14.6.21

Paradojas manifiestas en Colón

La convocatoria de la manifestación de Colón me parecía un error, pero el error ha sido mío. Por otro lado, quienes se oponían eran el horror: el horror gubernamental. Y así, entre el error y el horror estamos. En un ambiente ya necesariamente desagradable, pero con gradaciones. Es peor el horror.

Las manifestaciones no me gustan. He ido a poquísimas en mi vida. A las de provincias no les veo sentido, así que en Málaga no me he manifestado jamás. En Barcelona sí, pero fue el 8-O y allí estaba el propósito soterrado de que la capital catalana no siguiera despeñándose por el provincianismo.

Y dos veces en Madrid, una contra ETA después de un atentado y otra contra la guerra del Golfo. Aquí me incomodaban un tanto los manifestantes (esos Bottos sobreactuados, la proliferación de castristas), pero concluí que había que estar y estuve: haciendo chistecillos, pero también haciendo bulto.

Fue entonces (el mejor chistecillo, por cierto, no fue mío, sino del amigo que me acompañaba, señalando a aquellos Bottos y castristas que se dirigían a la mani: “¡Hoy sí que habrá entradas para Los lunes al sol”!) cuando recordé un viejo artículo de Fernando Savater: “Paradojas manifiestas”.

Allí Savater –convocante ahora de la manifestación de Colón– reflexionaba sobre las compañías no siempre gratas que nos encontramos en las manifestaciones. Aquella era contra Pinochet y partía también de Colón. En el artículo va dando cuenta de lo que le rechina durante la marcha, con comentarios al paso, y concluye: “Había que venir, después de todo. Pese a las paradojas que se manifestaban junto a nosotros, pero sin olvidarlas”.

El problema ahora es Vox, para los delicados entre los que me cuento. Su auge se ha cargado –como escribí la semana pasada– el patriotismo constitucional, sin duda por impotencia de este. Pero la fuerza que rasca es espuria, de instintos chungos. Estamos en un terreno ya necesariamente embrutecido.

Hay otra fuerza posible, sin embargo: la que surge de la pura revuelta contra las infamias del Gobierno. Este es, en realidad, el que justifica la manifestación en principio dudosa. Es el Gobierno, incluso, el que legitima a Vox y le resta gravedad a su compañía.

Luego, ya en Colón (lo he visto por la tele), Rosa Díez ha hablado de “la buena gente”, desdichadísima expresión; e Isabel Díaz Ayuso ha metido improcedentemente al Rey en cuanto a la firma que deberá ponerles a los indultos. Pero el discurso de Andrés Trapiello –violentado él mismo en su subida de tono, emocionante ofrenda cívica– le ha dado sentido a la jornada: era justo eso, lo que él ha dicho.

Savater empezaba aquel viejo artículo hablando con sorna de los pareados de las manifestaciones. Ciertamente, son poco estéticos (¡jamás los corearemos los finos!). Pero en Colón se ha visto uno que no estaba mal: “Yo, votante del PSOE, / al pueblo pido perdón / y al Gobierno dimisión”. 

* * * 

9.6.21

Música de ascensor

Hoy toca felicidad. La editorial Turner ha reeditado, con nueva portada, Bossa Nova de Ruy Castro, que traduje en 2008. Estaba agotadísimo y quiero aprovechar para recomendarlo. Es un libro eminentemente feliz. Uno de los más felices que he leído. Mi propósito como traductor fue ser vehículo de mi propia felicidad lectora.

Esta tuvo lugar en Río de Janeiro, donde compré el original en portugués: Chega de saudade. A história e as histórias da bossa nova (Companhia das Letras). Mi enamoramiento de Río, que ya estaba bastante avanzado, se aceleró hasta su culminación. Ayudaron los mapitas del desplegable interior –que conserva la edición española– con las calles y la ubicación de los locales míticos de Copacabana e Ipanema.

Bossa Nova empieza con unos muchachos brasileños que en 1949 rinden culto al inalcanzable Frank Sinatra y culmina en 1967 cuando Sinatra graba su álbum con Antonio Carlos Jobim. En medio, las composiciones de este con Vinicius de Moraes, las historias de los demás personajes (de los que solo quedan vivos unos cuantos: João Donato, Roberto Menescal, Sérgio Mendes, Carlos Lyra, Marcos Valle, Eumir Deodato, Astrud Gilberto...) y, sobre todo, la historia del personaje principal, el gran catalizador de la bossa nova (y de toda la música brasileña): João Gilberto.

Lo raro que sonaba este al principio, aunque hoy nos suene natural (esta fue su conquista), queda reflejado en dos anécdotas rápidas. La primera vez que escuchó "Chega de saudade" (1958), un magnate de la industria discográfica brasileña dijo: "¿Por qué graban ahora a cantantes resfriados?". Antes el mismo padre de João Gilberto, aficionado al bel canto, había fulminado a su hijo cuando este ensayaba en la casa familiar de Juazeiro: "Eso no es música. Eso es ñem-ñem-ñem".

Hoy a esa música se la llama despectivamente música de ascensor y, además de en los ascensores, suena en los centros comerciales y con milagrosa frecuencia sigue haciéndolo en la radio. Se integra perfectamente en la atmósfera, pero mejorándola: como una suerte de variante aromática del silencio. Tiene razón Caetano Veloso cuando, en una canción que repasa hitos de la música brasileña, concluye: "Melhor do que isso só mesmo o silêncio / melhor do que o silêncio só João".

Pero a mí me gusta, lo he dicho alguna vez, esa denominación de "música de ascensor": porque es música para ascender. Yo combino esos ascensos o elevaciones con la horizontalidad de mis paseos. Horizontalidad que suele estar acentuada por la horizontalidad del mar, por cuya orilla es por donde ando preferentemente. Sea a pie por los paseos marítimos o en coche por las carreteras de la costa, la música brasileña es mi banda sonora: la que mejor se acopla al azul, a la amplitud y a la brisa; a la belleza, a una cierta nostalgia y a la ligereza. La música que detesto es la que interrumpe o dinamita estos dones: la pomposa, la pretenciosa, la simplona, la fea o la cursi sin compensación.

En Bossa Nova se asiste a la génesis y el desarrollo del milagro sofisticado y sencillo de esa música, con sus creadores (además de los citados, Dolores Duran, Maysa, Nara Leão, Elis Regina, Johnny Alf, Luiz Bonfá, Oscar Castro Neves, Milton Banana, Bossa Três...). Para ir animándoles, he hecho una lista de reproducción con treinta grabaciones que sintetizan, aproximadamente, la trayectoria que describe el libro.

Me despediré con una confidencia. La frase que se le atribuye en la contracubierta al autor en realidad es mía. En su momento se traspapeló, pero da igual, porque lo importante es la frase, que sigo suscribiendo (y espero que Ruy Castro también): "La bossa nova es lo más parecido que hay a una 'sintonía de la felicidad', y su historia es también la historia de una felicidad". 

* * * 

7.6.21

Demasiado tarde para el patriotismo constitucional

Vuelve la expresión “patriotismo constitucional”. Ya no la usamos ni los que seguimos en ese rollo, melancólicamente, como soldados sudistas derrotados, deambulando por un país sin esperanza.

Ese, el del patriotismo constitucional, es justo “el país que nunca fue”, como rezaba el subtítulo de La España vacía (Turner). Que nunca fue o que lo fue solo un poquito, de milagro. Es en el nuevo libro de Sergio del Molino, Contra la España vacía (Alfaguara), donde reencuentro el patriotismo constitucional. El autor lo trae con un ánimo que me parece viejo. Pero el viejo soy yo (y además estoy gordo: más que Kate Winslet).

Todo lo que dice Del Molino es correcto. El libro es más rico, más complejo: se ocupa también de otros asuntos. Por ejemplo, el de la repoblación y el de la vuelta al pueblo, que él puso de moda con La España vacía, en direcciones con las que es crítico. Pero el eje es la disgregación de España, su (orteguiana) falta de vertebración, la incomunicación creciente, la volatilización de esos mitos y ficciones que sostienen una comunidad.

Del Molino vuelve a explicar las verdades que a algunos ya nos cansan, tras tantas refriegas; pero en las que hay que insistir: el logro político que supuso la Transición, que convirtió a España en una democracia; la falsedad de los agravios nacionalistas, su empecinamiento fanático; el cacao de nuestra izquierda con Franco y la República, su repulsión por los símbolos nacionales...

Entre todos los argumentos en favor de España hay uno transparente, tan transparente que no se ve: su ventaja es que ya existe, no hay que crearla. El fregado de la “construcción nacional” ya pasó. Los españoles de hoy tenemos la fortuna de habérnoslo ahorrado. “Lo que me importa”, dice Del Molino, “es el país, no cómo ha llegado a serlo”. Solo hay una pregunta real: “¿aceptamos que la historia no se puede corregir y que los cuarenta y siete millones de españoles viven en un aquí y un ahora y que solo ese aquí y ese ahora es el objeto de discusión?”.

Pero, aunque Del Molino le pone calor, el patriotismo constitucional es frío. Y se ha probado que impotente, cuando en el lomo se le suben tigres. La auténtica épica española es la elegancia con la que ha aguantado cuatro décadas frente a los impresentables nacionalismos catalán y vasco sin segregar (dijeran lo que dijeran) un nacionalismo español. 

Pero ya lo ha segregado también, con Vox. El patriotismo constitucional ha sido derrotado. Era lo fino y lo difícil: un lujo exquisito. Ya no hay nada que hacer. 

* * * 

31.5.21

Lo grave no son los indultos

Lo grave no son los indultos, sino la retórica con que se justifican. Como la razón real no se puede decir (que son para que se mantenga en el poder Sánchez), se pasa a decir otras razones. Que, ya puestos, también son para que se mantenga en el poder Sánchez.

Se hace imprescindible un comentario sobre la trepidante mente de los sanchistas. Esos que hace año y medio estaban en contra de los indultos a los políticos independentistas condenados, como Sánchez, y ahora están a favor, como Sánchez.

Y, como Sánchez, sin explicar el cambio: solo siguiendo a Sánchez y tirándose por los barrancos con Sánchez. Muchos son intelectuales, académicos, politólogos, pero no consideran necesarias las explicaciones. Ningún presidente ha desnudado tanto la consigna de Follow the Leader. Los sanchistas lo siguen, en efecto, en pelota picada.

Ahora se ha vuelto a lo grande a la Premisa identificada por David Jiménez Torres en su libro 2017. La crisis que cambió España, que sustentó la Transición y que con el golpe independentista de 2017 refutó. Tal Premisa sostenía que los nacionalistas nunca rebasarían cierto límite institucional, que a pesar de sus proclamas se mantendrían en último término dentro de la ley.

El recorrido de Jiménez Torres en su libro es deprimente porque desmenuza el error, todos los errores. Su conclusión es diáfana y pesimista. Pero la realidad, ya fuera de su libro, ha dado un paso más, que es el que estamos viviendo. Manuel Arias Maldonado lo ha definido bien: hay quien “sigue razonando como si el procés no hubiera tenido lugar”. Se trata ahora, a conveniencia del Gobierno, de desaprender la lección más importante que hemos aprendido en cuarenta años.

Aparte de las indigentes argumentaciones de Sánchez (perdón por el pleonasmo) sobre la “revancha” y la “venganza” en que supuestamente se funda el cumplimiento de las condenas, está su afirmación de que el golpe se lo dieron los independentistas al Gobierno del PP y no al Estado. Afirmación que inmediatamente se han puesto a repetir los sanchistas barranqueros.

Esto es lo grave: que al final, como siempre en el sanchismo, se trata de dividir a la sociedad española entre buenos y malos. De no tener ninguna noción institucional solvente, sino solo soez cortoplacismo ventajista. Los indultos en realidad dan igual (todo lo que tiene que ver con los presos para mí no es más que una cuestión folclórica). Es esto lo que no da igual.

Por no hablar de su llamamiento a la “concordia”: que es concordia con los suyos y discordia, cruda discordia, con los demás (también dentro de Cataluña). La clave del sanchismo, en esto heredero del zapaterismo: una retórica de la concordia diseñada para la discordia. 

* * * 

29.5.21

El día de Lea

[Dietario]

Juego con Lea. Desde que mi amiga Julia me contó la historia de Lea quiero escribir sobre ella, para hacer un juego. Lea es su perra, una pastor belga malinois, que vive en la casa familiar del Monte Sancha. Tiene, según Julia, un escrupuloso sentido del deber, concentrado en su única obligación de la jornada: recoger el Sur enrollado que el repartidor deja en la puerta y subirlo a la casa por las escaleras. Hasta que no la cumple no está tranquila. Los tres días del año en que no hay periódico, Lea se desespera. Solo se calma cuando le ponen uno antiguo para que lo suba. Hecho lo cual se dedica a ser una perra libre, traviesa y sin obligaciones hasta la mañana siguiente. Ahora pienso en Lea subiendo el Sur de este sábado, como todas las mañanas. Sin saber que esta vez ella va dentro. 

Playas a tope. El malagueño ha perdido una de sus características esenciales, que era regirse por el calendario y no por la temperatura en lo que se refiere a la playa. Antes nadie se bañaba antes de junio, por más calor que hiciese. Y a partir de junio muchos se bañaban aunque helase. Los foráneos, grandes admiradores de nuestro sol, nos han enseñado que hay que tener un contacto más directo con la realidad. Por eso en mayo las playas están a tope.

Arde Proteo. Qué conmoción el incendio de la librería Proteo. Como muchos malagueños, estuve recordando mientras veía las llamas: como si se le echase memoria al fuego para reconstruir lo que se estaba quemando. Descubrí Proteo (y su vecina Prometeo) con dieciséis por mi amigo Nadales, que tenía la misma edad que yo pero más mundo. La última visita fue con otro amigo, el profesor Alberca. Aunque la mayoría de las veces he estado solo, horas mirando las estanterías. Recuerdo de pronto que allí, en la planta de arriba, conocí en los ochenta al escritor que yo quería ser: el peruano Alfredo Bryce Echenique. Me firmó Un mundo para Julius. Tiempo después arranqué la hoja para regalársela a mi amiga Marga, que estaba locamente enamorada de él desde que leyó La vida exagerada de Martín Romaña, la novela que me pasé años recomendando. El incendio de libros es una aberración porque lo normal es que ardamos los lectores.

Palacio de Ferias. Hacía años que quería visitar el Palacio de Ferias y Congresos, ese simpático imitador del Guggenheim que se ve desde la autovía. Nunca pensé que terminaría haciéndolo para vacunarme en una pandemia que ni me imaginaba. Podría parecer que el edificio, como un ogro, estaba esperando la ocasión. Me quedé fascinado, una vez dentro, con la inmensidad de la nave. Los de mi edad, que éramos muchísimos, no alcanzábamos a llenarla. Me dediqué a hacer fotos, que luego puse en Instagram. Lo bueno es que Diego Ríos Padrón, a quien no vi allí, hacía también las suyas: yo salgo en una, de espaldas entre los sentados durante la espera.

Derivas del pensar. Para no perderme en el acceso al Palacio de Ferias, había decidido ir en taxi. En un momento dado, el taxista se excusó porque se le había pasado la salida correcta de la autovía. “Va uno pensando en lo que no tiene que pensar”, dijo como avergonzado, más para él que para mí. Paró el taxímetro y para volver se metió por el polígono, no lejos del Scándalo. ¿Era ahí adonde lo llevaba la deriva de su pensamiento? Cuando llegamos por fin al destino, se negó a aceptar propina. Estaba verdaderamente avergonzado.

Cuerpos inadecuados. Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga, ha publicado un libro importante: Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. En él ahonda en las reflexiones de un libro anterior, que es ya ineludible para los interesados en este novedoso tema: Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. El comienzo del nuevo es impactante: "Una forma simple y directa de caracterizar el transhumanismo es entenderlo como la convicción de que el ser humano está en un soporte inadecuado (su cuerpo biológico, tal como nos ha sido legado por la evolución por selección natural) y que la tecnología puede por fin remediar esa deficiencia". Diéguez analiza críticamente esta convicción, aunque dándole la razón al transhumanismo en algunos puntos. Su escritura se caracteriza por la claridad: cortesía de filósofo.

Vuelta al Aula. Ha vuelto el Aula de Pensamiento Político de Manuel Arias Maldonado, que celebra ahora sus sesiones en el Centro Cultural La Malagueta y no en La Térmica, como en los últimos años. El miércoles 26 de mayo vino el profesor y articulista Jorge del Palacio a hablar de “la batalla cultural” y después, contándolo a él, nos fuimos a cenar diez amigos (¡pueden llamarnos amigotes!) en una terraza frente a la plaza de toros. Había la alegría de siempre y esta fue la novedad: se parecía a la vida de antes de la pandemia. 

* * * 

24.5.21

Largoplacismo cortoplacista

Todo estaba pensado como trampa una vez más. La elección de un año tan lejano para el plan España 2050, aunque resultase exótico, tenía la función de recalcar ese largoplacismo que siempre se echa de menos en la política española. Los defensores programáticos del Gobierno solo tenían que desenfundar ante las críticas: “¡Para una vez que se piensa en el largo plazo!”. El problema (he ahí la trampa) es que se trata de una operación estrictamente cortoplacista. Una operación cortoplacista que se sirve del largoplacismo.

Al estratega de Pedro Sánchez, Iván Redondo, le gusta jugar en el límite. Es un prestidigitador descarado cuyo ideal es la carta robada de Poe: que todos busquen, sin encontrarlo, lo que él mismo les ha puesto delante. En este caso se trataba de encubrir el cortoplacismo con lo que más aparentemente se le opone: el largoplacismo. Es también como el cuadro de Magritte Esto no es una pipa. Redondo le ha puesto al plan la leyenda Esto no es cortoplacista. Cuando obviamente lo es.

Redondo y Sánchez son máquinas de fabricar cortoplacismo. Y si le echan largoplacismo a la máquina, es para convertirlo en cortoplacismo también.

La política de Sánchez se ha caracterizado por la cortedad de miras. Desde su “no es no” fundacional hasta su actual Gobierno junto a Podemos apoyado por los independentistas y los proetarras, pasando por su moción de censura con los mismos. Su gestión de la pandemia ha sido su perfecta plasmación: terrorífica ineficacia combinada con un aparato propagandístico nivel Nodo, del que este plan España 2050 es su último y más aparatoso ejemplo.

El único objetivo de Redondo es mantener a Sánchez en el poder, que es para lo que fue contratado. Y el Sánchez desahuciado electoralmente que encontró es en lo esencial el mismo de ahora: un Sánchez incapaz de gobernar solo, porque los votos no le dan, y necesita el apoyo de los comunistas, los independentistas y los proetarras. Es decir, de todos aquellos cuyo propósito es que la España de 2050 no exista o sea aún más negra que la de 2021.

De manera que lo primero que tendría que hacer Sánchez por la España de 2050 es combatir a sus socios de Gobierno. Empezando por Sánchez, que es su principal socio de Gobierno.

Mi prospectiva quizá sea un poco ceporra (mi instrumental es la mirada a ojo), pero auguro que estaremos tanto mejor en 2050 cuanto antes Sánchez deje de estar en el poder. 

* * * 

19.5.21

Inspiración para leer

Inspiración para leer, José Antonio Montano, Jot Down Books (2021).
 
Dónde comprar el libro:
* Amazon.

 
Prólogo 

La editora de Jot Down, mi querida Mar de Marchis, me llamó en octubre de 2013 para preguntarme si tenía algún libro en el cajón. La revista, con la que yo colaboraba desde el principio, iba a inaugurar Jot Down Books y quería publicarme uno. Pero yo no tenía ninguno.

Traté de tomármelo con deportividad, pero lo cierto es que me dio vergüenza. Yo había decidido ser escritor a los dieciséis años. Treinta y uno después me llamaba una editora y yo no tenía nada. No he parado de escribir, pero solo fragmentos, textos sueltos, artículos. Llevo también un diario, Oficio pasajero, pero no iba a empezar publicando mi diario. Pensé entonces escribir un libro en que contara todo esto. No lo he escrito tampoco.

En octubre de 2020, justo siete años después, Mar me llamó de nuevo. Me dijo que quería publicarme un libro ya, pero que, como sabía que no se lo iba a escribir («que ya nos conocemos»), preparase uno con mis artículos.

Este es el resultado. He escogido los menos sujetos a la actualidad, los literarios, culturales y vitales; los que hablan de mis pasiones y mis tensiones; los que pueden funcionar como ensayitos. Además de artículos, hay textos que escribí para mi blog El aprendiz al sol. Ahora pienso que aquí está todo: todo lo que soy, y todo (casi todo) lo que amo y parte de lo que detesto.

Un libro como este se puede leer picoteando al azar. Aunque yo propongo un orden: por eso he numerado los textos. No es cronológico, sino más o menos temático y emocional, por intuición artística. La idea es que se refuercen unos a otros en lo posible y admitan una lectura consecutiva. Que tengan un sentido. Que exhiban también sus cortes y sus reincidencias. Los he repasado todos.

Salvo uno de 1995, fueron escritos entre 2003 y 2020. El año y la procedencia vienen al final del libro. El que la ordenación, como digo, no sea cronológica, pero los textos conserven sus alusiones temporales (que irían, pues, desordenadas), quizá agudice la percepción de la rozadura del tiempo. Esto querría formar parte del efecto estético de Inspiración para leer.

Doy las gracias a quienes acogieron los artículos en su día, y en ocasiones estimularon (o forzaron) su escritura. A Mar de Marchis en especial, naturalmente; y a Ángel L. Fernández. También a Rubén Díaz Caviedes por su trabajo en la edición. A Chema Cobo por permitir que su cuadro Out of the blue II (Capitalismo popular) ilustre la portada. Y a Pilar Álvarez, por leer el manuscrito y por todo lo demás.

¿Este libro es el fin de algo o el comienzo de algo? No lo sé.

Málaga, marzo de 2021

Índice 

Prólogo 
1. La lectura y su sombra 
2. El mal lector 
3. Lecturas vivas 
4. En la muerte de Cioran 
5. Mi suicidio poético 
6. Melancolía darwinista 
7. Viaje a la superficie de la Tierra 
8. La grandeza de Trías 
9. El gato de Horacio 
10. El filósofo decepcionante 
11. Savater de aperitivo 
12. El reverso de la alegría 
13. El duelo de Savater 
14. El nacimiento de una pasión 
15. Un poncho sin Ortega 
16. Vuelta a Umbral 
17. Purgatorio de Umbral 
18. Tres Apostrophes 
19. El éxito de Paul Auster 
20. El ángel pornográfico 
21. El arte es un bebé 
22. La infancia recobrada 
23. Ironía inaugural 
24. El último regalo de Papá Noel 
25. El árbol de Poe 
26. Una catedral palpitante 
27. Sucia grandeza 
28. Digestión de la montaña 
29. La crueldad de abril 
30. El pecado de Borges 
31. Bob Dylan no es Borges 
32. Dispersión y tensión 
33. La clave de la niña mala 
34. Nuestro envarado intérprete 
35. Al borde del ridículo 
36. El innovador sintáctico 
37. La postulación de un Javier Marías amargado 
38. Bernhard como dandi 
39. Escuchando a Bernhard 
40. Thomas Bernhard se ha quedado solo 
41. El turista cero 
42. El malogrado 
43. La vida escandalosa de Luis Antonio de Villena 
44. Cernuda el apartado 
45. El muro surrealista 
46. Los Grandes Transparentes 
47. Libertinaje mental 
48. El libro y la película 
49. Grande Pessoa 
50. Una oda de Ricardo Reis 
51. La mejor novela de Tabucchi 
52. A pesar de Saramago 
53. Lisboa revisitada 
54. Alcazarquivir 
55. Cervantes: profeta, payasete 
56. El mismo libro 
57. Jugada maestra 
58. Jünger y el uniforme congénito 
59. La erudición de Ferré 
60. Servicios al Estado 
61. El columnista automático 
62. Columnista de batín 
63. Hipócrita escritor 
64. Grados de tristeza 
65. Estética del negro 
66. Que no lo sepan 
67. La espuma de las obras 
68. Agenda Montaigne 
69. El año de Montaigne 
70. Las habichuelas sexuales 
71. El tiempo de las moscas 
72. Bomba de relojería 
73. El mundo como voluntad y representación 
74. El formato es el mensaje 
75. En paralelo a la vida 
76. La serie sombría 
77. La belleza es amarga 
78. Otra tarde con Woody 
79. Woody en primavera 
80. La rueda de Woody 
81. La piel en estratos 
82. Las edades de Almodóvar 
83. Espejismos 
84. La edad de oro 
85. Madre tatuada con niño de teta 
86. Un gin-tonic azul 
87. Mis paraísos artificiales 
88. El señor Cruyff 
89. Marisol y las pioneras 
90. Chiquito el grande 
91. ¡Jaaarl! 
92. El último animal mitológico 
93. General Lacy 
94. Espírito Santo, amén 
95. El Río de las postales 
96. Bossa nova: felicidad sin fin 
97. Mitologías del Mont Ventoux 
98. Tratado del esfuerzo puro 
99. Región luciente 
100. El descubrimiento de Madrid

17.5.21

Por qué Sánchez no podía hacerlo bien en la pandemia

La grotesca cuenta atrás de Pedro Sánchez con los días que faltan para la inmunidad de rebaño (permítanme que siga usando esta palabra, ya que el presidente nos pastorea) es la expresión del fracaso de su política. Pese a que él la presenta como un triunfo. Tal viene siendo su política.

También lo es la frase que ahora repite como un autómata (así como sus ministros, que tienen el mismo guionista): “El estado de alarma es el pasado, hay que mirar al futuro”. Ese futuro en que las vacunas, no él, habrán hecho su trabajo.

Me gustaría ser Antonio Muñoz Molina y descansar en su algodonoso exilio interior. Ese en el que, como ha escrito en El País, la oposición “pone tan descaradamente por encima del bien común en un tiempo de crisis la determinación metódica de hundir cuanto antes al Gobierno saboteando las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina”.

Por desgracia, en mi exilio interior –que no es algodonoso, sino con pinchos– tengo abierto los dos ojos y no solo uno como Muñoz Molina: por eso, además de lo que él ve (que no se me escapa), yo veo la infame conducta de este Gobierno justo en un tiempo de crisis, pese a las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina.

A la irresponsable lucha cortoplacista del PP por alcanzar el poder en estas circunstancias, hay que añadirle la irresponsable lucha cortoplacista del PSOE por mantenerse en el poder en estas circunstancias. Y por esto nos comen los demonios a los cuatro que estamos en el exilio interior de verdad. A los cuatro (quizá exagero el número) que vemos todos los ingredientes de este asqueroso pastel.

Naturalmente, la responsabilidad mayor es del PSOE, puesto que él forma el Gobierno, con Podemos y con el apoyo de los nacionalistas golpistas y los proetarras (¡qué doloroso se me hace ver a Muñoz Molina apoyando eso; mi exilio interior no se lo deseo a nadie!).

A Sánchez le correspondía liderar la respuesta de Estado. En lugar de eso, se ha dedicado a dividir y actuar en beneficio propio desde el comienzo. Es Sánchez el que ha marcado el tono. Y a ese tono, cierto, se ha sumado el PP. Cuando Pedro Sánchez le dijo el otro día a Pablo Casado que se le había puesto cara de Albert Rivera, se equivocaba: en realidad, se le ha puesto cara de Pedro Sánchez.

Pero todo estaba sentenciado desde la moción de censura, como repite Manuel Arias Maldonado; por aliarse con quienes se alió por conseguir el poder. Incluso desde antes. Desde aquel “no es no” fundacional de Sánchez, por el que fue incapaz de tener una conducta de Estado cuando el Estado lo reclamaba.

La trayectoria política de Sánchez se ha fundado en eso: en la división. Jamás ha actuado para todos. Y su desgracia (nuestra desgracia) es que se ha encontrado con una pandemia que le exigía ser el presidente de todos o todo sería un desastre. Y como lo primero iba frontalmente contra lo que él ha sido, ha hecho y ha representado, todo es un desastre. 

* * * 

12.5.21

Lobo con piel de chivo expiatorio

Fue tan repugnante la despedida de Pablo Iglesias en la noche electoral de Madrid, que no pudo haber mejor colofón para su trayectoria. Estéticamente era lo que correspondía: su biografía política quedaba así perfecta.

Ahora vendrá un desfleque en programas basura y una gira interminable por países pardillos con las mitificaciones (y mixtificaciones) de su experiencia en el poder. En esa gira yo propondría que lo acompañara Ismael Serrano, para que (como Toquinho con Vinicius) hiciera sonar su guitarra, e incluso sus trémolos gargantiles, mientras Iglesias glorifica a Iglesias. “Cuéntanoslo otra vez, Pablo”, podría ser el inicio de cada show (en el que Serrano no volvería a hablar).

Pero Iglesias no es el único que glorifica a Iglesias. Del ministro Castells para abajo, hemos asistido a un desfile sonrojante de panegiristas. Insisten (empezó el mismo Iglesias) en que Iglesias ha hecho historia. Yo lo único histórico que le veo es la celeridad con que adquirió el chalet. Algo que, por otra parte, tiene tradición en España: abundó en los tiempos del pelotazo. Iglesias vendría a ser un epígono de aquello. Su novedad es la mercancía con la que especuló: ideologías de saldo.

Es precioso, por otra parte, que se haya quedado a solo diez días del décimo aniversario del 15-M: el movimiento no tanto del que surgió como del que se apropió. Triste apropiación, aunque sumamente pedagógica. Les ha dado un sentido sórdido a sus dos lemas principales. El No nos representan ha resultado verdad: no, no los representaban, porque ellos serían peores. En cuanto al Democracia real ya: visto lo visto, cuánto mejor entonces la “irreal”...

Lo más pringoso de su despedida, con todo, fue el victimismo. El hombre que llegó a la política española explotando el odio, hurgando en el resentimiento, apelando al guerracivilismo, excitando pulsiones dañinas, alentando escraches, alertas y cercos y amenazando con tictacs, de repente se quejaba de ser un chivo expiatorio. Naturalmente, de "la ultraderecha": ni siquiera en ese momento quejica dejaba de acusar.

Porque esa es la clave: su retórica del verdugo. En sus discursos violentos directamente; y sibilinamente en esos otros discursos suyos de vocecita suavona, de serenidad impostada desde la que no dejaba de emitir ítems acusatorios también. Iglesias solo ha sido capaz de instalarse en una supuesta posición de bondad para que de ese modo resultase más efectivo su señalamiento de los malos. Y así fue hasta su ultimísimo minuto. 

* * * 

10.5.21

El fracaso del PSOE

El fracaso del PSOE en las elecciones madrileñas ha sido más bello que la Victoria de Samotracia. Por la sorpresa que se han llevado: no tienen ni idea de en lo que se han convertido. (Bello y desolador, naturalmente: es un desastre nacional.)

El que aún confiaran en que iban a recibir votos de exvotantes de Ciudadanos produce una ternura infinita. ¿Los votantes más dignos (¡dignos hasta la abstención, hasta la aniquilación del partido al que votaban!) votando al partido más indigno? ¿Pero no se han dado cuenta de que son ya invotables?

“Madrid es de derechas”, repiten ahora. No digo yo que no lo sea. Pero lo que es, ante todo, es contrario a esa izquierda que forma gobierno con la ultraizquierda, apoyándose en el independentismo catalán (¡justo después de un golpe de Estado!) y el proetarrismo vasco. Algunos han podido concluir que votar al PP era menos reaccionario que eso...

Se le ve tanto las costuras al ventajismo del presidente Sánchez. Ese engolamiento al pedirle al PP que no pacte con Vox, cuando él es el gran legitimador de los pactos con Vox: precisamente por haber pactado con lo que ha pactado. La trituración electoralista de todo y la promoción de lo peor: eso es Sánchez.

Pretende que se prescinda del carácter acumulativo de su trayectoria, como si esta no hubiese sido un continuo despeñamiento y un internarse más y más por regiones oscurísimas. Una sucesión de mentiras y desmentidos, de promesas traicionadas al minuto, de autoprohibiciones saltadas con desparpajo.

El gran error de Inés Arrimadas ha sido no haberlo tenido presente: el Sánchez que le tocó a ella ya no era el Sánchez que le tocó a su predecesor en Ciudadanos. Era un Sánchez impracticable ya, con el que no había nada que hacer.

Hay una paradoja preciosa (más bella que la Victoria de Samotracia también): solo Albert Rivera pudo haber salvado al PSOE. El pacto con él habría devuelto al PSOE al centroizquierda, habría vuelto a ser el partido socialdemócrata que necesita España.

Pero no, estuvo el coro siniestro de la militancia con aquellos gritos (“¡Con Rivera no! ¡Con Iglesias sí!”) que conducían al suicidio político, al hundimiento. Faltó un líder que los encauzara. Pero, claro: el líder era uno de ellos. De hecho, su producto más acabado.

Al PSOE únicamente le queda seguir pactando con la ultraizquierda, apoyándose en los independentistas catalanes y en los proetarras vascos... hasta que ya no queden votantes del PSOE.

* * * 

3.5.21

Lunes de reflexión

Un primer ganador de las elecciones madrileñas del martes soy yo, columnista de domingo. El columnista de domingo lleva una vida plácida (pese a su conciencia de lunes), solo interrumpida cuando se trata de un domingo electoral. En los últimos años, con demasiada frecuencia.

Son atroces los domingos electorales para el columnista de domingo. Pasa todo el día en vilo, sin poder escribir nada. Y luego, ya entrada la noche, debe escribir rápido, algunas veces con los resultados meneándose aún, por lo que incurre fácilmente en el fallo o el ridículo.

Así que estoy de fiesta con la idea de Isabel Díaz Ayuso de haber puesto estas elecciones a la Asamblea de Madrid un martes. Escribió Jaime Gil de Biedma: “Quizá, quizá tienen razón los días laborables”. Y sin quizá. Yo en mi plácido domingo inesperado escribiendo para el lunes de reflexión.

Hay algo proustiano para los de mi edad, y es que las primeras elecciones de la Transición, cuando éramos niños, se celebraban en mitad de la semana. Eran gloriosos días sin colegio, con la televisión emitiendo dibujos animados y cine cómico durante horas. La democracia, así, nos entró la mar de bien.

Una primera reflexión es que el miércoles nos vamos a quedar descansando. Aunque el descanso estará enturbiado por un serio temor: el de cómo serán las próximas elecciones generales. Estas de Madrid han sido un ensayo y el pronóstico es terrorífico: habrá más embrutecimiento y más simplificación.

Básicamente, estamos enroscados en debates falsos. Tan falsos que ni siquiera son debates: son solo peleas. Muy cómodas para quienes las practican, puesto que no exigen conocimiento ni preparación. En la política española, del presidente del Gobierno para abajo, abundan los políticos sin conocimiento ni preparación.

A esa frase que he escrito antes, “estamos enroscados en debates falsos”, hay que añadirle: mientras el país se hunde. Por eso no hay perdón. (Por otro lado, están relacionadas ambas cosas: por estar enroscados en debates falsos, el país se hunde.)

Estoy, en fin, en una situación incomodísima, porque si he luchado por algo (con mis escasas fuerzas y con mi indolencia consustancial, adornada de un cierto esteticismo) ha sido por evitar que nos encontremos aquí. Me impregna una sensación de fatalidad y fracaso.

Soy pesimista en todos los frentes, pero –como hay que mojarse– pienso que lo urgente es castigar a esta izquierda, la culpable principal. Y lo digo desde la izquierda, aunque no me crea nadie. Probablemente ni yo mismo. 

* * *