[Montanoscopia]
1. El País debe cuidar como oro en paño a Daniel Gascón: solo por él (y pocos más) no termina de ser exactamente el BOE. Lo que no impide que el Gobierno y su tropa de Villacastines (aquí estarían desde Papell al hintelectual orgánico Innerarity, pasando naturalmente por Rosa Villacastín) lo lean como el BOE y se enfaden cuando encuentran en sus páginas alguna crítica, como el artículo de Gascón sobre The Puentete: artículo que se apresuró a ejemplificar con su oscargutanismo el ministrete. Entre los Villacastines está Máximo Pradera. Su caso es particularmente divertido. La inteligencia analítica de Gascón recuerda a la de Javier Pradera. La lacia arremetida contra Gascón del hijo funciona aquí (¡deliciosa manifestación de la psicoanalítica "novela familiar"!) como confesión de lo que le atormenta: ser el hijo tonto. Algo que siempre ha tratado de conjurar con el humor. Lamentablemente sin gracia.
2. Al pobre Federico García Lorca, el único verdadero poeta de la Generación del 27 junto a Luis Cernuda (los demás no pasaban de señoritos del verso; solo Miguel Hernández fue otro poeta de verdad, pero pertenecía a la generación siguiente), lo asesinaron los franquistas y lo mantienen embalsamado como asesinado, y como asesinado ideológico fatalmente dócil, adulterando al poeta, dificultando su lectura, los antifranquistas de profesión. El empaquetado que hacen con Lorca es en último extremo religioso y dulcifica el mundo: un mundo de buenos y malos. Desgraciadamente los buenos de ese mundo dulzón saben ser también malos. El relato del antifranquismo profesional se desmorona cuando se recuerda a sus propios asesinados. Por no salirnos del 27: el poeta José María Hinojosa. La integridad de Cernuda (siempre admirable) se volvió a manifestar aquí. En su Historial de un libro (que para mí está en el canon de la prosa en español), escribe: "José María Hinojosa, otro poeta malagueño cuya muerte terrible no se ha mencionado entre nosotros". La frase es de 1960. En el empaquetado ideológico de ahora va, por supuesto, la homosexualidad de Lorca. Pero tampoco aquí los buenos eran tan buenos. Hay que recordar una vez más que a Cernuda, inequívoco republicano, la censura estalinista le tachó en 1937 la estrofa explícitamente homosexual (tan propia de la valentía de Cernuda) de su poema-homenaje a Lorca; la que empieza: "Aquí la primavera luce ahora. / Mira los radiantes mancebos / Que vivo tanto amaste". Estas consideraciones no aminoran la vileza y la abyección del asesinato de Lorca. Pero previene contra quienes hoy lo exhiben con maniqueísmo: porque se autoungen con una especie de bondad que a estas alturas de la Historia ya sabemos que tampoco ha rehusado el crimen.
3. Emoción una de estas tardes de agosto, cuando salgo a pasear con la fresca. Llevo en los auriculares las canciones del primer disco de Loulu Gilberto. Cuando nació en 2004, de lo que su habló fue de que su padre, João Gilberto, la había tenido con 73 años (con la periodista Cláudia Faissol). Y de pronto aquel bebé es una joven delicada, maravillosa, afinadísima, que prolonga la dispensación de belleza al mundo de su padre. Tres muestras: João, Avarandado (con Tom Veloso) y Qui nem giló. Dice la primera (de Arnaldo Antunes y Cézar Mendes): "Cuando una sola persona / en silencio se perfecciona / la multitud escucha el corazón / y se torna civilización".
4. Juan Tamariz: estaban sus trucos y estaba su magia. Los trucos eran aquellos que, mediante la habilidad y el artificio, exhibían como real algo en apariencia irreal; lo que Tamariz, consumado técnico, ejecutaba magistralmente. La magia era el encanto de Tamariz, su gracia traviesa: a la vista de todos, radicalmente real.
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En The Objective.