez la primera vez que flotamos en el mar cada verano. Pero llega la última, que simboliza la vuelta a la gravedad. El agua está perfecta, refrescante y tranquila, con olas precisas que marcan el ritmo ineludible sin atosigar, como el balanceo maternal de la cuna. El sol lo tamiza una ligerísima neblina que marca una línea de luz en el horizonte, al inicio del cielo. Me demoro lo que puedo pero llega el momento de salir. Uno siempre es un tritón cuando lo hace. Un tritón torpe, triste, pero agradecido. Atrás queda el verano y por delante la batalla.
* * *
En The Objective.
6.9.26
Crujirlos a collejas
[Montanoscopia]
1. Cuando vi a Sánchez relajado en el masaje radiofónico de Susurritos Bretos en la SER, a los diputados dejando arena y restillos de crema solar en sus escaños (¡todos y todas, en especial el oprimido Rufián, con bronceados julioiglesiescos!) y a Muñoz Molina contándonos su eclipse atrasado ya metidos en septiempre (¡jomacho!), comprendí que quienes hemos estado gloriosamente de vacaciones hemos sido los españoles. De vacaciones de ellos. (Aunque por desgracia –¡nadie es perfecto!– no de nosotros.)
2. Arcadi Espada resiste (me imagino que hasta hoy domingo, escribo antes) como último sujeto vacacional español. Le ha echado un pulso agosteño a Sánchez y lo ha machacado. Como fan de Espada (me diría discípulo, si esto no menoscabara al maestro) llevo mucho sosteniendo que sus vacaciones son el primer escándalo de la prensa nacional. Se dice que leer el periódico acompaña nuestra vida cotidiana, pero no: la funda. Sin periódico no hay vida cotidiana. Y el periódico que tiene a Espada y deja de tener periódicamente a Espada destruye la vida cotidiana de sus lectores. (Un periódico sin periodicidad, o sea.)
3. Ese periódico, por cierto, El Mundo, ha sufrido el timo de la estampita con su cambio de Trapiello (que se va a ABC/Vocento) por Pérez-Reverte. Ha sido cambiar a un prosista por otra cosa. Otra cosa que encima anda de capa caída desde el boinazo que le propinó el niño Uclés.
4. En cuanto al niño Uclés, tan antidictatorial en apariencia y tan lloriqueante por el asesinato de Lorca, corrió a abrazarse a su paso por España con el esbirro de dictadores Silvio Rodríguez, cantor de Castro, asesino de poetas (o aniquilador moral de ellos, como hizo con Heberto Padilla). Como suele decirse, no es el qué, sino el quién. El niño Uclés no está contra las dictaduras, sino solo contra las dictaduras que no sean de su cuerda ideológica. Y no está contra el asesinato o la aniquilación moral de poetas, sino solo los de aquellos que le den puntos para su carnet por puntos partidista. Por lo demás, ¿qué se podía esperar de alguien que toca el acordeón?
5. Vox y su colección de niñatos fascistas arruinaron las manifestaciones civilizadas en apoyo de Ceuta. Fueron minoritarios, pero abastecieron lo suficiente de imágenes a los cronistas del Nodo gubernamental. El Nodo siempre se ha abastecido de fascismo: en tiempos de Franco, a favor; en tiempos de Sánchez, en contra. En contra nominalmente, claro, que en la práctica el cuento viene a ser el mismo. La fortuna de Ceuta ha sido tener a Vivas, ese hombrecillo cívico que remite, como apuntó Arias Maldonado, a ciertos héroes de las películas de John Ford, por su frágil firmeza, que es la de la democracia. Los voxistas y los oficialistas hablan pomposamente de "España" (caricaturizándola en direcciones supuestamente opuestas). La España real es la de la vida real de los ceutíes que defiende Vivas, y que ha de estar protegida por la ley y el orden democráticos. ¡Viva Vivas!
6. Los cronistas del Nodo sanchista, a propósito, se pasan el día proclamando su lucha contra la desinformación y los bulos. Puesto que se cuentan (¡y de qué modo!) entre los mayores desinformadores y emisores de bulos, lo que pretenden claramente es erigirse en una posición de privilegio para blindar sus propias desinformaciones, sus propios bulos.
7. El ministro Arcadi España (¡no confundir con el vacacional Espada!) usa a Rawls y el intelectual orgánico Innerarity usa a Habermas, ambos en apoyo del Gobierno. ¡Gubernamentales con lecturitas! Ah, si Rawls y Habermas irrumpiesen, como McLuhan en Annie Hall, a crujirlos a collejas.
* * *
En The Objective.
3.9.26
Así he hecho mi agosto
De todos mis agostos, este es el único en que he logrado lo que me había propuesto: ¡trabajar! Mi problema con los anteriores es que me proponía lo mismo, pero me los pasaba leyendo. Cuando digo trabajar quiero decir escribir. Es curioso, pero los dos polos de la literatura, escribir y leer, son en realidad opuestos: uno esforzado, otro relajado. Por eso se tiende al segundo. Ya lo advirtió Karl Kraus: "El escritor que se dedica a leer es como el camarero que se dedica a comer".
Para controlar la tendencia (divinamente) ociosa escogí solo tres libros que cronogramé para leerlos a sorbitos y que me durasen el mes entero, sin desmandarse. Solo en los últimos días, como me había portado bien, me permití dos lecturitas más, que resultaron deliciosas. Daré los cinco títulos dentro de dos párrafos.
Antes va el párrafo sobre la escritura. Colapsé en mi librito sobre Thomas Bernhard, que mis resignados lectores (¡divinamente ociosos!) conocen, por una razón elemental: en vez de actuar como (el productivo) Bernhard actué como un (improductivo) personaje de Bernhard. Hablé con mi editor de Athenaica para que lo dejáramos para la primavera del año que viene y descansé de mi proyecto con otro proyecto: la edición del segundo tomo de mi diario, Oficio pasajero 2, correspondiente a 2000-2002, que publicará Sr. Scott en noviembre. Este ha sido mi trabajo de agosto, un trabajo intenso de jardinero inglés (¡o japonés!): hacer que el bosquecillo sea un jardín sin dejar de parecer (¡y ser en el fondo!) bosquecillo. Un trabajo en buena medida de poda. Un trabajo intenso y satisfactorio, al que he dedicado muchísimas horas (todas con ventilador).
Las tres lecturas que me han acompañado cada jornada han sido: El camino del Zen, de Alan Watts; Trastorno, de Bernhard (otra relectura, y la más gozosa); y Jorge Luis Borges, de Fernando Savater (el mismo libro que se reeditó tiempo después como Borges: la ironía metafísica). Las dos lecturas extra: la novela Los antropólogos, de la autora de origen turco Ayşegül Savaş (recomendada por mi amiga Mandarina; antropología de la vida cotidiana extranjerizante), y Gente a cenar, nuevos artículos de la infalible Nora Ephron. El de Watts es extraordinario: erudito sobre el Zen y práctico; radical en lo relativo al "despertar directo", con levedad taoísta. El de Savater no se lo pierdan: resulta que es uno de sus mejores libros, ligero, hondo, chispeante, ¡una maravilla! Savater y Borges: combinación encantadora de dos escritores con encanto.
Mi estado anímico ha sido de aislamiento y misantropía, reconozco que con fruición feliz. En todo el mes solo he tenido tres cenas con amigos y dos días de playa con una amiga (¡una ex!). El resto, aplicado trabajo en casa durante todo el día y paseo con la fresca. Para fomentar el carácter meditativo de estos paseos (y para poder recurrir ahora a la hipálage) me compré una caja de meditativos puritos, que, de la brasa a la ceniza, se han ido deshaciendo en humo como agosto.
En cuanto a la rentrée, en la que ya hemos reentrado, me han coincidido dos noes: uno que yo he propinado y otro que me han propinado. Este último ha sido una enseñanza en la dirección correcta: la de la humidad. Siempre es una cura lo que te baja del pedestalito; también lo que te muestra tu irrelevancia, lección fatalmente metafísica. Con el otro he atajado el primer hilo que intentaba apresarme para arruinarme el otoño y no se sabe cuántas estaciones. Pero ambos noes, el no querido y el querido, tienen la misma consecuencia prometedora: ¡más tiempo para mí!
* * *
En The Objective.
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