La libertad va con la responsabilidad. El sujeto libre es el sujeto responsable: el que se hace cargo de lo que ha hecho, y también de lo que le ha pasado. Porque el sujeto responsable no es omnipotente: le pasan también cosas que no ha decidido. Ya que estamos con los griegos, en la tragedia se escenificaba precisamente esa herida; y la parte contraria sí era omnipotente: el destino.
Los grandes trágicos eran artistas para adultos: les enseñaban que hay problemas irresolubles. Instalaban a los espectadores en esa tensión, que solía acabar mal. La tragedia del escenario era la tragedia de la libertad de cada uno. Hasta que con Eurípides, según señalaba Nietzsche, llegó el pasteleo: los problemas empezaron a tener solución. Esta solución no procedía de la lógica interna de la trama (que era, como digo, irresoluble), sino de fuera: aparecía un dios que lo arreglaba todo. El famoso deus ex machina (el dios desde la máquina, de la tramoya), que ahora vienen a representar Alexis Tsipras en Grecia y Pablo Iglesias en España.
Zyriza y Podemos son, pues, partidos antitrágicos. Es decir, partidos que postulan (y venden) un final feliz. Al fin y al cabo, la historia que postula su profeta Carlos Marx tiene un final made in Hollywood. Al igual que Hollywood, Tsipras e Iglesias son especialistas en halagar al público. Su halago consiste, básicamente, en eximirle de toda responsabilidad. El pueblo no ha tenido ninguna responsabilidad en el estado de su país: toda la responsabilidad es de sus políticos, y en los últimos años también de Alemania y de la troika.
He aquí el populismo perfecto. Escenificado especialmente en el caso español con esa acuñación de "la casta", que funciona como una aspiradora moral: a ella va a parar la responsabilidad de todos los males, dejando al pueblo limpio, sin una pelusilla. Y el pueblo, como buen espectador de Hollywood que es, lo ha comprado: basta con sustituciones en el poder y con actos de decisión para que la realidad (moldeable como en Hollywood) no ofrezca ya problema.
Pero la realidad suele ser más pedregosa y resistente, no tan fácil de moldear, ni moldeable por completo. Y la historia, a diferencia del cine y del teatro, no se para. No hay un telón ni un The End, sino que la trama sigue. El momento de la (falsa) solución terminará desembocando en el nuevo problema, o en el problema antiguo agravado. Y al pueblo no se le ahorrará verlo ni sufrirlo en sus carnes; y si lo ha hecho excesivamente mal, tampoco se les ahorrará a sus hijos.
[Publicado en Zoom News]
27.1.15
20.1.15
Floriano, cortometrajista
Para ilustrar lo abajo que estaba un guionista en Hollywood, Billy Wilder contaba esto que oyó una vez sobre un rodaje: "Fíjate si estaba salida la script, que se acostó hasta con el guionista". Pero los que hemos estado en el guionismo de cine y televisión, aun en su modalidad más bajuna, como es la del cine malo y la televisión mala, siempre hemos tenido a alguien más abajo aún: los cortometrajistas. Eran prácticamente nuestro único balón de oxígeno: aquellos a los que podíamos despreciar con la convicción de que eran peores. Luego algunos triunfaban, pasaban a hacer largos y demostraban ser mejores. Pero esta, como se decía en Irma la Dulce, es otra historia.
Los cortometrajistas son muy pesados, los pobres (no les queda otra), pero lo que me agobiaba de ellos era el abismo que mediaba entre su talento y su ilusión. Era una ilusión descomunal y una falta de talento igualmente descomunal (esto último, en el 95% de los casos; como también pasa, por otra parte, en los escritores y hasta en los columnistas). Ahora a Carlos Floriano le han encomendado una misión con presupuesto, la de la campaña del PP en las autonómicas y municipales de mayo, y lo primero que ha hecho ha sido rodar unos cortos. De pronto me he dado cuenta de que siempre había tenido un algo de cortometrajista: de esos que se han hecho su curso en Nueva York, aunque con look aseado.
Los cinéfilos con estas cosas lo que nos hacemos es una jam session, y eso he hecho yo con la producción completa, hasta esta hora, de Floriano: siete cortometrajes que configuran un mundo, el Macondo personal de Floriano. Los simples títulos ya nos dejan un aroma: Aún queda mucho por hacer, Cercanía, Un paso más, Aciertos y desaciertos, Voluntad de mejora, Detrás de los datos. Suena a algo entre Ingmar Bergman y Leni Riefensthal; el voluntarismo de esta, eso sí, endulzado con un tono (¡socialdemócrata!) de autoayuda.
Esto último explica por qué este universo fílmico resultaría hospitalario para Zapatero. Nos lo imaginamos perfectamente llegando a esa estancia inundada de luz, sin suciedad, humo ni vicios, que quizá se ha utilizado luego para hacer un anuncio de Danone, cogiendo una manzana y sentándose entre Rajoy, Cospedal, Arenas, Pons y el propio Floriano, que, como Woody Allen, sale en sus películas. También él, cómo no, dice mordisqueando la manzana, tiene ideas para mejorar el país. Y los demás lo escuchan porque ese es el estilo de la película, el de escuchar y ser guays. El de ser todos, en realidad, Zapatero. De hecho, es a Zapatero al que interpreta Floriano cuando dice lo de que "a lo mejor nos ha faltado piel y sensibilidad".
El resultado es un maravilloso ciclo sobre la impostura del poder. Quizá Torres-Dulce esté de acuerdo si algún día vuelve la tertulia de Garci y lo ponen. Malos actores interpretando un papel que no se creen, e interpretándolo mal, en una cápsula que no tiene nada que ver con lo que hay ahí fuera: la realidad, la vida. Floriano logra traducir admirablemente a lenguaje cinematográfico el carácter mediocre y hueco del político español, encarnado en este caso en los de la cúpula del PP, a los que quizá no les vendrían mal unas clases de Cristina Rota (aún a riesgo de salir todos luego con la pegatina del "No a la guerra").
En cuanto al presidente Rajoy, enlaza con esa tradición actoral española de intérpretes carraspeantes y titubeantes, incapaces de emitir un golpe de voz firme. Este tono tiene su gracia cuando se trata de presentar a un personaje atribulado, tipo Pepe Sacristán en Cara de acelga; pero exhibirse así estando al timón del barco resulta raro. En el cine todo se puede arreglar, sea repitiendo las secuencias o después en montaje, y si Floriano no lo ha arreglado es porque es eso lo que quería transmitir. Dice Josep Pla en El cuaderno gris que para sus padres debió de ser duro ver que tenían un hijo "en forma de nebulosa". Floriano nos cuenta que los españoles tenemos un presidente exactamente así.
Tampoco se ha arreglado en montaje el error más importante de todos, el que desbarata a Rajoy y consagra a Floriano como cineasta malvadísimo: el uso de Rajoy de "deber de" en vez de "deber". Si eso estaba en el guión, es para Goya. Dice Rajoy: "Lo que te da equilibrio y lo que te da fuerza es hacer aquello que crees que debes de hacer". Me recuerda a lo que unos amigos me dijeron un domingo, eufóricos de su sábado: "Anoche estuvimos a punto de empezar a ligar". La emisión de Rajoy, ya de por sí desequilibrada y débil, y por lo tanto con una forma que refuta el contenido, se rompe del todo al final con ese "de" de plastilina. En El País sí se lo han arreglado en montaje, y en el titular lo han puesto bien: "lo que crees que debes hacer".
No es para menos. Es algo sabido de sobra (menos por Rajoy y los que son como él), pero Manuel Seco lo explica con dos palabras en su Diccionario de dudas (Espasa, 2001): deber + infinitivo significa obligación; deber de + infinitivo significa suposición. Así que el sentido del deber de don Mariano es, de momento, dicho por él mismo y no corregido por Floriano, lo segundo.
[Publicado en Zoom News]
Los cortometrajistas son muy pesados, los pobres (no les queda otra), pero lo que me agobiaba de ellos era el abismo que mediaba entre su talento y su ilusión. Era una ilusión descomunal y una falta de talento igualmente descomunal (esto último, en el 95% de los casos; como también pasa, por otra parte, en los escritores y hasta en los columnistas). Ahora a Carlos Floriano le han encomendado una misión con presupuesto, la de la campaña del PP en las autonómicas y municipales de mayo, y lo primero que ha hecho ha sido rodar unos cortos. De pronto me he dado cuenta de que siempre había tenido un algo de cortometrajista: de esos que se han hecho su curso en Nueva York, aunque con look aseado.
Los cinéfilos con estas cosas lo que nos hacemos es una jam session, y eso he hecho yo con la producción completa, hasta esta hora, de Floriano: siete cortometrajes que configuran un mundo, el Macondo personal de Floriano. Los simples títulos ya nos dejan un aroma: Aún queda mucho por hacer, Cercanía, Un paso más, Aciertos y desaciertos, Voluntad de mejora, Detrás de los datos. Suena a algo entre Ingmar Bergman y Leni Riefensthal; el voluntarismo de esta, eso sí, endulzado con un tono (¡socialdemócrata!) de autoayuda.
Esto último explica por qué este universo fílmico resultaría hospitalario para Zapatero. Nos lo imaginamos perfectamente llegando a esa estancia inundada de luz, sin suciedad, humo ni vicios, que quizá se ha utilizado luego para hacer un anuncio de Danone, cogiendo una manzana y sentándose entre Rajoy, Cospedal, Arenas, Pons y el propio Floriano, que, como Woody Allen, sale en sus películas. También él, cómo no, dice mordisqueando la manzana, tiene ideas para mejorar el país. Y los demás lo escuchan porque ese es el estilo de la película, el de escuchar y ser guays. El de ser todos, en realidad, Zapatero. De hecho, es a Zapatero al que interpreta Floriano cuando dice lo de que "a lo mejor nos ha faltado piel y sensibilidad".
El resultado es un maravilloso ciclo sobre la impostura del poder. Quizá Torres-Dulce esté de acuerdo si algún día vuelve la tertulia de Garci y lo ponen. Malos actores interpretando un papel que no se creen, e interpretándolo mal, en una cápsula que no tiene nada que ver con lo que hay ahí fuera: la realidad, la vida. Floriano logra traducir admirablemente a lenguaje cinematográfico el carácter mediocre y hueco del político español, encarnado en este caso en los de la cúpula del PP, a los que quizá no les vendrían mal unas clases de Cristina Rota (aún a riesgo de salir todos luego con la pegatina del "No a la guerra").
En cuanto al presidente Rajoy, enlaza con esa tradición actoral española de intérpretes carraspeantes y titubeantes, incapaces de emitir un golpe de voz firme. Este tono tiene su gracia cuando se trata de presentar a un personaje atribulado, tipo Pepe Sacristán en Cara de acelga; pero exhibirse así estando al timón del barco resulta raro. En el cine todo se puede arreglar, sea repitiendo las secuencias o después en montaje, y si Floriano no lo ha arreglado es porque es eso lo que quería transmitir. Dice Josep Pla en El cuaderno gris que para sus padres debió de ser duro ver que tenían un hijo "en forma de nebulosa". Floriano nos cuenta que los españoles tenemos un presidente exactamente así.
Tampoco se ha arreglado en montaje el error más importante de todos, el que desbarata a Rajoy y consagra a Floriano como cineasta malvadísimo: el uso de Rajoy de "deber de" en vez de "deber". Si eso estaba en el guión, es para Goya. Dice Rajoy: "Lo que te da equilibrio y lo que te da fuerza es hacer aquello que crees que debes de hacer". Me recuerda a lo que unos amigos me dijeron un domingo, eufóricos de su sábado: "Anoche estuvimos a punto de empezar a ligar". La emisión de Rajoy, ya de por sí desequilibrada y débil, y por lo tanto con una forma que refuta el contenido, se rompe del todo al final con ese "de" de plastilina. En El País sí se lo han arreglado en montaje, y en el titular lo han puesto bien: "lo que crees que debes hacer".
No es para menos. Es algo sabido de sobra (menos por Rajoy y los que son como él), pero Manuel Seco lo explica con dos palabras en su Diccionario de dudas (Espasa, 2001): deber + infinitivo significa obligación; deber de + infinitivo significa suposición. Así que el sentido del deber de don Mariano es, de momento, dicho por él mismo y no corregido por Floriano, lo segundo.
[Publicado en Zoom News]
6.1.15
Deseos humanos
El invento este español del día de Reyes tiene como único propósito acabar con los propósitos. Con los de año nuevo, naturalmente, que son los que uno se formula con mayor empuje. Como si fuera nuevo. El sabotaje de estos primeros días tontos hace que lleguemos al 6 de enero con el 2015 ya desperdiciado. Se acabó la Navidad y se acabó todo. Desde mañana, otro año viejo.
De niños no nos hacíamos propósitos: simplemente esperábamos los regalos. De adultos la cosa se complica. Georges Brassens dice en una de sus canciones más bonitas que la primera novia es "el último regalo de papa Noel". En efecto, con el amor (y el sexo) se abandona la infancia y los otros regalos pasan a un segundo plano: el que más deseamos es ese, con sus venenos. Me acuerdo del epitafio de un artista que hay en el cementerio inglés de Málaga: "El arte y las mujeres le hicieron la vida más hermosa, pero también más difícil".
En estos días de espera (desilusionada ya) de los Reyes Magos, me entregó un papelito un africano, que podría ser Baltasar vestido de calle. Era uno de esos anuncios de brujo, cuyas prestaciones se enumeraban. Lo cogí solo por cortesía (por hacerle ese regalo al hombre), e iba a tirarlo a la papelera unos pasos más allá cuando me di cuenta de que en que en él se resumían los deseos humanos esenciales. (Los deseos del humano adulto, claro está, porque el niño lo que quiere son sus juguetes). Así que me lo guardé. Lo tengo ahora delante.

"No hay problema sin solución", reza el encabezamiento. Y a continuación el maestro Amadou, "gran vidente especialista en todo tipo de problemas y dificultades", enumera esos problemas, en tres bloques: "Problemas matrimoniales - sentimentales"; "Suerte en los negocios, en el trabajo y exámenes..."; y "Protección de vida de familiares". El amor, el dinero y los seres queridos. El más pormenorizado es el primero. La parte del león de la felicidad, como quien dice. Para quien ya goza de ella, resulta conmovedor lo de "amarres": siempre está el miedo de que se pueda perder. Y si además de amor se tiene financiación (cosa que ofrece el segundo bloque), la cosa va que chuta. Al final se asegura que el "profesor" Amadou (ha pasado de maestro a profesor en once líneas) "arregla casos muy desesperados con rapidez y resultados positivos y garantizados".
Me imagino a esos desesperados acudiendo al brujo, y el alivio que sentirán solo por pensar, durante la consulta al menos, que lo suyo puede arreglarse. Pero hay que bregar con lo que no tiene arreglo. El psicoanalista André Green dice que la salud mental está en lo que él llama "posición depresiva": no prescindir de la conciencia de lo que va mal, pero sin paralizarse por ello. Tenerlo como un trasfondo de (ligera) melancolía permanente.
Me he acordado del mejor párrafo de las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que no se engañaba sobre lo que no puede ser, aunque lo reincorporaba al encanto acre de la vida: "Cuando hayamos aliviado lo mejor posible las servidumbres inútiles y evitado las desgracias innecesarias, siempre tendremos, para mantener tensas las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos, la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no correspondido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros sueños: todas las desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas".
Hay, pues, en contra de lo que promete el maestro o profesor Amadou, problemas sin solución. Aunque se le podría dar la vuelta, de un modo más profundo, casi zen, como hizo Duchamp: "No hay solución, porque no hay problema". No se trataría de frivolidad, sino de seriedad despreocupada. Para que el adulto vuelva al niño, según Nietzsche: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar".
[Publicado en Jot Down]
De niños no nos hacíamos propósitos: simplemente esperábamos los regalos. De adultos la cosa se complica. Georges Brassens dice en una de sus canciones más bonitas que la primera novia es "el último regalo de papa Noel". En efecto, con el amor (y el sexo) se abandona la infancia y los otros regalos pasan a un segundo plano: el que más deseamos es ese, con sus venenos. Me acuerdo del epitafio de un artista que hay en el cementerio inglés de Málaga: "El arte y las mujeres le hicieron la vida más hermosa, pero también más difícil".
En estos días de espera (desilusionada ya) de los Reyes Magos, me entregó un papelito un africano, que podría ser Baltasar vestido de calle. Era uno de esos anuncios de brujo, cuyas prestaciones se enumeraban. Lo cogí solo por cortesía (por hacerle ese regalo al hombre), e iba a tirarlo a la papelera unos pasos más allá cuando me di cuenta de que en que en él se resumían los deseos humanos esenciales. (Los deseos del humano adulto, claro está, porque el niño lo que quiere son sus juguetes). Así que me lo guardé. Lo tengo ahora delante.

"No hay problema sin solución", reza el encabezamiento. Y a continuación el maestro Amadou, "gran vidente especialista en todo tipo de problemas y dificultades", enumera esos problemas, en tres bloques: "Problemas matrimoniales - sentimentales"; "Suerte en los negocios, en el trabajo y exámenes..."; y "Protección de vida de familiares". El amor, el dinero y los seres queridos. El más pormenorizado es el primero. La parte del león de la felicidad, como quien dice. Para quien ya goza de ella, resulta conmovedor lo de "amarres": siempre está el miedo de que se pueda perder. Y si además de amor se tiene financiación (cosa que ofrece el segundo bloque), la cosa va que chuta. Al final se asegura que el "profesor" Amadou (ha pasado de maestro a profesor en once líneas) "arregla casos muy desesperados con rapidez y resultados positivos y garantizados".
Me imagino a esos desesperados acudiendo al brujo, y el alivio que sentirán solo por pensar, durante la consulta al menos, que lo suyo puede arreglarse. Pero hay que bregar con lo que no tiene arreglo. El psicoanalista André Green dice que la salud mental está en lo que él llama "posición depresiva": no prescindir de la conciencia de lo que va mal, pero sin paralizarse por ello. Tenerlo como un trasfondo de (ligera) melancolía permanente.
Me he acordado del mejor párrafo de las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que no se engañaba sobre lo que no puede ser, aunque lo reincorporaba al encanto acre de la vida: "Cuando hayamos aliviado lo mejor posible las servidumbres inútiles y evitado las desgracias innecesarias, siempre tendremos, para mantener tensas las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos, la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no correspondido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros sueños: todas las desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas".
Hay, pues, en contra de lo que promete el maestro o profesor Amadou, problemas sin solución. Aunque se le podría dar la vuelta, de un modo más profundo, casi zen, como hizo Duchamp: "No hay solución, porque no hay problema". No se trataría de frivolidad, sino de seriedad despreocupada. Para que el adulto vuelva al niño, según Nietzsche: "Madurez del adulto: significa haber reencontrado la seriedad que teníamos de niños al jugar".
[Publicado en Jot Down]
5.1.15
Depresión regional
Lo de las uvas de Canal Sur es una frivolidad, naturalmente. Que todos los problemas fueran así. Pero constituye un síntoma tan nítido, y tan grande, que me ha producido una depresión: una depresión de carácter, digamos, regional. Andalucía es esto. Es más cosas, algunas buenas; pero también esto.
"Sarna con gusto no pica", dijo un amigo para referirse a los que habían optado por seguir las campanadas por Canal Sur. Y la verdad es que, ya puestos en esa situación, el que las uvas salieran logradas o fracasadas era lo de menos. Los vídeos que han circulado de familias pasmadas ante la tele ofrece una muestra sociológica de quiénes ven la cadena: esta, de algún modo, ha seleccionado a ese espectador pasivo que lo ha confiado todo a ella y no sabe cómo reaccionar. La acción del mando a distancia parecía descartada de antemano. Eran salas de estar de la estolidez.
Después se lo tomaban, benditamente, con humor. Incluso en los despotriques escatológicos había humor. Eso está bien. Tiene un fondo sabio. Pero los que ya estábamos inritados no hemos podido dejar de apreciar cómo ese humor, o esa guasa, es también nuestra condena. Con menos tonterías nos iría mejor. Por supuesto, también la cadena se ha sumado a las risas, con un vídeo de "excusas simpáticas". En él hay otro elemento interesante: los desenfadados presentadores remiten al 28-F, en que habrá una gran sorpresa. El 28-F como escudo de protección: un invento precisamente diseñado para estas ocasiones.
Las críticas a Canal Sur nunca pueden ser del todo a Canal Sur: porque su identificación es máxima con buena parte del pueblo. Se trata de una cadena con muchos cómplices entre los andaluces, que rebotan en ella autosatisfechos como pelotas de frontón. No me atrevería yo a quitarla, y dejar a esos espectadores sin su espejo. Pero la cadena, en vez de refocilarse, quizá podría hacer por elevarse un poco. Y, sobre todo, se podría intentar romper ese círculo desde abajo: desde la educación. Vano empeño en vista de los resultados. Mantener al pueblo en el atraso siempre les ha rentado a los señoritos: a los de antes y a los de ahora.
[Publicado en Zoom News]
"Sarna con gusto no pica", dijo un amigo para referirse a los que habían optado por seguir las campanadas por Canal Sur. Y la verdad es que, ya puestos en esa situación, el que las uvas salieran logradas o fracasadas era lo de menos. Los vídeos que han circulado de familias pasmadas ante la tele ofrece una muestra sociológica de quiénes ven la cadena: esta, de algún modo, ha seleccionado a ese espectador pasivo que lo ha confiado todo a ella y no sabe cómo reaccionar. La acción del mando a distancia parecía descartada de antemano. Eran salas de estar de la estolidez.
Después se lo tomaban, benditamente, con humor. Incluso en los despotriques escatológicos había humor. Eso está bien. Tiene un fondo sabio. Pero los que ya estábamos inritados no hemos podido dejar de apreciar cómo ese humor, o esa guasa, es también nuestra condena. Con menos tonterías nos iría mejor. Por supuesto, también la cadena se ha sumado a las risas, con un vídeo de "excusas simpáticas". En él hay otro elemento interesante: los desenfadados presentadores remiten al 28-F, en que habrá una gran sorpresa. El 28-F como escudo de protección: un invento precisamente diseñado para estas ocasiones.
Las críticas a Canal Sur nunca pueden ser del todo a Canal Sur: porque su identificación es máxima con buena parte del pueblo. Se trata de una cadena con muchos cómplices entre los andaluces, que rebotan en ella autosatisfechos como pelotas de frontón. No me atrevería yo a quitarla, y dejar a esos espectadores sin su espejo. Pero la cadena, en vez de refocilarse, quizá podría hacer por elevarse un poco. Y, sobre todo, se podría intentar romper ese círculo desde abajo: desde la educación. Vano empeño en vista de los resultados. Mantener al pueblo en el atraso siempre les ha rentado a los señoritos: a los de antes y a los de ahora.
[Publicado en Zoom News]
24.12.14
Bajas del 14
Y ahora, para quienes hemos perdido a un ser querido este año, llegan las Fiestas. Para nosotros y para los demás, pero en especial para nosotros. La ausencia adquirirá un espesor de presencia, y desfilarán las Navidades que vivimos con él (hablo de mi padre). Pero del todo triste no se podrá estar, porque delante tendremos a los niños (mis sobrinos). Ellos se llevan la estela del abuelo en su alegría. Y es el mejor homenaje.
No hay que exagerar los duelos. Esos lutos de antes. Es bueno que salte alguna lágrima entre luces, al desgaire de una risa. No en un ambiente oscuro. El propio ser que nos dejó va como desprendiéndose del traje del último año, el de la enfermedad, y regresando a otro anterior, más alegre. Busca quedarse en el recuerdo con una estampa feliz. Para alentar la vida.
He estado muy sensible a las bajas del 2014, que por momentos parecían caer como en la Europa de hace cien años. Todos llevarán en su tumba, o en su biografía, la misma cifra como cierre. Hermanados ellos por un número, y quienen los echan de menos por eso, por su falta. Claudio Abbado, Álex Angulo, Pedro Aparicio, Lauren Bacall, Di Stéfano, Gabica, García Márquez, Adelaida García Morales, Ignacio García-Valiño, James Garner, Juan Gelman, Félix Grande, Charlie Haden, Iyengar, P. D. James, Manu Leguineche, Virna Lisi, Paco de Lucía, Lorin Maazel, Rafael Martínez-Simancas, Ana María Matute, Paul Mazursky, Gerard Mortier, Mike Nichols, Leopoldo María Panero, Pertegaz, Alain Resnais, Jair Rodrigues, Mickey Rooney, Pete Seeger, Mark Strand, Adolfo Suárez, Shirley Temple, Jaume Vallcorba, Eli Wallach, Robin Williams y Johnny Winter, por citar solo a unos cuantos. (También, un gran empresario, un gran banquero, una duquesa y una reina).
Pongo aparte al poeta José Emilio Pacheco, porque quiero despedirme con su mujer (me resisto a llamarla su viuda): dejar sus palabras como regalo. Hace poco encontré esta entrevista que le hicieron en el velatorio y me impresionó. Hay que tomarla como ejemplo. Feliz Navidad.
[Publicado en Zoom News]
No hay que exagerar los duelos. Esos lutos de antes. Es bueno que salte alguna lágrima entre luces, al desgaire de una risa. No en un ambiente oscuro. El propio ser que nos dejó va como desprendiéndose del traje del último año, el de la enfermedad, y regresando a otro anterior, más alegre. Busca quedarse en el recuerdo con una estampa feliz. Para alentar la vida.
He estado muy sensible a las bajas del 2014, que por momentos parecían caer como en la Europa de hace cien años. Todos llevarán en su tumba, o en su biografía, la misma cifra como cierre. Hermanados ellos por un número, y quienen los echan de menos por eso, por su falta. Claudio Abbado, Álex Angulo, Pedro Aparicio, Lauren Bacall, Di Stéfano, Gabica, García Márquez, Adelaida García Morales, Ignacio García-Valiño, James Garner, Juan Gelman, Félix Grande, Charlie Haden, Iyengar, P. D. James, Manu Leguineche, Virna Lisi, Paco de Lucía, Lorin Maazel, Rafael Martínez-Simancas, Ana María Matute, Paul Mazursky, Gerard Mortier, Mike Nichols, Leopoldo María Panero, Pertegaz, Alain Resnais, Jair Rodrigues, Mickey Rooney, Pete Seeger, Mark Strand, Adolfo Suárez, Shirley Temple, Jaume Vallcorba, Eli Wallach, Robin Williams y Johnny Winter, por citar solo a unos cuantos. (También, un gran empresario, un gran banquero, una duquesa y una reina).
Pongo aparte al poeta José Emilio Pacheco, porque quiero despedirme con su mujer (me resisto a llamarla su viuda): dejar sus palabras como regalo. Hace poco encontré esta entrevista que le hicieron en el velatorio y me impresionó. Hay que tomarla como ejemplo. Feliz Navidad.
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9.12.14
El elefante cuatribarrado
Algunos tenemos que ir tomándonos con deportividad nuestro gran error político: el haber hecho nuestra una idea demasiado pulcra del Estado de Derecho. Ya somos un estorbo. Estamos condenados a dar la nota, a molestar, a no estar conformes con nada. Nuestro discurso era modestito: defendíamos sin más complicaciones la legalidad democrática. Pero eso basta para que en esta España imposible pasemos por subversivos. Nuestra defensa del sistema nos ha convertido en piedrecitas que entorpecen el funcionamiento del sistema. El único beneficio es de carácter intelectual: comprendemos de primera mano por qué la Historia de España ha sido el desastre que ha sido. Al parecer no hay más cera que la que arde, y con estos mimbres etcétera etcétera. ¿Pesimismo? Constatación de lo que tenemos delante de las narices. En teoría todo está abierto. Pero la práctica viene siendo de una cerrazón asfixiante. Incluso un artículo tan animoso como el que destacados miembros de Libres e Iguales han publicado en El País, intentando deshacer la condena, es necesario aquí porque se siente que impera esa condena.
La foto del rey don Felipe VI junto a Artur Mas me dejó mal cuerpo el Día de la Constitución, que fue cuando apareció en El Mundo. Para mí Mas es una especie de Tejero catalanista, en tanto enemigo y agresor –como el golpista– de nuestro Estado democrático; es cierto que no quiere imponernos una dictadura, pero el que cuente con más apoyo para su delirio anticonstitucional lo convierte en un Tejero más grave. Desde esta visión, que el Jefe del Estado aparezca junto a él de un modo tan campechano (¡mal momento para recuperar ese gen!) me parece, como a Arcadi Espada, obsceno. Mucho más que la foto de don Juan Carlos con el elefante de Botsuana, que fue algo no ejemplar pero, en fin de cuentas, extrapolítico. Mi opinión tiene hilo directo con mi estómago. Y la foto me lo ha revuelto. Como si hubiese visto a don Felipe con otro elefante: el elefante cuatribarrado, más parecido al Elefante Blanco del 23-F que al de Botsuana.
Subiendo del estómago a la cabeza, entiendo los beneficios de la cordialidad. Y ahora que estoy con Escohotado, percibo lo de que de civilizatorio tiene el comercio, incluso en esas instancias. Pero es triste. Y deprimente. Los apaños que se hicieron para llegar a la Constitución fueron liberadores, puesto que se dirigían a la libertad y la racionalidad. Los apaños que puedan hacerse con el nacionalismo son siempre en la dirección opuesta. La melancolía que al final queda es que el sustrato de España es esa pulsión por el apaño en sí; o, si no sale, por la ruptura. Y que cuando el apaño ha conseguido algo beneficioso tampoco vale, porque lo que sigue vigente es la pulsión.
[Publicado en Zoom News]
2.12.14
Escohotado en la March (contra Marx)
Ya estamos en diciembre y desde que empezó el curso, en octubre, he querido dedicarle una columna a la Fundación Juan March, nuestra universidad abierta, libre y sin exámenes (ni títulos). Desde 2009 vengo escuchando las conferencias de su formidable archivo online, y me hubiese sacado ya varios doctorados mentales si mi memoria fuese más sólida. Esta resistencia mía a la erudición, sin embargo, tiene la ventaja de que puedo disfrutar varias veces la misma conferencia como si fuese la primera vez. Durante esa hora, al menos, sí estoy sabiendo bastante del tema que toque. Soy un poco como aquel personaje de Borges que se estaba leyendo la Enciclopedia Británica en orden alfabético y una tarde lo sabía todo de los druidas, de los drusos y de Dryden. Pero solo esa tarde.
Hace poco oí por la calle una conversación. Un hombre le decía a otro: "Te lo tienes que tomar con filosofía". No parecían hombres con estudios y me quedé pensando qué se entendía por "filosofía" en esa frase hecha. El equivalente sería perspectiva, distancia: "Te lo tienes que tomar con distancia". La Fundación Juan March, dirigida por Javier Gomá desde 2003, le aporta distancia (y elegancia) a nuestra vida peleona. Viene a ser algo así como la antitelevisión basura. Esta vida peleona, con su arrastre, es la que me ha impedido pararme un momento a hablar de la Fundación. Lo hago ahora, aprovechando que estuvo el jueves Antonio Escohotado, del que ya celebramos aquí el espectáculo de su libertad. Respondió a las preguntas del periodista Alfonso Armada, que cuando salió el segundo tomo de Los enemigos del comercio le hizo en Abc una entrevista espléndida de título no menos espléndido: "La utopía, además de una memez, es una inmoralidad". (La distancia y la elegancia que aporta también Escohotado no están reñidas con el boxeo).
La hora se pasa en un suspiro y con una sensación sostenida de gustazo. La gran defensa que hace Escohotado es la de la complejidad, y junto a ella la de la inteligencia, que es móvil, maleable, fluida y cambia al que la ejercita. Frente a ambas, contra ambas, está el simplismo, el esquematismo, que pretende reducir la realidad a recetas. Escohotado ve en el simplismo uno de los orígenes del marxismo (y del anarquismo), tanto por su incapacidad para concebir lo complejo como por sus divisiones maniqueas en términos de "bueno y malo", etc. Otro de los orígenes del marxismo es la rabia, el resentimiento: "el odio a la plenitud del otro". También el odio a la realidad física, que tiene "un pormenor infinito". Se despacha a gusto, maravillosamente, contra Marx y Engels, a los que llama, siguiendo a Bakunin, "un par de señoritos provincianos que lo que quieren es mandar". Marx, según Escohotado, tenía un ansia de matar mucho más intensa que Lenin y Stalin. Y recuerda algo que seguimos sin tener tan presente como debiéramos: que "la epopeya del comunismo" ha sido aún más criminal que la del nazismo.
La entrevista es jugosa, aunque yo esté ofreciendo frases secas: hay que escucharla. De entre los distintos temas de los que habla (con los mencionados, la plusvalía, la utopía, Podemos, "la casta", Caín, la muerte, Ortega, el dinero, Jesucristo, internet, Victor Hugo y Dickens, la universidad, las drogas...), quiero terminar con el de la vocación, que tiene algo de vigorosa autoayuda y así terminamos arriba. Según Escohotado, "la vocación es lo único que nos salva de la falta de paradero y de la avidez de novedades, es decir, de la banalidad". La vocación debe buscarla uno en sí mismo, y consiste en la elección de algo que ya está en uno pero "nada más que en germen, y tienes que cuidarlo, multiplicarlo, pulirlo y hacerte maestro. Porque lo único útil para el vecino es un maestro, un maestro en lo que fuere". ¿Y cómo se alcanza la maestría? "Con esfuerzo, con mérito, con amor propio".
Yo, por mi parte, voy a ver si retengo esta enseñanza todo el mes, para que me sirva de propósito de año nuevo. Aunque incluso en este crepúsculo del año escuchar a Escohotado tiene algo de auroral. Como los buenos pensadores, nos deja el terreno despejado.
* * *
PD. No puedo dejar de recomendar el primer acto de la Fundación Juan March en este curso, que nos trajo la distancia sanísima de los historiadores: el diálogo entre Santos Juliá y José Álvarez Junco. De ambos hay ciclos que también recomiendo: La formación de la identidad española, de Álvarez Junco; y Los orígenes intelectuales de la democracia en España, de Santos Juliá. Con ambos obtrendremos un poco de erudición sobre lo que somos: conviene saborearlo antes de que se nos olvide.
[Publicado en Zoom News]
Hace poco oí por la calle una conversación. Un hombre le decía a otro: "Te lo tienes que tomar con filosofía". No parecían hombres con estudios y me quedé pensando qué se entendía por "filosofía" en esa frase hecha. El equivalente sería perspectiva, distancia: "Te lo tienes que tomar con distancia". La Fundación Juan March, dirigida por Javier Gomá desde 2003, le aporta distancia (y elegancia) a nuestra vida peleona. Viene a ser algo así como la antitelevisión basura. Esta vida peleona, con su arrastre, es la que me ha impedido pararme un momento a hablar de la Fundación. Lo hago ahora, aprovechando que estuvo el jueves Antonio Escohotado, del que ya celebramos aquí el espectáculo de su libertad. Respondió a las preguntas del periodista Alfonso Armada, que cuando salió el segundo tomo de Los enemigos del comercio le hizo en Abc una entrevista espléndida de título no menos espléndido: "La utopía, además de una memez, es una inmoralidad". (La distancia y la elegancia que aporta también Escohotado no están reñidas con el boxeo).
La hora se pasa en un suspiro y con una sensación sostenida de gustazo. La gran defensa que hace Escohotado es la de la complejidad, y junto a ella la de la inteligencia, que es móvil, maleable, fluida y cambia al que la ejercita. Frente a ambas, contra ambas, está el simplismo, el esquematismo, que pretende reducir la realidad a recetas. Escohotado ve en el simplismo uno de los orígenes del marxismo (y del anarquismo), tanto por su incapacidad para concebir lo complejo como por sus divisiones maniqueas en términos de "bueno y malo", etc. Otro de los orígenes del marxismo es la rabia, el resentimiento: "el odio a la plenitud del otro". También el odio a la realidad física, que tiene "un pormenor infinito". Se despacha a gusto, maravillosamente, contra Marx y Engels, a los que llama, siguiendo a Bakunin, "un par de señoritos provincianos que lo que quieren es mandar". Marx, según Escohotado, tenía un ansia de matar mucho más intensa que Lenin y Stalin. Y recuerda algo que seguimos sin tener tan presente como debiéramos: que "la epopeya del comunismo" ha sido aún más criminal que la del nazismo.
La entrevista es jugosa, aunque yo esté ofreciendo frases secas: hay que escucharla. De entre los distintos temas de los que habla (con los mencionados, la plusvalía, la utopía, Podemos, "la casta", Caín, la muerte, Ortega, el dinero, Jesucristo, internet, Victor Hugo y Dickens, la universidad, las drogas...), quiero terminar con el de la vocación, que tiene algo de vigorosa autoayuda y así terminamos arriba. Según Escohotado, "la vocación es lo único que nos salva de la falta de paradero y de la avidez de novedades, es decir, de la banalidad". La vocación debe buscarla uno en sí mismo, y consiste en la elección de algo que ya está en uno pero "nada más que en germen, y tienes que cuidarlo, multiplicarlo, pulirlo y hacerte maestro. Porque lo único útil para el vecino es un maestro, un maestro en lo que fuere". ¿Y cómo se alcanza la maestría? "Con esfuerzo, con mérito, con amor propio".
Yo, por mi parte, voy a ver si retengo esta enseñanza todo el mes, para que me sirva de propósito de año nuevo. Aunque incluso en este crepúsculo del año escuchar a Escohotado tiene algo de auroral. Como los buenos pensadores, nos deja el terreno despejado.
* * *
PD. No puedo dejar de recomendar el primer acto de la Fundación Juan March en este curso, que nos trajo la distancia sanísima de los historiadores: el diálogo entre Santos Juliá y José Álvarez Junco. De ambos hay ciclos que también recomiendo: La formación de la identidad española, de Álvarez Junco; y Los orígenes intelectuales de la democracia en España, de Santos Juliá. Con ambos obtrendremos un poco de erudición sobre lo que somos: conviene saborearlo antes de que se nos olvide.
[Publicado en Zoom News]
26.11.14
Donde Málaga se fuga

Mi problema con Málaga es que, para que me guste, necesito vivir en Madrid. Vivir en Madrid y venir, incluso venir mucho; pero vivir en Madrid. Mi descubrimiento de Málaga se produjo, de hecho, en Madrid. Me fui con diecinueve años a estudiar, un octubre, y al volver en diciembre percibí el contraste, y me gustó. El mar, la luz, la ligereza de la atmósfera; incluso la suavidad de la gente y de las calles, el ritmo más descansado. Esa indolencia que, cuando se viene de una ciudad nerviosa, se percibe como sabiduría, como hedonismo. Pero que cuando se vive aquí es una trampa, un pegamoscas.
Mi ideal es estar en Málaga con el nervio y la electricidad de Madrid. Estar aquí, como máximo, hasta un minuto antes de ser atrapado por la dejadez. No a todos los malagueños les pasa, pero a mí sí. Yo estoy en conflicto. Como ahora, en que las circunstancias (ya largas) me obligan a permanecer aquí, amojamado. En la imposibilidad de salir, mis lugares preferidos son, pues, aquellos en que la propia Málaga se fuga: los paseos marítimos, los miradores. Los sitios que se abren al sol, el azul y la brisa. También internet y los libros (las librerías). La Costa (Torremolinos, Carvajal, Benalmádena) con música brasileña en el coche o los auriculares. El cine. Las terrazas, sobre todo la de los Baños del Carmen. Los museos, sobre todo el CAC.
El CAC es en Málaga, curiosamente, mi vínculo con Madrid (además de la estación de tren y la de autobuses; en avión voy poco). El arquitecto del CAC, el del antiguo Mercado de Mayoristas, Gutiérrez Soto, proyectó también una vivienda de Madrid que para mí fue importante. Entrar en el CAC es entonces como volver a aquella vivienda, ya que de la misma cabeza nacieron los dos espacios. Un juego que practico consciente de que es un juego; sin que por ello deje de ser sentimental.
Otro de mis lugares de peregrinación, para fugarme mentalmente, es el hotel Barracuda, de La Carihuela, donde el escritor Thomas Bernhard pasó unas semanas a finales de 1988, antes de volver a Austria para morir. Algunas tardes voy a mirar el último mar que miró Bernhard, y él, que estuvo peleado con su ciudad, Salzburgo, hace que yo me reconcilie con la mía. Lo que me salva es contemplarla como alguien que viene de fuera: la piel de luz que ve el turista. Sin lo demás.
[Publicado en El Mundo, edición Málaga]
25.11.14
Un gurú de Podemos
Podemos no es hoy el mayor problema que tenemos en España, pero sí es la mayor de las falsas soluciones. Por lo primero, es casi un abuso hablar tanto de Podemos, dejando de hablar de aquellos cuya irresponsabilidad ha sido el factor decisivo de su crecimiento. Por lo segundo, es imprescindible seguir hablando de Podemos, para advertir, para desempeñar el desagradable papel (que no mola nada) de aguafiestas. Los aguafiestas de Francia, donde la mayor de las falsas soluciones es el Frente Nacional de Marine Le Pen, pueden beneficiarse de la fama de progresistas. Los de España, pese a que consideramos Podemos una suerte de lepenismo de otro color, tendremos que cargar una vez más con la fama opuesta. Y aquí estamos.
El supuesto limbo del que surge Podemos no es tal. Están limpios (porque no han tenido ocasión de ensuciarse) en la política española, pero no en la universidad española, que es probablemente el ámbito más putrefacto de la putrefacta realidad española. Berta González de Vega lo ha contado en El Mundo a propósito de Íñigo Errejón. Aquí se lee también sobre el conocido vínculo de los líderes de Podemos con movimientos latinoamericanos como el chavismo. Los que se presentan como la solución para España, los que se venden como "sin pasado", ya tienen en su pasado el haber contribuido a la ruina (económica y moral) de otros países. Mi amiga Ana Nuño, hispanovenezolana, está asistiendo a la eclosión de Podemos con temor estereoscópico.
En la memorable entrevista de Ana Pastor en La Sexta, Pablo Iglesias eludió pronunciarse sobre la corrupción en Venezuela (m. 37). Y en El País hemos leído sobre Ricardo Forster, uno de los intelectuales orgánicos del kirchnerismo, o sea, de la corrupción actual en Argentina. Este hombre es "una de las voces en Sudamérica a quienes los dirigentes [...] de Podemos escuchan con mayor atención". Los pecados del gurú no se traducen automáticamente en pecados de sus adeptos; pero su elección ya es muy mal síntoma, y si se le tiene de guía es de presumir que en el camino se caiga en los mismos errores.
El cargo de Forster, inventado por el gobierno de Cristina Kirchner y aceptado por él, es inquietante: Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Los lanatistas nos enteramos por la parodia que se hizo en Periodismo Para Todos, que presentaba a Forster (o Bolster) como comisario político esperpéntico.
En cuanto a la corrupción, que es uno de los asuntos por los que aquí se va a votar a Podemos, la respuesta de Forster no puede ser más tibia: la tibieza propia de la casta (de allá). Como muestra, una entrevista radiofónica del día de su nombramiento. El tono es sereno, civilizado; sus reflexiones tienen interés, y pueden ser compartidas en sus generalidades. Pero en ellas van los posicionamientos del sectario, su utilización estratégica (partidista) del razonar. Habla del "proyecto de transformación que inició Néstor" (m. 3:45); y justo después reprueba a uno de los posibles sucesores de Kirchner llamándolo, con fórmula untuosa, uno de "esos aliados que se van desplegando a lo largo del tiempo y que en algún momento se muestran como incompatibles, o que no aceptan que el proyecto o el liderazgo marque el rumbo". Y defiende, o consiente, a individuos que en España solo podrían competir con Gil y Gil: el entonces vicepresidente Amado Boudou (m. 4:36); el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán (m. 6:00; véase sobre este personaje el reportaje de PPT, desde el m. 25:20); o Lázaro Báez, sobre cuyo dinero dijo Forster "qué carajo sé yo" cuando le preguntaron a propósito de la denuncia que hizo Jorge Lanata (ms. 7:40 y 8:57).
Forster, naturalmente, sí arremete contra Lanata. Critica que reduzca lo político a "lo cloacal" y a la "lógica de la corrupción", por el daño que supone "no solo para el kirchnerismo", sino para la democracia (ms. 9:09 y 11:10). O sea, la de Forster es la típica crítica desde el poder hacia el que lo denuncia; le preocupa no tanto la corrupción como el que esta se vea en el escaparate. Teme que poner énfasis en ella produzca un "vaciamiento" de la política, y que ese vacío vengan a ocuparlo quienes se presentan como "los grandes virtuosos de la patria" (m. 13:10). ¡Cielos, como entre nosotros sus pupilos!
[Publicado en Zoom News]
El supuesto limbo del que surge Podemos no es tal. Están limpios (porque no han tenido ocasión de ensuciarse) en la política española, pero no en la universidad española, que es probablemente el ámbito más putrefacto de la putrefacta realidad española. Berta González de Vega lo ha contado en El Mundo a propósito de Íñigo Errejón. Aquí se lee también sobre el conocido vínculo de los líderes de Podemos con movimientos latinoamericanos como el chavismo. Los que se presentan como la solución para España, los que se venden como "sin pasado", ya tienen en su pasado el haber contribuido a la ruina (económica y moral) de otros países. Mi amiga Ana Nuño, hispanovenezolana, está asistiendo a la eclosión de Podemos con temor estereoscópico.
En la memorable entrevista de Ana Pastor en La Sexta, Pablo Iglesias eludió pronunciarse sobre la corrupción en Venezuela (m. 37). Y en El País hemos leído sobre Ricardo Forster, uno de los intelectuales orgánicos del kirchnerismo, o sea, de la corrupción actual en Argentina. Este hombre es "una de las voces en Sudamérica a quienes los dirigentes [...] de Podemos escuchan con mayor atención". Los pecados del gurú no se traducen automáticamente en pecados de sus adeptos; pero su elección ya es muy mal síntoma, y si se le tiene de guía es de presumir que en el camino se caiga en los mismos errores.
El cargo de Forster, inventado por el gobierno de Cristina Kirchner y aceptado por él, es inquietante: Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Los lanatistas nos enteramos por la parodia que se hizo en Periodismo Para Todos, que presentaba a Forster (o Bolster) como comisario político esperpéntico.
En cuanto a la corrupción, que es uno de los asuntos por los que aquí se va a votar a Podemos, la respuesta de Forster no puede ser más tibia: la tibieza propia de la casta (de allá). Como muestra, una entrevista radiofónica del día de su nombramiento. El tono es sereno, civilizado; sus reflexiones tienen interés, y pueden ser compartidas en sus generalidades. Pero en ellas van los posicionamientos del sectario, su utilización estratégica (partidista) del razonar. Habla del "proyecto de transformación que inició Néstor" (m. 3:45); y justo después reprueba a uno de los posibles sucesores de Kirchner llamándolo, con fórmula untuosa, uno de "esos aliados que se van desplegando a lo largo del tiempo y que en algún momento se muestran como incompatibles, o que no aceptan que el proyecto o el liderazgo marque el rumbo". Y defiende, o consiente, a individuos que en España solo podrían competir con Gil y Gil: el entonces vicepresidente Amado Boudou (m. 4:36); el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán (m. 6:00; véase sobre este personaje el reportaje de PPT, desde el m. 25:20); o Lázaro Báez, sobre cuyo dinero dijo Forster "qué carajo sé yo" cuando le preguntaron a propósito de la denuncia que hizo Jorge Lanata (ms. 7:40 y 8:57).
Forster, naturalmente, sí arremete contra Lanata. Critica que reduzca lo político a "lo cloacal" y a la "lógica de la corrupción", por el daño que supone "no solo para el kirchnerismo", sino para la democracia (ms. 9:09 y 11:10). O sea, la de Forster es la típica crítica desde el poder hacia el que lo denuncia; le preocupa no tanto la corrupción como el que esta se vea en el escaparate. Teme que poner énfasis en ella produzca un "vaciamiento" de la política, y que ese vacío vengan a ocuparlo quienes se presentan como "los grandes virtuosos de la patria" (m. 13:10). ¡Cielos, como entre nosotros sus pupilos!
[Publicado en Zoom News]
18.11.14
Cría cuervos
El líder político de moda, Pablo Iglesias, será otro Cuervo ingenuo. Eso en el mejor de los casos. En el peor, se embalsamará en su ideología y nos terminará de hundir, dejando pasmados a los angelitos del "no podemos estar peor". Por lo primero, cantar junto a Javier Krahe "Cuervo ingenuo" ha sido indudablemente arrimarse al toro. A Iglesias no se le puede negar la valentía. Ni el maquiavelismo: su motor está en enlazar con la izquierda presuntamente incorrupta; considerando que la gran corrupción de la izquierda, su gran traición, fue el referéndum de la OTAN de 1986, en que el PSOE en el gobierno pidió el sí. Krahe compuso la canción para afearle a Felipe González la conducta.
Recuerdo aquellos tiempos, que fueron los de mi primer año en Madrid. Me pillaron en el lugar preciso: el colegio mayor San Juan Evangelista, el Johnny, donde Krahe estrenó su canción. Yo simpatizaba vagamente con el no, aunque no pensaba votar. Me interesaba la política, pero de un modo más bien intelectual; en la práctica era abstencionista, a medias por pereza y a medias por esteticismo. Defendía el Estado de Derecho, pero sentía por los partidos un desprecio entre ácrata y aristocratizante. También, a mi manera, pretendía sentirme puro.
De aquella campaña pesada, agria, turbulenta, recuerdo una hora apacible. Yo me había aficionado a escuchar Radio El País por las tardes, y una de ellas debatieron Fernando Savater y Juan Benet. El primero defendía el no y el segundo el sí. Y yo me daba cuenta de que estaba de acuerdo con ambos: de que lo que cada uno decía era razonable, y que lo que a mí me gustaba era justo ese estilo, el razonamiento. Porque fue un diálogo tranquilo, sin bronca. Desde la amistad. En el que incluso se percibía que tanto el uno como el otro podrían haberse deslizado hacia la posición contraria.
Las arengas de los que estaban en campaña fueron otra cosa. Me acuerdo, por ejemplo, de un mitin del entonces presidente de la Junta de Andalucía, Rodríguez de la Borbolla, exigiendo el sí como un señorito a sus jornaleros. La presión de todo el aparato del poder socialista fue tremenda. En la televisión pública (la única que había) se censuró "Cuervo ingenuo".
Pero en la otra parte también se cargaban las tintas. Al final de aquel concierto del Johnny en que Krahe estrenó la canción lo vi claro. Meses después, pasado el referéndum, Krahe daría allí otro en solitario; pero al que me refiero fue uno colectivo previo, organizado para pedir el no (en uno de los dos, no recuerdo en cuál, apareció Sabina para acompañarle en "Cuervo ingenuo"). Fueron interviniendo distintos cantautores, que además de cantar hacían sus proclamas. Se creó un ambiente entre festivo y agresivo: festivo dentro de aquella cápsula; agresivo hacia el exterior. La autosatisfacción era indudable. Al término, caliente con el clímax, uno de los cantautores (no recuerdo quién, me viene que era andaluz) agarró el micrófono y dijo: "¡El que vote sí es un hijoputa!".
Con el tiempo, he admirado el valor de Felipe González. Su jugada fue sucia, la presión abusiva, y el cantinfleo verbal con el "OTAN, de entrada NO" irritante. Pero actuó como un estadista: jugándosela en favor de lo que parecía más razonable para el país (con el apoyo, por una vez, de una nómina de intelectuales que hoy se nos hace rara). Y no he podido sino despreciar, con el tiempo, la autocomplacencia moral de quienes defienden una pureza política que hubiese resultado perjudicial y de la que al parecer no están excluidos los tiranos como Fidel Castro o Hugo Chávez ni nuestros reaccionarios nacionalistas.
La realidad es compleja, y la política, como nos ha recordado Rafael Latorre, consiste en "asumir contradicciones y transacciones morales". Con los años veremos si, en esa actuación conjunta de la sala Galileo, Krahe estaba criando a otro Cuervo contra el que cantar en el futuro, o a un compañero de viaje para siempre: uno de esos fantoches de la pureza tan del gusto de los cantautores, y de la afición en general.
[Publicado en Zoom News]
Recuerdo aquellos tiempos, que fueron los de mi primer año en Madrid. Me pillaron en el lugar preciso: el colegio mayor San Juan Evangelista, el Johnny, donde Krahe estrenó su canción. Yo simpatizaba vagamente con el no, aunque no pensaba votar. Me interesaba la política, pero de un modo más bien intelectual; en la práctica era abstencionista, a medias por pereza y a medias por esteticismo. Defendía el Estado de Derecho, pero sentía por los partidos un desprecio entre ácrata y aristocratizante. También, a mi manera, pretendía sentirme puro.
De aquella campaña pesada, agria, turbulenta, recuerdo una hora apacible. Yo me había aficionado a escuchar Radio El País por las tardes, y una de ellas debatieron Fernando Savater y Juan Benet. El primero defendía el no y el segundo el sí. Y yo me daba cuenta de que estaba de acuerdo con ambos: de que lo que cada uno decía era razonable, y que lo que a mí me gustaba era justo ese estilo, el razonamiento. Porque fue un diálogo tranquilo, sin bronca. Desde la amistad. En el que incluso se percibía que tanto el uno como el otro podrían haberse deslizado hacia la posición contraria.
Las arengas de los que estaban en campaña fueron otra cosa. Me acuerdo, por ejemplo, de un mitin del entonces presidente de la Junta de Andalucía, Rodríguez de la Borbolla, exigiendo el sí como un señorito a sus jornaleros. La presión de todo el aparato del poder socialista fue tremenda. En la televisión pública (la única que había) se censuró "Cuervo ingenuo".
Pero en la otra parte también se cargaban las tintas. Al final de aquel concierto del Johnny en que Krahe estrenó la canción lo vi claro. Meses después, pasado el referéndum, Krahe daría allí otro en solitario; pero al que me refiero fue uno colectivo previo, organizado para pedir el no (en uno de los dos, no recuerdo en cuál, apareció Sabina para acompañarle en "Cuervo ingenuo"). Fueron interviniendo distintos cantautores, que además de cantar hacían sus proclamas. Se creó un ambiente entre festivo y agresivo: festivo dentro de aquella cápsula; agresivo hacia el exterior. La autosatisfacción era indudable. Al término, caliente con el clímax, uno de los cantautores (no recuerdo quién, me viene que era andaluz) agarró el micrófono y dijo: "¡El que vote sí es un hijoputa!".
Con el tiempo, he admirado el valor de Felipe González. Su jugada fue sucia, la presión abusiva, y el cantinfleo verbal con el "OTAN, de entrada NO" irritante. Pero actuó como un estadista: jugándosela en favor de lo que parecía más razonable para el país (con el apoyo, por una vez, de una nómina de intelectuales que hoy se nos hace rara). Y no he podido sino despreciar, con el tiempo, la autocomplacencia moral de quienes defienden una pureza política que hubiese resultado perjudicial y de la que al parecer no están excluidos los tiranos como Fidel Castro o Hugo Chávez ni nuestros reaccionarios nacionalistas.
La realidad es compleja, y la política, como nos ha recordado Rafael Latorre, consiste en "asumir contradicciones y transacciones morales". Con los años veremos si, en esa actuación conjunta de la sala Galileo, Krahe estaba criando a otro Cuervo contra el que cantar en el futuro, o a un compañero de viaje para siempre: uno de esos fantoches de la pureza tan del gusto de los cantautores, y de la afición en general.
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11.11.14
La corrupción mayor
Estamos donde hemos estado siempre, más o menos: en la incapacidad para comprender lo que es el Estado. En buena parte por culpa de quienes gestionan el Estado: incapaces como nosotros, gusanos de la misma poza; que están donde no saben. Pero donde no hay Estado –como dijo alguien (¿Escohotado?)– lo que hay es mafia. El lobo de Hobbes, nuestro animal recurrente. (En Brasil, de las favelas dominadas por los narcotraficantes se dice que son "zonas a las que no ha llegado el Estado").
El amigo Caballero lo ha señalado a propósito de esta última moda en que han participado Jordi Savall y Colita: "Los autores que rechazan premios nacionales sólo demuestran no entender la diferencia entre Gobierno y Estado". Mentalmente, mira qué cosas, siguen en la época de los "cesantes" de Galdós, o en el franquismo. Como casi todos nosotros. (Y me vengo poniendo por cortesía, porque yo, naturalmente, no estoy ahí; como no lo está Caballero: nuestras amarguras nos cuesta –amarguras espolvoreadas de regocijo, tampoco lo vamos a negar).
Tener el olfato demasiado aguzado para estas cuestiones condena a un notable pesimismo, que hay que llevar con alegría para no hundirse. Se percibe la corrupción casi al nivel de un budista, de un padre de la Iglesia o de un Cioran: todos están podridos; también quienes van de supuestos limpios y salvadores.
Se ve nítidamente el hilo que une (con diferentes grados de gravedad) a Savall y Colita, los políticos que roban o enchufan, los electores que los votan sabiendo que son corruptos, los que malversan fondos públicos, los gobernantes que atacan a los tribunales que los condenan o no cumplen lo que estos dictan, los presidentes autonómicos que llevan acabo pseudoconsultas inconstitucionales y los presidentes del gobierno que hacen dejación de su deber; también quienes mandan cercar parlamentos y desprecian la única democracia larga que hemos tenido llamándola "el régimen del 78", que ha de ser revocado bolivarianamente.
La corrupción mayor es este remitirse a todo tipo de "voluntades" (al término de todas las cuales está, como un tótem, El triunfo de la Voluntad hitleriano) por encima de la instancia racionalizadora y común, que es la ley, el Estado. La corrupción mayor es este impresentable y generalizado cachondeo.
[Publicado en Zoom News]
El amigo Caballero lo ha señalado a propósito de esta última moda en que han participado Jordi Savall y Colita: "Los autores que rechazan premios nacionales sólo demuestran no entender la diferencia entre Gobierno y Estado". Mentalmente, mira qué cosas, siguen en la época de los "cesantes" de Galdós, o en el franquismo. Como casi todos nosotros. (Y me vengo poniendo por cortesía, porque yo, naturalmente, no estoy ahí; como no lo está Caballero: nuestras amarguras nos cuesta –amarguras espolvoreadas de regocijo, tampoco lo vamos a negar).
Tener el olfato demasiado aguzado para estas cuestiones condena a un notable pesimismo, que hay que llevar con alegría para no hundirse. Se percibe la corrupción casi al nivel de un budista, de un padre de la Iglesia o de un Cioran: todos están podridos; también quienes van de supuestos limpios y salvadores.
Se ve nítidamente el hilo que une (con diferentes grados de gravedad) a Savall y Colita, los políticos que roban o enchufan, los electores que los votan sabiendo que son corruptos, los que malversan fondos públicos, los gobernantes que atacan a los tribunales que los condenan o no cumplen lo que estos dictan, los presidentes autonómicos que llevan acabo pseudoconsultas inconstitucionales y los presidentes del gobierno que hacen dejación de su deber; también quienes mandan cercar parlamentos y desprecian la única democracia larga que hemos tenido llamándola "el régimen del 78", que ha de ser revocado bolivarianamente.
La corrupción mayor es este remitirse a todo tipo de "voluntades" (al término de todas las cuales está, como un tótem, El triunfo de la Voluntad hitleriano) por encima de la instancia racionalizadora y común, que es la ley, el Estado. La corrupción mayor es este impresentable y generalizado cachondeo.
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4.11.14
La indignación de Bosé
La imagen de Javier Marías comiéndose un filete empanado. Me la indica Álvaro Quintana en el artículo de Pérez-Reverte, como esas puñaladas mortales (o a lo mejor solo es broma) que se dan entre sí los escritores amigos. Nuestro autor más prestigioso alimentándose de escalope. A mí también me gusta el escalope, pero mi prestigio es nulo. La estampa sobrevuela ya toda la prensa del domingo, como en A la sombra de las muchachas rojas, de Umbral, odiador de Marías pero que nunca dijo nada tan cruel contra él, sobrevolaba Madrid el coche de Carrero Blanco.
Es un paisaje de devastación que a mí, mientras Marías se come su filete, me deja extrañamente el ánimo calmado. Depende de la mañana, sin duda. Por la tarde quizá esté otra vez hasta las narices. Hay que irse administrando. No se puede ser indignado sin interrupción. Prolifera la discordia. Guerra entre El País y Libertad Digital. Guerra entre el exdirector y el director de El Mundo. Guerra (sin tanques) entre antinacionalistas y nacionalistas. Guerra contra la corrupción; o la guerra de la corrupción. Todos golpearon el árbol y Podemos recoge las nueces.
Bajo el filete empanado de Javier Marías, la empanada de las encuestas: votará masivamente a Podemos el mismo electorado que durante décadas ha seguido votando, sin castigo, a los corruptos; el mismo del prime time televisivo, que prima la basura. Hay españoles que lo saben todo de Pablo Iglesias y de Alberto Isla. El programa La Tuerka es el Gran Hermano ideológico: ideas encerradas en una pecera. La del PCE realmente existente. Contra Izquierda Unida, y contra el PCE.
Dije que Podemos huele a viejo, pero no por ello los demás huelen a nuevo. En los demás se ha hecho más visible que nunca su momificación. La ventaja de Podemos no es en términos de novedad, sino en términos de vitalidad. Rajoy, Soraya, Cospedal, Pedro Sánchez, Susana Díaz, Cayo Lara son, como escribió Ricardo Reis, "bultos solemnes, de repente antiguos". Y también "cadáveres aplazados". Tenían el sistema y lo tenían fácil. Pero arruinaron el negocio por avaricia. Mataron la gallina de los huevos de oro. Ahora el rey del corral es un espantapájaros.
Y entonces el filete empanado de Javier Marías sobrevuela la reaparición de Miguel Bosé, empanado en maquillaje. Entrevistas en El País y en El Mundo. Está indignado, ("cabreado, como cualquiera"): "De pronto te encuentras con una España que nunca imaginaste. En un año y medio se privatiza todo, y unos que se llaman patriotas desahucian a sus compatriotas. Es un crimen". En parte tiene razón, pero en parte tiene también la culpa (parte de la culpa): apoyó al presidente que negó la crisis, en contra de los que la afirmaban; al presidente que ha contribuido como casi ninguno a la ruina del país, económica e institucional. Equivocarse tiene excusa; hacer como que no ha pasado nada, e insistir, no. Bosé se pone ahora la indignación como antes se puso la ceja o se ponía la falda. Siempre lo mismo: la autoindulgencia, lo que vende. Y eso también es corrupción.
[Publicado en Zoom News]
Es un paisaje de devastación que a mí, mientras Marías se come su filete, me deja extrañamente el ánimo calmado. Depende de la mañana, sin duda. Por la tarde quizá esté otra vez hasta las narices. Hay que irse administrando. No se puede ser indignado sin interrupción. Prolifera la discordia. Guerra entre El País y Libertad Digital. Guerra entre el exdirector y el director de El Mundo. Guerra (sin tanques) entre antinacionalistas y nacionalistas. Guerra contra la corrupción; o la guerra de la corrupción. Todos golpearon el árbol y Podemos recoge las nueces.
Bajo el filete empanado de Javier Marías, la empanada de las encuestas: votará masivamente a Podemos el mismo electorado que durante décadas ha seguido votando, sin castigo, a los corruptos; el mismo del prime time televisivo, que prima la basura. Hay españoles que lo saben todo de Pablo Iglesias y de Alberto Isla. El programa La Tuerka es el Gran Hermano ideológico: ideas encerradas en una pecera. La del PCE realmente existente. Contra Izquierda Unida, y contra el PCE.
Dije que Podemos huele a viejo, pero no por ello los demás huelen a nuevo. En los demás se ha hecho más visible que nunca su momificación. La ventaja de Podemos no es en términos de novedad, sino en términos de vitalidad. Rajoy, Soraya, Cospedal, Pedro Sánchez, Susana Díaz, Cayo Lara son, como escribió Ricardo Reis, "bultos solemnes, de repente antiguos". Y también "cadáveres aplazados". Tenían el sistema y lo tenían fácil. Pero arruinaron el negocio por avaricia. Mataron la gallina de los huevos de oro. Ahora el rey del corral es un espantapájaros.
Y entonces el filete empanado de Javier Marías sobrevuela la reaparición de Miguel Bosé, empanado en maquillaje. Entrevistas en El País y en El Mundo. Está indignado, ("cabreado, como cualquiera"): "De pronto te encuentras con una España que nunca imaginaste. En un año y medio se privatiza todo, y unos que se llaman patriotas desahucian a sus compatriotas. Es un crimen". En parte tiene razón, pero en parte tiene también la culpa (parte de la culpa): apoyó al presidente que negó la crisis, en contra de los que la afirmaban; al presidente que ha contribuido como casi ninguno a la ruina del país, económica e institucional. Equivocarse tiene excusa; hacer como que no ha pasado nada, e insistir, no. Bosé se pone ahora la indignación como antes se puso la ceja o se ponía la falda. Siempre lo mismo: la autoindulgencia, lo que vende. Y eso también es corrupción.
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