Hacía tiempo que no asistíamos en la tele a un chaparrón de sensatez como el de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, en La Sexta Noche. De pronto parecía que estábamos en Europa, y a ráfagas incluso en Estados Unidos. Como si España fuese un país serio. Aunque esta sensación tiene truco: Rivera destaca justamente por lo raro que resulta. En un país normal sería normal. Su gran virtud está en los defectos de los otros. Su centrismo es excéntrico.
Lo que dicen los políticos ("los políticos") ya sabemos lo que es, y el valor que tiene. Pero entre tanto es mejor que digan cosas sensatas. Estas en sí mismas, con su sola presencia, producen efectos positivos: fomentan un tejido de sensatez. La insensatez produce justo lo contrario, como conocemos de primera mano, por ejemplo, por los nacionalistas: políticos que han empeorado y envilecido el ambiente.
En espera, pues, de que Rivera se equivoque o se tuerza en la acción política, quizá de gobierno, lo que dice va saneando la atmósfera. Tiene un carisma suave, que inspira más simpatía que mesianismo. Transmite la complejidad y la dificultad de los asuntos. Y sobre todo da muy bien en pantalla. A diferencia de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias e incluso Toni Cantó, Rivera es un actor cuya actuación no se nota. Habla con naturalidad y posee una firmeza sin énfasis. (El presidente Rajoy, por su parte, no parece un actor; pero porque no parece nada: va a lo suyo y ni siquiera se molesta en fingir).
El diputado Gorriarán, que se ha pasado meses con el berbiquí abriendo boquetes en su propio barco (UPyD), dijo que Rivera era "el candidato del establishment". Nuestros marxistas, esos entrañables tunos ideológicos, piensan lo mismo: Ciudadanos ha salido de lo que Gramsci llamaba "la caja de herramientas del sistema". Debe de ser verdad, y por eso el PP, ese partido anti-establishment y anti-sistema está tan fastidiado con el ascenso de Ciudadanos. Al final Rajoy e Iglesias, que tanto se necesitaban mutuamente, van juntos a por el lampiño.
Lo cierto es que sí: Rivera es el candidato del establishment. El del "establishment" democrático y constitucional, que tiene que ser corregido y mejorado, sí, pero desde dentro: porque fuera hay otra cosa que no es la democracia. Y el "sistema" del que con tanta suficiencia hablan nuestros revolucionatas es nada menos que el Estado de Derecho, cuyas corrupciones y todo lo demás no se han hecho desde él, sino contra él: violando su ley. Entre tantas irresponsabilidades y romanticismos, no está mal que cuente con su candidato.
[Publicado en Zoom News]
21.4.15
16.4.15
La Transición de Pablo Iglesias
No sé si Pablo Iglesias sigue despreciando la Transición, pero en su biografía la está reproduciendo: su viaje desde el boicot falangista a Rosa Díez, hace apenas cinco años, hasta el civilizado saludo de ayer a Felipe VI es el mismo que hizo España. Quizá sea solo por estrategia, pero a la civilización no es imprescindible creérsela: basta con imitarla. Así que de momento nos vale. Por su parte, IU, ICV, ERC y Bildu sí se escabulleron del rey, como buenos súbditos del folclore antimonárquico.
Da más pena IU, heredera de aquel Carrillo al que el rey Juan Carlos le acercó un cenicero y que hoy se aparta de la iconografía que vale. El que la proporciona es Iglesias, con su presencia y con el regalo de Juego de tronos. Jabois anunció que en el encuentro el campechano iba a ser Iglesias y acertó. Aunque la suma de campechanía más paternalismo que ofreció el líder de Podemos puede que no le trajese recuerdos ideales a don Felipe.
La escena fue importante para apreciar el momento en que nos encontramos. Hay elementos de época: el cenicero de entonces, inconcebible hoy en un contexto oficial; la serie de ayer, regalada con esa ironía moralizadora tan actual ("le aportará claves para entender la política española") y en DVD, que entonces ni existía. Pero lo significativo es otra cosa: en la Transición fue el rey el que tuvo un gesto con el político de izquierdas; ayer fue el político de izquierdas el que tuvo un gesto con el rey.
En ambos casos, han sido gestos beneficiosos para la democracia. El de la Transición, porque fue una muestra de cordialidad por parte de un Jefe del Estado cuyos orígenes estaban en el franquismo (cuestiones dinásticas al margen) hacia el líder de un partido prohibido durante la dictadura. El de ayer, porque con un signo de respeto hacia nuestro rey constitucional por parte de alguien con dudosas filiaciones democráticas.
El momento en que nos encontramos es ese: el de una democracia afianzada (más allá de sus crisis) en la que los gestos democratizantes tendrán que hacerlos quienes parecen haber estado jugando a otra cosa. Al final no hay que despreciar la Transición, sino incorporarse a ella.
[Publicado en Zoom News]
Da más pena IU, heredera de aquel Carrillo al que el rey Juan Carlos le acercó un cenicero y que hoy se aparta de la iconografía que vale. El que la proporciona es Iglesias, con su presencia y con el regalo de Juego de tronos. Jabois anunció que en el encuentro el campechano iba a ser Iglesias y acertó. Aunque la suma de campechanía más paternalismo que ofreció el líder de Podemos puede que no le trajese recuerdos ideales a don Felipe.
La escena fue importante para apreciar el momento en que nos encontramos. Hay elementos de época: el cenicero de entonces, inconcebible hoy en un contexto oficial; la serie de ayer, regalada con esa ironía moralizadora tan actual ("le aportará claves para entender la política española") y en DVD, que entonces ni existía. Pero lo significativo es otra cosa: en la Transición fue el rey el que tuvo un gesto con el político de izquierdas; ayer fue el político de izquierdas el que tuvo un gesto con el rey.
En ambos casos, han sido gestos beneficiosos para la democracia. El de la Transición, porque fue una muestra de cordialidad por parte de un Jefe del Estado cuyos orígenes estaban en el franquismo (cuestiones dinásticas al margen) hacia el líder de un partido prohibido durante la dictadura. El de ayer, porque con un signo de respeto hacia nuestro rey constitucional por parte de alguien con dudosas filiaciones democráticas.
El momento en que nos encontramos es ese: el de una democracia afianzada (más allá de sus crisis) en la que los gestos democratizantes tendrán que hacerlos quienes parecen haber estado jugando a otra cosa. Al final no hay que despreciar la Transición, sino incorporarse a ella.
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9.4.15
Fofas las filas
La conclusión es que un partido político, en nuestro sistema personalista, viene a ser como la mascota del que manda. Y como toda buena mascota, se acaba pareciendo a su dueño. El PP es hoy, pues, un partido de mirada huidiza, titubeante pero obstinado (o sea, obstinado sobre una especie de niebla) y con el tinte solo arriba, en la economía: en lo demás canoso. La gran virtud de Mariano Rajoy, a ojos ilustrados, que era la de no tener carisma, la ha convertido en un defecto. Quizá, después de todo, nuestro sistema personalista exija carisma. (Rajoy, o el personalismo sin personalidad. Rajoy, o la determinación obtusa).
El presidente, por otra parte, no deja de tener razón: ¿disensiones ahora para qué? El mal ya está hecho. Las dos cosas: está y hecho. Su estrategia tenía solo dos patas: la mejora económica y el miedo a Podemos. Esta segunda pata se ha quebrado (porque Podemos se desinfla y Ciudadanos se infla) y la estrategia cojea. No se tenía ninguna otra cosa preparada, y ya no da tiempo.
El martes, los cerca de seiscientos dirigentes y parlamentarios del PP que acudieron a la Junta Directiva Nacional llevaban aprendidísima la consigna de Alfonso Guerra: "el que se mueve no sale en la foto". Menos Cayetana Álvarez de Toledo, todos la siguieron. Lo malo es que es la propia foto la que se mueve, por esa cojera. Me imagino que ya se ha usado la frase "el silencio de los peperos" (busco en Google y sí: ya se ha usado), pero es justo eso. En este caso no es solo miedo ante la crudeza del mundo: también ante el pastor.
Son, por lo demás, corderos que llevan dentro lobos cobardes: en cuanto el pastor flaquee, se lo comerán. Y con saña, porque con él se comerán (se tratarán de comer) su propia vergüenza. Las política española tiene algo de azteca, y todos nuestros partidos son en potencia un PRI. Lo que nunca entenderé es ese esfuerzo en un teatro que nadie se cree. Rajoy dice: "¡prietas las filas!", y todos se ponen como prietos, y se sienten prietos. Pero la verdad es que se les ve fofos.
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El presidente, por otra parte, no deja de tener razón: ¿disensiones ahora para qué? El mal ya está hecho. Las dos cosas: está y hecho. Su estrategia tenía solo dos patas: la mejora económica y el miedo a Podemos. Esta segunda pata se ha quebrado (porque Podemos se desinfla y Ciudadanos se infla) y la estrategia cojea. No se tenía ninguna otra cosa preparada, y ya no da tiempo.
El martes, los cerca de seiscientos dirigentes y parlamentarios del PP que acudieron a la Junta Directiva Nacional llevaban aprendidísima la consigna de Alfonso Guerra: "el que se mueve no sale en la foto". Menos Cayetana Álvarez de Toledo, todos la siguieron. Lo malo es que es la propia foto la que se mueve, por esa cojera. Me imagino que ya se ha usado la frase "el silencio de los peperos" (busco en Google y sí: ya se ha usado), pero es justo eso. En este caso no es solo miedo ante la crudeza del mundo: también ante el pastor.
Son, por lo demás, corderos que llevan dentro lobos cobardes: en cuanto el pastor flaquee, se lo comerán. Y con saña, porque con él se comerán (se tratarán de comer) su propia vergüenza. Las política española tiene algo de azteca, y todos nuestros partidos son en potencia un PRI. Lo que nunca entenderé es ese esfuerzo en un teatro que nadie se cree. Rajoy dice: "¡prietas las filas!", y todos se ponen como prietos, y se sienten prietos. Pero la verdad es que se les ve fofos.
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7.4.15
Después de la muerte de UPyD
El Domingo de Resurrección ha enterrado a UPyD en las encuestas. El partido es ahora como el protagonista de Buried y yace en un ataúd bajo toneladas de indiferencia electoral. Se le ha colado un vivo, en todos los sentidos, también el menos bueno, que es Ciudadanos. Pero la responsabilidad de estar así es de UPyD. La fosa se la ha abierto su propia cúpula a paletadas, entre las que cabe contabilizar también las inefables coces (por lo general en Twitter) de Gorriarán: un hombre que está dejando pequeños al padre Ubú, Ignatius Reilly y Homer Simpson, todos juntos.
Cuando, en el Consejo Político del partido, Rosa Díez habló de Dinamarca como país ideal para UPyD, no debió de ser muy consciente de las implicaciones. Aunque su subconsciente sin duda sí, y el subconsciente, como sabemos desde Freud, nunca se equivoca. Dinamarca, entre otras cosas, evoca a Hamlet, con su "algo huele a podrido en Dinamarca" (citado ya por columnistas) y el monólogo de "ser o no ser": que, más que de angustia existencial, habla de la conveniencia de suicidarse o no. Pero Hamlet habla del futuro, mientras que Díez parecía una historiadora de su propio partido: puesto que el suicidio de este ya se ha consumado. Teatralmente tenía su truculencia: era como si el monólogo lo estuviese dando la mismísima calavera de Yorick.
Jaime Gil de Biedma publicó estando vivo su libro Poemas póstumos. Uno de los poemas más conocidos (y celebrados) es "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma", donde, dirigiéndose a su otro yo, el que ya ha muerto, le dice: "De los dos, eras tú quien mejor escribía". A mí, de UPyD y Ciudadanos, era UPyD el que más me gustaba. Estos cantos a su muerte no son alegres. Sí sarcásticos y rabiosos, pero no alegres. Al fin y al cabo, la cúpula de UPyD se ha cargado el partido que yo votaba. Lo construyeron ellos, sí, y si lo voté fue por ellos (y porque Savater lo fundó). Pero después se lo han cargado.
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Cuando, en el Consejo Político del partido, Rosa Díez habló de Dinamarca como país ideal para UPyD, no debió de ser muy consciente de las implicaciones. Aunque su subconsciente sin duda sí, y el subconsciente, como sabemos desde Freud, nunca se equivoca. Dinamarca, entre otras cosas, evoca a Hamlet, con su "algo huele a podrido en Dinamarca" (citado ya por columnistas) y el monólogo de "ser o no ser": que, más que de angustia existencial, habla de la conveniencia de suicidarse o no. Pero Hamlet habla del futuro, mientras que Díez parecía una historiadora de su propio partido: puesto que el suicidio de este ya se ha consumado. Teatralmente tenía su truculencia: era como si el monólogo lo estuviese dando la mismísima calavera de Yorick.
Jaime Gil de Biedma publicó estando vivo su libro Poemas póstumos. Uno de los poemas más conocidos (y celebrados) es "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma", donde, dirigiéndose a su otro yo, el que ya ha muerto, le dice: "De los dos, eras tú quien mejor escribía". A mí, de UPyD y Ciudadanos, era UPyD el que más me gustaba. Estos cantos a su muerte no son alegres. Sí sarcásticos y rabiosos, pero no alegres. Al fin y al cabo, la cúpula de UPyD se ha cargado el partido que yo votaba. Lo construyeron ellos, sí, y si lo voté fue por ellos (y porque Savater lo fundó). Pero después se lo han cargado.
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2.4.15
Un benefactor puro
Cuando murió Juan Claudio Cifuentes, Cifu, me puse el disco de jazz que tenía más a mano, que resultó ser Bill Evans at Town Hall (1966), y con él he seguido estas dos semanas; embelesándome sobre todo con "I should care" y "Make someone happy". Y con el Cifu de fondo, y el beneficio del Cifu: pensando en que ha sido un benefactor puro. Ha pasado por la vida dejando solo bien: un bien público, al alcance de quien quisiera (de quien quisiera elevarse). Tiene mérito que piensen en uno y solo haya en ese pensamiento música de jazz y una voz y una imagen armosiosas con esa música: dignas de su pasión. Así Cifu.
Yo estoy entre quienes lo descubrieron un poco tarde, en la tele. Recuerdo la primera noche de Jazz entre amigos, de la segunda cadena de TVE. Fue en 1984, el año de una de las grandes decepciones de mi vida: la de la universidad española, por la que sigo teniendo un desprecio que ya no me va a curar nada. Yo venía de un excelente bachillerato (público), y si menciono esa decepción es porque solo otros aspectos de lo público la compensaban: como Jazz entre amigos y los programas culturales de la segunda cadena en general, y Radio 3 y Radio 2 (hoy Clásica). A quienes carecíamos de otros accesos, tener esas ventanas nos salvó.
En aquel primer programa Cifu empezó por donde había que empezar: explicando qué era el swing. Y su manera de hablar tenía algo de swing también. Había en los entendidos de jazz, que Cifu encarnaba a la perfección, una suerte de erudición tranquila, exhaustiva pero acogedora, que invitaba a entrar en la casa y no a salir huyendo, como ocurre con otro tipo de erudiciones. De alguna manera se parecían, se parecía, a mis mejores profesores del instituto: el de matemáticas, la de historia, los de literatura, los de filosofía, que hablaban de sus materias como Cifu hablaba de jazz, y hacian audible el swing de esas materias, que salía de la clase y se incorporaba a la vida.
No ha dejado de sorprenderme en la biografía de Cifu, en la que solo me he fijado tras su muerte, que su programa de radio Jazz porque sí lo tuvo en varias emisoras privadas antes de entrar en 1998 en RNE. Yo lo recuerdo siempre en la radio pública, quizá porque él representaba como pocos ese ideal. Mi seguimiento no era fiel, pero reconfortaba la idea de que él estuviera ahí para cuando hiciera falta. Para escuchar su voz, sus informaciones, su música y su despedida inolvidable, capaz de curar ella sola los insomnios: "Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos".
En los archivos de RTVE siguen sus programas. Caballero me recomienda precisamente el que le dedicó a Bill Evans en 2010. Vaya para un Jueves Santo alternativo, un poco melancólico pero antipenitencial.
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Yo estoy entre quienes lo descubrieron un poco tarde, en la tele. Recuerdo la primera noche de Jazz entre amigos, de la segunda cadena de TVE. Fue en 1984, el año de una de las grandes decepciones de mi vida: la de la universidad española, por la que sigo teniendo un desprecio que ya no me va a curar nada. Yo venía de un excelente bachillerato (público), y si menciono esa decepción es porque solo otros aspectos de lo público la compensaban: como Jazz entre amigos y los programas culturales de la segunda cadena en general, y Radio 3 y Radio 2 (hoy Clásica). A quienes carecíamos de otros accesos, tener esas ventanas nos salvó.
En aquel primer programa Cifu empezó por donde había que empezar: explicando qué era el swing. Y su manera de hablar tenía algo de swing también. Había en los entendidos de jazz, que Cifu encarnaba a la perfección, una suerte de erudición tranquila, exhaustiva pero acogedora, que invitaba a entrar en la casa y no a salir huyendo, como ocurre con otro tipo de erudiciones. De alguna manera se parecían, se parecía, a mis mejores profesores del instituto: el de matemáticas, la de historia, los de literatura, los de filosofía, que hablaban de sus materias como Cifu hablaba de jazz, y hacian audible el swing de esas materias, que salía de la clase y se incorporaba a la vida.
No ha dejado de sorprenderme en la biografía de Cifu, en la que solo me he fijado tras su muerte, que su programa de radio Jazz porque sí lo tuvo en varias emisoras privadas antes de entrar en 1998 en RNE. Yo lo recuerdo siempre en la radio pública, quizá porque él representaba como pocos ese ideal. Mi seguimiento no era fiel, pero reconfortaba la idea de que él estuviera ahí para cuando hiciera falta. Para escuchar su voz, sus informaciones, su música y su despedida inolvidable, capaz de curar ella sola los insomnios: "Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos".
En los archivos de RTVE siguen sus programas. Caballero me recomienda precisamente el que le dedicó a Bill Evans en 2010. Vaya para un Jueves Santo alternativo, un poco melancólico pero antipenitencial.
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26.3.15
Buitres
Que la ideología es el gran sustitutivo de la religión se ve con nitidez en lo referido al antiguo negociado de esta última: el de los cadáveres calientes. Antes los curas revoloteaban (como buitres, sí) en torno al moribundo ateo por si le podían sacar una conversión de última hora. Con fe o buena fe, pero, en fin de cuentas, utilizando a un ser concreto en aras de algo abstracto. Para alimentarse con él, en tanto que con él reforzaba su propio bastión mental, su creencia.
Con nuestros sacerdotes de la ideología pasa lo mismo. La vida es instrumental para ellos; mejor dicho: es instrumental para ellos lo concreto. Me gustaba mucho la expresión que prefería utilizar Eugenio Trías en vez de "individuo" (noción esta que para él contenía ya un principio de abstracción, de uniformización hacia dentro): ser singular sensible en devenir. Una caracterización sinuosa, revoltosa, con la que es difícil hacer negocios; sobre todo negocios religiosos o ideológicos.
Para su utilización hay reducir al ser singular a moneda, a moneda de cambio. Eso hacen los sacerdotes (¡y los monaguillos!) de la ideología. Con los cadáveres aún calientes se precipitan a instrumentalizarlos para su fe, que puede ser buena en su conciencia, pero que de raíz es mala. Volvió a pasar anteayer con el accidente aéreo de Los Alpes. Desde el minuto uno había nacionalistas catalanes dirimiendo si los cadáveres eran "españoles" o "catalanes"; y nacionalistas españoles (esta vez con precisa utilización del término) "alegrándose" de que en el avión hubiese catalanes; y anticapitalistas rebañando para su anticapitalismo; y hasta charcuteras echando sobre los cadáveres los hígados de la hepatitis C (de los que, por supuesto, solo le importa su instrumentalización partidista).
Muy pronto los cadáveres quedaron sepultados por las mencionadas abyecciones; y también por los que nos peleábamos contra ellas. Un amigo mío decía que el ego es como el pene: cuanto más se toca, más crece. Hasta los esfuerzos por reducirlo (hablo del ego) lo que hacen es incrementarlo, por el simple manoseamiento. Con la ideología pasa igual: como uno se meta en su fango, aunque sea para combatirla, acaba propiamente enfangado. Esta columna, lo reconozco, es un coletazo de lo mismo que critica. Me resigno a ello.
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Con nuestros sacerdotes de la ideología pasa lo mismo. La vida es instrumental para ellos; mejor dicho: es instrumental para ellos lo concreto. Me gustaba mucho la expresión que prefería utilizar Eugenio Trías en vez de "individuo" (noción esta que para él contenía ya un principio de abstracción, de uniformización hacia dentro): ser singular sensible en devenir. Una caracterización sinuosa, revoltosa, con la que es difícil hacer negocios; sobre todo negocios religiosos o ideológicos.
Para su utilización hay reducir al ser singular a moneda, a moneda de cambio. Eso hacen los sacerdotes (¡y los monaguillos!) de la ideología. Con los cadáveres aún calientes se precipitan a instrumentalizarlos para su fe, que puede ser buena en su conciencia, pero que de raíz es mala. Volvió a pasar anteayer con el accidente aéreo de Los Alpes. Desde el minuto uno había nacionalistas catalanes dirimiendo si los cadáveres eran "españoles" o "catalanes"; y nacionalistas españoles (esta vez con precisa utilización del término) "alegrándose" de que en el avión hubiese catalanes; y anticapitalistas rebañando para su anticapitalismo; y hasta charcuteras echando sobre los cadáveres los hígados de la hepatitis C (de los que, por supuesto, solo le importa su instrumentalización partidista).
Muy pronto los cadáveres quedaron sepultados por las mencionadas abyecciones; y también por los que nos peleábamos contra ellas. Un amigo mío decía que el ego es como el pene: cuanto más se toca, más crece. Hasta los esfuerzos por reducirlo (hablo del ego) lo que hacen es incrementarlo, por el simple manoseamiento. Con la ideología pasa igual: como uno se meta en su fango, aunque sea para combatirla, acaba propiamente enfangado. Esta columna, lo reconozco, es un coletazo de lo mismo que critica. Me resigno a ello.
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20.3.15
19.3.15
Chistes desde el poder
Soy partidario del humor, naturalmente; por sus virtudes desengrasadoras y civilizatorias, y –más allá de los motivos edificantes– por el gusto que en sí mismo produce. Pero cuando es el poder el que se pone chistoso, me sobreviene un malestar que me convierte casi en un moralista. Como el fraile que oponía a la risa en El nombre de la rosa. Decía Cioran que todas las religiones son, en su esencia, "cruzadas contra el humor". Y algo de cruzado antihumorístico tengo cuando me cruzo con los chistecitos de quien manda...
A veces son chistes buenos, como los que decía de vicepresidente Alfonso Guerra. Pero incluso en ese caso la sonrisa me sale incómoda: a la gracia del chiste se le superpone la poca gracia de que haya sido dicho desde el poder. Nuestras dos últimas graciosas son mujeres: Susana Díaz, que estuvo muy dicharachera en el debate electoral del lunes, y Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta como Guerra (el cargo parece el club de la comedia), que ha hecho una escenificación comparando a los que no son del PP con los que se paran a mirar las obras. Una escenificación que yo calificaría de desafortunada; aunque, por no hacerle un feo a su presidente Rajoy, afecto al término, voy a llamarla patética.
El PP está nervioso. Lo tenía todo perfecto para el chantaje: o PP o Podemos. Un chantaje impresentable pero razonable: desde luego, antes PP que Podemos. Pero ahora se ha interpuesto Ciudadanos y la estrategia se le ha hundido. La opción más razonable ya no es el PP. Y ha empezado a aflorar la risa floja. Que si Siudatans, como dijo Floriano; que si Naranjito, como dijo Hernando; que si Albert, como dijo Sanz; o que si mirones de obras, como dice ahora Soraya...
La legislatura empezó con la virulencia de Rajoy contra Rosa Díez en el debate de investidura y acaba con los chistes contra Ciudadanos. Este ha recogido el testigo de UPyD. Y enfrente, el Gobierno atacando en cada momento la opción que más le exigía entrar en razón y adecentarse. De risa.
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A veces son chistes buenos, como los que decía de vicepresidente Alfonso Guerra. Pero incluso en ese caso la sonrisa me sale incómoda: a la gracia del chiste se le superpone la poca gracia de que haya sido dicho desde el poder. Nuestras dos últimas graciosas son mujeres: Susana Díaz, que estuvo muy dicharachera en el debate electoral del lunes, y Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta como Guerra (el cargo parece el club de la comedia), que ha hecho una escenificación comparando a los que no son del PP con los que se paran a mirar las obras. Una escenificación que yo calificaría de desafortunada; aunque, por no hacerle un feo a su presidente Rajoy, afecto al término, voy a llamarla patética.
El PP está nervioso. Lo tenía todo perfecto para el chantaje: o PP o Podemos. Un chantaje impresentable pero razonable: desde luego, antes PP que Podemos. Pero ahora se ha interpuesto Ciudadanos y la estrategia se le ha hundido. La opción más razonable ya no es el PP. Y ha empezado a aflorar la risa floja. Que si Siudatans, como dijo Floriano; que si Naranjito, como dijo Hernando; que si Albert, como dijo Sanz; o que si mirones de obras, como dice ahora Soraya...
La legislatura empezó con la virulencia de Rajoy contra Rosa Díez en el debate de investidura y acaba con los chistes contra Ciudadanos. Este ha recogido el testigo de UPyD. Y enfrente, el Gobierno atacando en cada momento la opción que más le exigía entrar en razón y adecentarse. De risa.
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17.3.15
Énfasis andaluces
He pasado diez días en Madrid y no me he dado cuenta del privilegio hasta que no he regresado a Andalucía. Nada más entrar en Málaga, el sábado, vi los cartelones de los candidatos colgados de las farolas. Podrían parecer ahorcados, como aquellos ahorcados cuya presencia anunciaba la cercanía de una ciudad; pero estos estaban demasiado vivos. Parecían más bien pájaros, o saltimbanquis. O las flores de una primavera forzada: naciendo del metal. Mi impresión espontánea es que se ha optado más que nunca por la infantilización. Algo cómodo para unos candidatos con el nivel por los suelos. (Susana, Juanma: ¡vamos a jugar!).
En los días siguientes me he sometido al suplicio de las cadenas locales, o de las "desconexiones locales" de las cadenas nacionales: raciones de zurrapa mucho más abuntantes de las que pillaba en Madrid. Uno está acostumbrado a la inanidad de los mítines y no les pide nada, pero los fragmentos que he escuchado me han parecido particularmente ofensivos. ¿Tan poco respeto les tienen los políticos a los electores como para hablarles así? En esto no hacen excepción los, así llamados, "partidos nuevos". Por lo que se atisba, el futuro Parlamento de Andalucía será disperso y áspero, pero parace que ninguno va a desentonar en Canal Sur.
La televisión regional parece la norma: la que marca el canon estético al que todos se atienen. Para él no hay oposición. En ese canon tiene mucha importancia el habla. A mí me gusta el acento andaluz, el deje andaluz (aunque el mío en concreto no salga bien, como le corresponde a un descastado). El andaluz popular me gusta, y me gusta también el andaluz culto. Lo que no me gusta es esa manera de hablar andaluz de los andaluces profesionales: el de esos que delimitan su negocio hablando así, como para evitar que se les cuelen otros "de fuera". El "andaluz batúa", como lo llama mi amigo Fray Josepho, es una estricta demarcación de casta (a la que la candidata de Podemos se ha sumado, naturalmente).
Sus dos variables más cargantes son la folclórica y la humorística. La primera está encarnada por Susana Díaz, cuya manera de hablar está entre María del Monte y la Pantoja, aunque si que la cosa desemboque en canción (lo cual puede que sea de agradecer). La segunda variable es la de Moreno Bonilla, con su andaluz de humorista o graciosete, entre de Paco Gandía y Jesulín, que habla como preparando un chiste que no termina nunca de llegar (aunque con sus resultados electorales sí que nos reiremos). En ambos, y en todos los demás, predomina el énfasis. Como si no tuvieran otra virtud que la de ser andaluces.
En Madrid, por los días en que empezaba la campaña, hablé con un editor especializado en novelas: el género más leído. Me dijo que Andalucía está entre los sitios donde menos vende de toda España, y que cuando publica a un escritor andaluz sabe que no va a contar con un apoyo significativo de lectores de su región, lo que en la práctica es casi un lastre. En esas estamos, por detrás de la campaña, antes y después. Al fin y al cabo es a ese elector al que se dirigen los candidatos, con sus énfasis vacíos e infantilistas: al elector que no es lector. Como ellos mismos, por lo demás. Carne de Canal Sur.
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En los días siguientes me he sometido al suplicio de las cadenas locales, o de las "desconexiones locales" de las cadenas nacionales: raciones de zurrapa mucho más abuntantes de las que pillaba en Madrid. Uno está acostumbrado a la inanidad de los mítines y no les pide nada, pero los fragmentos que he escuchado me han parecido particularmente ofensivos. ¿Tan poco respeto les tienen los políticos a los electores como para hablarles así? En esto no hacen excepción los, así llamados, "partidos nuevos". Por lo que se atisba, el futuro Parlamento de Andalucía será disperso y áspero, pero parace que ninguno va a desentonar en Canal Sur.
La televisión regional parece la norma: la que marca el canon estético al que todos se atienen. Para él no hay oposición. En ese canon tiene mucha importancia el habla. A mí me gusta el acento andaluz, el deje andaluz (aunque el mío en concreto no salga bien, como le corresponde a un descastado). El andaluz popular me gusta, y me gusta también el andaluz culto. Lo que no me gusta es esa manera de hablar andaluz de los andaluces profesionales: el de esos que delimitan su negocio hablando así, como para evitar que se les cuelen otros "de fuera". El "andaluz batúa", como lo llama mi amigo Fray Josepho, es una estricta demarcación de casta (a la que la candidata de Podemos se ha sumado, naturalmente).
Sus dos variables más cargantes son la folclórica y la humorística. La primera está encarnada por Susana Díaz, cuya manera de hablar está entre María del Monte y la Pantoja, aunque si que la cosa desemboque en canción (lo cual puede que sea de agradecer). La segunda variable es la de Moreno Bonilla, con su andaluz de humorista o graciosete, entre de Paco Gandía y Jesulín, que habla como preparando un chiste que no termina nunca de llegar (aunque con sus resultados electorales sí que nos reiremos). En ambos, y en todos los demás, predomina el énfasis. Como si no tuvieran otra virtud que la de ser andaluces.
En Madrid, por los días en que empezaba la campaña, hablé con un editor especializado en novelas: el género más leído. Me dijo que Andalucía está entre los sitios donde menos vende de toda España, y que cuando publica a un escritor andaluz sabe que no va a contar con un apoyo significativo de lectores de su región, lo que en la práctica es casi un lastre. En esas estamos, por detrás de la campaña, antes y después. Al fin y al cabo es a ese elector al que se dirigen los candidatos, con sus énfasis vacíos e infantilistas: al elector que no es lector. Como ellos mismos, por lo demás. Carne de Canal Sur.
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12.3.15
La generosidad de UPyD
El partido cuyo lema es "Lo que nos une" lleva meses obcecado en resaltar lo que lo separa: lo que lo separa de Ciudadanos, lo que lo separa de sus votantes y lo que lo separa, en consecuencia, de sí mismo. Ciudadanos es el partido al que más se parece. Y las diferencias que sí que se encuentran entre ambos, si se buscan, desaparecen considerablemente en lo que concierne a sus votantes. En efecto, lo que une a UPyD y Ciudadanos, por encima de lo que los separa, es lo que hacía a esos votantes dudar en cada elección si votaba a uno o a otro.
Un votante de UPyD se parece tanto a un votante de Ciudadanos que con frecuencia es el mismo votante: que va oscilando entre uno y otro partido en cada convocatoria electoral. Por el matiz de la separación no merecía la pena la desgarradura, que electoralmente hablando era un desagüe por el que se perdían votos. Este desperdicio se atenuaba cuando en la práctica parecía darse un reparto territorial: Ciudadanos (Ciutadans) en Cataluña y UPyD en el resto de España. Algo que no va a ocurrir en las reñidas elecciones que se avecinan.
Luchando por el mismo electorado, ambos partidos estaban condenados a perder. Y hablo en pasado porque UPyD ha tenido la generosidad de autosabotearse para no ser un estorbo. Todavía le restará votos a Ciudadanos, pero serán pocos y seguramente por última vez (o penúltima, como mucho).
Dos partidos para la misma franja de votantes son demasiados partidos. Que existieran los dos era un inconveniente. Consumada la inconveniencia, solo quedaba restañarla con el pacto. Abortado el pacto, no restaba otra solución que la desaparición o la inutilización (la reducción a la insignificancia) de uno de ellos. Parecía que iba a ser un proceso penoso y feo, pero UPyD ha tenido el detalle de abreviarlo (aunque no de embellecerlo), gracias a su cúpula. No está mal como último (o penúltimo) servicio del partido.
[Publicado en Zoom News]
Un votante de UPyD se parece tanto a un votante de Ciudadanos que con frecuencia es el mismo votante: que va oscilando entre uno y otro partido en cada convocatoria electoral. Por el matiz de la separación no merecía la pena la desgarradura, que electoralmente hablando era un desagüe por el que se perdían votos. Este desperdicio se atenuaba cuando en la práctica parecía darse un reparto territorial: Ciudadanos (Ciutadans) en Cataluña y UPyD en el resto de España. Algo que no va a ocurrir en las reñidas elecciones que se avecinan.
Luchando por el mismo electorado, ambos partidos estaban condenados a perder. Y hablo en pasado porque UPyD ha tenido la generosidad de autosabotearse para no ser un estorbo. Todavía le restará votos a Ciudadanos, pero serán pocos y seguramente por última vez (o penúltima, como mucho).
Dos partidos para la misma franja de votantes son demasiados partidos. Que existieran los dos era un inconveniente. Consumada la inconveniencia, solo quedaba restañarla con el pacto. Abortado el pacto, no restaba otra solución que la desaparición o la inutilización (la reducción a la insignificancia) de uno de ellos. Parecía que iba a ser un proceso penoso y feo, pero UPyD ha tenido el detalle de abreviarlo (aunque no de embellecerlo), gracias a su cúpula. No está mal como último (o penúltimo) servicio del partido.
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10.3.15
Pitanza electoral
No sé si este 2015 va a ser un año de mudanza, pero desde luego sí de pitanza. Y los andaluces estamos invitados a pinchar y cortar los primeros. Bueno, los segundos: los primeros han sido los propios partidos, que nos han dejado la mesa electoral llena de muñones, orejas, ojos, lenguas y hasta cabezas (sin mucho seso). El panorama electoral español es pura casquería. El andaluz también, aunque con una peculiaridad: la casquería nos viene embalsamada. Aquí, más que casquería hay charcutería. Una vez vi un rutilante cartel en un escaparate de comestibles: "Tenemos chóped puro". A eso es a lo máximo a lo que puede aspirar Andalucía, electoralmente hablando: a la pureza de su chóped.
Es en Madrid donde está la carne fresca, con los cadáveres (políticos) de Tomás Gómez e Ignacio González todavía chorreantes, y el de Tania Sánchez en plena transmigración. En vista de la escabechina que va a hacer el electorado con los partidos, estos han querido probar antes, a ver qué se siente. Nuestros partitocráticos no les permiten primicias a los votantes, ni siquiera la de acabar con ellos...
Hay algo preocupante: la falta de democracia interna. No hay costumbre de debate, y cuando surgen discrepancias se resuelven a navajazos. Las discrepancias, por lo demás, rara vez son de ideas, y ni siquiera ideológicas (es decir, de ideas en su versión raquítica). Responden al "quítate tú para ponerme yo". En este sentido, ciertamente, el navajazo era la única solución. El reverso de los personalismos son las cabezas cortadas de los personalistas que no han sabido imponer su persona.
Una tendencia que he empezado a observar es la del "voto por penilla". Sobre todo, por penilla al PSOE y a IU. Quizá por ello el instinto de estos partidos les ha llevado a poner como candidatos en Madrid a un filósofo y a un poeta, respectivamente: maestros en el arte de llorar que solo podrían ser batidos por un cantautor. Pero en Andalucía no tenemos ni eso. Mi sensación como votante es que solo tengo para meter en el sobre rodajas de mortadela. (He de decir, porque no voy a votarlo, que el menos mortadelesco de todos me parece Maíllo, el de IU).
El panorama mortecino regional hace que mucho voto se conciba con ambición nacional. Los meses y meses que llevamos de zarandeo político al fin se encuentran con unas urnas, y resulta que son las de los andaluces. Vamos a ser los primeros en hincarle el diente a lo que nos han dejado los partidos.
[Publicado en Zoom News]
Es en Madrid donde está la carne fresca, con los cadáveres (políticos) de Tomás Gómez e Ignacio González todavía chorreantes, y el de Tania Sánchez en plena transmigración. En vista de la escabechina que va a hacer el electorado con los partidos, estos han querido probar antes, a ver qué se siente. Nuestros partitocráticos no les permiten primicias a los votantes, ni siquiera la de acabar con ellos...
Hay algo preocupante: la falta de democracia interna. No hay costumbre de debate, y cuando surgen discrepancias se resuelven a navajazos. Las discrepancias, por lo demás, rara vez son de ideas, y ni siquiera ideológicas (es decir, de ideas en su versión raquítica). Responden al "quítate tú para ponerme yo". En este sentido, ciertamente, el navajazo era la única solución. El reverso de los personalismos son las cabezas cortadas de los personalistas que no han sabido imponer su persona.
Una tendencia que he empezado a observar es la del "voto por penilla". Sobre todo, por penilla al PSOE y a IU. Quizá por ello el instinto de estos partidos les ha llevado a poner como candidatos en Madrid a un filósofo y a un poeta, respectivamente: maestros en el arte de llorar que solo podrían ser batidos por un cantautor. Pero en Andalucía no tenemos ni eso. Mi sensación como votante es que solo tengo para meter en el sobre rodajas de mortadela. (He de decir, porque no voy a votarlo, que el menos mortadelesco de todos me parece Maíllo, el de IU).
El panorama mortecino regional hace que mucho voto se conciba con ambición nacional. Los meses y meses que llevamos de zarandeo político al fin se encuentran con unas urnas, y resulta que son las de los andaluces. Vamos a ser los primeros en hincarle el diente a lo que nos han dejado los partidos.
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5.3.15
Ejercicio de admiración
Manifestar admiración por Iñaki Uriarte es algo que no combina, por enfático, con el tono de sus Diarios: tan elegante es la distancia que ha sabido proponer en ellos. Pero uno, después de todo, no es Uriarte, sino un aprendiz de Uriarte, por lo que puede permitirse (aún) esta enfática inelegancia de proclamar su admiración; y de paso, empujar al lector a que lo lea. Me refiero, naturalmente, al lector que aún no conoce a Uriarte: pero el que lo conoce no está leyendo esta columna, sino sus Diarios, cuyo tercer tomo acaba de salir ahora (como los anteriores, en la editorial Pepitas de Calabaza).
Lo recomiendo desde una columna de actualidad porque de tarde en tarde hay que sacar la pierna de su bocado rabioso. Contra la rabiosa actualidad, en efecto, nada como estas páginas en que uno gana perspectiva y puede ganarse, por tanto, a sí mismo. En una de las entradas, un amigo le dice a Uriarte, tras haber estado charlando con él: "Qué paz, me voy como recién duchado". Y comenta Uriarte: "Si de alguna cosa pudiera preciarme en esta vida es de esos momentos en que he tenido y podido contagiar un poco de calma a mi alrededor. A diferencia de aquel que quería ser dinamita, a mí me parece bien cumplir la función de valium".
En los Diarios, con todo, asoma la actualidad. Abarcan el periodo de 2008 a 2010 y ahí están la crisis económica, Obama, el alto el fuego de ETA o el medio ambiente nacionalista (del que Uriarte anda desligado). Hay también algunos vistazos a la historia: Mayo del 68, la cárcel en el franquismo, los GAL (con una inquietante aparición de Amedo), o la emigración y el exilio vasco en Nueva York, de donde él procede. Como dice la escueta nota biográfica: "nació en Nueva York (1946), es de San Sebastián y vive en Bilbao". Pero sobre todo está la vida –en lo bueno, en lo malo y en lo regular–, filtrada por una percepción educada en Montaigne; y están las lecturas.
Quizá la clave de su arte ("el arte de Uriarte", como dice mi amigo Josepepe) esté en que es más un lector que un escritor. Esto no le supone escribir peor, porque de hecho escribe mejor, sino librarse de los vicios (y las brasas) de los escritores. Como dice en otra entrada: "Esos que escriben como si en la literatura se tratara de escribir y no de leer". El resultado es que estos Diarios son un regalo para el lector. Desde que empezaron a publicarse en 2010 (el lector Uriarte se convirtió en el autor Uriarte con sesenta y tres añitos), se hicieron con lectores agradecidos por pasárselo tan bien leyendo.
El gato de Uriarte se llama Borges. Y al otro Borges, que aparece con frecuencia en los Diarios (casi tanto como el gato y como Montaigne), le dedicó Cioran unas líneas en sus Ejercicios de admiración que yo le aplicaría a Uriarte: "podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitara a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado".
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Lo recomiendo desde una columna de actualidad porque de tarde en tarde hay que sacar la pierna de su bocado rabioso. Contra la rabiosa actualidad, en efecto, nada como estas páginas en que uno gana perspectiva y puede ganarse, por tanto, a sí mismo. En una de las entradas, un amigo le dice a Uriarte, tras haber estado charlando con él: "Qué paz, me voy como recién duchado". Y comenta Uriarte: "Si de alguna cosa pudiera preciarme en esta vida es de esos momentos en que he tenido y podido contagiar un poco de calma a mi alrededor. A diferencia de aquel que quería ser dinamita, a mí me parece bien cumplir la función de valium".
En los Diarios, con todo, asoma la actualidad. Abarcan el periodo de 2008 a 2010 y ahí están la crisis económica, Obama, el alto el fuego de ETA o el medio ambiente nacionalista (del que Uriarte anda desligado). Hay también algunos vistazos a la historia: Mayo del 68, la cárcel en el franquismo, los GAL (con una inquietante aparición de Amedo), o la emigración y el exilio vasco en Nueva York, de donde él procede. Como dice la escueta nota biográfica: "nació en Nueva York (1946), es de San Sebastián y vive en Bilbao". Pero sobre todo está la vida –en lo bueno, en lo malo y en lo regular–, filtrada por una percepción educada en Montaigne; y están las lecturas.
Quizá la clave de su arte ("el arte de Uriarte", como dice mi amigo Josepepe) esté en que es más un lector que un escritor. Esto no le supone escribir peor, porque de hecho escribe mejor, sino librarse de los vicios (y las brasas) de los escritores. Como dice en otra entrada: "Esos que escriben como si en la literatura se tratara de escribir y no de leer". El resultado es que estos Diarios son un regalo para el lector. Desde que empezaron a publicarse en 2010 (el lector Uriarte se convirtió en el autor Uriarte con sesenta y tres añitos), se hicieron con lectores agradecidos por pasárselo tan bien leyendo.
El gato de Uriarte se llama Borges. Y al otro Borges, que aparece con frecuencia en los Diarios (casi tanto como el gato y como Montaigne), le dedicó Cioran unas líneas en sus Ejercicios de admiración que yo le aplicaría a Uriarte: "podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitara a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado".
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