[Montanoscopia]
1. Carlos Mármol, que debe de escribir en chándal como su maestro Ignacio Vidal-Folch (de otro modo no se explican los maratones de escritura que se mete, de alto nivel además), combina su devoción sevillana con su devoción dylaniana. Es el tercer gran dylaniano que conozco, junto con Manuel Arias Maldonado y Eduardo Jordá. Este acaba de publicar Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Asteroide), al que Mármol le ha dedicado uno de sus estupendos artículos en The Objective. Su perspectiva es la del entendido en Dylan. La mía es la del ignorante en Dylan, que incluso ha jugado al antidylanismo: ¿cuántas veces no me habré metido con la "armónica ortopédica" de Bob? La lectura de Número cero me ha rescatado para la causa. Por el momento he dejado de ser antidylaniano. Espero ir dando pasitos hasta convertirme, si no en dylaniano, al menos en oyente de Dylan: el libro de Jordá es un excelente primer escalón. En realidad, es más que "un Dylan para principiantes", como dice Mármol: es un libro, breve pero completo, sobre el misterio y el poder del arte (de la música, de la poesía), que se sirve del artista como médium para rebasarlo y expandirlo. Jordá cita a Arthur Rimbaud: "Yo es otro". Y a John Keats sobre el poeta camaleón: "El poeta no es nada en sí mismo: no tiene yo, es el todo y la nada, no tiene carácter, goza de la luz y la oscuridad".
2. Mi trayectoria como oyente de música es muy fácil de resumir. Tras una prehistoria ominosa en que me gustaban algunos hits discotequeros más Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y hasta José Luis Perales, los ochenta me los pasé con la música clásica y la música de la Movida, española y extranjera. En 1989 me aficioné a la música brasileña y de esa burbuja no he salido desde entonces; únicamente incorporé, por influjo de mi amigo Miguel Gómez Losada, la música negra anglosajona, el funk, el jazz. Mi percepción de Bob Dylan ha sido a través de la música brasileña. Esas palabras de Dylan que cita Caetano Veloso al final de O estrangeiro: "Some may like a soft Brazilian singer, but I've given up all atempts at perfection" [Puede que a algunos les guste un suave cantante brasileño, pero yo he renunciado a todo intento de perfección]. O el chiste de Gilberto Gil en De Bob Dylan a Bob Marley, um samba provocação: "Quando Bob Dylan se tornou cristão / fez um disco de reggae por compensação / Abandonava o povo de Israel / e a ele retornava pela contramão" [Cuando Bob Dylan se volvió cristiano / hizo un disco de reggae en compensación / Abandonaba el pueblo de Israel / y a él retornaba a contramano]. Y versiones como la de Jokerman, de Veloso, o O homem que deu nome a todos animais, de Adriana Partimpim (heterónimo infantil de Calcanhotto). [Mi amigo Víctor Úbeda me indica otra: Negro amor, de Gal Costa.]
3. Hace veinte años estuve en el estreno en el Festival de Málaga de Las huellas de Dylan, de Fernando Merinero. Este pretendía hacer un documental sobre la gira de Bob Dylan por España de 2004, pero no le dejaron pasar con la cámara y decidió grabar en la entrada a los dylanianos que iban siguiendo a su ídolo. Añadía testimonios en estudio de distinguidos fans. Uno de ellos, Benjamín Prado, leía el poema que le dedicó. A la salida le dije a Merinero que me había gustado tanto el documental que hasta me había encantado el poema de Prado, cuya poesía no aprecio. Merinero: "Bah, no me hables. Quedaba demasiado largo y lo tuvimos que recortar en montaje".
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En The Objective.