29.5.21

El día de Lea

[Dietario]

Juego con Lea. Desde que mi amiga Julia me contó la historia de Lea quiero escribir sobre ella, para hacer un juego. Lea es su perra, una pastor belga malinois, que vive en la casa familiar del Monte Sancha. Tiene, según Julia, un escrupuloso sentido del deber, concentrado en su única obligación de la jornada: recoger el Sur enrollado que el repartidor deja en la puerta y subirlo a la casa por las escaleras. Hasta que no la cumple no está tranquila. Los tres días del año en que no hay periódico, Lea se desespera. Solo se calma cuando le ponen uno antiguo para que lo suba. Hecho lo cual se dedica a ser una perra libre, traviesa y sin obligaciones hasta la mañana siguiente. Ahora pienso en Lea subiendo el Sur de este sábado, como todas las mañanas. Sin saber que esta vez ella va dentro. 

Playas a tope. El malagueño ha perdido una de sus características esenciales, que era regirse por el calendario y no por la temperatura en lo que se refiere a la playa. Antes nadie se bañaba antes de junio, por más calor que hiciese. Y a partir de junio muchos se bañaban aunque helase. Los foráneos, grandes admiradores de nuestro sol, nos han enseñado que hay que tener un contacto más directo con la realidad. Por eso en mayo las playas están a tope.

Arde Proteo. Qué conmoción el incendio de la librería Proteo. Como muchos malagueños, estuve recordando mientras veía las llamas: como si se le echase memoria al fuego para reconstruir lo que se estaba quemando. Descubrí Proteo (y su vecina Prometeo) con dieciséis por mi amigo Nadales, que tenía la misma edad que yo pero más mundo. La última visita fue con otro amigo, el profesor Alberca. Aunque la mayoría de las veces he estado solo, horas mirando las estanterías. Recuerdo de pronto que allí, en la planta de arriba, conocí en los ochenta al escritor que yo quería ser: el peruano Alfredo Bryce Echenique. Me firmó Un mundo para Julius. Tiempo después arranqué la hoja para regalársela a mi amiga Marga, que estaba locamente enamorada de él desde que leyó La vida exagerada de Martín Romaña, la novela que me pasé años recomendando. El incendio de libros es una aberración porque lo normal es que ardamos los lectores.

Palacio de Ferias. Hacía años que quería visitar el Palacio de Ferias y Congresos, ese simpático imitador del Guggenheim que se ve desde la autovía. Nunca pensé que terminaría haciéndolo para vacunarme en una pandemia que ni me imaginaba. Podría parecer que el edificio, como un ogro, estaba esperando la ocasión. Me quedé fascinado, una vez dentro, con la inmensidad de la nave. Los de mi edad, que éramos muchísimos, no alcanzábamos a llenarla. Me dediqué a hacer fotos, que luego puse en Instagram. Lo bueno es que Diego Ríos Padrón, a quien no vi allí, hacía también las suyas: yo salgo en una, de espaldas entre los sentados durante la espera.

Derivas del pensar. Para no perderme en el acceso al Palacio de Ferias, había decidido ir en taxi. En un momento dado, el taxista se excusó porque se le había pasado la salida correcta de la autovía. “Va uno pensando en lo que no tiene que pensar”, dijo como avergonzado, más para él que para mí. Paró el taxímetro y para volver se metió por el polígono, no lejos del Scándalo. ¿Era ahí adonde lo llevaba la deriva de su pensamiento? Cuando llegamos por fin al destino, se negó a aceptar propina. Estaba verdaderamente avergonzado.

Cuerpos inadecuados. Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga, ha publicado un libro importante: Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. En él ahonda en las reflexiones de un libro anterior, que es ya ineludible para los interesados en este novedoso tema: Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. El comienzo del nuevo es impactante: "Una forma simple y directa de caracterizar el transhumanismo es entenderlo como la convicción de que el ser humano está en un soporte inadecuado (su cuerpo biológico, tal como nos ha sido legado por la evolución por selección natural) y que la tecnología puede por fin remediar esa deficiencia". Diéguez analiza críticamente esta convicción, aunque dándole la razón al transhumanismo en algunos puntos. Su escritura se caracteriza por la claridad: cortesía de filósofo.

Vuelta al Aula. Ha vuelto el Aula de Pensamiento Político de Manuel Arias Maldonado, que celebra ahora sus sesiones en el Centro Cultural La Malagueta y no en La Térmica, como en los últimos años. El miércoles 26 de mayo vino el profesor y articulista Jorge del Palacio a hablar de “la batalla cultural” y después, contándolo a él, nos fuimos a cenar diez amigos (¡pueden llamarnos amigotes!) en una terraza frente a la plaza de toros. Había la alegría de siempre y esta fue la novedad: se parecía a la vida de antes de la pandemia. 

* * * 

24.5.21

Largoplacismo cortoplacista

Todo estaba pensado como trampa una vez más. La elección de un año tan lejano para el plan España 2050, aunque resultase exótico, tenía la función de recalcar ese largoplacismo que siempre se echa de menos en la política española. Los defensores programáticos del Gobierno solo tenían que desenfundar ante las críticas: “¡Para una vez que se piensa en el largo plazo!”. El problema (he ahí la trampa) es que se trata de una operación estrictamente cortoplacista. Una operación cortoplacista que se sirve del largoplacismo.

Al estratega de Pedro Sánchez, Iván Redondo, le gusta jugar en el límite. Es un prestidigitador descarado cuyo ideal es la carta robada de Poe: que todos busquen, sin encontrarlo, lo que él mismo les ha puesto delante. En este caso se trataba de encubrir el cortoplacismo con lo que más aparentemente se le opone: el largoplacismo. Es también como el cuadro de Magritte Esto no es una pipa. Redondo le ha puesto al plan la leyenda Esto no es cortoplacista. Cuando obviamente lo es.

Redondo y Sánchez son máquinas de fabricar cortoplacismo. Y si le echan largoplacismo a la máquina, es para convertirlo en cortoplacismo también.

La política de Sánchez se ha caracterizado por la cortedad de miras. Desde su “no es no” fundacional hasta su actual Gobierno junto a Podemos apoyado por los independentistas y los proetarras, pasando por su moción de censura con los mismos. Su gestión de la pandemia ha sido su perfecta plasmación: terrorífica ineficacia combinada con un aparato propagandístico nivel Nodo, del que este plan España 2050 es su último y más aparatoso ejemplo.

El único objetivo de Redondo es mantener a Sánchez en el poder, que es para lo que fue contratado. Y el Sánchez desahuciado electoralmente que encontró es en lo esencial el mismo de ahora: un Sánchez incapaz de gobernar solo, porque los votos no le dan, y necesita el apoyo de los comunistas, los independentistas y los proetarras. Es decir, de todos aquellos cuyo propósito es que la España de 2050 no exista o sea aún más negra que la de 2021.

De manera que lo primero que tendría que hacer Sánchez por la España de 2050 es combatir a sus socios de Gobierno. Empezando por Sánchez, que es su principal socio de Gobierno.

Mi prospectiva quizá sea un poco ceporra (mi instrumental es la mirada a ojo), pero auguro que estaremos tanto mejor en 2050 cuanto antes Sánchez deje de estar en el poder. 

* * * 

19.5.21

Inspiración para leer

Inspiración para leer, José Antonio Montano, Jot Down Books (2021).
 
Dónde comprar el libro:
Amazon.

 
Prólogo 

La editora de Jot Down, mi querida Mar de Marchis, me llamó en octubre de 2013 para preguntarme si tenía algún libro en el cajón. La revista, con la que yo colaboraba desde el principio, iba a inaugurar Jot Down Books y quería publicarme uno. Pero yo no tenía ninguno.

Traté de tomármelo con deportividad, pero lo cierto es que me dio vergüenza. Yo había decidido ser escritor a los dieciséis años. Treinta y uno después me llamaba una editora y yo no tenía nada. No he parado de escribir, pero solo fragmentos, textos sueltos, artículos. Llevo también un diario, Oficio pasajero, pero no iba a empezar publicando mi diario. Pensé entonces escribir un libro en que contara todo esto. No lo he escrito tampoco.

En octubre de 2020, justo siete años después, Mar me llamó de nuevo. Me dijo que quería publicarme un libro ya, pero que, como sabía que no se lo iba a escribir («que ya nos conocemos»), preparase uno con mis artículos.

Este es el resultado. He escogido los menos sujetos a la actualidad, los literarios, culturales y vitales; los que hablan de mis pasiones y mis tensiones; los que pueden funcionar como ensayitos. Además de artículos, hay textos que escribí para mi blog El aprendiz al sol. Ahora pienso que aquí está todo: todo lo que soy, y todo (casi todo) lo que amo y parte de lo que detesto.

Un libro como este se puede leer picoteando al azar. Aunque yo propongo un orden: por eso he numerado los textos. No es cronológico, sino más o menos temático y emocional, por intuición artística. La idea es que se refuercen unos a otros en lo posible y admitan una lectura consecutiva. Que tengan un sentido. Que exhiban también sus cortes y sus reincidencias. Los he repasado todos.

Salvo uno de 1995, fueron escritos entre 2003 y 2020. El año y la procedencia vienen al final del libro. El que la ordenación, como digo, no sea cronológica, pero los textos conserven sus alusiones temporales (que irían, pues, desordenadas), quizá agudice la percepción de la rozadura del tiempo. Esto querría formar parte del efecto estético de Inspiración para leer.

Doy las gracias a quienes acogieron los artículos en su día, y en ocasiones estimularon (o forzaron) su escritura. A Mar de Marchis en especial, naturalmente; y a Ángel L. Fernández. También a Rubén Díaz Caviedes por su trabajo en la edición. A Chema Cobo por permitir que su cuadro Out of the blue II (Capitalismo popular) ilustre la portada. Y a Pilar Álvarez, por leer el manuscrito y por todo lo demás.

¿Este libro es el fin de algo o el comienzo de algo? No lo sé.

Málaga, marzo de 2021

Índice 

Prólogo 
1. La lectura y su sombra 
2. El mal lector 
3. Lecturas vivas 
4. En la muerte de Cioran 
5. Mi suicidio poético 
6. Melancolía darwinista 
7. Viaje a la superficie de la Tierra 
8. La grandeza de Trías 
9. El gato de Horacio 
10. El filósofo decepcionante 
11. Savater de aperitivo 
12. El reverso de la alegría 
13. El duelo de Savater 
14. El nacimiento de una pasión 
15. Un poncho sin Ortega 
16. Vuelta a Umbral 
17. Purgatorio de Umbral 
18. Tres Apostrophes 
19. El éxito de Paul Auster 
20. El ángel pornográfico 
21. El arte es un bebé 
22. La infancia recobrada 
23. Ironía inaugural 
24. El último regalo de Papá Noel 
25. El árbol de Poe 
26. Una catedral palpitante 
27. Sucia grandeza 
28. Digestión de la montaña 
29. La crueldad de abril 
30. El pecado de Borges 
31. Bob Dylan no es Borges 
32. Dispersión y tensión 
33. La clave de la niña mala 
34. Nuestro envarado intérprete 
35. Al borde del ridículo 
36. El innovador sintáctico 
37. La postulación de un Javier Marías amargado 
38. Bernhard como dandi 
39. Escuchando a Bernhard 
40. Thomas Bernhard se ha quedado solo 
41. El turista cero 
42. El malogrado 
43. La vida escandalosa de Luis Antonio de Villena 
44. Cernuda el apartado 
45. El muro surrealista 
46. Los Grandes Transparentes 
47. Libertinaje mental 
48. El libro y la película 
49. Grande Pessoa 
50. Una oda de Ricardo Reis 
51. La mejor novela de Tabucchi 
52. A pesar de Saramago 
53. Lisboa revisitada 
54. Alcazarquivir 
55. Cervantes: profeta, payasete 
56. El mismo libro 
57. Jugada maestra 
58. Jünger y el uniforme congénito 
59. La erudición de Ferré 
60. Servicios al Estado 
61. El columnista automático 
62. Columnista de batín 
63. Hipócrita escritor 
64. Grados de tristeza 
65. Estética del negro 
66. Que no lo sepan 
67. La espuma de las obras 
68. Agenda Montaigne 
69. El año de Montaigne 
70. Las habichuelas sexuales 
71. El tiempo de las moscas 
72. Bomba de relojería 
73. El mundo como voluntad y representación 
74. El formato es el mensaje 
75. En paralelo a la vida 
76. La serie sombría 
77. La belleza es amarga 
78. Otra tarde con Woody 
79. Woody en primavera 
80. La rueda de Woody 
81. La piel en estratos 
82. Las edades de Almodóvar 
83. Espejismos 
84. La edad de oro 
85. Madre tatuada con niño de teta 
86. Un gin-tonic azul 
87. Mis paraísos artificiales 
88. El señor Cruyff 
89. Marisol y las pioneras 
90. Chiquito el grande 
91. ¡Jaaarl! 
92. El último animal mitológico 
93. General Lacy 
94. Espírito Santo, amén 
95. El Río de las postales 
96. Bossa nova: felicidad sin fin 
97. Mitologías del Mont Ventoux 
98. Tratado del esfuerzo puro 
99. Región luciente 
100. El descubrimiento de Madrid

17.5.21

Por qué Sánchez no podía hacerlo bien en la pandemia

La grotesca cuenta atrás de Pedro Sánchez con los días que faltan para la inmunidad de rebaño (permítanme que siga usando esta palabra, ya que el presidente nos pastorea) es la expresión del fracaso de su política. Pese a que él la presenta como un triunfo. Tal viene siendo su política.

También lo es la frase que ahora repite como un autómata (así como sus ministros, que tienen el mismo guionista): “El estado de alarma es el pasado, hay que mirar al futuro”. Ese futuro en que las vacunas, no él, habrán hecho su trabajo.

Me gustaría ser Antonio Muñoz Molina y descansar en su algodonoso exilio interior. Ese en el que, como ha escrito en El País, la oposición “pone tan descaradamente por encima del bien común en un tiempo de crisis la determinación metódica de hundir cuanto antes al Gobierno saboteando las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina”.

Por desgracia, en mi exilio interior –que no es algodonoso, sino con pinchos– tengo abierto los dos ojos y no solo uno como Muñoz Molina: por eso, además de lo que él ve (que no se me escapa), yo veo la infame conducta de este Gobierno justo en un tiempo de crisis, pese a las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina.

A la irresponsable lucha cortoplacista del PP por alcanzar el poder en estas circunstancias, hay que añadirle la irresponsable lucha cortoplacista del PSOE por mantenerse en el poder en estas circunstancias. Y por esto nos comen los demonios a los cuatro que estamos en el exilio interior de verdad. A los cuatro (quizá exagero el número) que vemos todos los ingredientes de este asqueroso pastel.

Naturalmente, la responsabilidad mayor es del PSOE, puesto que él forma el Gobierno, con Podemos y con el apoyo de los nacionalistas golpistas y los proetarras (¡qué doloroso se me hace ver a Muñoz Molina apoyando eso; mi exilio interior no se lo deseo a nadie!).

A Sánchez le correspondía liderar la respuesta de Estado. En lugar de eso, se ha dedicado a dividir y actuar en beneficio propio desde el comienzo. Es Sánchez el que ha marcado el tono. Y a ese tono, cierto, se ha sumado el PP. Cuando Pedro Sánchez le dijo el otro día a Pablo Casado que se le había puesto cara de Albert Rivera, se equivocaba: en realidad, se le ha puesto cara de Pedro Sánchez.

Pero todo estaba sentenciado desde la moción de censura, como repite Manuel Arias Maldonado; por aliarse con quienes se alió por conseguir el poder. Incluso desde antes. Desde aquel “no es no” fundacional de Sánchez, por el que fue incapaz de tener una conducta de Estado cuando el Estado lo reclamaba.

La trayectoria política de Sánchez se ha fundado en eso: en la división. Jamás ha actuado para todos. Y su desgracia (nuestra desgracia) es que se ha encontrado con una pandemia que le exigía ser el presidente de todos o todo sería un desastre. Y como lo primero iba frontalmente contra lo que él ha sido, ha hecho y ha representado, todo es un desastre. 

* * * 

12.5.21

Lobo con piel de chivo expiatorio

Fue tan repugnante la despedida de Pablo Iglesias en la noche electoral de Madrid, que no pudo haber mejor colofón para su trayectoria. Estéticamente era lo que correspondía: su biografía política quedaba así perfecta.

Ahora vendrá un desfleque en programas basura y una gira interminable por países pardillos con las mitificaciones (y mixtificaciones) de su experiencia en el poder. En esa gira yo propondría que lo acompañara Ismael Serrano, para que (como Toquinho con Vinicius) hiciera sonar su guitarra, e incluso sus trémolos gargantiles, mientras Iglesias glorifica a Iglesias. “Cuéntanoslo otra vez, Pablo”, podría ser el inicio de cada show (en el que Serrano no volvería a hablar).

Pero Iglesias no es el único que glorifica a Iglesias. Del ministro Castells para abajo, hemos asistido a un desfile sonrojante de panegiristas. Insisten (empezó el mismo Iglesias) en que Iglesias ha hecho historia. Yo lo único histórico que le veo es la celeridad con que adquirió el chalet. Algo que, por otra parte, tiene tradición en España: abundó en los tiempos del pelotazo. Iglesias vendría a ser un epígono de aquello. Su novedad es la mercancía con la que especuló: ideologías de saldo.

Es precioso, por otra parte, que se haya quedado a solo diez días del décimo aniversario del 15-M: el movimiento no tanto del que surgió como del que se apropió. Triste apropiación, aunque sumamente pedagógica. Les ha dado un sentido sórdido a sus dos lemas principales. El No nos representan ha resultado verdad: no, no los representaban, porque ellos serían peores. En cuanto al Democracia real ya: visto lo visto, cuánto mejor entonces la “irreal”...

Lo más pringoso de su despedida, con todo, fue el victimismo. El hombre que llegó a la política española explotando el odio, hurgando en el resentimiento, apelando al guerracivilismo, excitando pulsiones dañinas, alentando escraches, alertas y cercos y amenazando con tictacs, de repente se quejaba de ser un chivo expiatorio. Naturalmente, de "la ultraderecha": ni siquiera en ese momento quejica dejaba de acusar.

Porque esa es la clave: su retórica del verdugo. En sus discursos violentos directamente; y sibilinamente en esos otros discursos suyos de vocecita suavona, de serenidad impostada desde la que no dejaba de emitir ítems acusatorios también. Iglesias solo ha sido capaz de instalarse en una supuesta posición de bondad para que de ese modo resultase más efectivo su señalamiento de los malos. Y así fue hasta su ultimísimo minuto. 

* * * 

10.5.21

El fracaso del PSOE

El fracaso del PSOE en las elecciones madrileñas ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Por la sorpresa que se han llevado: no tienen ni idea de en lo que se han convertido. (Bello y desolador, naturalmente: es un desastre nacional.)

El que aún confiaran en que iban a recibir votos de exvotantes de Ciudadanos produce una ternura infinita. ¿Los votantes más dignos (¡dignos hasta la abstención, hasta la aniquilación del partido al que votaban!) votando al partido más indigno? ¿Pero no se han dado cuenta de que son ya invotables?

“Madrid es de derechas”, repiten ahora. No digo yo que no lo sea. Pero lo que es, ante todo, es contrario a esa izquierda que forma gobierno con la ultraizquierda, apoyándose en el independentismo catalán (¡justo después de un golpe de Estado!) y el proetarrismo vasco. Algunos han podido concluir que votar al PP era menos reaccionario que eso...

Se le ve tanto las costuras al ventajismo del presidente Sánchez. Ese engolamiento al pedirle al PP que no pacte con Vox, cuando él es el gran legitimador de los pactos con Vox: precisamente por haber pactado con lo que ha pactado. La trituración electoralista de todo y la promoción de lo peor: eso es Sánchez.

Pretende que se prescinda del carácter acumulativo de su trayectoria, como si esta no hubiese sido un continuo despeñamiento y un internarse más y más por regiones oscurísimas. Una sucesión de mentiras y desmentidos, de promesas traicionadas al minuto, de autoprohibiciones saltadas con desparpajo.

El gran error de Inés Arrimadas ha sido no haberlo tenido presente: el Sánchez que le tocó a ella ya no era el Sánchez que le tocó a su predecesor en Ciudadanos. Era un Sánchez impracticable ya, con el que no había nada que hacer.

Hay una paradoja preciosa (más bella que la Victoria de Samotracia también): solo Albert Rivera pudo haber salvado al PSOE. El pacto con él habría devuelto al PSOE al centroizquierda, habría vuelto a ser el partido socialdemócrata que necesita España.

Pero no, estuvo el coro siniestro de la militancia con aquellos gritos (“¡Con Rivera no! ¡Con Iglesias sí!”) que conducían al suicidio político, al hundimiento. Faltó un líder que los encauzara. Pero, claro: el líder era uno de ellos. De hecho, su producto más acabado.

Al PSOE únicamente le queda seguir pactando con la ultraizquierda, apoyándose en los independentistas catalanes y en los proetarras vascos... hasta que ya no queden votantes del PSOE.

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3.5.21

Lunes de reflexión

Un primer ganador de las elecciones madrileñas del martes soy yo, columnista de domingo. El columnista de domingo lleva una vida plácida (pese a su conciencia de lunes), solo interrumpida cuando se trata de un domingo electoral. En los últimos años, con demasiada frecuencia.

Son atroces los domingos electorales para el columnista de domingo. Pasa todo el día en vilo, sin poder escribir nada. Y luego, ya entrada la noche, debe escribir rápido, algunas veces con los resultados meneándose aún, por lo que incurre fácilmente en el fallo o el ridículo.

Así que estoy de fiesta con la idea de Isabel Díaz Ayuso de haber puesto estas elecciones a la Asamblea de Madrid un martes. Escribió Jaime Gil de Biedma: “Quizá, quizá tienen razón los días laborables”. Y sin quizá. Yo en mi plácido domingo inesperado escribiendo para el lunes de reflexión.

Hay algo proustiano para los de mi edad, y es que las primeras elecciones de la Transición, cuando éramos niños, se celebraban en mitad de la semana. Eran gloriosos días sin colegio, con la televisión emitiendo dibujos animados y cine cómico durante horas. La democracia, así, nos entró la mar de bien.

Una primera reflexión es que el miércoles nos vamos a quedar descansando. Aunque el descanso estará enturbiado por un serio temor: el de cómo serán las próximas elecciones generales. Estas de Madrid han sido un ensayo y el pronóstico es terrorífico: habrá más embrutecimiento y más simplificación.

Básicamente, estamos enroscados en debates falsos. Tan falsos que ni siquiera son debates: son solo peleas. Muy cómodas para quienes las practican, puesto que no exigen conocimiento ni preparación. En la política española, del presidente del Gobierno para abajo, abundan los políticos sin conocimiento ni preparación.

A esa frase que he escrito antes, “estamos enroscados en debates falsos”, hay que añadirle: mientras el país se hunde. Por eso no hay perdón. (Por otro lado, están relacionadas ambas cosas: por estar enroscados en debates falsos, el país se hunde.)

Estoy, en fin, en una situación incomodísima, porque si he luchado por algo (con mis escasas fuerzas y con mi indolencia consustancial, adornada de un cierto esteticismo) ha sido por evitar que nos encontremos aquí. Me impregna una sensación de fatalidad y fracaso.

Soy pesimista en todos los frentes, pero –como hay que mojarse– pienso que lo urgente es castigar a esta izquierda, la culpable principal. Y lo digo desde la izquierda, aunque no me crea nadie. Probablemente ni yo mismo. 

* * * 

28.4.21

La ilusión de la vida

¿Por qué los lectores del diario de Andrés Trapiello esperamos cada nuevo tomo como si no hubiéramos leído tantos ya? Por la ilusión de la vida. En sus páginas ha ido elaborándose una vida que es también nuestra, y en cada tomo la retomamos y la vivimos, y si nos falta ese tomo es vida nuestra que se pierde. Tenemos ilusión por esa vida que es a su vez ilusión (en palabras).

Durante mucho tiempo, el ritmo fue de un tomo al año, lo que le hizo ponerlo a Félix Ovejero junto a la película de Woody Allen como garantías anuales por si todo lo demás se torcía. Últimamente se tuercen ellas también, una o las dos, y hemos tenido años sin película de Woody ni diario de Trapiello.

Las ganas, sin embargo, no se pierden, sino que se acumulan. Así disfrutamos el doble (o el triple) cuando de pronto está Woody en cartel o llega un nuevo tomo del Salón de pasos perdidos, nombre genérico del diario de Trapiello (diario y "novela en marcha"). Este abril ha llegado el número veintitrés: Quasi una fantasia, correspondiente al año 2009.

La novedad es que ya no lo edita Pre-Textos, como venía haciendo desde el primer tomo, que salió en 1990 (correspondiente a 1987), sino Ediciones del Arrabal. Como dice el autor en el prólogo: “Pre-Textos es, ha sido y será para mí el centro del mundo editorial, y si ahora nos vamos al arrabal es... por fantasía y espíritu errabundo”.

Es una empresa familiar, ciertamente quijotesca, que, además de editar, vende y distribuye el libro. Dentro de un mes llegará a las librerías, pero mientras tanto se puede adquirir por la web de la editorial. A mí tuvieron la cortesía de enviármelo y he dedicado la última semana a leerlo. Una semana que he pasado en ese suplemento de vida que me venía faltando.

Los viejos lectores del diario de Trapiello no necesitan explicaciones: solo la confirmación de que es un tomo espléndido, como todos los demás. Hay un ligero progreso en cuanto a soltura, a libertad, a travesura incluso, siempre de orden cervantino (no ausentes, por lo demás, de los tomos anteriores). Pero en los sustancial es el mismo libro, como los aficionados queremos.

En cuanto a los nuevos lectores, o los que querrían serlo, siempre están con la duda de por qué tomo empezar. No hay respuesta más sencilla: por cualquiera. Nunca falla empezar por el nuevo, y luego ir leyendo los demás, no necesariamente en orden, ni necesariamente todos. Al gusto, y dejándose llevar por el gusto. La vida que hay en esos libros se va recomponiendo sola. Está en cada página y la acumulación la refuerza: y da igual el orden en que se vaya acumulando.

En Quasi una fantasia se casa el hijo mayor y se muere el gato, el autor viaja promocionando su novela Los confines, prepara una nueva edición de Las armas y las letras y presenta el tomo del diario que publicó entonces, Troppo vero. Hay tres viajes a Francia, mucho Las Viñas y mucho Rastro, menos Madrid que otras veces, historias de la guerra civil, Ian Gibson buscando los huesos de Lorca, Cosmopoética, el Hay Festival, la Feria del Libro, León, Santander, Valencia, Málaga... Mucho humor, situaciones cómicas, figuronismos de escritores o críticos (¡ese PR., personaje que comparte con el volatinero, quien es a su vez uno de sus personajes!), o despedidas emocionantes, como la del antequerano JAMR.

A Trapiello le cuentan historias, o las observa, y las cuenta. Por eso los suyos son los diarios en que hay más gente. Son, en verdad, una novela: no solo la novela de un hombre sino también la de muchos hombres, y mujeres, y animales, y libros, y fantasmas. Para justificar la ficción que hay en ellos, recurre al Goethe de Poesía y verdad: “La vida real pierde a veces de tal modo su brillo, que es preciso animarla con el colorido de la ficción”. Se trata de una literatura en favor de la vida.

Y todo lo sostiene la escritura, naturalmente. En cada página hay hallazgos, proyecciones imaginativas (poéticas) en los detalles. Yo anoto solo cuatro de Quasi una fantasia, para terminar (y abrirles boca):

Sobre una plaza nevada, por la que no ha pasado nadie: “la nieve se ensució con gran celeridad, pero no sé cómo, como si ella misma se pisara los bajos de su vestido de gala” (p. 33).

Sobre una pareja que desayuna en una mesa de hotel: “Se reían de buena gana por algo. Estaban solos. Sentí curiosidad por saber de qué se reían. Siempre que ve uno reírse a alguien, dan ganas de acercarse y extender la mano, como un mendigo, para que le den lo que les sobre” (p. 245). Al ver las camisas planchadas que ha dejado la asistenta que acaba de despedirse para siempre, por enfermedad: “Me va a parecer, el día que las desabotone para ponérmelas, que despliego el pabellón de un barco rumbo a una travesía incierta” (p. 305).

Sobre el sol de una mañana muy fría: “aquel solecito de la esquina parecía conservar el frío entre algodones, sin destruirlo” (p. 508).

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26.4.21

El envilecido voto a la derecha

Los ufanos voxistas se piensan que están dando la batalla cuando no están haciendo más que corroborar la derrota. Son los monigotes soñados por Pablo Iglesias, que vienen a poblar el escenario proyectado por Pablo Iglesias. Sin esos monigotes, el escenario proyectado por Pablo Iglesias estaría muy menoscabado. Pero ellos han venido a completarlo, rindiéndole un grandísimo servicio a Pablo Iglesias.

Me hace mucha gracia el contraste entre lo apretaos y envaraos que van los voxistas y su realidad de mayordomos de aquello que dicen detestar. Son unos curiosos leñadores que no talan árboles sino que los riegan... ¡con sus hachas! En este sentido, rinden un gran servicio ecológico. Solo que a un bosque abominable.

Lo peor de Vox son sus exudaciones infectas, su vileza a chorros, que contamina a todo votante de la derecha, incluido el del PP: desde el momento en que se sabe que el PP pactará con Vox. Vox ha envilecido el voto a la derecha. No hay votante al PP inocente. Ni siquiera Fernando Savater, que ha sido el último en llegar.

Lo que pasa es que peores son los otros. Esa es la endiablada porquería en la que estamos: que peores son los otros. Y los otros son los que se ponen dignos, con esos “veintiséis años infernales”, que han vivido a cuerpo de rey, y su ventrilocuismo “antifascista”, cuando se han aliado (y revolcado y refocilado) con los ultranacionalistas golpistas, con los proetarras y la ultraizquierda populista, con la que además han formado gobierno.

Daniel Gascón se reía en una de sus geniales viñetas de uno de esos atildados, al que le hacía decir: “Es intolerable que crucéis las líneas rojas que nosotros dejamos atrás”. Ha sido tristísimo (¡desolador!) ver a Antonio Muñoz Molina embarcado con esos impostores de las líneas rojas.

Porque esta es la trazabilidad de la ultraderecha y no otra. Sabemos quiénes la han traído, de dónde la han sacado. Sabemos cómo antes ya acusaban de ultraderechistas a quienes no lo eran, y cómo ahora están que se corren al ver que hay ultraderechistas de verdad (lo que no les exime de seguir llamando ultraderechistas a quienes no lo son).

Solo se puede elegir ya entre lo malo y lo peor. Y en lo malo está PP-Vox y en lo peor está PSOE-Podemos. Lo que pasa es que a algunos no nos sale de los huevos ceder al chantaje. Y por eso, si votáramos en Madrid, nos iríamos a la abstención, o al pobre Bal. Y a la mierda también, claro. Pero a esta nos iremos todos.

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24.4.21

Completando el juego

[Dietario]

Buda en Semana Santa. Paso la Semana Santa en Torrequebrada. Vida social cero, salvo una comida con amigos que vienen a ver cómo me las gasto de ermitaño. El resto del tiempo me dedico a leer, a pasear por la costa y a tomar cañas en el Yucas mirando el mar. Una tarde decido coger el autobús hasta la estupa tibetana de Benalmádena pueblo. Es un sitio asombroso, con el encanto de las atracciones del Tívoli World, pero en serio. El budismo es una religión relajada. Subo la escalinata y me asomo a ver al Buda, sin entrar. Tampoco hago fotos del interior: me limito a sentir su paz, un poco de juguete, por unos segundos. Luego me asomo al formidable mirador y decido bajar caminando por la carretera. Tardo una hora en llegar a la playa. Ha sido una especie de peregrinación a la inversa: introspectiva y fácil. Como las bajadas en bicicleta, pero a pie.

Luz de Agosto. A la comida de Torrequebrada, Rafael García Maldonado nos trajo ejemplares de Benito Cereno, de Herman Melville, que ha traducido y publicado en la editorial que ha montado con Mariló Rubio: Luz de Agosto. Quieren sacar libros exquisitos y con este primero lo han logrado. García Maldonado es farmacéutico (en Coín) y escritor. Le gusta combinar su vocación literaria (estos días sale su libro de cuentos Si yo de ti me olvidara, Jerusalén) con una profesión que le da independencia y conocimiento de la naturaleza humana. Era el único de nosotros que se había vacunado ya y hubo discretas maniobras por sentarse a su lado.

Turismo de librerías. Siempre visito tres librerías de la costa, que, además de heroicas, son realmente buenas: Pérgamo (Torremolinos), Lorca (Arroyo de la Miel) y Teseo (Fuengirola). Así al turismo de playa (que para mí es más de paseos marítimos) le sumo el turismo de librerías. Nunca se hablará lo bastante de cómo ennoblecen una población las librerías. Torremolinos, Arroyo de la Miel y Fuengirola son mejores gracias a Pérgamo, Lorca y Teseo.

Completando el juego. Lo he visto ya varias veces: niños y niñas que posan con mucha fiesta para sus padres y luego corren a ver cómo han quedado en la foto. La alegría de los dos momentos indica que se trata del mismo juego. Con el segundo lo completan.

Corazón y cerebro. Asisto a un cursillo de prevención del envejecimiento cognitivo (¡más vale prevenir que curar!). La profesora dice que debemos quedarnos con esta idea: "Todo lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro". La memorizo al tiempo que me digo: no todo, no todo...

Clavos. Un amigo está contentísimo porque ha tenido un ligue que le ha hecho olvidar un amor que le dolía. Y además el ligue no le ha durado, por lo que se siente más aliviado aún. Hace este resumen: "Ha sido un clavo que saca otro clavo... y además se saca a sí mismo".

En el reino de las penumbras. Voy a Churriana a ver la exposición de Chema Cobo en la Casa Gerald Brenan, In the twilight kingdom. En el reino de las penumbras. Es un verso de Los hombres huecos de T.S. Eliot. Antes de entrar, me asomo al mirador que da al aeropuerto. Habitualmente no paran de despegar y aterrizar aviones, pero la pandemia ha frenado el tráfico. En veinte minutos solo veo uno, que corre por la pista y se alza en el cielo gris. Luego, visitando la exposición, me fijo en el cuadro de Cobo que muestra los escuadrones que bombardeaban Málaga durante la Guerra Civil y el humo negro que sube. En primer plano, delante del humo, también ascendente, está un jarrón con flores. La vista era desde la casa de Brenan, según contaba Gamel Woolsey en El otro reino de la muerte, o Málaga en llamas. La exposición de Cobo, brillante, se adentra en “el laberinto español”, con borricos y fantoches a cachiporrazos, que conjuga con la elevación mística, tortuosa, de san Juan de la Cruz, que era también del interés de Brenan. Como siempre ocurre con la obra de Cobo, las estancias en que se muestra son un espacio imantado de imágenes e ideas. Crudamente lúcidas, pero con escapes líricos: luces, caminos que se pierden, promesas. En el última pared están los delicados retratos caleidoscópicos de Brenan y Woolsey. Esta, la mejor para mí, bellísima como nunca.

Usos de un mismo bigote. Hablo con Arias y Toscano del debate electoral de Telemadrid. Nos apena el profesor Gabilondo, por las contorsiones a que le obliga la política y por los ataques bajos que recibe. Dice Arias: "Se habría librado de estas sevicias de haberse limitado a pelear por los sexenios". Toscano recuerda que en su día compitió por la cátedra con el malagueño Julio Quesada. Creo que la ganó este, pero se fue enseguida a México detrás de una mexicana. Les digo que Quesada pertenece a la clase más entrañable de nietzscheanos: la de los que se dejan el bigote de Nietzsche. Concluye Toscano: "Eso facilitaría el aterrizaje en México". 

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19.4.21

La República por la radio

Me quedé impresionado la semana pasada con la serie documental sonora que ha dirigido Carlos Alsina para su programa Más de Uno de Onda Cero: 1931, sobre la proclamación de la II República y lo que llevó a ella. Está disponible en diez podcasts.

Les recomiendo la escucha a quienes se la perdieron, porque logra el efecto de que vivamos la historia de ese modo acuciante y complejo, nervioso, aturdidor, en que se vive desde el presente: cuando prima la incertidumbre sobre la fatalidad. La historia se hace y ahí se ve (se oye) cómo se hace.

Me he acordado de otra serie sonora, muy larga, que seguí de adolescente en Radio Nacional, sobre la historia de España en el siglo XIX. No recuerdo su título, pero sí que recitaban en los créditos estos versos del poema “En la plaza” de Vicente Aleixandre”: “no te busques en el espejo, / en un extinto diálogo en que no te oyes. / Baja, baja despacio y búscate entre los otros. / Allí están todos, y tú entre ellos”.

Hacía pocos años de la intentona golpista de Tejero y era agobiante asistir al desfile de nuestros espadones decimonónicos, con sus asonadas y sus quebrantos. Todo era un lío sin solución. Predominaba, sin embargo, el ánimo de que nuestro país ya no era aquel desastre, de que había encontrado el camino.

Ese ánimo ha desaparecido. La sensación es la contraria ahora: nos hemos vuelto a extraviar. Por eso el 1931 de Alsina se escucha con una particular pesadumbre. Algunos simpatizamos con la II República, con su proyecto, con sus ilusiones, sin podernos quitar de la cabeza su dificultosa realidad, ni cómo acabó. Es una simpatía trágica.

Otros, en cambio, la celebran acríticamente, como una quimera, como herramienta guerracivilista trasladada a la actualidad. Son, curiosamente, los herederos de los que minaron la República desde dentro, contribuyendo a su derrumbe. Tanto como los fascistas, o más.

Entonces, como hoy, estuvieron contra el Estado democrático realmente existente. Entonces para cambiarlo por la Revolución; hoy (qué paradoja) por aquella República.

Aunque se ha señalado la truculencia de aquellas elecciones municipales del 12 de abril de 1931, en los podcasts de Alsina se percibe que con la República estaba lo mejor del país: en la izquierda, pero también en la derecha. Hubo una ocasión real de que España fuese un país democrático y moderno.

Pero no pudo ser. Pronto la realidad se empezó a cargar los sueños. Qué rabia la de los que estamos en la simpatía trágica por nuestra República. También (¡casi más rabiosos aún!) contra nuestros actuales necios (¡es que nos queman la sangre!) del “republicanismo”. 

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12.4.21

Hay ganillas de guerra civil

Hay ganas de guerra civil y yo creo que la guerra civil es la solución, nuestra solución. Llevamos ya mucho sin matarnos. Esto es pesado y aburrido. La vida se nos hace muy cuesta arriba si no nos matamos. Pero la cosa está al caer.

Después de la guerra tal vez venga otra dictadura para rematar y añadir sufrimiento. Y después, si hay suerte, otra democracia. Con esta se volverá a cometer el error de atribuirla a una lucidez súbita de nuestro pueblo, que por fin habrá comprendido. Pero no, tampoco habrá comprendido nada: simplemente estará apaleado de nuevo. La letra, con la sangre le habrá entrado. Como antes. Eso será todo.

Somos cazurros y solo los directamente apaleados aprenden las lecciones. En cuanto llegan los nietos y los biznietos y se borra el sufrimiento de la piel, vuelta a las andadas. Tiene gracia que la generación que ha mandado a sus ancianos a los asilos a mansalva se vuelque en ellos por adorno ideológico. Los desentierran para lanzárselos al vecino. Con muchísima emotividad.

Es todo un poco antropológico, pero ya sabemos que Spain is different. De hecho, nos traerá beneficios a la larga. Vendrán aún más turistas a observarnos. Debemos de resultarles la mar de divertidos.

Pero todavía en esta etapa previa, mientras esperamos la guerra civil (¡y con cuánta impaciencia!), podemos ver su trazabilidad. Está a la vista porque la hemos visto en directo. Zapatero es el hombre. Fue él el que inició el actual proceso. Cierto que desenterrando impulsos que ya estaban, que de la nada no salen las cosas. Pero él fue el factótum.

Hasta Zapatero yo no entendía por qué nuestros abuelos se habían matado. Su España era algo exótico, un país que estaba solo en los libros de historia. Con Zapatero y las discordias que generó lo empecé a entender perfectamente. Empezó a romper los consensos de la Transición, considerando (¡el muy bobín!) que los iba a poder romper solo por un lado.

De ahí a lo de ahora no había más que insistir, y añadir los Sánchez, Iglesias y Abascales. Con su aditamento de Rufianes, Puigdemones y sanguinolentos Otegis. Y sus pasivos Rajoys y sus menesterosos Casados. Izquierda y derecha, sí. Aunque no me escondo: la que ha desatado la porquería esta vez ha sido la izquierda (para mí pseudo, pero eso es ya cosa mía).

En cualquier caso, a esta fastidiosa etapa le queda poco. La nueva guerra civil está al caer. Se huele en el aire. Alienta en los discursos. Y sí: ¡hay ganillas! 

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