16.5.15

Bicicletas de campaña

La mejor historia que he oído sobre Mariano Rajoy merece ser verdad, y puede que lo sea: me la contó alguien con acceso a Moncloa. Cuando se publica el recorrido del Tour de Francia, con meses de antelación, el presidente lo estudia como si fuese a competir en él. Señala las cinco o seis etapas clave (contrarrelojes, llegadas en alto, alguna rompepiernas) y le dice a la persona que le lleva la agenda que no le ponga nada esos días a la hora de la retransmisión. Yo, como amante del ciclismo, podría votarle solo por eso. También a mí me daría igual que se hundiese España, y hasta el mundo, durante esas etapas. Mientras quede París.

Me he acordado al ver a Rajoy pedaleando en la campaña, junto a las candidatas Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Lo hicieron por Madrid Río, un sitio por el que he paseado (a pie) en varias ocasiones y en todas he cazado frases sobre el dispendio de Alberto Ruiz-Gallardón. Parece costumbre de los que visitan la zona, porque también yo pensaba lo mismo: es como caminar pisando dinero, o deuda. La sensación no es del todo desagradable. De la deuda, por cierto, se tendrá que ocupar la previsible alcaldesa Aguirre, y quizá por ello se enfundó una especie de maillot amarillo para la jornada. En la elección del vestuario ya empezó a ganarles la carrera a sus oponentes del PP.

Como suele ocurrir, el que más ama las bicicletas fue el que peor pedaleó. La relación de Rajoy con ellas debe de ser como la mía con la actriz porno Amarna Miller: mucho amor y mucha intensidad, pero yo en el sillón y ella en la pantalla. Había algo entrañable, con todo: Rajoy, con su torpeza, parecía un niño que está aprendiendo, lo cual siempre enternece. Se han hecho bromas sobre el parecido del grupo con el de Verano azul. Pero la cosa es seria: uno de los protagonistas fue detenido años después por un atraco, como si fuera un político.

Las bicis de Rajoy, Aguirre y Cifuentes, por lo demás, tienen truco: llevan un motorcillo que ayuda en el pedaleo, igual que ayudaban en Génova los sobres de Bárcenas. Los ciclistas que las usan no tienen que doparse, porque son las bicis mismas las que van hasta arriba. Ahora que las bicicletas se propagan por nuestras ciudades, somos sensibles a otro aspecto equívoco: no son la máquina de civilidad que nos vendieron. Los abusos que durante años han cometido los coches, los camiones y las motos contra las bicis, ahora estas tienden a cometerlas contra los peatones. Es una lección política elemental: el que puede, abusa del más débil. Bajo esta óptica, Rajoy, Aguirre y Cifuentes se estaban dando una vuelta por el lado chungo del poder.

Rajoy, como aficionado experto, debió de darse cuenta de que su equipo no estaba bien conjuntado; aunque siguió pedaleando igual. La imagen que ofrecían era una buena síntesis del partido: delante el líder y las candidatas, cada cual por su lado, sin sumar fuerzas; y por detrás, de un modo ostensiblemente jerárquico, los gregarios. Alguno le llevaría la chaqueta al presidente.

El ciclismo es una fábrica de metáforas, que carga el diablo. La política española entera, en concreto esta campaña electoral, podría contemplarse a su luz. En algún momento hubo una caída masiva en el pelotón del PP y el PSOE, y los equipos pequeños se les acercaron. Podemos, envalentonado, atacó demasiado pronto y ahora pierde fuelle. Ciudadanos ha logrado colocarse bien con su marcheta. IU sufrió un pinchazo. Los nacionalistas se dividen entre estar en la carrera y estar en las cunetas con las banderas anticonstitucionales. En cuanto a UPyD, se ha descolgado hasta el coche escoba por culpa de la pájara y el tío del mazo (no es cuestión de dar nombres).

Mientras tanto, en el ciclismo real, Contador lleva la maglia rosa de líder. Para el presidente Rajoy debe de ser un fastidio que la campaña haya caído justo ahora. Pero las elecciones son el 24 de mayo y el Giro no termina hasta el 31. Una semana entera para disfrutar. Para los pactos y todo lo demás, ya habrá tiempo después.

[Publicado en el blog de El Español]